24/3/17

Efectivos



Contemplé como se  extendía el Mediterráneo, azul bajo el sol, hasta el horizonte enmarcado por la nítida línea de la costa. Podía verse claramente desde Cabo Cope  -y más allá hacia Cabo de Gata-  hasta la Punta de la Azohía en el otro extremo del arco. Esa costa que me traía, y trae, tantos recuerdos maravillosos cada vez que la veo de nuevo. Hubo un momento de felicidad y liberación al tomar conciencia de que vivía en un momento sin límite. Como quien caminando por una peligrosa jungla, en la que no podemos ver el sol por la densidad y enormidad de la vegetación, desemboca en un gran claro con una hermosa y hospitalaria casa colonial junto a un lago. Pero esa agradable sensación fue sustituida rápidamente por la de penoso esfuerzo. Solo éramos dos, Joaquín y yo, y teníamos que subir unos doscientos cincuenta metros de desnivel acompañados por tres sacas. El material de verticales de ambos, algo de comida, las dos maletas de material fotográfico (más un flash suplementario), los trípodes, los trajes con el correspondiente calzado, tres cuerdas de 30, 50 y 60 metros, abundantes mosquetones, material de seguridad y líquidos para hidratar. Tenía la sensación de portar un armario. Aunque comencé con bastante fuelle acabé casi reventado. Había comido hace un rato un plato de cocido y eran las cuatro.
El primer pozo nos liberó de la cuerda de 30. Un peso menos. Yo llevaba dos sacas colgadas del arnés y en el pozo, que no es lo que se dice amplio, me dieron tormento en buena dosis. Delante iba Joaquín con una saca llena de cuerdas montando la sima. La grieta en rampa se baja bien gracias a unos tacos de madera que han instalado en las paredes a modo de escalones. Pero la presencia de dos voluminosos bultos hacía que el destrepe fuera cualquier cosa menos cómodo. Gracias a que Joaquín volvió a por una de las sacas -aunque había llegado ya a la cabecera del segundo pozo- pude respirar un poco más profundo. Curiosamente esa zona era recorrida por una fuerte corriente de aire fresco. La impresión era que descendía desde la boca. Sin embargo es difícil justificar la existencia de esa corriente teniendo en cuenta que fuera la temperatura rondaría entre 10 y 15ºC y dentro, sin duda,  entre 20 y 30ºC. Es posible que se trate de una circulación en anillo en la cual hay un río descendente de aire fresco y, por otro lado, un río ascendente de aire caliente. La boca debería dar paso a ambos ríos…
          El segundo pozo, cuya instalación es bien fácil, no nos dio problema alguno salvo conseguir que las dos sacas no se atascasen en las estrecheces más estrechas. Joaquín estrenaba en cavidad real un prototipo del frontal que está en una avanzada fase de diseño. La luz que genera -en el modo de corto alcance- es lo más parecido que he visto a la iluminación de los viejos carbureros. Con la ventaja de que ahora podremos escoger la temperatura de color de la fuente de luz. Indudablemente será un gran paso en iluminación subterránea, tanto en actividades espeleológicas como mineras. Mientras descansábamos y nos hidratábamos un poco tras las estrechas estrecheces hicimos algunas pruebas de sus posibilidades. Disparé algunas fotos con su luz para ver el efecto. Como podía esperarse salieron en tonos muy cálidos pero con luz difusa, no puntual, útil en fotografía.



La red intermedia nos proveyó del calor de la cueva y del calor que generamos arrastrando dos sacas, y la cuerda de 50 restante, por unas cuentas gateras. Y el pozo de acceso a la Sala Cartagena no nos dio nada más que el placer de saber que estábamos llegando al lugar de la sesión fotográfica y que, durante un buen rato, no íbamos a seguir cargados como burros. Observé que en el Callejón de las Flores, una zona estrecha repleta de flores de aragonito, los espeleos murcianos han sido cuidadosos y solamente han rozado una de las paredes. Tal cosa es sorprendente y digna de alabanza dada la fragilidad de las formaciones y la cercanía a la que obliga el paso estrecho. No menos sorprendido y satisfecho me sentí al ver la sólida y limpia balización de senderos en la Sala Cartagena. Esto, junto a lo ya observado en el Pulpo y La Higuera, me confirma que los murcianos se han tomado muy en serio la conservación de la belleza encerrada en el mundo subterráneo. Efectivos espeleos.
Escoger la ubicación del modelo no fue difícil. Se trataba de recoger lo que caracteriza más a esta sala: las formaciones de aragonito. Una vez elegido el encuadre dispusimos los flashes, los encendimos e hice pruebas de iluminación. Debido a la blancura de casi todo lo que hay en la sala tuve que modificar a la baja todos los flashes. No me costo demasiado tiempo estar satisfecho. Hicimos dos series. En una el modelo representaba al hombre serio y responsable que es Joaquín y en la otra la mamarrachada más grande que se le ocurrió. No hay que olvidar que su vestimenta era muy festiva y juerguista: ¡un traje de huertano murciano! No contentos con una sola ubicación decidimos realizar otra serie en un punto diferente, en donde el techo y sus formaciones se hacían protagonistas del paisaje. Aunque todo esto sucedía a gran velocidad mental yo sabía, Joaquín no, que el tiempo estaba transcurriendo en grandes cantidades.
Llegó la hora de recoger y lo que es peor de todo: subir los pozos arrastrando las sacas. El primer pozo me costo bastante. También le costo a Joaquín. Las zonas peores son el comienzo y la llegada a la ventana en la cabecera del pozo. Siempre que pude subí escalando. Para pasar la red intermedia llevábamos uno de los cabos de la cuerda hasta el tope y luego se recogía. Así cuatro veces. Nos ahorramos el recoger la cuerda en un mazo y luego el deshacer el mazo. Para el segundo pozo me administre una dosis de paciencia y extremé las precauciones con la saca en las estrecheces. Las cuerdas fueron pasando unidas entre si como una serpiente. La última estrechez fue un verdadero parto. En un punto se enganchó la saca y tuve que negociar con ella un rato hasta que decidió moverse. En la base del primer pozo acumulamos en un montón ordenado 50+60 metros de cuerda y unimos el final a la punta de la cuerda de 30. Solo tuvimos que tirar desde la boca de la sima para que todas las cuerdas saliesen dócilmente.
            Unos minutos después daban las 11 en el reloj de la Ermita de Isla Plana. Entre unas cosas y otras se nos fue más de una hora en llegar al coche, cambiarnos y ordenar todo. Queríamos tomar una cerveza pero todos los bares estaban cerrados. Finalmente encontramos una cafetería abierta en el Puerto de Mazarrón. Me tome una maravillosa pinta de cerveza con anchoas, aceitunas y cacahuetes. Poco después, ya en camino hacia Alguazas, repasábamos mentalmente las aventuras pasadas en la Sima Destapada y hablábamos sobre futuros proyectos. Como siempre, será la vida quien dicte los senderos a transitar…






19/3/17

Localizaciones




La cuestión era encontrar una cueva fácil, cómoda y con una colada limpia, plana y amplia para posar a una bailarina en pose de baile… El sábado 18 me acerqué a Val de Asón para visitar la Cueva del Escalón. En la búsqueda visité una cuevecita, junto al camino a Socueva, con mucho encanto. Las dos entradas le daban una luz especial pero no era la cueva que buscaba. Me costo un poco más encontrar El Escalón aunque estaba, más o menos, por donde recordaba. Una senda bien marcada me quito todas las dudas acerca de por dónde seguir.
La detallista visita hasta la zona inundada ofreció cuatro localizaciones bastante interesantes para realizar fotos, pero solo una de ellas tenía el suelo suficientemente limpio y plano para posar a una bailarina, con sus nítidas zapatillas, en una buena foto. Aunque el lugar era limpio no tenía suficiente superficie plana como para poder evolucionar o, mejor dicho, dar una sensación de “movimiento”.  Aunque yo no estaba del todo convencido concluí que era una posibilidad interesante.
A la vuelta me pasee por el área más cercana a la entrada de Coventosa pensando en lo mismo. No me gusto esa zona para posar a una bailarina pero sí me intereso una localización próxima a la que usamos en otra ocasión anterior. Era fácil y cómoda para llevar a personas ajenas al mundo subterráneo. Como, por ejemplo, a niños.
  
En el entreacto conseguí organizar una sesión fotográfica con Eduardo y la familia. Al día siguiente -domingo- nos fuimos todos de excursión: Marisa, Eduardo, Irene, Iris, Abril, Eugenia, Pedro y Maite. Me llevé una mecedora y el equipo fotográfico. Uno de los objetivos era realizar una fotografía con la familia de Eduardo en la localización de Coventosa que había visto el sábado.
Nos reunimos en Solares con Eugenia, Pedro y Maite. Continuamos a Val de Asón en tres coches. Era una mañana primaveral que invitaba a pasear por el bucólico sendero que conduce desde la aldea a la boca de Coventosa. Lo único que ponía una nota discordante en este idílico marco era el transporte de la mecedora. Lo que se dice pesar no pesaba casi nada, pero dio muchos problemas de transporte. No había forma de colocarla sobre la mochila que no produjese incomodidad en el transportista...
         Sea como fuere pocos minutos después de salir de los coches, desde el abarrotado aparcamiento, estábamos en la boca de Coventosa. Hubo que extremar las precauciones. El suelo es resbaladizo por lo pulido y húmedo que siempre está. Eugenia, Maite y Marisa se disputaron la mano de Iris para cuidarla. Sin embargo la niña se movía con gran seguridad si se la dejaba un poco de libertad. En realidad ese afán maternal-protector tiene su origen, en la mayoría de los casos, en la propia inseguridad del que desea dar protección. En el corto tramo de cueva que recorrimos nos cruzamos con un numeroso grupo que estaba visitando la cavidad y con otro grupo, aún más grande, que daba un cursillo. Pero el rincón de la foto estaba tranquilo.



 

Después de determinar el encuadre y la posición traté de despejar un poco la zona. Realmente era difícil preparar una foto con tantas personas alrededor pensando en tantas otras cosas. Ninguno de ellos había estado antes en una sesión así y no sabían que hacer. Hubo un momento en que me desesperé un poco. Pero la sesión se fue resolviendo bien. El paisaje era amplio, así que opté por iluminar bien la parte central, cercana al grupo familiar, e iluminar de forma independiente, con otra toma, el paisaje que les envolvía. Después de preparar los flashes y comprobar que disparaban bien todo fue muy rápido. Hice unas cuantas tomas con distintas posiciones de la familia para poder escoger, con más posibilidades, una buena. Luego, cuando estaba terminando la primera fase, llegó el grupo del cursillo y tuve que interrumpir las tomas centrales y seguir con las tomas del entorno. Por suerte estas no interferían en manera alguna con el grupo de cursillistas que ocupaba ahora la parte central de la escena.
Después de eso salimos de la cavidad sin más dilaciones y volvimos a los coches. Era la hora de comer. Optamos, después de un corte debate, por ir a comer al bar Coventosa. No más fue llegar y darse cuenta de que era imposible. El puente de San José había abarrotado el parking y los restaurantes. Impensable quedarse. Decidimos intentarlo en Bustablado y si no lo conseguíamos allí irnos a casa.
Había también mucha gente en Bustablado. El restaurante Marcos y la Taberna estaban colapsados pero, algo más arriba, Eugenia y Maite encontraron en el bar La Encina un buen lugar para comer. Fue una suerte que los otros dos estuviesen llenos porque ese bar, intentando hacerse un lugar entre los bien conocidos, ofrece buena comida, amabilidad y buen precio.
         El ambiente estaba bastante frío y volver a casa, encender la chimenea y la calefacción y arrebujarse tranquilamente fue lo mejor del día. Por delante quedaba el duro trabajo de editar las fotos…



12/3/17

Diluvio


Estaba indeciso entre ir el sábado o ir el domingo… la cuestión era elegir el día que menos interfiriera con la actividad del modelo. J.Ángel hacia un notable esfuerzo abandonando sus trabajos artesanales con equipos HF durante unas horas!! Finalmente me decidí por el domingo. Me pareció que, al ser el día de descanso tradicional, J.Ángel estaría más dispuesto a abandonar las tareas que le apasionan. Además, eso me daría la opción de hacer espeleo o escalada el sábado. Era el día que las predicciones meteorológicas auguraban mejor.
El domingo amaneció diluviando. Aparte de la incomodidad de acercarse a la cueva -arbustos empapados, lluvia cayendo y pendiente de barro patinosa- lo que más me preocupaba era El Estrujón. Es un paso estrecho con un charco importante que debe achicarse y  el aporte de tanta agua podía impedir hacerlo.
Nos encontramos en La Cavada, montamos en mi coche y cinco minutos después, ya en el aparcamiento, me resistía a salir para prepararme. Finalmente J.Ángel, que es de Bilbao, me animó a salir del coche. Utilizando los dos paraguas de reserva que llevo en el coche nos montamos una especie de carpa que hizo más fácil de lo que esperaba los preparativos. Optamos por acercarnos a la boca a lo largo de la valla del bosque para evitar los arbustos. Pero subir la pendiente barrosa no estaba muy fácil. Nos vimos precisados a treparla ayudándonos de los árboles.
En el porche encontramos un remanso de paz. Pero a J.Ángel había dejado la LedLenser en el asiento del coche. No era cuestión de ir con malas luces, ni tampoco podíamos depender solamente de mi iluminación. Mientras J.Ángel bajaba a coger su linterna aproveche para achicar el agua en El Estrujón. Había agua pero no más que cualquier otra vez que hubiera estado. La achiqué en cinco minutos y volví a la entrada. J.Ángel volvió enseguida y enseguida comenzamos la arrastrada hacia la Sala del Menú. Allí haríamos la sesión.
Pase un buen rato paseando por la sala y pensando la posición y el encuadre. Había que tener en cuenta el paisaje, pero también la necesidad de una zona llana donde poner la escena en marcha. Luego tuve que extender el material sin olvidar que tenía que moverme alrededor del trípode. Fui poniendo los flashes una tras otro en círculo en una primera prueba. El flash Metz lo puse para iluminar el fondo de la galería aunque tenía pocas esperanzas con él. Finalmente comencé a tirar las fotos de prueba. Ajustamos al alza casi todos los flashes (me da la impresión de que esos flashes chinos no son tan potentes como dice el manual). El Metz falló. Así pues lo cogí en mano para dispararlo manualmente con un pequeño retardo. Y finalmente estuvo todo listo.
Puesto que la vestimenta de J.Ángel no era demasiado sofisticada cambiarse de ropa supuso pocos minutos. Me dijo que estaba más confortable así que con el mono empapado. Las fotos en sí no nos llevaron mucho tiempo debido a que fueron bastante satisfactorias desde el principio. En menos de una hora habíamos acabado las fotos con ambos objetivos y estábamos recogiendo.
La salida nos llevo poco tiempo y El Estrujón tenía poco agua. Para evitar los batacazos en la fuerte pendiente barrosa bajamos por el prado. Y con rapidez nos metimos en el coche, J.Ángel había traído un plástico para sentarse directamente, no me gusto la idea al principio, pero todo fue bien y no se mancho el asiento. Cada uno se fue a su casa directamente, sin tomar ni cerveza, ni nada parecido. Darse una ducha caliente era la principal prioridad…





11/3/17

La Puntida


En el otoño pasado fuimos de excursión a la zona de Ajanedo. Mientras la familia paseaba por la pista que acerca a la aldea me dediqué a buscar la cueva de La Puntida. Depués de varias idas y venidas a lo largo de la carretera me fijé en una senda poco marcada pero evidente. Intuitivamente algo me dijo que era la senda que iba a la cueva. Subiendo por ella, al ver manchas rojas muy desgastadas, comprendi que estaba en el buen camino. Cinco minutos después estaba en la amplia boca de la cavidad. Me un paseo hasta la frontera entre luz y oscuridad. Hice varias fotos para montarlas en una sola toma hdr.
Varios meses después, el sábado once de marzo, volví a La Puntida. Llevaba una saca nueva, un mono de tela roja nuevo y una linterna de repuesto en la saca.  Además de conocer una cueva con vocación de gran sistema quería ver las posibles localizaciones fotográficas (para no espeleólogos) con limpieza de acceso y trabajo.
Inicié la visita recorriendo el perímetro de la inmensa sala-galería en el sentido de las agujas del reloj. Así fui descubriendo hermosas panorámicas mirando hacia la entrada. Los recovecos en el borde se sucedían sin dar ninguna continuación. Al llegar a la cumbre del caos de bloques vislumbre una salas grandes más allá  bajando en la misma dirección. Un fácil destrepe conducía a varias amplias salas concrecionadas  y excelentes para hacer unas buenas fotografías. En algún momento me pareció sentir aire. Pero fue algo más allá, siguiendo el borde, cuando encontré, en un caos de bloques, una flecha que indicaba un paso hacia abajo. Me arrastre, sin complicaciones, unos veinte metros entre los bloques. Se notaba claramente una corriente. Me encontré en una zona de roca madre con una gran grieta de un metro de ancha que descendía a unos 60º de inclinación. Un atractivo sitio que explorar.
De nuevo en la primera sala fui junto a la pared dejándola a mi izquierda. Encontré varias galerías sugerentes como marcos de un trabajo fotográfico. Además vi varias posibilidades de continuación que no seguí porque necesitaban cuerda o porque eran demasiado intrincadas para seguir solo. Por primera vez me estaba fallando la Stenlight, parecía un problema en el interruptor magnético. Poco después, desde la misma boca, al final a la derecha, una grieta daba acceso a un sector lleno de pequeños pozos y recovecos que no pude visitar de forma completa por falta de una cuerda.
Me pareció una cueva muy ilustrativa. Nunca puedes fiarte de lo que otros han mirado con una manera de mirar bien diferente a la tuya (y a la actual). Parece que hay unas cuantas incógnitas dignas de un trabajo sistemático. Y lo más práctico: varias localizaciones buenas, bonitas y baratas.
            El tiempo estaba primaveral y en vez de volver directamente a casa me paré en varios lugares a contemplar lo que había. Me había cansado y tenia hambre y sed. Compre unas cervezas Leyenda y unos aperitivos. En casa me entretuve con mis pensamientos que iban de un lugar a otro con mayor velocidad que la luz. Si duda esa es la forma de viajar más rápida y eficaz.

5/3/17

Localizaciones


Después de casi tres meses volví por el club para ver a los compañeros, intentar alguna actividad y recoger las tarjetas federativas. De lo último no había nada. Compañeros del club había un numero cercano a diez. En cuanto a la actividad Julio me propuso varios planes. Entre otros ir a El Patio. Pero yo no tenía ganas de salidas que nos llevasen mas de media jornada. Paco propuso ir a La Buenita para ver las nuevas galerías descubiertas (o redescubiertas) por algunos espeleólogos. Quedamos el domingo a las diez en el bar de La Gándara para reunirnos con Paco y un amigo suyo de Cabezón, quien conoce algunos recovecos nuevos en la mina-cueva.
Me presente el primero, antes de las diez, y pedí una bebida caliente. El día estaba fresco y gris. Enseguida llegaron todos. Tras las presentaciones y unos preparativos mínimos hicimos el acercamiento a la cercana boca. Mi objetivo era conseguir localizaciones para sesiones fotográficas “fáciles, cercanas y bonitas”. Primero visitamos el inicio de una grieta que contiene unas excéntricas. Nadie se metió: estrecho y vertical, el lugar requiere destrepar.  Luego visitamos una galería bastante interesante. Tiene excéntricas de aragonito, coladas de diferentes colores, cristales en los paredes y gours. Pero también tiene gateras y algo de barro. Para llevar a gente que no hace espeleo no es adecuado. Después fuimos a buscar una galería llena de excéntricas que unos amigos catalanes han visitado últimamente. Sus referencias, llegar al número 7 D y buscar a la derecha, no nos sirvieron de nada. A continuación visitamos el río de La Buenita aguas arriba. Recorrimos unos 100 metros de los más de 500 que se ven en la topo. Había charcos profundos y no quería llenarme las botas de agua. Un soplo de viento, notoriamente fuerte, recorría toda la galería. Es evidente que existe otra entrada, probablemente por la que se sume el río. Pero nadie ha hecho la exploración exhaustiva de la zona.
Finalmente Paco y yo nos dedicamos a buscar una galería que descubrí cuando estuve con Moisés explorando la conexión entre La Buenita y Udías. Un día de exploración, cuando ya volvíamos hacia la salida, nos fijamos en una estrecha grieta descendente que nos dio puerta a una galería llena de excéntricas por las paredes. El suelo estaba virgen y caminamos un rato por ella. La intenté encontrar hace unos meses sin éxito. En esta ocasión fui con Paco a echar un vistazo por varios rincones pero tampoco pudimos encontrarla. Quizás mi memoria me esté jugando una mala pasada y confunda la cueva en la que Moisés y yo descubrimos esa galería.
          Aún tuvimos tiempo de echar un vistazo a una galería lateral bastante interesante, en donde ya he realizado una sesión de fotos, pero de la galería que buscábamos no encontramos ni rastro. Unos minutos después estábamos tomando unos aperitivos en el bar La Gándara junto a la chimenea -de todas formas el tiempo había mejorado-, mirando la pecera y los minerales que llenan las estanterías. Un lugar bastante agradable. Por muchas vueltas que le di a mis recuerdos de La Buenita no consiguieron concretarse en una imagen clara. Habrá que buscar en los recuerdos de otros…