12/10/19

Pequeños detalles





Busco un plan de espeleología de pocas horas. Cierto que me han invitado a una interesante actividad en la mina S.José pero es previsiblemente bastante larga y tengo que estar en casa antes de las cuatro. 
A las diez salgo hacia el Valle de Miera. La circulación a partir de Solares está lenta, y desde Liérganes hasta Ajanedo la carretera se ha llenado de pesados. Seguramente se disponen a tomar un aperitivo y luego una buena comida en un atractivo restaurante. Aperitivos, dos platos y postre con cervezas, vino, copas y café. Algo que a mí también me gustaría practicar a menudo aunque no suelo dejarme llevar por esas inclinaciones debido a que vivo obsesionado por escalar un poco mejor. Y eso solo tiene posibilidades de ocurrir, aunque pocas, si disminuyo de peso.
Hay un rellano a la derecha, unos cincuenta metros antes del camino que sube a la cueva. La hierba y las ramas de los avellanos se van apropiando del sendero poco a poco pero todavía resulta fácil seguirlo sin enredarse en el bosque. Detrás de unas piedras dejo el equipo fotográfico y me quedo con la iluminación de repuesto en una saca aligerada con la que pienso moverme sin trabas.
Repito los movimientos de mi última visita hasta la confluencia entre techos colapsados y zonas fósiles. Miro con cuidado tratando de recordar aquella primera incursión en la que llegué a unas grietas verticales y altas que soplaban a pleno rendimiento aire frío. Cuando llego a los grandes bloques investigo “mis posibles caminos de antaño” y dos conductos que no conocía. Descarto muchas posibilidades, pero para bajar a lo que pienso que es aquella continuación prefiero poner un cabo de cuerda. Como no lo tengo retrocedo y vuelvo a inspeccionar una y otra vez la zona. 
Mientras salgo hacia la gran sala miro de nuevo con insistencia los detalles y rincones. Y algunos que nunca había mirado ahora también los miro. Hay una gatera curiosa que normalmente está anegada pero que actualmente está seca y puede recorrerse. Entro con los pies por delante y la mirada hacia techo. No me parece muy prometedora esa gatera. Como voy sólo prefiero dejarlo para otra ocasión en que tenga un compañero.
Pongo el trípode algo alejado de los pequeños detalles vegetales que me interesan y planteo un FS de unas veinte o treinta tomas. Pero con ese rango de enfoque el horquillado de enfoque funciona de forma limitada. Al acercarme a ese diminuto bosque acogido por la Puntida el horquillado alcanza sus prestaciones plenas. Disparo tres FSs y menos de una decena de tomas convencionales. No llevo reloj ni telefonillo y me siento inquieto al no saber la hora.
A las dos y media ya estoy conduciendo valle abajo. A los pesados se ha añadido el problema de los conductores de rally entrenando. Conduzco como puedo para no acabar en algún barranco.
Llego bien de tiempo e incluso me da tiempo a descansar y tontear con el ordenador antes de irme con mi mujer a Loredo. Allí nos reunimos con muchas personas que también han ido a Loredo. Tenemos algo que realizar juntos…