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20/10/12

Cámaras





            En los últimos cinco años me he cargado tres cámaras en las cuevas: una Minolta Submarina, una Lumix FX y una Sony WX5. Afortunadamente la Sony estaba en periodo de garantía y ésta incluía fallos en la apertura del objetivo. Pensándolo bien es una cara actividad la de la fotografía espeleológica de reportaje. Si uno asume la fórmula clásica para hacer una foto en las cuevas –cámara en un bote estanco, cambio de guantes, trípode, flashes, etc- puede conservar su cámara una cantidad de tiempo razonable. Pero en caso de llevarla en bandolera, como se lleva una cámara normal en un ambiente normal, el aparato tiene sus días contados. A lo sumo te dura un año sin dar serios problemas. Lo más jodido es, sin ninguna duda, los mecanismos de apertura y cierre del objetivo retráctil. Demasiado delicado para las brutales condiciones de una cavidad. Aunque aparentemente no se toque la suciedad directamente con los dedos, ocurre que en el ambiente hay cantidad de polvo, microgotas y suciedades de todo tipo en suspensión. Además la humedad es prácticamente del 100%. Se produce, por más que te esmeres, condensación y entrada de partículas en los mecanismos. El desastre total. Y el día menos pensado el objetivo se niega a abrirse o a cerrarse o a las dos cosas… vamos que la has cagado.
            La solución mala consiste en llevar una cámara digital compacta para deportes de aire libre (hasta ahora sus prestaciones no eran gran cosa) Y la buena una cámara compacta, pero con objetivo no retráctil. Panasonic ha lanzado un modelo de este último tipo, la Lumix GF3, pero es cara y de objetivos intercambiables. También Olympus ha lanzado un modelo para deportes de aire libre con prestaciones muy buenas. Pero, de momento, estoy probando una cámara de formato intermedio (semicompacta con prestaciones de réflex) que pienso proteger con un tubo de plástico. Se trata de la Nikon P7000. Hasta ahora -solo exteriores- la cosa ha ido muy bien. Pero meterla en una cueva este último fds ha sido harina de otro costal. He elegido una cueva bien doméstica en la que alcanzar los objetivos a fotografiar conlleva poco tiempo y poco esfuerzo. Se trata de la ya visitada varias veces por mí Cueva 415 de Matienzo. Una cueva a la que tengo en alta estima. No solo por sus hermosas excéntricas de calcita, sino también porque alberga algunos cabos sueltos que merecerían ser estudiados con meticulosa atención.




           Marta y Manu me esperaban en la estación de Solares el sábado en la mañana. El cielo amenazaba lluvias. Lo más prudente era ir en la furgoneta de Manu para evitar la lluvia si ésta hacía acto de presencia. Una hermosa yegua y su potro nos esperaban en el lugar de aparcamiento. De éste a la boca tardamos menos de diez minutos. La encontré sin problemas. Un asunto que surgió sobre la marcha: en el prado que domina la boca de la 415 se ha abierto un agujero por el que sale aire. La entrada permite el paso de un espeleólogo. Han tapado la boca con unos maderos para evitar que el ganado se despeñe.
            En el resalte de la primera sala puse una cuerda para evitar problemas. En unos pocos minutos nos colocamos en la segunda sala y de aquí no nos llevo demasiado localizar la zona de las excéntricas. Las fotos a mano alzada con la Nikon se revelaron bastante mediocres. Aumentando la sensibilidad hasta 1600 los resultados en cuanto a nitidez mejoraban algo, pero disminuía el detalle. Las fotos con trípode eran mejores pero como conserve la sensibilidad muy alta, tampoco me gustó demasiado el resultado. Sin lugar a dudas hace falta más luz o pintar las fotos con exposición prolongada.
            No estuvimos mucho tiempo en la cueva. Algo después de las tres estábamos en un bar de Solórzano tomando unas bebidas. Manu estaba invitado a una comida a la cual iba a llegar bastante tarde…  




6/11/11

Humillados


5/11/2011

            Lo de Cueva Vallina no se arreglo. Ni Sergio, ni Manu, ni Miguel (al que ni siquiera había avisado esperando un quórum que no se alcanzó)  iban a ir a Vallina. Quede con Miguel para revisar el enlace entre Cueva Riaño y La Hoyuca, vía Second River. Un grupo de cuatro espeleólogos del SCC iban a salir a la 415 ese mismo sábado.
            Había llovido toda la noche del viernes y seguía haciéndolo el sábado. La cosa no pintaba demasiado bien para entrar en la parte activa de Cueva Riaño y menos todavía para aventurarse en la zona sifonante de Second River.  Así las cosas fuimos hasta la boca y comprobamos que el regato que alimenta la red de entrada de Cueva Riaño se había convertido en el Amazonas.  Decidimos unirnos al grupo de Alicia, Carlos, Paco y Jesús para entrar en la 415 de Matienzo. Nos cruzamos con la furgoneta de Alicia y poco después estábamos aparcados en la carretera local cercana a la entrada.  Las nubes nos habían dejado un intervalo entre aguaceros que debíamos aprovechar para encontrar la boca.
            Muy alegremente, y seguro de mi mismo, inicié la cortísima aproximación. Algo más de cien metros por la pista que va a la casa de los silos y unos cincuenta metros de bajada por el prado. Debí pasar a unos dos metros de la cueva pero el bardal de zarzas, ortigas y otras herbáceas me oculto la boca. Tenía un recuerdo erróneo del tamaño de ésta. Es mucho más reducida que la imagen que recordaba. El GPS de Carlos solo sirvió para enviar al resto de la tropa a una batalla sin sentido. Estaban fuera de juego antes de comenzar la búsqueda. Barrí insistentemente el prado de arriba abajo y de izquierda a derecha sin resultados. Luego se sumo Miguel quien tampoco obtuvo de su esfuerzo nada. Por el camino hacia ningún sitio Alicia encontró una torca reseñada con algún número entre 0 y 3700. Un suerte ambigua.
A las dos horas, con varios aguaceros a nuestras espaldas, tiré la toalla y me fui al coche. El resto hizo lo mismo poco después. Solo le costo abandonar a Carlos que se lo había tomado como un reto personal. Yo me sentía humillado. Cinco veces había estado en la 415 sin problemas -la última en el 2005- y ahora me hacía esta jugarreta. Para consolarnos nos fuimos a Casa Germán, en Matienzo, y dedicamos tres horas a comer. Comimos muchas cosas pero el cocido montañés fue la estrella. Los fritos, menestras, escalopes, solomillos, bacalaos y demás minucias no merecen más mención que el haber contribuido a los placeres gastronómicos. Estaba claro que no era día para la espeleología.





6/11/2011

            El domingo a las diez de la mañana miré la página web de Matienzo Caves y descubrí en una foto la posición de la 415. Los aguaceros continuaban amenazando y no había otra cosa mejor que hacer que espeleología. Inmediatamente llamé a Alicia y Carlos. Carlos se mostro encantado en volver a la carga. Quedamos en Solares a las once.
            Foto en mano y desde la bajada del Alto Fuente las Varas a Matienzo verificamos la posición de la 415. Esta vez no tuvimos problemas, después de apartar las hierbas y un lío de alambres apareció el agujero de mierda. Deje clavado el paraguas junto a la boca y me introduje con ansiedad mal disimulada. Tras una rampa y un destrepe delicado aterrizamos en una sala alargada.
            La cuerda de ascenso a la galería que continua la cueva está tan mal instalada como siempre.  Un roce, agudizado por el inevitable balanceo del espeleólogo que asciende, dicta una solución obvia pero que nadie se toma la molestia en realizar. Es el destino de los vagos. La próxima vez lo haremos… si es que nos acordamos. Finalmente lo harán aquellos a los que se les parta la cuerda.
            Unos divertidos pasamanos y un par de gateras nos depositaron en una amplia sala. Al final de la sala las coladas blancas decoradas con estalactitas y columnas -blancas también- nos llevaron a las fotos. Fotos y más fotos. En el vericueto de las excéntricas más y más fotos. Incluso con Carlos dudando en un laminador fotos y fotos. Que algunas salieran mal no era problema. Derrochamos tomas fotográficas con la esperanza de que algunas fuesen verdaderamente buenas. Raramente me lanzo tanto. Seguramente es la carencia de espeleo fotogénica de los últimos meses. Necesitaba enzarzarme con las fotos. La proliferación de excéntricas de calcita lanciformes, espadiformes, estandarteformes, anudadas, anilladas, enlazadas, etc… atosigaba.
            Paramos un montón de veces. En cada parada un montón de fotos. Recordaba una excéntrica anudada en forma de ocho sin tocarse el nudo. Pero solo encontré un ocho que se rozaba. Problemas de memoria selectiva. Cada vez que recordamos algo lo recreamos a nuestra manera. Todos los días nos ocurre cien veces. Proust lo descubrió por sí mismo y lo expreso literariamente. Carlos, Alicia y yo teníamos hambre.
            De vuelta en la sala comimos tortitas de maíz, pan bimbo, maicitos, lomo ibérico del DIA, chorizo y discutimos acerca de la ibericidad de los cerdos. ¿Basta con que hayan nacido en España o es necesario que sean comedores asiduos de bellota? De cualquier forma un cerdo es un cerdo aunque formalmente hablaríamos de Sus Scrofa Domestica.  Poco después nos fuimos a ver más cueva.
            Una rampa con varias gateras nos llevo a una sala con cascada lateral cayendo del techo. Por un destrepe alcanzamos otra sala más grande. Más allá apareció una enorme galería en forma de cañón con un surco central serpenteante y estrecho. Aquí yo veo más posibilidades de continuación de las que exhibe la poligonal. Aún más allá trepamos casi hasta el techo por un caos de bloques con más posibilidades de continuación escalando en artificial. Por el fondo una zona laberíntica con multitud de desfondes que habría que mirar cuidadosamente.  En juego está una potencial conexión con la Torca del Mostajo.
            A las cuatro y media tiramos hacia la salida. Las arrastradas habían hecho el efecto adecuado produciendo cansancio de buena calidad en forma de dosis para varios días. En el camino encontramos varios chorros de agua que no existían hace unas horas. Nos esperábamos lo peor.  Y así fue, diluviaba en Matienzo. En las rampas de salida comenzamos a calarnos y cuando salimos al prado nos empapamos a conciencia. El camino de vuelta cuesta arriba y el proceso de cambiarse de ropa fue lo más duro de esta salida. Menos mal que Alicia puso la calefacción de la furgoneta en acción y durante la vuelta a Solares pudimos entrar en calor. Y de allí directamente a casa; sin dudarlo ni un instante. 








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20/2/05

415 (20/2/2005) Cueva 415 (Matienzo)

El domingo 20/2/2005 esta diluviando y la temperatura es, como mucho, de 5º. Tenemos un frente cabrón que descarga agua y lluvia, que posiblemente se convierta en nieve,  y que lleva varios días amenizándonos la existencia. He quedado en Solares a las nueve y media con Moisés y Luis para ir a La Codisera. La Codisera le hace ilusión a Luis. Sobre todo el oso de La Codisera. Lo que no sabe Luis es que del oso quedaba, hace más de seis años, tan solo polvo blanco y cristalino. Ahora solo quedará el recuerdo del polvo. A pesar del diluvio ninguno llama para desquedar así que a la hora acordada nos vemos en Solares. Pero Luis no ha venido. Tiene el dedo gordo, del pie derecho o del pie izquierdo, hinchado. Por lo visto el dedo gordo se le ha hinchado varias veces. Una pena. Como la Codisera es cosa para ir con Luis, repasamos algunas posibilidades de cuevas con aproximación corta: Hoyuca, Riocueva, Torcas del Picón, 415, Torcón de la Calleja Rebollo...Moisés veta, como siempre, el Torcón de la Calleja Rebollo. Parece ser que odia esta cueva. No puede ver su encanto. El encanto de una cueva comienza por su nombre y el Torcón tiene un nombre vacilón pero eso no convence a Moisés. De todas maneras al Torcón se tarda lo suficiente para acabar navegando en los calzoncillos si persiste el diluvio. Optamos por la que tiene el nombre numérico. Los paisanos tienen tantas cuevas en Matienzo que no dan abasto a poner nombres y los ingleses, muy respetuosos ellos, ponen números en vez de nombres. Ya tienen censadas, en Matienzo, unas 2200 cuevas y agujeros de momento. La elegida para hoy es la 415.
A la 415 fuí hace unos años guiado por Chuchi. Creía recordar su localización como muy fácil. De hecho lo es. Pero la memoria es selectiva y he estado en muchas cuevas después. Cuando llegamos a Matienzo no está lloviendo, aunque ya venimos medio preparados de casa con el mono interior puesto por eso del frío y de la lluvia. Salimos  del coche hacia el sur por una pista y recuerdo que se debe bajar por un prado hasta un pequeño afloramiento rocoso en cuya base está la cueva. Pero no veo claro cual es el prado. Lo recuerdo a unos minutos del coche. Entonces llegamos a una cabaña en la que hay dos paisanos y un pastor alemán que nos gruñe. Como no se pa donde tirar les pregunto si saben de una cueva en las inmediaciones que se visite a menudo y, además, les doy algunos datos entresacados de mi memoria. Entonces me agobian con una avalancha de referencias de cuevas en el entorno. Me mareo con tanta cueva. Optamos por una indicación hacia unos burros que se ven enfrente en una ladera pero no me cuadra del todo. Al cabo de un rato volvemos sobre nuestros pasos y descendemos por el prado justo bajo la cabaña hacia unos afloramientos y resaltes. Es una de las referencias del paisano. Y aquí esta la cueva. Un aguacero feroz nos da el tiempo justo para prepararnos y colarnos por el buzón que forma la entrada antes de que se abra el cielo. 

En cuanto entro voy reconociendo la cueva. Unas rampas incómodas dan camino a una sala a la que se accede por un destrepe. Atravesando la sala por una sucesión de bloques montañosos se accede a la base de una corta vertical equipada con una cuerda (la instalación es muy deficiente) que nos conduce a una serie de laminadores, gateras y pasamanos. Todo esto desemboca por un buzón inclinado en otra amplia sala. Desde aquí accedemos fácilmente a un serie de galerías y modestas salitas cuajadas de excéntricas. El conjunto total de paneles abarrotados de excéntricas es notable. Nos dedicamos con entusiasmo a visitar todo sin perdernos ni un rincón. Hay algunas excéntricas, anudadas sobre si mismas o anudadas entre sí, poco comunes entre las que conozco. Ya le gusta la cueva a Moisés aunque al principio gruñó un poco al pensar que le había engañado trayéndole a una cueva de gateras y estrecheces. Y es que Moisés siempre cree que le quiero llevar a algún sitio tipo Gaterópolis ó Vietnamita ó Chocolate Slice en el Torcón de la Calleja Rebollo. Y, aunque no sea así, siempre sospecha de mi. Y el mismo me reconoce que el rendimiento bellezas/arrastradas de esta cueva es alto.

De vuelta en la sala proseguimos por una gatera algo cutre que nos lleva, pasando por zonas de excéntricas, a una serie de rampas. Estas rampas nos conducen al nivel del techo de una Gran Sala con un caída de agua a la izquierda que atravesamos diagonalmente. Entramos en otra sala por un destrepe y luego a mano derecha en otra más grande. Al fondo de esta última sala nos movemos bajo unos bloques para acceder a la cabecera de un pequeño pozo que no bajamos. Luego, ascendiendo por una rampa embarrada y trepando entre unos bloques con habilidad, visitamos una amplia sala circular ciega. En el camino de vuelta a la Gran Sala nos desviamos a la derecha por una bella galería tipo Asón que vamos recorriendo con detalle hasta que observamos una flecha que indica una pequeña galería lateral a la izquierda. Nos dejamos todo y nos metemos hasta que una gatera en zag nos conduce a la cabecera de un pozo. Moisés espera y yo vuelvo a por la cuerda y el material incluido mi arnés. La instalación de la cabecera resulta incómoda y mientras Moisés la realiza yo tengo casi todo el cuerpo en la gatera y la cabeza sobre el pozo. Al llegar al primer fraccionamiento Moisés encuentra un parabolt que se parte al tratar de desenroscar la tuerca. Como no hay posibilidades de sustituirlo por otra cosa optamos por salir tranquilamente. Le damos al palique, hablando de la organización del cursillo y en especial de las cuevas más recomendables para iniciar a los cursillistas. Ambos coincidimos en que la Torca del Mostajo da más juego y tiene verticales más interesantes que la travesía Solviejo-Rayo de Sol. En esta última hay un pozo con una cabecera extremadamente estrecha que para alguien con experiencia puede estar bien pero para los que se enfrentan por primera vez a pozos no es divertido. Entre otras cosas no se les puede surpervisar y ayudar por falta de espacio mientras que el Mostajo permite, si hace falta, montar una cuerda paralela. Además el pozo de entrada a Solviejo no es nada elegante. Y encima hay que revisar todo de antemano para saber el estado de los anclajes.

  
          Con toda esta charla nos plantamos en la salida de la cueva con un amable aguacero esperándonos para limpiarnos todo el equipo. Al mirarnos el uno al otro, ya al lado del coche, nos damos cuenta de que la cantidad de mierda que llevamos encima es demasiada para que un simple aguacero cantábrico pueda limpiárnosla. Mientras intentamos cambiarnos el frío nos atiza con dureza así que me meto en el coche con el mono interior de espeleo. Pongo música y me relajo pensando en una bañera de agua caliente y una cena genial. Ahora es cuando empezamos a disfrutar la espeleo. Mientras tanto ya hemos agotado el tema del cursillo y ahora hablamos de las taladradoras y de lo bien que está quedando la Hilti pesando la mitad, ocupando la mitad y preparada para baterías exteriores. Seguro que le vamos a sacar un buen rendimiento y que todo el grupo se va a entusiasmar con las exploraciones de este año...¿a que sí? ¿o me equivoco quizás...? No estoy seguro.