27/8/26

Mostajo de nuevo (Matienzo)


 
              El jueves 27 de agosto volvimos al Mostajo César, Guillermo y yo. Cuando ya estábamos instalando el pozo de entrada apareció una furgoneta de espeleos subiendo la carretera hacia los aparcamientos. Nos dimos más prisa para que no se juntasen con nosotros tres –no sabíamos cuantos vendrían–  en los pozos, los resaltes y gateras. Esas cosas entorpecen mucho el avance. La “prisa” hizo que nos estresáramos un poco y que sudásemos algo más de lo usual. Pero tampoco era para tanto. Tras el pasamanos, la gatera arenosa, el resalte, la gatera pedregosa y la instalación del Golden Void aterrizamos serenamente en el segundo nivel. Se trata de una parte de la cavidad llena de bonitos rincones y de un sinfín de zonas que todavía no hemos visitado. Nuestro objetivo era visitar algunas de esos rincones y echar un vistazo a las zonas desconocidas. De alguna manera he conseguido tener en la memoria la estructura de los principales recorridos de ese nivel lo que hace que ya pueda moverme sin topografía. 

          Anduvimos viendo rincones, mirando itinerarios y haciendo alguna foto durante unas horas. Fue un ejercicio intenso. Mientras estábamos comiendo para reparar fuerzas nos adelantaron los otros visitantes de la zona. Eran tres murcianos, dos chicos y una chica, de Jumilla y Fortuna. Todavía le dedicamos un buen rato a ver más rincones y hurgar en zonas nuevas para nosotros.

Comenzamos la vuelta un poco cansados, lo que con la perspectiva de los pozos y gateras resultaba un poco ominoso. Pero luego la cosa no fue para tanto y poco a poco fuimos superando las dificultades. Para las siete estábamos saliendo. Mientras nos cambiábamos les conté nuestra aventura en la Quebrada Alpamayo, con las mulas huyendo de la altitud y el sobrio mulero que solo necesitaba un poncho y un saquito de maíz tostado para corretear a cincomil metros. Las nubes se compactaron y comenzó un fuerte chaparrón que amenazó con empaparnos. Pero curiosamente amainó en cuanto estuvimos sentados en el maravilloso coche de César. En Fuente las Varas nos despedimos de Guillermo. Y en Puente Agüero nos despedimos César y yo. Dentro de poco volveremos a cuevear si las condiciones se cuadran.   

 
 
 



 FOTOS DE LA SALIDA

21/8/26

Overbooking (Arroyo Molino/Seña)

 

           Como resultado de la fortuna pudimos quedar, con César y Encarna, el viernes 21 de agosto del 2026, para visitar una cueva. Aunque en los últimos meses he estado con Guillermo en muchas cuevas interesantes que no conocemos aún bien -y que requerirán nuevas visitas- se decidió ir al Mostajo. Principalmente porque César hace mucho que quiere visitar una zona muy bella de la cavidad, -a la que los ingleses de Matienzo llaman Wonderland- pero también donde yo quiero hacer algunas fotografías con buena iluminación. A Encarna le pareció bien volver al Mostajo.

            El día se presentó nefasto. Caía una cortina de agua que empapaba al instante. Además el día anterior no había parado de jarrear agua del cielo. Sin embargo al comenzar a bajar hacia el Valle de Matienzo paró de llover y comenzó a escampar. Terminamos el viaje en el aparcamiento cercano al Mostajo y comenzamos a prepararnos. A los cinco minutos aparecieron dos coches con nueve espeleólogos valencianos con intención de visitar la misma cueva. En mi opinión estas situaciones se evitarían si se crease una página web institucional espeleológica para la inscripción de visitas planeadas y participantes en la visita. Podría ser gestionada por una -o varias- consejerías (Cultura o Turismo, o Medio Ambiente o Deporte) con un doble objetivo: en primer lugar el control en tiempo real de salidas/entradas a cavidades; en segundo lugar la posibilidad de autoplanificar mejor las colas de visitas. Y en tercer lugar podrían hacerse recomendaciones ajustadas y precisar las normas a seguir.    

Decidimos -tras un segundo de clarividencia- que éramos demasiados para los pozos y gateras del Mostajo y que nos íbamos a otra cueva. Guillermo tuvo la brillante idea de ir a Arroyo Molino en Seña. Nos fuimos pasando por San Pantaleón de Aras para dejar su coche y coger un casco para mí. Al cabo de un rato estábamos junto a la iglesia de Seña y con sacas bien ligeras nos encaminamos a la cueva.

El camino es bonito, se pasa por avellanales, praderas y helechales. Una manada de yeguas y potros pastaba feliz en un claro del bosque. La boca está en una depresión repleta de vegetación exuberante. Como la otra vez que estuve, en la misma galería de entrada, empezamos a ver por las paredes insectos muertos. Creo que fue César el que identifico los bichos como carcasas abandonadas tras la metamorfosis de libélulas. La confirmación la obtuvimos al encontrarnos con hermosas libélulas negro-amarillas, vivas, posadas por las paredes.

Tras hacer algunas fotos en la Galería Nolavieron recorrimos el meandro por el que discurre el arroyo hasta desembocar en la Gran Sala de las Coladas. Visitamos, a mano derecha, el Afluente Norte, con bonitas formaciones y continuamos, aguas abajo, hasta El Tobogán y la Sala del Manuscrito. Un poco más allá nos freno la misma zona acuática que la otra vez que estuve. Se puede asumir la mojadura o llevar un neopreno, pero como no estábamos ni en una cosa ni en la otra comenzamos a salir. Por el camino hicimos algunas fotos con flashes.

Fuera el día estaba espléndido, con grandes nubes de tormenta y ambiente nítido. Desde las mesas del bar unos hombres mayores nos preguntaron y comentaron sobre la cueva. Parece que fue una cueva muy popular visitada por jóvenes, niños y adolescentes hace décadas, tal vez más de treinta años. Nosotros nos fuimos escuchando música en el mercedes de César con un punto de relajación somnífero. En San Pantaleón tomamos cervezas y recogimos manzanas. Y hablamos de las próximas salidas para cuevear...     

 

 

 

FOTOS DE LA ACTIVIDAD 

13/8/26

Pásame las sacas (Rascavieja/Matienzo)

 
           Como si estuviese en la costa de Colombia -y no a orillas del Cantábrico- un bochorno húmedo y nublado establecía su dictadura inapelable. Desde la casona de San Pantaleón, donde había quedado con Guillermo, nos acercamos hasta Matienzo y, siguiendo luego el valle de Seldesouto, finalmente nos desviamos hacia un aparcamiento cercano a la Sima del Mostajo. Una senda bastante cómoda en sus dos primeros tercios e inexistente en su tercio final nos esperaba. A nuestro hartazgo contribuyeron no sólo el calor y la humedad, sino también lo incómodo del terreno. Yo, iluso de mí, pretendía llegar sin sudar pero fue imposible por completo. Intentamos secarnos frente a la boca de la cavidad, donde el soplo de aire fresco nos trasladó al paraíso terrenal por un rato. Para descansar un poco me quedé contemplado la pared extraplomada –con abundantes vías de escalada inverosímiles- que domina la boca de la gruta. Luego penetramos en la cueva.

         Íbamos contentos y felices, como inocentes cervatillos por un bosque tapizado de jugosa hierba, rodeados de bonitas formaciones, de grandes salas, de todo un hermoso mundo subterráneo. Con este maravilloso estado de ánimo el recorrido hasta el primer conjunto de estrecheces entre bloques (choke 1) lo hicimos en unos quince minutos.  Pero se acercaba nuestra dura tarea, el tránsito de los dos chokes. La táctica que íbamos a seguir para pasar las estrecheces estuvo clara desde el primer momento. El primero pasaba una estrechez, el segundo le pasaba las dos sacas y finalmente el segundo recorría la estrechez. Técnicamente podríamos llamarlo “método de la oruga reptante con giba” o “pásame las sacas”. Esto lo hicimos por un tiempo indefinido hasta emerger por el otro extremo a una galería amplia pero “confusa”. Esa confusión se debía a la gran cantidad de caminos posibles y a la falta de estructura “típica”. La galería me sugería una gran grieta –¿o fractura de falla?– que se hubiese ido rellenando de bloques, enormes y medianos, desprendidos del techo hasta colmarla a media altura. Para nuestro consuelo las indicaciones eran muy abundantes, hitos y catadióptricos, y producían una gran confianza de estar en el “buen camino”.

El pasaje del segundo choke fue de una dificultad ligeramente superior a la del primero. Hubo varios pasos en los que para meterse de cabeza tuvimos que hacer contorsiones, tuvimos un laminador de aspecto imposible -aunque luego la dificultad real era poca- y en algunos sitios la continuación “evidente” no era el verdadero camino sino que, más bien, era necesario mirar hacia atrás o hacia arriba. En fin, el largo pasaje requirió –y requerirá cada vez que se pase– pensar en abundancia y hacer contorsiones creativas. Pero al final desembocamos en una amplia galería con la cara sonriente.

 
 

Avanzar caminando tal cual no era una opción en esta zona. Era necesario andar con cuidado sobre bloques, realizar destrepes, trepadas y búsquedas del “buen camino”. Finalmente tras varias vicisitudes y algunas fotos llegamos a Wind of Change y poco después a stn 25-choke2.61 o, más escuetamente, punto de topo 61. El chorro de viento que subía por la empinada rampa-laminador era muy notable. Ya eran las dos y media y si seguíamos avanzando hacia Lloyd’s Grotto y Yahoo Chamber se nos iban a ir como mínimo una hora y media para llegar y otro tanto, o más,  para volver al punto 61. Esto sumaban 3 hora a las que íbamos a gastar –pero ya bien cansados– pasando los dos chokes y caminando después hasta la salida. Además había que desandar la senda hasta el coche. Era seguro que acabaríamos ya de noche. Algo me dijo que era buena idea volvernos desde aquí, pero Guillermo estaba ilusionado por seguir. Decidimos comer algo allí mismo, instalar la cuerda de 15 metros a un natural y que sólo Guillermo avanzase un poco más para verificar la complicada geografía hasta el destrepe que se inicia en el punto 63 de la topo. Esperé arriba mirando los rincones de la zona y deambulando por los recovecos de la mente. Unos minutos después Guillermo volvió contento. Había verificado que la ruta de continuación se correspondía bien con la topo.

En la vuelta hacia la salida agradecimos mucho los hitos y marcas luminosas que habíamos añadido a las ya colocadas por los exploradores ingleses. En los dos choques verificamos que íbamos acumulando cansancio y torpeza a nuestro estado inicial. Para cuando llegamos a la rampa de salida estábamos cansados de verdad. Un poco después de las seis emergíamos al exterior y alrededor de las siete estábamos en el aparcamiento. Hacia las siete y media o poco más paramos en Casa Germán sin éxito. No había ni un triste pincho de tortilla. Media hora más tarde llegamos a la casona de San Pantaleón donde bebimos buena cerveza acompañados por Casilda y Cristina, las primas de Guillermo. Charlamos de todo lo habido y por haber mientras el atardecer se adueñaba del Valle de Aras creando un mundo aparte. La magia que rezumaba por doquier hacía sencillo comprender la predilección de Guillermo y su familia por el sitio de sus ancestros.

 

 


 RASCAVIEJA INFO.        RASCAVIEJA TOPO   



2/8/26

Helguera con Guillermo (Soba)

 
               La Cueva de la Helguera es poco conocida a pesar de su interés espeleológico y de la belleza visual de sus enormes galerías. A finales de la última semana de julio Guillermo se acercó a los Puertos del Asón para localizar la boca de la cavidad con intención de ir a visitarla unos días más tarde. A pesar de “llegar” a las coordenadas que vienen reseñadas en las publicaciones la boca de la cueva no estaba allí. Había en las cercanías otras cuantas “bocas”: 2671, 2672, 2673 y 2676, pero la 1975 no apareció por ningún lado a pesar de que Guillermo subió y bajó por terrenos de jungla -llena de zarzas, helechos, espinos y tojos- y de lapiaz -inhóspitos a más no poder- que le regalaron con una enorme sudada. Poco tiempo después de este esforzado intento se resolvió el misterio: las coordenadas indicadas en la reseña venían para un datum diferente, más antiguo, al usado por el software del móvil. Una vez introducido el datum correcto las bocas encontradas se situaban con bastante precisión en el mapa y la Cueva de la Helguera quedaba “ubicada” en un punto a doscientos metros -aproximadamente- al SE de la zona pateada por Guillermo...

Bajando desde Alisas me sorprendió un mar de nubes espectacular sobre el valle. A las nueve me encontré con Guillermo en Arredondo y seguimos en mi coche hasta los Puertos del Asón. No había ni una nube a la vista pero todavía se notaba el fresco matutino. El aparcamiento estaba empezando a llenarse y un simpático burro, que suele habitar por allí, hacia su ronda entre los humanos buscando alguna delicia vegetal gratuita. Hacer el equipaje fue un poco costoso debido a que los objetos aparentemente ocupaban más de lo que podía meterse en las sacas. Sin embargo al final todo se ubicó debidamente y pudimos emprender la marcha. 

Al principio todo fue bien. Había una buena senda, el objetivo resultaba evidente y el ambiente parecía propicio. A ojo de lejanía había calculado una posible ruta hacia la boca para eludir las junglas y lapiaces subiendo lateralmente para acercarse ganando altura poco a poco. Guillermo tenía claro que debíamos meternos en la canal selvática para ganar altura directamente con rumbo a la cueva. Después de unas dudas opté por probar mi opción y Guillermo siguió directo hacia la canal. La ruta imaginada por mí fue bien hasta pasar un primer hombro marcado por una valla de piedras. A partir de ahí comenzó a complicarse  la cosa. Guillermo derivo hacia el sur por un terreno malo, aunque no demasiado, y terminamos volviendo a juntarnos. Fue entonces cuando el terreno se hizo malo no, fatal. Y el gps indicaba la boca a 300 metros al sudeste. Pensé que si todo el recorrido hasta la cueva iba a ser así yo acabaría reventando allí mismo. Durante un tiempo indeterminado se nos hizo infernal el avance. Recuerdo de ir a rastras entre agujeros tapados por la hierba y matojos espinosos asesinos. Finalmente desembocamos en un bosque de avellanos. atravesado por una providencial senda de vacas que subía canal arriba en dirección a la gruta. Tras un corto rato de caminata penetramos en un hayedo de sueño por el que fuimos ascendiendo, ya sin senda clara pero de tránsito cómodo. Y finalmente apareció la cueva.

 
 

 

Después de una breve inspección de la entrada del pozo de 8 concluimos que se habían utilizado roscapiedras y que no existía ninguna instalación que pudiésemos usar. Así que probamos a ver que tal si entrábamos por la gatera sopladora. La cosa fue bien pero un resalte de tres metros con paredes resbalosas me indicó que era mejor poner una cuerda para poder salir, así que abandonamos la idea. Guillermo decidió usar la cuerda de 30 que traía, atándola a un avellano a unos doce metros de la entrada. Enseguida, poniendo un protector para el roce, estábamos en el comienzo de la gigantesca Galería Dogora. Una pedrera de bajada y dos empinadas pedreras de subida nos llevaron hasta la primera desobstrucción justo en donde el techo se une a la pedrera. Se trata de un trabajo de pala y capazos para retirar un volumen enorme de piedrecillas. Lo suficiente para permitir el paso cómodo de los humanos. Un admirable trabajo de excavación de, al menos, veinte metros. Al otro lado una pedrera de bajada y un ascenso equivalente por bloques y coladas nos llevaron, atravesando una sala de unos 50 metros, a las dos desobstrucciones en roca que permitían seguir adelante. El viento en estas estrechas gateras era muy violento y hacía bastante ruido. Me resultaba un poco atemorizador el ambiente. Las desobstrucciones en formaciones y coladas terminaron en la cabecera de un pozo de seis metros. Desde aquí decidimos volver atrás y dejar la visita al piso inferior para la próxima ocasión.

Comimos en la sala de 50 metros y volvimos hacia la Galería Dogora con intención de hacer una foto reflejando su grandiosidad. La foto nos llevó una hora y media de mover los flashes a intervalos de 20 metros. A la salida sufrimos el contraste entre 8ºC y 24ºC. Siguiendo el camino de vacas y su continuación hacia el oeste terminamos en un depósito de agua cilíndrico, ya muy cerca de la senda buena. En pocos minutos bajamos a Asón a tomar unas bebidas refrescantes. Nos pareció que enseguida íbamos a volver a la Cueva de la Helguera pero por un camino decente. La cueva promete muchas sorpresas.               

 
 

 
 
 
 

26/7/26

Cascajosas con Guillermo (Merilla)

Fotos: Guillermo y Ant on Ío
 
  
 
           La idea era volver a Rascavieja para continuar conociendo las zonas nuevas, pero el sábado llovió con abundancia y el domingo amaneció con lloviznas dispersas. Y no estábamos dispuestos a subir la empinada pendiente con hierba muy crecida, piedras irregulares y todo mojado. Todavía recordaba -la última vez fue hace bien poco- la cantidad de patinazos y la mojadura que pillamos ese día. La Cueva de las Cascajosas (o del Cariñoso) en principio es una actividad bastante corta, pero si incluimos en la visita al Piso Superior y la búsqueda de las nuevas extensiones, se convierte en una entretenida actividad llena de sorpresas agradables.

A las nueve me reuní con Guillermo en Solares y a las  diez estábamos entrando a la cueva. Primero fuimos a la caseta de los maquis. Pudimos comprobar bien la poca exactitud y detalle de la topografía antigua. Digo antigua porque observamos los puntitos rojos utilizados para precisar las tomas de rumbo de una nueva topografía.  En la piedra que hay delante de la caseta estaban extendidos -con gracia- los objetos antiguos  que se han ido encontrando en la zona que se habitó. Con algunas dificultades (cable del disparador remoto incompatible con Olympus) hicimos algunas fotos y continuamos por el borde izquierdo de la galería hasta la Sala Javivi donde dejamos el peso. Continuamos por la Galería Holanda hasta la entrada este. Por el camino tomamos algunas fotos con el par de flashes que llevábamos.

 

 

De vuelta a las sacas tomamos un tentenpié y trepamos hasta el Piso Superior. Avanzando un poco tropezamos con una cuerda ascendente que no recordaba. En realidad se trata de un camino alternativo para superar un caos de bloques sin el riesgo que supone andar dando vueltas y trepando por entre bloques poco fiables. Recorrimos la galería izquierda pasando por la Sala del Radio y la Sala del Gato. Desde allí tomamos un ramal hacia el norte que nos llevó a una zona con bonitas concreciones llamada la Sala del Clan. De vuelta tomamos un ramal hacia el este que en unas decenas de metros nos llevó hasta un resalte equipado con cuerda y una escalada a la derecha  -equipada con parabolts- Esta escalada conducía a una chimenea con continuación evidente. Ambas rutas eran extensiones de lo ya conocido hace décadas. Dejamos su visita para otra ocasión, tal vez yendo con el grupo que está explorando ahí. 

Para volver al piso inferior recorrimos la galería de la derecha desde la Sala del Gato. Es mucho más cómoda y más coqueta que su paralela. Tras recoger las sacas tardamos en salir pocos minutos. Habíamos entrado con muchas nubes pero ahora hacía un sol espléndido. En el aparcamiento descubrimos que el gran plástico de pvc –lo habíamos visto por la mañana- tapaba un burro muerto y no un montón de leña como habíamos supuesto. En muy poco tiempo estábamos en el Mesón del Camping esperando unas cervezas heladas y una buena comida. El tiempo se había detenido y tardó bastante en ponerse en marcha de nuevo...      

 

 

 

12/7/26

Una cavidad Prometedora (Simas del Picón/Matienzo)

Fotos : Guillermo y Antonio
 
 
 
 
              Después de unos cuantos mensajes las incertidumbres se resolvieron bastante bien. Nos reunimos a las ocho y media en Fuente las Varas Encarna, Guillermo, Miguel y yo, pero César finalmente no pudo venir.

Tan temprano y ya se hacía notar el calor en el Valle de Matienzo. Pero esta vez no hubo dudas en el camino a la Simas del Picón, nos acordábamos de cada rama y de cada arbusto. Era notable y maravilloso el río de aire fresco que bajaba de las bocas de la sima. Guillermo trajo un equipo vertical suplementario que allí mismo se ajustó ala medida de Encarna. En unos minutos estábamos todos abajo. Dejamos un trípode en la sala para usarlo a la vuelta en fotos de exposición prolongada y continuamos la ruta clásica. La idea era ir parando para hacer fotos rápidas con tres flashes gobernados directamente por el controlador desde la cámara. Sin embargo en la segunda foto se quedaron sin batería los flashes C y D a pesar de haber puesto las bateríqs recién cargadas de hace nada. La explicación más simple es que ese tipo de baterías tiene un efecto memoria muy acusado y al haberlas recargado cuando aún estaban casi llenas hizo que ela carga efectiva fuese bajísima. A pesar de ello nos quedaba el flash B y apañándonos con él –y con un trípode de fortuna- pudimos hacer un buen número de tomas para trabajarlas luego como capas. Así recorrimos algunas salas y la galería de las excéntricas. En la encrucijada arenosa que se forma en su final comprobamos la rampa arenosa, hay dos spits viejos para bajar el pozo que forma, la travesía que va hacia la Music Box, hay que instalar cuerda y fijaciones, y la desviación al norte que lleva a unas galerías con trepadas y destrepes. En esta última zona Miguel encontró el acceso a una pequeña sala repleta de excéntricas que no está señalada en la topo. Después de todo esto hicimos una sentada para comer.

 
 

 

Ya de vuelta a la Sala de Entrada tomamos hacia abajo a la izquierda en busca de la ruta al Mega Bat. El pollo del domingo anterior -no sabemos si de búho o de cárabo- se encontraba en un rincón y se quedó mirándonos, seguramente deslumbrado. Guillermo le hizo un par de fotos. Después de seguir un poco más pasamos dos laminadores cortos y llegamos a una trepada entre bloques con cara de pocos amigos. Emergimos a una gran sala que seguimos hacia el oeste hasta una zona más estrecha y ventosa que desembocó en una salita decorada. ¡Miguel la identificó como la salita de la primera foto! La trepada conectaba en realidad con la sala GES. Para ir al Mega Bat había que tomar una ruta más hacia el sur sin subir la trepada. De todas formas dimos por finalizada la excursión subterránea y volvimos a la Sala de Entrada. Mientras ocurrían unas cosas u otras hice algunas fotos de exposición al paisaje de las simas de entrada con la bonita luz que generan.

Fuera hacía “calor”. Como era temprano aún paramos en Casa Germán a beber cerveza. Era un buen momento para charlas arreglamundos y prepara proyectos de cueveo: Mostajo, Rascavieja, Decepción...

 


 FOTOS DE LA INCURSIÓN

5/7/26

Nuestro Gozo en un Pozo (Simas del Picón/Matienzo)

 
 
                Guillermo y yo somos unos entusiastas de esta cavidad, Simas del Picón, que además de ser bella nos hace reflexionar mucho sobre lo mismo de siempre: es una pena, lo sentimos muchísimo, que la gran mayoría de espeleólogos  que conocemos no aproveche estas oportunidades para retomar una actividad que les vendría muy bien física y psicológicamente. Pero no perdemos la esperanza de que suceda alguna vez. Cuando menos veo un potencial de entre 20 y 40 posibles practicantes que con que tan solo saliesen una vez al mes mejorarían sustancialmente su calidad de vida. Resistencia, coordinación, fuerza, flexibilidad y concentración serían los principales aspectos que se beneficiarían de la actividad, pero no los únicos. Si comparamos la “espeleo suave” con otras actividades comunes como, por ejemplo, senderismo, ciclismo, gimnasio o natación la espeleo sale mucho mejor parada que las otras. Es ciertamente mucho más completa a nivel físico e infinitamente superior a nivel mental. Además de participativa es muy social y deja una bonita huella que nunca se olvida.

Así pues las Simas del Picón fue nuestra opción para una actividad de domingo de corta duración, compatible con neófitos y bien bonita. César, su hijo Mateo y yo nos reunimos cerca de Villaverde de Pontones y un poco después con Guillermo en Fuente las Varas. En breves minutos aparcamos al lado de la cavidad, casi al lado del aparcamiento para ir al Mostajo, un poco más abajo. En menos de diez minutos llegamos a la boca inferior, pero la exuberante vegetación de verano nos confundió tanto que no la reconocimos pensando que era la superior. No había explanada ni se veían las fijaciones. Perdimos bastante tiempo dando vueltas por el bosque buscando algo que no íbamos a encontrar hasta que, hastiados y confusos, volvimos a la boca porque no podía ser otra. Allí estaban las chapas.

Bajé instalando la cómoda sima, un sólo fraccionamiento en plataforma. Luego fue bajando César hasta el fraccionamiento donde iba a supervisar el paso de Mateo. Le avisé repetidas veces que la única dificultad de la sima eran las resbalosas paredes verticales. Cuando llegué abajo me puse a hacer fotos. Mateo comenzó la vertical bien, pero dos metros más abajo pegó un patinazo y se golpeó la rodilla (creo que la derecha) con la pared vertical. Aunque alpricipio pensé que era un pequeño golpe ya en la base de la sima el golpecito se fue revelando como algo más serio por el dolor inhabilitante que mostraba Mateo. Una vez abajo todos y en vista de la situación César decidió salir con Mateo y enseguida comenzó la operación. Nuestro gozo en un pozo.

Para ayudar a Mateo en el ascenso César montó una polea desde el fraccionamiento. Mientras se desarrollaba la operación ascenso de Mateo me di una vuelta por la sala de entrada haciendo fotos. Guillermo y yo oímos un ruido de aleteo más abajo y pensamos que eran murciélagos. Pero al bajar un poco más pude ver un pollo de cárabo o lechuza dando vuelos cortos por la zona de penumbra/casi oscuridad. Intenté acercarme un poco para poder hacerle una foto de recuerdo, pero enseguida dio unos cuantos vuelos cortos y desapareció en alguna grieta que no pude localizar. Fue un bonito encuentro que me recordó la estancia de un pollo de cárabo durante meses en la casa que habitamos a mediados de los 90 en Pedreña.

En cuanto Mateo y César terminaron de subir la sima les seguimos Guillermo y yo. El descenso hasta el coche llevo su tiempo,  la cojera de Mateo era muy acusada. Estaba cada vez más claro que el golpe había sido con mala suerte. El sol castigaba bien pero la temperatura no era excesiva. Antes de despedirnos de Guillermo nos paramos en el Bar de Germán y nos bebimos cervezas muy frías con unos pinchos de tortilla épicos. No había mal que por bien no viniese, lo suscribo totalmente-mente.

 


 FOTOS DE LA ACTIVIDAD

28/6/26

RascaVieja (Seldesouto)

 
              RascaVieja era una pequeña cueva mientras se trató con poco empeño, con poco tesón explorador, pero, bajo la batuta de Matienzo Cave Group, se está convirtiendo en una cueva grande y compleja que potencialmente puede formar parte de un gran sistema. Hace un par de años la visité y quedé muy intrigado por la fuerte corriente de aire que se percibe en unas estrecheces que actualmente son llamadas choke 1 (atasco/obstrucción/estrechez). En aquella ocasión apenas rasqué la entrada de esas estrecheces.

              Desde el aparcamiento, cercano al del Mostajo, se tarda -en teoría- menos de media hora en alcanzar la boca. Esa es la teoría, pero la realidad es que, aunque los dos tercios iniciales del camino se hacen por una senda bien marcada, en el tercio final tenemos que andar campo a través con hierbas altas, helechos, zarzas y tojos que junto con una pendiente acusada impiden posar el pie con un mínimo de confianza, haciendo la última parte del acercamiento "infernal". Esa fue mi sensación subjetiva aunque para Guillermo no era para tanto. De cualquier forma el calor y la humedad nos hicieron sudar de lo lindo.

                 El aire frío que nos lanzaba la cueva desde su boca hizo que me tuviese que alejar un poco para secarme y aclimatarme. Por allí al lado, en la pared aún más que vertical, vi varias elegantes vías de escalada, lisas para mayor desafío. Guillermo me urgió a entrar en la cueva, estaba hambriento de mundo subterráneo. En la Primera Sala nos demoramos un rato haciendo algunas fotos a pelo, sólo con la iluminación de los frontales.  No lejos de la entrada visitamos una galería lateral -no topografiada- con algunas formaciones excéntricas notables. Luego avanzamos por la Segunda Sala bastante rápidos hasta una bifurcación importante. Tomamos la galería de la izquierda hasta que un caos de bloques desfondado nos freno. Tras unos minutos de dar vueltas encontramos la solución por el costado derecho destrepando unos metros. El avance se hizo facilón por terreno plano y arcilloso. La cómoda galería murió bruscamente donde el techo parecía unirse con el suelo. Allí mismo comimos un poco. Buscando a la izquierda alcanzamos el comienzo de una estrechez vertical de varias etapas. Finalmente, después de una trepada algo delicada, emergimos a una gatera horizontal que desembocó en la Sala del Lobo. Esta notable sala es un gran colapso del techo que ha formado un hueco descomunal. Buscando por el perímetro encontramos el esqueleto del animal que le da nombre. No encontramos explicación lógica a la presencia de un animal cuadrúpedo y peludo en una zona de la cavidad tan poco accesible.

 

 
 

              Después de algunas fotografías comenzamos a volver sobre nuestros pasos hasta la bifurcación anterior. Tomando la rampa de la galería de la derecha, enseguida llegamos al comienzo del choke 1, las estrecheces. Como aviso a navegantes y advertencia a incautos un hilo de nylon verde guiaba por el caos de estrecheces. Tardamos casi una hora en pasarlas, tal vez porque lo "veíamos" todo difícil. Al otro lado una galería con bastante humedad nos dio la bienvenida. El tránsito de esa galería no era nada sencillo, tenía muchos huecos en lo alto y bifurcaciones por doquier que hacían muy difícil tener un sentido de la orientación. Tanto es así que los exploradores ingleses habían plantado grandes hitos y catadióptricos cada tres metros. Al cabo de poco me sentí desanimado y cansado, pero Guillermo aún estaba con ganas y siguió adelante hasta el segundo grupo de estrecheces, choke 2, en total ida y vuelta unos quince minutos. Mi desánimo procedía de la necesidad de pasar el choke 1 para salir de allí. Un poco como estar en una ratonera. Sin embargo en contra de lo esperado la vuelta se nos hizo más corta, tal vez porque ya conocíamos los pasos y sus trucos.

              Desde las estrecheces volvimos directamente hacia la boca, aunque paramos un rato a hacer fotos a las excéntricas. Fuera nos esperaba la lluvia y el terreno resbaladizo con ambiente tropical. Al cabo de un minuto estábamos empapados. Las gafas se me empañaron del cambio de temperatura, se me mojaron con la lluvia y se me mancharon de barro con los roces. Esa bajada fue un poema, acompañado de gaita desinflada con estribillos aragoneses y acompañamiento de caracoles. Al final llegamos al coche con más de ocho horas de actividad activadamente acumulada... Para celebrarlo puse a Rokia Trauré  que nos canto en mandinga la canción Tchiwara. Antes de llegar a casa me tomé una cerveza en Hoznayo. El ambiente de tarde de domingo me resultó fascinante, una brusca reentrada al planeta Tierra desde el planeta Subtierra...          

 

 

 
 
 
 

 TOPOGRAFIA