3/2/13

Suelos


Texto: A. G. Corbalán
Fotos: Miguel F. Liria y A. G. Corbalán

Para poder balizar las partes remotas de una cueva hace falta paciencia. En esta ocasión íbamos a necesitar un fin de semana. Invité a varios miembros del SCC  a esta expedición, pero por motivos diversos les fue imposible unirse a nosotros. Realmente hace falta bastante experiencia y una fuerte motivación para realizar una incursión de varios días en una cavidad. Máxime si conlleva el acarrear un armario con comida y material de vivac, aparte del material específico del trabajo que se quiera realizar. Para esta ocasión consistía en abundantes estacas de tamaños variados, caperuzas, hilo, taladro y baterías. El objetivo era proteger una hermosa galería que se prolonga más de 700 metros con zonas frágiles.
Miguel y yo nos reunimos en Ramales, casi a las  ocho de la tarde del viernes. Hacia un tiempo realmente malo. Lluvia fuerte y bajando la temperatura. Cerca de las desviación a La Sía el tiempo era peor. El Renault Clío no nos permitió llevar los preparativos con facilidad. Para ser sincero aquello fue un infierno que sobrellevamos gracias a nuestra motivación y a la ilusión que nos hacía encontrarnos bajo tierra, lejos del mundo-mundo. Entre las nueve y las diez entrábamos a la Cueva del Gándara. Miguel se metió el móvil para poder tener tiempo-tiempo. A las doce estábamos en el vivac uno. Por suerte el arroyo cercano llevaba agua. Dormimos bien después de tomar sopinstant y albóndigas fósiles con salsa de cebolla divina. A las siete y media sonó el despertador. Entre unas cosas y otras eran cerca de las nueve cuando nos pusimos en marcha. 
Ya en el vivac habíamos notado las señales del tráfico de visitantes, pero en los accesos a la galería que íbamos a balizar eran más que evidentes. Nos temíamos lo peor. Evidentemente todo tiempo pasado fue mejor para las bellezas de las cavidades. Muchos sectores, que solo tenían la huella de los exploradores franceses y de los primeros visitantes españoles la vez anterior, ahora mostraban un surco de la anchura de una autopista y muchas huellas hacia ninguna parte, estropeando unos suelos de belleza descomunal. Evidentemente si hubiéramos balizado este sector hace dos años, la última vez que lo visitamos, se hubiera preservado casi intacto (en aquella época no poseíamos el material adecuado) Pero, de cualquier manera, es preferible conservar lo que se pueda a no conservar nada.



 foto: Miguel F. Liria




  foto: Miguel F. Liria

La belleza de las cavidades no solo esta en sus techos, colgando como estalactitas, banderas, cristalizaciones, helictitas…, también está en los suelos y en las paredes. Posiblemente hay más cantidad de formaciones/espeleotemas en los suelos y paredes que en los techos. Creemos que la mayoría de los espeleólogos están sensibilizados respecto a las formaciones que cuelgan o que asoman por las paredes. Pero no lo está tanto acerca de los suelos: arenas cristalinas de diferentes colores, formaciones de barro, barro o tierra fósil, barros agrietados y marcados por antiguos cursos de agua, antiestalactitas, estalagmitas de todos los colores y tamaños, setas, corales de mil variedades, pisolitas, gours… Es necesario preservar todo esto para poderlo disfrutar. Lo disfrutaremos nosotros reiteradas veces y también los que vengan cuando nosotros no estemos ya sobre esta Tierra.
Eran cerca de las dos cuando dimos por acabado el trabajo. Habíamos consumido el resto del carrete de hilo, todas las estacas que llevábamos y todas las caperuzas; y nos había faltado algo de hilo, caperuzas y unas poquitas estacas. En total debimos balizar  entre trescientos y cuatrocientos metros. Algo antes de finalizar hicimos un almuerzo en que tomamos algo caliente. Entre idas y venidas debimos recorrer cinco kilómetros. Terminado esto dejamos algunas cosas en el tajo y fuimos a visitar una zona poco conocida por nosotros.
Habíamos visitado la zona remota del sector suroeste del Gándara al menos en cuatro ocasiones que yo recuerde. En concreto, el camino hacia la galería que íbamos a conocer conlleva el paso por varias zonas laberínticas, un par de salas caóticas (en las que orientarse siempre es problemático), tránsitos por desfondes peligrosos y no equipados, algunos resaltes de cuerda y una gatera desagradable. En total pueden tardarse unas dos horas desde el vivac si se conoce la zona perfectamente. Actualmente hay alguna señalización pero siempre hay que ir con cuidado para no desorientarse.
El acceso a la galería es un resalte totalmente aéreo equipado con una vieja cuerda, aunque en buen estado. La salida es a través de un ojal. El conducto tiene abundantes resaltes, desfondes y pasos chungos sin equipar. De hecho en nuestra primera visita de tanteo, hace dos años, nos propusimos volver con algunos trozos de cuerda. Pero el hecho es que no las traíamos y que hemos vuelto a pasar a pelo
Avanzábamos a buen ritmo. Las huellas escaseaban. En algunos casos un solo explorador había pisado. Arenas cristalinas blancas sin hollar. El ritmo estaba marcado por una pendiente media ascendente de casi 20º  pero también había bajadas problemáticas. Finalmente cogimos una desviación descendente a la izquierda que en poco tiempo nos llevo a una zona con algunas excéntricas. Más allá la galería creció hasta hacerse descomunal, se ramifico en varias ocasiones y aparecieron bastantes pozos sin señales de haber sido tocados. En una encrucijada confluían cinco grandes galerías. Una de ellas nos llevo hacia el sur a una zona de enormes desfondes sin equipar. Podía pasarse con mucho riesgo. Las señales mostraban que algún explorador francés había pasado a pelo, jugándose el pellejo. Mejor volver otra vez y poner algo de seguridad. La galería del este nos llevo a coladas de leche condensada y, bajando algo más, a una galería enorme con formaciones blancas. Se acercaban las siete de la tarde, estábamos lejos y algo cansados. Era hora de volver.
La vuelta la realizamos con suavidad, pero sin apenas pausa. Nos esperaba un saco calentito. Pasadas las nueve llegábamos a nuestra casita. En total algo más de doce horas de actividad. Observamos que el arroyo había disminuido de caudal dramáticamente. Eso significaba que llovía poco o nada o que hacia tanto frío que solo había nieve. Cenamos callos,sopinstants, infusiones, pan duro… A las once nos fuimos a dormir como leños.

Me desperté sin tener ni idea de la hora, salí un minuto del saco para orinar y me volví a ensacar. Pero ya no tenía sueño. Sin embargo seguía escuchando la rítmica respiración de Miguel dormido. Me aburría en el saco. A voces le pregunté a Miguel qué hora era. Vi que encendía la luz y me respondió que eran las diez menos veinte. Llevábamos más de diez horas durmiendo… Rápidamente nos levantamos, desayunamos (salsa de callos, infusiones, sopinstant y galletas) y recogimos. Entre otras cosas metimos en la basura un montón de alimentos caducados que llevaban varios años en el vivac.
Para no sudar, a lo largo de la primera parte del camino de vuelta, fuimos en mono interior. Sólo cuando empezó la humedad, las estrecheces y las cuerdas nos pusimos el mono exterior y todo el equipo vertical. Las desagradables galerías que obligan a ir agachados nos dieron el remate final. Sin embargo íbamos bastante bien de fuerzas. Mientras saboreábamos con placer las últimas grandes galerías hicimos una hoja de ruta de las tareas a realizar. La balización de las galerías de entrada y la colocación de varios carteles se convierte en una tarea prioritaria para las próximas semanas. Sin duda el encontrarse con estos elementos justo al entrar ayudará a los espeleólogos a tomar conciencia del cuidado que debemos poner para transitar por las cavidades.
En el exterior había una fina nevada que solo se manifestaba a nuestra altitud por algunos pegotes dispersos. El sol se dejaba ver por momentos entre las nubes y claros. Cambiarse de ropa fue un agradable placer después de dos días. Como parte del disfrute decidimos bajar por el Valle del Asón en vez de hacerlo por Soba. Pudimos contemplar la Cascada, el Len de Hormigas y el Valle de Rolacías. Después de las grises lluvias el ambiente había cogido color a destajo. Y las cervezas con raciones que tomamos en Ramales fueron de esas que te saben rematadamente bien…



3 comentarios:

speleo dijo...

La motivación y empecinamiento por conservar las cavidades de Cantabria es lo que os mueve a tan loable función.
Desde la FCE tendrás todo el apoyo posible.

speleo dijo...

La motivación y empecinamiento por conservar las cavidades de Cantabria es lo que os mueve a tan loable función.
Desde la FCE tendrás todo el apoyo posible.

El viajero racional dijo...

Por cierto, la última fotografía tiene un algo de vagina con el himen al fondo. Perdón por la deformación. El relato magnífico. Me ha recordado a los Richmal Croptom describiendo las aventuras de Guillermo y los Proscritos por las espesuras de los jardines de las mansiones londinenses. Bueno, Guillermo en vez de con callos se alimentaba con un trozo de cake de grosella que siempre solía llevar en el bolsillo.