10/11/13

Arroz




                 El arroz cocido es totalmente comestible.  Pero si está duro puede resultar muy difícil de masticar. Así es la vida: unas veces masticamos durezas y otras veces un aromático y buen arroz. Sin embargo el arroz es el mismo siempre: su naturaleza es idéntica. Todo depende de cómo lo tratemos. Si lo cocinamos con esmero puede dar como resultado un plato delicioso, pero si no lo cocinamos puede partirnos una muela…
            Las personas son como el arroz. Si las tratamos bien y con un punto de creatividad pueden llegar a ser amigos excelentes. Si las maltratamos es posible que acaben partiéndonos la cara. Sin embargo la esencia de esas personas es, día a día, siempre la misma. Un buen día comprendes que no hay gente mala, ni gente buena. Los comportamientos dependen de una constelación de circunstancias y de un cúmulo de factores internos. La mayoría de nosotros solo creemos elegir nuestros comportamientos. Nos parece que somos libres cuando hacemos lo que nos da la gana. Sin embargo deberíamos reflexionar cuidadosamente para verificar si esto es así.
            Aquel día se me acumulaban éstas y otras reflexiones parecidas. Me encontré con Miguel en la estación FEVE del Astillero. Para flexibilizar las horas de vuelta decidimos llevar los dos coches hasta Mompía. Así, si Miguel decidía quedarse hasta más tarde, no tendría ningún problema. Volvería a Mompía con Sergio y Adrián. La intención de Manu era haber venido. Sin embargo los sucesos de la tarde anterior no le dejaron ganas de hacer espeleo el sábado. Así pues nos fuimos en dos coches: en uno de ellos irían Adrián y Sergio y en el otro nosotros dos. En el aparcamiento de Sel del Haya nos encontramos con Luis. En total cinco personas. O cinco granos de arroz. O cinco esferas de percepción. O cinco individualidades. O cinco nadas transitando por el vacío universal.
            Realmente no tenía ganas de andar por una mina. Ni tampoco por el cauce barroso de un río. Es un paisaje subterráneo que me produce disgusto o al menos una sensación de no haber tocado la naturaleza. El momento peor fue el cruce de la absurda tirolina que se ha instalado en cierto punto. Una tirolina. Seguro que existen un buen puñado de alternativas cómodas, pero a algunos parece que les sienta mejor un parque de atracciones que una buena instalación para avanzar con seguridad. Nos paramos en un punto anodino para efectuar una escalada. Mediante este paso accedimos a uno de los pisos superiores de Udías. Otro resalte nos envío a través de una chimenea a un piso todavía más alto. Mientras Sergio, Adrián y Luis continuaban explorando la zona Miguel y yo fuimos a balizar un conjunto notable de gours someros, pisolitas y estalactitas/estalagmitas. Al cabo de un tiempo indeterminado, nadie había llevado reloj, se me acabaron las estacas cortas y consideramos finalizado lo que podía hacerse en esa jornada. Acompañado de Sergio, Luis y Adrián comí un bocado y dispare unas cuantas fotografías. En ese momento di por acabada la estancia.
            Como Luis también quería salir pronto nos hicimos compañía hasta llegar a los coches. Tuvimos tiempo de comentar cuales eran las opciones que se presentaban en la panorámica del Club. Sólo el tiempo nos dibujará el paisaje posterior a esta crisis. Esperemos que las decisiones que se tomen sean las mejores para todos.


1 comentario:

jesus dijo...

Hombre... producir disgusto una mina? Es el resultado del tremendo esfuerzo del humano para penetrar las entrañas de la tierra.
Gracias a ellos podemos disfrutar unas cuevas naturales que de otra forma no hubiera sido posible.
Saludos.