17/3/10

Días Grises (13/3/2010) Cuevamur


     El invierno se prolongaba en una sucesión sin fin de días grises. El último día laborable de la semana me levante irritable y nervioso como si tuviese la premonición de la poco agradable tarde del viernes que me esperaba. Me fue imposible determinar la causa de esa extraña sensación. Sin embargo por la mañana no paso nada especialmente desagradable, salvo el habitual ambiente psiquiátrico de un centro de enseñanza secundaria. Y en realidad durante la tarde tampoco paso nada especial. Pero a últimas horas de la tarde tenía la necesidad de encontrar pelea. Me hubiera encantado machacarle la cara a alguien que se me pusiera por delante. Tuve que hacer esfuerzos para contenerme en dos ocasiones. Algo raro en mi.
     Dos días antes Julio me había llamado para pedirme ayuda en el cursillo de fin de semana. En la reunión no encontré por parte del “organizador” del cursillo ninguna indicación de precisar mi ayuda sino más bien todo lo contrario. Vista la situación decidí continuar alegremente con el plan original: salir de espeleo turística con un pequeño grupo. Desde luego el tiempo previsto animaba a andar bajo tierra; eso siempre y cuando la boca de la cueva estuviese cerca del aparcamiento. La idea inicial era visitar Cueva Vallina y, dejar como alternativas, La Cañuela o Cuevamur. La previsión de tiempo, frío, lluvioso y muy gris  dejaba poco margen de maniobra. 
     Finalmente la pequeña aventura se nutrió con Marisa, Eva, Lourdes y yo mismo. Eva solo ha estado en dos cuevas en toda su vida y Lourdes en alguna más, pero el tiempo pasado desde la última vez que visito una creo que puede superar los ocho años. Como no había equipos verticales para todos tuve que eliminar muchas cuevas con pequeñas dificultades.  Solo lo sentí a medias pues ellas iban a disfrutar  igual con una cueva fácil o difícil con tal que fuese bonita. Nos encontramos en El Astillero para ahorrar vueltas innecesarias y cruzamos el Puerto de Alisas para llegar directamente a la zona de aparcamiento de Cañuela. Llovía bastante y el frío encogía el ya discreto estado de ánimo. Vimos que prepararse en aquel sitio era demasiado ingrato; además teníamos más de veinte minutos hasta la boca que sería necesario hacer sin paraguas ni chubasquero. Así las cosas nos fuimos hacia Ramales de la Victoria para entrar en Cuevamur. Aunque también en el parking de las Covalanas llovía, la intensidad era asumible. Además el lugar es bastante bueno para cambiarse de ropa.
     Diez minutos por un sendero agradable nos colocaron en la inmensa boca de la Cuevamur terminando de preparar los arneses, viejos arneses de escalada reconvertidos para la ocasión con dos cordinos de anclaje que facilitasen los pasamanos. Marisa y yo llevábamos el equipo de verticales completo: arnés de pecho, bloqueadores Croll y de puño, y descensores Dressler. Lourdes y Eva arneses con dos cabos de anclaje y descensores Ocho.
     Nada más entrar hay un pasamanos largo y, actualmente, muy bien equipado. Luego hay que hacer un flanqueo por unas pendientes de tierra muy empinadas, seguidas de un resalte -que se escala con ayuda de un cordino- y de otra fuerte rampa de tierra equipada con una cuerda. Como todas las chicas del grupo son -o han sido- escaladoras las maniobras de trepadas y destrepes les resultaban fáciles (solo hay que tener un poco de precaución) El largo laminador por el que continuamos fue una oportunidad para hacer fotografías dinámicas. Así desembocamos en la Gran Sala.
     Se puede bajar al fondo de la Gran Sala instalando unos cuarenta y cinco metros de cuerda o,  como alternativa más sencilla, recorrer los largos pasamanos que comienzan en la misma entrada de la sala.  Al final el pasamanos tiene un cable de acero y una cuerda para ayudarse en el ascenso de una rampa de barro resbaladizo. Lourdes estaba encantada con lo que iba viendo. Eva comparaba esta cueva con las que ya conocía. Marisa sacaba sus recuerdos de una visita anterior. Yo estaba encontrando relajante hacer fotos con las tres como modelos. 
     En el bonito camino hacia la Sala de los Cristales Eva pregunto si había que ir agachada mucho rato. Respondí de forma ambigua. Me había propuesto tomarme las fotos con calma y decidí hacerlas con trípode. Junto a una zona de formaciones gravitacionales hice dos. Los minerales quedaron quietos y bien enfocados, pero la modelo se movió.
     Cuando entras en la Sala de los Cristales tienes la sensación que es una sala corriente. Pero si miras con atención descubres enseguida la riqueza que te rodea. Primero, y por doquier, flores de aragonito Luego aparecen por el techo las excéntricas gorditas y un poco más allá se mezclan entre sí las formaciones gravitacionales, las excéntricas gorditas y las flores de aragonito en una decoración delicada y compleja. Hice varias fotos del paisaje subterráneo en que utilicé a las tres modelos simultáneamente.  Y otras muchas al mundo mineral utilizando la iluminación Stenlight a contraluz. También en la Galería del Coral hice fotos del paisaje con la esperanza de que alguna saliese correcta.
     Eva empezó a protestar cuando se vio en la estrecha gatera característica de Cuevamur. Por suerte la gatera ha sido reexcavada dejando un anchura que permite manejarse con mucha más facilidad que en el pasado. Sin duda antes se trataba de una gatera difícil, aunque ahora solo es psicológica y la dificultad ya no es real. A todas, incluida Eva, les pareció que había merecido la pena el paso de la estrechez cuando se vieron en las salas que hay al otro lado. Comimos en una de ellas mientras disfrutábamos de la decoración, algo gótica, de paredes y techo. Sobre el suelo grandes estalagmitas columnares, algunas bífidas, aportaban su presencia al paisaje. Cada cual comento su percepción del mundo subterráneo. Eva, Marisa y Lourdes lo ven interesante pero prefieren, siempre que sea posible, la luz del día, la montaña y sus actividades. Las cuevas solo si hace mal tiempo.
     Volvimos con un ritmo más rápido a la superficie. Solo tuvimos que andar con cuidado al final de los largos pasamanos. Se trata de un fácil resalte de diez metros en el que asegure con una cuerda a Eva y Lourdes mientras subían ayudándose de otra cuerda fija.
     Se oían muchas voces cerca del pequeño portón de salida. En el porche de Cuevamur coincidimos con un cursillo de iniciación a la espeleología para enfermeras y médicos, enfocado a formarles para la participación en rescates. Las tres chicas me confesaron que se lo habían pasado bien o muy bien  y parecieron animarse a hacer más actividades subterráneas.

El siguiente artículo fue escrito por Juan Pérez en el 99. Su pasión por la conservación de las cavidades lo hace completamente actual, cosa que me ha empujado a incluirlo aquí:

Hace tiempo, mucho tiempo cuando eran otros tiempos y uno era algo más que un crío, me consideraba espeleólogo. Hubo una primera visita a Cantabria y en aquel tiempo vine a Ramales y aquí, visité Cuevamur por primera vez. De esto hace ya algo más de dos décadas, pero en ese instante supe que hasta entonces no estaba haciendo espeleología, sin covachas y agujeros de mala muerte. Desde el primer día que entré en Cuevamur me maravilló y no pude pensar en otra cosa que en hacer fotos para inmortalizarla. Gastamos tres rollos de diapos y se nos hizo poco. Todo esto sucedió sobre la Navidad de 1975, después de comer el pavo en un 1.500 de gasoil y saltar de Barcelona a Ramales en unas 17 horas, por fin llegamos con mucha ilusión. Mi primera visita fue Cuevamur y sólo pensábamos que llegase el verano para trabajar en ella. Volvimos en Semana Santa y trabajamos en ella, en sus entrañas, con mucho cariño terminamos la topo, bueno, parte de ella e hicimos el empalme por "Los Retales". Trabajamos con mucho tiento y cariño en Cuevamur, pues es una cueva parecida a la de los cuentos. Se parecía a las cuevas que leía yo en los libros. Era toda una inmensidad de formaciones, era un silencio agradable, era pasar las horas tontas y sentirse a gusto. Ha pasado mucho tiempo de eso y como la juventud se va, también el pensamiento cambia. Y me gustaría cambiar tantas cosas. Quizá Cuevamur esté viva todavía y no haya dicho su última palabra, y le queden muchos metros por descubrir, pero a tenor de lo que ha sufrido, lo mejor es que siga durmiendo. He visto pasar por Cuevamur a espeleólogos manazas, que donde ponen el casco joden alguna estalagmita, y luego se ríen como tontos, como si de un chiste se tratara. He visto pisar sus entrañas a un cursillo de unos veinte domingueros que eran peor que Atila, en el cual me incluyo, con bastante pesar para mí, por haberles metido en ella. También he visto en ella algunos depredadores que no llegan al grado ni de domingueros. He visto formaciones de lo más variopintas, vi unos gours con más de 200 pisolitas, las cuales fueron apachurrándolas como si de pelotillas de barro se tratasen, yo incluido, hasta destruirlas casi por completo.... y rompieron el ancla que había, y los lapiceros de más de dos metros, casi todos rotos y masacrados....y más y más. Y aún hay gente legal que con toda su buena intención bate zona, se rompe las rodillas y el pecho, se esgüevan para sacar simas y cuevas, con todo su orgullo, y cuando sacas algo te llena de emoción. Pero es triste, muy triste que cuevas y simas sean maltratadas y pateadas, se llenen de toneladas de mierda, de gente incompetente, que no merece el aire que respira en las cuevas, que harían un favor si se quedasen en sus casas jugando al parchís. Quizá aún no he dicho mi última palabra, quizá me queden ya pocos metros por visitar, no se. Pero lo que si tengo claro hace mucho tiempo, es que cuando vaya de visita a alguna cueva o sima, mi lata de cerveza, mi carburo o mi basura saldrá conmigo en la saca y mi conciencia estará tranquila, sin más capulladas. Y para aquellos principiantes, y no tan novatos, cuando vayáis a alguna cueva pisar despacio, pisar bien, con tacto y la basura al basurero. La cueva os lo agradecerá y por supuesto las próximas generaciones también.

2 comentarios:

Francisco de la Vega dijo...

Hola,Antonio. No conocía la existencia de este blog. Me ha alegrado que te hayas decidido a colgar tus artículos en la red. Estoy seguro de que tendrán sobrada aceptación entre las gentes del oficio y también entre otros muchos que gustan curiosear por las más diversas realidades. Te seguiré con interés.
Abrazos.

Anónimo dijo...

Hola me gusto vuestro articulo cuevamur sigue siendo mi cueva favorita seguir disfrutando de lo bello y gracias por poner mi comentario un saludo

juan perez