6/10/18

Cambia el tiempo



Salimos de una claridad dominada por el cielo gris y ascendemos hasta sumergirnos en la niebla. Desde que tengo recuerdos la niebla evoca en mí el sentimiento de la inutilidad de la acción. La niebla atrae calma, pero hoy se ocupa de alimentar nuestras incertidumbres. Nuestro proyecto de visitar la Rubicera carece de sentido si el paisaje permanece oculto. Una alternativa es el bosque de hayas de Zucías para acercarnos a la Cueva del Lobo. Los bosques ennieblados cobran poder, una capacidad de transformar las formas. Los objetos y seres que nos resultan familiares se convierten en imágenes de ensueño. Unas veces amables duendes, o hadas, y otras amenazadores ogros. El oído se agudiza intentando paliar el corto alcance de la mirada. Cada sonido, cada murmullo, es más una sugerencia que un mero signo. El lenguaje de las palabras alcanza su verdadera condición: la irrelevancia. Y la cercanía a esa verdad me produce placer.
Al traspasar el puerto de Alisas dejamos las nieblas atrás. Nubecillas manchando el cielo azul, sol amaneciendo y una luz anaranjada resuelven la incertidumbre de a donde ir. Julio conduce con energía. Junto a él van María y Nano envueltos en la charla. Atrás Fernando guarda silencio mientras Azucena charla conmigo de política. Una charla disfrazada de trascendencia con un punto amargo. En Arredondo el deseo de tomar café nos obliga a cortar las charlas. Me resisto un poco, pero es una resistencia poco enérgica, de boquilla, y sucumbo al placer de tomar un cortado.
La senda que discurre cerca del borde del haza apenas es visible. Ahora hay menos ganado y menos ganaderos que antes en el valle del Asón. Muchas sendas van desapareciendo. Lo que no ha cambiado en muchos años es la hermosura de este valle. Fernando, salvo la escala,  lo compara con Ordesa. Ese aire de semejanza siempre lo he percibido. El día se plantea espléndido pero las predicciones no son buenas. Al mediodía está prevista la entrada de un frente con viento del norte y chubascos. Pero ahora disfrutamos de unos momentos perfectos.
            Desde el bosquecillo de hayas el itinerario se hace encantador. Cuestas y sudores se han acabado. Solo queda bajar los resaltes y estaremos en la boca. El primero solo requiere un poco de atención. En el segundo la instalación esta montada, lo que hace inútiles las cuerdas y mosquetones que hemos traído. El destrepe, seco y bien marcado, permite bajar sin peligro agarrándose a la cuerda por precaución. En la boca todo sigue igual.




La luz del Carbi es especialmente buena cuando los colores del entorno subterráneo son claros. Las zonas de colores cálidos absorben mucho más porcentaje de luz si llevas temperatura de color diurna. Este factor no debería ser descartado a la hora de escoger las cúpulas del Carbi. Dependiendo de la cavidad a visitar es más conveniente una temperatura de color u otra. 
Para hacer fotos rápidas distribuyo tres flashes entre Julio, Nano y Fernando. Sacar los flashes, posicionarlos, sacar la cámara y disparar: en total entre dos y cinco minutos por foto. Es un tiempo asumible por los hiperactivos espeleos sin que entren en modo desesperación.
Las únicas dificultades destacables que encontramos son la estrechez entre bloques y una cuerdecita a pelo. Ciertamente la estrechez cada vez es menos estrecha gracias a los trabajos de algunos hacendosos espeleólogos. El itinerario está señalizado en dirección “entrar” con catadióptricos. Pero en cierto punto los catadióptricos divergen de la ruta que yo recuerdo para llegar a la Sala de la  Teta. Sea como fuere mis recuerdos están frescos y llegamos sin dificultades a la Teta. Desde allí visitamos un par de lugares interesantes y luego comemos.
La vuelta al exterior se me hace más bien corta. Fuera nos espera un vendaval sazonado con aguaceros de forma intermitente. Ha cambiado el tiempo. Eso nos pone las pilas a todos. Ascendemos el resalte bastante rápido, aunque hay que esperar un poco a Azucena. Teniendo en cuenta su falta de experiencia en espeleología lo hace todo muy bien. Para volver al aparcamiento elegimos el camino más cómodo. Éste discurre por una buena senda hasta una cabaña solitaria y luego baja por una pisteja hasta las praderías. Al final hay que saltar un par de vallas y descender por el bosquecillo de robles unos metros. Nada especial.
Julio quiere pasar Alisas antes de relajarse tomando cervezas. Paramos en el bar de la bolera de La Cavada. Allí las charlas llegan a su punto máximo, después del vendaval la sensación de relajación es insuperable…
Desde el punto de vista puramente mental explorar una gran cavidad es muy parecido a investigar un problema científico. La perseverancia es el ingrediente clave que manejas hasta conseguir encajar las piezas del puzle. Y hablando de otro tema: quizás dentro de poco hagamos la travesía de la Rubicera. Y algunas otras travesías.

        

30/9/18

Carbi


Fotos: Miguel F. Liria
Texto: A. González-Corbalán


El domingo quedé con Miguel para visitar una entrada a la Red del Gándara poco conocida. Desde febrero no  habíamos practicado espeleología juntos. Y casualmente en la misma cueva a la que ahora íbamos.
Me reuní con Miguel en Ramales y partimos de inmediato. A las cinco teníamos que estar saliendo. Tanto él como yo teníamos compromisos ajenos a la espeleología.
El tiempo era espléndido. Sin embargo la temperatura del aire que expele la boca era la misma ahora que en febrero. Pero la cantidad de agua recorriendo la cavidad era menor. Eso no impidió que nos mojásemos bastante al contactar con las embarradas y húmedas paredes -la entrada tiene abundantes estrecheces-.
            Tenía entre manos hacerle más pruebas al Carbi. Duración de las baterías, manipulación del interruptor, uso de los dos tipos de luz, alcance de cada tipo, etc. La cueva resultó perfecta para ello.
            Desde el punto más lejano que alcancé durante la incursión anterior, a primeros de febrero, tuvimos que continuar por gateras. Nos llevaron a una zona de galerías amplias. La zona presenta decoraciones de sobria belleza. Los suelos están casi intactos. Pisábamos justo por el mismo sendero que unas pocas huellas indicaban. A veces dudábamos. Pusimos varios catadióptricos cilíndricos para indicar donde pisar.
            Nuestra tendencia fue reconocer las galerías que nos llevaran más al oeste y al norte. Algunas mostraban un gran parecido a galerías del Gándara. Largas y rectilíneas fracturas -profundas, estrechas y, a menudo, interrumpidas por grandes bloques como cuchillas-. Llegamos a un punto lejano en que, para continuar, hubiéramos tenido que trepar y retorcernos. Iniciamos la vuelta. Paramos a mear en un rincón y alejándonos unos veinte metros comimos sentados sobre unas piedras planas. Reflexionamos sobre la posible ubicación de una conexión con la red principal. El modo contemplativo permite llegar a intuiciones iluminadoras.
          Las estrecheces de la entrada se presentaban más trabajosas al salir que al entrar. Serían las cinco cuando llegamos al aparcamiento. El tiempo seguía siendo espléndido. Teníamos hambre y estábamos algo cansados. Paramos en un bar de Ramales. Todo estuvo muy bueno, pero aún seguía con hambre cuando me marché a casa. Miguel también se marcho a su casa. 


22/9/18

Impuestos



Hace seis meses y medio que no entraba en una cueva. Aunque, para ser franco, he de confesar que sí he entrado dos veces. Una a primeros de agosto a la Cueva del Solins (Murcia) para probar el prototipo Carbi que Joaquín me ha confiado. Y otra, con Marisa, a las Minas de Colon (Cartagena) para llevar a Iris a una “cueva”. Muchos pensarán que seis meses son bastante tiempo. Pero no echaba de menos la espeleología. La principal razón quizás estribe en la pesada atmósfera de confrontación que el colectivo de espeleólogos respira en Cantabria desde hace años. Esto contribuye a hacer poco atractivo acercarse porque uno tiene que oír, o ver, muchos rollos absurdos. En gran parte son historias que se han repetido, vuelta a lo mismo o similar, a lo largo de décadas. Para mí que el problema no es objetivo sino más bien educativo, de forma de ser, y tal vez de enfoque. Dicho de otra manera: los problemas no derivarían de las situaciones conflictivas en sí mismas, siempre las habrá, sino de la actitud poco conciliadora que los espeleólogos utilizan para relacionarse entre sí. Poco conciliadora significa que se destacan los intereses en conflicto y no los intereses comunes que hacen conveniente llegar a acuerdos. Estas dinámicas se parecen sospechosamente a las observadas a otros niveles: política, mundo laboral, asociación de vecinos, municipio, club de espeleología… Y esto me refuerza en la hipótesis de que no se trata de las situaciones objetivas en sí, sino más bien del enfoque personal que se adopta en las relaciones sociales. Esas actitudes derivan principalmente de aspectos culturales y familiares propios de nuestro país.  
Sea como fuere al volver a Cantabria me surgió de nuevo el deseo de entrar en alguna cueva y, sobre todo, de contactar con mis compañeros de espeleo. El viernes 21 estaba indeciso entre no hacer nada, ir a escalar un rato, salir de espeleo-turismo o ir con Adrián, Sergio y Manu a mirar una sima en las faldas del Porracolina. Las circunstancias hicieron que prevaleciese éste último plan, el más aventurero. Quedé con Sergio y Manu en Solares. Habían desayunado allí mismo en un bar. Me monté con ellos en una nueva furgoneta blanca y reluciente que tiene Sergio y nos dirigimos plácidamente, con varios acelerones, al camping de San Roque. Allí habíamos quedado con los restantes espeleólogos: Adrián, Ciano, Agustín y Manolo.
Me echo un cable Ciano con las botas. Al cogerlas me había confundido, tomando ambas del mismo pie, una mía y la otra de Marisa. Ciano me presto una bota y unas plantillas para ajustar y, la verdad, la bota prestada me ajustaba mejor que la mía. Subí cojeando un poco la empinada y soleada cuesta a la sima PO113. Un movimiento de rotación intempestivo me había tocado levemente la rodilla izquierda hacía ahora algo más de una semana. Sergio me prestó una rodillera. El último repecho se hizo pesado por la insolación.  
Fui haciendo fotos con el objetivo 55mm hasta la boca misma. Deje la cámara en un rincón del primer pozo pero Sergio me presto su Sony RX100 para hacer algunas fotos más en plena cueva. Menos de 100 metros de buenas instalaciones nos llevaron a una estrechez en la que va a ser preciso trabajar un poco más para permitir cómodamente el paso. Allí permanecimos un par de horas hasta que las circunstancias nos aconsejaron terminar el trabajo en otra ocasión.
Subí todo lo rápido que pude la sima para realizar la bajada hacia los coches suavemente sin quedarme atrás del todo. Mi idea era ir despacio, pensando en los movimientos, para no forzar la articulación. Pero a pesar del cuidado que puse no pude evitar que empeorase su estado. Mientras yo bajaba directamente al aparcamiento todos los demás fueron a mirar otro agujero en dirección a la Len. Por lo visto quitando algunas piedras el agujero promete. Para mi sorpresa Sergio consiguió que su mando a distancia abriese la furgoneta a casi un kilómetro de distancia visual. Aproveche para ponerme ropa cómoda y escuchar la música de Hjaltalín. Poco después comenzaron a llegar todos. Adrián quito el CD para escuchar la otra música: la del valle. Campanos de ganado y murmullos del viento que pacifican el espíritu.
Mientras me bebía un par de 942 los demás tomaron Alhambras o Estrellas. Cada uno con su placer. Adrián me pidió cinco euros para contribuir a los gastos de material de las exploraciones. Al principio me lo tome como un chiste divertido. En más de cuarenta años de práctica era la primera vez que me pedían pagar un impuesto por acompañar a explorar a un grupo de espeleos. Pero luego me di cuenta de que iban muy en serio. Y para evitar que me llamasen rácano, aunque desde el punto de vista ideológico no terminé de verlo claro, contribuí a la causa de la exploración. Fue todo un placer.

 


3/3/18

Shinto



Tomado de Wikipedia:
El término Shinto se refiere a las actividades desarrolladas por los japoneses para venerar a todas las deidades del cielo y la tierra; su origen se remonta a los comienzos del Japón. Es considerada la religión originaria de Japón,3_ un culto popular que puede describirse como una forma sofisticada de animismo naturalista con veneración a los antepasados, profundamente identificada con la cultura japonesa.
        En un principio, esta religión étnica, indígena no tenía nombre hasta la introducción del budismo en Japón (durante el siglo VI) desde China a través de Corea. Una de las denominaciones que recibió el budismo fue Butsudo, que significa "la Vía del Buda". A fin de poder diferenciar el budismo de la religión nativa, ésta pronto llegó a ser conocida por el nombre de shinto. Este nombre, Shin-to, procede de una antigua palabra china que significa El camino de los Dioses. Los japoneses escogieron utilizar un nombre chino para su religión porque en ese tiempo (hace más de un milenio), el chino era la única lengua que tenía escritura en Japón, ya que no se había desarrollado aún la escritura de su propio idioma. La frase que significa Shinto en japonés es Kami no michi
 
 



Noelia se dejó convencer con mucha facilidad para hacer la foto de los Tres Monos. La idea me había surgido antes pero cuando la vi, hacía unas semanas, vestida de su elegante abrigo llegué a la conclusión de que había que hacerle una sesión de fotos. Y los monos sintoístas me rondaban la cabeza.
Quedamos en nuestra casa de Setien y fuimos en mi coche hasta Ajanedo. Marisa y Pablo vinieron de ayudantes. La sala seleccionada no fue la final sino la antefinal. Tiene bonitas formaciones y el suelo bastante limpio.
Poner los flashes fue un poco complicado. Y cambiarlos de sitio para armonizar las tres tomas más complicado. Pero al final la cosa salió más o menos bien. Aunque no del todo como a mí me gustaría.
La idea de los Tres Monos es un hilo que puede derivar en “Lugares Sagrados” desde un punto de vista que se recrea en cada paisaje aunque el punto mágico, los Tres Monos, se repite y a la vez es diferente… Pero no solo hay monos sintoístas, hay muchas fórmulas, ritos e imaginarios que podrían retratarse en un marco subterráneo. Por eso esta historia continuará de alguna manera que no puedo prever…
          Al recoger los flashes Marisa se pego una dolorosa culada en el coxis. Le costo salir de la cueva pero más o menos lo conseguimos. El tiempo estaba soleado e invitador. Nos fuimos al Mesón del Camping de San Roque a tomar cerveza 942 y algo sabroso para acompañar.




27/1/18

Mal momento




Volver al Gándara era la idea. Volver a hacer con Miguel un poco de espeleo. Volver a zonas poco conocidas. Decidimos visitar de nuevo un agujerillo cercano a la entrada en el que habíamos estado hace más de cinco años.
Al principio íbamos a ir sólo Miguel y yo pero se nos sumaron dos amigos suyos: Jón, bombero de profesión, y Arkaitz, de profesión maestro. Quedamos en Ramales bastante tarde. Aunque el tiempo era muy amenazador y frío nos respeto durante los preparativos. Lo que no nos respetó en forma alguna fue el prado estercolado en el que se encuentra la entrada de la sima, el barro acumulado en las rampas de entrada, la corriente heladora procedente del exterior y las pequeñas duchas y esconrrentías que dominaban el panorama. Por lo demás el itinerario era evidente.
            Más tarde nos encontramos una zona estrecha, bastante larga, que parecía difícil de pasar. Me preocupaban las tres sacas con cuerdas, material fotográfico y material para balizar. Esto último por si veíamos alguna zona frágil en que fuese conveniente delimitar un sendero. Hay que recordar que en los suelos de las cavernas hay mucha información científica (polen fósil, restos óseos, formaciones arcillosas, restos arqueológicos…) que puede ser esencial para la investigación. De cualquier forma la poca experiencia de los amigos de Miguel unido las dificultades de la zona y a la pesadez de las sacas no me daban muy buena onda.
          Sea como fuere conseguimos pasar las estrecheces, Miguel nos animaba bastante, y accedimos a una zona de galerías medianas. Aunque estábamos bastante mojados en esa zona no se percibía ya ninguna corriente de aire. Avanzando hacia el oeste, más o menos, pronto alcanzamos una zona estrecha llena de barro y agua que dadas las circunstancias decidimos dejar para otra ocasión. En dirección opuesta encontramos algunas interesantes galerías. Desgraciadamente para seguir había que pasar por debajo de una ducha helada. Miguel proponía continuar y yo salir tranquilamente. Una alternativa era que Jón y yo saliésemos mientras Miguel y Arkaitz echaban un vistazo. Sin embargo prevaleció salir cuanto antes.
            Por desgracia las estrecheces, que al entrar pillaban de bajada, al salir pillaban de subida.  Esto nos entretuvo varias horas ya que las sacas se convirtieron en un problema añadido nada despreciable. Además la mojadura y el frío fue aumentando de tono por las esperas y el contacto con las paredes. En definitiva algo bastante desagradable.
            A las seis, más o menos, estábamos de nuevo cambiándonos en el coche y a las siete nos precipitamos sobre los radiadores del bar Coventosa, ansiosos por recuperar algo del calor corporal que habíamos perdido a lo largo de la jornada. Comimos una comilona. En particular mi merienda-cena consistió en cocido montañes, chuletas de cordero y martinis. Me quedé con hambre. Luego volvimos, ya más calientes, a meternos al coche. En cuanto a la charla que mantuvimos solo decir que la cuestión principal consistía en averiguar si Jón y Arkaitz volverían a hacer espeleo (con o sin nosotros). Según Jón él va a volver a ese agujerillo. Según Arkaitz él prefiere hacer espeleo más divertida. Según Miguel y yo creo que volveremos a ese agujero cuando el tiempo acompañe…     
  


20/1/18

Cueva Equis


Ese día estuve indeciso y remolón al despertar. A mi parecer habían quedado muy temprano para la actividad prevista. Una cueva de unas dos o tres horas y a quince minutos andando desde el coche. Para luego, a las tres de la tarde, ir a comer en un restaurante situado justo al lado del aparcamiento. Y yo me preguntaba que para qué era necesario quedar a las ocho y media. Sumando tres horas de cueva y una hora de preparativos y caminatas daban cuatro horas. Con tal de estar a las diez en la Molinuca nos iba a dar tiempo de sobra. Así que me lo tomé con mucha calma. Llegamos tarde a la primera cita, ocho y media, y a la segunda también, nueve en la Casa Azul. Y llegamos tarde a los preparativos. Menos mal que Paco se apiadó de nosotros y nos esperó con un grupito del SCC, Julio, Lucy, Nano, … para indicarnos por dónde se iba a la cueva.
El día estaba primaveral en las cercanías de Panes, Valle del Cares. Pero todavía hacía un poco de fresco que invitaba a caminar. Con la presión de que todos nos tuvieran que esperar, ser los últimos, en menos de cinco minutos Marisa y yo estábamos ya en marcha. Una cómoda pista hormigonada nos condujo directamente hacia la Sierra de Cuera. La pendiente era fuerte pero pocos minutos después nos encontrábamos en la boca de la cueva. Aproveché la ocasión para disparar varias fotos a traición en el tumulto que se había formado en la boca.
El tránsito dentro de la cueva era cómodo con pequeñas dificultades puntuales. Las salas, medianas más bien, se sucedían unas a otras. María no recordaba bien la ruta principal de visita. La desorganización y la dispersión fueron creciendo hasta ser la tónica dominante. Pero eso tenía muchas ventajas, entre otras la de poder sentarte relajadamente a mirar. Mientras la mayoría rebuscaba o visitaba algo interesante me dediqué a hacer fotos, más bien retratos espeleológicos.
           En un momento dado me entro la vagancia. Me quedé solo, en la inopia, escuchando a todo el grupo en la lejanía. Cuando ya apenas les escuchaba me entro el temor de perderles y de perderme. Me puse en modo rápido y les di alcance en una amplia sala. Se disponían a almorzar. Un buen tiempo para sacar la cámara y dispararles a traición. Casi siempre es a traición cuando salen las mejores fotos-retrato.


En otro tumulto que se formo en la parte alta de la sala se desprendió un bloque que rozo a Julio. Le dolía la pierna. Además Juan, el nuevo, tenía un problema en el pie debido a una rotura de la que estaba en recuperación. Con Lucy, Fernando y su compañera decidimos salir mientras el resto del grupo visitaba otra sala. Durante el trayecto de vuelta estaba bastante despistado. Me entretuve haciendo chistes sobre la pérdida en el laberinto subterráneo. Pero no paso más de media hora y estábamos fuera. Nada mas llegar al aparcamiento llego el grupo que se había quedado.
La comida no estaba preparada y aprovechamos para comenzar a beber cerveza. A las tres seguíamos esperando y a las tres y media también. Se ve que el restaurante solo nos tenía a nosotros por comensales. Cerca de las cuatro menos cuarto nuestra hambre había crecido peligrosamente. Nos metimos en tumulto al comedor y la mayoría comenzó a comer trozos de pan y s beber vino. Por suerte llegaron los primeros: risoto o fabes. Luego llegaron los segundos: filetón o revuelto. Luego llegaron los terceros:  picón con membrillo u otras cosas menos notables. Y luego café  con memeces para podernos levantar.
Jimmy nos quería llevar a una mina a unos tres kms. desde allí. Nos dijo que tenía formaciones notables. Fuimos en los coches hasta un aparcamiento cercano. Yo no tenía intenciones de entrar pero Lucy me ofreció botas y frontal, y fui a ver que había. No me arrepentí. Un conjunto de notables formaciones verde-azuladas en ambiente minero.
Cuando salimos se produjo la dispersión. Unos volvieron a sus casas y otros se fueron a Liébana. Una interesante salida y una excelente comida a un precio inmejorable: 12€.  


2/1/18

Crónica del Tesoro


Un día cualquiera de las Navidades me di cuenta. ¡Hacía tanto tiempo que no iba de visita a una cueva sin intenciones de trabajar haciendo fotos! Estaba olvidando lo que significa estar con los amigos disfrutando -sin pretensiones- de la belleza y metiéndome por todos los recovecos a ver que es lo que encuentro. El día dos de enero tenía la posibilidad de unirme a otro evento navideño. Ir todos, hijos, nietas, a Alicante y comer con unos familiares a los que vemos poco. También tenía la posibilidad de unirme a Mavil en Sorbas y practicar espeleología lúdica e idílica. Me debatí débilmente entre ambos planes. Me sentía culpable por no ir a comer en familia pero, por otra parte, veía más saludable irme a una cueva y arrastrarme plácidamente como un animal.
El martes dos, algo ventoso, frío y claro, salí de Alguazas como a las ocho y media de la mañana tome la A-7 en dirección a Almería y me dispuse a viajar tranquilamente hasta Sorbas. Introduje un disco de Brian Eno en el CD. Además, con ánimo de depurar comilonas, decidí desayunar poco y basar en algunas frutas la comida mañanera. Por el camino tuvimos una corta retención por un accidente. Pero por lo demás todo me sonreía. Bastante antes de la hora prevista ya estaba cerca del punto de reunión. Me paré un par de veces y disfrute de la claridad del día.
Mavil ya estaba en el aparcamiento de la Cuevas de Sorbas cuando llegué a las diez y media. El momento se presentaba feliz. Debido a la carga de vitualla y trastos la furgoneta de Mavil solo admitía al conductor como pasajero. La aproximación a la Cueva del Tesoro comenzaba en un lugar cercano. Esos factores nos indujeron a ir en los dos coches.
Después de un buen trozo de carretera nos metimos a la derecha por una pista. Al principio la pista era estrecha y aceptable, pero luego se ponía peor. Al final la cosa no estaba tan cerca como pintaba al principio. Lo que si estaba cerca era la Cueva del Tesoro andando desde los coches. Un llanura de suelos cuajados de pequeños cristales de yeso, salpicada de vegetación desértica, daba acceso a una ligera depresión en la que se observaban varias simitas, dolinas y bocas. La más cómoda de todas ellas era la Cueva del Tesoro.
           Inmediatamente a la boca comenzamos a recorrer en suave descenso un estrecho y sinuoso meandro que permitía circular de perfil. Las paredes del meandro estaban formadas por cristalotes de yeso, pulidos por el paso del agua. Una belleza exótica. Pasamos varios desfondes equipados con cuerdecitas quitamiedos y finalmente el meandro acabó en un pequeño resalte. Una cuerda con nudos ayudaba a descender sin complicaciones menos de cinco metros.


               Foto: Felix Martínez


Desembocamos en una zona de anchas galerías en la que la continuación del meandro se tallaba sobre una amplia plataforma. Siguiendo la topo con cuidado visitamos un triángulo de galerías con formaciones hermosas y localizamos la que nos iba a permitir continuar hacia la Surgencia. En ese punto dejamos  las sacas y volvimos sobre nuestros pasos para visitar la zona más bonita de la cavidad: la galería de los Cristales y la de los Espejos.
Los cristales de la Galería de los Cristales son grandotes. Están parcialmente erosionados por el agua así que se forma un conjunto de superficies planas y alabeadas con un atractivo aspecto. Unos cuantos instrumentos científicos salpican la zona. En dirección contraria, sur, fuimos a dar a otra zona de cristales espectaculares, los Espejos, que poco después terminaba en un sifón. A veces el sifón permite el paso y cortocircuita el recorrido que se hace por las galerías superiores. Pero sinceramente creo que merece la pena visitarlo todo. Tanto si el sifón permite el paso como si no lo hace.
De vuelta en las zona superior continuamos por una cómoda galería. En un lateral visualizamos la Sima Principal. Las paredes tienen tantos cristales de yeso que sería posible subir escalando sin grandes complicaciones. Algo más allá la Galería del Cántaro nos condujo a dos pozos cortos que necesitaron el uso de arnés y descensor. Y aterrizamos en la Sala de los Bloques. Al mirar la topo parece obvio que se debe seguir hacia el sur para llegar a la Surgencia. Pero no es así. Se debe ir hacia el norte y descender al fondo de la sala por donde discurre el cauce seco del riachuelo. Siguiendo ese cauce, y moviéndose entre grandes bloques, se vislumbra la luz del exterior y se alcanza la salida sin más problemas.
Para la vuelta debe seguirse una senda hacia el oeste hasta que ésta asciende por una zona débil de la muralla que nos domina por el norte. Se llega así de nuevo a la meseta superior. Tomando la dirección noreste enseguida se otean los coches. Una travesía verdaderamente lúdica.
           Eran las dos teníamos hambre y el tiempo invitaba. Nos fuimos a Sorbas y en un agradable restaurante comimos verduras y carne a la plancha. Una delicia. Y además cerveza.





2/12/17

Perdidos en el bosque



Buscábamos un lugar bello. Un lugar que se llama Bosque de Cristal seguramente debe ser bello. El nombre evoca quizás un lugar poblado por formas cristalinas, transparentes y, quizás, arborescentes… Un bosque cuyo crecimiento es tan lento que en una vida humana no podríamos apreciar ningún cambio a simple vista. Y sin embargo crece. Quizás en veinte años puedan agregarse, a los cristales ya existentes, unas cuantas capas de átomos formando moléculas. Quizás podríamos apreciarlo con un microscopio electrónico.



22/10/17

Videomensaje


La idea de realizar un vídeo con las fotos surgió de Hilario. A mi no se me hubiera ocurrido porque amo demasiado la letra escrita. Pero cuando me lo dijo, durante la fiesta de aniversario del SCC de finales de agosto, me resultó de lo más obvio. Un soporte de comunicación que puede ser muy contundente si se sabe usar. Para transmitir ideas nuevas es superior al formato escrito en el sentido de que permite llegar a muchas más personas. Ver un vídeo de tres minutos cuesta mucho menos que leer un texto que pretenda transmitir lo mismo. Menos tiempo y menos esfuerzo. En ese vídeo se trataría de enviar un mensaje proteccionista con el apoyo de las fotos.  
Para realizar el vídeo pensé de inmediato en A. Dólera. Es espeleólogo, es un profesional consolidado de la imagen y es un gran amigo. Además el mismo A. Dólera me había sugerido, hace ya tiempo, la idea de hacer un vídeo para apoyar el mensaje de las fotografías. El único problema era que la agenda de A. Dólera es compacta e impredecible. Pero a finales de septiembre llegamos un acuerdo sobre las fechas. Haríamos una sesión en la última quincena de octubre. Quedaba por resolver con quién haríamos la sesión y en qué cueva.
La primera propuesta fue hacerlo en las cuevas de Sant Josep de Castellón con una amiga de A. Dólera  llamada Esther y que es música. Pero Esther tenía una agenda que nos hubiera llevado a editar el vídeo a mediados de noviembre. Teniendo en cuenta mis propias necesidades pensé hacer una sesión en Cantabria con Irene, una amiga violinista.
A A. Dólera la idea de pasar un par de días en el norte visitando alguna cueva le gusto. Y a Irene la idea de posar le encantó. Fijamos una sesión para el 22 de octubre. Un conocido me proporcionó el contacto de un músico flautista, Juan Saiz, que tocaba y grababa en cuevas. Pensé que podía ser interesante juntar a ambos músicos en la misma sesión. Violín y flauta. No obstante cuadrar en esa fecha a todos me pareció un suceso poco probable.
          Mientras tanto fui una tarde a la Cueva del Narizón para revisar sus escenarios. Aunque la cueva tiene varias salas medianas bien decoradas me pareció un poco complicada para Irene. Pero lo peor eran los alrededores para las tomas con el dron: un polígono industrial.  Llegó la respuesta positiva de Juan –y la de Irene-, llegó la idea de realizar el video en el marco incomparable de La Puntida y llegó A. Dólera procedente del sur. 



El domingo 22 por la mañana unas nubes oscuras amenazaban con descargar lluvia. Pero en Ajanedo el tiempo se mantuvo estable. Solo cayeron unas pocas gotas. Esto nos permitió realizar un vuelo del dron del que obtuvimos unas hermosas visiones del valle del Miera. Además realizamos tomas de video subiendo por el bosque, en la boca de La Puntida y cuando se estaba preparando la sesión.
La idea era realizar una sesión fotográfica en las salas más decoradas de La Puntida. Sin embargo hubo que cambiar de planes. A Irene el ambiente subterráneo -y el tránsito por zonas de bloques con pequeñas trepadas y destrepes- le afecto sobremanera. Cuando comprobé que la localización proyectada no era alcanzable hice un intento de sustituirla por las pequeñas galerías de la derecha en donde hay también buenas localizaciones. Pero el paso entre grandes bloques o el deslizarse entre dos bloques no era posible tampoco para Irene. Finalmente nos conformamos con la zona plana final a la derecha de la sala de entrada.
En sí la sesión fue sencilla y rápida. Disposición de flashes en X + flashes de paisaje en dos posiciones.  Usé el 55mm para todos los disparos. Finalmente fui tomando las tomas de paisaje. A la salida A. Dólera hizo una entrevista a Juan para incluirla en el vídeo.
            El tiempo había mejorado cuando salimos de la cueva. Invitaba a quedarse por allí el resto de la tarde. Nos fuimos a tomar algo y a comentar las vicisitudes al mesón de San Roque.  Las croquetas que preparan son excelentes. Y en general todo lo que cocinan está superior.
          A finales de la tarde A. Dólera y yo tuvimos tiempo todavía de hacerle una entrevista a Ramón Bohigas. Y al dia siguiente, lunes, los entrevistados fuimos Adrián y yo mismo. Con todo ese material había de sobra para sacar adelante un vídeo de tres o cuatro minutos y otro con entrevistas de más largo. Quizás hasta veinte minutos. Suficiente para enmarcar y lanzar el mensaje proteccionista y de conservación del Patrimonio Subterráneo…

21/10/17

Breve



Contacté con Miguel el jueves 19. Me dijo que iba a Udías con Nacho y Manu. Tenían intención de explorar unas nuevas galerías en una zona no demasiado remota. Yo tenía que estar pronto en casa para recibir a un amigo que venía del Sur. Y ellos no tenían prisa. Era un poco difícil compaginar ambas cosas. Quede con ellos para acompañarles en el trayecto facilón. Y luego me saldría haciendo fotos. O lo que se me ocurriese en el momento.
Antes de ir Bustablado desayunamos en un bar de carretera llamado Los Abetos. Aunque aparentaba ser un bar corriente los pinchos que ofrecían sobre el mostrador se revelaron como pequeñas joyas culinarias. Pedí uno que presentaba una combinación de salsa, calamar y vegetales de ensueño… allí no parecía haber prisa por nada. Mientras disfrutaban de un desayuno imperial saqué la cámara y me puse a retratarlos. Al cabo de un rato interminable de charlas variopintas nos marchamos por la puerta en dirección a Bustablado.
De un  zulo cavernario, al que llaman almacén de material, Manu sacó un montón de trastos destinados a seguir con las exploraciones espeleológicas en Udías. Los metió en su furgoneta, se montaron él y Nacho en ella y yo les seguí en mi coche acompañado por Miguel. No tardamos casi nada en llegar a Sel del Haya.
Los preparativos con calma suelen dar muy buenos resultados. El día se presentaba inmejorable para disfrutar al aire libre. No había ninguna premura por entrar en el oscuro agujero minero. Al menos por mi parte. Reconozco que le tengo cierta inquina a la Cueva-Mina de Udías. He de admitir que posee rincones de una singularidad y belleza excepcionales, pero la necesidad de recorrer largos tramos de mina, zonas de barro pegajoso y sectores de río contaminado me predisponen negativamente. No es una cueva que me resulte energéticamente rentable. Al menos a mí.
Sólo tuvimos que caminar cincuenta metros desde la entrada. Cuatro seres blancos, aliens en un mundo de sombras, nos esperaban en el camino. Pasamos a su lado con un cuidado exquisito. Fotografiarlos con calma suponía un tiempo. Mejor hacerlo al salir: pues ahora no quería interferir en el ritmo de los exploradores.
Las galerías seguían iguales que en mi recuerdo. Nada parecía haber cambiado sustancialmente. ¿O tal vez eran mis recuerdos los que se adaptaban a lo que veía? Por que ¿dónde moran nuestros recuerdos cuando no son recordados? ¿Acaso en un conjunto de neuronas? ¿O quizás en una configuración de actividad neuronal? De cualquiera de las maneras en que ese enigma se intente responder la respuesta nos conduce a nuevas y más difíciles preguntas. Después de eso llegamos al lugar donde los caminos cómodos se acababan para Miguel, Nacho y Manu. Iban a explorar. Les hice un par de fotos y me despedí de ellos.
Volvía solo hacia la luz. Nunca he sentido temor en las cuevas. Me producen un sentimiento de ser acogido y protegido. Es algo casi onírico. Por eso practico -a veces- la espeleología sin compañeros humanos. Me acompañan los otros compañeros que pueblan la mente en número ilimitado.
Llegue a mi cita con los aliens. Allí estaban sin más. No necesitaban la luz. Coloqué la cámara sobre la saca y, para iluminarlos lateralmente, pose un flash a cinco metros. Luego mire. En la lejanía estaba la puerta. La luz del día, filtrada por la vegetación, era verde. Los barrotes dibujaban sobre esa luz una señal. Enfoque la cámara de nuevo e hice una foto.
          El día estaba radiante. Mientras me alejaba me detuve mentalmente. Aquello era aún más claro. No encontré ningún obstáculo nuevo después de eso…




14/10/17

Lláneces




El viernes trece de octubre me pase por el local del club para ver si hacíamos espeleo. Estaba flirteando con la opción de ir a la travesía Rubicera-Mortero. Pero yo sabía que para realizar esa actividad se necesita gente bastante motivada. En mi humilde opinión no es una actividad espeleológica dura pero puede resultar muy cansada si se tiene poca técnica o una forma física escasa. En realidad una de las veces que realicé la travesía iba con gente de escasa experiencia y no muy hábil. En total 10 personas. Tardamos 11 horas. No estuvo nada mal.
La opción a la que todos se apuntaban sin dudar era la del Hoyo de Lláneces. El fin de semana anterior lo habíamos sustituido por La Puntida  y había algún descontento que quería desquitarse. A mi también me apetecía Lláneces. Quedamos en La Cavada el sábado a las nueve.
Casualmente, mientras andaba por la Cavada, me cruce con Jaime&María. Iban a escalar al Mazuco. Últimamente siempre voy a contrapelo de los amigos con los que escalo e incluso de los amigos con los que hago espeleología de forma esporádica. Pero siempre, de una manera o de otra, volvemos a coincidir para compartir algo juntos. 
Poco después los seis que íbamos a Lláneces ocupamos por completo la furgoneta de Julio: Nano, Ana, Luci, María, Julio y yo. En Arredondo paramos a desayunar en un bar. Esto parece ser una constante en las actividades del SCC. Parar a desayunar pero también a conseguir el almuerzo que va a tomarse en la cueva. Sin duda es una fase preliminar esencial. No creo que nadie en el club se plantee ir a una cueva sin parar a desayunar. El desayuno es la comida más importante del día. Al menos eso dicen.
La búsqueda de Lláneces fue laboriosa. Primero nos confundimos de carretera. En vez de coger la que sube desde detrás de la iglesia tomamos la que va a lo largo del Asón río abajo. Después no identificábamos el punto de parking que otras veces habíamos usado. Yo recordaba un transformador, pero en realidad era una cabaña. Finalmente gracias GoogleMaps, y a un paseo que me di a lo largo de la carretera, pudimos dar con el sendero. En menos de diez minutos llegábamos desde el parking a la boca de la cueva salvando dos vallas de alambre.
Encontramos unas instalaciones para los pozos de calidad inmejorable: Argollas de acero inoxidable sobre anclajes químicos. Todo cómodo y simple. Primer pozo con una cuerda de 20. Segundo pozo bastaría una de 15. Tercer pozo-rampa con una de 30 y último salto con una de 20. En realidad el pozo-rampa se puede destrepar en parte, sin mucho riesgo, y así sólo se necesitaría una cuerda de menos de 15 en la zona de abajo. Durante la bajada de los pozos realizamos dos fotos con flashes.



Ya abajo hicimos una foto en el salto final y luego otra en el paisaje de formaciones. El almuerzo sucedió sin que yo me enterase demasiado. Después  avanzamos por el ramal oeste. No encontré la zona que recordaba haber visitado con Miguel pero me sorprendió una desobstrucción en marcha al fondo de la galería. Despojados de todos los trastos pasamos Ana, Nano y yo una gatera sopladora encontrando nuevas galerías al otro lado. Avanzamos bastante, hasta otra desobstrucción en marcha por la que se escapaba la corriente de aire.
A la vuelta fuimos revisando los bordes de la galería para intentar encontrar, sin éxito, lo que mis recuerdos me dictaban. Al poco Luci y Ana empezaron a hablar de salir ya porque ellas “iban a ir despacio”. Pero yo quería visitar el ramal este y hacer una foto. Mientras ellas comenzaban su ascenso, Julio, Nano, María y yo nos dimos una vuelta hacia el este y preparamos una foto bajo los hermosos pendants de esas galerías. A la vuelta, mientras algunos iban subiendo, hicimos otra foto, idea de Nano, en la que el protagonismo lo llevaba la sombra de un ser humano sobre una pared cargada de excéntricas.
Nano fue desinstalando y recogiendo cuerdas que fueron pasando a los que iban delante. En muy poco tiempo estábamos todos bajo el tremendo solazo, cambiándonos a ropa limpia, junto a los coches. Y unos minutos después aterrizábamos en Arredondo. Al bajarme del coche un perro grandón y negro me gruñó. Luego resulto ser el perro maleducado del bar al que entramos. La elección del bar fue debida al buen corazón de Julio: los otros bares están llenos de clientes y ese tenía muy pocos, ¡hay que darles de comer a todos! Una verdad que, en el fondo, nos benefició. Era un sitio tranquilo junto al río con muchos árboles. Allí, aparte de comer y de beber, volví a la carga con las expectativas de actividad en las próximas semanas. Quizás Wonderland, quizás El Patio, quizás La Rubicera, quizás, quizás…


8/10/17

Un poquito de espeleo



El viernes seis de octubre me pase por el local del club para confirmar el préstamo de los cascos con iluminación led. Los necesitaba para la foto del sábado. Y de paso quedamos para visitar el Hoyo de Lláneces el domingo. En total íbamos a ser cinco: Nano, Lucy, Julio, Juan(el joven) y yo. Quedamos a las diez de la mañana en La Cavada.
Por la noche, ya con la almohada, pensé que era un poco tarde, las diez, para ir a Lláneces, una sima, ya que yo debía estar a media tarde en casa y las cosas nunca van como esperas en espeleología. Al despertar se me ocurrió proponerles ir a La Puntida. Era una cueva de la que ya  habíamos estado hablando, estaba en la lista de cuevas a visitar y desde luego era muy interesante. Bonitos formaciones en mucho sitios, grandes salas y mucho donde hurgar. No me olvidaba de que en anteriores visitas percibí en varios sitios corriente de aire.
No me costó demasiado convencerles de la propuesta aunque Lici protesto un poco ya que ella tenía ilusión por Lláneces. En Liérganes paramos a desayunar. Se trataba del segundo desayuno de Nano pero del primero de Julio. Luego paramos a comprar pan y almendrados. Cuando llegamos a Ajanedo eran las doce casi. Entre los preparativos y las movidas del reparto de flashes para las fotos se nos hicieron las tantas. Pero finalmente subimos la cuesta entre hayas y alcanzamos la enorme boca.
Primero fuimos a visitar las salas finales todo al fondo. Hermosos sitios. Hicimos dos fotos. En una los protagonistas eran Luci y Juan y en la otra Nano y Julio. La técnica fue cámara a mano alzada y y flashes en la mano de los espeleos. En menos de diez minutos se resuelve una foto. Después fuimos a ver un pasaje entre bloques y una continuación que me había llamado la atención en una ocasión anterior. Lo que encontramos fue un sendero trillado, con hitos, que, aparentemente, volvía hacia la sala de entrada.
Regresando hacia la salida nos desviamos a la izquierda a una zona de galerías concrecionadas. Un pocete de cinco metros por el corría una fuerte corriente me llamo la atención como en veces anteriores. Montamos el pocete con dos cordinos anclados a puentes de roca naturales y descendimos Nano y yo. Parece que los demás no se animaron. Recorrimos muchos metros de galerías, con y sin corriente, durante unos tres cuartos de hora y volvimos hacia la salida sólo por no preocupar a los compañeros. Realmente nos quedo muchísismo por mirar.
En la cabecera del pocete un leyenda en el barro ponía FUERA. Enseguida estuvimos con ellos. Y enseguida estuvimos comiendo en un banco de Ajanedo las cositas que habíamos llevado. El tiempo estaba maravilloso, la compañía era agradable y teníamos tiempo para disfrutar. Aunque me supo un poco a escaso el tiempo que anduvimos cueveando…






7/10/17

El Equipo (de Rugby)


Primera parte (primeros del 2017)

Un día, hace meses ya, fui a visitar a mis antiguos compañeros de trabajo. Les enseñé algunas de las fotos que estaba haciendo en cuevas. Creo que fue a Otilia, o tal vez fuese a mí, a quien se le ocurrió la idea de hacer una foto en una cueva del equipo, infantil o junior, del Racing. Esto era posible dado que Otilia mantiene una vinculación importante con dicho equipo. Ella es, además, profesora de Educación Física y por lo tanto sintoniza con facilidad con los chicos del equipo y con los entrenadores. Me gusto la idea. Consideré que difundir una foto como esa era una manera muy eficaz de llevar a los jóvenes el mensaje de que el Patrimonio Natural Subterráneo merece algún interés. O al menos de que aquí, en Cantabria, hay muchas cuevas y muy bonitas. Sin embargo era una idea difícil de realizar. Además de la aprobación de los padres (y de los chicos) era necesario el visto bueno del Jefe de Prensa y de la Dirección del Racing. Debido a la cantidad de compromisos y condicionantes de un club como el Racing los permisos para ir a hacer la foto no iban a ser pan comido.    
           Algo después, en primavera, volví a hablar con Otilia. Ella había hecho gestiones sobre el tema pero las cosas se retrasaban y no había respuesta concreta. Quizás en mayo/junio se podría. Si embargo los días pasaban y no había movimientos. Le sugerí ir a hablar yo mismo con el Jefe de Prensa y explicarle el proyecto. Pero eran fechas  complicadas para conseguir una entrevista. Así pues las cosas, y en parte por mis propios compromisos, las circunstancias aconsejaron posponer el tema a septiembre. De todas maneras intente dos gestiones para conseguir un equipo. Una fue el femenino de balonmano de Castro y otro el de remo de Maliaño. Las cosas no funcionaron.



 Segunda parte (septiembre y octubre del 2017)

            A finales de agosto reanudé mis contactos con Otilia. Me dijo que los permisos estaban conseguidos salvo el visto bueno de la Dirección. Durante la segunda quincena de septiembre permanecí a la espera y mientras tanto realicé dos salidas a la Cueva del Escalón para preparar la sesión. En una primera salida con Marisa localicé tres buenas zonas para la foto e hice varias tomas de prueba. En una segunda salida, yendo yo solo, tomé varias fotos de la zona de entrada para componerlas en un collage. Esto proporcionaría el paisaje de fondo de la foto con el equipo.
            La falta de respuesta por parte del Racing me empujo a buscar otros equipos. Fue a través de mi amigo Chus como conseguí contactar con un entrenador –Pedro- y con el director –Miguel- del Club de Fútbol Los Ríos. Sin embargo conociendo ya las dificultades que conlleva mover a un equipo de chicos junior no abandoné las búsqueda de otros posibles equipos.
Una noche que andaba por la Plaza Porticada visitando los stands de la Noche de la Investigación Científica me encontré con dos compañeras de espeleología, arqueólogas en activo, que andaban en el stand de esa disciplina. Les enseñé algunas fotos y Ana, una de ellas, me recordó que pertenecía al equipo femenino de rugby de la Universidad de Cantabria. Bingo!! ella quería ayudarme a hacer la foto y vendría con todas las compañeras que pudiesen. Hay que tener en cuenta que un equipo de rugby pone en el campo de juego a catorce jugadoras. Después de varios días, tras hablar con sus compañeras, consiguió que cuajase una cita para la foto con seis o siete jugadoras. El sábado ocho de octubre iríamos por la tarde a hacer la foto.
A las cuatro y media del sábado me reuní en Solares con Ana y María, arqueólogas ambas, Mary, profesora de francés, Lara, Valva, enfermera, y Egatia. Nos arreglamos en dos coches, el mío y el Prius de Lara. Cuando llegamos a Val de Asón la sombra de las montañas caía sobre la ladera Oriental de Peña Lavalle. Mejor que mejor para caminar. Las chicas del rugby tenían un espíritu positivo y colaborador y en poco tiempo todos estuvimos listos. Cuando les dije que al entrar en la cueva había algo de barro se rieron de mí. En el rugby se revuelcan en el barro.
Mientras colocaba los flashes en posición Ana fue a dar una vuelta por la cueva con las chicas. Para las tomas use un 55mm que, aunque no daba un campo suficiente para el paisaje, proporcionaba una nitidez perfecta. El paisaje ya estaba conseguido anteriormente. En media hora hicimos veinte fotos en todas las poses posibles. Incluidos varios lanzamientos del balón apepinado. Les propuse hacer varias tomas en otra localización más al interior. Una salita con el techo cuajado de formaciones y como telón de fondo la oscuridad de la lejanía. En cinco minutos estábamos en posición. Se trataba de un sitio más fácil que el anterior. Hicimos otras veinte tomas, recogimos todos los trastos y fuimos saliendo.
         Anochecía cuando llegamos al exterior. A Egatia, que cojeaba un poquito, hubo que ayudarla varias veces. Por el camino de vuelta paramos a visitar Coventosa. Siempre motiva llevar a gente no iniciada en la espeleo a una boca como la de Coventosa. Es un sitio perfecto para contar historias y batallas de espeleología. Siempre conviene echar el anzuelo a ver si a alguien le atrae el mundo subterráneo. En Arredondo, ante unas cervezas les continué contando bellas historias de espeleología. Aparentemente ninguna de ellas, salvo Ana, decidió ir más allá en estas cosas. Pero nunca se sabe…