12/6/21

Puntos de vista

El funeral de Mavil ha sido una sacudida para todos los que le conocíamos. Habiendo salido vivo de tantos avatares a todos nos parecía ya un hombre invulnerable. Nada era suficiente para que pudiese con él. Decía él mismo a veces que la Virgen le protegía.  Seguíamos dándole consejos acerca de la seguridad aunque con la certeza de que no nos haría caso nunca. 

            Su desaparición del plano material ha tenido entre muchos efectos y resonancias algunos que no se perciben con los sentidos, sino con el corazón. De forma inexplicable y misteriosa los proyectos espeleológicos en que participaba, poco o mucho, están recibiendo un chorro de aire que empuja hacia su realización.

            El otoño pasado Mavil me acompaño a la Cueva de los Cristales en una ocasión memorable y trabajamos durante una jornada en la desobstrucción de una gatera con viento. Para él significaba un trabajo complementario a sus grandes proyectos de Chorros pero de todas maneras conseguí que le hiciese ilusión venir conmigo a  ese  trabajo alguna que otra vez.

            Durante una convivencia en Castril con más amigos Juan Pablo y yo hablamos de continuar con el proyecto de desobstrucción en los Cristales. Quedamos emplazados para ir el fin de semana del 12 y 13 de junio. Al principio pensamos en acampar cerca de Los Castillitos en Tiñoso para evitar la afluencia de gente en los aparcamientos. Pero finalmente encontramos un apartamento en Isla Plana y mientras Marisa y yo nos quedábamos ahí Juan Pablo durmió en su Land Rover justo al lado.

            El sábado salimos a las 7 de la mañana con rumbo a Tiñoso y cuando llegamos ya había dos coches aparcados. Hacia un viento de levante furioso. Desde allí sale la senda hacia Cala Cerrada pero nosotros tomamos otra -un poco al sur- y cruzando la divisoria fuimos bajando suavemente hacia el oeste por la ladera. A la altura de unas oquedades llamativas abandonamos la senda y yendo hacia el sur alcanzamos el borde de los acantilados en un punto característico en que se  puede destrepar. No obstante pusimos la cuerda que llevábamos, en parte por el viento y en parte porque amenazaba tormenta y lluvia, y las rocas mojadas no se trepan tan fácilmente. En pocos minutos alcanzamos la boca.



     A Juan Pablo se le olvidaron las brocas (y el agua) pero decidimos hacer lo que  se pudiese. Recorrimos la cueva, visitando los rincones, y en  breve llegamos a la gatera para trabajar. Sin embargo Juan Pablo encontró que pasar la zona que íbamos a ensanchar era fácil y una vez al otro lado estuvo un buen rato trabajando para quitar piedras. Luego pase yo  y seguí quitando piedras. Al final conseguimos avanzar hasta una grieta de roca madre que habrá que ensanchar para poder seguir.

            A la salida en vez de volver hacia los coches nos fuimos a visitar la cala que se forma al final de un barranquito cercano. Una pareja de cormoranes negros estaba pescando en aquel lugar. Marisa y Juan Pablo se bañaron y yo mire el lugar. Luego estaba nublado y fuimos subiendo poco a poco con sudor y moscas. Arriba seguía soplando un viento de levante violento. Aquella tarde disfrutamos del apartamento (nos lo cambiaron a otro mejor pues no funcionaba la vitro) y de un atardecer épico. 

            Al día siguiente pensábamos ir a seguir desobstruyendo pero con lo que teníamos no era posible hacer nada útil. Así que dedicamos la mañana a disfrutar con todo un poco y con el mar lo que más. La cosa acabo en un mesón comiendo lo que estaba más apetitoso.