Al
no haber pasado de la Sala del Descanso
en la visita en grupo del domingo anterior, la frustración me condujo a querer
volver enseguida al Solins.
Se lo propuse a mi amigo Jorge, es más bien escalador y montañero, el mismo sábado
7, Marisa también se apuntó y el domingo 8 de febrero volvimos a la cueva. Día
brillante y algo ventoso, el paseo hasta la boca nos hizo fijarnos en las
bonitas paredes de encima de la cueva. Me pregunté, nos preguntamos, si habría
vías de escalada deportiva allá arriba. Desde lejos no se apreciaba que hubiese
ninguna equipación.
Fuimos
hasta la Sala del Descanso por el
camino corto y dejé una señal en la unión con la Galería Larga (realmente a la vuelta no se ve el camino corto).
Además la topo en este punto es algo confusa. El paso entre columnas y la rampa
que sigue no nos costo nada. La estrechez de la Sonrisa Vertical -que antes era estrecha- ahora es un paso cómodo.
La Sala de los Cristales seguía igual
o parecida. Verifiqué la continuidad de varios ramales antes del Paso de las Totugas.
No me pareció que ninguno tuviese continuación. Las topos eran incongruentes
con la realidad que observé y divergentes entre sí. Digamos que esas
topografías se podrían calificar de puras fantasías.
Tras
el trabajoso y arcilloso Paso de las Tortugas
llegamos a la Sala de las Concrecciones y la de las Excéntricas que son el premio debido por los esfuerzos
anteriores. Hicimos unas cuantas
fotos al hermoso conjunto y emprendimos la ruta de vuelta. Fue un poco más
pesada que a la ida y además nos despistamos unos metros antes de la Sala de los Cristales debido a que la
galería principal parece continuar de frente y se aprecia poco la subida a la
izquierda previa a los Cristales. Perdimos
dos minutos en el despiste, lo que sirvió para que los principiantes apreciasen
lo que significa hacer espeleo de verdad. El resto de
la vuelta fue coser y cantar. Hicimos el camino alternativo de la Galeria Larga porque es más cómoda y, de paso,
verificamos que hay un buen montón de galerías que hay que visitar hacia la
zona de los fósiles. Pero eso será en otra ocasión.
La tarde estaba brillante, eran la cuatro y nos fuimos a disfrutar de un baño en la piscina de Fortuna. Sin duda esta Cueva del Solins bien merece la pena y seguro que volveremos dentro de poco.


