13/8/26

Pásame las sacas (Rascavieja/Matienzo)

 
           Como si estuviese en la costa de Colombia -y no a orillas del Cantábrico- un bochorno húmedo y nublado establecía su dictadura inapelable. Desde la casona de San Pantaleón, donde había quedado con Guillermo, nos acercamos hasta Matienzo y, siguiendo luego el valle de Seldesouto, finalmente nos desviamos hacia un aparcamiento cercano a la Sima del Mostajo. Una senda bastante cómoda en sus dos primeros tercios e inexistente en su tercio final nos esperaba. A nuestro hartazgo contribuyeron no sólo el calor y la humedad, sino también lo incómodo del terreno. Yo, iluso de mí, pretendía llegar sin sudar pero fue imposible por completo. Intentamos secarnos frente a la boca de la cavidad, donde el soplo de aire fresco nos trasladó al paraíso terrenal por un rato. Para descansar un poco me quedé contemplado la pared extraplomada –con abundantes vías de escalada inverosímiles- que domina la boca de la gruta. Luego penetramos en la cueva.

         Íbamos contentos y felices, como inocentes cervatillos por un bosque tapizado de jugosa hierba, rodeados de bonitas formaciones, de grandes salas, de todo un hermoso mundo subterráneo. Con este maravilloso estado de ánimo el recorrido hasta el primer conjunto de estrecheces entre bloques (choke 1) lo hicimos en unos quince minutos.  Pero se acercaba nuestra dura tarea, el tránsito de los dos chokes. La táctica que íbamos a seguir para pasar las estrecheces estuvo clara desde el primer momento. El primero pasaba una estrechez, el segundo le pasaba las dos sacas y finalmente el segundo recorría la estrechez. Técnicamente podríamos llamarlo “método de la oruga reptante con giba” o “pásame las sacas”. Esto lo hicimos por un tiempo indefinido hasta emerger por el otro extremo a una galería amplia pero “confusa”. Esa confusión se debía a la gran cantidad de caminos posibles y a la falta de estructura “típica”. La galería me sugería una gran grieta –¿o fractura de falla?– que se hubiese ido rellenando de bloques, enormes y medianos, desprendidos del techo hasta colmarla a media altura. Para nuestro consuelo las indicaciones eran muy abundantes, hitos y catadióptricos, y producían una gran confianza de estar en el “buen camino”.

El pasaje del segundo choke fue de una dificultad ligeramente superior a la del primero. Hubo varios pasos en los que para meterse de cabeza tuvimos que hacer contorsiones, tuvimos un laminador de aspecto imposible -aunque luego la dificultad real era poca- y en algunos sitios la continuación “evidente” no era el verdadero camino sino que, más bien, era necesario mirar hacia atrás o hacia arriba. En fin, el largo pasaje requirió –y requerirá cada vez que se pase– pensar en abundancia y hacer contorsiones creativas. Pero al final desembocamos en una amplia galería con la cara sonriente.

 
 

Avanzar caminando tal cual no era una opción en esta zona. Era necesario andar con cuidado sobre bloques, realizar destrepes, trepadas y búsquedas del “buen camino”. Finalmente tras varias vicisitudes y algunas fotos llegamos a Wind of Change y poco después a stn 25-choke2.61 o, más escuetamente, punto de topo 61. El chorro de viento que subía por la empinada rampa-laminador era muy notable. Ya eran las dos y media y si seguíamos avanzando hacia Lloyd’s Grotto y Yahoo Chamber se nos iban a ir como mínimo una hora y media para llegar y otro tanto, o más,  para volver al punto 61. Esto sumaban 3 hora a las que íbamos a gastar –pero ya bien cansados– pasando los dos chokes y caminando después hasta la salida. Además había que desandar la senda hasta el coche. Era seguro que acabaríamos ya de noche. Algo me dijo que era buena idea volvernos desde aquí, pero Guillermo estaba ilusionado por seguir. Decidimos comer algo allí mismo, instalar la cuerda de 15 metros a un natural y que sólo Guillermo avanzase un poco más para verificar la complicada geografía hasta el destrepe que se inicia en el punto 63 de la topo. Esperé arriba mirando los rincones de la zona y deambulando por los recovecos de la mente. Unos minutos después Guillermo volvió contento. Había verificado que la ruta de continuación se correspondía bien con la topo.

En la vuelta hacia la salida agradecimos mucho los hitos y marcas luminosas que habíamos añadido a las ya colocadas por los exploradores ingleses. En los dos choques verificamos que íbamos acumulando cansancio y torpeza a nuestro estado inicial. Para cuando llegamos a la rampa de salida estábamos cansados de verdad. Un poco después de las seis emergíamos al exterior y alrededor de las siete estábamos en el aparcamiento. Hacia las siete y media o poco más paramos en Casa Germán sin éxito. No había ni un triste pincho de tortilla. Media hora más tarde llegamos a la casona de San Pantaleón donde bebimos buena cerveza acompañados por Casilda y Cristina, las primas de Guillermo. Charlamos de todo lo habido y por haber mientras el atardecer se adueñaba del Valle de Aras creando un mundo aparte. La magia que rezumaba por doquier hacía sencillo comprender la predilección de Guillermo y su familia por el sitio de sus ancestros.