Terceira de las Islas Azores es la tercera en
superficie pero la primera en importancia histórica y en cantidad de cuevas
volcánicas. La denominación furna o gruta
indica que la cavidad es básicamente horizontal mientras que la palabra algar
se reserva para las chimeneas volcánicas, simas o grietas, en las que el
recorrido vertical es predominante.
El
segundo día de nuestra estancia en esta isla perdida en el Atlántico en la que,
de un minuto al siguiente, las nubes vuelan a toda velocidad, a menudo se acumulan como
niebla gris y compacta o se disipan en una aurora neblinosa y resplandeciente, lo
dedicamos al sendero Mistérios Negros y
a la Gruta do Natal, que es un tubo de lava habilitado para el turismo.
Con mucho encanto, la iluminación es buena -aunque excesiva en algunas zonas-.
Arriba, en una antigua casa de bloques de basalto -habilitada para acoger al visitante- hay un pequeño
museo creado por Os Montanheiros, un pálido
reflejo de su otro gran museo geológico, cercano al puerto de Angra do
Heroísmo. La visita no es guiada, lo que permite pararse a contemplar o a
fotografiar al antojo de uno mismo.
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Para
el tercer día de nuestra estancia en Terceira
habíamos reunido suficiente información como para poder visitar la que actualmente se considera
segunda cavidad de Azores -en desarrollo sobre topo- pero que probablemente será conectada
con dos o tres cavidades más, alcanzando así la primacía en desarrollo entre
todos los tubos volcánicos de Azores. Para conseguir la ubicación y una topo
antigua -muy poco clara- la Gruta dos Balcões
nos exigió cierta actividad investigadora. En esta topo venían “representados”
2,7 km de desarrollo frente a los 4,6 km de la topo actual. La utilidad de la
topo era muy relativa ya que no había manera de saber donde se ubicaba la
entrada. En principio uno “aparecía” en cualquier punto de una topo que por
otro lado resultaba bastante laberíntica en contraste con la mayoría de los
tubos volcánicos. Debemos recordar que las entradas de los tubos volcánicos
están en jameos que rompen el techo de un galería en cualquier punto de su
desarrollo. Y esos jameos no estaban representados en la topo que teníamos.

El
Pau Velho, zona donde se desarrolla la gruta,
está en la parte alta de la isla entre bosques de criptomerias, bosque
original y grandes propiedades ganaderas, prados, con vallas de bloques
basálticos y muchos pastores eléctricos. El terreno es sumamente húmedo y las
vacas se encargan de acribillarlo, formando socavones y cráteres en los que
torcerse el tobillo o llenarse de barro el pie es muy normal. La entrada (o más
bien jameo de dos entradas) estaba donde me indicó la ubicación de Maps que yo mismo había marcado unos días antes, como
resultado de mi indagación.
Como
no teníamos ni idea de en que punto de la topo estábamos decidimos ser muy
precavidos en cuanto a bifurcaciones o zonas confusas. A la primera de cambio
usaba catadióptricos. El tubo iba hacia el SW. Pronto dejamos una galería a la
izquierda de dimensiones menores pensando en visitarla a la vuelta. Un poco más
allá pasamos bajo un jameo circular que se abría en la bóveda de la galería
-inalcanzable- y por el que se filtraba la luz tamizada de verde por helechos
gigantes. Un rato después alcanzamos otro jameo que se abría arriba del lateral
de la galería y unos metros más allá un gran jameo obstruido por una jungla
imposible. Nuestra jugada fue salir por el jameo lateral, andar por la
superficie unas decenas de metros, y meternos por el otro extremo del gran jameo
en la zona donde la jungla ya no dominaba todo el espacio. A partir de aquí se
multiplicaron, o bifurcaron, las galerías de una forma que no había visto en
ningún otra cavidad volcánica. Visitamos una primera galería con formaciones de
limonita hasta que un barrizal nos frenó. Luego otra gran galería muy bella con
grandes costras que dividían la sección en dos zonas transitables. Terminamos
llegando a una zona estrecha por la que no nos "cuadró" seguir avanzando. Ya de vuelta, y antes de llegar al gran jameo selvático, tomamos
una galería a la derecha. Se trataba, en nuestra opinión, de
la zona más hermosa que habíamos
visitado en el recorrido. A ambos laterales del tubo serpenteante
sobresalían amplias plataformas de color blanco que seguían la trayectoria de
la galería: los balcões que dan nombre a la cueva…
Poco después aterrizamos en una zona de la cueva que ya habíamos visto. Un
catadióptrico nos confirmó nuestra ruta. De paso visitamos la primera
desviación a la izquierda, ahora a la derecha, que habíamos encontrado al
entrar. Era sumamente penosa, no tanto por su estrechez en forma de laminador,
sino por el suelo abrasivo que destrozaba rodillas, manos y mono.Tal
vez la primera ocasión en que he echado en falta coderas y rodilleras. Mi táctica
fue rodar o ir sentado. Al cabo de un rato me volví ya que Marisa me esperaba.
Tras unos minutos de cómoda galería estábamos de nuevo en el jameo de entrada.
Como siempre debe hacerse en un jameo, fuimos al extremo contrario para
comprobar si el tubo seguía, es lo usual, y así fue. El tubo, de grandes
dimensiones ahora, continuó ancho y alto. Arriba vimos la entrada a un nivel -o
tubo- superior al que se accedía por una ventana pero no la escalamos. El tubo
principal se fue haciendo más bajo hasta formar un laminador de suelo formado
por escorias volcánicas sumamente agresivas para monos, pies y manos. Aunque
claramente continuaba decidimos ir volviendo a la entrada. Teníamos una
buena pincelada de la Gruta dos Balcões.
El
regreso al coche lo hicimos por una zona de prados que nos pareció más cómoda
aunque finalmente el pastor eléctrico y los bloques de las vallas nos exigieron
pensar un poco.
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Para
celebrar el éxito de nuestra visita nos acercamos en coche, unos 15 kms., hasta el famoso Algar do Carvão.
En unos minutos comenzaba el periodo de visita a la cavidad y nos dedicamos a
comer un poco de fruta y a beber agua mientras esperábamos. Como era domingo
fue llegando más gente.
El
entorno del Algar está en el fondo de un cráter volcánico al que se
accede sin problemas por la vertiente sur debido a que se ha abierto una brecha
formando un valle transitable. Desde la explanada que alberga los edificios y
las instalaciones un sendero entre brezos gigantes, arbóreos, nos llevó en
cinco minutos al comienzo de los túneles artificiales. Tras dos tramos de unos 50
metros el túnel te deposita en plena pared del Algar a más de cincuenta
metros de su entrada superior por la que se vislumbra el cielo. El panorama es
impresionante. Las paredes tapizadas de vegetación exuberante caen verticales y
prosiguen hacia abajo tanto o mas
que lo que viene de arriba. Unas cómodas escaleras te invitan a bajar
saboreando despacio el paisaje subterráneo único y grandioso. Pasarelas,
escaleras y una iluminación suave -pero suficiente- te permiten disfrutar de un volumen gigantesco con una belleza
desafiante. Una visita obligada para aquellos que vengan a Terceira.
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A
los dos días de la visita a Os Balcões, día 27
de mayo, decidimos visitar la Gruta da Malha,
también en los altiplanos del centro de la isla. Dejando el coche en el
aparcamiento de comienzo del PR09 el excelente camino se adentra en una zona
selvática de brezos gigantes entremezclados con vegetación densa entre grandes
rocas de colada volcánica. Lo abandonamos en un entrante hacia el este que nos
llevó a una propiedad, gran prado, enmarcado entre muros de bloques de basalto.
A unos trescientos metros, junto a la valla norte, se abre un gran jameo
selvático que nos recordó la película Parque Jurásico. La entrada sur del tubo
nos lleva a una zona en la que gastamos un buen rato buscando continuación. Las
reseñas indican una cueva de casi medio kilómetro y no habíamos recorrido más
de cincuenta… Hicimos algunas fotos y salimos desconcertados. Como en otras
ocasiones la solución estaba en el otro extremo del jameo, extremo norte. Por
allí la cavidad continuaba majestuosamente. El tubo, en dirección norte, se abrió en dos
ocasiones a jameos jurásicos. Tras el segundo una empinada rampa embarrada nos
permitió continuar hacia el norte. Finalmente la galería se convirtió en un laminador.
Deje todo los trastos y, mientras Marisa me esperaba, avancé rodando, sentado o como pude
hasta un cambio de dirección en el que se abrió una sala de derrumbe. El tubo
continuaba pero ahora sus dimensiones eran más reducidas. Sin embargo seguía
habiendo corriente de aire lo que indicaba la existencia de otros jameos más
adelante o la conexión con otras cavidades, tal vez la de Os Balcões ya que la dirección y la distancia lo hacen
factible. Para
la vuelta usamos de salida el último jameo.
No es de extrañar que el grupo Os Montanheiros
aprecie tanto este complejo de Pau Velho…
Tal vez volvamos a la mágica Terceira… aunque aún nos quedan por conocer
cinco islas más en Açores…