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18/6/06

Lobos (11/6/2006) Falsas Esperanzas/Carrio

I.
                El viernes 9/06/2006 vino, en un vuelo a Parayas desde Madrid, Félix, mi antiguo colega del SEII, para ayudar a localizar la sima de las Falsas Esperanzas en el laberíntico lapiaz de Peñas Rocías. Una sima que, inicialmente, localizaron los franceses, posteriormente los del SEII, que descendieron en ella mas de 300 metros,  y que, finalmente, se perdió por más de 25 años. Y sigue perdida de momento.
El sábado 10 por la mañana pasamos por Ramales en donde nos juntamos con Ángel, P.Merino, P.Hierro y Alfredo BK. Nos marchamos para arriba en un día algo más fresco que los vecinos días. La lluvia ligera del día anterior y la brisa nos ayudaron a caminar. Hicimos una parada para coger agua en Fuente Fría y esperar a los dos Pedros que desaparecían y aparecían siguiendo una extraña ley. En el entreacto Ángel se enzarzo a limpiar el grifo de la fuente. P.Hierro le apoyo con decisión. Finalmente P. Hierro consiguió que el agua corriese en abundancia y acuso a todos los universitarios de ser una pandilla de inútiles.
La conversación se centró entorno al conjunto de cavidades y simas que proliferan por este lapiaz y su posible importancia para localizar el río subterráneo colector de este sector del Macizo de Mortillano. Me maravillo la memoria y el entusiasmo que exhibió Félix y también la de Ángel. De camino hacia el lapiaz de Peñas Rocías pasamos por  la misteriosa cueva H44. Los que saben me dijeron que la cavidad consiste en una galería meandrosa y descendente. Exhalaba un potente flujo de aire frío. Esto me resulto extraño ya que la boca actuaba, ese día, como boca inferior. Y me generó suficiente curiosidad como para querer entrar este verano.
Siguiendo por el frondoso hayedo cruzamos el vallecito hacia el noroeste y nos encalomamos a un espolón rocoso desde el que se dominaba el bosque donde debería estar la torca de Falsas Esperanzas. Nos repartimos el pastel en bandas a cota fija. A cada uno le toco un pedazo sino malo aún peor. Tras los primeros pasos por las agujas del lapiaz llegué a un punto en que no podía mantener mi cota. O subía o bajaba. Opté por subir con lo que me tropecé con Alfredo. Seguimos subiendo juntos hasta llegar a una gran dolina en la que observamos nieve y ninguna continuación posible. Atravesamos una franja herbosa hasta colocarnos bajo uno de los mazos de la cresta Rocías/Mortillano. Una cuevecita en la misma base de la pared nos llamo la atención. La breve galería de entrada nos llevo al borde de un pozo de unos 80 metros, como mínimo, en el que estuvimos a punto de caernos por falta de luz. Nos paro el sonido reverberante. Estilo entrada de Cueto. Sorprendidos, buscamos señales de un descenso y las encontramos: tres spits en el borde del techo justo encima del pozo.
Nos enfrentábamos a un importante problema: volver a juntarnos con el grupo que se encontraba hurgando más abajo. A voces conseguimos comunicarnos con Félix y con Ángel. De Merino y Hierro no quedaba ni rastro. Fuimos bajando por un complicado e irreal terreno lleno de agujeros y de agujas. A veces pasábamos por puentes naturales formados por una losa colocada por la naturaleza entre dos torres y otras veces destrepábamos por paredes para volver a trepar de inmediato. Así entramos en un bosque de hayas en que el terreno se suavizó. Bajo un haya centenaria me encontré una hermosa sima. Contactamos con Félix y con Ángel al que acompañé hasta la nueva sima. La zona en que Félix había depositado sus esperanzas no dio frutos. Comimos. Y hablamos por teléfono con Merino y Hierro que habían abandonado la búsqueda y huido hacia la Fuente Fría.
Tras la comida Félix, que exhibía una férrea moral,  nos arrastro a nuevas incursiones cuesta arriba y cuesta abajo para seguir buscando. Descubrí otra nueva sima que fue archivada religiosamente, como la anterior, en el GPS de Ángel pero de las Falsas Esperanzas ninguna señal. Finalmente tras una breve junta general empezamos a bajar hacia Fuente Fría por un camino “bueno”. Menos mal. Todos tuvimos arañazos, magulladuras, picaduras y ortigamientos. Ángel metió la pata en un agujero y se dio un corte en la pantorrilla. Al cabo de un rato alcanzamos la pista y pude volver a caminar placidamente hasta los coches, en donde esperaban, más plácidos aún, Hierro y Merino. Bajamos a La Gándara a tomar cervezas.  

II.
                El domingo 11/06/2006 tras los sucesos del sábado y una cena pampera con efluvios alcohólicos nos decidimos por una bucólica excursión a Zucía con visita a la Cueva del Lobo. A media mañana aparcamos en el comienzo de la pista a Zucía.  Había un perrillo ladrador  y  gente en la cabaña cercana al bosque. Félix, Marisa y yo nos entretuvimos hablando de lugares en donde vivir, lugares en donde comprar una vivienda para estar tranquilo y lugares en donde invertir en una vivienda. También hablamos de formas de energía y del ruido de los aerogeneradores. Insufrible. Toda la zona esta inundada del ruido de los molinos de La Sía. Antes había silencio. Solo silencio. Pero incluso en el bosque el ruido se percibía hasta cruzar el colladín de bajada al Lobo. Pobres duendes y hadas del bosque de hayas.
La llegada a la cueva se anuncio por el vendaval helado en la ladera y la tremenda acumulación de hojas secas de haya.  Utilizamos luces de leds, algo insuficientes para el tamaño de las galerías pero muy cómodas y simples. Anduvimos por la galería del Flysch y las salas medianas hasta la Sala de la Cabra y la gatera de conexión con el meandro Apricot. Luego anduvimos por las galerías que conectan con el Valturón aunque no dimos con el punto exacto en que desemboca el estrecho meandro que proviene de esa sima.
A la salida Félix se mostró contento de haber conocido esta cueva. A pesar de haber venido durante varios años todos los fines de semana y de haber realizado varias campañas de verano, Félix apenas conoce otras cuevas de Soba salvo Garma Ciega/Cellagua y las simas de los alrededores de Garma Ciega y Fuente Fría. Es sorprendente que deban pasar 25 años para conocer un poco esto.


III.
                El domingo 18/06/2006 me levante a las diez y media con una obsesión: recuperar todas las cuerdas que tengo aún en el Carrio para poder utilizarlas en la pared de Zigal.  Marisa estaba decidida a acompañarme y llamo a Aurelio (Yanqui), nuestro antiguo colega escalador, para animarle a venir de excursión. No tuvo que animarle, estaba esperando nuestra llamada de forma inconsciente. Pensaba que había dejado la cuerda del tramo inferior del  primer pozo del Carrio recogida en la cabecera. Así que metí dos cuerdas (30+6), suficientes para equipar el primer tramo de rampa y el salto que le sigue, seis mosquetones, llaves de parabolts/spits y chapas; además mi casco con leds y linternas de reserva. Y nos juntamos en Solares en un día relativamente caluroso pero con nubes.
                La fronda del valle del Miera, las paredes, los argayos y todos los detalles estaban en su sitio. Aurelio no paro de contarnos cosas hasta la casa de Esteban en Valdició.  No había nadie en la casa. Repartí un poco los trastos y partimos. No paramos hasta la sima a pesar de Aurelio.
 Al poco de pasar la planicie morrénica  Marisa y Aurelio, que iban un poco a la zaga, se tropezaron con dos víboras. En esta ladera ya hemos visto muchas veces víboras. Por suerte no me las tropecé yo, que iba con sandalias. Aurelio se dedico a hostigar a la más grande con una vara a la que el ofidio lanzó un mordisco. Cosas de Aurelio. Un poco más arriba del Hoyo Salcedillo comenzó la niebla que no nos abandono ya en la subida. De vez en cuando se habría algún claro fugaz.
Aun a pesar de casi dos años puestas, las chapas se mostraban como nuevas e instale en ellas sin prejuicios. Un minuto más tarde, al alcanzar la cabecera del tramo inferior, me lleve el chasco: la cuerda se había retirado en su día y yo lo había olvidado por completo. Me consolé pensando que iba a salir al calorcito de nuevo. Cinco minutos después me dediqué a sestear  un par de horas sobre la hierba. La próxima vez que pasen dos años leeré los diarios. Deje en depósito las dos cuerdas para volver en breve. El descenso a Valdició transcurrió entre niebla hasta casi el depósito. La casa de Esteban seguía aparentemente sin nadie pero se veían varias puertas abiertas. 

24/8/04

Camp (24/8/2004) Sistema del Carrio

Cuando me vine a dar cuenta me quedaban tres días para preparar el campamento del Carrio y muy pocas ganas de comenzar a hacerlo. Así que llamé a Isidoro y Juan para sacar algo de material del club. Isidoro andaba mal de tiempo y Juan muy ocupado. Finalmente el miércoles 18/8/04 al atardecer pude quedar con Juan en el local. Había un poco de carburo que complemente con reservas propias para llevar una cantidad razonable. Pude enterarme a través de llamada telefónica a Isidoro que la taladradora estaba en poder de Javier; supuse que las brocas también lo estarían ya que no pudimos encontrarlas en el local; cuerdas no había muchas pero dado que la Sima del Carrío está casi instalada y que no se preveian verticales nuevas consideré que eran suficientes de momento; de todas formas dude ante la falta de marcas para saber la longitud de las cuerdas: tomé una “larga”, otra de longitud “media” (marcaba 48 pero ¡ojo! no los tenía) y una tercera “corta”. Me proveí de un equipo de espitar, mosquetones, chapas y de un equipo de topo (no era el moderno que, inexplicablemente, faltaba). Por otra parte esa misma tarde había estado con Wychy en Ramales y preparamos una lista de comida que empezamos a nutrir con las sobras del campamento de Fuenfría; el botiquín, la taladradora de gasolina, un infernillo de alcohol, baterías para Maquita y muchos más detalles quedaron de parte de Wychy basados en las pertenencias del AER. Al día siguiente, jueves, terminé de comprar la comida, de recopilar objetos (y entre otros la taladradora en cuyo maletín no había brocas; por suerte yo tengo brocas de todos los tipos) y de hacer bultos y mochilas. El viernes por la mañana compré pan y a las tres nos reunimos en Solares Wychy, Pedro Hierro y yo. Para las cuatro estábamos en Vadició; por el camino comunicamos con Ángel para ultimar detalles que se habían olvidado y para recomendarles subir por Valdició.
La mula estaba atada a la casa a la hora convenida y en cuanto puse delante de Esteban todo los trastos quedo claro que no iban a poder subirse en la mula, no por peso sino por bulto; de hecho me aseguró que si hubiéramos tenido unos “cestos” para caballerías las cosas se habrían colocado sin dificultad. Pero Esteban es un artista colocando bultos en una caballería y prácticamente lo consiguió poner todo, salvo las mochilas de Pedro y de Wychy. La comida, que inicialmente ocupaba dos cajas de plástico de las de la fruta, fue trasvasada a dos lecheras, de cuarenta litros cada una, que son mucho más fáciles de estibar en la mula. Mi mochila personal pesaba bastante menos que las otras. A mitad de camino el sentimiento de culpabilidad y los sudores de mis compañeros hicieron que me ablandase y tome una mochila de las dos que llevaba Pedro. Cuando habíamos superado el Hoyo Salcedillo se rompió el asa del container de carburo y tuvimos que utilizar la saca de Pedro, que yo llevaba, para meterlo con lo que la mula terminó el ascenso con un bulto más y nosotros con algunas cosas en la mano.
No más llegar empezó a ponerse feo y a tronar; unos minutos después Esteban salió hacia Vadició y la cosa se torno más oscura si cabe. En poco tiempo se organizo una gorda: lluvia, niebla, viento y algún trueno. Teniendo en cuenta los horarios de los que iban a subir pensamos que lo iban a tener muy difícil. A las once, cuando ya nos habíamos acostado sobre la paja del pajar que me hacía lloriquear y estornudar, aparecieron Cristóbal y Ángel, y aproveché para trasladarme a otra zona de la cabaña donde pegase menos la alergia. César no apareció. Según supe el domingo, día en que subieron César y Moisés, a las ocho de la tarde -cuando llego César a Valdició- llovía a raudales así que dejó una nota para subir al día siguiente y se fue a Santander; a las seis de la mañana del sábado llovía en Santander y cuando vino a darse cuenta ya era tarde para subir.
            El sábado nos levantamos despacio y tras unos preparativos largos y pesados nos fuimos a la Sima, mirando con insistencia hacia el valle por si veíamos a César subiendo. Nuestro objetivo era topografiar a partir de la Sala de la Esperanza y  explorar en punta. En los pozos de entrada nos entretuvimos haciendo algunas fotos. En la base de los pozos tuve que convencer a todos de que no merecía la pena llevar equipo vertical. Sin embargo no les quedo del todo claro, pues no detallé el tipo de galerías que íbamos a encontrar en la exploración; solo dije que era previsible que fueran de tipo horizontal y no avisé de la pesadez de la galería TGR. No son solamente las características de las galerías las que hacían que no tuvieran interés inmediato las cuerdas y los equipos verticales sino la sospecha de que la continuación iba a ser en suave pendiente hacia la Posadía, como así ha resultado ser. Tras la TGR y una comida, con algún Sopinstant incluido, comenzamos la topo quedándonos Ángel, Wychy y yo a cargo de la tarea. Rumbo y clino: Ángel, cinta métrica: Wychy, escribano: yo. El trabajo se hizo largo y pesado debido a lo jodido de la mayoría del recorrido. Al principio Cristóbal y Pedro fueron a la par buscando los mejores pasos pero al cabo de un rato se perdieron hacia una punta de exploración. Después de varias horas currando chocamos contra ellos en un sector de galería no muy ancho. Nos hablaron de un afluente , una zona recta y ancha, laminadores, un lago, coladas blancas y un caos de bloques en que lo dejaron por imposible. Los topografiadores continuamos hacia delante y los exploradores comenzaron a salir. Tras un buen rato llegamos a una confluencia de dos galerías similares y avanzamos un tramo cómodo hasta una desviación a la izquierda en forma de laminador con corriente de aire fuerte. En este punto nos pusimos a decidir si seguíamos o salíamos ya. No teníamos carburo, los carbureros estaban empezando a renquear, tampoco teníamos comida; decidimos salir. En la sala de la Esperanza nos habían dejado algo de carburo y comida. Finalmente y tras una penosa marcha alcanzamos los pozos de salida y ya en noche cerrada el exterior. De vuelta en la cabaña nos cocinamos una cena consistente en arroz y lentejas salpicado con vino y cerveza. El cocinero fue Wychy.
            El domingo tras un despertar sobresaltado por los rebuznos del personal aparecieron César y Moisés. Ángel, Cristóbal y Pedro se bajaron tras el desayuno y Wychy, César Moisés y yo hablamos de la mejor actividad para el día: tranquila y relajada. Nos fuimos a prospectar bajo el Colina unas cuantas simas que habíamos detectado hace unos meses. La segunda sima dio una continuación por una gatera sopladora que habrá que mirar. A continuación, bajo un apacible sol nos fuimos a una dolina en Brenacobos que se sitúa, según la topo, sobre la Sala del Hueso. En el fondo de la dolina se sume un regato pero no es penetrable. Dando vueltas por allí cerca César y Moisés descubrieron dos agujeros sopladores y fácilmente penetrables. Mientras tanto Wychy siguió una línea de dolinas, herbosas y empinadas, hacia el sur que podrían tener relación con la Sima del Carrio y yo me dirigi hacia el bosque, en el rumbo de la cueva, por un sendero abierto por caballos y vacas. A media tarde volvimos a la cabaña; César y Moisés se bajaron. Durante un rato Wychy y yo sopesamos las posibilidades de actividad para el lunes: desobstrucción, visita a los nuevos agujeros o punta de exploración con topografía. A pesar del repelús que nos daba la arrastrada del sábado venció la exploración en punta. El resto de la tarde Wychy se dedico a preparar unas pequeñas sacas con todo lo necesario, comida, carburo y material de topo, pero lo suficientemente pequeñas para que no incordiasen en la TGR y su continuación
            Temprano, el lunes en la mañana, desayunamos, más o menos, y partimos hacia la Sima. A las diez menos veinte estábamos entrando y a la una en el último punto de topo del sábado. La preparación de la actividad hizo que todo fuera bien. Decidimos explorar y topografiar a la vez. Nos metimos por un laminador arenoso a la izquierda que en breve torció a la derecha y que tras un par de laminadores nos llevo, de nuevo, al río y el río nos llevo, por un bonito tramo, a un lago de 10x3 metros que pasamos con sumo cuidado por la orilla izquierda. Así llegamos a una sala de la que nos costo salir, por entre bloques, de nuevo a río y tras varios pasos estrechos y una amplia galería a un sifón. Antes ya habíamos perdido la corriente aire entre los bloques de los desprendimientos. De vuelta exploramos una galería meandrosa con formaciones y la continuación del laminador  arenoso en el que comenzamos la topo. Este laminador acabó conduciendo a una zona demasiado baja para seguir pero previamente encontramos varios esqueletos de roedores, probablemente lirones, que nos garantizan que no estamos lejos de una salida. La vuelta por la TGR se me hizo especialmente penosa, pero me recuperé comiendo y descansando un rato. Al anochecer, con niebla y aún algo de luz, saliamos al exterior. Con cuidado de no perdernos en la niebla volvimos a la cabaña y nos hicimos una buena cena: lentejas, cous-cous y ensalada. Además quedaba una lata de cerveza.
            El martes Wychy debía volver por diversos compromisos y llamé a Esteban a ver si podía subir con la mula pero le era imposible: me dijo su hija que se había ido a hacer cosas a Santander. Nos dimos cuenta de que la logística era complicada: yo podía quedarme a esperar la mula y bajar el miércoles pero Wychy tenía las llaves de su coche en el mío. Después de darle bastantes vueltas tomé la decisión de bajarme con él llevándome el equipo personal y  lo más importante y dejar las dos lecheras llenas y preparadas con todo lo demás. Además dejamos abundante comida no perecedera en dos bolsas colgadas anti-ratones. Dicho y hecho. Tras una agradable comida tomamos nuestros bultos y nos bajamos despacito, nublado pero agradable, haciendo numerosas paradas para descansar los hombros, sobre todo los de Wychy que se bajo hasta la taladradora de gasolina a cuestas.
          Los resultados de la estancia son interesantes: unos setecientos metros más de topo que hay que añadir a los casi mil que ya teníamos y una cavidad que se pone en más de cuatrocientos de desnivel...no está mal. Y, aunque sea durillo, hay bastante más por topografiar y explorar en los afluentes  de la galería principal.

fotos en:    http://picasaweb.google.es/anjcor

26/6/04

Doble Juego (26/6/2004) Sistema del Carrio

   Antes o después teníamos que volver al Carrio. La sima se portó muy bien con nosotros la última vez que nos vimos. Los anteriores fines de semana había buscado compañeros del Club SCC o de otros clubs que me acompañasen a explorar en el Carrio, incluso traté de venderles la moto a algunos hablando de expedición ligth y cosas similares. Creo que a nivel sentimental algunos me hubieran acompañado. Finalmente el fin de semana 25/26/27 de Junio del 2004 Moisés se libera del curso de guía que estaba haciendo y César decide que este fin de semana "toca Carrio". Luis que depende de Moisés también viene. Por contra yo estoy un poco liao con mis amigos de Murcia que han venido al Naranjo y que se bajaron el martes pasado por el mal tiempo y están conmigo. Hemos ido a escalar el miércoles y quedo en hacer con ellos algo el viernes. Pero no cuadran las cosas y deciden volver a subir al Naranjo con ánimo de hacer la Sur Directa el sábado. No es un plan de mi predilección esa vía que he subido más de 10 veces. Me motiva más el Carrio. Así pues llamo a Moises -ya es viernes por la tarde- para unirme a la expedición. Moisés ha organizado una buena logística para aprovechar el tiempo: suben esa misma tarde del viernes César, Luis y él acompañados de otro hermano de Moisés y su novia y de una joven espeleóloga y de su madre que es montañera. En total cuatro porteadores para un campamento de una noche. Lo montan en el Hoyo Salcedillo y los porteadores se bajan de nuevo. Yo he decidido subir el sábado temprano.
     El reloj despertador está puesto a las cinco menos veinte pero se ha quedado sin pilas. Así pues salgo a las 10 y 1/2 de Setien me tomo un cafetito en el camping de San Roque y a las 11 y 1/2 estoy hablando con Óscar en Valdició. Su abuelo está en la cabaña de la Sota y decido ir a hablar con él antes de meterme en la Sima. Quiero conseguir una cabaña (la segunda semana de Julio) para montar un campamento en el Carrio. Subo con calor y decido andar en cueros sintiendo las caricias del sol y del viento; en una hora me planto en la cabaña y charlo con este hombre que me cae tan bien. El no puede dejarnos la cabaña en Julio pues la utiliza y allí están el y su mujer viviendo en una forma ancestral y en cierto modo admirable. Tengo la impresión de que el no hace esto por obligación, pues tienen una buena explotación vaquera abajo en la que están implicados sus hijos, sino que lo hace por que le apetece. Me ofrece la cabaña en Agosto -gratis- y también el caballo para subir lo que haga falta. La otra cabaña de la Sota también esta ocupada pero Esteban me sugiere que hable con Manuel Samperio, de San Roque, que tiene una cabaña cerca de del Mortero a unos diez minutos del collado del Carrio. Me despido de estas dos personas, tan amables que me ofrecen comer algo, y rápidamente me encuentro en la Sima.
    Decido revisar la zona nordeste -próxima a la base de los pozos- que nunca "tenemos tiempo" de ir a ver. La base del primer pozo sigue taponada con un enorme nevero de unos cinco metros de altura. Justo en la encrucijada en que el trío se unirá a la ruta común dejo tres hitos formados por piedras blancas y negras. Cuando entro en la zona que desconozco voy jalonando el recorrido de hitos bien visibles. Sin problemas avanzo y pongo suma atención en percibir todas las corrientes y sus direcciones para encontrar indicios interesantes de nuevas exploraciones. Me lo paso bien a mi bola. Reviso el río de la Sima que se va enratonando en las areniscas basales y que sopla muy débilmente. Hay continuación para gusanos. Luego echo un vistazo al río de la Pérdida que discurre por una galería alta y estrecha con desprendimientos abundantes. No sopla nada y el aspecto que va tomando es poco prometedor. Sin embargo aguas arriba de este río se encuentra una sala fósil con formaciones de la que parten varias galerías con un fuerte soplo evidente. Esto requerirá un nueva visita más pausada y con material de topo. De vuelta ya reviso una zona concreccionada de abundantes excéntricas de la que surge un soplo suave. Al cabo de tres metros se hace impracticable, y los soplos salientes no merecen la pena en esta zona tan cercana al exterior. Remonto la Sima placidamente y vuelvo al calor tropical de estos días.
    Después de comer tranquilamente me voy a ver, en cueros y bajo el sol de nuevo, la cabaña recomendada por Esteban. Está sin puertas y bastante arruinada, pero el lugar es bueno y tiene a dos minutos una fuente que arreglo un poco represandola con lodo y piedras. Las alternativas son: cabaña arruinada o tienda bajo el sol, la lluvia y lo que venga. Poco a poco voy bajando hacia Valdició en donde pido agua a la madre de Óscar. Luego les dejo una nota a los exploradores y me bajo a esperarles en el bar del camping tomando un refresco refrescante (atención a lo que tomaís). Moisés pasa con su hermano en el coche y me dice adiós, que no puede ni parar. César toma un refresco americano conmigo y me cuenta que, aunque cansado, el avance ha sido de unos 500 metros desde la Sala de la Esperanza y que han encontrado tres aportes nuevos, dos por la izquierda y uno por la derecha, lo que hace que el río se convierta ya en un cauce importante. César opina que el río romperá el estrato de arenisca y me cuenta que Moisés está desanimado y cansado. También César está cansado pero en plan bueno y decide volverse a Madrid esa misma noche. Sopesamos las posibilidades futuras y no son nada malas. Trabajo hay en la zona y estais invitados a ayudar. Volveremos próximamente al Carrio (en Julio).  

1/5/04

El Empeño (1/5/2004) Sistema del Carrio

   El sueño de todo espeleólogo es encontrar una cueva que dé satisfacciones al explorar; es decir buenas galerías y a ser posible cómodas, mucho terreno que explorar, formaciones, pozos molones & similares. Hace relativamente poco en una visita turística a la Sima del Carrio (que realicé intrigado por el hecho de que sus galerías estan entre 300 y 400 metros por encima de Hoyo Salcedillo) descubrí que las galerías de la sima conducen corrientes de viento y algunas de ellas muy fuertes. Fue así como se inicio mi interés por esta sima. Durante varias salidas reequipamos sus pozos y reconocimos de forma general la cueva, lo que nos reafirmó en nuestras primeras impresiones. Y hace unos meses realizamos nuestra primera salida de exploración que nos llevo hasta la Sala del Hueso en donde, trás un reconocimiento detallado, encontramos un paso estrecho soplador (Paso Luis XIV) que requirió una corta desobstrucción. Tras ello pudimos recorrer una galería -bautizada como Galería del Tigre, el Gato y el Ratón (TGR)- que, en aquel momento, estimamos como de un km. más o menos y que nos condujo hasta la Sala de la Esperanza en la que confluyen un torrente caudaloso, una chimenea gigantesca y la Galería TGR. 
    Este último sábado 1 de Mayo, y trás muchas tentativas frustradas por el tiempo u otras adversidades, hemos vuelto al Carrio. La cosa esta dudosa hasta el sábado por la mañana debido al tiempo, como siempre. Y es que la Sima del Carrio esta a 1400 metros de altitud en la la vertiente Noroeste del macizo del Porracolina, lo que significa que la mayoría de los frentes golpean duro allí; además la boca esta desprotegida por completo. Así pues Moises, Luis y César quedan conmigo en Solares a las 8 de la mañana y poco después, todos juntos en el coche de César, ya estamos en Vadició. El tiempo está muy frío, pero parece estable y se observa que las nevadas de los dias anteriores no tienen continuidad en el terreno. El ascenso, de 800 metros, lo hacemos a paso de guerrilleros en una hora y cuarto llegando a la boca sudaos y hartos. La primera sorpresa nos espera alli mismo: un embudo de nieve tapiza las pendientes de la dolina y oculta la cabecera de la instalación. Rapidamente instalamos desde la ladera de enfrente, en un afloramiento de roca compacta y buena, un par de parabolts. Tenemos suerte de que la cuerda que traemos sea de 80 metros, pues algo mas corta no habría dado desde la nueva cabecera. La bajada esta salpicada de goteras abundantes y de chaparrones de nieve. Debido al formidable tapón de nieve la remontada entre el pozo de entrada y el de 35 metros se ha reducido a algo más de 2 metros y la cuerda que tenemos en el pozo de entrada esta tan pisada por el peso de la nieve que es imposible utilizarla. En este ambiente de nevera las ideas se nos refrescan rapidamente y el cuerpo también, asi que en cuanto el último toca tierra en la red de galerías horizontales salimos a toda marcha. Seguimos el itinerario más cómodo hacia la Sala del Hueso: Río de la Sima-conexión-Río de los Pigmeos-conexión-Río de los Puentes hasta el enlace con el Río de la Servidumbre. Paramos a organizar la logística: mientras César y Luis van a ir a topografiar la galería TGR Moises y yo iremos al punto más bajo de la sima (-185), provistos de cuerdas y material para equipar por si hubiera resaltes, y exploraremos las posibilidades de continuación en este punto. Por si las moscas quedamos a las 6 en donde nos separamos. Pronto Moises y yo descubrimos que los pozos son ocupan laterales de la galería principal y que desde -160 se va bajando por resaltes y bloques hasta -185 sin necesidad de cuerdas; allí se observa un gran desprendimiento de bloques con abundante corriente (saliente el sábado) que obstruye la galería; a nivel del techo de la galería la desobstrucción parece posible. Por el lateral derecho de la galería Moises explora una diaclasa con chimenea ascendente que, según el, tiene muchas posibilidades. De vuelta ya, abandonamos todo el peso superfluo en el punto de encuentro y vamos a reunirnos con César y Luis a los que alcanzamos cerca de las chimeneas de la Galería TGR. Nos quedamos César, Luis y yo para agilizar el resto de la topo y Moisés prosigue para explorar las continuaciones de la Sala de la Esperanza. La topografía avanza a buen ritmo con tiradas de hasta 20 metros. Al cabo de bastante tiempo (el tiempo pasa volando mientras trabajamos) Moisés vuelve mojado y casi eufórico y nos cuenta de las galerías y el río que ha descubierto más allá de la Sala de la Esperanza. Nos ponemos todos a hablar con excitación y es difícil meter en cintura al grupo y terminar el trabajo de topo. Moises regresa a algún lugar resguardado para descansar y calentarse mientras nosotros acabamos el corto tramo que resta hasta la Sala de la Esperanza. En total salen 960 metros de topo sin contar ninguna de las galerías laterales. 
    Y comenzamos la vuelta que se convierte poco a poco en un duro empeño por no reventar los músculos lumbares. Encontramos a Moises en un rincón de la segunda chimenea hecho un pajarito; para no helarse se ha metido el carburero encendido bajo la camiseta haciendo una especie de tienda de campaña. La TGR se hace muy larga y empezamos a pensar que mejor hubiera sido no "empeñarse" tanto en explorar. Al erguirnos de nuevo, ya cerca de la Sala del Hueso, hemos olvidado la posición erecta. La reventada se va notando y de vez en cuando paramos a resoplar para seguir resoplando. Moises quiere salir el primero para no helarse y bajar al coche sin pausa para no quedarse en el exterior como un témpano. El orden de salida será: Moises, Luis, César y el último yo como siempre. Me cuesta deshacer los nudos de la cuerda y las mojaduras del pozo de 35 me han dejado empapado. Además, para amenizar, caen chaparrones de nieve granulada. El penultimo fraccionamiento requiere algunas virguerias y equilibrios pero no pasa nada y además no hace viento, ni nieva, ni llueve, hay un poco de luz y la niebla no es densa. A contrareloj recogemos todo nos abrigamos y ayudados por las linternas y la Luna descendemos. Durante el descenso el cielo se muestra con todo su explendor hacia el Norte tachonado de estrellas y del planeta Venus que parece al alcance de la mano. A las 11 y pico hemos alcanzado el refugio del coche. El termómetro marca 2º y los perros de la casa de Oscar ladran con ahínco excitados por el jaleo que montamos y por mi vacilón gu-gu-gu.
    Quedamos en que volveremos al Carrio pero no mañana.

11/10/03

Pepinazo (11/10/2003) Sistema del Carrio

       El sábado muy temprano fuimos Moises, Luis y yo al Carrio cargaditos de peso y de ilusiones. A las 10 estábamos  entrando. Despues de una revisión a fondo en una de las zonas terminales (Sala del Hueso) descubrimos una grieta estrecha en roca madre por la que se escapaba casi todo el viento bajo un caos de bloques algo inestables. Tras comprobar que no había ningun otro acceso hacia esa oquedad, nos pusimos a desobstruir. Tres tiros certeros y fuera. Destrepamos una zona algo estrecha y por una gatera ¡bingo! nos metemos en una galería cómoda con la corriente de viento a tope. Avanzamos al menos un kilometro por la galería del Tigre, el Gato y el Ratón hasta llegar a un aporte  y una sala con varias posibilidades y a partir de ahí nos volvimos. Total de coche a coche 13 horas. Propongo, para esta semana o la que viene, que vaya un grupo amplio (6personas sería lo optimo) para topografiar, explorar esa zona y revisar otras zonas. Esto promete.