27/8/26

Mostajo de nuevo (Matienzo)


 
              El jueves 27 de agosto volvimos al Mostajo César, Guillermo y yo. Cuando ya estábamos instalando el pozo de entrada apareció una furgoneta de espeleos subiendo la carretera hacia los aparcamientos. Nos dimos más prisa para que no se juntasen con nosotros tres –no sabíamos cuantos vendrían–  en los pozos, los resaltes y gateras. Esas cosas entorpecen mucho el avance. La “prisa” hizo que nos estresáramos un poco y que sudásemos algo más de lo usual. Pero tampoco era para tanto. Tras el pasamanos, la gatera arenosa, el resalte, la gatera pedregosa y la instalación del Golden Void aterrizamos serenamente en el segundo nivel. Se trata de una parte de la cavidad llena de bonitos rincones y de un sinfín de zonas que todavía no hemos visitado. Nuestro objetivo era visitar algunas de esos rincones y echar un vistazo a las zonas desconocidas. De alguna manera he conseguido tener en la memoria la estructura de los principales recorridos de ese nivel lo que hace que ya pueda moverme sin topografía. 

          Anduvimos viendo rincones, mirando itinerarios y haciendo alguna foto durante unas horas. Fue un ejercicio intenso. Mientras estábamos comiendo para reparar fuerzas nos adelantaron los otros visitantes de la zona. Eran tres murcianos, dos chicos y una chica, de Jumilla y Fortuna. Todavía le dedicamos un buen rato a ver más rincones y hurgar en zonas nuevas para nosotros.

Comenzamos la vuelta un poco cansados, lo que con la perspectiva de los pozos y gateras resultaba un poco ominoso. Pero luego la cosa no fue para tanto y poco a poco fuimos superando las dificultades. Para las siete estábamos saliendo. Mientras nos cambiábamos les conté nuestra aventura en la Quebrada Alpamayo, con las mulas huyendo de la altitud y el sobrio mulero que solo necesitaba un poncho y un saquito de maíz tostado para corretear a cincomil metros. Las nubes se compactaron y comenzó un fuerte chaparrón que amenazó con empaparnos. Pero curiosamente amainó en cuanto estuvimos sentados en el maravilloso coche de César. En Fuente las Varas nos despedimos de Guillermo. Y en Puente Agüero nos despedimos César y yo. Dentro de poco volveremos a cuevear si las condiciones se cuadran.   

 
 
 



 FOTOS DE LA SALIDA

21/8/26

Overbooking (Arroyo Molino/Seña)

 

           Como resultado de la fortuna pudimos quedar, con César y Encarna, el viernes 21 de agosto del 2026, para visitar una cueva. Aunque en los últimos meses he estado con Guillermo en muchas cuevas interesantes que no conocemos aún bien -y que requerirán nuevas visitas- se decidió ir al Mostajo. Principalmente porque César hace mucho que quiere visitar una zona muy bella de la cavidad, -a la que los ingleses de Matienzo llaman Wonderland- pero también donde yo quiero hacer algunas fotografías con buena iluminación. A Encarna le pareció bien volver al Mostajo.

            El día se presentó nefasto. Caía una cortina de agua que empapaba al instante. Además el día anterior no había parado de jarrear agua del cielo. Sin embargo al comenzar a bajar hacia el Valle de Matienzo paró de llover y comenzó a escampar. Terminamos el viaje en el aparcamiento cercano al Mostajo y comenzamos a prepararnos. A los cinco minutos aparecieron dos coches con nueve espeleólogos valencianos con intención de visitar la misma cueva. En mi opinión estas situaciones se evitarían si se crease una página web institucional espeleológica para la inscripción de visitas planeadas y participantes en la visita. Podría ser gestionada por una -o varias- consejerías (Cultura o Turismo, o Medio Ambiente o Deporte) con un doble objetivo: en primer lugar el control en tiempo real de salidas/entradas a cavidades; en segundo lugar la posibilidad de autoplanificar mejor las colas de visitas. Y en tercer lugar podrían hacerse recomendaciones ajustadas y precisar las normas a seguir.    

Decidimos -tras un segundo de clarividencia- que éramos demasiados para los pozos y gateras del Mostajo y que nos íbamos a otra cueva. Guillermo tuvo la brillante idea de ir a Arroyo Molino en Seña. Nos fuimos pasando por San Pantaleón de Aras para dejar su coche y coger un casco para mí. Al cabo de un rato estábamos junto a la iglesia de Seña y con sacas bien ligeras nos encaminamos a la cueva.

El camino es bonito, se pasa por avellanales, praderas y helechales. Una manada de yeguas y potros pastaba feliz en un claro del bosque. La boca está en una depresión repleta de vegetación exuberante. Como la otra vez que estuve, en la misma galería de entrada, empezamos a ver por las paredes insectos muertos. Creo que fue César el que identifico los bichos como carcasas abandonadas tras la metamorfosis de libélulas. La confirmación la obtuvimos al encontrarnos con hermosas libélulas negro-amarillas, vivas, posadas por las paredes.

Tras hacer algunas fotos en la Galería Nolavieron recorrimos el meandro por el que discurre el arroyo hasta desembocar en la Gran Sala de las Coladas. Visitamos, a mano derecha, el Afluente Norte, con bonitas formaciones y continuamos, aguas abajo, hasta El Tobogán y la Sala del Manuscrito. Un poco más allá nos freno la misma zona acuática que la otra vez que estuve. Se puede asumir la mojadura o llevar un neopreno, pero como no estábamos ni en una cosa ni en la otra comenzamos a salir. Por el camino hicimos algunas fotos con flashes.

Fuera el día estaba espléndido, con grandes nubes de tormenta y ambiente nítido. Desde las mesas del bar unos hombres mayores nos preguntaron y comentaron sobre la cueva. Parece que fue una cueva muy popular visitada por jóvenes, niños y adolescentes hace décadas, tal vez más de treinta años. Nosotros nos fuimos escuchando música en el mercedes de César con un punto de relajación somnífero. En San Pantaleón tomamos cervezas y recogimos manzanas. Y hablamos de las próximas salidas para cuevear...     

 

 

 

FOTOS DE LA ACTIVIDAD 

13/8/26

Pásame las sacas (Rascavieja/Matienzo)

 
           Como si estuviese en la costa de Colombia -y no a orillas del Cantábrico- un bochorno húmedo y nublado establecía su dictadura inapelable. Desde la casona de San Pantaleón, donde había quedado con Guillermo, nos acercamos hasta Matienzo y, siguiendo luego el valle de Seldesouto, finalmente nos desviamos hacia un aparcamiento cercano a la Sima del Mostajo. Una senda bastante cómoda en sus dos primeros tercios e inexistente en su tercio final nos esperaba. A nuestro hartazgo contribuyeron no sólo el calor y la humedad, sino también lo incómodo del terreno. Yo, iluso de mí, pretendía llegar sin sudar pero fue imposible por completo. Intentamos secarnos frente a la boca de la cavidad, donde el soplo de aire fresco nos trasladó al paraíso terrenal por un rato. Para descansar un poco me quedé contemplado la pared extraplomada –con abundantes vías de escalada inverosímiles- que domina la boca de la gruta. Luego penetramos en la cueva.

         Íbamos contentos y felices, como inocentes cervatillos por un bosque tapizado de jugosa hierba, rodeados de bonitas formaciones, de grandes salas, de todo un hermoso mundo subterráneo. Con este maravilloso estado de ánimo el recorrido hasta el primer conjunto de estrecheces entre bloques (choke 1) lo hicimos en unos quince minutos.  Pero se acercaba nuestra dura tarea, el tránsito de los dos chokes. La táctica que íbamos a seguir para pasar las estrecheces estuvo clara desde el primer momento. El primero pasaba una estrechez, el segundo le pasaba las dos sacas y finalmente el segundo recorría la estrechez. Técnicamente podríamos llamarlo “método de la oruga reptante con giba” o “pásame las sacas”. Esto lo hicimos por un tiempo indefinido hasta emerger por el otro extremo a una galería amplia pero “confusa”. Esa confusión se debía a la gran cantidad de caminos posibles y a la falta de estructura “típica”. La galería me sugería una gran grieta –¿o fractura de falla?– que se hubiese ido rellenando de bloques, enormes y medianos, desprendidos del techo hasta colmarla a media altura. Para nuestro consuelo las indicaciones eran muy abundantes, hitos y catadióptricos, y producían una gran confianza de estar en el “buen camino”.

El pasaje del segundo choke fue de una dificultad ligeramente superior a la del primero. Hubo varios pasos en los que para meterse de cabeza tuvimos que hacer contorsiones, tuvimos un laminador de aspecto imposible -aunque luego la dificultad real era poca- y en algunos sitios la continuación “evidente” no era el verdadero camino sino que, más bien, era necesario mirar hacia atrás o hacia arriba. En fin, el largo pasaje requirió –y requerirá cada vez que se pase– pensar en abundancia y hacer contorsiones creativas. Pero al final desembocamos en una amplia galería con la cara sonriente.

 
 

Avanzar caminando tal cual no era una opción en esta zona. Era necesario andar con cuidado sobre bloques, realizar destrepes, trepadas y búsquedas del “buen camino”. Finalmente tras varias vicisitudes y algunas fotos llegamos a Wind of Change y poco después a stn 25-choke2.61 o, más escuetamente, punto de topo 61. El chorro de viento que subía por la empinada rampa-laminador era muy notable. Ya eran las dos y media y si seguíamos avanzando hacia Lloyd’s Grotto y Yahoo Chamber se nos iban a ir como mínimo una hora y media para llegar y otro tanto, o más,  para volver al punto 61. Esto sumaban 3 hora a las que íbamos a gastar –pero ya bien cansados– pasando los dos chokes y caminando después hasta la salida. Además había que desandar la senda hasta el coche. Era seguro que acabaríamos ya de noche. Algo me dijo que era buena idea volvernos desde aquí, pero Guillermo estaba ilusionado por seguir. Decidimos comer algo allí mismo, instalar la cuerda de 15 metros a un natural y que sólo Guillermo avanzase un poco más para verificar la complicada geografía hasta el destrepe que se inicia en el punto 63 de la topo. Esperé arriba mirando los rincones de la zona y deambulando por los recovecos de la mente. Unos minutos después Guillermo volvió contento. Había verificado que la ruta de continuación se correspondía bien con la topo.

En la vuelta hacia la salida agradecimos mucho los hitos y marcas luminosas que habíamos añadido a las ya colocadas por los exploradores ingleses. En los dos choques verificamos que íbamos acumulando cansancio y torpeza a nuestro estado inicial. Para cuando llegamos a la rampa de salida estábamos cansados de verdad. Un poco después de las seis emergíamos al exterior y alrededor de las siete estábamos en el aparcamiento. Hacia las siete y media o poco más paramos en Casa Germán sin éxito. No había ni un triste pincho de tortilla. Media hora más tarde llegamos a la casona de San Pantaleón donde bebimos buena cerveza acompañados por Casilda y Cristina, las primas de Guillermo. Charlamos de todo lo habido y por haber mientras el atardecer se adueñaba del Valle de Aras creando un mundo aparte. La magia que rezumaba por doquier hacía sencillo comprender la predilección de Guillermo y su familia por el sitio de sus ancestros.

 

 


 RASCAVIEJA INFO.        RASCAVIEJA TOPO   



2/8/26

Helguera con Guillermo (Soba)

 
               La Cueva de la Helguera es poco conocida a pesar de su interés espeleológico y de la belleza visual de sus enormes galerías. A finales de la última semana de julio Guillermo se acercó a los Puertos del Asón para localizar la boca de la cavidad con intención de ir a visitarla unos días más tarde. A pesar de “llegar” a las coordenadas que vienen reseñadas en las publicaciones la boca de la cueva no estaba allí. Había en las cercanías otras cuantas “bocas”: 2671, 2672, 2673 y 2676, pero la 1975 no apareció por ningún lado a pesar de que Guillermo subió y bajó por terrenos de jungla -llena de zarzas, helechos, espinos y tojos- y de lapiaz -inhóspitos a más no poder- que le regalaron con una enorme sudada. Poco tiempo después de este esforzado intento se resolvió el misterio: las coordenadas indicadas en la reseña venían para un datum diferente, más antiguo, al usado por el software del móvil. Una vez introducido el datum correcto las bocas encontradas se situaban con bastante precisión en el mapa y la Cueva de la Helguera quedaba “ubicada” en un punto a doscientos metros -aproximadamente- al SE de la zona pateada por Guillermo...

Bajando desde Alisas me sorprendió un mar de nubes espectacular sobre el valle. A las nueve me encontré con Guillermo en Arredondo y seguimos en mi coche hasta los Puertos del Asón. No había ni una nube a la vista pero todavía se notaba el fresco matutino. El aparcamiento estaba empezando a llenarse y un simpático burro, que suele habitar por allí, hacia su ronda entre los humanos buscando alguna delicia vegetal gratuita. Hacer el equipaje fue un poco costoso debido a que los objetos aparentemente ocupaban más de lo que podía meterse en las sacas. Sin embargo al final todo se ubicó debidamente y pudimos emprender la marcha. 

Al principio todo fue bien. Había una buena senda, el objetivo resultaba evidente y el ambiente parecía propicio. A ojo de lejanía había calculado una posible ruta hacia la boca para eludir las junglas y lapiaces subiendo lateralmente para acercarse ganando altura poco a poco. Guillermo tenía claro que debíamos meternos en la canal selvática para ganar altura directamente con rumbo a la cueva. Después de unas dudas opté por probar mi opción y Guillermo siguió directo hacia la canal. La ruta imaginada por mí fue bien hasta pasar un primer hombro marcado por una valla de piedras. A partir de ahí comenzó a complicarse  la cosa. Guillermo derivo hacia el sur por un terreno malo, aunque no demasiado, y terminamos volviendo a juntarnos. Fue entonces cuando el terreno se hizo malo no, fatal. Y el gps indicaba la boca a 300 metros al sudeste. Pensé que si todo el recorrido hasta la cueva iba a ser así yo acabaría reventando allí mismo. Durante un tiempo indeterminado se nos hizo infernal el avance. Recuerdo de ir a rastras entre agujeros tapados por la hierba y matojos espinosos asesinos. Finalmente desembocamos en un bosque de avellanos. atravesado por una providencial senda de vacas que subía canal arriba en dirección a la gruta. Tras un corto rato de caminata penetramos en un hayedo de sueño por el que fuimos ascendiendo, ya sin senda clara pero de tránsito cómodo. Y finalmente apareció la cueva.

 
 

 

Después de una breve inspección de la entrada del pozo de 8 concluimos que se habían utilizado roscapiedras y que no existía ninguna instalación que pudiésemos usar. Así que probamos a ver que tal si entrábamos por la gatera sopladora. La cosa fue bien pero un resalte de tres metros con paredes resbalosas me indicó que era mejor poner una cuerda para poder salir, así que abandonamos la idea. Guillermo decidió usar la cuerda de 30 que traía, atándola a un avellano a unos doce metros de la entrada. Enseguida, poniendo un protector para el roce, estábamos en el comienzo de la gigantesca Galería Dogora. Una pedrera de bajada y dos empinadas pedreras de subida nos llevaron hasta la primera desobstrucción justo en donde el techo se une a la pedrera. Se trata de un trabajo de pala y capazos para retirar un volumen enorme de piedrecillas. Lo suficiente para permitir el paso cómodo de los humanos. Un admirable trabajo de excavación de, al menos, veinte metros. Al otro lado una pedrera de bajada y un ascenso equivalente por bloques y coladas nos llevaron, atravesando una sala de unos 50 metros, a las dos desobstrucciones en roca que permitían seguir adelante. El viento en estas estrechas gateras era muy violento y hacía bastante ruido. Me resultaba un poco atemorizador el ambiente. Las desobstrucciones en formaciones y coladas terminaron en la cabecera de un pozo de seis metros. Desde aquí decidimos volver atrás y dejar la visita al piso inferior para la próxima ocasión.

Comimos en la sala de 50 metros y volvimos hacia la Galería Dogora con intención de hacer una foto reflejando su grandiosidad. La foto nos llevó una hora y media de mover los flashes a intervalos de 20 metros. A la salida sufrimos el contraste entre 8ºC y 24ºC. Siguiendo el camino de vacas y su continuación hacia el oeste terminamos en un depósito de agua cilíndrico, ya muy cerca de la senda buena. En pocos minutos bajamos a Asón a tomar unas bebidas refrescantes. Nos pareció que enseguida íbamos a volver a la Cueva de la Helguera pero por un camino decente. La cueva promete muchas sorpresas.