2/8/26

Helguera con Guillermo (Soba)

 
               La Cueva de la Helguera es poco conocida a pesar de su interés espeleológico y de la belleza visual de sus enormes galerías. A finales de la última semana de julio Guillermo se acercó a los Puertos del Asón para localizar la boca de la cavidad con intención de ir a visitarla unos días más tarde. A pesar de “llegar” a las coordenadas que vienen reseñadas en las publicaciones la boca de la cueva no estaba allí. Había en las cercanías otras cuantas “bocas”: 2671, 2672, 2673 y 2676, pero la 1975 no apareció por ningún lado a pesar de que Guillermo subió y bajó por terrenos de jungla -llena de zarzas, helechos, espinos y tojos- y de lapiaz -inhóspitos a más no poder- que le regalaron con una enorme sudada. Poco tiempo después de este esforzado intento se resolvió el misterio: las coordenadas indicadas en la reseña venían para un datum diferente, más antiguo, al usado por el software del móvil. Una vez introducido el datum correcto las bocas encontradas se situaban con bastante precisión en el mapa y la Cueva de la Helguera quedaba “ubicada” en un punto a doscientos metros -aproximadamente- al SE de la zona pateada por Guillermo...

Bajando desde Alisas me sorprendió un mar de nubes espectacular sobre el valle. A las nueve me encontré con Guillermo en Arredondo y seguimos en mi coche hasta los Puertos del Asón. No había ni una nube a la vista pero todavía se notaba el fresco matutino. El aparcamiento estaba empezando a llenarse y un simpático burro, que suele habitar por allí, hacia su ronda entre los humanos buscando alguna delicia vegetal gratuita. Hacer el equipaje fue un poco costoso debido a que los objetos aparentemente ocupaban más de lo que podía meterse en las sacas. Sin embargo al final todo se ubicó debidamente y pudimos emprender la marcha. 

Al principio todo fue bien. Había una buena senda, el objetivo resultaba evidente y el ambiente parecía propicio. A ojo de lejanía había calculado una posible ruta hacia la boca para eludir las junglas y lapiaces subiendo lateralmente para acercarse ganando altura poco a poco. Guillermo tenía claro que debíamos meternos en la canal selvática para ganar altura directamente con rumbo a la cueva. Después de unas dudas opté por probar mi opción y Guillermo siguió directo hacia la canal. La ruta imaginada por mí fue bien hasta pasar un primer hombro marcado por una valla de piedras. A partir de ahí comenzó a complicarse  la cosa. Guillermo derivo hacia el sur por un terreno malo, aunque no demasiado, y terminamos volviendo a juntarnos. Fue entonces cuando el terreno se hizo malo no, fatal. Y el gps indicaba la boca a 300 metros al sudeste. Pensé que si todo el recorrido hasta la cueva iba a ser así yo acabaría reventando allí mismo. Durante un tiempo indeterminado se nos hizo infernal el avance. Recuerdo de ir a rastras entre agujeros tapados por la hierba y matojos espinosos asesinos. Finalmente desembocamos en un bosque de avellanos. atravesado por una providencial senda de vacas que subía canal arriba en dirección a la gruta. Tras un corto rato de caminata penetramos en un hayedo de sueño por el que fuimos ascendiendo, ya sin senda clara pero de tránsito cómodo. Y finalmente apareció la cueva.

 
 

 

Después de una breve inspección de la entrada del pozo de 8 concluimos que se habían utilizado roscapiedras y que no existía ninguna instalación que pudiésemos usar. Así que probamos a ver que tal si entrábamos por la gatera sopladora. La cosa fue bien pero un resalte de tres metros con paredes resbalosas me indicó que era mejor poner una cuerda para poder salir, así que abandonamos la idea. Guillermo decidió usar la cuerda de 30 que traía, atándola a un avellano a unos doce metros de la entrada. Enseguida, poniendo un protector para el roce, estábamos en el comienzo de la gigantesca Galería Dogora. Una pedrera de bajada y dos empinadas pedreras de subida nos llevaron hasta la primera desobstrucción justo en donde el techo se une a la pedrera. Se trata de un trabajo de pala y capazos para retirar un volumen enorme de piedrecillas. Lo suficiente para permitir el paso cómodo de los humanos. Un admirable trabajo de excavación de, al menos, veinte metros. Al otro lado una pedrera de bajada y un ascenso equivalente por bloques y coladas nos llevaron, atravesando una sala de unos 50 metros, a las dos desobstrucciones en roca que permitían seguir adelante. El viento en estas estrechas gateras era muy violento y hacía bastante ruido. Me resultaba un poco atemorizador el ambiente. Las desobstrucciones en formaciones y coladas terminaron en la cabecera de un pozo de seis metros. Desde aquí decidimos volver atrás y dejar la visita al piso inferior para la próxima ocasión.

Comimos en la sala de 50 metros y volvimos hacia la Galería Dogora con intención de hacer una foto reflejando su grandiosidad. La foto nos llevó una hora y media de mover los flashes a intervalos de 20 metros. A la salida sufrimos el contraste entre 8ºC y 24ºC. Siguiendo el camino de vacas y su continuación hacia el oeste terminamos en un depósito de agua cilíndrico, ya muy cerca de la senda buena. En pocos minutos bajamos a Asón a tomar unas bebidas refrescantes. Nos pareció que enseguida íbamos a volver a la Cueva de la Helguera pero por un camino decente. La cueva promete muchas sorpresas.