Fotos : Guillermo y Antonio
Texto: Ant on Ío
Desde el Alto de Fuente las Varas fuimos ya en un sólo coche hasta la remota zona de aparcamiento (cercana a la de la Torca Mostajo). Seldesouto, que tal vez sea el punto más olvidado de la Cornisa Cantábrica, estaba muy bonito, primaveral y brillante. Había calma en todo. Cruzamos un prado y subimos algo más de cincuenta metros de desnivel por entre un bosque de robles, castaños, encinas y laureles. Primero encontramos la boca superior y algo a su derecha, hacia el norte, la boca principal. Una cómoda instalación de dos anclajes y un fraccionamiento -que se resolvió con veinticinco metros de cuerda y tres mosquetones- nos depositó en la pendiente de acceso a una gran sala. Caminando por cerca de su borde derecho accedimos a la Sala GES y algo más allá la Sala de los Bloques. Grandes, altas y anchas, salas así no son comunes en el paisaje subterráneo de Matienzo. Algo antes de una cómoda gatera de calcita maciza las paredes se recubren de abundantes corales de colores variados. Pasada la gatera entramos en una zona en la que se entremezclan con largueza formaciones gravitacionales y excéntricas de calcita a lo largo de varias galerías.
La vuelta al exterior llevó menos tiempo porque paramos menos veces a hacer fotos. Solo hicimos un descanso para comer en la primera sala. La subida de la sima fue más que otra cosa un poco incómoda por lo resbaladizo de sus paredes. Fuera ya, el ambiente primaveral había estallado de vida y unas nubes de tormenta gigantescas crecían sobre el Macizo de Mortillano-Porracolina. Era magnífico contemplarlas... Esta cueva es ideal para visitas tranquilas, por eso volveremos, pero también porque han quedado por conocer unos cuantos flecos que podrían ser muy interesantes.
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