19/4/26

Simas del Picón (site 0075 Matienzo)

Fotos : Guillermo y Antonio

Texto: Ant on Ío

 
             El jueves le pregunté a Guillermo a qué cueva quería que fuéramos el domingo. Hablamos por tf de varias posibilidades: Cueva de la Morenuca (site 0774), Simas del Picón (site 0075), Mostajo (site 0071), Torca Decepción (site 4732), Vallina. (site 4382). Como no queríamos mucho esfuerzo, ni mucha agua, ni repetir demasiado nos inclinamos hacia las Simas del Picón en Matienzo. Poca aproximación, pocos pozos, pocas gateras, cueva bonita.

              Desde el Alto de Fuente las Varas fuimos ya en un sólo coche hasta la remota zona de aparcamiento (cercana a la de la Torca Mostajo). Seldesouto, que tal vez sea el punto más olvidado de la Cornisa Cantábrica, estaba muy bonito, primaveral y brillante. Había calma en todo. Cruzamos un prado y subimos algo más de cincuenta metros de desnivel por entre un bosque de robles, castaños, encinas y laureles. Primero encontramos la boca superior y algo a su derecha, hacia el norte, la boca principal. Una cómoda instalación de dos anclajes y un fraccionamiento -que se resolvió con veinticinco metros de cuerda y tres mosquetones- nos depositó en la pendiente de acceso a una gran sala. Caminando por cerca de su borde derecho accedimos a la Sala GES y algo más allá la Sala de los Bloques. Grandes, altas y anchas, salas así no son comunes en el paisaje subterráneo de Matienzo.  Algo antes de una cómoda gatera de calcita maciza las paredes se recubren de abundantes corales de colores variados. Pasada la gatera entramos en una zona en la que se entremezclan con largueza formaciones gravitacionales y excéntricas de calcita a lo largo de varias galerías.

 
 
 
             Una encrucijada nos lleva, si tomamos hacia el oeste, a una rampa arenosa que se precipita hacia una especie de pozo, por un lado, o al comienzo de una travesía que requiere un pasamanos hacia la The Music Box. Nos quedaron pendientes de visita. Si tomamos hacia el norte un conjunto de galerías muy macizas -con pasos de chimenea, trepadas y destrepes- nos condujeron a un pozo arenoso sin instalar. También nos quedó pendiente de visita.

              La vuelta al exterior llevó menos tiempo porque paramos menos veces a hacer fotos. Solo hicimos un descanso para comer en la primera sala. La subida de la sima fue más que otra cosa un poco incómoda por lo resbaladizo de sus paredes. Fuera ya, el ambiente primaveral había estallado de vida y unas nubes de tormenta gigantescas crecían  sobre el Macizo de Mortillano-Porracolina. Era magnífico contemplarlas... Esta cueva es ideal para visitas tranquilas, por eso volveremos, pero también porque han quedado por conocer unos cuantos flecos que podrían ser muy interesantes.       


 
 

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