Esta vez volvía al Solíns para mostrar esa cueva tan bella -y también tan sencilla- a los miembros de mi familia que se sienten atraídos por el mundo subterráneo. No mucha atracción pero la suficiente como para atreverse con una cueva sin grandes complicaciones. Aunque es cierto que la complejidad de una actividad espeleológica es puramente subjetiva. Lo que a unos les parece un paseo subterráneo a otros le puede parecer un infierno.
Bien tarde en la mañana del Miércoles Santo Eduardo, Irene, Iris y yo nos deslizamos como una brisa tranquila por el florido paisaje murciano. Y verde como nunca lo había visto antes. Desde Las Casicas, pedanía de Fortuna, tomamos una pista sinuosa hasta una zona llana y amplia que sirve de aparcamiento. Un tramo corto por pista y luego una senda entre bancales nos condujeron en menos de quince minutos a la boca de la cueva oculta en un bosquecillo de pinos grandes. Nos tomamos un buen rato para prepararnos en el porche sobre tal vez para adaptar el ojo de la intensa radiación exterior a la oscuridad o quizás para disfrutar de las sensaciones.
Ya en la primera galería comenzaron las quejas. Primero por los inofensivos opiliones, luego por las pequeñas arrastradas, más tarde por los tranquilos y pacíficos murciélagos. A Irene le fue pasando factura la tensión que le producía el ambiente subterráneo. En las dificultades se le disparaba la adrenalina... Sea como fuere llegamos a la Sala de los Cristales. Con más dudas que certezas proseguimos hacia el interior con la esperanza de que nadie -ahí estaba la promesa de la Sala de las Excéntricas- se amilanase ante nada... Sin embargo la realidad fue que al comenzar el laminador -que suele llamarse Paso de las Tortugas- Irene nos dijo que mejor volver hacia la salida para no agotarse. Era razonable hacerlo así, ese "paso de tortugas" es un poco más estrecho de lo que suele aceptar alguien que no es espeleólogo. La que más sintió que nos volviésemos hacia el exterior fue Iris a la que los pasos estrechos no le hacen ningún efecto.
La vuelta fue parecida a la ida, mismas quejas por opiliones, murciélagos y estrecheces, y mismos cansancios. Esos opiliones, todo hay que decirlo, ni siquiera son arañas aunque si son arácnidos. El día estaba radiante y tras asearnos un poco nos fuimos a relajarnos en la piscina de los Baños de Fortuna con la ilusión de volver al Solíns para ver la Sala de las Excéntricas.



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