15/1/26

Entrenando (Hoyuca)

 
           El jueves quedé con Encarna y una amiga suya, Vanesa, para ir a la Hoyuca. Con intricadas agendas imposibles, a ellas les venía bien hacer espeleología entre semana, y a mí me venía aun mejor entrenarme con vistas a los fines de semana. A las nueve y media nos vimos en Solares y a las diez estábamos cambiándonos junto a la Iglesia de Riaño.

              Mientras caminábamos hacia la boca nos saludaron todos los perros del pueblo que tienen libertad de movimientos. Alguno que no la tiene permaneció en un sospechoso silencio. La terrosa entrada a la Hoyuca se está desmoronando poco a poco. Cada vez que vuelvo allí el paso del "pozo-buzón" exige mover mejor todo el cuerpo para no darse un gran trompazo. Pero eso le da alicientes a estas actividades subterráneas, porque suponen un reto que, sin ser extremo, estimula mucho, tanto física como mentalmente.

              Las llevé a visitar unas galerías, a la izquierda de la ruta principal, más para que no se me olviden a mí por completo que por su interés. Nadie suele recorrerlas en la ruta principal hacia Quadraphenia. Tras el clásico paso de la estrechez (con buzón de salida) seguimos la ruta tradicional por las hermosas galerías que dibujan amplios zig-zags. Más tarde visitamos una galería arenosa, fósil, que desemboca en un balcón sobre Pigs Trotter Chamber. También le echamos un vistazo al pequeño cañón que forma el afluente de Marathon Passage.

 
 
 
             Desde el arenal de Pigs Trotter Chamber subimos por los cómodos y laberínticos pasillos que llevan a Flashbulb Hall y desde allí fuimos a visitar una parte de las bonitas galerías en Dog Series. Desde este punto comenzamos la vuelta tranquilamente para salir con tiempo. Ya cerca de la salida elegimos el camino del meandro desfondado para entrenar un poco más y poner un poco de adrenalina en el menú.

              Sin duda el paso del "pozo-buzón" se está convirtiendo en un pequeño problema en crecimiento. Sobre todo cuando se recorre desde dentro hacia la salida. Antes o después habrá que poner un trozo de cuerda para ayudar un poco. Por lo demás esta salida de la Hoyuca siempre te despide con goteos en el cogote y con rebozadas de tierra y barrillo.

              En el exterior nos dio la bienvenida un vendaval "especial" del sur. Los perros habían desaparecido para no volar por los aires. Anduvimos por el centro de las calles para tener menos opciones al regalo, si acaso volaban macetas o tejas. Ya en el aparcamiento hubo que estar al loro para evitar que las sacas y las bolsas de ropa desapareciesen con una racha. Y para que impedir que  alguna de la puertas del coche se descoyuntase de los goznes o te partiese una pierna al cerrarse de golpe.  Por lo demás todo fue bien y bastante divertido y, ya dentro del coche, con las puertas cerradas, la música y la calefacción no se podía estar mejor. Quedamos en que, sin duda, volveremos dentro de poco a otra hermosa cueva.