14/3/26

Cejo Cortao 2

 
            Para el sábado 14 de marzo decidí volver, acompañado de Marisa, al Cejo Cortao. Había varias buenas razones para hacerlo, la primera y principal es que en la anterior visita no pudimos ver casi ninguna pintura debido a nuestra falta de ojo para buscar. Otra razón era que deje olvidada una bolsa con algunas chapas y una llave. Y la última era que se trataba de un ejercicio denso y contundente bastante bueno para entrenar.

              El día se presentó fresco, bien nublado y algo ventoso, un típico día de invierno en Levante. Las últimas lluvias habían dejado lagunas embarradas en la pista así que tuvimos que caminar hasta debajo del Cejo Cortao (unos dos kms). Elegimos subir por la canal ya que el cordal requiere mucho más tiempo. El terreno es muy malo: piedras sueltas de todos los tamaños, vegetación muy alta y mucha pendiente. Casi me da un calambre en el gemelo derecho. Creo que desde el coche habíamos tardado unas dos horas y media.

 

 
               La instalación fue rápida -y con pocas dudas- ya que la conocíamos de dos visitas recientes. Me pareció incluso más corta. Allí estaba esperándome la bolsa olvidada, junto a una gran roca. En cuanto buscamos con atención vimos con placer los paneles de pinturas que se nos habían ocultado en el pasado. Hicimos unas fotos y contemplamos el entorno. Las pinturas nos intrigaron mucho. Desde luego el sitio es de acceso muy difícil, requiere escalas de algún tipo. Pero lo más desconcertante son las pinturas en sí mismas. No representan a seres humanos ni figurativa, ni esquemática, ni abstractamente. Además lo que parecen seres vivos, animales, tienen dos patas que reposan sobre tres dedos. Más se parece a un ave...

              Nos preparamos para subir al cordal, y luego bajar a la pista. La bajada con el peso fue infernal, el control de posición con las piedras sueltas y la pendiente no hace aconsejable esta ruta para ver el Cejo (seguramente desde el norte de la sierra alguna pista permitirá alcanzar el collado de forma relativamente cómoda). Se había levantado un intenso viento frío, pero por la pista se hizo llevadero. Llegar al coche y entrar en el bar de Yéchar a tomar algo fue un verdadero placer.

 

 
 

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