29/12/25

País de las Maravillas (Mostajo)

Fotos: Guillermo y Antonio
Texto: Ant on Ío
 
 
 
              De alguna manera poco clara decidimos despedir el año con una buena traca. Dudas hubo hasta el último momento, pero seguimos adelante a pesar de ellas. Mucho pozo... muy difícil de encontrar lo que buscamos... muchas horas... ¿vendrá César?... ¿estarán todos bien para ascender un pozo volado de 40?... A las nueve me reuní con Encarna y Pablo en la FEVE de Solares y a las nueve y media con Guillermo en el Alto de Fuente las Varas. Matienzo estaba lleno de niebla, el paisaje era indeciblemente bello. A las diez estábamos en la Torca del Mostajo.

              Monté con una cuerda de 55m/8mm el pozo de entrada pues Guillermo prefería arrastrar la pesada, de 65m/10mm, hasta el Golden Void, para que "chicleara menos". En un rato recorrimos el pasamanos, las gateras y nos pusimos en la cabecera del pozo Golden Void. La instalación consiste en tres spits bastante vetustos y de inmediato un desviador a un puente de roca. La caída es perfecta y limpia. Por mucho que miré al bajar no encontré ningún anclaje más para fraccionar. Aunque -tal vez- se podrían usar algunos naturales con un cordino. Esta falta de fraccionamientos hace que el pozo sea pesado de subir tanto por el chicleo, como por el tiempo requerido.

              Abajo abandonamos todos los equipos verticales y, gracias al vago recuerdo de nuestra anterior visita, fuimos avanzando por la zona ya conocida por mí y por Guillermo. De todas formas, para evitar dudas y dejarlo todo bien atado, nos molestamos en ir poniendo catadióptricos. Pronto llegamos a la zona de nuestra punta anterior. Tras tomar un pequeño almuerzo nos metimos hacia un laminador en rampa por el que desembocamos en una larga galería, con progresión a gatas mayormente. Este conducto estaba lleno de formaciones, pero no llevaba el rumbo adecuado para acercarnos a nuestro deseado objetivo. Avanzamos bastante hasta un punto en que consideramos inútil seguir buscando Wonderland por allí. De vuelta fuimos comprobando todas las pequeñas desviaciones, un poco por si sonase la flauta.


 

              Nos sentamos en el punto de la comida. Les hablé del no-hacer del hacer y de cómo ese enfoque pude llevar a resolver un puzzle espeleológico. Me levante algo inspirado y fui por una galería que habíamos despreciado hasta ese momento por considerar que era un cul-de-sac, claro está, en el supuesto de que fuera correcta nuestra supuesta posición en el plano. Sorprendentemente después de subir una rampa y bajarla por el otro lado aparecimos en una sala bastante concrecionada que supuse en el buen camino de nuestras Maravillas. Después de hacer unas fotos nos pusimos a buscar una continuación más allá de la sala, pero no existía ninguna. Estábamos desconcertados. Dada la hora, las cinco o más, todos empezaron a hablar de salir, menos yo que seguí hablando de dormir una siesta. Vencieron ellos.

              Ya de vuelta subimos un par de rampas a ver que había pero no había nada. Una galería llamó mi atención, estaba descolocada respecto a la supuesta posición de nuestro objetivo, pero bueno ya puestos había que quemar cartuchos. Para mi sorpresa -y la de todos- aquello se empezó a parecer cada vez más a lo que buscábamos. Según avanzábamos todo cuadraba. Lo habíamos conseguido. Estábamos en Wonderland sin saber como habíamos llegado hasta allí. Hicimos algunas fotos, disfrutamos del momento y nos preparamos para la vuelta.

              El Golden Void lo subimos con pantín. Cuando acabé de subir le deslicé el mío por la cuerda a Encarna. Tardamos mucho menos de lo esperado en subir el pozo, pero las horas iban pasando. Eran más de las ocho y el cansancio se acumulaba un poco. Gateras, agachadas y pasamanos, todo iba amontonándose. El pozo de salida se hizo bien pesadito. Alrededor de las diez estábamos saliendo y a las diez y media llegamos a los coches, en total algo más de doce horas. Allí nos encontramos con un amigo de Encarna, se llama César, alarmado, con el coche en marcha y los faros encendidos. Parece que la preocupación por nuestra tardanza se había extendido por los chats, aunque, en cuanto supieron que estábamos fuera, las aguas volvieron a la calma. Después de todo era de esperar que no fuese tarea corta -ni fácil- encontrar Wonderland. El final de año se nos presentó sonriente y con un bonito regalo. Todos teníamos una sonrisa de oreja a oreja.         


 
 
FOTOS
 

21/12/25

El Mundo de los Pájaros (Vallina)

Fotos: Guillermo y Ant on Ío

Texto: Ant on Ío

 

 
           Cuando culminé Alisas el termómetro del coche marcaba 1ºC y lloviznaba aguanieve. El día prometía. Como iba con media hora de antelación me fui al bar de Arredondo y me preparé un café "americano". Dicho de otra manera: pedí a la simpática camarera un café solo y un vaso de agua caliente y los mezclé yo mismo. Hete aquí mi café al estilo colombiano listo para ser bebido. Es necesario decir que cuando se habla de café americano primariamente nos referimos a la manera de prepararlo en América Latina y no a lo que luego han copiado los gringos que, por supuesto, también son americanos.

              Guillermo y yo nos reunimos frente al bar y fuimos a aparcar en la curva que solemos usar para ir a Nospoentrá. Lloviznaba apenas y soplaba viento débil del oeste. Me puse el impermeable y cogí el paraguas. La bajada hasta la boca fue perfecta. En una hora y pico nos pusimos en la puerta de la Galería Jesús Lecue. Mientras recorríamos esta pequeña y coqueta galería le empecé a contar a Guillermo mis sorprendentes hallazgos en torno a la música tradicional irlandesa (Sean-nós), sus ramificaciones actuales y su relación con la música norteafricana, principalmente bereber. Hallazgos que se revelaron en la primavera pasada escuchando la radio (RTÉ Raidió na Gaeltachta) durante nuestro viaje por Irlanda. Fue la casualidad causal la que hizo que sintonizara RnaG. Eso me llevo a explorar, hurgando en textos sobre cultura celta y otros papeles, algunas conexiones culturales más entre la tradición celta irlandesa y el mundo norteafricano. Para mí se trata de algo fascinante que apunta a unas raíces muy diferentes a las que dan las versiones oficiales acerca de Irlanda, Britania y, en parte, también Europa. Y que,  notoriamente, podrían ser interpretadas como "políticamente incorrectas" en el mundo académico anglosajón. Guillermo aguantó como un campeón mi chaparrón cultural e incluso se mostró algo interesado. Mientras esto hablábamos fuimos haciendo fotos y arrastrándonos entre las bellezas de la G. Jesús Lecue.


 
                Avanzando por Sandy Avenue pudimos localizar fácilmente, en la pared izquierda de la galería, nuestro segundo punto de interés del día. Hablo del largo conducto de acceso a Birds World. Comienza como un cómodo pasillo hacia el oeste para, luego, ir transformándose en un laminador con suelo de guijarros -ancho y muy bajo- que se hace bastante pesado. A la derecha fuimos dejando gateras que subían hacia Swirl Chamber hasta que, un poco más allá, el conducto se fue transformando en una amplia galería con formaciones y desfondes que había que evitar con pasos poco difíciles. Finalmente, por una rampa, desembocamos en una amplia sala con muchas posibles continuaciones. Una subía hacia una sala por unas trepadas entre bloques, otra requería cuerda para una travesía sobre un pozo ramposo y para la tercera, que nos hubiera llevado a Birds World, había que bajar un pozo volado de 5 metros. Nuestras intenciones eran visitar lo que no requiriera cuerda ni equipo y guardar fuerzas para inspeccionar otras zonas. Así pues mi pregunta quedó sin respuesta, ¿por qué se llama Mundo de los Pájaros a esa zona? Volvimos sobre nuestros pasos sin la respuesta.

                  En FN Passage buscamos sin éxito la subida hacia Albert´s Small Passage. No la encontramos porque no existe. Mirando con atención la topo se ve que el verdadero acceso a esa zona se toma al inicio de Sandy Avenue, cosa que dejamos para más tarde. Después de tomar un tentenpié nos acercamos en dos minutos a la zona final de FN Passage. Tiene enormes posibilidades de continuación, pozos ascendentes y descendentes. Hay dos cuerdas instaladas hacia niveles superiores y se nota que es una zona en exploración. Pero enseguida volvimos hacia nuestro tercer objetivo, el camino alternativo hacia Río Rioja. Se trata de una pequeña galería que comienza en FN Junction. En la topo esa zona está dibujada con indicaciones poco claras y líneas discontinuas (suelen indicar algo no verificado, tan solo que se presupone). La realidad consiste en que la topo refleja el terreno hasta un punto en que indica hole down -4m. A partir de aquí ofrece únicamente fantasías dibujadas por un espeleólogo que, o bien tuvo alucinaciones al estar allí, o bien nunca estuvo en esa zona y simplemente se la inventa. De cualquier forma ese área, que carece de nombre propio en la topo, no tiene desperdicio. Gateras variadas, falsos suelos, formaciones curiosas, laminadores con agua y barro, y posibles continuaciones por doquier. Aunque ninguna de ellas se puede considerar fácil. No encontramos ninguna continuación hacia el Rio Rioja, pero es cierto que nos quedó por bajar el agujero de -4m ya que requería instalación y cuerda sí o sí. Toda la zona puede considerarse sólo apta para espeleólogos guerreros.

 

 
               Estábamos un poco cansados y se iban sumando horas de arrastradas y gateras. Descansamos unos minutos en FN Junction y con esperanza volvimos al comienzo de Sandy Avenue para verificar el acceso a la zona de Albert´s Passage. Para nuestra sorpresa nos encontramos con una subida delicada cortada por un paso de escalada muy expuesto con presas de costra y barro y sin instalación de ninguna clase. Sin embargo eran evidentes las huellas. Se necesitará cuerda, algún tinglado para asegurar al escalador y posiblemente un paso de hombros. Con todo esto y muchos sueños iniciamos la vuelta al exterior. Salimos en el crepúsculo del bosque, el ambiente era tranquilo pero misterioso. Había algo de luz pero eran necesarios los frontales. No tuvimos problema en volver a los coches. Habían transcurrido unas ocho horas y media de actividad. La temperatura, de unos 3ºC, era bien fresca, pero fue agradable cambiarse de ropa arropado por las buenas sensaciones del día. No tuvimos ninguna duda de que volveremos a Vallina con más ganas aún. Aunque la próxima incursión espeleológica no creo que sea a Vallina.             

 
 

FOTOS


 

13/12/25

MT034 (Galdames)

Texto y Foos: Ant on Ío

 

 
             En realidad íbamos a uno de los nuevos accesos al Sistema de Arenaza (San Pedro de Galdames) con un pozo de entrada de 180 metros. Pero acabamos yendo a la pequeña Cueva MT034. A las nueve nos reunimos, en la plaza frente al Ayuntamiento, Oier, Miguel y yo. Hacía frío, cinco grados, y fuimos a tomar algo caliente al Batzoki Galdames. Las charlas pronto derivaron hacia uno de los múltiples aspectos de la maravillosa y fatal "agenda 2030". Mientras tanto reíamos, o llorábamos, alguien iba venir a abrirnos el local del Burnia para coger lo necesario en la exploración; se trataba de una escalada. Pero pronto nos dimos cuenta de que "alguien" había concluido que era mucho mejor estar caliente en su cama que abriendo puertas de locales de espeleo (bueno, no estoy seguro de esto fuese así, pero es muy plausible...). Como plan B Oier nos propuso ir a echar un vistazo a un par de incógnitas de la MT034 y recoger parte del material allí empleado. Buena idea, así pues nos acercamos, en cinco minutos de coche, a un barrio de San Pedro, un poco más arriba,  y aparcamos junto a un bonito arroyo que descendía por el boscoso valle.

              Durante los preparativos Miguel constató que se había olvidado en casa el frontal, la saca, la comida y alguna cosa más. Bueno, no había problema, Oier le prestó un frontal, sin saca se va más ligero y la comida siempre puede basarse en lo que lleven los compañeros, para eso son compañeros ¿no?. Como todo estaba resuelto nos pusimos en marcha por una senda de elfos y hadas valle arriba. Ya cerca de la cueva la ruta recorre el propio arroyo de aguas claras, rocas resbaladizas y musgo por doquier.

              La entrada está camuflada junto al arroyo, en lo que parece ser un desprendimiento de bloques, y hasta tal punto es invisible que me senté en una roca frente a la boca esperando a Oier para "seguir" a la boca. Las fáciles gateras de entrada daban a una serie de salitas y cortos desniveles. Vimos, por el camino, un par de murciélagos colgando del techo, dormidos plácidamente. Un primer pozo entre formaciones nos depositó en una corta galería que llevaba a un desfonde, sobre un meandro activo, con un pasamanos bastante cómodo. Un corto tramo retorcido conducía a otro largo pasamanos. Era fácil, pero algo menos que el primero. El pasamanos acababa en la cabecera de un pozo de 10 metros que aterrizaba sobre el curso activo. De inmediato este arroyo se introducía en una estrechez acuática en anteriores visitas, estaba sifonado pero en el momento que vivíamos no. Oier aprovecho bien la ocasión y se introdujo en la estrechez a ver si podía salir a una zona amplia. Pero no fue así, sólo avanzó un poco hasta una zona sifonada.

 

 
          Comenzamos la vuelta, Miguel iba el primero y Oier desinstalando fue el último. Mientras tanto esperábamos a Oier Miguel le echo un vistazo al fondo del meandro. Le pareció muy interesante. En la cabecera del segundo pasamanos Oier nos paso todo lo recogido, entró bien en mi saca, y continuamos avanzando en el mismo orden. Mientras esperaba en una salita muy bien decorada Oier y Miguel le echaron un vistazo a una estrechez ascendente equipada con una cuerda. No pudieron pasarla, necesitará un poco más de desobstrucción. En pocos minutos estábamos fuera.

              En el exterior apenas había subido la temperatura porque el valle seguía en sombras. Para nuestro asombro Oier se metió al torrente, vestido con todo, para limpiar el equipo y el mono. Parecía disfrutar del agua con una temperatura, no estoy seguro, de entre ocho y cinco grados Se tiro varios minutos dentro del agua como si fuese la bañera de su casa llena de agua caliente. La bajada a los coches nos llevó bien poco. Ya en el pueblo volvimos al Batzoki a tomar unas cervezas y charlar de todo lo habido y por haber. Lo único que quedó claro es que próximamente volveremos a hacer espeleo. Es una actividad muy saludable, apasionante y agradecida.       

              

 

 

8/12/25

Mercados de Heno y Minas de Uranio (Vallina)

TOPO de Vallina

 

 

Fotos: Guillermo

Texto: Ant On Ío


 
      No pudieron venir muchos que deseaban hacerlo. Aún habiendo un puente de tres días resultó imposible cuadrar las líneas rojas. Así pues el plan que cuajó para el lunes ocho fue ir con Guillermo otra vez a Vallina con la idea de conocer algunas zonas nuevas para los dos o, al menos, prácticamente olvidadas por mí. La idea inicial era visitar Birds World, Galería Jesús Lecue y una conexión alternativa al Río Rioja. Pero los duendes no estaban con nosotros. A pesar de haber estado una semana antes tardamos mucho -y sudamos la gota- hasta encontrar la boca, además a Guillermo se le estropeó su frontal principal y la sensación no era propicia para llevar peso -equipo vertical y cuerdas-. Optamos por cambiar de plan y visitar la zona de Haymarket Chambers y luego desde El Dragón, si nos quedaban ganas, visitar la entrada de la Mina de Uranio de Barney. La ventaja de ir con poco peso hacía de contrapeso a un día de "tintes oscuros".

              La desviación a Haymarket First Chamber se toma a unos minutos de la entrada. Desde esta sala se sale por una pequeña galería, que continua por una rampa bajo falso suelo, hasta alcanzar una estrechez en forma de buzón. Es un paso algo desafiante, aparentemente no cabes y no sabes cómo entrar, pero si te mueves con creatividad se resuelve sin esfuerzo. Haymarket Second Chamber es una sala confusa por sus desniveles y extraños huecos a un nivel inferior. Para salir de ella debe tomarse una rampa terrosa en la pared Este de la sala que desciende hasta entrar en un conducto -activo de forma intermitente- que en dos cortos quiebros desemboca en otro muy parecido pero totalmente recto hacia el Norte (también se prolonga un poco hacia el Sur). Algo más allá se convierte en una amplia galería por la cual, tras unos cincuenta metros, alcanzamos la entrada de una sala. Una escalada de unos tres metros nos deja al nivel normal de la sala. Una estrechez sin dificultad -con forma de buzón- y al Suroeste de la sala es la continuación de nuestra ruta. La bonita galería Norte-Sur que viene a continuación termina enseguida en un giro de 180º hacia el Sur. Esta galería, con algún cambio de dirección, en poco tiempo nos condujo a Who Knows? Chamber. Allí echamos un vistazo a una desviación de nombre misterioso Where Who Knows? Goes. La zona me pareció tan confusa y mal representada en la topo que, por unos minutos, me mantuvo estresado. Ya en El Dragón hicimos algunas fotos y comimos.


 
 

 
           La ruta hacia la Mina de Uranio se toma justo al salir de El Dragón hacia el norte. Una galería de manual de espeleo, toda recta y cómoda, desemboca en una zona de grandes diaclasas este-oeste perpendiculares a nuestro rumbo. Hay varios caminos hacia la "mina" pero después de echar un vistazo optamos por el más claro. Shatter Passage se presenta cómodo y agradable al principio; suelo de tierra compacta y suave, gateras cómodas, para irse transformado progresivamente a peor. Una primera estrechez se pasa sin mayor problema, pero enseguida llega otra estrechez, llamémosla "creativa". Es un pasaje en forma de "V obtusa" que obliga a inventarse la forma de entrarle. Guillermo pasó con los pies por delante, boca arriba y cuesta arriba en la segunda parte del paso. A mí me pareció mejor encogerme en la primera parte y rotar sobre mí mismo para conseguir meter la cabeza primero, aunque también fui boca arriba como Guillermo. Después de este engendro llegamos enseguida a una cómoda sala y desde aquí, hasta la Mina de Uranio, seguimos una cómoda galería hacia el norte -con alguna agachada- durante pocos minutos. Nos detuvimos a la entrada de la gatera Mina de Uranio de más de 200 metros de longitud y nos marcamos la "intención" de volver para recorrerla y así visitar las galerías del otro lado. También echamos un vistazo al comienzo de LEmpedrat. Para la vuelta hacia el este decidimos probar suerte con un conducto de apariencia más amable que Shatter Passage. Sin embargo, aunque cómodo en general, no carece de dificultades variadas. Entre otras: algunos pasos de escalada en oposición, destrepes y arrastradas. No sabría decir cuál de las dos rutas es peor. El resto del camino de salida fue un paseíto.

              Todavía era de día en el exterior. La subida hasta el aparcamiento se nos hizo pesada, pero en su parte final nos encontramos con un rebaño de becerros jóvenes sumamente divertidos. Sus trepadas por las rocas nos parecieron cómicas, se les notaba mucho que no eran cabras. Para resumir toda la incursión subterránea: nos quedó muy claro que Vallina es una cueva extraordinaria para seguir haciendo visitas, tiene muchos alicientes, hermosos rincones y grandes expectativas.    

                               


 
 

23/11/25

Relato de una Iniciación

 
 
Fotos: Guillermo y Antonio  
Texto: Pablo Rey



    Las primeras veces a veces marcan un antes y un después. Para quienes están acostumbrados a la espeleología quizás no sea para tanto una cueva más. Para los que no nos hemos metido nunca por un agujero y reptado hasta llegar a espacios caminables e increíbles resulta una experiencia única. Allí dentro hay una red de túneles y galerías que viven en la más absoluta calma y oscuridad. Al entrar e iluminar estos espacios con nuestros frontales, los creamos, como la mirada crea al paisaje (algo que no había terminado nunca de comprender, porque el pasiaje "estaba ahí" antes). En el caso de las cuevas y grutas, el humano pone la luz a ese lugar que vive en la tranquilidad por miles de años.

    La invitación me llegó el sábado por la tarde en mitad de un cumpleaños. Lo habíamos hablado hacía meses, pero no concretamos fecha. Hacía años que intentábamos encontrar el día adecuado. Para confirmar que podía ir tenía primero que ver cómo era la logística familiar del domingo. Una vez aclarado que tenía vía libre, ojeeé el maravilloso plano de los espeleólogos ingleses la noche anterior en el móvil. Demasiado grande para la pequeña pantalla. Un plano, el de la cueva Vallina, que está en constante evolución: todavía hoy siguen descubriendo nuevas grutas y pasadizos, y dibujándolos. Van por los 37 km y subiendo. Pero el plano es sólo una representación, detallada y precisa, por cierto, de lo que han podido dibujar. Una cartografía sin GPS de por medio, porque allí los satélites de poco sirve. El mapa da una idea de su vastedad, pero no de los diferentes espacios que hay allí dentro, al menos no para un lector no iniciado como yo. Algunas grutas anchas en el plano, que parecen caminos cómodos, casi autopistas, pueden ser gateras o "laminadores", que te obligan a reptar para llegar al otro lado.



   Teníamos al entrar un objetivo vago, llegar a la galería de las "600 pesetas", al final de uno de los planos sábana que llevábamos. Pero eso lo iríamos viendo. Paso a paso, gruta a gruta. A veces desfiladeros para pasar de lado, otras gateras con charco, cuevas enormes que el frontal no alcanzaba a iluminar del todo, fosos de invisible final. Parece que esta cueva era un buen muestrario de muchas de las posibilidades de una que no necesita cuerdas.
   Cuando me tocó atravesar uno de esos laminadores infernales, cerca de nuestro objetivo, me preguntaba ¿qué hago yo aquí? Solamente quiero salir vivo para contarlo. Debía mantener la calma, porque el pánico de poca ayuda sirve en mitad de uno de esos pasos angostos. En mi cabeza estaba tranquilo, iba con dos expertos en estas lides. Uno de ellos conocía bien la cueva. Reflexionaba que lo que más me asustaba era que al otro lado de esa angostura no hubiera un espacio donde sentarse o ponerse de pie. No era tanto la incomodez de ese espacio chafado de menos de un metro de alto y varios metros de ancho, con estalagtitas y estalagmitas cortando el paso, con pedruscos que parecían soldados entre sí, sino un futuro (a un minuto o dos de distancia) que siguiera siendo igual de agobiante que ese presente laminado. Vamos, que lo que necesitaba era algo de esperanza en el porvernir cercano y por eso le preguntaba a Antonio, pensando que controlaba mis palabras "¿ahí ya te puedes sentar? ¿te puedes poner de pie?". Todo esto para llegar a la galerías de las "600 hundred pesetas", que no sabía de qué se trataba y que eran el objetivo de nuestra ruta.
Una vez superado el laminador, había una galería triangular y más allá una gruta de dimensiones muy cómodas en la que caminar sin problemas. A los lados barros "poligonales", esas formas que toma el barro cuando se seca y que nadie ha pisado en ¿cientos? ¿miles de años?, salvo algún cenutrio que ha querido dejar huella para la eternidad. Nosotros queríamos pasar de puntillas, casi volando, para sólo dejar huella en nuestros cerebros.

   Al final de la caverna, una serie de charcos separados por pequeñas franjas en una quietud total. Tienen un nombre técnico que no recuerdo. Un espacio basilical para los 3 que habíamos llegado hasta allí atravesando gateras, desfiladeros, fosos y pozos. Un espacio que no podíamos imaginar, oscuro e inerte en la soledad de miles de años sin que pase nadie por allí. Unos charcos en los que Guille me dijo que a veces se encuentrasn seres vivos. Blancos o semitransparentes que viven allí alimentándose de algún resto de materia orgánica. Nuestros frontales iluminaban este lugar que parecía concebido por y para los humanos, aunque fuera esto una ficción. Quedaba el largo camino de vuelta, desandando lo andado e intentando no perderse, porque no habíamos usado "catadrióticos" o pegatinas reflectantes para indicar el camino de salida.
    Había merecido la pena llegar hasta el fin del mundo, así se sentía uno allí, en esa especie de templo para humanos creado por no humanos, para disfrutar unos minutos de ese espacio. El fin de ese ramal del camino de entre todos los posibles. A la vuelta debatíamos si merecía la pena difundir con fotos y vídeos ese espacio mágico (no el más grande, ni mucho menos) de la cueva. Especial por la dificultad de acceder, por sentir que quizás nunca más volvería a verlo con estos ojos. No sé si volveré, pero sigo pensando, dos días después, en esos espacios bajo tierra que siguen ahí aunque no estemos.


 

600 pesetas


 
Fotos: Guillermo y Antonio
Texto: Antonio
 
 
 
         No hubo oportunidad mejor que el domingo, día veintitrés de noviembre del dos mil veinticinco, para invitar a Pablo a la incursión espeleológica que habíamos organizado Guillermo y yo al sector Nospoentra del Sistema de Vallina. Pablo, sobrino mío que vive en Bilbao, había mostrado desde hacía muchos años su interés por visitar alguna cueva. Sin embargo, por unas razones u otras, no cuadraba la oportunidad. Casi siempre visitamos cuevas que -en mayor o menor medida- requieren el uso equipos de progresión en cuerdas. Y eso es así porque en realidad hay muy pocas cuevas que no necesiten el uso de cuerdas. Vallina es un gran sistema que también las requiere, pero para el amplísimo sector elegido, entrando por Nospoentra, no se necesitan. Guillermo había elegido esa actividad pensando en su hermano, aunque al final Blas no vino en esta ocasión. Pero el sábado me acordé de Pablo y de una conversación que mantuvimos sobre el tema de las cuevas hacía bien poco, en algún momento del verano pasado. Le invité y le cuadro.  

              Subo el puerto de Alisas bajo un manto gris -pero sin lluvia- para encontrarme a las diez con Pablo y Guillermo en la plaza de Arredondo. La conexión entre ambos es inmediata. Bilbao y su entorno urbano es mucho compartir, en el carácter de Guillermo hay tonos que, aunque sutiles, no pueden ocultar su aroma vizcaíno, aunque su auténtica patria sea Laredo. Pablo es lo que un vasco de ocho apellidos llamaría maketo, un inmigrante procedente de otra región que no habla vasco. Pero Bilbao atrae a muchos jóvenes. Y como toda ciudad grande hace que sus habitantes añoren muy a menudo "salir". 

 

 
 
          La pista que lleva a Vallina se toma a la derecha, poco después de pasar la desviación a Bustablado, subiendo hacia Alisas. Hay en la primera curva a la izquierda una amplia zona llana en la que caben cuatro coches sin problema. Al principio tengo muy claro hacia donde vamos, pero los cambios en la vegetación hacen que luego sea necesario usar el un indicador en el móvil para encontrar la boca. Han crecido las encinas y los arbustos mucho después de la última vez que estuve ahí, el veinticinco de mayo de 2012.

 

              A partir de la entrada de la cueva todo fue sobre ruedas. Pablo pudo verificar la gran utilidad de una topografía subterránea. Íbamos aclarando los puntos clave del recorrido, visualizándolos en la topo, como por ejemplo "El Dragón" o el comienzo de "Road to Nowhere". Me acordaba a grandes rasgos del itinerario, pero han transcurrido más de trece años desde la última vez que entré. En varios pasos encontramos instalaciones muy bien puestas que no existían en el 2012 y que simplificaban mucho el tránsito. Algunas cuerdas fijas, una tirolina y escalones de acero inoxidable fijados con resina epoxi.

 

 
 
                La cueva cambia por  completo de aspecto al llegar a "Road to the Glory", casi como si fuese una cueva diferente. Amplias galerías de andar cómodo y horizontes lejanos. En poco tiempo alcanzamos uno de los objetivos, los pozos de conexión con "Rio Rioja". Desde este punto volvimos sobre nuestros pasos y anduvimos por unas gateras pensando que conducían hacia "Six Hundred pesetas". Enseguida vimos que el rumbo era erróneo. Volviendo a "FN Junction" nos paramos a descansar y comer. Tenía seis empanadillas excelentes que nos repartimos a partes iguales.

 

              Tomando la galería correcta hacia "Six Hundred pesetas" avanzamos reptando penosamente sobre gordos guijarros soldados entre sí.  Con algo de paciencia pudimos ponernos de pie y caminar al otro lado del pasaje. Sin más problemas recorrimos la entretenida galería de las pesetas hasta su final. Aquí decidimos comenzar la vuelta al exterior. No se nos hizo ni demasiado larga ni demasiado pesada. Salimos a media tarde y sobre las cinco estábamos en los coches. El cielo seguía plomizo pero sin llover. Poco después fuimos al único bar de Arredondo que estaba abierto. A estas alturas de la evolución social y económica de nuestro país eso de  tomar unas bebidas con unos pinchos se ha convertido en un "objetivo difícil" en muchos pueblos pequeños. Pablo nos dejo claro que le había gustado la experiencia y no descartó volver a hacer espeleo. Los tres celebramos que fuese así.      

 




 

27/7/25

Melanterita


 
 
 
               No hubo oportunidad mejor que el domingo, día veintisiete de julio del dos mil veinticinco, para conocer personalmente a Conchi y sus amigos. Juan, de cerca de Antequera, Rosi, de Málaga, y Antonio, de Almería. El Hogar del Pensionista de Portman tiene un típico bar de pueblo con muchas cosas que comer y un trato cercano y amable. Allí les conocí personalmente, tomamos algo y charlamos de todo un poco.

              Desde hacia meses mi objetivo era visitar, conocer, los Mocos Verdes. Pero en el entreacto habían sido descubiertos, en otra mina, una Sala Verde y muchos más “mocos verdes”. Una de los centenares  -o miles?- de minas anónimas que existen en la Sierra Minera. Llamémosla, por usar algún nombre, la Mina Verde. Nos fuimos hacia allá en sólo dos coches, el de Conchi y el de Juan, una gran furgoneta.

              El sol de justicia aconsejaba con fuerza permanecer siempre a la sombra. Pero la marcha de aproximación hasta la pequeña, y casi oculta boca, no fue demasiado larga por suerte. Una rampa-pasillo bastante empinada nos llevo hasta una galería amplia pero incómoda y con muchos bloques en el suelo. Es obvio que los mineros no usaron esta entrada para transportar mineral al exterior, ni tampoco como acceso cómodo. Es posible que lo usaran para drenar el agua mediante tubos y bombas.  Al cabo de un rato fuimos a desembocar en una amplia sala, confluencia de varias galerías mineras. El agua que rezumaba, tal vez de un acuífero o de las filtraciones, se acumulaba en algunas zonas. Los minerales saturaban tanto estos laguillos que los cristales de minerales metálicos flotaban.

              Las sesiones fotográficas empezaron a dominar el desarrollo de la excursión subterránea. La estrella que posaba era principalmente Rosi y en mucha menor medida todos los demás también salían en las fotos. Lo que sí es cierto es que había tres fotógrafos… las cosas son así. Nuestro enrevesado camino camino estuvo jalonado por objetos mineros, puertas, tolvas, rampas, pasarelas, ventanas, bancos, herramientas, vagonetas, estacas de hierro y otras cosas similares cuyas utilidades eran bastante evidentes o bastante oscuras dependiendo del caso. Luego llegamos a unos mocos verdes sobre el suelo. Allí estuvimos mucho tiempo dándole al gatillo de las cámaras y los móviles. También había abundante epsomita por paredes, suelo y techo.

 

 
              El mineral que forma los mocos verdes, tanto estalactitas como estalagmitas, no es carbonato cálcico con impurezas que den color verde. Por el contrario, es melanterita. Se trata de un mineral secundario resultado de la oxidación de sulfuros de hierro (piritas), formándose, en condiciones específicas, por precipitación meteórica en disoluciones que empapan rocas ricas en sulfuros de hierro, especialmente en presencia de pizarras alumínicas y carbón. El resultado es un sulfato de hierro hidratado de colores verde intenso, verde pálido, amarillo y blanco y cuya fórmula es FeSO4·7H2O. Es inestable en condiciones atmosféricas normales, lo que quiere decir que si extraemos de los lugares dónde se encuentran los cristales de melanterita estos perderán sus colores y su lustre en poco tiempo y se descompondrán siguiendo reacciones inversas similares a las de formación (a menos que se reproduzcan las condiciones de existencia en una urna sellada). Es también destacable que su formación en minas y yacimientos es muy rápida, años o décadas.  

              Las dos horas siguientes nos las pasamos dando vueltas, volviendo a los mismos lugares una y otra vez buscando en el laberinto minero la salita verde que Conchi había descubierto hace poco. El problema consistía en que Antonio, Rosi y Conchi habían estado en esa sala y cada cual tenía recuerdos y perspectivas diferentes. Yo no tenía nada que aportar a esa búsqueda y Juan, el malagueño, tampoco, pero el hecho de que tres personas tuvieran recuerdos selectivos diferentes no ayudaba en nada. Con la confusión no había manera. Finalmente conseguimos calmar el torbellino, y quedarnos todos quietos. Entonces Conchi se fue, ella sola, a buscar o, mejor dicho, reproducir la ruta de sus recuerdos sin interferencias.  Al cabo de un buen rato volvió con la buena noticia de que la había encontrado. Con alegría fuimos todos hacia allá, pero, para simplificar la vuelta a nuestra segura posición actual, decidimos ir poniendo señales catadióptricas bien claras.

 

 
               La Sala Verde es pequeña y tiene muchas formaciones verdes, amarillas, negras, marrones principalmente de melanterita. En la salita se dan las condiciones ambientales para que se forme y persista. Estuvimos largo tiempo haciendo fotos, era compulsivo, tratábamos de captar la belleza del lugar. Finalmente llegamos al punto de saturación fotográfica y nos fuimos, visitando algunas zonas notables, hacia la salida de la mina sin percances ni confusiones. Tardamos mucho menos que en entrar.

               A las seis, más o menos, andábamos buscando un bar en Portman para tomar unas raciones. Era domingo por la tarde y todo estaba cerrado. Nos fuimos a La Unión, donde sí encontramos un bar abierto. Nos sentamos disfrutando de la sensación de haber visitado lugares tan increíbles como un sueño infantil. Y además de la comida y la bebida, tuvimos charla. Hablamos de temas tan divertidos como las mujeres en la espeleología, las relaciones entre hombres y mujeres que comparten aficiones deportivas o de naturaleza, la dinámica de las familias modernas, el estar solo, acompañado o absolutamente en soledad… y cosas similarmente jugosas y/o jocosas. Allí mismo nos despedimos esperando vernos en otras aventuras subterráneas. 


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13/7/25

Calleja Rebollo

 Fotos: Ant On Ío  &  Guillermo

Textos: Ant On Ío

 
                 Calleja Rebollo es un nombre rotundo, con fuertes raíces ancestrales en la zona, con una sonoridad magnífica, y, por supuesto, imposible de olvidar. Es un nombre feliz para una cueva hermosa: y eso mismo es lo que la hace tan atractiva. Organizarse para ir en grupo es siempre lo mismo, un auténtico tostón. Cada vez añoro más los tiempos de sólo el teléfono fijo. Opino, con cierto fundamento, que el progreso moderno, tal como lo conciben quienes toman decisiones en el mundo mundial, no es un verdadero progreso. Dejo de serlo, pero no sabría precisar cuanto tiempo llevamos a la deriva. El hecho es que el 13 de julio pudimos cuadrarlo todo para ir a la cueva.

                  Me uní con César y Mateo en Solares y unos minutos después con Guillermo en el Alto de Fuente las Varas. El tiempo estaba lloviznoso pero se mantenía sin lluvia. Incluso se vislumbraban claros. Al final de Matienzo, en el último rincón aparcamos el coche y cogimos una pista que se transformó en senda herbosa y luego en vaguada arbórea para acabar como revoltijo de zarzas, tojos, helechos y hierba gigante. Así se llega al Torcón. La instalación del pozo primero es bizarra: tronco caído, avellano endeble y parabolt de 8mm roñoso para terminar por una corta estrechez, siempre a expensas de que los bloques y el barro de la rampa no lo vuelvan a taponar (mejor que no sea mientras estás dentro de la cavidad...). Cosa que ha sucedido varias veces y que han resuelto con decisión desobstructiva el equipo de espeleólogos ingleses que explora en Matienzo (una parte del grupo vive en el polje y le gusta ese tipo de tareas).

                  Las galerías de la zona de entrada de Calleja Rebollo son amplias y hermosonas. Luego se sube un pocete de siete metros, apareciendo enseguida grupos compactos de formaciones gravitatorias y una serie de pequeños desfondes. Por una pequeña galería secundaria se alcanza un pozo lleno de grandes puentes de roca que se desciende con facilidad. Abajo tomamos una rampa ascendente para alcanzar una ventana sobre NE Chamber. Traíamos material para dejar una buena y segura instalación en el corto pozo de diez metros a la sala. Lo primero que hicimos, antes de comenzar su visita detallada, fue almorzar. En la sobremesa Guillermo le echó un vistazo a una atractiva galería, a un par de metros de donde estábamos. Resultó ser una alternativa perfecta al último pozo ya que eliminaba el uso de ese tramo de cuerda.

 

 
 

 
               Fuimos visitando toda la sala, con sus capillas y ramificaciones, de forma detallada y girando en sentido antihorario por su borde. Formaciones de todo tipo, incluyendo algunas excéntricas, se van sucediendo al caminar. Es necesario ir con precauciones en algunos sitios, cerca del borde de la sala. Capillas, diaclasas, grietas, laminadores, gours, coladas y volcanes. De todo ello hicimos algunas fotos.

                  Mateo se movió por las cuerdas supervisado, pero su técnica resultó ser muy buena, sólo le hace falta un poco de práctica para subir mejor que los veteranos. De todas formas el pozo de los puentes de roca se hace pesado por la falta de espacio para moverse, cómodamente con la saca, en algunos puntos. El resto de la cavidad -hasta el pozo de salida- la recorrimos sin nada destacable. La estrechez de dicho pozo la gestionamos con las sacas colgando y ayudadas un poco desde abajo. El tramo estrecho es corto. La rampa estaba embarrada por la lluvia y los patinazos eran casi inevitables. Afuera llovía chirimiri y toda la vegetación estaba empapada. Pudimos seguir seguir sin problemas la trocha que habíamos marcado en la maleza al pasar por la mañana y llegar al coche sin contratiempos salvo la mojadura y el sudor tropical.

                  En total habíamos pasado unas ocho horas para toda la actividad y casi siete horas en la cueva. No cabe duda de que merece la pena el Calleja Rebollo. Para celebrar la excursión paramos en Casa Germán a tomar algo. Seguramente volveremos por Matienzo dentro de poco, hay demasiada espeleo esperándonos...       

 

 
 

 
 

 

 

 

22/6/25

Torca Decepción

 Fotos: Guillermo

Texto: Ant On Ío

                  Hace poco nos dimos cuenta de que en estos últimos años el corazón del Sistema de los Cuatro Valles ha pasado de ser una zona muy complicada de alcanzar a estar al alcance de la mano de una jornada espeleológica con tan solo algunos incómodos pasos. Con "el corazón" me refiero a las salas llamadas Armageddon y Rocky Horror (en inglés el original). Esos nombres reflejan bien el terrible carácter de esas enormes salas, llenas de bloques barrosos y deslizantes de tamaños variados pero en general enormes como una casa. Para llegar a Armageddon era necesario pasar una larga zona acuática que comienza algo más allá del Astradome. Para llegar a Rocky Horror había que atravesar Armageddon. Por el Carcavuezo también hay una ruta algo complicada hasta Rocky Horror. Las dos entradas de Torca Decepción eran conocidas desde hace más de una década, al menos una de ellas (site 0252). Pero el hecho es que el lanzamiento de las exploraciones ha sido tras la desobstrucción hace unos tres años del site 4732 y del acceso a los pozos Slam. La conexión con Armageddon y Shrimp Bone Inlet se produjo poco después quedando así abierta la posibilidad, con algo de ganas, de visitar "el corazón".

                  En las últimos meses buscábamos un objetivo motivante para las salidas de espeleo que no requiriese grandes movidas y fuese apto para equipos de dos o tres espeleos. Y tanto a Guillermo como a mí, que tenemos una fijación con el Sistema de los Cuatro Valles desde hace más de veinte años, nos llamó la atención la nueva Torca Decepción (nueva para nosotros claro) al mirar la web de Matienzo Caves. Hace un par de semanas pensamos ir pero las circunstancias no cuadraron. El domingo 22 de junio, día gris pero sin lluvia, pudimos quedar en Fuente Las Varas. Bajamos, con un sólo coche ya, hasta donde se toma la pista de acceso, junto a una casa, El paisano nos dejo aparcar y nos dio algunas recomendaciones como, por ejemplo, que no tocásemos los pastores eléctricos pues estaban activados.


    
            La pista de acceso al principio era buena pero luego se transformó en lo que corresponde tras grandes lluvias de vez en cuando, calor y ganado nulo: dentro de poco será selva tropical. Sencillamente, no podremos ir a ningún lado, salvo que nos convirtamos en jabalíes. Al final la cosa no era evidente y aunque  Guillermo insistía en seguir las indicaciones del GPS yo no me fiaba del aparato. Me quite la pesada saca y me senté en el prado escuchando los pájaros y el viento mientras Guillermo salía y entraba de la espesura cargado con la saca y dando voces. Finalmente, siguiendo la intuición, nos metimos por un sendero muy hoyado por las vacas hacia una pequeña depresión. El GPS daba diez metros pero mirando no encontramos nada. Mientras yo volvía al prado a sentarme Guillermo miro más en un rincón bajo un árbol y allí estaba la 0252. Según el GPS había 30 metros a la 4732. Un especie de senda por encima de unas rocas nos puso delante del agujero.

                  Las galerías de entrada son como una casa de hobbits, coqueta, plana, con bloques apiladitos de forma artística, todo muy guapo, pero los techos algo bajos. Enseguida se llega a la cabecera del Pozo Small Slam. Estrecho e incómodo con muchas fijaciones pero algo confusa la instalación. Con tranquilidad fui instalando, el pozo de 27 muy bonito y finalmente un resalte de cuatro metros. Luego se sigue por un meandro con rocas muy cortantes hasta una salita con un gran charco a la izquierda. Allí empieza el Super Duck. Un cartel con un pato guasón nos da la bienvenida. 


 
 

 
 
 

              Después de mirar el paso un poco, y recordando que daban lluvias para por la tarde decidimos no instalar el segundo pozo, no ir con las sacas, sólo hacer una visita rápida de reconocimiento y volver. El Super Duck no es un laminador-gatera demasiado difícil, mayormente es fácil, pero es largo, con varias etapas y además no puedes evitar mojarte. Si entra en carga puedes tener problemas para salir. En el trayecto hay grandes ensanches, pequeñas desviaciones y chimeneas que van hacia no se sabe donde. Finalmente se baja un resalte y aparece la alargada grieta en que forma el pozo en una salita.

                  De vuelta al comienzo del laminador nos volvimos a poner el equipo vertical y comenzamos el ascenso. Subió primero Guillermo (con la saca de la segunda cuerda) y luego yo desinstalando. La parte final, estrecha, se nos hizo algo penosa. Pero con paciencia y movimientos calculados se sube.

                  El ambiente en el exterior era caluroso y muy húmedo, había llovido algo. Vestidos de personas nos acercamos al bar de Germán por ver si nos daban de comer. Tuvimos suerte y no pusieron ninguna pega. Los menús domingueros de casa Germán se han convertido en algo tremendo, casi reviento. Arriba en Fuente las Varas la niebla era cerrada. Mientras conducía iba pensando en acumular ganas para volver a la Torca Decepción y visitar esos lugares tan míticos....         

 

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