20/6/20

Catadióptricos




Una amalgama de deseos e ilusiones me hizo visitar de nuevo la Cueva de la Puntida. Relajado y feliz me tome  todos los preparativos; trastos de fotografía y trastos de espeleo. A las 12 de la mañana estaba en Ajanedo aparcando el coche donde comienza la pista a Bordillas. El bosque estaba muy crecido y la sendita que asciende hasta la boca de la cueva apenas era visible. No soplaba viento de salida en la boca pero si había abundantes goteos. Había llovido mucho los últimos días.

Justo en el umbral me fije en un conjunto de telarañas que destacaban por estar en contraluz. Quedaban iluminadas de tal forma que tenían un fondo sombreado y oscuro de grandes bloques. La brisa movía las telarañas haciendo muy difícil realizar un FS (pila de enfoque) coherente. Pero a pesar de ello me puse manos a la obra a ver que conseguía. Luego de una hora había realizado cuatro o cinco tomas de FS y para rematar la faena me moví hasta una zona de helechos colgantes e hice dos o tres tomas más. Me sentí saturado de intentar hacer tomas. Un FS macro no es como tomar una foto sin más. Requiere pensar en multitud de detalles y ponerse en posiciones incómodas y/o forzadas. Así que dos horas haciendo ese tipo de tomas satura a cualquier fotógrafo acostumbrado a fotos más sencillas. Sin embargo los espectaculares resultados de ese tipo de fotos pueden llevar fácilmente a una adicción.




Recogí los instrumentos de fotografía, preparé los de espeleología y pasé a la segunda fase de mi actividad. Subí hasta la cima del caos de bloques en la gran sala y descendí la otra vertiente hasta alcanzar una grieta entre bloques por la cual se conecta con el sistema de galerías a la derecha de la entrada. Avancé poniendo catadióptricos (las miguitas de pan para no perderse...), pues es fácil no tener claro si un sitio se ha recorrido -o no-  en esta zona de tantos bloques superpuestos y galerías. La cosa acabo bien. Comprobé la ruta que lleva de una zona a otra con mucha facilidad y en un corto tiempo. Pero este día no percibí vientos de ninguna clase, salvo sutiles movimientos poco significativos. 

En un tiempo reducido volví sobre mis pasos el camino hasta la salida y bajé el frondoso bosque. Las nubes amenazaban lluvia y el ambiente había refrescado. Estaba contento de mi renovada conexión con las cuevas de Cantabria. Había conseguido disolver una jodida sensación de no pertenecer ya a esa historia y a ese mundo de la espeleología. Ciertamente las guerrillas y desencuentros que imperan en ese colectivo -añadidos al desprecio mayoritario por la sacralidad del marco subterráneo- habían estado contribuyendo a una sensación de distanciamiento. Pero no era algo que hubiera echado raíz en mi mente. Podía percibirlo. Aún puedo conectar con las cuevas. Y, tal vez, con los espeleólogos también...   




31/5/20

Lobo y Oso



Habían pasado dos meses y medio desde que comenzó el confinamiento por el virus de Wuhan y a finales de mayo ya era posible viajar entre comunidades con algo más de garantía de no tener controles. En realidad no había ningún problema para viajar desde Murcia hasta mi domicilio oficial cercano a Santander. La vuelta a Murcia podía ser más difícil si no se relajaban las medidas de contención.
En Cantabria las cuevas eran un atractivo lugar para ir en familia por ser lugares apenas frecuentados. Como Stephanie nunca había visitado una cueva teníamos una razón más para ir a visitar alguna. Después de unos minutos de reflexión me vino a la cabeza la Cueva del Lobo. en una zona de Soba bien bella en medio de un bosque de hayas y muy apartada de las rutas excursionistas. 
Nuestro quedo formado por Marisa, Ananda, Stephanie y yo. Cruzamos el puerto de Alisas, atravesamos Arredondo y subimos por el valle del Asón hasta Soba. Las zonas de aparcamiento de los Collados estaban abarrotadas de excursionistas. Era asombroso. Pero nuestro objetivo estaba aún a varios kilómetros laderas arriba del puerto de la Sía
Aparcamos un poco más arriba del arranque de la pista a Zucía. No encontramos a nadie en la pista, ni tampoco en las cabañas. Si vimos vacas, caballos y ovejas. Estaba todo en paz. A lo largo del bosque de hayas el silencio era la nota dominante. Las montañas de hojas secas de haya tapizaban el suelo con una capa de medio metro. Pero al cambiar de ladera se escuchó un ruido en dirección a la zona del Carrascal. Rompía la armonía.
Nos preparamos someramente con frontales, ropa de para ensuciar y algún mono de tela y bebimos algo de líquido. Las hojas y la humedad hacían incómodo el corto ascenso hasta la boca. El perfil de ojo de cerradura y el fuerte viento, mezclado con hojas secas, hacen de este lugar la entrada a un mundo de hadas y duendes. Enseguida se desemboca en la amplia galería del Oso.




Galería arriba visitamos todo lo visitable incluidas las yacijas vacías que hace muchos años estuvieron llenas de huesos de oso. En algunos lugares aún se veía algún trozo. El resto fue probablemente esquilmado, aunque quizás una parte esté en los museos de Santander. Lo más interesante fue descubrir  que la galería no se acababa donde yo pensaba que lo hacía. El resultado de una corta desobstrucción ha dado paso a una amplia galería por la que no continué debido a mis acompañantes. La dificultad era una pequeña trepada. El viento que venía de la continuación era importante.
Galería abajo visitamos varias zonas incómodas y, con Ananda solamente, algunas gateras. Tal vez un poco trabajo podría prolongar alguna de ellas, pero debo señalar que en esta zona el viento está ausente.
Galería del Flysch adentro atravesamos el caos de bloques, cercano al inicio de la galería, y continuamos un poco más hasta el primer desfondamiento. Allí Stephanie comenzó a sentirse incómoda y optamos razonablemente por volver. Las fijaciones de acero inoxidable que encontré indicaban un claro aumento de la seguridad en esta zona debido, casi con certeza, al tránsito de grupos guiados por empresas de aventura.
El valle de Soba estaba espléndido en su tramo final de primavera. Las nubes suavizaban la luz y la temperatura. De bajada vimos turistas alemanes y moteros. No me quedo claro que las normas de no transitar entre comunidades se estuvieran infringiendo, pero la situación hacia pensar en ello como muy probable. La Cueva del Lobo quedaba atrás pero pendiente quedaba también una visita a las nuevas zonas de la Galería del Oso. Y si la circunstancias cuadraban volver a realizar la travesía Torca Fría--Cueva del Lobo con Ananda, actividad por la que mostro bastante interés. Nos dijo que pensaba realizar un cursillo de espeleología vertical para poder hacer ese tipo de actividades. Sería una bonita forma de compartir experiencias.   



22/2/20

Rajas 5






A la misma hora que el domingo pasado nos reunimos, esta vez sábado, en Las Salinas. La temperatura era más baja que hace una semana pero iba a hacer más calor. Eso se veía venir. Me regalé un desayuno brutal pero ni Vicente ni Abdón tomaron otra cosa que café.
Esta vez no olvidamos subir el motopico, ni las macetas y piquetas y tampoco un tubo de poliuretano. Sobre las diez de la mañana la Raja aspiraba una fuerte corriente. Mientras hacia 6 taladros con la Hilti para coser con cable el segundo escalón Vicente empezó a taladrar en la raja para ensanchar.  Abdón enhebro el cable y fijó los perrillos. Luego pusimos tablas en X y en H.
El trabajo de ensanchamiento iba a destajo. Vicente probo a meter con un hilo una GoPro enlazando una linterna para mejorar el invento. A pesar de las variadas pruebas que hizo los resultados no fueron demasiado clarificadores. Lo mejor era seguir ensanchando a pleno ritmo. En los entreactos que iba dejando la gran tarea me dediqué a rellenar y acuñar detrás de las tablas el segundo escalón. Finalmente le metí dos tubos de poliuretano por las rendijas. Uno de ellos estaba viejo y no salía. Le arreé un picotazo con la piqueta y fue saliendo -e hinchándose algo- la vieja pasta que contenía, pero el otro tubo funciono bien. Quedó muy chulo pero con un tubo adicional quedaría más perfecto.




Sobre las doce de la mañana cambio, después de unas cuantas vacilaciones, el sentido del flujo de la corriente. Se nos dispararon las teorías acerca del funcionamiento del sistema: respiración por gran volumen con alternancia de temperatura, ladera sombreada en la otra boca al mismo nivel (ladera este), otra boca superior… Todas las elucubraciones son pocas. Pero el tiempo dirá. Lo mejor sería poner termómetros y anemómetro en la boca para tener series temporales de datos que nos guíen un poco al establecer las hipótesis. Vicente trajo también un georadar y lo estuvo probando sobre la zona. Fue asombroso comprobar como quedaba reflejado el hueco subterráneo de la raja ventosa a pesar de su reducido tamaño.  
La gran tarea permitió visualizar con claridad el tubo vertical y el cambio de pendiente abajo. Agotamos las baterías de la Bosch y casi las de la Hilti. Finalmente podíamos pisar el tubo vertical. Vicente probo a hacer un video con el móvil usando la linterna del propio teléfono. Salió bastante bien. Eso nos permitió visualizar como el tubo se hacía casi horizontal, pareciendo de tamaño casi humano, y como giraba a la derecha aproximándose al conducto principal. Pensé que no estaría mal topografiar lo que tenemos para tomar decisiones prácticas.
Hacía calor cuando empezamos el retorno al coche. Vicente tenía ganas de celebrar los avances. Nos fuimos directos a un bar que conocía él en Fortuna, famoso por sus catalanas con jamón. En vez de cervezas todos tomamos coca-colas. La cabeza y los proyectos se nos dispararon. Si por Vicente hubiera sido habríamos vuelto al día siguiente a la gran tarea de la prometedora Raja Eiger…      



16/2/20

Rajas 4


A las ocho de la mañana los bancos de niebla  envolvían intermitentemente el camino entre Alguazas y Las Salinas. La temperatura había descendido esa noche hasta 7ºC pero de todas formas estaba seguro de que nos acercaríamos a 25ºC en el centro del día. Aquí, en el Reino de Murcia, estamos sometidos a un clima semidesértico extremo. En el corto invierno puede hacer mucho frío, las heladas son usuales en zonas altas no adyacentes a los cauces de agua, río Segura, río Guadalentín, río de Mula... Pero lo más destacable hasta que se asienta la primavera son las rápidas oscilaciones de temperatura entre el día y la noche. No es inusual pasar de 5ºC a 30ºC en doce horas. El domingo 16 de febrero se presentaba como uno de esos típicos días en que el frío del amanecer se iba a transformar en un día de manga corta.
Me sorprendió muy poco descubrir a Vicente sentado a la barra disfrutando de su desayuno. Era lo mismo que yo me disponía a hacer: tostadas con tomate y aceite, sangre encebollada y café con leche. La gripe le estaba soltando con lentitud. Todavía se le notaba en la cara la pelea con los virus pero, a pesar de ello,  de ánimo estaba bien sobrado. Abdón llego antes de las ocho y media y se tomo un café. Con su ausencia Perico hizo acto de presencia en nuestra charla de bar. Fue una pena no poder conversar con él en persona. Las aventuras y desventuras de Perico no dejan impasible a nadie.
No tuvimos duda: el coche de Abdón resultaba algo “pequeño” y el mío no tenía gasóleo y es “antiguo”. Eran excusas fáciles para hacer lo que todos estábamos deseando: montarnos en el nuevo BMW de Vicente. Me resulto impresionante la amplitud del interior, ese cuero blanco y aromático de tacto agradable y la suavidad de la conducción. Vicente nos dijo que no le da tiempo a cogerles apego a sus coches: con la misma facilidad que los compra en subastas los vende al mejor postor. Vicente me pareció tan seguro de lo que hace con estas compraventas que empecé a plantearme encargarle un coche.





El camino desde la casa cueva a la Raja Eiger se me hizo muy corto. La mañana estaba apacible. Invitaba a pasear por el monte. La Raja aspiraba una buena corriente de aire fresco mañanero. Como habíamos subido dos taladros decidimos usar primero mi Hilti hasta agotar las baterías. No íbamos a sacar piedras sino a preparar su extracción (para ello necesitamos que el tamaño sea razonable). Así que nos centramos en convertir en guijarros dos bloques de tamaño lavadora posados en la base de la rampa. Al cabo de un rato la cosa quedo lista para actuaciones posteriores. A renglón seguido nos pusimos manos a la obra para ensanchar la raja de la izquierda. Después de un tiempo de trabajo las baterías del Hilti empezaron a renquear. Al asomarme al límite de lo que podía visualicé una plataforma de piedras en lo que me “parecía” la prolongación. La dirección era hacia la ladera de la superficie exterior. Nos tomamos un respiro.
Fuera hacía un día espléndido. Bajo los pinos, comimos mandarinas de los bancales de Abdón y manzanas de los campos del Señor. Luego me di un paseo ladera abajo en busca de algún indicio, agujero, grieta o depresión, en la superficie. Pero como ya me había avisado Vicente allí no había nada de nada. Mientras tanto Vicente y Abdón habían continuado avanzando hacia abajo con ensanches progresivos usando la taladradora Bosch.  La corriente de aire había cambiado de sentido: ahora el evidente flujo fresco era saliente.
 El trabajo había tomado ritmo e ímpetu. No sacábamos muchas piedras pues la mayoría eran de tamaño guijo. O bien se caían por el hueco oscuro o bien las apartábamos con los pies hacia la zona trasera de la grieta. Enseguida nos dimos cuenta de que las que caían lo hacían unos buenos metros dando golpes en las paredes de un conducto vertical o inclinado en contra de la ladera. Acabamos con las baterías del Bosch y apuramos un poco más las del Hilti. 
En el entreacto Vicente fue avanzando lo suficiente como para asomarse con un móvil y grabar un vídeo de lo que se veía. La película nos mostro un tubo vertical con oscuridad total abajo y en el que flotaba el polvo que arrastraba la fuerte corriente de aire saliente. Una sugestiva imagen que nos hizo animarnos aun más pues los indicios positivos aumentaban de intensidad. Tampoco podía olvidarme de lo que me había contado Vicente: la noche anterior había soñado con una cueva en la que descubre la geoda más grande del mundo. Pero no se lo cuenta a nadie. Aunque al final decide contárselo a un amigo para poder demostrar que, en cualquier caso, fue él quien primero la encontró. Una bonita historia que me tomé bastante en serio. En mi vida de espeleólogo he tenido sueños parecidos en varias ocasiones y siempre han sido premonitorios. 
Por el camino de vuelta se nos apareció en la charla la geoda de Pulpí. Le conté a Vicente las dificultades que estaba teniendo para poder realizar una foto dentro de la geoda. Según Vicente han puesto precio, unos 1600€ por diez o quince minutos, a las sesiones de fotografía o filmación dentro de la geoda. Sin duda es un avance pero me parece que se escapa de mis posibilidades o, mejor dicho, de mis planes financieros . A la una y media estábamos de nuevo en Las Salinas disfrutando de las charlas ante unas cervezas. Había sido un día fructífero pero… se tendrá que continuar trabajando con paciencia.
Las próximas tareas antes de seguir sacando piedras en cadena consistirían en avanzar por la raja ventosa (en la que se vislumbra una continuación obvia) y en dar estabilidad al segundo escalón con cable, tablas y poliuretano en el fondo del conducto principal. 








13/2/20

Luchena









La suerte fue que en el verano del 2019  J.L.Lamusí me regaló un ejemplar del boletín del SEDECK en el que encontré un artículo titulado “Cuevas hipogénicas en la zona occidental de Murcia”. En el artículo, hablaba entre otras cosas, de una interesante cavidad en el Barranco de Luchena de la Sierra de Pericay, aguas abajo del pantano de Valdeinfierno. Asociada a esa cueva también nombraba los Ojos del Luchena, una surgencia termal en el Barranco de Luchena.
El sábado ocho de febrero Marisa y yo quedamos en Totana con Jorge para una primera visita a la zona del Luchena. En realidad yo no tenía ni idea de cómo acercarme en coche a la parte final del Barranco de Luchena, zona en la que se ubican la Cueva y los Ojos del Luchena. Basándome en el artículo y mirando Maps y Google Earth localicé una pista que parecía permitir el acceso al cauce del río. La pista pasaba por una casa muy cuidada rodeada por una cerca de bloques de mármol. Un poco más allá giraba a la derecha en lo que parecía un obvio alejamiento al cauce del Luchena. Optamos por dejar el coche cerca de la casa y coger un camino que iba directo al río. Llegamos al Luchena sin problemas pero el cauce llevaba bastante agua. Además había zonas con barro o inundadas que impedían moverse con calzado normal. Así que optamos por volver.
Después de varias vueltas y vicisitudes encontramos la carretera al pantano de Valdeinfierno desde Zarcilla de Ramos. La presa, una interesante y antigua obra de ingeniería, tiene unas escaleras a su derecha que permiten el acceso al barranco de Luchena. Sin embargo aquí tampoco encontramos un sendero que permitiese el paso sin mojarse o embarrarse. Optamos por darnos una vuelta por la zona de bosques bajo el Roque de los Buitres, donde hay una colonia de cerca de 300, yendo hacia el Albergue Casa Iglesias. Para nosotros fue un auténtico descubrimiento ese albergue. A los atractivos bosques, a la colonia de buitres y a las excursiones posibles (entre otras al barranco de Luchena), se le deben añadir unas instalaciones fuera de lo común: piscina, campos deportivos, rocódromo, palacete acristalado, instalaciones fotovoltaicas, miradores… todo en un lugar de una belleza y una tranquilidad fuera de lo común.  Y no olvidemos la Cueva y los Ojos del Luchena. Con todo nos faltaba mucho por explorar aún.




El jueves trece de febrero Marisa y yo nos acercamos por Lorca y Zarcilla de Ramos hasta la pista de la casa de los bloques de mármol. Había descubierto, estudiando los mapas, que una de las prolongaciones de esa pista permite el acceso a la zona final del barranco y a una casa albergue que allí existe. Ciertamente no tuvimos ningún problema. Aparcamos cómodamente junto al cauce del Luchena. A dos minutos nos encontramos con la canalización que entrega las aguas termales transparentes y cálidas al río Luchena que discurre por el barranco desde el pantano de Valdeinfierno. Enseguida nos dimos cuenta de que los Ojos no estaban en ese punto ya que la canalización subterránea indicaba otra procedencia.
Después de cruzar con ciertas dificultades el Luchena visitamos la casa albergue. Su situación es excepcional para todas las actividades que pueden realizarse. Pero consideramos que por ese margen el avance era complicado. Volviendo al otro lado encontramos vestigios de una senda que elevándose por un barranquito terroso conducía a la zona en que pensábamos que se encontraba la Cueva de Luchena. Ciertamente la intuición no me engañó esta vez: el barranquito dio acceso a una zona con marcas de haber sido transitado y señalizada con hitos. En un rellano ocupado por un bosque de pinos centenarios vislumbre casualmente un resalte con un agujero muy llamativo. Aunque la idea que tenía era alcanzar un agujero mucho más evidente a unos cincuenta metros más arriba una somera inspección a este primer agujero me convenció de que era la boca de la Cueva de Luchena. Para descartar confusiones visité, mientras Marisa descansaba bajo los pinos, la boca que se veía más arriba. Resulto ser un amplio abrigo muy atractivo para las cabras…
De vuelta al Luchena intentamos seguir aguas arriba por el margen derecho pero enseguida nos corto el paso las paredes, el barro y el agua. Lo que sí era evidente eran los registros de la conducción de agua termal que se sucedían uno tras otro en el margen izquierdo. Volvimos sobre nuestros pasos al punto de cruce y caminamos aguas arriba por el margen izquierdo atravesando frondoso bosquecillos en plan jungla, y vadeando zonas de barro por el mejor sitio que pudimos encontrar para no embarrarnos por completo. Finalmente volvimos a tropezar con vados de agua y/o barro en el punto en que el barranco gira a la derecha 90º. En cualquier caso pudimos contabilizar del orden de siete u ocho registros. Uno de ellos era un túnel al que accedí con la literna del móvil. La temperatura fue aumentando hasta que las gafas se me empañaron por completo. Un hundimiento en el suelo permitía ver la conducción de aguas termales unos metro más abajo. 
Ciertamente uno de los objetivos que me planteo próximamente es conocer el punto de los “verdaderos” Ojos del Luchena. Y otro hacer una visita exhaustiva a la Cueva de Luchena. Esta próxima primavera se promete muy interesante…









2/2/20

Rajas 3



Todo a salto de mata. Justo hasta la noche anterior no hemos podido concretar si íbamos o no a la Raja. De camino dejo a Marisa en los Baños de Fortuna y voy al encuentro de Vicente, Perico y Abdón en el aparcadero de la casa cueva. Mientras espero me da tiempo a emplear la cámara para captar la primavera. Las flores están apareciendo en la mayoría de los almendros de la zona. Las abejas se emplean a fondo con las flores. Están como extasiadas o borrachas con el aroma que perciben. Resulta fácil fotografiarlas en ese estado y con la hermosa luz que hay.
Los tres esperados llegan en la furgoneta de Abdón. Perico viene un poco estresado por la cantidad de cosas que ha tenido que hacer. Pero como siempre muestra su mejor sonrisa. A Vicente se le notan las ganas de salir corriendo por el monte. No tenemos mucho peso que subir ya que no hemos traído taladro ni trastos pesado. Solo unas pocas herramientas que apenas molestan. Subimos rápido y con ímpetu.
Al llegar los primeros que bajamos a la Raja a trabajar somos Perico y yo. Metemos seis fijaciones con chapa, pasamos el cable, lo cortamos y terminamos fijándolo con unos cuantos perrillos. A renglón seguido entre Perico y Abdón se suben cuatro bloques de tamaño muy respetable que no esperaba que pudiesen subir a pura fuerza. Pero hay gente muy fuerte. Los cuatro bloques descansan ahora, perdidos y anónimos, en la montaña de derrubios que se está formando desde hace años en la ladera adyacente a la Raja. Continuamos sacando capazos de piedritas a buen ritmo hasta que la cosa se pone en sacar un bloque macizón tamaño lavadora. El asunto es que no hay cobertura y  lo tenemos que posponer.




Más abajo de la lavadora el terreno es llano y de piedritas medianas. Pero no se vislumbra ningún hueco evidente. Vicente baja y hecha un vistazo a todo. Yo decido gastar un tubo de poliuretano más en el primer tinglado de cable. Inserto piedritas en plan turrón en la pasta amarillenta que va creciendo. 
Ordenamos y recogemos  en pocos minutos. Y nos vamos directos al bar de los Baños de Fortuna. Allí el panorama es exuberante. Todo lleno. El agua, las tumbonas y por supuesto el bar. La primavera ha aumentado varios grados la temperatura hormonal en el lugar. Parece que la cosa pinta bien para el negocio de la piscina termal…    



29/1/20

Rajas 2




Como nadie se anima decido subir un rato a la Raja para tareas que se puedan hacer en solitario pero también para dar ejemplo y que se animen a venir. 
Antes de nada localizo en Bricomart tubos de poliuretano baratos y compro cinco. Y boquillas de sobra. Y decido subirme la taladradora para preparar el trabajo posterior haciendo algunos agujeros estratégicos.
Primero me dedico a rellenar más oquedades con turrón de piedras con poliuretano en la zona que comencé el día anterior. Este poliuretano no es demasiado bueno. Tengo la impresión de que los tubos no contienen lo mismo que los caros. Se me acaban dos tubos volando y pongo un tercero. Hay que vigilar un buen rato el aumento de volumen del polímero y recolocar lo que va rebosando. Así consigo llenarme un par de dedos de ese potingue por los agujeros de los guantes. Me costará dos días arrancármelo.
Finalmente antes de irme realizo seis agujeros adecuados para coser con el cable el talud. Y otro fallido en el que estropeo una laja muy útil.
Me bajo muy contento por la senda que va hacia el barranco del Corke y por el camino inspecciono la superficie intentando adivinar qué es lo que guarda en sus entrañas. No cabe duda de que algo apasionante.

16/1/20

Rajas 1



Han pasado meses sin espeleo y más meses sin avanzar en la Raja Eiger. Hoy me doy un paseo desde la pista del Corke con Marisa hasta la Raja Eiger. El sitio tiene su encanto.
Llevo poliuretano y un serrucho. Al principio me quedo un poco bloqueado sin saber qué hacer con el talud de piedras. Luego la intuición me va dictando las acciones. Es esencial, antes de seguir sacando piedras, estar seguro de que no se va a desmoronar lo que vas dejando más arriba. Eso nos quedo muy claro el último día que estuvimos trabajando. 
Estabilizo el tinglado de cable rellenando de piedras, poniendo más tablas y, sobre todo fabricando un escalón horizontal con tablas. Luego relleno, con los dos tubos de poliuretano que he traído, todo los huecos del tinglado de cable y del frente del escalón combinado el expansivo con piedras como si fuese una especie de turrón duro.
Al cabo de poco tiempo se me hace evidente que necesito mucho más poliuretano del que he traído y también poner más cable y más tablas.  Pero poner más cable supone taladradora, anclajes, chapas, cable, cortacable, perrillos y herramienta para apretar los perrillos. Así que ordeno recojo y salgo. Casi no veo ningún opilión.
Nos bajamos dando un paseíto y luego nos vamos a los Baños de Fortuna.



27/10/19

Topos




Mirando antiguas referencias sobre la Puntida descubro una mención acerca de la cercanía de la zona terminal de las grandes galerías del Canto Encaramado en un antiguo informe de Deportes Espéleo de 2003. Y también en los blogs del SECJA, hay referencias a la Puntida en 2011, 2012, 2013 y 2014 que nos habla de visitas, exploraciones, topografías nuevas e inicio de una desobstrucción con fuerte corriente de aire que luego se abandona en una segunda estrechez. Todo lo anterior es una muestra de que mi interés por la Puntida está justificado. Teniendo en cuenta que me gustan las causas perdidas y los misterios y considerando además que es una cueva manejable y encantadora la Puntida tiene todas las papeletas para convertirse en mi adicción. Contacto con gente del SECJA que me ofrecen la posibilidad de colaborar y compartir sus trabajos en la Puntida. Es una buena oportunidad que aprovecharé cuando podamos coincidir en S.Roque.  
César tiene pocas ocasiones de hacer espeleo y menos aún de venir a Cantabria y me pide una bonita actividad. Contándole todo lo anterior le convenzo fácilmente para ir a seguir revisando la Puntida y para realizar una topo esquemática que nos aclare un poco en qué jaleo nos encontramos. La principal dificultad es que muchas zonas consisten en grandes bloques que se apoyan sobre roca madre creando la ilusión de muchas galerías cuando en realidad sólo hay una gran galería colapsada. De cualquier forma la cosa es que nos vamos el domingo tempranito, él viene de una excursión por Picos de Europa, y durante varias horas hurgamos y topografíamos los conductos de las zonas más obvias. Salimos bastante pronto pues voy a ir a ver un espectáculo de danza en Santander en el que participa una de las bailarinas que posaron para la exposición Sonámbulos. Durante los siguientes días pongo a punto mis conocimientos de Survex y finalmente consigo una poligonal. César consigue Survex y hace su propia topo con los datos. Al cotejar podemos corregir varios errores. Me llevo una gran sorpresa. Mis ideas preconcebidas acerca de las direcciones de las galerías eran completamente erróneas. El misterio continua igual o mayor que al principio. Próximamente continuaré con este problema abordándolo de una forma u otra.  




19/10/19

Vulvas


        Huele a cuevas en la zona. Hay caballos y huele también a ellos y a vacas rubias entre grandes bostas. La nubes bajas y la llovizna dibujan un ambiente perfecto para dejar volar la mente hacia un pasado remoto. Muchos miles de años atrás. Decenas de miles. Antes de que la civilización indoeuropea hubiera imaginado la rueda, antes de la antigua Europa matriarcal, antes de que las primeras oleadas neolíticas alcanzasen la península ibérica e incluso antes de que H.Sapiens caminase bajo los bosques cantábricos. Las cuevas permanecían ahí respirando su aliento húmedo que huele a tierra y moho.

Alfoz1 de Lloredo2 es el ayuntamiento al que pertenece esta pedanía. Esto nos habla de forma muy directa con el lenguaje de poblaciones ancestrales. Desde Novales, o mejor desde Casar3 de Periedo4, tenemos acceso por carreterillas locales a la Busta5. Nos hemos encontrado en Casar de Periedo y nos disponemos a aparcar los coches junto a la iglesia de la Busta. Está empezando a llover y somos cinco. Subiremos en un todo terreno hasta las cercanías de la Sima Palombal en la finca Santa Eulalia. Luego, cuando acabemos la travesía, saliendo por la cueva del Linar, alguno de los otros cuatro subirá en su coche al propietario del todo terreno para recuperarlo. 

Hay que dar una gran vuelta hasta llegar a la puerta de la finca Santa Eulalia. Desde ahí se debe caminar hacia el poniente, y hacia abajo, por pistejas y senderillos. Uno de nosotros se conoce el camino. Si no fuera así el eucaliptal se encargaría de destruirnos moralmente y los tojos nos harían trizas el pellejo. Todos sonreímos un poco. La boca de la sima del Palombal es una bocaza simple y limpia al lado de una ancha pistilla. Un elíptico pozo de 55 da acceso directo sin más preámbulos a las grandes galerías del sistema. Mientras baja el resto de compañeros disparo mis pacíficos disparos, más bien trampas en que atrapo la luz, hacía los objetos y las existencias. Allí hay, entre un batiburrillo de seres animados, un genial sapo, bien alimentado y lustroso, y un escarabajo ciervo hembra poco amigable. Atrapo sus imágenes. Enfoco, también, la atención en la actividad que se desarrolla alrededor de la cuerda de bajada. Hay que organizar la logística y uso de los descensores, recoger las cuerdas, plegarlas y estibarlas debidamente en las sacas amarillas que portamos. Mientras sigo haciendo fotos.



La cueva que recorremos tiene bellos pasajes alternados con pasos entretenidos. En general está bastante bien conservada. No muestra vandalismo evidente. Al cabo de un rato llegamos a una zona en que encontramos a dos espeleólogos que conocemos. Están explorando la cueva con detalle. Resulta bastante claro, al menos para mí, que la cueva dará muchos niveles y galerías en un trabajo sistemático. Esto es lo corriente en cuevas que fueron exploradas hace más de 50 años. Un poco más allá llegamos al río de la cueva. A pesar de que viene de una depuradora el agua parece limpia y no huele mal. Hay abundantes pasajes que se merecen parar para tomar una foto. Usamos sólo la luz de las frontales. 

El recorrido es muy cómodo en general y, en tiempo, bastante corto. Cerca de la salida hay una galería protegida por una verja. Contiene restos arqueológicos de un carácter excepcional: una Venus asaetada y dos vulvas de buen tamaño talladas en la roca. Fuera nos esperan las nubes y la llovizna. Los caballos parecen indiferentes, quizás felices, ante la situación atmosférica. A mi también me da igual. Damos una vuelta para acercarnos al coche que hemos dejado cerca de la sima y continuamos a un bar, en las cercanías de Virgen de la Peña, donde nos reunimos a tomar unas cervezas y hablamos de las antiguas exploraciones en Oreña. Fueron tiempos con mayor nitidez que los actuales…

1 área geográfica bajo un concejo, palabra de origen árabe.
2 del latín laurtum, lugar poblado por laureles.
3 conjunto de casas que no llegan a formar un pueblo.
4 del latín piru/a, perales.
5 paraje en el que descansan los bueyes. 






12/10/19

Pequeños detalles





Busco un plan de espeleología de pocas horas. Cierto que me han invitado a una interesante actividad en la mina S.José pero es previsiblemente bastante larga y tengo que estar en casa antes de las cuatro. 
A las diez salgo hacia el Valle de Miera. La circulación a partir de Solares está lenta, y desde Liérganes hasta Ajanedo la carretera se ha llenado de pesados. Seguramente se disponen a tomar un aperitivo y luego una buena comida en un atractivo restaurante. Aperitivos, dos platos y postre con cervezas, vino, copas y café. Algo que a mí también me gustaría practicar a menudo aunque no suelo dejarme llevar por esas inclinaciones debido a que vivo obsesionado por escalar un poco mejor. Y eso solo tiene posibilidades de ocurrir, aunque pocas, si disminuyo de peso.
Hay un rellano a la derecha, unos cincuenta metros antes del camino que sube a la cueva. La hierba y las ramas de los avellanos se van apropiando del sendero poco a poco pero todavía resulta fácil seguirlo sin enredarse en el bosque. Detrás de unas piedras dejo el equipo fotográfico y me quedo con la iluminación de repuesto en una saca aligerada con la que pienso moverme sin trabas.
Repito los movimientos de mi última visita hasta la confluencia entre techos colapsados y zonas fósiles. Miro con cuidado tratando de recordar aquella primera incursión en la que llegué a unas grietas verticales y altas que soplaban a pleno rendimiento aire frío. Cuando llego a los grandes bloques investigo “mis posibles caminos de antaño” y dos conductos que no conocía. Descarto muchas posibilidades, pero para bajar a lo que pienso que es aquella continuación prefiero poner un cabo de cuerda. Como no lo tengo retrocedo y vuelvo a inspeccionar una y otra vez la zona. 
Mientras salgo hacia la gran sala miro de nuevo con insistencia los detalles y rincones. Y algunos que nunca había mirado ahora también los miro. Hay una gatera curiosa que normalmente está anegada pero que actualmente está seca y puede recorrerse. Entro con los pies por delante y la mirada hacia techo. No me parece muy prometedora esa gatera. Como voy sólo prefiero dejarlo para otra ocasión en que tenga un compañero.
Pongo el trípode algo alejado de los pequeños detalles vegetales que me interesan y planteo un FS de unas veinte o treinta tomas. Pero con ese rango de enfoque el horquillado de enfoque funciona de forma limitada. Al acercarme a ese diminuto bosque acogido por la Puntida el horquillado alcanza sus prestaciones plenas. Disparo tres FSs y menos de una decena de tomas convencionales. No llevo reloj ni telefonillo y me siento inquieto al no saber la hora.
A las dos y media ya estoy conduciendo valle abajo. A los pesados se ha añadido el problema de los conductores de rally entrenando. Conduzco como puedo para no acabar en algún barranco.
Llego bien de tiempo e incluso me da tiempo a descansar y tontear con el ordenador antes de irme con mi mujer a Loredo. Allí nos reunimos con muchas personas que también han ido a Loredo. Tenemos algo que realizar juntos…




5/10/19

Peldaños Blanditos


Estoy de vuelta en Cantabria por un mes y tengo ganas de hacer espeleo. Tanteo un poco por allí y por acá y me responde Manu con noticias. Van a la zona de Raitanes. Aunque no es mi cueva preferida decido ir. Seguro que tiene formaciones interesantes. Lo malo son los largos pasamanos que hay que transitar para conseguir llegar. Y el barrillo insidioso y pegajoso que tapiza amplias zonas de la cueva.
Quedamos a las diez en un bar cercano a Virgen de la Peña. Por allí aparecen Joseán, Alfredo, creo que de Cabezón, y Manu. El tiempo es soleado y templado, ideal para dar un paseo. Pero la cueva nos espera. 
Desde el aparcadero caminamos y en menos de una hora alcanzamos el comienzo de las cuerdas, previo paso de trepadas y destrepes varios. Nos esperan unos doscientos metros de pasamanos -algo exigentes- y un par de pozos ascendentes. Las dificultades de los pasamanos se han mitigado gracias a la instalación de peldaños tipo ferrata. Al ser de poco diámetro la barra de hierro se ha doblado con el peso de humanos corpulentos. Son peldaños algo “blanditos”. Pero a pesar de ello cumplen con su papel a la perfección, ahorrando un buen montón de forcejeos. Un poco más allá de todas estas pequeñas dificultades alcanzamos Raitanes.
Los suelos están impolutos salvo la estrecha huella dejada por los exploradores. Hay coladas blancas de filigranas diminutas, contraformaciones en el suelo, estalagmitas y estalactitas y algunas pequeñas zonas con excéntricas  de aragonito. En fin, hay cosas que se deben conservar. La política del grupo es balizar y proteger las zonas frágiles. Incluso en zonas remotas en exploración. Pero desgraciadamente esas cosas no se entienden bien aún en casi ninguno de los restantes grupos de Cantabria. 
Mientras mis tres compañeros topografían y exploran conductos de esta laberíntica área me dedico a hacer fotos armado tan sólo con la cámara y la luz de mi casco. Es divertido. Comemos y luego seguimos con las mismas ocupaciones. Al cabo de un largo rato paro de hacer fotos y pregunto la hora. Son más de las tres. Ellos van a continuar hasta las siete más o menos. Decido salir de la cueva para llegar temprano a casa.
Transito las cuerdas a mi ritmo y la vuelta se me hace poco trabajosa. Es cosa de concentrarse con placer en tu propio movimiento y no en si vas quedándote rezagado. En una hora y pico alcanzo el aparcadero. Me deleito en quitarme los trastos de espeleo, ponerme ropa cómoda, arrellanarme en el asiento del coche, poner una buena música y conducir con suavidad hasta casa. Una casa que habito pocos meses al año y que me reporta muy buenas sensaciones…      


25/9/19

Pedro Primero





Después de intentarlo durante unos días pude quedar con  J.L. Llamusí para visitar una de las minas cercana a la Azohía que contenía una “hueca” (cueva natural interceptada por una mina). La cosa estaba complicada en su trabajo debido a varios contratiempos. Entre otros las lluvias e inundaciones que habían afectado al entorno del Mar Menor en los últimos días a lo que se había sumado algunos percances marinos más. El jueves 25 concretamos en vernos en el aparcadero más cercano a las minas, a unos tres kilómetros de la Azohía. Había coincidido una estancia vacacional de mi amigo Joaquín, acompañado por Kevin, y debido a su interés por la zona y a las ganas de disfrutar del mar se unió, él y también Kevin, a la incursión a la mina.
A pesar de haber estado bañándonos y a la sombra cuando vinimos a darnos cuenta estábamos siendo achicharrados por el sol levantino a las cuatro de la tarde. Decidimos taparnos lo más posible. Así que me puse el mono de tela y una gorra. Todos los demás hicieron algo parecido. La aproximación se nos hizo bastante penosa a pesar de ello. 
A la sombra de la bocamina hicimos los últimos preparativos para entrar. Mientras terminaban mis compañeros fui por otra entrada, inmediata a la nuestra, para mirar el pozo que baja directo al nivel donde está la “hueca”. Sondeé con una piedra más de 50 metros. Pero nuestro descenso comenzaba por una rampa que había sido antes escalera de altos peldaños. Enseguida desembocamos en el brocal de un pozo de unos veinte metros de profundidad bastante cómodo de instalar gracias a dos estacas de hierro clavadas en el suelo. Desde su base podíamos ir a la derecha o a la izquierda por una galería cómoda. Siguiendo a la derecha se llegaba en primer lugar al comienzo, a la izquierda, de una rampa escalera de similares características a la de entrada. Unos pocos metros más allá aparecían unas rampas que acababan teniendo que instalarse con cuerdas. Fue por este último camino por el que bajamos en el 2011. Pero en aquella ocasión al final descubrí que las escaleras conducían más abajo y sin tantas complicaciones. 
Descendimos las escaleras y en la ultima rampa pusimos una cuerda de diez metros para hacerlo fácil. Enseguida empezamos a buscar el punto donde, en el 2011, instalamos el último descenso pero no lo encontrábamos entre tantas galerías y pozos. Sin embargo la memoria de Joaquín vino a rescatarnos y resulto que la “hueca” estaba ya en el mismo nivel que nos encontrábamos. Solo subir una cuesta de tres metros y al otro lado se entraba ya las pequeñas salas llenas de concreciones y cristales.
Según nos contó Llamusí el origen de la cavidad era, claramente, hipogénico. Había algunas cristalizaciones especialmente llamativas como los dientes de perro. Hice un buen montón de fotos y permanecimos por allí un rato mirando todos los rincones para comprobar que no había más que lo evidente. Luego fuimos a visitar el resto del nivel y vislumbramos que más abajo existe otro más cuyo acceso necesitaría instalaciones. No estábamos por la labor en ese momento. Recogimos todo y comenzamos la vuelta. En menos de una hora estábamos fuera. Era ya de noche.
Los adormecedores ruidos nocturnos mediterráneos nos acompañaron hasta el aparcadero. Por el camino nos perdimos un par de veces. Mientras Llamusí nos enseñaba unos vídeos de la Cueva de Isla Plana los mosquitos nos atacaron. Rápidamente abandonamos la zona y nos fuimos a tomar algo Canteras. 
La vuelta fue un poco accidentada debido a los despistes y a la falta de gasolina para el coche de Joaquín.       Unos días después Llamusí me contó por teléfono que, por lo menos, había cinco minas. Cada una con su nombre: Aqueronte, Estigia, Pedro Primero, Colón… La que nosotros visitamos era la Pedro Primero. Había localizado un libro digitalizado en la página web del Instituto Geológico-Minero que contenía abundante información sobre todas las minas de la comarca de Cartagena. Un instrumento de mucha ayuda para explorar y conocer las minas y sus “huecas”. Algo que seguiremos haciendo porque, probablemente, hay muchas más “huecas” desconocidas por nosotros…