18/10/26

Puntida revisitada (Ajanedo)

 

 
           El domingo 18 de septiembre hacía fresco pero las previsiones de grandes lluvias no se cumplieron. Había nubes y claros y un ambiente otoñal se perfilaba por doquier. Guillermo vino a mi casa y marchamos juntos en su coche. Mi carnet había caducado largo tiempo ha pero sólo hacía dos días que era consciente de ello.   

No hay lugar más cómodo que Ajanedo para aparcar y cambiarse de indumentaria. Se dispone de un banco techado por una gran roca, puesto a propósito en el mejor rincón, desde donde se domina el increíble paisaje del Valle del Miera. Partiendo desde aquí se tardan unos 15 minutos en llegar a la gran boca de la cavidad situada bajo los grandes escarpes que dominan Ajanedo por el este. Encontramos la senda muy poco marcada y en proceso de ser engullida por la vegetación. Los buitres sobrevolaban el bosque a gran altura y pensaban en engullirnos a nosotros. Los colores estaban brillantes.

Primero vistamos una zona muy cercana a la entrada pero apenas conocida. Por pequeñas galerías en dirección este, y al sur de la entrada, se profundiza hasta encontrar un pozo de unos ocho metros que yo recordaba de varios años atrás. Cerca del comienzo de esta pequeña red dejamos una cuerda para instalarla al final de nuestra visita general. A continuación visitamos la red de galerías fósiles al sur del caos y de las salas. La cuerdecita que facilitaba el resalte de acceso a esa red ya no estaba. Pusimos otra y nos preguntamos la razón de llevarse unos pocos metros de cuerda tan útiles en ese punto. Desde luego no debió ser su valor económico. ¿Tal vez la vieron demasiado vieja? Luego fuimos a otra red de estrechas galerías, gateras y resaltes un poco más al norte. En esa pequeña red, durante una de mis antiguas visitas, encontré una grieta con flujo de aire muy notable. Volvimos a visitarla, pero en esta ocasión aunque el flujo se percibía era débil.

 

 

Finalmente por el enrevesado y poco señalizado borde del caos de bloques accedimos a la Gran Sala en su parte más lejana a la entrada. Los pasos que utilizamos me resultaron novedosos y algo complicados de encontrar. Para salir hacia la cumbre del caos de bloques también utilizamos una ruta menos directa pero más segura contra resbalones. Desde arriba pudimos admirar las dimensiones de la sala y ya bajando ver en la lejanía la luz del día.

La conclusión fue que habrá que volver en época de gran diferencia de temperatura para comprobar el flujo en la grieta y para visitar por completo la zona cercana a la entrada. Con esto volvimos al aparcamiento. La tarde estaba espléndida. Cuando salíamos del pueblo, ya en coche, descubrimos un pollo de buitre posado al lado de la carretera. Dio saltos intentando huir y se topó con una valla. Allí se quedo esperando mientras nosotros le deseábamos suerte. En el nuevo restaurante de Mirones un par de raciones nos convencieron de verdad.    


 

 
 

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