25/8/06

La huella de Moisés (25/8/2006) Udías-Luna Llena

I.
Mavil aterrizo en Santander el jueves 24/8/2006. El viernes llovió bastante y Mavil se dedico a caminar por la ciudad visitando tiendas de deporte y rocódromos. Por la tarde llamo Moisés y quedamos en ir a explorar a Udías/Torca de la Luna Llena. César llego la noche del mismo viernes y también Manu me llamo para ir de espeleo. 
A la mañana siguiente cayeron algunos chaparrones agradables mientras íbamos de Monpía a Cabezón de la Sal en la furgoneta de Manu. Para hacer un poco de tiempo nos fuimos a pasear por el mercado de Cabezón en busca de higos pasos para Manu. Susana vino con Moisés a pesar de andar malucha. Todos, César en su coche y Moisés en el suyo, nos encaminamos hacia El Llano. Extendimos todos los cacharros al lado de los coches. Volvió un tiempo fresco y delicioso. Había demasiados cacharros. Dudábamos entre ir todos por la mina de Udías o dejar que Mavil, conmigo y César, bajase la torca. La sospecha de que no cupiese por la estrechez del Pozo Graff originaba la duda. Decidimos arriesgar. La cita era en la punta de topo de la Galería Sur. Manu, Susana y Moisés se llevaron el material para instalaciones. Iban cargados como mulas.
Poco tiempo después, ya en la Torca de la Luna Llena, César iba delante, Mavil detrás y yo cerrando cuando le pregunté a Mavil si le gustaba la torca. De libro de texto, de manual -me respondió. Pero no le gusto tanto como para decir que estaba “homologada” (cuando a Mavil le gusta una cavidad suele adjetivarla como homologada) Habíamos hablado y sopesado tanto el entrar por la torca pensando en el volumen de Mavil que acabo asustándose un poco de la estrechez del Pozo Graff. Se le dio bien y  dijo que no era para tanto. Lo peor fue el manejo del freno del descensor en la zona adiaclasada del pozo. No perdimos tiempo en la Sala Triangular; nos pusimos en marcha hacia el punto más remoto topografiado de la Galería Sur. Para preservar la virginidad de la cueva Moisés nos aviso de pisar por la senda ya establecida. Yo aleccioné durante todo el tiempo a los sorprendidos espeleólogos de que pisáramos por la “huella de Moisés”.

II.
De pronto, cuando ya se hacía larga la Galería Sur, encontramos un papelito con la siguiente oración: “topografiar a partir de aquí”. Pensamos, por un momento, que acababan de escribirlo para largarse a explorar pero enseguida caímos en que se había escrito durante la anterior visita a la zona. Era extraño que hubiéramos llegado a este punto antes que el otro trío. Ellos habían entrado por la mina y el recorrido es más directo y con menos dificultades. Al poco, llegaron. Moisés había estado reformando algunas instalaciones en el Pozo Pastelero.
Teníamos entre manos el reparto de tareas pero no había demasiada claridad. Sabiendo lo bien que le resultaría a Mavil aprender a topografíar pensé que fuera en el grupo de topo; pero parece que topografiar es considerado un castigo por la mayoría de los espeleologos. Mavil se fue con Moisés a explorar; César con Susana a topografiar y yo con Manu a bajar los pozos que salpican la Galería Sur. Cuando mire el material me di cuenta que una pocilga andaba cerca. Moisés había andado utilizándolo en el Pozo Pastelero. Me costo 15 minutos ordenar un poco lo que iba a usar en el trabajo de instalación y ponérmelo encima.
El primer pozo, a mano izquierda, estaba a cinco minutos de camino. Instalamos a un gran bloque directamente y fraccione a la pared más sólida para acercarme al borde, muy roto, del pozo. A medio colocar un segundo fraccionamiento la batería empezó a renquear. Conseguí acabar a duras penas y tuve la suerte de que la caída fuera limpia. Abajo encontré un tapón de bloques que dejaba un pequeño hueco por el que se intuía un estrecho pozo. No había soplo o quizás era muy débil. La impresión que me produjo fue que no era camino hacia parte alguna. El segundo pozo, a mano derecha, lo bajamos instalando en naturales que nos vinieron perfectos. Abajo se cerraba casi, aunque había un débil soplo y era posible desobstruir. El tercer pozo, a mano derecha, era una rampa que acababa en una boca que se acampanaba más abajo. Necesitaba equipamiento de spits o parabolts y no pudimos bajarlo. El cuarto pozo presentaba un curioso aspecto de lapiaz. La caliza blanca estaba carstificada con acanaladuras y puentes de roca. Podía destreparse sin problemas. Y Manu destrepo hasta una zona obstruida por un bloque que podría eliminarse para seguir hacia abajo. Pero cuando fue a subir se perdió entre los bloques y entro en crisis. Durante un rato Manu me gritaba que no encontraba la salida y yo le gritaba que veía todo el itinerario sin problemas. Manu consiguió salir. Luego se quedo sin luz de carburo. Avanzamos por la Galería Sur, el con la eléctrica y yo con carburo y leds, en busca de nuevos pozos que bajar.


III.
Vimos la luz del resto de compañeros hacer arabescos en el techo de la galería. Volvían con un largo tramo de topografía en el bolsillo y un buen pedazo de Galería Sur explorado (hasta un desfondamiento con un fuerte soplo). Moisés se sorprendió de que la batería solo hubiese podido meter dos parabolts. Pero así son las cosas. Dos que metí yo y cuatro o cinco que metió él hacen un total de siete como mucho. No es serio. Algo deberíamos hacer.
Restauramos nuestros equipos de iluminación mal que bien y nos pusimos a la siguiente tarea. A unos cinco minutos de avance, nos contaron, había un pozo prometedor. Nos acercamos con una cuerda y cordinos para intentar instalarlo en naturales. Al borde de  la boca del pozo, muy amplia, había un gran bloque del que montamos la cabecera. Me acerque al borde pero no encontré ningún saliente natural y fiable del que colgar el fraccionamiento. Unos treinta metros más abajo observe lo que pudiera ser una rampa de bloques que se hundía bajo la pared del pozo. Quedo pendiente la exploración.
Hubo un reparto de peso. Moisés se marcho muy rápido hacia el Pozo Pastelero para mejorar la instalación de la cabecera (antes de marcharse detecto las huellas que alguien había marcado fuera del sendero; nadie se hizo responsable). Los demás fuimos andando, algo rápidos, siguiendo a Susana (Mavil decía que íbamos como flechas) y cuidando de pisar la “huella de Moisés”. Una distancia apreciable nos separaba del Pozo Pastelero y las únicas paradas que hicimos fueron para esperar a algún rezagado que hubiera podido despistarse. Nos presentamos sudorosos en la cabecera del pozo y tuvimos que esperar un poco a que se arreglasen todas las instalaciones. El descensor de Manu había desaparecido. No sabía si perdido en alguna parada u olvidado en el coche. Ante la situación, y contando con su falta de experiencia con el nudo dinámico, le deje mi descensor.
Cuando nos pusimos a caminar por las galerías de Udías hubo un acelerón por parte de Manu que insistía en querer salir pronto para tomarse una cerveza(¡¡). Le dije que por pronto que saliera tendría que esperar a los demás sin cerveza y así se calmo. Luego en las cuestas el acelerón fue mayor. Moisés, Susana y Manu hicieron su maratón particular; cuando acabo la cuesta se pararon a esperarnos(¡¡). Para no caer en los barros movedizos de la salida de la mina alguien había extendido una sucesión de cajones de plástico, abandonados como navíos a la deriva en un mar de fango.
La mierda nos comía por doquier. Barro pegajoso impregnándolo todo. Las orejas también. Al final todo el sucio material quedo en poder de Moisés para su posible utilización en fechas próximas. A continuación vino el tema de las cervezas, cocacolas, refrescos y raciones en el bar La Gándara. Empezamos con un par de raciones pero el hambre no se nos calmaba y fuimos pidiendo más raciones. Una cena directamente nos hubiera salido más rentable. En plan vacile el propietario nos dijo que por allí no solían venir deportistas Pero cuando supo que éramos espeleologos -ya se acordaba de nosotros- nos tomo con interés. ¿que buscáis bajo tierra, underground...?? el sentido de la vida le respondí -para regocijo de todos los presentes-. Creció la locuacidad y la hilaridad. Nos fuimos después de pagar y por el camino la furgoneta de Manu nos regalo un pedazo de música rockera.

1/8/06

Rangers (1/8/2006) Chorros del Río Mundo

I.
                Este verano me he sentido alejado de la práctica de la espeleo. Cuando me pregunto el porqué de esta actitud mía no encuentro una causa única y lineal. Más bien es un vago sentimiento de cansancio, no por las cuevas en sí mismas, sino por la actitud de los propios espeleologos. Hay una cosa clara y es que mientras yo siento el mismo o más entusiasmo que cuando comencé a hacer espeleo la mayoría de la gente (que hizo espeleo) de mi edad han abandonado totalmente la práctica de la espeleo o continúan con una actividad testimonial. La razón de que yo siga, a mi modo de ver, es que para mí la Naturaleza entera es un Templo. Es mi verdadera religión o quizás mi Gran Madre. Como los indios, que llaman Pacha Mama a la Naturaleza y la veneran como algo sagrado.  Me hace sentir bien. A menudo cuando salgo de una cueva me siento cargado de una energía tremenda, también a veces en un bosque o en el mar. Pero donde más suelo sentirlo es en las cuevas. Así que no percibo las cuevas como un sitio donde hacer carrera exploratoria, ni como una propiedad, sino más bien como un sitio sagrado, igual que el resto de sitios naturales, un sitio que te regala su belleza y su misterio y al que siempre vuelves a recargar tus pilas por muchos años que pasen.
Muy a menudo deseas compartir con otras personas este Templo, siempre y cuando lo respeten. Sin embargo a veces los espeleologos tenemos actitudes muy ridículas y posesivas con las cavidades. Entiendo que a casi todos (los espeleologos)  nos gusta descubrir. Lo que no entiendo es ese afán de guardarse los descubrimientos para sí mismo; mas siendo el colectivo de espeleólogos tan escaso y siendo la espeleología una actividad tan selectiva. Se nos cuela la competitividad, la posesividad, el afán de protagonismo y cosas similares. Pájaros en la cabeza. Vanidades. ¿Qué debería aprenderse en un cursillo de espeleo? Lo principal: que las cavidades son un Templo de la naturaleza y que debemos caminar con infinito cuidado, con tremendo respeto, sin estrés, sin prisas por ellas. Así no pasará (o será más difícil que pase) que un espeleologo estúpido tropiece con la más rara excéntrica de la red del Gándara o que un grupo de ansiosos exploradores pise por todos lados los sedimentos de una galería sin darse cuenta de que puede pisarse siempre por el mismo sendero: es perfectamente posible y gente de otras tierras nos lo demuestra con el ejemplo (franceses en la galería del Sahara de Borgoñeses). Solo es una manera de estar. Una manera de sentir respeto. No es la manera de sentir de la mayoría de los espeleologos que conozco. O quizás me equivoco.   

II.
Hace tiempo (un mes es mucho para mi) que no hago espeleo, que no hago espeleo con  Mavil y que no hago espeleo en el Sur. Me cuadra ir a Murcia  a finales de julio (hace varios meses que no veo a mis viejitos) y tras unos días de mucho Mediterráneo y de otras aguas cálidas Mavil y yo nos encontramos en Molina de Segura para tomar unos granizados de limón. Los Chorros del río Mundo y su gran cueva nos atraen. En las tierras del Sudeste la temperatura oscila (estos días) entre 30ºC de mínima y 40ºC (arriba o abajo) de máxima. Pero sabemos que el agua de los Chorros esta a 5ºC más o menos. Así que estar fresco y sombreado es un aliciente añadido a la espeleo en los Chorros. Hace años, cuando entre por primera vez por la Speleuka, me intrigo la potente corriente de aire que recorre este sector de la cueva de los Chorros. De todos los que se interesan por esta cavidad es sabido que existe tres sectores conocidos de amplio desarrollo: el primero y clásico sector de la Surgencia se puede recorrer aguas arriba del río Mundo hasta el sifón Vera. El segundo, sector de la Speleuka, esta comprendido entre el sifón Vera y el sifón Mateo. El tercero, de reciente exploración, tiene su acceso por la estrecha sima Hineni y también esta comprendido entre dos sifones; aguas abajo sus aguas entran en el sector de la Speleuka. El sector de la Speleuka fue explorado inicialmente mediante campamentos establecidos más allá del sifón Vera, un precedente impresionante de tesón exploratorio. Mediante arduos trabajos en el interior de este sector, incluyendo la escalada de la sima Speos y otras cuantas escaladas más, se encontró una zona con soplo muy cercana a la superficie. El remate se realizo mediante botes de humo. Posteriormente hubo que desobstruir la estrecha grieta que se descubrió en el exterior, llamada ahora Speleuka,  y vaciar un corto charco que a veces sifona. Según me han contado en una de las últimas exploraciones antes de su descubrimiento dos de los exploradores pasaron el sifón Vera (40 metros de longitud y 10 de profundidad)  a pulmón, exploraron hasta los pozos de acceso y volvieron por el sifón Vera de nuevo a pulmón. De cualquier forma a pesar del tremendo soplo que sale por la Speleuka y de 30 años de exploración no se han localizado galerías aéreas de conexión con los demás sectores ni tampoco nuevas entradas a este sector. Mavil y yo decidimos nuestro objetivo: seguir el aire y ver a donde nos llevaba. Como nubes.                   

III.
                El lunes 31/7/2006 la temperatura ambiental rondaba los 40ºC.  Me pegué un chapuzón en una balsa de riego de aguas transparentes y pase a las 7 de la tarde por casa de Mavil. Tras cargar las cosas y saludar a Galo y a la madre de Mavil partimos con el aire acondicionado a tope hacia Hellín, 100 kilómetros al norte más o menos. Antes de seguir para Riopar pasamos por casa de Antonio Dólera, en Hellín, a ver si se venía a Los Chorros pero  no andaba muy por la labor pues carecíamos de permiso. Antonio Dólera llevo a mucha gente de visita a la cueva de los Chorros como guía contratado. Nos invito a una autentica limonada con ron.
Teníamos un problema importante. No había permiso para entrar en la cavidad, cosa totalmente necesaria si no quieres buscarte un lío con multazo incluido (y las cosas son muy estrictas en los Chorros). Además es imposible acampar en sitio alguno bajo multazo mucho mayor. Hay tres colectivos continuamente ojo avizor: en primer lugar los guardias rurales que controlan el tema de acampadas; en segundo lugar los rangers (para mayor claridad: los del SEPRONA) que controlan el tema de acampadas y los permisos, en tercer lugar el reten de bomberos de Riopar que esta continuamente circulando, observando y haciendo recorridos y que no dudara en dar el aviso a los otros dos. Por último, y para terminarlo de arreglar, está el tema de los guías de la Cueva de los Chorros que también darán el chivatazo si alguien anda acampado o entrando en una cueva sin permiso. Y esto último hay que tomárselo también muy en serio.  El Calar del Mundo y Los Chorros constituyen las estrella de la corona de la Comunidad de Castilla-La Mancha, al menos en la provincia de Albacete. No se escatiman medios para preservarlo. Y es muy lógico que así sea ya que la zona es mágica y maravillosa.

 El fresco bosque junto al arroyo de Mesones                               Vivac junto a la fuente y la balsa

Cuando ya estábamos llegando a Riópar nos impusimos decidir un sitio para dormir de forma que no existiera peligro de ser sorprendidos. Mavil, que conoce la zona a fondo, eligió el arroyo de Mesones a dos kilómetros, de pista, de la carretera principal,  subiendo hacia el Argel. Zona de bosque umbrío muy poco transitada, al llegar a una fuente que alimenta una balsa cristalina y fresca junto al arroyo montamos un pequeño vivac. Dormimos a pierna suelta en el hotel mil estrellas.  

IV.
                El martes nos despertamos a las ocho de la mañana. Tras un ligero desayuno preparamos totalmente las sacas de forma que al llegar al punto donde se aparca el coche, junto a la cancela de la Cañada de los Mojones, solo tuviéramos que ponernos las sacas y salir vestidos de excursionistas, andando a toda pastilla. Se trataba de minimizar las posibilidades de ser sorprendidos en el camino hacia la Speleuka. Lo ideal hubiera sido llevar la saca metida en una mochila de montañero. Por suerte todo salió redondo y no nos tropezamos con nadie. Ni siquiera encontramos ninguna manada de toros bravos de la ganadería que pasta por la Cañada de los Mojones. Mejor.
                Los preparativos para meterse en la Speleuka incluían la decisión de si te pones el neopreno directamente o aguantas a ver si no lo necesitas o quizás lo necesitas más tarde...Sabemos que generalmente por bajo que este el nivel del charco cercano a la entrada sueles tener que meterte entero en el agua. Mavil no lo dudo ni un instante (siempre se pone el neopreno)  así que decidí ponérmelo yo también. La entrada es estrecha y tras un corto descenso por una zona más amplia hay que introducirse por un muy estrecho y resbaladizo laminador pendiente (casi vertical) que si bien es fácil de bajada de subida ya lo veríamos más tarde. El charco que sifona no tenía agua, solo un poco de barrillo. La corriente de aire es critica
                     
         La entrada Speleuka esta justo arriba de la saca                        La rampa de entrada a la Speleuka

en ese punto. Poco después por unos conductos agaterados se llega a la cabecera, instalada con cadenas, de un pozo de 20 metros equipado (en general todo está equipado en esta cavidad). A partir de este punto seguimos la Vía Scout , galería amplia y variada que muestra un pequeño soplo pero bastante más débil que el de la entrada. Los recuerdos de Mavil nos indican que deberemos ir hacia la galería Artemio Cuenca donde la corriente de aire se muestra fuerte de nuevo. Para alcanzar esta galería se debe bajar el pozo Speos pero no hasta abajo; a mitad de altura, mediante un fácil péndulo, se alcanzan las amplias terrazas que dan comienzo a la Artemio Cuenca.
                                              Pozo Speos                                                        

                El recorrido por la Artemio es grato. Presenta abundantes concrecciones y hermosas formas. La galería tiene cerca de su final una serie de desfondamientos o balcones de donde comprobamos que emergía el flujo de viento aunque bastante débil por lo diversificado. La continuación de la Artemio, llamada Vía de los Sedimentos, no presentaba corriente alguna de aire.
                Destrepando cualquiera de los desfondamientos se alcanza una galería semiactiva por la que al cabo de un corto recorrido desembocamos, mediante más destrepes, en la zona superior de la gran galería activa que conduce el río Mundo. Desde la parte superior de la galería mediante un sistema de pasamanos y unos destrepes, con buenas presas, muy verticales se llega al lecho del río. Hay que pasar dos lagos y en el segundo de ellos el agua llega hasta el pecho. Estaba helada.
La zona del segundo lago es crítica para la corriente de aire. Se nota que es un conducto fundamental sin alternativas. Pero la continuación podía hacerse por muchos caminos. Nuestro criterio fue escoger el camino que presentase más corriente de aire. Pero muchas veces el soplo era tan débil que la decisión no era fácil. Resultaba claro que andábamos por las ramas sin encontrar el tronco. Puesto que hay un ligero buzamiento hacia el norte perpendicular al eje de la cavidad y que todas las zonas fósiles se encuentran en general algo al sur de dicho eje optamos por intentar las galerías que nos acercaban a esa dirección. Primero nos detuvimos con detalle en la zona de la chimenea David. Ha sido explorada mediante escaladas y todavía están las cuerdas. Allí no encontramos la más mínima traza de viento. A continuación nos enredamos por el dédalo de galerías que forman la Red de la Marlekorita o mejor dicho que se aproximan a la Vía de las Marlekoritas. Allí observamos débiles flujos de aire en muchas galerías pero, obviamente, habíamos perdido la línea principal. La siguiente desviación hacia el sur es la que conduce a la zona del vivac. Lo encontramos intacto e instalado de una forma sumamente práctica y agradable. Solo observamos débiles trazas de viento. Sin embargo opté por seguir un poco más hacia la zona superior al sur. Remontando un resalte equipado por una cuerda fija alcanzamos una galería que giraba de nuevo aguas arriba. Sin embargo un poco más allá y antes de que se elevase a un nivel algo más alto observe un conducto bajo, al nivel del suelo, que soplaba con fuerza. Estábamos de suerte.
Metiéndonos por este conducto de estilo agaterado y bastante pisado alcanzamos un cruce. Por la derecha venía un potente flujo de viento, casi violento en ocasiones, por la izquierda se perdía parte de este flujo y otra parte se introducía por la galería por la que habíamos venido.  Estábamos acercándonos al tronco. Todo esto se veía bastante transitado por los exploradores. Algo más allá otro cruce presento similares características y un resalte nos obligo a un destrepe cuidadoso. A continuación tuvimos que ascender a un nivel algo superior mediante unos pasos entre bloques y alcanzar una galería en forma de tubo a presión. Aquí el flujo de viento se perdía.  Sin embargo Mavil observó una plataforma a la que se accedía por una corta trepada y luego una escalada que conducía a una galería colgada. De allí bajaba todo el flujo de viento. No había huella alguna en esta zona. Habíamos dado con una clave. La escalada, de roca muy quebradiza, requerirá material para asegurar.

                                               Observando las sierras



A la bajada encontramos un indicador muy positivo: las únicas sierras que Mavil ha visto en toda la cavidad estaban allí al lado. Para que se formen la corriente de aire debe ser importante y muy constante.  Estaba claro que habíamos encontrado algo nuevo e interesante. Salíamos muy contentos.
Ocho horas estuvimos en la cueva. A la salida el laminador se presento en toda su crudeza. Me costo salir. Además el hecho de andar con neopreno tantas horas te va restando agilidad. Aunque el neopreno sea de 3mm tipo surfero.  En el exterior nos esperaba el calor y el solazo intenso. Por el camino de vuelta al coche se mostraron algunos toros, aunque lejos. En el aparcamiento no había moros en la costa. Pudimos meter las cosas al maletero y salir rumbo a Riopar  sin novedades. Por la pista de bajada nos tropezamos con el retén de bomberos aparcados en un claro. Nos miraron con intensidad pero nosotros seguimos tranquilos hacia abajo. Habíamos cumplido nuestro objetivo. Ya de vuelta paramos a cenar invitados por Antonio Dólera en Hellín. Fue una plácida velada.

18/6/06

Lobos (11/6/2006) Falsas Esperanzas/Carrio

I.
                El viernes 9/06/2006 vino, en un vuelo a Parayas desde Madrid, Félix, mi antiguo colega del SEII, para ayudar a localizar la sima de las Falsas Esperanzas en el laberíntico lapiaz de Peñas Rocías. Una sima que, inicialmente, localizaron los franceses, posteriormente los del SEII, que descendieron en ella mas de 300 metros,  y que, finalmente, se perdió por más de 25 años. Y sigue perdida de momento.
El sábado 10 por la mañana pasamos por Ramales en donde nos juntamos con Ángel, P.Merino, P.Hierro y Alfredo BK. Nos marchamos para arriba en un día algo más fresco que los vecinos días. La lluvia ligera del día anterior y la brisa nos ayudaron a caminar. Hicimos una parada para coger agua en Fuente Fría y esperar a los dos Pedros que desaparecían y aparecían siguiendo una extraña ley. En el entreacto Ángel se enzarzo a limpiar el grifo de la fuente. P.Hierro le apoyo con decisión. Finalmente P. Hierro consiguió que el agua corriese en abundancia y acuso a todos los universitarios de ser una pandilla de inútiles.
La conversación se centró entorno al conjunto de cavidades y simas que proliferan por este lapiaz y su posible importancia para localizar el río subterráneo colector de este sector del Macizo de Mortillano. Me maravillo la memoria y el entusiasmo que exhibió Félix y también la de Ángel. De camino hacia el lapiaz de Peñas Rocías pasamos por  la misteriosa cueva H44. Los que saben me dijeron que la cavidad consiste en una galería meandrosa y descendente. Exhalaba un potente flujo de aire frío. Esto me resulto extraño ya que la boca actuaba, ese día, como boca inferior. Y me generó suficiente curiosidad como para querer entrar este verano.
Siguiendo por el frondoso hayedo cruzamos el vallecito hacia el noroeste y nos encalomamos a un espolón rocoso desde el que se dominaba el bosque donde debería estar la torca de Falsas Esperanzas. Nos repartimos el pastel en bandas a cota fija. A cada uno le toco un pedazo sino malo aún peor. Tras los primeros pasos por las agujas del lapiaz llegué a un punto en que no podía mantener mi cota. O subía o bajaba. Opté por subir con lo que me tropecé con Alfredo. Seguimos subiendo juntos hasta llegar a una gran dolina en la que observamos nieve y ninguna continuación posible. Atravesamos una franja herbosa hasta colocarnos bajo uno de los mazos de la cresta Rocías/Mortillano. Una cuevecita en la misma base de la pared nos llamo la atención. La breve galería de entrada nos llevo al borde de un pozo de unos 80 metros, como mínimo, en el que estuvimos a punto de caernos por falta de luz. Nos paro el sonido reverberante. Estilo entrada de Cueto. Sorprendidos, buscamos señales de un descenso y las encontramos: tres spits en el borde del techo justo encima del pozo.
Nos enfrentábamos a un importante problema: volver a juntarnos con el grupo que se encontraba hurgando más abajo. A voces conseguimos comunicarnos con Félix y con Ángel. De Merino y Hierro no quedaba ni rastro. Fuimos bajando por un complicado e irreal terreno lleno de agujeros y de agujas. A veces pasábamos por puentes naturales formados por una losa colocada por la naturaleza entre dos torres y otras veces destrepábamos por paredes para volver a trepar de inmediato. Así entramos en un bosque de hayas en que el terreno se suavizó. Bajo un haya centenaria me encontré una hermosa sima. Contactamos con Félix y con Ángel al que acompañé hasta la nueva sima. La zona en que Félix había depositado sus esperanzas no dio frutos. Comimos. Y hablamos por teléfono con Merino y Hierro que habían abandonado la búsqueda y huido hacia la Fuente Fría.
Tras la comida Félix, que exhibía una férrea moral,  nos arrastro a nuevas incursiones cuesta arriba y cuesta abajo para seguir buscando. Descubrí otra nueva sima que fue archivada religiosamente, como la anterior, en el GPS de Ángel pero de las Falsas Esperanzas ninguna señal. Finalmente tras una breve junta general empezamos a bajar hacia Fuente Fría por un camino “bueno”. Menos mal. Todos tuvimos arañazos, magulladuras, picaduras y ortigamientos. Ángel metió la pata en un agujero y se dio un corte en la pantorrilla. Al cabo de un rato alcanzamos la pista y pude volver a caminar placidamente hasta los coches, en donde esperaban, más plácidos aún, Hierro y Merino. Bajamos a La Gándara a tomar cervezas.  

II.
                El domingo 11/06/2006 tras los sucesos del sábado y una cena pampera con efluvios alcohólicos nos decidimos por una bucólica excursión a Zucía con visita a la Cueva del Lobo. A media mañana aparcamos en el comienzo de la pista a Zucía.  Había un perrillo ladrador  y  gente en la cabaña cercana al bosque. Félix, Marisa y yo nos entretuvimos hablando de lugares en donde vivir, lugares en donde comprar una vivienda para estar tranquilo y lugares en donde invertir en una vivienda. También hablamos de formas de energía y del ruido de los aerogeneradores. Insufrible. Toda la zona esta inundada del ruido de los molinos de La Sía. Antes había silencio. Solo silencio. Pero incluso en el bosque el ruido se percibía hasta cruzar el colladín de bajada al Lobo. Pobres duendes y hadas del bosque de hayas.
La llegada a la cueva se anuncio por el vendaval helado en la ladera y la tremenda acumulación de hojas secas de haya.  Utilizamos luces de leds, algo insuficientes para el tamaño de las galerías pero muy cómodas y simples. Anduvimos por la galería del Flysch y las salas medianas hasta la Sala de la Cabra y la gatera de conexión con el meandro Apricot. Luego anduvimos por las galerías que conectan con el Valturón aunque no dimos con el punto exacto en que desemboca el estrecho meandro que proviene de esa sima.
A la salida Félix se mostró contento de haber conocido esta cueva. A pesar de haber venido durante varios años todos los fines de semana y de haber realizado varias campañas de verano, Félix apenas conoce otras cuevas de Soba salvo Garma Ciega/Cellagua y las simas de los alrededores de Garma Ciega y Fuente Fría. Es sorprendente que deban pasar 25 años para conocer un poco esto.


III.
                El domingo 18/06/2006 me levante a las diez y media con una obsesión: recuperar todas las cuerdas que tengo aún en el Carrio para poder utilizarlas en la pared de Zigal.  Marisa estaba decidida a acompañarme y llamo a Aurelio (Yanqui), nuestro antiguo colega escalador, para animarle a venir de excursión. No tuvo que animarle, estaba esperando nuestra llamada de forma inconsciente. Pensaba que había dejado la cuerda del tramo inferior del  primer pozo del Carrio recogida en la cabecera. Así que metí dos cuerdas (30+6), suficientes para equipar el primer tramo de rampa y el salto que le sigue, seis mosquetones, llaves de parabolts/spits y chapas; además mi casco con leds y linternas de reserva. Y nos juntamos en Solares en un día relativamente caluroso pero con nubes.
                La fronda del valle del Miera, las paredes, los argayos y todos los detalles estaban en su sitio. Aurelio no paro de contarnos cosas hasta la casa de Esteban en Valdició.  No había nadie en la casa. Repartí un poco los trastos y partimos. No paramos hasta la sima a pesar de Aurelio.
 Al poco de pasar la planicie morrénica  Marisa y Aurelio, que iban un poco a la zaga, se tropezaron con dos víboras. En esta ladera ya hemos visto muchas veces víboras. Por suerte no me las tropecé yo, que iba con sandalias. Aurelio se dedico a hostigar a la más grande con una vara a la que el ofidio lanzó un mordisco. Cosas de Aurelio. Un poco más arriba del Hoyo Salcedillo comenzó la niebla que no nos abandono ya en la subida. De vez en cuando se habría algún claro fugaz.
Aun a pesar de casi dos años puestas, las chapas se mostraban como nuevas e instale en ellas sin prejuicios. Un minuto más tarde, al alcanzar la cabecera del tramo inferior, me lleve el chasco: la cuerda se había retirado en su día y yo lo había olvidado por completo. Me consolé pensando que iba a salir al calorcito de nuevo. Cinco minutos después me dediqué a sestear  un par de horas sobre la hierba. La próxima vez que pasen dos años leeré los diarios. Deje en depósito las dos cuerdas para volver en breve. El descenso a Valdició transcurrió entre niebla hasta casi el depósito. La casa de Esteban seguía aparentemente sin nadie pero se veían varias puertas abiertas. 

27/5/06

Unificación (27/05/2006) Cellagua

        El viernes 26/05/2006 me llamo Wichi para invitarme a una revisión en la galería de los Borgoñeses de Cellagua. Llame a Moisés para animarle a venirse. Y me despreocupe de buscar planes. Pero al atardecer el mismo Wichi me comunico que se habían rajado todos, incluido él mismo, quedándose solo Ángel para salir. Tras una corta charla con Moisés y Susana decidimos ir de todas maneras, si cuadraba, a Cellagua y a Borgoñeses.
El sábado a las ocho y media nos reunimos en Solares sin nubes en el cielo. Sin embargo me sentía extraño e inquieto. Hasta cierto punto es normal inquietarse cuando bajas a una sima con grandes pozos pero esta vez estaba más nervioso de lo usual. Quizás por hablar de accidentes espeleológicos. En Semana Santa se cayó 40 metros una chica en un pozo de la Tibia. Sobrevivió con secuelas importantes. Y no hay explicación, hasta el momento, de cómo ocurrió el accidente. En la cuerda de bajada solo se encontró el dressler  bien puesto pero sin mosquetón. Un misterio. La chica no recuerda nada.
A las nueve nos reunimos con Ángel en el local del AER de Ramales. Estaba preparando un foco con batería de plomo para poder iluminar las posibles galerías colgadas del meandro Sur en Mazo Chico. Para motivarnos nos enseño una topografía de verticales de todos los sistemas de Mortillano. Nos comparo los niveles de la Rubicera con los de Borgoñeses. Ángel piensa que, por lógica, esos niveles fósiles deberían extenderse hacia el Sur hasta enlazar el Mazo Chico/Cellagua con la red del Mortero. Sería una gran unificación que haría del sistema de Mortillano uno de los primeros de España. Quizás el segundo. Aunque eso no tiene ya tanta importancia. Sería maravilloso poder ir desde Cellagua hasta el Mortero o la Rubicera sin tener que bajar hasta la zona profunda del Mazo Chico con todas las complicaciones acuáticas que conlleva. De todas formas está por ver que exista una conexión, bien en la zona profunda, bien en la red intermedia (que es lo que están buscando...).
Nos preparamos en el aparcamiento a final de la pista a Entremazos. Estaba empezando a apretar el sol pero todavía no hacía un calor excesivo. No había ganado por el camino. A lo lejos observe vacas y caballos. Y en el cielo, azul intenso y sin nubes, pájaros volando alto. El rincón de Cellagua es muy misterioso. Esta cerrado, al oeste, por unas cortas paredes que sostienen un bosque de hayas. Y por el este se abre en un amplio vallecito que sube suavemente, decorado de brezo, hasta el collado del Crucero. El arroyo que se sume en Cellagua tenía el sábado un hilo de agua y en los remansos muchos renacuajos. Si el arroyo hubiera entrado en carga la mayoría de los renacuajos se habrían visto arrastrados a la sima. Un triste final para los renacuajos. A esta hora de la mañana la sima aspiraba ligeramente aire cálido.
Ángel nos aviso que la instalación había sido revisada para evitar las posibles entradas en carga de los pozos regados; lo que significaba pasos de cuerda más complicados que si bajas a cañón. En cuanto empecé el descenso noté las instalaciones más exigentes que la última vez que estuve. En el pozo grande, de ochenta metros, en vez del amplio péndulo que te enviaba a la pared contraria me encontré con un pasamanos por una repisa descendente seguido por un rosario de fraccionamientos y pequeños péndulos. La zona intermedia estaba instalada de forma parecida a las otras veces que había estado allí y la cabecera del último pozo con un incómodo pasamanos combado. Con intención de aprovechar mejor la longitud de las cuerdas Ángel preparo un cambio de cuerda para las dos últimas tiradas de la bajada pero resultó que la nueva cuerda era muy corta. Así que tuve que desinstalarla y volver a enlazar la que anteriormente estaba puesta con la penúltima cuerda. Me toco estar en el fraccionamiento quince minutos con goteos y chorrillos que me empaparon a fondo. Como un gato en una bañera. Salí disparao en cuanto pude pero ya no tenía remedio. En el fresco y acogedor ambiente de Cellagua, humedad 100% y temperatura alrededor de 8º, estar empapado se lleva fatal.  Mientras Moisés y Susana aterrizaban a la cota –230 tuve tiempo de chupar frío a fondo. Ángel también estaba empapado pero el no se quejo. Solo me dijo que luego nos secaríamos andando por Borgoñeses. Es un tío duro.
De la base de los pozos al enlace con la galería de  Borgoñeses se tiene que transitar por el cañón de Cellagua una media hora. Al poco de comenzar atravesamos un caos de bloques siguiendo el camino que indica un viejo cable de teléfono. Estaba todo resbaladizo y los pasos atléticos se pusieron pesados. Luego el tránsito se convirtió en un hermoso y ancho meandro con playas de grava y con paredes sinuosas y pulidas. Así se alcanza el punto de enlace con la sima del Chapeau  y poco después la galería de los Borgoñeses.
La cuerda que supera el resalte de acceso a los Borgoñeses, de apenas cuatro metros, está instalada en un solo anclaje de mierda oxidado y sospechoso. Ángel tomo nota mental del tema. Una vez encaramados el tránsito se hace agradable y entretenido.  La galería de los Borgoñeses es amplia y variada con pequeñas dificultades, que incluyen resbaladizas pendientes y algunos ensanches, hasta que se alcanza un marcado recodo en ángulo agudo que nos lleva por una pequeña galería activa hasta un cómodo vivac utilizado por los franceses para la exploración de la sima del Mazo Chico. Realmente esta zona es una zona intermedia entre dos redes hidrológicas totalmente independientes: el río de Cellagua que luego recorre Garma Ciega y el río del Mazo Chico que se reúne con el río del Mortero y el de la Rubicera en la zona profunda. Lo curioso del caso es que  la galería de los Borgoñeses es la verdadera cabecera del río de Cellagua.
Desde el vivac seguimos por el camino más evidente hasta una doble sala en la que puede tomarse una cuerda ascendente que nos llevaría hacia la galería del Penitente, el pozo Balourd, la galería del Sahara y el río Cantarín. Sin embargo nosotros, dejando la cuerda a nuestra izquierda, enlazamos en unas decenas de metros con el meandro Sur. Antes de internarnos por este meandro hicimos una sentada para comer. Me sentía algo destemplado y con pocas energías, seguramente por el remojón.
Tras la pitanza nos movimos hacia el sur por el meandro. Nuestro objetivo era recorrerlo entero revisándolo en toda su altura con el foco hasta su unión con el río del Mazo Chico.  El recorrido del meandro hasta el enlace conlleva pozos de longitudes 4, 15,  6, 5, 13, 6, 5, 7, 6 y 39 metros mas una escalada de otros 10. Presuponíamos que los franceses habían dejado instalado todo esto para facilitar las posteriores exploraciones. Progresamos con cuidado lanzando potentes rayos luminosos hacia todo lo alcanzable con la vista. Nada más comenzar observamos un corte transversal de otra galería que, mediante una escalada en travesía ascendente podría conducir a la parte alta del meandro Sur y a una galería independiente. Siguiendo para abajo por el meandro Sur primero se pasa una zona cómoda de suelo arenoso pero de un metro de anchura más o menos. Es una galería meandriforme de manual. Al poco empezaron las dificultades con pequeños resaltes o desfondamientos que tuvimos que destrepar o pasar en oposición. Y no mucho más abajo nos tropezamos con el primer resalte importante, de unos 15 metros, con los spits evidentes pero sin cuerda. Moisés sopeso bajar destrepando pero por mi parte no lo vi claro. Y el grueso de la tropa tampoco. Se acabo el descenso. 
De vuelta al comienzo del meandro Sur nos metimos por una galería transversal que nos subió en rampa y nos permitió echar una mirada más a fondo a la parte alta. Luego Ángel cruzo al otro lado y subió por la rampa de enfrente lo que le llevo a la sala de la cuerda por otro camino. De cualquier forma quedo por alcanzar la parte alta del meandro Sur a la altura de esa galería. Comenzamos a volver con calma. A la llegada al resalte Ángel nos sugirió que volviéramos a la base de los pozos de Cellagua para comenzar el ascenso mientras él metía otro spit de refuerzo en el acceso a Borgoñeses. Nos fuimos, yo algo renqueante y torpe, aguas arriba.
Al poco Moisés estaba en el primer fraccionamiento y Susana comenzando. Cuando yo iba a empezar a subir le pegue un grito a Ángel para confirmar que volvía. Me respondió. Al pasar el primer fraccionamiento le vi abajo. Fui siguiendo a Susana todo el tiempo en corto. Y me fui cansando. Llegando a la cabecera del pozo de 80 iba un poco harto. Mire para abajo y no vi ni rastro de la luz de Ángel. Le pegue otro grito y respondió. En el pasamanos de acceso de este pozo me di un rodillazo contra la pared que me hizo ver las estrellas. Como ya faltaba poco para salir y no había a quien quejarse me callé. No había libro de reclamaciones. El último pasamanos; Susana se fue a salir por arriba del todo siguiendo la cuerda. Yo me escaqueé entre los bloques.
Moisés estaba en mono interior tomando el calorcito del exterior. La sima soplando aire helado a chorro. Me dedique a comerme una manzana y a beber algún líquido mientras Moisés y Susana retozaban a sus anchas. Ángel salió al poco; había estado ajustando las instalaciones. La vuelta a los coches la hicimos paseando con el tiempo algo nublado. Bajé en el coche de Ángel. Y nos paramos todos en Ramales a tomar unas cervezas en el Marcos. Comprobamos al pasar por el centro del pueblo que había una boda en su apogeo. Ángel me dijo que el local tiene fama y que vienen a celebrar sus uniones muchas parejas. Quizás sea el lugar adecuado para celebrar la unión de los dos sistemas...cuando se consiga.

20/5/06

Pasaje Oculto (20/5/2006) Mostajo

               Hay muchos cabos sueltos. Muchas incógnitas que resolver. Un paquete de misterios bien envueltos. Nunca nos dará tiempo a conocerlo todo. Y nunca podré satisfacer en el tiempo de vida la infinita curiosidad que me consume. Sin embargo uno de mis interrogantes, al menos, ha quedado resuelto, de forma simple, este último sábado 20/Mayo/2006.
                El viernes por la noche me reuní con un nutrido grupo de miembros del club SCC de los que algunos hacen espeleo a veces. Pero Moisés, el esperado, no pudo venir a la reunión. Se suponía que había organizado una salida a la Fresca con más de diez participantes. No había cobertura para hacer una salida. Y pesaba el cansancio, o falta de fuelle, característico del viernes tarde. Vi a Noelia y Pablo que se marchaban a Picos y también vi a Elena que estrena plaza de Pediatra en Mérida. Julio se vino conmigo a beber cerveza y a picar algo en el Gambrinus. Al cabo de un rato llego un Moisés cansado que no nos sugirió demasiado. Me fui a casa y poco después me llamó Julio. Iríamos a la Torca de Papá Noel quedando a las nueve y media en Solares.  Y también vendrían Marta, Eduardo y Rafael (y Julio y Moisés).
                Me costó más que nunca preparar los trastos de espeleo. Los preparé por la mañana y a toda prisa. Aún así llegué pronto a la cita. Julio quería tomar café. Nos fuimos hacia la pastelería cercana a la estación. Mientras Julio tomaba su café me compré el periódico ABC. Ignoro si mentira tanto como El País o El Mundo pero su castellano es de mejor calidad y su suplemento sobre arte me inspira algo. Moisés nos encontró en plan mañana de festivo. Venía con Marta.
Me pasé al coche de Moisés. Y hablamos de cuevas y de no se que más. Cuando ya estábamos cerca de Matienzo se me ocurrió que podíamos visitar los niveles más profundos de la Torca del Mostajo. Una asignatura pendiente desde hace, al menos, 8 años, con fama de albergar bonitas formaciones e incluso una sala llamada de las Maravillas. Calculamos que con varios retales tendríamos para instalar sin problemas los pozos de entrada y el pozo de 40 con la cuerda de 60. Moisés le pregunto a Marta que qué le parecía pero ya estaba convencido de las ventajas del nuevo plan.
Unos minutos después estábamos al lado del Mostajo y mientras el grueso del personal acababa de prepararse ayudado por Moisés, me acerqué a instalar los pozos de entrada. Para facilitar la tarea metí la línea por la rampa de la derecha. Tuve que volver a salir desde el segundo fraccionamiento para cambiar un retal largo, que no llegaba hasta abajo, por otro mas corto y enlazar en el fraccionamiento el corto con el largo. Utilicé el tercer retal para el resalte de abajo, aterricé y me senté a comer manzanas. Marta, Rafael y Eduardo se vinieron para adentro para evitar aglomeraciones en las gateras y las cuerdas.
Cuando llegábamos a la ventana de acceso al pozo de 40 nos alcanzaron Moisés y Julio. En un momento dejamos instalada la cabecera e inicié el descenso que solo tiene un desviador a un metro del comienzo. Me fijé bien en todos los recovecos del pozo no fuera a ser que la continuación estuviese en alguna ventana y no como había creído siempre: abajo del todo. Pero el pozo es un tubo que conduce únicamente a su fondo. Me di una vuelta por los rincones de la base sin encontrar continuaciones y cuando estuvieron abajo los hermanos nos fuimos a echar un vistazo por los alrededores. La situación había cambiado. Ahora los senderos están balizados con hitos y alguna flecha. Guillermo y yo estuvimos perdidos por esta zona un buen rato hace muchos años. Me fije en que había una alternativa a la continuación obvia, que yo tomé las otras veces que estuve allí, por una galería coqueta y modesta medio oculta en un rincón. La seguimos un rato hasta desembocar en una sala con abundantes alternativas. Volvimos rápidos hasta la base del pozo para reagruparnos y avanzamos de nuevo hasta esa sala donde comimos.
Llevábamos un sobre de papelillos catadióptricos y como parecía algo laberíntica la zona estábamos dispuestos a utilizarlos. Siguiendo por la zona que parecía mas trillada y obvia una senda a través de salas, laminadores y galerías variadas fuimos a desembocar al borde de un pozo con paredes de grava y arena imposible de bajar sin material. Estuvimos repasando las galerías de alrededor y encontramos algunas zonas muy interesantes pero nada especial en cuanto a formaciones. Moisés estuvo a punto de deslizarse sin control por una rampa arenosa. Ya de vuelta nos fuimos metiendo por varias ramificaciones hasta encontrar una que desembocaba en una sala amplia. La sala daba acceso a una galería con aspecto de río fósil y Moisés fue a echar un vistazo. Al cabo de cinco minutos nos informó que había una zona bonita con formaciones.
A todos nos gusto esa zona. Suelo, paredes y techo exhibiendo formaciones en abundancia e incluso con algún grupo de excéntricas. Pero a pesar de todas las vueltas que dimos no encontramos la Sala de las Maravillas. Sabemos que esta por allí cerca, pero no la encontramos. Esta bien que sea difícil de encontrar para que se conserve. Ya de vuelta me pareció verdaderamente corto el trayecto hasta el pozo. Moisés subió el primero y tardo nada. Luego fui yo que tarde algo más. Y luego Marta, Rafael, Eduardo y Julio. Mientras subían me dedique a dormitar al otro lado de la galería. Y mientras desinstalaban me marche con Rafael y Marta hacia las gateras de salida para evitar  embotellamientos. Nos volvimos a ver en la zona del pasamanos. Para el pozo de salida empezó Marta la primera, seguida de mi, pero en la rampa de piedras me adelante a ella. Tuve que darle instrucciones un par de veces y realmente le costo algún trabajo salir por los fraccionamientos. Un poco más de tiempo y le cogerá el truco.
Llovía. Mientras salían todos me refugie en un recoveco del borde de la torca para no mojarme.  Me imitaron Marta, Rafael y Moisés. Cuando bajo Julio hasta los coches salí rápido de mi refugio, baje corriendo  y, hábilmente, conseguí no mojarme apenas mientras me cambiaba.  Luego nos fuimos a tomar unas cervezas al bar de Germán en Matienzo. No se trato mucho de proyectos ni de planes. Solo charla informal, miradas a la televisión y al personal de alrededor. Tarde de sábado en bar de pueblo.

13/5/06

Inexplor (13/5/2006) Luna Llena

                Siempre que llega el momento se me quitan las ganas; es la marca de la contradicción. O la galería minera. O el barrizal de la gatera de conexión. O las ganas de variar, ver nuevos horizontes y escuchar nuevas historias. Aunque posiblemente todas las historias humanas tienen, cuando los tienen, los mismos ingredientes negativos: incomunicación, egoísmo, falta de entendimiento y cosas similares. Y otros ingredientes positivos también. Pero la novedad de la película parece que cambia algo.
                Una fracción escasa; lo que mostramos y lo que se oculta. Recibí un mensaje de Moisés invitándome a la exploración en la Torca de la Luna Llena para el 13 de Mayo del 2006, día de Luna Llena. El viernes me deje llevar a la reunión del club SCC y allí estaba Moisés preparándolo todo, ayudado por César, y acompañado por Javier, Julio, Sara y los dos jóvenes hermanos. Creo que también pasó Pablo por allí. Tras un rato de bareto Julio se vino a cenar a mi casa y César se fue a la de Mois.
Un hormiguero de hormigas rojas ataca a otro de hormigas negras; yo estoy mirando la batalla. Me reuní el sábado en Monpía con Ernesto, Julio y Sara. Ernesto nos llevo a todos en el coche de su empresa Todos ahorrando a costa de la empresa de Ernesto: sin remordimientos. En la rotonda de Cabezón se nos juntaron César y Moisés procedentes de Comillas. Julio soltó un globo para tomar un café en La Gándara. César, con Moisés, se lo pinchó. Mientras miraba como se preparaban los espeleólogos me dedique a moler a mazazos tochos de carburo. Os recomiendo mi sistema, muy superior al de la maza: se deja el tocho encima de un suelo bien duro como hormigón o una roca, y se deja caer sobre él, desde un metro y medio, un trozo de raíl de tren de, más o menos, treinta centímetros de largo. El tocho queda perfectamente troceado a la primera.
                Levantando un castillo de arena en pleno desierto del Sahara conocí lo que es la arena. Moisés tiró con Sara hacia el final de la galería de la Rana para explorar el desfonde. Julio y Ernesto fueron también con Moisés para encargarse de la topo en los ramales de la zona de la Rana. Los cuatro entraron por la mina. Mientras, César y yo, nos fuimos hacia la Torca de la Luna Llena con la misión de terminar de topografiar los pozos desde el tercero hasta la Sala Triangular.
                Subido a la cumbre de la locura contemplo el valle de la cordura con envidia. Se me hizo corta la subida y fácil la ruta pistera. También se me hizo agradable la bajada de la torca hasta que empezamos a topografiar.  Así dio comienzo el sufrimiento. Al principio no mucho ya que la cinta se manipulaba bien en las zonas anchas. Más tarde fatal en el Pozo Graff. Muchas tiradas pesadas y un gran lío de cinta y de cuerdas en la zona estrecha. La gran desesperación. La sensación de estar atrapado y liado sin posibilidad de movimiento. Bueno, poco a poco con una mano y algo de la otra que pude acercar al lío desenredé la cinta de la cuerda y del dressler y pude zafarme. Mal que bien conseguimos terminar la topo. Tomamos un tentempié en la Sala Triangular. También puse en marcha el carburero que había permanecido en la saca hasta salir de las estrecheces. Se hizo una hermosa luz. Estaba ilusionado por algo nuevo: la galería de conexión hacia Udías, galería que se toma unos 100 metros después de abandonar la Sala Triangular por la Galería Sur.
                Todo me parece distinto y todo me parece igual; busco una ilusión, la encuentra y la pierdo. No nos llevo mucho tiempo recorrer la galería de conexión aunque César dudo un par de veces de que fuéramos por el camino correcto. Lo primero que detectamos fue el olor a tabaco que invadía la galería de conexión en la ramificación hacia la Rana. Nos deslizamos con elegancia por el laminador de acceso y en pocos minutos estábamos en el desfonde final. Acababa de bajar Moisés a una zona intermedia unos diez metros más abajo y Sara estaba comenzando a descender. Moisés se asomo a una ventana y detecto un nuevo pozo que estimo, por lo menos, entre 30 y 40 metros. Estaba entusiasmado. Dejamos a esta pareja con su tarea y decidimos ir mirando todas las ramificaciones topografiándolas desde el principio. Las primeras no dieron de sí nada por estrechas y cutres pero al lado del Pozo de la Rana descubrimos una galería, muy incomoda al principio, modesta y agradable. Vimos que las huellas de Moisés aparecían en el sentido contrario al que nosotros íbamos. Llegamos a un desfonde y volvimos hacia atrás dejando el resto del trabajo para hacerlo desde el extremo contrario. Cuando salimos a la galería principal nos encontramos con Julio y las voces de Ernesto. Ernesto luchaba con una ramificación difícil de continuar por culpa de una estrechez y de un resalte que necesitaría cuerda. Ernesto trato de embarcarme en la estrechez pero no me di por aludido.  Para no repetirnos quedamos en que ellos trabajasen las ramificaciones de la izquierda y nosotros en las de la derecha. Nos pusimos a comer; yo alubias y avellanas y César queso con pan y chocolate.
                El sentido de todo es el mismo que encuentro una feliz mañana: nada que pueda atrapar. En cuanto nos metimos por la primera ramificación a la derecha descubrimos el esqueleto de un roedor en el suelo. César dijo que era una rata pero no era algo claro. Protegimos con un murito de piedras el esqueleto para evitar un pisotón como el que hizo desaparecer a la rana. Curioso que en esta zona aparezcan estos dos animales. Parece indicar que el sitio de la Rana es la base de un sistema de pozos muy directo desde la superficie. Enseguida llegamos al desfonde de la galería que habíamos visitado hacía un rato. Lo topografiamos, pasando en cómoda oposición por encima, y volvimos a la galería principal.
                La ilusión por descubrir algo nuevo es parecida a saborear un nuevo sabor; enseguida puede saturar. Nuestro siguiente objetivo era una galería que prolonga un desfonde algo antes del Pozo de la Rana. Tras las primeras tiradas descubrimos que nos llevaba a una red con personalidad propia que yo había visitado someramente la otra vez que estuve allí. Todo lleno de flores de yeso. Más que lleno, tapizado. Alcanzamos un cruce bien decorado en que dos galería paralelas parecían cruzar con otras dos paralelas y ortogonales a las primeras. Seguimos por la principal y evidente. Moisés y Sara se nos unieron procedentes de sus exploraciones en el pozo, empantanadas por falta de material. Moisés nos sugirió que fuéramos a mirar lo del pozo pero preferimos continuar con nuestro trabajo de topógrafos. Ellos dos siguieron adelante para explorar. La cosa comenzó a ponerse interesante. Tiradas largas, formas de la galería cada vez más hermosas y flores de yeso cada vez más espectaculares.  Cuando ya estábamos empezando a cansarnos reaparecieron Moisés y Sara contando maravillas. Se habían vuelto por una estrechez que no quisieron pasar (¿?). Nosotros decidimos volver también.
                La oscuridad me pone en contacto conmigo mismo; no hay escape, solo queda tu mente llena de ruido. Una zona de arena suave nos sirvió para descansar mientras Mois volvía a por el material en el desfonde final: taladradora, baterías, mosquetones... Apagamos las luces y cada uno descanso a su manera. Al cabo de un tiempo alargado por la espera reapareció Moisés. Sara y yo comenzamos a volver seguidos, no de lejos, por César y Moisés. Cuando llegamos al punto de cita con los otros dos compañeros ya pasaba ampliamente de las siete, hora acordada. Nos habían dejado un escrito diciendo que salían y se iban al bar  La Gándara.
Cuando esperas algo con tu deseo puesto en ello surge la ansiedad; el contrapunto es la paciencia. Me entraron ganas de salir de una vez y me fui rápido hacia el pozo de conexión. En la cabecera me pare para avisar a todos de que esperaba abajo. Moisés me comunico que iban a gastar cinco minutos para ver el rumbo de una galería lateral que empezaba allí mismo. Cuando aterricé en la base del pozo Pastelero tuve tiempo de pasar con cuidado la gatera de barro pastoso. Conseguí  no mancharme de barro la cara. Los boinas verdes se manchan de barro para camuflarse. Pero yo no soy un boina verde. Sin duda es la cueva de la que más pringado he salido en todo lo que llevo de espeleólogo. Me senté en la Galería Principal de Udías con mi tormenta personal como toda compañía. Cuando llevaba más de una hora esperando me empecé a inquietar. Sobre todo por lo de los cinco minutos. Volví varias veces a la gatera de conexión. Me dediqué a hacer un par de hitos. Pensé millones de pensamientos claros y oscuros. Por fin aparecieron mis compañeros y me dijeron que solo habían avanzado 15 minutos por la galería...
                Los signos del pasado no son meros signos; en cuanto escarbas un poco en ellos invaden todo lo que tocas. Cuando llegamos a la salida de la mina ya eran casi las nueve. Una fila de botellas de cerveza frescas nos esperaban sobre el techo del coche de Ernesto. Julio y él ya se habían comenzado a beber un par. El contenido de las botellitas nos sentó de maravilla. Pensamos que lo mejor era seguir bebiendo en el bar La Gándara. A todos nos apetecía más cerveza. Allí nos entretuvimos más de una hora charlando con el propietario, haciendo planes y contando batallitas. A la vuelta me colé en el coche de Mois para poder ir más holgado. Me entró sueño en el anochecer primaveral. Un olor melancólico lo impregno todo, como si fuera una tarde de domingo y no de sábado.

29/4/06

Miradita (29/4/2006) Rubicera

               También había sopesado entrar a Garma Ciega con Wichi y los del AER. Bajar hasta el sifón de Garma y estar todo el puente, o al menos hasta el domingo, no cuadraba con mi estado de ánimo ni con mi entrenamiento. Lo descarte. Antes siempre iba por la reunión del SCC los viernes por la tarde a las ocho. Pero fui perdiendo la costumbre porque me resultaba depresivo no encontrar plan para hacer espeleo en un club de espeleo. Por fin ese fin de semana, 28 de Abril del 2006, decidí  acercarme por la reunión estimulado por Julio quien me predijo una importante afluencia de gente interesada por salir de espeleo!?¿.....A las ocho y media, para dar margen, me presente por allí y no había nadie. Al cabo de unos minutos llegaron Javi  y Jose Miguel que, aunque no pensaban salir, si preparaban para la semana siguiente una salida a un cañón en Orduña. Justo se coge el cañón a la salida de Goba Haundi. Pero de espeleo nada. Cuando ya me iba, pasadas las nueve, apareció Julio en su moto y, procedente de Vega de Liébana, Ernesto con mono de trabajo. Con que mucha gente interesada en hacer espeleo...eehh... A bocajarro le pregunté a Julio si salíamos o no el sábado y quedamos a las nueve y media en Solares para ir a conocer más a fondo las galerías fósiles de la Rubicera.      
                A la mañana siguiente Julio se tomo un café en Casa Enrique de Solares y encargo un bocata en un bar de Arredondo. No le había dado tiempo a desayunar en casa y, además, se le olvido la documentación y el dinero. Así que le preste 20 € para que pudiera alimentarse.  Nos cogió de sorpresa  el ambiente frío que, para las fechas primaverales que discurrían, resultaba extraño. Nos fuimos por la senda de las cornisas con un viento fresco que  molestaba pero te secaba el sudor. Julio apenas recordaba nada de su visita, hace un año, a la Rubicera. Le indique algunas referencias claves para que pudiera volver cómodamente sin necesidad de un guía. El grupo de hayas solitarias. Las trazas de senda que, manteniendo la altura, nos llevan hasta la primera canal. En la primera canal había una cuerda instalada que me pareció del todo innecesaria. Y la segunda canal también estaba instalada. Cuando alcanzamos el hall de la boca sur de la Rubicera un grupo de tres espeleólogos abandonaba este punto. Pensaban llegar al pozo de 30 -en la travesía Rubicera-Mortero-, instalarlo y salir de nuevo.
                Dejamos la cuerda que habíamos traído al lado de la entrada. La pendiente por la que se accede a las grandes galerías esta formada por una colada de barro blanco compactado en la que se han tallado peldaños enormes. Es el trabajo de algún desconocido espeleólogo pionero. Al salir de la pendiente perdimos la luz y ganamos la oscuridad. Una nueva forma de luz crea las formas más que iluminarlas. Un poco más adelante, en el camino hacia el interior de la cueva, hay una formación que me llama la atención siempre que paso. Se trata de una pequeña estalactita, con la punta aplanada, torcida respecto a la vertical que sugiere una dirección dominante en el viento. Te recuerda el badajo de una campana. Yo la llamo así. Es una referencia. La estrechez entre bloques me pareció menos estrecha que las demás veces que he pasado. Se me ocurrieron tres posibilidades:
a)       Realmente el paso de la gente ensancha la estrechez       ó
b)      yo soy cada vez más pequeño       ó
c)       al acostumbrarse la mente ve las mismas cosas de distinta manera.
me inclino por  la tercera opción.
Decidí que fuéramos por  una ruta que conocía solo parcialmente de una entrada con Moisés y Luis. Se toma poco después de la estrechez, cuando se emerge en las primeras amplias galerías, siguiendo una bifurcación a la izquierda que asciende suavemente por una pendiente arenosa hasta alcanzar una modesta galería con una corriente de aire notoria. Esta galería es de formas muy definidas, pero suaves. Hay algunos resaltes divertidos y al cabo de unos minutos se desemboca en una gran sala a media altura. Alguien, no recuerdo quien, me dijo que bajando al fondo de la sala a la derecha, como volviendo hacia atrás, se accede a un punto de la travesía cercano a la Sala de la Teta. Y así fue. Primero intentamos descender directamente por la derecha de la sala pero no hay paso. Se debe bajar por donde esta más marcado , a la izquierda, y luego volver hacia abajo a la derecha.  Así se llega al comienzo de una cómoda y amplia galería que, bajando suavemente, nos dejo a un minuto de la Sala de la Teta. Lleve a Julio a ver la Teta que, aunque hace un año paso por aquí, no conocía. Se trata de una gran estalagmita de unos cuatro metros de altura de forma casi cónica y rematada por un evidente mamelón. Nos entretuvimos cogiendo agua de los goteos que hay al lado de la Teta y luego nos metimos, un poco más allá, por un coqueta galería resplandeciente en la que nos sentamos a comer. Julio saco un enorme bocata de tortilla de patatas del que no dejo ni una miga. Yo fui más modesto. Pero nadie se quedo con hambre.
Sin descansar apenas lleve a Julio a ver unos pelos de cristal que se encuentran a dos minutos de la Teta por la galería que se toma justo hacia el norte desde ésta. De que mineral se trate es un misterio para mí. Nos pilla el entusiasmo y seguimos más allá de los pelos. Creía recordar que, enseguida, no tendríamos opciones para continuar por esta galería. Pero esto no es así. La galería se fue prolongando, siempre en dirección norte, con algunas desviaciones. Y con formas muy atractivas que aún nos animaron más. Al menos anduvimos medio kilómetro. Cruzamos por una sala con algunas desviaciones y llegamos a un desfondamiento con un pasamanos quitamiedos. Un poco más allá escuchamos un torrente cayendo y nos asomamos a un pozo lateral por el que se perdía, hacia arriba, una cuerda ascendente. Debe ser la zona en que los del SEII están haciendo escaladas. Por un lateral a la derecha llegamos a una galería algo incómoda --por culpa de un laminador-, y proseguimos un poco más hasta vislumbrar más desfondamientos e incomodidades. En este punto nos dimos por satisfechos y comenzamos a volver. Julio se declaro un poco cansado.
Desde la Sala de la Teta a la salida tardamos, más o menos, una hora y desde la salida hasta el coche, incluyendo una paradita para ordenar un poco todo, otra hora. El tiempo seguía tan frío o más. Mientras nos cambiábamos Julio se apercibió del coche de la Guardia Civil bajando de los Collados del Asón. Precipitadamente guardamos todo y nos vestimos de personas. Tuvimos suerte de que pasaran de largo. Deben andar con la mosca tras la oreja después de que en Semana Santa hubiera tres rescates de espeleo: dos por pérdida y uno por el accidente de una chica.  Hay que andarse con ojo por lo de los permisos.  

8/4/06

Gypsum (8/4/2006) Luna Llena

  El sábado  8 de abril del 2006 fui con Moisés y dos chicos del último cursillo - Eduardo y Rafael- a las nuevas galerías de la Torca de la Luna Llena. Solo que esta vez íbamos a entrar por la mina y no por la torca hasta la celebrada conexión. No nos entretuvimos mucho en Monpía. Metimos las cosas en mi coche y en media hora estábamos en Toporías.  Las cosas extendidas por el suelo me llamaron la atención. Monos de tela, carbureros inusuales y sacas pequeñas. Los nuevos me sorprenden. Son hijos de un veterano espeleólogo del SES. Moisés se entretuvo haciendo pedazos pequeños los tochos de carburo para que pudieran entrar en los carbureros. Yo traía de mi casa el carburero con una carga. Me gusta tener todos los elementos del equipo preparados y uno de los detalles es llevar puesto el mono interior desde casa, sobre todo en días fríos y lluviosos. Te ahorras un desagradable cambio de ropa; solo con quitarte lo que lleves encima y ponerte el mono exterior y las botas ya estas listo. Sobre estos temas hay una gran variedad de costumbres. Por ejemplo, la gente del AER siempre va hasta la boca de la cueva con cómoda ropa de monte y luego se cambia allí.  Por el contrario hay muchos espeleólogos que se ponen encima todo, incluso el equipo vertical, lo cual puede ser un gran tormento en la mayoría de las aproximaciones medianas o largas.
                Del coche a la entrada de la mina, a esa entrada, hay cinco minutos. En cuanto llegamos a la boca, sorteando un amplio charco fangoso, me di cuenta de que me recordaba algo bien conocido por mí: El Soplao. Y poco después de entrar la familiar sensación de andar por la mina del Soplao se instalaba para no abandonarnos hasta la llegada a las galerías naturales. Las viejas instalaciones de raíles y vagonetas tienen un aspecto ligeramente más nuevo que las del Soplao. Encontré los raíles, e incluso las traviesas, bastante bien conservados. Había vagonetas de varios tipos y en un rincón vimos unas catas -cilindros de roca largos extraídos limpiamente para estudiarlos-. Curiosamente el conjunto de galerías mineras y sus varias desviaciones me pareció más rico que la  de la mina del Soplao. También encontré, así de primeras, algo liosa la ruta; pero me imagino que en un par de recorridos más esta sensación desaparecería. Además Moisés fue extremadamente deprisa en toda esta zona, quizás porque deseaba llegar a las galerías de la Luna Llena o quizás porque le aburre. De cualquier forma yo iba con la lengua fuera y me costaba trabajo memorizar la zona.
                Desde las galerías mineras tuvimos que tomar una bajada con escaleras de roca y un tramo metálico poco fiable para desembocar en la galería principal de Udías que seguimos, a la izquierda,  hacia el noreste rumbo a Novales. Se llega a un punto en que hay un depósito de agua a la izquierda; Moisés demoro el ponerse todo el equipo hasta la llegada a este punto. Desde aquí nos metimos una veintena de metros por una estrecha y alta galería, perpendicular  a la principal, hasta una incómoda gatera a mano izquierda llena de barro arcilloso muy pegajoso. A partir de aquí estuvimos pringados por completo. El  pozo ascendente que continua la gatera también tenía barro en las paredes. En realidad el pozo tiene dos sectores de unos 20 metros cada uno unidos por una ventana con una plataforma en la base del segundo sector. La salida por arriba es una zona de plataformas con una pátina de barro resbaladiza y asquerosa. Luego hay que subir un resalte también marcado por el barro. Vamos un desastre barroso en toda regla. A partir de este punto tenemos ya las galerías de la Luna Llena. El barro es, con todas, el principal responsable de la decoración de esta primera parte.
En la cabecera de los pozos sacamos el equipo de topo: medidor de distancias láser, brújula-clinómetro y material para apuntar los datos. Moisés con la brújula, Rafa con el medidor láser y yo apuntando.  El medidor láser es particularmente preciso. Emite un pulso de color rojo que se refleja en cualquier superficie y la medida se hace por el tiempo de ida y vuelta del pulso. La galería que continua  zizagea en ángulos hasta encontrar un importante desfonde que se pasa en oposición asegurado por un largo pasamanos. Los movimientos requieren esfuerzo en algunos puntos. Me siento algo decaído por una gripe en ciernes. No lejos del pasamanos abandonamos esta galería, que ya está topografiada,  y nos metemos a la izquierda por un importante ramal. El proyecto es topografiar la parte final de este ramal.  A esta galería se puede acceder por varios conductos. Nosotros tomamos un corto laminador arenoso que no tiene dificultades y que nos ahorra desfondes y similares.
La galería se convierte en un cómodo conducto arenoso con algunos desfondes  y resaltes. Al cabo de poco llegamos a una galería lateral sin explorar y nos metemos por ella. Empiezan a proliferar  excéntricas con una textura fibrosa que adoptan formas caprichosas en que abundan espirales y helicoides.  El tamaño de las excéntricas y su abundancia es más que notable. Casi explosivo. Creo que no he visto nada parecido en este tipo de excéntricas. Al principio empezamos a hablar de mirabilita pero cuando llego a casa y miro por Internet algo sobre la mirabilita descubro que es imposible que lo sea. La mirabilita no posee esa textura, es sulfato de sodio hidratado con 10 moléculas de agua y es muy inestable; si no existe una humedad muy alta se descompone en un polvo blanco al cabo de un rato. Y las galerías de las excéntricas, que forman un laberinto, son muy secas. Buscando algo más en Internet caigo sobre una imagen calcada de lo que he visto. Son gypsum flowers, es decir flores de yeso. Me maravillo de las estructuras tan hermosas que puede formar el yeso.
Al cabo de un rato nos encontramos en un desfonde donde finalizamos de topografiar la galería. Sin equipamiento no es posible atravesar este desfonde. Volvemos hasta un lugar cómodo para comer. Durante la comida decidimos volver ya hacia la salida. Y al volver Moisés, que anda muy excitado por la exploración de todos los ramales, se nos despista durante una rato. Nos volvemos a juntar  para ir mirando algunos ramales aún. Un par de veces hay que esperar pues Edu se ha dejado la saca en algún sitio. De bajada topografiamos el pozo y la conexión. Al volver por la mina hay una zona donde se embalsa agua muy limpia en la que se puede lavar el equipo. Dejo a todos en esa tarea y salgo al exterior para poder descansar un rato y hacer algunas llamadas. Concluyo,  como muchas otras veces, que para llegar a algunas maravillas hay que arrastrarse por el barro. Como la vida misma.