14/3/11

Conservar


Apendice B: Para entrar en Lechugilla Cave

Preámbulo
La razón que motiva el desarrollo de directices para entrar en Lechuguilla es posibilitar acceso limitado a la investigación científica, a la exploración -siempre asociada a la topografía y la descripción-, y a las incursiones relacionadas con las tareas de gestión del NPS (National Parks Service); todo ello minimizando el impacto sobre la cueva. De importancia  capital son
(1) la seguridad de todos los que visiten la cueva,
(2) minimizar los impactos sobre la cueva y
(3) realizar investigación, topografía/estudios y tareas de gestión de alta calidad.

Han habido muchos problemas con la falta de cuidado e incluso con acciones intencionadas encaminadas a producir daños en Lechuguilla Cave. Se han llevado perlas de las cavernas (pisolitas). Se ha efectuado y abandonado deposiciones humanas. Intencionadamente se han enterrado baterías en los campamentos. Se ha manchado, irreflexivamente, con residuos corrosivos coladas inmaculadas. Ciertos individuos no han cumplido la normativa sobre residuos humanos líquidos. Estos problemas, y muchos otros, han conducido a la creación de estas directrices. Los descuidos y las acciones premeditadas con impacto negativo sobre Lechuguilla Cave no serán tolerados. Los individuos o grupos que no hagan espeleología de forma segura, no minimicen los impactos ambientales sobre la cueva y no sigan las indicaciones de estas directrices no tendrán permiso para entrar en Lechuguilla Cave.

Permisos de entrada en Lechuguilla Cave
Cualquier entrada a cuevas del parque, excepto los tours públicos organizados por el Departamento de Educación e Interpretación requerirán un permiso para la cueva. Las solicitudes de los permisos pueden ser obtenidas contactando con la Oficina de Recursos Espeleológicos (CRO) del parque.
Carlsbad Caverns National Park
3225 National Parks Highway
Carlsbad, NM 88220
Directrices para entrar en cuevas o sectores de cuevas específicos pueden encontrarse en :
Appendix A - Entering Carlsbad Cavern Off-trail areas and other Park Caves
Appendix B - Entering Lechuguilla Cave
Appendix F - Recreational Permit Caving
Appendix G - Ranger-Guided Trips for the Public to Unimproved Areas
Las excepciones a cualquiera de las directrices para entrar en las cuevas del parque tendrán que ser reseñadas con antelación y reflejadas en el permiso obtenido para la cueva.

Requisitos para entrar en Lechuguilla Cave
Todo el mundo tiene que solicitar un permiso.
Todo el mundo tiene que asistir, antes de entrar en Lechuguilla, a un cursillo de orientación impartido por el Personal de la Oficina de Recursos Espeleológicos (CRO).
En ultima instancia los jefes de expedición son responsables del personal de sus expediciones.
Los jefes de expedición deben hacer todo lo posible por formar un grupo con espeleólogos que estén dispuestos a seguir las directrices establecidas. Los jefes de expedición deben seleccionar espeleólogos que estén físicamente en forma, preparados psicológicamente y que tengan las habilidades adecuadas para la espeleología.
Todo equipo humano que entre en la cueva tendrá un jefe designado. Los jefes de equipo tienen responsabilidades tremendas. Son responsables de la seguridad de su equipo y de las acciones de los miembros de su equipo. Si un miembro de un equipo esta actuando de forma insegura o no esta siendo cuidadoso, y causando daños en la cueva, es la responsabilidad del jefe corregir las acciones de esa persona. Si los problemas persisten el jefe del equipo deberá cancelar la entrada y sacar al grupo de la cueva. Un líder de equipo debe orientar las actividades del grupo teniendo en cuenta al miembro menos experimentado del grupo. Esto concierne tanto a la velocidad del grupo, como a las escaladas y pasos delicados. Un equipo deberá permanecer unido a menos que una emergencia requiera diferentes acciones.
Cada persona que entre en la cueva es responsable de sus acciones mientras permanezca en ella. Es también responsable de avisar al jefe del equipo de las acciones inseguras, innecesariamente impactantes para la cueva o en  contra de las Directrices de Entrada a Lechuguilla Cave. Es responsabilidad de cada uno asegurarse que Lechuguilla Cave se conserva tan virgen como sea posible y que cada miembro del equipo actúa de forma segura mientras permanece en la cueva.
Todo el que entre en la cueva debe ser un espeleólogo con experiencia en técnicas de cuerda simple (SRT). Las habilidades mínimas de SRT incluyen: conocimiento de los nudos básicos, ascenso y descenso de cuerdas hasta 300 pies (100 metros aprox.), cambio de ascenso a descenso, cambio de descenso a ascenso, pasaje de nudos y  fraccionamientos, todo ello portando una saca pesada. Los jefes de equipo estarán familiarizados con las técnicas de rescate básicas. En distintos sectores de la cueva se encuentran fraccionamientos, cambios de sentido en cuerdas, pasamanos y nudos.
Toda persona que entre en la cueva debería estar en forma y psicologicamente preparado para la incursión y las tareas encomendadas. No debe entrarse en la cueva si se padece insomnio o se está enfermo.
La entrada a Lechuguilla Cave está a una altura de 4640 pies (1400 metros aprox). Los espeleólogos no acostumbrados a esta altitud deberían pasar un par de días a esta altura antes de entrar en la cueva. La cueva está a 68ºF (20ºC aprox) y al 100% de humedad. El agotamiento por el calor y la deshidratación puede ser un serio problema.. Hay que beber una buena cantidad de agua incluso si no se tiene sed y comer cada pocas horas. A los que entren en la cueva por primera vez se les recomienda hablar de la vestimenta con otros que tengan experiencia.
La vestimenta, el calzado y el equipo espeleológico a usar en la cueva debe estar totalmente limpio para minimizar la introducción de material biológico extraño a este ecosistema único. La limpieza de todo el equipo tambien previene dejar señales y manchas en las superficies limpias de la cueva.
Las botas deben tener suelas que no dejen marcas. Si existe la duda, frote con las suelas sobre suelo blanco o roca caliza fuera de la cueva. Las botas que dejan marcas dejarán, sin duda, marcas en la cueva. Las botas pueden tener suelas blancas o negras pero lo que importa es que no dejen marcas.
Las mochilas de porteo no están permitidas. Se recomienda el uso de sacas de nylon o PVC diseñadas específicamente para la espeleología. Las mochilas usuales están diseñadas con sujecciones y tienen abundantes cintas y añadidos que pueden engancharse sobre las delicadas formaciones.
Es obligatoria la iluminación eléctrica. No está permitido en Lechuguilla el uso del carburo ni de cualquier iluminación con llama. Delicadas flores de yeso, sensibles al calor, depósitos de sulfuros inflamables y deyecciones de restos de carburo contribuyen a la necesidad de luces eléctricas. Las velas pueden ser usadas en las zonas de acampada siempre y cuando todos los restos se recogan y saquen de la cavidad.
Toda persona que entre en Lechuguilla debe ser consciente que la histoplasmosis esta presente en el pozo de entrada.
Todos los equipos que entren en Lechuguilla deben dejar aviso de su “tiempo límite” en la CRO. Para cualquier grupo que se retrase seis horas o más se iniciara un proceso de búsqueda. En el caso de expediciones multi-entrada los jefes de grupo deberán dar aviso de entrada y salida para cada una de las incursiones en la cueva.

Moviendose por Lechuguilla
Los equipos que entren en Lechuguilla estarán integrados por un total de tres a seis personas. Los equipos que vayan a topografiar no superararn las cuatro personas. Las excepciones a esas cantidades deberan ser aprobadas antes de entrar por Expertos en la Cavidad. Todos los movimientos por la cueva deberan ceñirse a los senderos establecidos y balizados. Todos los integrantes del grupo y todos los elementos del equipo debera permanecer dentro de los senderos balizados. No se pueden colocar sacas, trípodes o flashes fuera de los senderos. No salirse fuera de las balizaciones de color naranja a menos que se tenga un permiso del CRO. Si la balización necesita reparaciones, se debe resolver de inmediato o notificarlo a la CRO. La balización ha sido tradicionalmente la siguiente: Naranja Brillante para marcar los senderos; Blanco con rayas Rojas para avisar de zonas muy sensibles tales como, yeso, aragonito, crust, etc; y Azul para las estaciones de topografía. Cuando se baliza un sendero, usar toda la cinta necesaria y balizar ambos lados del sendero. Esto ayuda a diseñar un sendero tan estrecho como sea posible (ver el Apendice M: Conservación de las Cuevas y Actividades de Restauración) No establecer un nuevo sendero en ninguna área que ya lo tenga. Esto crearía dos zonas impactadas.
No crear nuevos senderos por conveniencia. Usar solamente los senderos existentes.
Al entrar a una zona designada para verter orina se debe calzar los cubrebotas que provee el parque para impedir la contaminación de otras zonas vírgenes.  Hay que tener cuidado de quitarse los cubrebotas antes de salir de la zona de vertido de orina. Todas las zonas de vertido tienen claramente señalizados los puntos a partir de los cuales deben utilizarse los cubrebotas.
El uso de tabaco o productos similares esta prohibido. El consumo de alcohol en la cueva no esta permitido.
Lechuguilla tiene numerosas arcillas y residuos de corrosión. La investigación indica que los residuos de corrosión están relacionados con microbios que fijan el hierro y el manganeso a partir de substrato rocoso. Restringir el impacto sobre esos importantes residuos de corrosión biológicos, limitandose a los senderos para-un-solo-pie  que atraviesan esas zonas. Tenga cuidado para evitar dejar trazas sobre estos residuos de corrosión y arcillas en toda la cueva. El uso de guantes esta recomendado; sin embargo hay numerosas zonas en la cueva señalizados con “No Usar Guantes” Los guantes se ensucian mucho, sobre todo en las áreas de residuos de corrosión. Los residuos de corrosión no deben manchar las zonas limpias o las áreas delicadas. Los guantes de cirugía sin látex pueden  utilizarse en las zonas “No Usar Guantes” para prevenir que los aceites de la piel manchen las paredes
Al cruzar coladas hay que usar escarpines u otro calzado limpio que no deje marcas. Calzar botas o caminar descalzo en estas zonas no está permitido. Antes de entrar en una zona de coladas hay que cambiarse o limpiar toda la vestimenta sucia, las sacas, los cascos y todo el equipo. Tener mucho cuidado cuando haya una transición de ropas, calzado y equipo sucio a escarpines para impedir su contaminación con suciedad. Controlar a menudo la limpieza de la suela de los escarpines y la limpieza de las pisadas. El uso de escarpines como calzado cómodo en los campamentos los hace inútiles para el uso en zonas de coladas.
Ningún material (minerales, cristalizaciones, huesos, etc) puede ser sacado de la cueva sin un permiso válido para una colección científica existente. Recoger algo supone tener un permiso para recoger válido, de la autoridad correspondiente, y el de un Experto en la Cavidad.
Los depósitos de alimentos, agua u otros artículos no están permitidos a menos que haya sido concedida una excepción por un Experto en la Cavidad.
Mientras se come (tanto moviendose por la cueva o en los campamentos) o se prepara la comida se debe tener un cuidado exquisito para evitar que se caigan migas, partículas de alimentos o polvo de hacer bebidas en la cueva. La comida debe realizarse sobre un plástico o una lona de campamento.
            Las incursiones cuyo objetivo sea hacer turismo espeleológico no están permitidas.

Residuos Humanos
Todas las deposiciones sólidas tienen que sacarse de la cueva. Las incursiones en la cueva de dos o menos días de duración implican sacar los residuos líquidos también.  Para expediciones de mayor duración se anima a todos los espeleologos a sacar también todos los residuos líquidos. Cualquier excedente de residuos líquidos puede ser vertido solamente en los lugares designados para vertidos de orina para el campamento que se utilice. Los residuos líquidos no pueden ser depositados en ningún otro lugar de la cueva. Hay que asegurarse de que se lleva suficientes contenedors para la orina.

Lugares Designados para Vertidos de Orina  Los siguientes lugares puede ser usados para incursiones de dos o más días:

SECTOR ORIENTAL
Rusticles y Grand Guadalupe Junction
SECTOR SUROESTE
Big Sky
SECTOR OCCIDENTAL
Deep Seas


Fotografía
La fotografía espeleológica es una importante herramienta que puede ser usada para documentar las riquezas de la cueva, ayudar en las investigaciones y compartir la belleza de Lechuguilla Cave.  Sin embargo se ha producido mucho impacto innecesario sobre la cueva por parte de fotografos que han valorado más la importancia de su fotografía que la conservación de la cueva.
La toma de fotografías no interferirá con los principales objetivos de las expediciones. No se realizarán visitas a zonas que no esten en el trayecto programado para la expedición sin un permiso específico del los Expertos en la Cavidad.
Cámaras, trípodes, flashes y modelos permanecerán dentro de los límites de los senderos balizados a menos que los Expertos en La Cavidad hayan autorizado otra cosa.
No se colocaran en los estanques modelos, flashes, luces ni ningún elemento del equipo fotográfico.
Se anima a todos los fotografos a enriquecer la base de datos de Lechuguilla Cave enviando copias de sus imágenes; se agradecera que incluyan la localización, la fecha, los modelos y el uso que se puede dar a la imagen.


Lagunas y Agua Potable
Está comprobado que las lagunas en Lechugilla son increiblemente ricas en vida microbiana. Esos microbios son facilmente impactados por los humanos y sus microbios. Hay que tener un cuidado extremo en Lechuguilla para reducir el impacto humano en los microbios de las lagunas.
No se realizaran vadeos, ni se nadará para alcanzar galerías o pasajes sin el consentimiento preliminar de un Experto en la Cavidad. Esto incluye la zona del Lago Castrovalva
Las lagunas tendrán que permanecer vírgenes para continuar la investigación microbiológica. Cualquier contaminación compromete los microbios no descubiertos. Se debe intentar estar tan alejado como sea posible de las lagunas para evitar cualquier contaminación fortuita.
La calidad del agua puede cambiar en los lugares de aprovisionamiento.  Se recomienda utilizar filtros o tratamiento potabilizador antes de beber el agua de la cueva.

Aprovisionamientos de Agua Designados
El agua potable debe ser recogida de las lagunas designadas utilizando los grifos o caños que hayan sido emplazados.  Bajo ninguna circunstancia nadie debería sumergir sus cantimploras, manos o cualquier otro objeto en la laguna misma. 
Hay que mantener siempre el recipiente en las zonas de llenado designadas.  Evitar derramar agua donde podría transportar contaminantes a las lagunas. No tocar el grifo ni la cañería con la botella a llenar. Las siguientes lagunas pueden ser usadas para obtener agua potable:

SECTOR ORIENTAL
GA7 pool (abrevadero)
Lost Pecos River (abrevadero)
Ghost Town (escarpines, abrevadero)
SECTOR SUDOESTE
Lake Chandalar (abrevadero)
Big Sky (caño)
Lake Marguerite (abrevadero)
Underground Atlanta (abrevadero)
Atlantis (escarpines, abrevadero)
SECTOR OESTE
Lake Louise (abrevadero)

No se podrá recoger agua de ninguna laguna que contenga helictitas subacuaticas o en  la Dilithium Crystal Pool en el sector Suroeste de la cueva. Tampoco podrá recogerse en la  Pink Dot Pool en el sector Oeste de la cueva. Por favor, toménse un par de minutos para leer y memorizar los medidores de agua en las lagunas entre la entrada  y  Boulder Falls y en otros lugares. No tocar los registros de los datos.

Fijaciones y Escaladas
A lo largo de toda la cavidad nos encontraremos pasamanos y cuerdas de seguro para ayudar en ciertas travesías.  Todo el mundo debe asegurarase a las cuerdas. Ha habido varios accidentes debidos a la negligencia en asegurarse a dichas cuerdas. Cualquier espeleologo visitante es reponsable de la inspección, cuidado y protección de todas las cuerdas y anclajes que encuentre en su incursión. El desgaste o cualquier problema debera ser puesto en conocimiento del jefe del grupo, quien deberá resolver el problema inmediatamente, si es necesario, o notificarlo a la CRO. Las cuerdas no serán reutilizadas sin el permiso  de la CRO a menos que una necesidad urgente lo haga necesario. Por notifiquesé a la CRO cualquier cambio o posible problema que se haya observado. Si es posible dejése un aviso para otros grupos explicando el cambio de las fijaciones y porqué se ha hecho necesario. Las cuerdas y cintas que se dejen instaladas permanentemente serán de color blanco. Las cuerdas y cintas de colores pueden manchar la superficies de la cueva.
 Los mosquetones de aluminio no deberan usarse nunca en instalaciones permanentes debido a la pérdida de resistencia por la corrosión. Solo podrán usarse maillons de acero inoxidable en instalaciones permanentes. Los spits y chapas que se dejen in situ tienen que ser de acero inoxidable. Los spits permanentes serán, al menos, de 3/8” de diametro y 2” de largo.
Hay numerosas escaladas en la cueva. Muchas se ha realizado y otras no. Los que deseen hacer escaladas deberán tener claro las escaladas sugeridas por el Experto en la Cavidad antes de realizar ningún intento.
Los parabolts/spits se usarán con parquedad. Lechuguilla Cave se encuentra en un entorno salvaje y no están permitidas para explorar las taladradoras a baterías.
Si es posible se retirarán los spits que no se vayan a usar despues de una primera escalada.
Todas las escaladas tienen que ser topografiadas.
Si una escalada se ha completado y no continua se dejará un aviso en la cinta balizadora avisando que la escalada se ha realizado. Las cuerdas se retirarán o no en función de la seguridad, necesidad de futura investigación/exploración y topografia, y facilidad de repetir la vía de escalada.
Si una escalada que ha sido completada da continuidad, deberá rellenarse un formulario sobre la cuerda usada detallando la longitud, la edad, el estado de conservación, añadiendo además la información sobre las fijaciones (puede verse detalladamente el cuestionario a rellenar en el Apéndice O – Procedimientos Estándar de Operación, Protocolos, y otros Documentos de Apoyo). Los cambios en las fijaciones deberán ser comunicados a la CRO.
Deberá ser aprobada la utilización de crampones u otros artefactos tecnológicos por un Experto en la Cavidad antes de intentar su uso en la cavidad.
Entre entradas consecutivas las cuerdas de exploración se dejarán en las zona de acampada a menos que otra cosa haya sido aprobada por el Experto en la Cavidad. En el pasado numerosas cuerdas fueron almacenadas por toda la cavidad sin ninguna documentación acerca de su localización y su historial.

Zonas de Protección (Resource Protection Zone)
Las áreas de investigación microbiana en proceso han sido balizadas y marcadas en toda la cueva. No pasar más alla de los límites balizados ni perturbar esas zonas.
Las siguientes zonas, debido a su naturaleza especialmente sensible o al trabajo científico en proceso están fuera de los límites de cualquier expedición en Lechuguilla Cave a menos que se tenga con antelación, un permiso de un Experto en la Cavidad.

DE LA ENTRADA A EF JUNCTION
Pool in Sugarlands – Estudios microbianos en proceso. Esta laguna está bien marcada.
SECTOR OCCIDENTAL
Pellucidar/Barsoom areas – Zona muy frágil, con helictitas subacuaticas. Cualquier escalada en la zona  de Barsoom por encima de Pellucidar dañará las helictitas.
Little Lake of the Clouds – Estudio de microbios en proceso. Lagunas.
Parte de la Blanca Navidad Room – Los límites del área están bien marcados. También, todas las lagunas de la zona deberán aislarse. No se puede tomar agua potable de ninguna de esas lagunas.
Pink Dot Pool – Laguna con riesgo biológico. No beber agua de esta laguna.
Pool Hall – Laguna con investigación microbiana.
Tree House and Neverland – Zonas de coladas vírgenes.
Hudson Bay - Lagunas.
Lake Okeechobee – Laguna virgen.
Boomtown Pool – Laguna virgen.
Red Lakes Passage – Muy frágil con pajillas de sodio inmersas hasta el nivel del lago. No debe intentarse obtener agua de esta laguna.
Chocolate Lake in the Chocolate Factory – Otra laguna con estudios microbiológicos.
Oasis Pool – Lagunas y coladas vírgenes.
Nativity Chamber and Promised Land – Lagunas, coladas y numerosos cambios de limpio a sucio en ropa, y equipo.
SECTOR SUROESTE
Darktown – Largos y frágiles pelos de yeso cuelgan en esta sala. Son difíciles de ver y fáciles de destruir.
Lake Castrovalva – Zona única y muy frágil. Nadie puede nadar en el lago o entrar en la laguna interior.
Dilithium Crystal Pool – Laguna frágil y especial con cristales de selenita creciendo bajo el agua. Es un caso muy raro.
YO Acres – Se localiza más allá del Pearlsian Gulf y contiene grandes cantidades de residuos de corrosión. Se debe tener un cuidado especial en evitar la contaminación de la zona del Pearlsian Gulf
Temple of Dagon - Localizado encima del Pearlsian Gulf y potencialmente con el peligro de desprender escombros sobre zonas de perlas.
Void Sulfur Area - Especial y muy frágil es este yacimiento geologico y microbiologico.
Sulfur Shores – Raras y frágiles láminas se encuentran en esta área.
Tower Place – Investigación microbiológica en una zona de lagunas. Zona de coladas.
Ala oeste de la Sewing Room – Agujas de yeso extermadamente frágiles.
Ultra Primo – Esta es una zona barroca y muy frágil.
Vesuvius – Es también  una zona barroca y muy frágil.
SECTOR ORIENTAL
Ghost Town - (1) El área con azufre en un pequeño pasaje al NE de la sala es frágil y científicamente importante. (2) El balcón sobre la sala es muy frágil. Se producirán daños si entra cualquiera.
Ghostbusters Hall - Contiene grandes depósitos de azufre.
H Survey - Muy delicado y muy frágil. Se producirán daños si cualquiera entra en esta zona.
Bryce Canyon - Hay acalaladuras de lapiaz frágiles y delicadas.  También hay un espectacular arbusto de aragonito, en peligro cada vez que alguien entra en esta zona.
Boundary Waters - Esta es la zona aguas arriba de la fuente potable Lost Pecos River. Tambien es una zona frágil y delicada.
Wet Dreams – La laguna requiere nadar.
Lake of the Loose Marbles – La laguna requiere un vadeo para atravesarla.
Happy Hunting Grounds - Requiere un vadeo por el agua y es frágil.
Lago de White Roses - Raras y frágiles láminas en una zona vertical de 100 pies de altura.
Burning Lakes – Un área virgen con lagunas.
Quasimoto’s Lair – Es una zona decorada muy frágil.
Stud Lake – Hay en proceso un estudio microbiano en una laguna.
Sección inferior de Grapes of Wrath Maze – Arbustos de aragonito frágiles.
Kachina Lake - Laguna.

Áreas de Atención Especial
Las siguientes zonas aunque no estan estrictamente “fuera de límites” requieren una atención especial. Si no se presta la atención debida y se producen daños inaceptables entonces pasarían a formar parte de  las Zonas de Protección.

DE LA ENTRADA A EF JUNCTION – Hay que moverse cuidadosamente! Especialmente en las zonas de  Rim City  y Windy City.
SECTOR SUROESTE - Land of the Lost, Pearlsian Gulf (se requiere vestimenta limpia  y escarpines). Pearlsian Gulf fue contaminada en el pasado por espeleólogos poco cuidadosos y posteriormente fue restaurada. Si hay más impactos el área se cerrará. Underground Atlanta.
SECTOR ORIENTAL - China Shop, Firefall Hall.

Todas las zonas de la cueva deben ser atravesadas cuidadosamente. Sin embargo deberá prestarse UNA ATENCIÓN ESPECIAL cuando nos movamos por Land of the Lost. Moverse lentamente, con gestos cuidadosos, siendo conscientes de los pelos de yeso, hilos, y barbas en la zona. También, cuando nos movamos a través de China Shop, las sacas de porteo deberán quitarse de la espalda y ser pasadas con todo cuidado entre los arbustos de aragonito.

Acampada y Descanso
Solo está permitido acampar en los sitios designados para ello. No se debe vivaquear  sin permiso de un Experto en la Cueva. Los grupos que entren en la cueva informaran a la CRO donde planean acampar. Los campamentos designados, y los máximos números de personas que pueden estar en ellos son los siguientes:

SECTOR ORIENTAL
Rusticles - 6
Grand Guadalupe Junction - 9
SECTOR SUROESTE
Big Sky - 6
SECTOR OCCIDENTAL
Deep Seas - 12

Acampar sobre una cubierta de plástico limpia. Al finalizar la acampada, plegar la cubierta para recoger cualquier partícula que quede sobre esta. No sacudir la cubierta en la cueva al final de la acampada.
Los infernillos pueden usarse exclusivamente en las zonas de acampada. Los combustibles recomendables son propano/isobutano/butano y alcohol, pero también se permite el uso de gas blanco. Los infernillos pueden usarse en otras zonas solo con el permiso de un Experto en la Cavidad.
Al comer o preparar comida se debe extremar el cuidado para evitar que caigan migas, partículas alimenticias, o polvos para hacer bebidas en la cueva. La comida deberá realizarse sobre un plástico o sobre la cubierta del campamento.
La pasta dentrífica, el jabón, y otros materiales similares no pueden ser vertidos en la cueva. Limpiarse y permitir que agua contaminada se drene en la cavidad no es aceptable. Las toallitas higienicas, que pueden sacarse de la cueva,  son la única opción para la limpieza personal.
Todos los grupos deberán dejar una nota en un sitio evidente del campamento con la siguiente información: Qué día es, quienes forman el equipo, y en que zona esperan estar.
Antes de salir inspeccionar toda la zona del campamento para retirar cualquier objeto extraño a la cueva, orgánico o inorgánico, que pudiera, accidentalmente, haberse dejado olvidado.


Exploración y Topografía
La exploración sin topografiar está estrictamente prohibida. Los que violen esta norma no podrán obtener en el futuro ningún permiso de visita para las cuevas del Parque.  Las directrices para topografiar pueden encontrarse en el apéndice E y tienen que ser seguidas en el trabajo. Sin un permiso preliminar de un Experto en la Cavidad no esta permitido cavar, arrojar arena, macear, mover o romper formaciones, rocas, arena, etc.
Los equipos de exploración podrán nombrar las nuevas áreas, pero los nombres que se consideren inadecuados, de mal gusto o nombrando personas vivas no seran aceptados. 
Al explorar se debe poner todo el esfuerzo en minimizar el impacto. Los cambios a escarpines, ropas limpias, y sacas limpias pueden ser necesarios y consumir tiempo. Explorar y topografiar la cueva cuidadosamente es más importante que explorar y topografiar rapidamente.
Al moverse por zonas inexploradas, deberan establecerse senderos que minimicen el daño a la cueva. Las personas que encabecen la exploración/topografía (cinta métrica) deberán evaluar el pasaje y escoger cuidadosamente el camino que haga el mínimo daño a la cavidad. Los senderos se balizarán de inmediato, de forma que los que vengan no tengan que decidir por donde caminar y tengan establecido el camino a seguir. En zonas extremadamente sensibles, tales como arbustos de aragonito bloqueando el camino (como en China Shop), u otras formaciones notables que dificulten la progresión, se parará y no se continuará. Se notificará a la CRO, quienes tomarán la decisión de como continuar.

Despues de salir de la cueva
Cualquier accidente de cierta importancia debe ser reportado al personal de la NPS tan pronto como sea posible. Tendrá que cumplimentarse un formulario de incidentes y otra documentación relacionada con ello; todo disponible en la CRO.
Cualquier equipo que entre a una cueva del parque deberá presentar una reseña de la expedición antes de un mes después de su salida. La reseña incluirá la fecha, los integrantes, los lugares visitados, y el trabajo realizado, incluyendo especificaciones sobre el tipo de información recopilada o las muestras recogidas. Si el objetivo era topografiar deberá entregarse la lista de estaciones (datos) que fueron establecidas. Los jefes de expedición son responsables de que toda la documentación se entrege en el plazo fijado.














19/2/11

Tríptico (19/2/2011)




Cierto día de verano estaba en la playa observando a dos chicas brincando en la arena. Estaban trabajando mucho construyendo un castillo de arena con torres, pasadizos ocultos y puentes. Cuando estaban acabando vino una ola destruyéndolo todo, reduciendo el castillo a un montón de arena y espuma. Pensé que después de tanto esfuerzo las chicas comenzarían a llorar. Pero en vez de eso corrieron por la playa riendo y jugando y comenzaron a construir otro castillo. Comprendí que había aprendido una gran lección. Gastamos mucho tiempo de nuestra vida construyendo alguna cosa, pero cuando más tarde llega una ola a destruir todo solo permanece...

Pase la semana dudando de la fluidez de comunicación con Patrick y Sandrine. Mi francés es solo útil cuando se trata de leer algo simple y no sabía cuanto español hablaban ellos. Invite a un par de amigos del club y finalmente el viernes a media tarde Javier Jorde, avisado por Patrick, me llamo para venir con nosotros. Las galerías que íbamos a revisar me habían parecido inexploradas cuando hace meses las localizamos por casualidad y, más aún, cuando Miguel y yo fuimos a echarles un detenido vistazo. En esa ocasión comprobamos la ausencia de huellas sobre el suelo arenoso y varias posibilidades de continuación claras como la luz del día.
            Nos reunimos Javier, Sandrine, Patrick y yo en la gasolinera de Ramales para subir por Soba, ya que la carretera de los Puertos del Asón esta cerrada por obras. Nos repartimos: Javier conmigo y Sandrine con Patrick en su pequeña furgoneta. Después de una breve consulta decidimos llevar cuatro o cinco cuerdas cortas, un equipo de instalar y, aparte, el moderno equipo de topo de Patrick. Llovía con intensidad.
            Inducidos por Patrick, que no tenía reparos en confesar sus viejas manías, apostamos por el aparcamiento del cruce con la carretera de La Sía. Es un poco más incómodo que el de arriba. El recorrido hasta las nuevas galerías nos iba a llevar unas tres horas. Como me esperaba, la forma de los franceses era excelente. Pase mucho calor yendo al ritmo que nos impusimos pero me mantuve en el punto adecuado. Javier, fuerte y ágil, llevaba demasiada ropa y sudaba en abundancia. Paramos apenas para beber un poco en dos ocasiones y en unas dos horas y media estábamos pasando la gatera de acceso al nuevo sector. Patrick no recordaba ni las pequeñas galerías anteriores, ni la gatera. Allí estaban ya las filigranas.
            Quedo bien claro, no más pasar la larga y triangular gatera, que estas galerías no estaban exploradas. Primero ascendimos a una sala llena de formaciones, principalmente estalagmitas y macarrones. Comimos un poco; Javier había olvidado su comida en el  coche y compartimos la mía. Sandrine, que no sabe soportar el hambre, saco unos bocadillos de pan integral con lechuga y queso. Francés el queso, como era de esperar. No tardamos nada en volver a sentirnos espoleados por la exploración.
            El sistema de Patrick para topografiar/explorar se podría describir como una rueda en avance. Complementado con un láser que hace todo en uno (rumbo, distancia y clino) se convierte en un método de trabajo excelente… Comenzamos la topografía desde el extremo más alto de la sala. Hicimos ésta, una capilla al fondo y una pequeña galería lateral cuajada de formaciones. Para avanzar tuvimos que romper algunas maravillosas y frágiles concreciones que me dolieron como si rompieran mis huesos. De alguna manera me sentía responsable -quizás culpable- de que el ser humano hubiese accedido a este santuario.

Miguel y yo habíamos dejado instalada una cuerda hasta un rellano cuajado de nidos de cristales. A partir de aquí aseguramos, en una corta escalada, a Javier. La resolvió con un paso atlético, en chimenea, protegido con un cintajo. Accedimos a otra sala más pequeña, pero igualmente repleta de formaciones... En este remoto lugar no encontramos continuación salvo por un pequeño conducto, totalmente concrecionado, que Javier valoró negativamente. No se atrevió a probarlo, pues el coste hubiera sido un tremendo destrozo.

       Patrick me había pedido que bautizara los lugares del nuevo sector. Me vino la inspiración al caminar un rato: Sala de los Sonámbulos y Galería de los Sueños. Volviendo sobre nuestros pasos instalamos un pasamanos por la parte alta de la Galería de los Sueños para avanzar en sentido contrario. La galería tiene forma de T. Quince metros la I y diez la —  Un resalte, último punto que visitamos Miguel y yo, nos obligo a meter una fijación para evitar un fuerte roce. Unos cincuenta metros más adelante subimos por una empinada rampa de colada y nos introdujimos, por un estrecho buzón, en una sala bastante mayor que la de los Sonámbulos, con infinidad de concreciones similares a las anteriormente vistas, aunque, como bonus complementario, muchas llegaban a ser columnas. Una galería volvía paralela desde el norte de la sala y otra iba hacia el sur. En realidad podía ser considerada la misma galería con un ensanche. La sala fue nombrada como El Jardín de las Delicias y la galería que, digamos, atraviesa esa sala girando hacia el sur como la Galería de El Bosco. 


La Galería del Bosco nos llevo rápidamente, atravesando bosques de estalagmitas, a una sala con una cascada desde un nivel superior, pozos y dos galerías. Debido a la hora y a la falta de material esas galerías no fueron tocadas. Sin embargo la continuación por un largo tramo de el Bosco nos llevo entre más concreciones y suelos crujientes hasta un final evidente por la unión del suelo con el techo. Se imponía empezar la vuelta. Eran más de las siete y llevábamos desde las diez y media de la mañana en danza. Las instalaciones básicas para volver a explorar fueron dejadas in situ.
Nos tomamos la vuelta con calma creciente según íbamos dejando atrás dificultades. Además, fuimos topografiando hasta enlazar con el resto de la topo en un punto de referencia conocido. Esto hizo que fuéramos más despacio al principio, pero también nos permitió descansar. Paramos dos o tres veces a beber líquidos y comer tentempiés. De vez en cuando olíamos a tabaco. Ya cerca de la salida alcanzamos a un numeroso grupo de Madrid. Con mucho tacto, concienciar y no condenar, Javier les llamo la atención por los desechos de carburo que habíamos observado. Con buen talante se disculparon por el desliz y nos mostraron las bolsas de desechos de carburo que sacaban.
       Eran más de las once y los franceses declinaron la posibilidad de cenar con nosotros en un restaurante. Estaban deseando retirarse a su cabaña de Socueva. Javier y yo paramos en Ramales a tomar una cerveza con aperitivos y a seguir celebrando nuestra, casi excesiva, buena suerte. Durante todo el tiempo hablábamos de viajes, de nuestra suerte y de nuevas aventuras. Si Dieu le veut


12/2/11

Uranio (12/2/2011)


Un poco por encima de las vicisitudes de la semana, de si va a hacer o no buen tiempo, de las dudas acerca del club y el cursillo, de quien va venirse de cuevas y de donde vamos a ir -Gándara o Vallina- , un poco por encima de tu propia desgana por cualquier cosa en las tardes de los viernes, un poco por compasión hacia uno mismo. Para todo eso el remedio es una dosis de Uranio.
Pelos y Fonso quedan conmigo en la FEVE de Solares. Reconvenimos a Pelos para que no llegue tarde a la cita. Pelos hace una promesa formal de no llegar tarde.  Por supuesto llega tarde, pero obtenemos una mejora relativa: menos de diez minutos cuando suelen ser más de quince... Como estoy de mal humor, algo difuso cuando menos, amenazo con no esperarle la próxima vez.
La idea es visitar la zona remota de Vallina, más allá de Río Grande hacia la Senda de los Elefantes. Sin embargo he notado ciertas dudas en Fonso y cierta falta de ímpetu en mí mismo.  A Fonso no le apetece demasiado lo de estar mojado durante horas, y se augura a sí mismo un resfriado de varios días... A mi me apetece no ir demasiado deprisa para poder hacer experimentos fotográficos. Todo esto nos aconseja cambiar a un objetivo más modesto: la Galería de Germán. Además, no debemos olvidar que es la primera cueva que van a visitar Pelos y Fonso aparte de las de su cursillo y del Sistema de Udías en el que han puesto toda su energía durante un año.
          En realidad la Galería de Germán no es más que la zona final del sector que estuvimos visitando la última vez, hace bien poco, en Vallina. A dicho sector se accede por Shatter Passage pero para la Galería de Germán necesitaremos recorrer un conducto que los ingleses nombran como Barney Rubble’s Uranium Mine. El nombre no induce a pensar nada bueno y en la topo es fácil darse cuenta que esa galería no pinta demasiado amplia... pero al otro lado parece que hay galerías “gansas”.



El camino directo hacia la Mina de Uranio pasa al lado del Dragón. Hacemos lecturas frecuentes de la topo con la esperanza de que mis compañeros se memoricen el camino. Siempre conviene que sean varios los que sepan salir. Máxime cuando los pocos que saben que venimos de cuevas a Vallina creen que estamos en otro sector. No hay que olvidar que Vallina es el paradigma de cueva con plano laberíntico. El mejor camino hacia nuestro objetivo pasa un poco al sur de Shatter Passage, cosa que descubrimos casualmente hace unos días cuando estábamos volviendo hacia la salida. Hemos puesto todo nuestro empeño en no confundirnos. La Mina ya esta ante nosotros y no parece muy amplia...
        Con el vistazo que le echo a la topo exagero la longitud de la Mina de Uranio: unos cuatrocientos metros. En realidad son un poco menos de doscientos cincuenta. Pero lo que importa es la “calidad” y no el número de metros. Como el 30% -o más- de esos doscientos cincuenta metros se hacen reptando y el resto no tiene ninguna zona cómoda. Solo hay dos o tres cubiles en donde te puedes poner de pie. En fin, se trata de la gatera más larga que yo haya pasado nunca aunque desde luego no tiene zonas “críticas”. Bueno en realidad hay una zona en la que reptas con un brazo por delante, y tienes que empujar un poco, pero está dentro de lo razonable. El problema no es ningún paso local sino el pasaje globalmente mirado. Comparado con esta supergatera mastadóntica el Delator del Gándara, por ejemplo, es un paseo dominical por un parque urbano.



Al principio Pelos y Fonso iban de buen humor, pero como a los dos tercios de la gatera preguntaron que cuanto faltaba y observe que ya no me vacilaban tanto como al principio. La galería en la que emergimos era gansa pero no demasiado. Y fue entonces cuando los dos empezaron a añorar su querida Torca Urbió. Desde luego era mucho más bonita que lo que habían visto de Vallina... La fijación en la cueva materna y la sobredosis de Uranio empezaba a hacer su efecto. Como esos hombres que ocultan en su inconsciente una vara de medir a las mujeres formada por la imagen de su madre, estos lechones de espeleólogo miden aún cualquier cueva con la vara de la primera cueva que han conocido...
       Avanzamos un poco por la gansita galería hasta una corta y jodida gatera con cara de pocos amigos, formada en la escombrera de una gran sala, por la que desembocamos en dicha sala. La sala tiene un cráter enorme que la ocupa casi por completo salvo unas escasas plataformas por las que se bordea el pozo central con sumo cuidado. Me recuerda, salvando la diferencia de escala, la zona del Gran Pozo en el Gándara. Poco después la galería se hace más baja, ancha y arenosa invitando a descansar y comer. Algo más allá en una de formaciones masivas se bordea otro pozo con mucha precaución por lo resbaladizo de la roca. Finalmente alcanzamos una zona de desfondamientos en la que es necesario instalar un pasamanos. Los spits están puestos pero no llevamos ni chapas, ni cuerdas, ni mosquetones. Hemos llegado hasta donde podíamos llegar hoy. Comemos y, mientras Fonso y Pelos sestean en una zona acogedora de la galería, preparo algunas fotos con trípode y exposiciones múltiples.



La realidad se impone. Ahora tendremos que volver por la gatera. Comienzo delante para que Pelos no se nos escape reptando  a toda pastilla. El insiste en ir delante y finalmente se nos escapa mientras hago una foto en un ensanche. No le volveremos a ver, ni a oír hasta que salgamos por el otro lado. Mientras tanto también dejo de oír a Fonso detrás de mí y me paro a esperarle. Al cabo de un rato aparece y me cuenta que en plena reptada se le ha agarrotado un músculo de la pierna y ha tenido que pararse. Continuamos juntos para darnos ánimos. Al otro lado Pelos dormita mientras espera...
Antes de salir visitamos, mediante una corta desviación, una sala en la que abundan los corales en forma de seta de árbol. Se nota que quieren ver algo bonito para compensar la movida de la Mina de Uranio... Al volver les paso la topografía de la cueva a mis compañeros y les pido que nos guíen hasta la salida. Antes de las seis estamos en la calle.


        En contra de la mayoría me congratulo de la joya que hemos descubierto con la Mina de Uranio. Es un gran entrenamiento físico pero sobre todo no tiene precio como entrenamiento psicológico. Toda la pesadez de tu mente se evapora en el crisol de la Mina de Uranio. Además no hay que descartar que al final tengamos algo interesante o hermoso al otro lado del pasamanos que no pudimos cruzar. En mi opinión las bellezas de las cuevas tienen como valor añadido la dificultad de llegar a ellas. Y, en general, un espeleólogo joven y explorador debería estar dispuesto a cualquier movida. Todo es cuestión de logística y organización. Mientras conduzco con mucha calma por el puerto de Alisas una balada de John Coltrane pone el contrapunto al atardecer...          

22/1/11

Laberintos (22/1/2011)


Laberinto es una palabra que asociamos a situaciones en las que no encontramos salida. Sin embargo puede haber laberintos deliciosos cuando nos los tomamos como un juego del que no corre ninguna prisa salir; así estamos disfrutando de una “situación laberíntica”. En la cotidianeidad no suele ser el caso. “Estoy metido en un laberinto” es similar hacia peor de “estoy metido en un lío”
Nuestro mundo mental refleja y es reflejado por nuestro mundo exterior. A veces las múltiples opciones constituyen un laberinto pues no sabemos como pegarlas entre si para que resulte lo que esperamos que será óptimo. La semana anterior, durante la asamblea del SCC, Encarna me dijo que vendría a cuevear el fds siguiente. Yo nunca me comprometo en estas fechas invernales, siempre a la expectativa de conseguir un día agradable para escalar. Espeleología podemos hacer siempre pero escalar muy pocas veces, por no decir casi ninguna en las zonas que me atraen más. Pero, como esperábamos, el fds no pudo ser peor: temperaturas cercanas a 0ºC por doquier, nubes y alguna nevadilla desde cotas muy bajas.
El viernes Encarna me llamo, ya habíamos hablado Miguel y yo de una salida sencillita para no asustar a las respectivas mujeres, así que quedamos en ir a conocer sectores de Vallina no remotos. Encarna no pudo sacar un equipo vertical del club (problemas de inventario) ni pudo conseguir un préstamo de dicho equipo. Además hubo un problemilla al decidir si íbamos sábado o domingo. Finalmente fuimos el sábado y el equipo lo reunimos entre piezas de Miguel y piezas mías.
             Hacia un frío especial a las diez de la mañana en las cercanías de Arredondo. Las laderas del Porracolina estaban escarchadas. Mientras reconstruíamos un equipo vertical para Encarna a base de trozos diversos tuvimos tiempo de congelarnos varias veces. Así que vivimos como un respiro la corta marcha de acercamiento a la boca de la cueva. Además dentro de la cueva la temperatura era unos 15º más alta que fuera, aunque tuvimos que alejarnos de la entrada para percibir esta diferencia de forma clara.


Unos 100 metros después de entrar por “Lost Pot Entrance” abandonamos el camino estándar hacia “El Dragón” y la zona remota de Vallina y torcimos a la derecha hacia “Haymarket First Chamber”. La ruta se dejaba hacer pero era laboriosa, con pequeñas dificultades y también pequeñas bellezas. Disfrutábamos reconociendo nuevos puntos de la cueva y comprobándolos en la topografía. Miramos también una bonita, y más cómoda, ruta alternativa a esta sala.
La continuación hacia  “Haymarket Second Chamber” se reveló bastante más complicada. Comenzaba por una pequeña galería agaterada que se cortaba algo más allá de un ensanche; sin embargo la parte inferior de un falso suelo permitía acceder a un caos de bloques con dos pasos estrechos que nos conducían a la, un tanto caótica, segunda sala.
La continuación hacia la tercera sala era bastante confusa hasta que se conseguía acceder a una galería rectilínea característica. Esta se prolongaba largamente por un meandro estrecho, pero había que abandonarlo a los pocos metros escalando por la izquierda, para entrar en una sala más amplia que las anteriores. A estas alturas teníamos la impresión de estar en una zona liosa. Desde esta última sala pudimos continuar nuestra ruta porque tuvimos suerte de encontrar la gatera por la que se sale. Una gatera muy pequeña, aunque corta, y que además tiene el suelo irregular y pinchoso.
Podíamos haber hecho trasquilón, para alcanzar más rápido la zona del Dragón, pero Miguel estaba empezando a entusiasmarse y seguimos por una galería cómoda y rectilínea hacia el norte unos cincuenta metros para volver de inmediato hacia el sur otros cincuenta metros. Los últimos metros, antes de volver al camino principal, consistían en un laminador pinchoso.
Las galerías desde aquí hasta “el Dragón” volvían a ser cómodas, aunque la topografía nos pareció un poco confusa. La mayor de las confusiones es que no pudimos identificar la pequeña sala inmediatamente anterior a la sala “Who knows? Chamber” ni tampoco los últimos metros antes de llegar al “Dragón”. Sin embargo ahora estábamos entusiasmados los tres con el laberíntico recorrido que estábamos realizando.
           Paramos un rato en la sala del “Dragón” y, antes de seguir, hicimos unas cuantas fotos. A lo largo del día tuve la sensación de llevar un ritmo tan endiablado que me era  imposible ponerme a pensar en las fotos. Salían como Dios quería que saliesen.

 





Nuestro siguiente objetivo fue la visita a un sector que se prolongaba mucho hacia el oeste, y al que se accedía siguiendo la ruta principal hasta la entrada de “Road to Nowhere”. Desde allí se seguía de frente hacia una sala en que la topografía indicaba una continuación evidente. Desgraciadamente no fue así. Además de caótica y peligrosa la sala no tenía ninguna continuación evidente, sino que había que trabajárselo bastante para encontrar entre los bloques ciclópeos la cómoda galería por la que continuar. Después del duro trabajo de buscar la solución -tuvimos que hacer un desagradable destrepe-  nos sentamos a comer latas de atún con pan y empanadillas de atún con tomate. Solo falto un turrón de atún con tropezones de bonito para acabar de redondear el tema de los atunes. Encarna y Miguel descubrieron su pasión común: el esquí de travesía. Desde este momento no dejaron de hablar de lo mismo hasta que nos despedimos  por la tarde. Hasta tal punto que me llegué a interesar por un viejo proyecto: subir el Cotiella con esquís y con ellos dos.
Un cómodo cañón hacia el oeste y en pocos minutos nos encontrábamos en el objetivo principal  de nuestra incursión. Sector laberíntico en extremo y en el que, gracias a dar cada paso verificándolo con la topo, no tuvimos la impresión de estar perdidos en ningún momento. Convertimos una encrucijada clave en nuestro sistema de referencia cartesiano. Con este sistema de coordenadas visitamos en las cuatro direcciones: 1º) un camino alternativo hacia este sector, mucho más cómodo y corto, y al que se accede directamente desde el “Dragón”,  2º) una hermosa sala llena de “corales como setas de árbol” a la que se llega por una curiosa galería llamada “Resistance Gallery”, 3º) una galería hacia el este que continua con un pasamanos, no instalado, sobre unos pozos que habíamos visto un rato antes  y  4º) lo mas importante: la continuación hacia el oeste a través de “Shatter Passage”.
Las gateras de “Shatter Passage” son verdaderamente jodidas. Yo tenía un poco de tortícolis y me las tome como un excelente masaje para disolver la contractura. Y de hecho estaba mejor al final que al principio, aunque la tortícolis seguía a la defensiva. El  “Shutter Passage” es una sucesión de gateras de todos los tipos imaginables -y muchas- que te hacen sudar de lo lindo. Finalmente emerges a una galería hermosona y cómoda que te da un respiro. Un poco más allá encontramos un hito descomunal y una flecha de tizne.
Nuestros objetivos ya estaban a un paseo por galerías cómodas. En previsión de grandes sufrimientos no deseados dejamos a la derecha una ruta alternativa llamada “Centipede Crawl” (la gatera del ciempiés). Progresamos por una zona en que el suelo de la galería asemejaba una carretera empedrada y luego dejamos a nuestra izquierda el objetivo para una próxima incursión (quizás acompañados por nuestros amigos del SCC o de ESPELEO 50): “Barney Rubble Uranium Mine”. Se trata de un conducto de entrada modesta y nombre muy sospechoso pero que da acceso a un largo sector de galerías gansas. Continuando nuestra ruta no más de doscientos metros una doble galería muere en una obstrucción poco después de pasar por una característica y gruesa estalagmita.
Hicimos una corta parada forzada por mis necesidades y a los pocos minutos, ya saliendo, estábamos en el hito. Me metí, muy seguro de mi mismo, por donde indicaba la flecha, con el viento de frente. Encarna me siguió pero Miguel, empecinado en que por ahí no habíamos venido, se fue por otro lado. A los pocos minutos de avanzar me di cuenta que, aunque era mucho más cómodo y estaba trillado, Miguel tenía razón. Sin embargo seguimos avanzando un poco más y escuche a Miguel algo más lejos. El había vuelto por las jodidas gateras de “Shatter Passage” mientras que nosotros, gracias a mi confusión, habíamos encontrado una  ruta alternativa -mucho más cómoda- que es, de hecho, la que se usa.


  
          Paramos unos minutos antes de salir al exterior para secar el sudor. Mientras subíamos me fije en que la conversación seguía girando alrededor del esquí de travesía. Hicimos votos y promesas para subir el Cotiella en febrero o marzo. Eran más de las seis cuando deje a Encarna en Solares y, atravesando Orejo, me encaminé a mi casa. 



18/12/10

Imprevisto (18-12-2010) Sima Artekona

 

            El hombre propone
y Dios dispone.

Durante las últimas semanas el frío nos había hecho abandonar toda pretensión de escalar en roca caliente hasta no sabíamos cuando. Así que solo me quedaba elegir entre varias actividades cavernarias diferentes. Bien seguir cavando y sacando piedras en Urbio, con Pelos y todos los que apareciesen por allí, bien unirme a la agradable travesía Artekona>>>Arenazas III con Miguel, Zaca, Hugo y Ángel. El viernes por la noche, tras la asamblea del SCC, me fui a dormir sin tener claro que iba a hacer el sábado e incluso sin saber a ciencia cierta si iba a hacer algo. Había algo que me animaba a quedarme en casa.
El sábado, sobre la marcha, llamé a Miguel para que me esperasen en Galdames. Antes de las diez ya estaba allí. En el bar de la plaza nos encontramos con Zape y dos miembros del Burnia que iban a desinstalar la travesía. Buena idea si quieres preservar esa bonita cavidad y cuidar su belleza. Zape y yo hablamos un rato de las cavidades de Candina, una incógnita atractiva que vuelve de forma recurrente a mi mente cada vez que paso por Liendo y veo la montaña. De cualquier forma quedamos en entrar delante de ellos en Artekona para no interferir su trabajo.
En el pueblo se quedo mi coche con la ropa limpia de todo el mundo. Tres kilómetros de fuerte subida en la furgoneta de Zaca nos depositaron en el comienzo de la aproximación a Artekona. Unos diez minutos de sendero cabruno nos condujeron a la boca. Una nube de niebla flotaba sobre ella. Aparte de la anormal pesadez de los preparativos allí me di cuenta que Ángel hacia muchos años que no practicaba con los aparatos de vertical. Interesante situación para él y, como no, también para nosotros. Pero como básicamente se trataba de bajar pozos los problemas serían menores.
        Bajo primero Miguel seguido por Ángel y luego yo, Zaca y Hugo. En el intermedio entre los dos pozos Ángel se quedo haciendo fotos. Las verticales, bonitas y limpias, estaban regadas por las recientes lluvias. Al final del pozo de 60 se trataba de una ducha de intensidad media. Mi descensor Dressler apenas dejaba deslizar la hinchada cuerda debido al desgaste en forma de acanaladura de los dos discos así que tarde cuatro veces más de lo normal en bajar, recibiendo así una ración extra de ducha.  Pero como la cavidad es fósil y templada no me preocupaba la mojadura.


Mientras terminaban de bajar me di un paseo por la galería fósil a la derecha del aterrizaje. Poco después el grupo se volvió a reunir. Avanzábamos por una cómoda y amplia galería fósil con concreciones gravitatorias, algunas coladas y columnas. Pero en pocos minutos tuvimos que desviarnos hacia la derecha subiendo por una fuerte rampa hasta lo que parecía un callejón sin salida. Aquí comenzamos el ascenso de un caos de bloques, algunos no parecían muy estables, primero por una cuerda que superaba una estrechez y luego por un tramo de cuerda más largo y abierto que el anterior. Así alcanzamos, en la cumbre del caos, una enorme sala. Un sendero entre bloques ciclópeos nos condujo a un pequeño resalte y luego a una zona mucho más ancha en la misma sala.
Una pendiente arenosa, a la derecha de la sala grande, nos condujo a la Sala Marlene. De dimensiones más bien modestas, unos 30 metros de larga, concentra una gran hermosura que no tiene nada que envidiar a la misma Cueva del Soplao. En general el tipo de excéntricas, las formas y el aragonito de su composición recuerdan lo que puede verse en grandes extensiones de esa famosa cueva. Pasamos casi una hora filmando y fotografiando las bellezas de ese rincón. En un momento dado nos asalto la preocupación de que los desinstaladores del grupo de Zape se nos adelantaran y luego tuviéramos algún problema.
       Precipitadamente salimos hacia la gran sala y continuamos la travesía siguiendo los hitos y catadióptricos. Poco después nos dimos cuenta que estábamos despistados. No encontrábamos señales evidentes de la ruta principal. Volviendo atrás, y de nuevo en la sala grande, escuchamos voces lejanas. A partir de este momento hubo unos minutos de confusión que terminaron de forma abrupta. Estábamos implicados en un rescate. Comprendí que la intuición me había hecho un guiño la noche anterior y que la Luna Llena, como es usual, se había burlado de nosotros.




Unos minutos antes la caída de un bloque inestable en la zona de la estrechez había alcanzado a Zape. Ahora se encontraba con la pierna izquierda atrapada y en una posición difícil con la cabeza más baja que el cuerpo. Sus compañeros no habían podido liberarle del enorme bloque. La cosa corría prisa. Con la ayuda de Zaca, Hugo y Miguel, aparte de los que ya estaban con él, traccionando con un polipasto y empujando con los pies se pudo mover el bloque lo suficiente para sacarle. Entre todos reunimos sacas, mantas térmicas y ropa para confeccionar un lecho lo más cómodo posible. Miguel le hizo un primer reconocimiento descartando, de entrada, fracturas en las piernas o en las caderas. No quedo claro que alguna costilla si lo estuviese. Mientras tanto dos miembros del Burnía salieron a dar aviso. Calculé que entre reunir el operativo y realizar todas las instalaciones de rescate no estaríamos fuera antes del mediodía del domingo. Pero por suerte me equivoqué.
Zape estuvo consciente en todo momento. Apenas podía mover los miembros inferiores pero con los brazos no tenía ningún problema. Miguel, muy profesional, y los que le rodeábamos le dimos conversación tranquila para relajar la tensión y suavizar la incertidumbre. Me sentía impotente frente a esta situación, casi incapaz de decir nada. A las tres apareció un primer miembro del Burnia con un botiquín y material de instalación. Miguel administro analgésicos y antiinflamatorios al herido para aliviar los dolores, aunque Zape aseguraba que no le dolía mucho salvo al moverse. Eran como las tres y media. Poco después aparecieron otros miembros del Burnia, parte del equipo de rescate y otro médico llamado Dulanto. Se escuchaban más voces abajo de la estrechez del caos de bloques. Enseguida llego la camilla y pudimos acomodarlo mejor, el mismo Zape ayudo en los movimientos. Cristóbal, del AER, comenzó la instalación de la cabecera para descender la camilla por la estrechez vertical. Mientras tanto un miembro del Burnia, ayudado por mi, consiguió desobstruir un pesado bloque que impedía el paso de la camilla. Algo más allá, en la galería principal, un grupo instalaba cuerdas para ayudar al tránsito de la camilla en tres rampas. Finalmente otro grupo estaba instalando los dos pozos ( veinte y sesenta metros)
El  paso de la camilla por la estrechez se produjo sin novedad, si bien es cierto que hubo que poner bastante energía para moverla en la zona de recepción hasta engancharla a la tirolina que seguía. Eran las cinco y media. En las grandes plataformas de abajo se estableció un campamento general. Allí se le hizo una primera cura en la herida de la cabeza y se le arropo mejor. Se intento comunicar con el exterior mediante un aparato de radio especial que puede atravesar espesores importantes de roca caliza -emite en onda muy larga- pero, quizás debido al desarrollo de la antena, no funciono. A Miguel y a mi nos interesaba dar noticia nuestra a las respectivas féminas antes de que se hiciera demasiado tarde. Una parte del equipo de rescate -Ángel, Pedro Merino, Pedro Hierro, Cristóbal- eran bien conocidos por mí. En cuanto estuvieron listas las instalaciones comenzamos a transportar la camilla. Normalmente la controlan seis personas, lo cual hace muy razonable su transporte, salvo en las zonas en que la pendiente o el terreno impide el reparto equitativo de esfuerzos.
Como a las ocho y media estábamos en la base de los pozos. Inmediatamente, tras verificar todos los correajes de la camilla, se procedió a su izado. Mientras esperábamos a poder subir volvimos a recoger todo el material del campamento general. La cosa fue muy rápida y los diez espeleólogos que restábamos abajo comenzamos a subir tras una corta espera. Por suerte los pozos de la Sima Artekona están muy fraccionados y eso agilizo la operación de subida de un grupo numeroso.
Como a las diez salía de la sima. Me costo un poco más de lo usual porque el bloqueador de puño no mordía la cuerda. Comprobé que los dientecillos estaban totalmente desgastados por el uso. En la boca me esperaba una carpa y un numeroso grupo de gente, ertzainas y espeleólogos, desconocida para mi. La gente del AER había desaparecido ya y los del Burnia también. En la confusión del momento había pasado mi saca a Pedro Merino para los últimos metros de sima y ahora no la encontraba. Dentro estaban las llaves del coche. Eché a andar lo más deprisa posible para dar alcance a quien llevara mi saca.
A las diez y media llegaba a la plaza de Galdames. La ambulancia con Zape todavía estaba allí. Salude a Marta, que estaba en la cabina de la ambulancia, antes de acercarme al punto de control situado en un local detrás del ayuntamiento. Jesús Olarra  controlaba la organización. Agradecí la olla de caldo caliente y la comida que habían traído para reponer fuerzas.
Durante un rato me uní al numeroso grupo que platicaba en el bar de la plaza, mientras esperaba a Zaca, Miguel, Hugo y Ángel. Estaba contento de que el rescate hubiese acabado rápido y bien. Se había hecho tarde para quedarse a cenar y, además, ya no tenía hambre porque había comido en abundancia de lo que se ofrecía en el punto de control. Solo me quedaba volver a casa, así que me relajé conduciendo el coche bajo la estrellada y muy fría noche, mientras pensaba en los sucesos del día.

8/12/10

Crisis de la Basura


Un día azaroso, lunes del gran puente resquebrajado, nos condujo a Bustablado. Pelos me enseño el Sumidero 1 que traga aguas fecales y sopla aire frío. Todo construido a base de grandes bloques, esta claro que una desobstrucción seria nos llevaría a la parte activa de Urbió y de allí a la parte fósil. Trabajo duro y húmedo, y entrada mojada. Un poco por variar subimos por la base de la pared hacia Torca Urbió. Pelos localizo una zona con un soplo y, cotejando con la topo, claramente relacionada con la Galería de la Pájara. Un poco más arriba, cruzando tojos y zarzas, volvimos a la boca de la torca donde una densa masa de basura pesada -lavadoras, sofás, frigoríficos, colchones y objetos desechados de diferentes procedencias- gravitaba amenazadoramente sobre cualquiera que intentase bajar el pozo. Razón de más para buscar una entrada alternativa. Luego nos fuimos a comer-comer. 
El miércoles ocho, último día de locura colectiva generalizada, Pelos y yo nos volvimos a reunir en la idea de desobstruir. Paramos a tomar café en la Shell y aparcamos junto a Urbió. Junto a la torca, como si hubiera estado esperándonos, encontramos al paisano José que se vino con nosotros totalmente ilusionado a echar una mano. A la postre más bien fue que nosotros le echamos una mano a él. Bregamos un rato con dos azadas y una pata de cabra de reducidas dimensiones. Partimos el palo de la azadilla y nos deslomamos como cosacos pero, era evidente, avanzábamos poco.  José, que es albañil, a la vista de la ineficacia de las herramientas, bajo a por algunas cosas. Trajo un pico, una pala y una buena pata de cabra. De esta guisa la cosa se acelero. Salieron algunos bloques mastandónticos que lanzamos con estruendo por la pendiente hacia el sumidero. Le cogimos la gracia a hacerlos rodar, cuanto más abajo más divertido. También salió de entre los bloques un caracol troglobio. Cavamos con ahínco hasta que la cosa se puso demasiado estrecha para picar y sacarlo con la pala. Hacia falta un cuezo. Buena excusa para tomarse un respiro. Mientras José bajaba a su casa a comer nosotros hicimos lo que correspondía. Empanadillas, fabada, cervezas y luego postres.
La vuelta de José nos sorprendió en plena faena. A pesar de la falta de cuezo habíamos avanzado bastante. Durante la tarde y hasta el anochecer trabajamos febrilmente. Primero conseguimos pasar una primera panza y vislumbrar a la derecha un ensanche y un laminador. El soplo se hacía muy evidente en algunos momentos. Para pasar con seguridad tuvimos que derrumbar todo el talud de la derecha cosa que formo otra entrada. Finalmente paso Pelos y después de arrastrarse por un laminador un buen tramo formalizo que el soplo provenía de debajo justo de la excavación. Por lo tanto la cosa era seguir sacando piedras y tierra de la grieta principal. Después de estirar el tiempo, currando hasta casi la noche, nos fuimos por  el sendero de la cornisa hasta la mies y de ahí hasta la carretera y el coche nos chupamos el txirimiri de mierda. Bebimos cerveza en el bar Romano de Bustablado, hablamos de todo y de nada, escuchamos el vocerío de los jugadores de cartas y la televisión. Y luego nos fuimos a casa.

20/11/10

Esperanza (20/11/2010)

La esperanza de que hiciese buen tiempo alimento mi falta de decisión a lo largo de la semana. Cada día mire tres veces por lo menos las diferentes previsiones meteorológicas. Y aunque la previsión era mala, malísima, la indecisión se prolongo hasta el viernes por la noche. Incluso el sábado, al ver muchos claros al amanecer y hambriento de días hermosos para estar sobre tierra, dude de hacer espeleo. Parecía que un genio maligno estaba haciendo coincidir con los fines de semana los periodos de peor tiempo, aunque si somos crédulos creeremos que solo se trataba de probabilidad: si los días buenos son escasos y se reparten al azar tienen menos probabilidad de caer en fin de semana.
El sábado a las diez menos cuarto me presente en Arredondo para encontrarme con Pepe, Hugo, Miguel, Antonio J. y Zaca de Espeleo50. Mientras esperaba acompañe un rato a Erik y sus amigos, algunos cubanos, quienes venían con la intención de visitar Coventosa e instalar una ruta alternativa a La Playa. Desayune, aun más, en la autocaravana de Pepe acompañando al resto del personal que tragaba a discreción. Miguel fue al bar con un recipiente para traer unos cafés. Al cabo de un buen rato empecé a desesperarme: no parecía que fuésemos a arrancar. Como a las once subimos hacia la curva de Vallina con la autocaravana y mi coche.
Durante el gran desayuno habíamos estado mareando la perdiz de qué hacer en Vallina: la pequeña travesía entre bocas -defendida por Antonio J. - o una incursión a la zona profunda de Vallina para llegar, al menos, al Río Blanco. La casualidad de que un grupo numeroso ya estuviera preparado para empezar la travesía nos hizo decantarnos por la segunda opción.
Para que pudiéramos aparcar en la curva los del otro grupo tuvieron que mover sus coches. Se quedaron flipados cuando se enteraron de que la mayoría éramos de Espeleo50.  Entre unas cosas y otras conseguimos entrar en la cueva como a la doce de la mañana. Una cuerda de 33, una de 20, otra de 10, mosquetones, maillones, cintas, chapas y algunas ganas. La cueva se mostró bien acogedora y no tuve que hacer más propaganda de ella pues en unos momentos ya había conseguido seducir a todo el grupo. Existía el peligro de que se quedasen colgados de su belleza pero a mí eso me importaba un rábano: que cada cual resolviese su problema.
        La mayor parte de la aproximación hacia la conexión con el Río Rioja es un agradable paseo. Algunas galerías un poco incómodas en la zona más cercana a la entrada y una corta zona de meandro -con algunos pasos estrechos y destrepes- son las únicas dificultades dignas de mención. La bajada al Rioja la instalamos entre Hugo y yo y en poco tiempo estábamos todos en la base del Double Dutch Pitch. El agua pulverizada formaba pequeñas gotitas que impregnaban el ambiente. Cada uno se busco su rincón para ponerse el traje de neopreno y allí se quedo todo el material salvo la comida y la iluminación de repuesto.
El caudal del Rioja, sin ser excesivo, estaba claramente crecido respecto a nuestra última incursión. Nos costo muy poco tiempo colocarnos en la punta que habíamos alcanzado aquella vez. Mayormente después de pasar la crítica gatera que conduce a Breakthrough Chamber Antonio J. nos hizo firmar un contrato sobre el tiempo que íbamos a invertir en la ida calculando que debíamos estar saliendo a las ocho. Desde esa sala localizamos sin dificultades hacia el NW la hermosa galería de Río Grande. El entusiasmo fue creciendo proporcionalmente al tamaño de la galería que recorríamos. Con sumo cuidado localizamos la desviación hacia el Río Blanco y aunque al principio nos desconcertó la falta de correspondencia con el tamaño mostrado en la topografía de los ingleses confirmamos que íbamos por el camino elegido. Aun a pesar de verificar la ausencia de conexión con los pisos fósiles en varios posibles puntos de la topo continuamos hasta el final del Río Blanco donde una gran chimenea con cascada, el Novadome, ancha y espectacular nos sorprendió gratamente.
         Se nos habían hecho las cuatro así que todos estábamos deseando parar y comer algo. Allí mismo, en unas anchas plataformas inclinadas junto al Novadome, nos dedicamos durante un rato a devorar todo lo que se puso a mano. Hacía frío y varias mantas térmicas reflectantes salieron a relucir. Como la esperanza es lo último que se pierde Miguel avanzo un poco más por la ancha galería pero no encontró ningún paso evidente hacia los pisos fósiles. Tampoco encontramos el camino hacia una galería que, en la topo, parecía salir del Novadome hacia el SE. Posteriormente estudiando la topo concienzudamente pude comprender que estaba a unos quince o veinte metros por encima del nivel base.



Serían más de las cinco cuando comenzamos a volver sin prisas. Sin embargo el trayecto hasta la base de los pozos de acceso al Rioja se me hizo corto y no me sentía especialmente cansado. Miguel subió inmediatamente con el neopreno puesto -era el único que se había cambiado antes de descender el pozo- y no paso calor a pesar de ello. Luego me toco a mi, y como suelo hacer en los pozos cortos no me quite la saca de la espalda. Transportaba el neopreno húmedo y algunos trastos más así que el cdg estaba muy atrás y me obligo a realizar esfuerzos adicionales para subir. Aún así lo prefiero a llevar la saca colgando del arnés.
En el intermedio entre los dos pozos pude descansar una hora hasta que todos subieron y se desinstaló el pozo. Quedo puesta una cuerda en el pozo corto para facilitar futuras visitas. Metí una cuerda de 20 metros en mi saca y me puse en movimiento. Como el ritmo era suave y las dificultades mínimas pude disfrutar del recorrido. Salimos a las nueve y media y estaba lloviendo, aunque se notaba la claridad de la Luna.
Mientras el grueso de los compañeros terminaban de asearse Miguel y yo bajamos a Arredondo. Nos tomamos un caldo caliente en un bar repleto de gente viendo partidos de fútbol. De vez en cuando echábamos un vistazo a ver si llegaba la autocaravana.  Después de hablar un poco decidimos cenar allí mismo en Arredondo, dentro de la autocaravana. Callos caseros de Zaca, carne con patatas de Hugo, cerveza, aperitivos, vino y postres. Pretendían que Miguel y yo nos emborrachásemos  pero no pudieron con nosotros. Al poco partimos sobrios para casa. 


14/11/10

Cristales (14/11/2010)



            Hay un tiempo para la acción
 y un tiempo para respirar.
      
        Había calculado mal las consecuencias de la escalada del sábado. Una sensación de laxitud, acompañada por una necesidad de mirar calmadamente o, mejor dicho, de sorprenderme por lo inmediato me acompañaba insistentemente. Las palomas arrullaban, entraban y salían por las ventanas del último piso del viejo caserón de la Plaza de Ramales. Extraordinario, teniendo en cuenta el frío y grisáceo momento en que nos encontrábamos. Mientras esperaba a Miguel me tome un café y, por un momento,  abrigué la esperanza de que no hubiese podido venir por alguna extraña causa. Abrir un tiempo para mirar las palomas. 
          Mediado el Valle de Soba, y previniendo un aguacero, preparamos las sacas concienzudamente en el porche de una parada de bus. Pero finalmente las nubes respetaron la breve caminata hasta la boca de la Cueva del Gándara. Nuestra primera parada, para colocarnos los aperos de vertical y beber algo de líquido, fue a medio camino de la Fractura Meandrosa. Tenía sed y me sentía un poco torpe pero ya nos quedaba poco para la sala grande en donde desembocaba la galería. Y desde allí la sensación de cercanía al objetivo de nuestra incursión nos daría alas. El primero que subió la cuerda se encontró un murciélago, colgando de la comba del reaseguro, en la cabecera del pozo. Incrédulo comprobé unos instantes después la certeza de lo que gritaba Miguel. Pero ni por esas levanto el vuelo; soporto, impasible en apariencia, los bamboleos de la cuerda, los chorros de luz de nuestras Stenlights y las fotos. Espoleados por el encuentro continuamos rápidos y reconcentrados la aproximación hacia la gran sala.  
             El pasamanos de entrada a la sala me -más bien nos- resulto tan desagradable como en las ocasiones anteriores.  Esto es debido a la distancia entre las fijaciones y a la poca tensión de la cuerda. La sensación, por un momento, es que te caes hacia el fondo de la sala, pues es imposible mantener el equilibrio. Lo mejor es colgarse desde el inicio para evitar tirones.                                                        
        Hay una cosa curiosa, y es que de unas zonas a otras el clima de la Cueva del Gándara cambia radicalmente. Aquí la humedad y la condensación en las rocas son superlativas. El lugar esta recubierto de una pátina de barrillo deslizante. Como recuerdo principal se te graba la vacilación acerca de donde y cómo pisar. Al final de la sala un destrepe delicado permite ahorrarse una cuerda de siete metros. Pero sería preferible dejar la cuerda puesta, pues el coste en material es mínimo. Un complicado camino entre bloques soldados por coladas nos lleva hasta una zona muy confusa en que se multiplican las galerías modestas con varios niveles, los pequeños aportes de agua, las gateras y en general todo tipo de posibilidades. Está claro que hay mucho material que examinar en esta zona.

De alguna forma me sentía aliviado por estar llegando a nuestro objetivo, pero, por otra parte, no cesaba de asaltarme la imagen de una vuelta llena de pequeñas dificultades minándome la energía. Sin embargo Miguel había enganchado totalmente con la tarea. Mientras yo me tomaba un descanso se encaramó a un nivel superior donde encontró un conducto por el que brotaba el ruido de una  gran masa de agua lejana.  Después de marear la perdiz un rato nos apremiamos a seguir hacia nuestro objetivo principal: el meandro que yo había vislumbrado cuando estuvimos en la hermosa sala con Julio, Manu, Alicia y Carlos.
         Nos arrastrábamos de nuevo por la larga gatera que recordaba haber encontrado con incredulidad hasta dar con la base del meandro. Escalamos la parte alta pero no entramos en la hermosa sala sino que reptamos, sorteando un caos de bloques, y alcanzamos directamente, mediante un corto destrepe, el fondo del meandro. El avance, fácil, por suelo arenoso nos confirmo mi sospecha: la galería era virgen. No tuvimos que recorrer mucho más para encontrarnos con suelos repletos de nidos de cristales. A partir de ahí la dificultad mayor fue el no dejar huella de nuestro paso. 


Almorzamos en una encrucijada arenosa para coger fuerzas y continuamos un poco más hasta topar con una enorme colada cristalina -de un blanco níveo a crema- que nos corto el paso por el meandro. Una breve inspección descarto que hubiera paso por abajo. Solo nos quedaba escalar la colada. Con una cuerda de apoyo psicológico y metiendo un seguro en una columna subí hasta una pequeña sala repleta de nidos de cristales y formaciones de todo tipo. Desde allí comprobé que la galería continuaba más arriba, pero se hacía necesario superar escalando un conjunto de bloques de arenisca metiendo seguros. Dado el cansancio y la hora decidimos dejar este asunto, abandonando una cuerda fija para las próximas ocasiones. Antes de irnos fotografiamos los cristales a discreción.
         En la otra dirección (NE) el meandro se reveló más vasto y exquisito. Profusión de columnas y estalagmitas nos ayudaron a instalar un pasamanos hasta un puente intermedio. Desde allí lo más lógico era bajar al fondo del meandro, pero no teníamos cuerdas ni ganas de seguir trabajando, así que este fue el segundo asunto pendiente. Para bajar hacia la gatera instalamos una cuerda fija.


           Volviendo hacia la gran sala hicimos un hueco temporal para ir a explorar la gatera del gran ruido de agua. Después de un par de pasos engorrosos la cosa se estrecho de verdad. Miguel le dio un tiento con ánimo crecido. Para pasar tuvo que romper varias columnas. Pudo alcanzar  un meandro estrecho y alto que fue estrechándose hasta ser demasiado estrecho. El estruendo del ruido animaba a seguir, pero fue imposible. Un tercer asunto lleno de incógnitas que solo una seria desobstrucción podría despejar.

          La vuelta fue un tour de resistencia y autocontrol. Aun a pesar del cansancio acumulado solo paramos una vez. Mejor así para evitar derrumbarse. Como el título de un conocido libro: “Camina o revienta”. Sea como fuere a las ocho en punto salíamos al exterior. Por suerte no llovía y el ambiente estaba tranquilo. Pero el calvario del cansancio no se difumino justo hasta que pude acomodarme con ropa limpia en el asiento del copiloto del coche de Miguel. A partir de ese momento disfrutamos rumiando el día, hablando de proyectos y deslizándonos por la suave noche hasta Ramales. Hacía frío pero nos apeteció una cerveza con patatitas antes de iniciar el último salto hacia casa.