28/4/13

Troglos



1.
Una voz interior me repetía insistentemente que esta vez iba a ser duro de roer. Demasiada exigencia desde el principio. Sales reventado de trabajar el viernes a las dos y media, comes rápidamente, coges la saca y demás artilugios (que has preparado sin descanso a lo largo de la tarde del jueves) y te lanzas a la carretera para llegar lo más pronto a Ramales y finalmente a La Gándara. Luego te pones todo encima, incluido un armario al que llamas saca, y entras en la cueva. Subes y bajas, vadeas, te arrastras, te empotras, asciendes cuerdas, desciendes pozos, escalas y destrepas durante cinco horas y por fin llegas – son cerca de las doce de la noche- con tus compañeros al campamento. Preparas el lugar donde dormirás con todo el esmero que se merece tu descanso y disfrutas de una cena que no debe ser copiosa, debido a las dificultades para conciliar el sueño. Mezclas el wok con la sopa y con las infusiones en un batiburrillo que pretende ser alimenticio y restaurador y luego te vas al sobre. Manu, que protesta del frío, y Miguel realizan la misma operación a veinte y diez metros respectivamente. Todo queda en silencio. No hemos traído reloj. Deberemos confiar en nuestra intuición para despertar y confirmar la hora con la cámara fotográfica…

2.
            A las ocho nos despertamos. Desayuno un menú absurdo: colacao con leche condensada y galletas. Pero al menos tiene buen sabor y está caliente. Salimos a eso de las nueve en dirección al Cañón del Quadras. Me siento tremendamente lejos de la salida. Hasta ahora todos nuestras estancias habían estado basadas en el camp cercano a Cruzille. Estábamos relativamente acostumbrados a ese sitio. Era, para nosotros, un rincón acogedor. Como nuestro segundo hogar. Pero en este nuevo camp todo nos resulta extraño. Lo más intrigante es que todavía no sabemos donde aprovisionarnos de agua. Los usuarios principales del vivac, los exploradores del SCD, tienen que conocer algún recurso hídrico cercano. Particularmente nosotros nunca hemos encontrado en esta zona ni una gota de agua. Por eso durante la aproximación del viernes nos aseguramos unos dos litros y medio por cabeza mucho antes de llegar a Muguet.
El avance hacia el Quadras va lento. Los pasos no resultan evidentes. Todo tiene dimensiones ciclópeas. La sensación de pérdida se refuerza. Después de bajar dos tramos de cuerda de unos 20 metros, alternados con una trepada a través de queso gruyere, aterrizamos en una galería descomunal que se va ampliando progresivamente. Se nota que es semiactiva. Mejor dicho: de vez en cuando se inunda por completo… Un rato después alcanzamos una zona en que tenemos que poner todos los sentidos en acción. Buscamos la desviación hacia el Petit Baigneur. Por suerte lo encontramos a la primera.




Al principio el Petit Baigneur no tiene ni río, ni agua, ni nada. El perfil de la galería es un óvalo con una hendidura en medio que va profundizando. Pero no tardamos en alcanzar una zona activa en donde un arroyo de agua transparente ejerce su encanto. Los murmullos del agua se asemejan a cualquier sonido imaginable. Algún tramo exige, si no deseas nadar,  hacer equilibrismo y acrobacias. Sin embargo no tenemos que avanzar mucho tiempo hasta encontrar una cuerda que baja de una galería colgada. Se trata del acceso a Troglos. Seguimos adelante, visitando el Petit Baigneur  pero algo me dice que ahorre fuerzas para Troglos. Y me vuelvo antes de alcanzar el final. Tampoco Manu, ni Miguel que nos anima a continuar, terminan de recorrer la galería. El caso es que volvemos enseguida al punto de acceso a Troglos.
Una vez encaramado en la galería colgada me siento a respirar y saco la cámara, mientras suben mis dos compañeros. El aspecto de los pasajes que se avecinan no resulta demasiado atractivo. De hecho las dificultades comienzan de inmediato. Una estrechez vertical nos exige algún esfuerzo (y pasar en cadena las sacas) Pero esto no es más que un vulgar aperitivo que anuncia la verdadera dificultad. Se trata de una estrechez que los franceses han bautizado como  Diaclase du Mecano. Sin duda trabajaron bastante para hacerla medianamente transitable, pero aún así se trata de un sitio muy estrecho. Lo que resulta más problemático es mover las sacas. Es claro que no se trata de un asunto de pesos sino de que los bultos voluminosos tienen mil sitios donde engancharse, empotrarse o encajonarse.  Después de una hora -o más- bregando conseguimos pasar los tres con las tres sacas. Para mi hay un momento en que, mirando los sufrimientos de Manu, estoy cerca de negarme a continuar. Finalmente llego a la conclusión siguiente: sin arnés yo paso sin problemas por la estrechez pero, si además tengo que hacer que la saca se mueva, tengo un problema muy difícil. Lo mejor para otras ocasiones es llevar sacas pequeñas y compactas. Y nada de sacas medio vacías que se enganchan por todos lados…




Tras esta dificultad las galerías se humanizan y embellecen. Encontramos en un rincón un buen conjunto de flores de yeso. Luego pasamos una gatera arenosa con una corriente de aire potente y nos encontramos, a menos de cien metros, una aparente ratonera sin continuación. Sin embargo, después de darle algunas vueltas a las distintas posibilidades, encontramos la continuación por una sencilla escalada hacia el techo. La ruta nos lleva a través de una serie de miniconductos inverosímiles hasta una larga gatera arenosa. Desembocamos en una galería amplia. A partir de este punto tenemos un perfil de meandro desfondado con bellezas que decoran algunos tramos. Coladas ricamente coloreadas y recubiertas con corales, agujas de yeso, algodón de yeso y otras delicias similares. De cualquier forma las dificultades de avance no disminuyen en ningún momento. Hay algunas escaladas expuestas y largos tramos desfondados que se merecerían un poco de seguridad. Más teniendo en cuenta lo poco accesible que es el lugar. La galería se hace agotadora debido, principalmente, a las dificultades mantenidas. Éstas obligan al máximo de atención en todo momento. Un desliz y te partes algún hueso o la crisma…
Troglos desemboca en una galería ciclópea en la que aparece un importante río. Aguas arriba se llega a un caos de bloques compactado y sin resquicios hasta donde podemos vislumbrar. Sin embargo debemos reconocer que el viento tiene que circular por algún sitio… Es evidente que la zona requiere nuevas sesiones de exploración para poder resolver la incógnita. Además hay dos pequeñas desviaciones que no miramos por puro cansancio. En la mente tenemos una idea: la vuelta nos va a costar. Además yo me había mojado bastante al pasar un laminador inundado…
Cierto: la vuelta nos cuesta unas cuatro horas. A las nueve estamos llegando al camp. Pero por el camino nos hemos dejado gran parte de nuestra energía. Sobre todo al pasar el Mecano de vuelta. Un verdadero parto. Además los pozos ascendentes tienen la deferencia de ponernos la cosa pesada. Las cuerdas no se comportan bien en el croll. A mi -particularmente- ni me corren bien, ni siempre las bloquea…
La pregunta principal que nos hacemos al llegar al camp vuelve a ser ¿donde se coge aquí el agua? Nosotros hemos decidido traerla del Petit Baigneur por si acaso. De cualquier forma, para nuestro alivio, por fin hemos llegado. La cena consiste en otro batiburrillo: puré de patatas y callos todo ello acompañado de sopa e infusiones.






3.
            Me despierto, miro la cámara y descubro que son las siete y veintiocho. En poco minutos he recogido. Repito el menú del día anterior para desayunar. Además bebo tragos de un brebaje, que contiene cafeína, llamado bebida isotónica. Antes de que mis compañeros se den cuenta estoy en marcha hacia Cruzille donde me espera el trabajo. Hay que acabar la balización que quedo pendiente por falta de caperuzas, hilo y estacas. En un abrir y cerrar de ojos estoy en el tajo. Para cuando llegan mis compañeros ya he acabado un sector y estoy en el segundo. El tercero lo hacemos muy rápido entre los tres. A partir de Cruzille sentimos de nuevo la cercanía de la salida. Hay solo un par de obstáculos. En el Pozo de las Hadas nos encontramos con tres franceses del SCD. Uno de ellos, el que actúa como guía, forma parte de los equipos que exploran la Red del Gándara. Se sienten entusiasmados por la balización. El guía nos enseña a llevar la saca en la culera cuando jumareas. Esa manera de transporte parece especialmente equilibrada.
Continuamos a buen ritmo hacia la salida. Debido al cansancio decido arrastrar mi hermosa saca por los laminadores del Delator. Es una ocasión única! A la una y media estamos en la furgoneta cambiándonos. Y un rato después paramos en el nuevo restaurante de Regules a comer una buena comida sentados a una buena mesa, con una buena temperatura y en un ambiente relajante. Pero a pesar de haber salido sólo hace un rato ya estamos proyectando nuestra próxima estancia de fin de semana para balizar en Anestesistas y La Proue. Somos incorregibles…

       





24/2/13

Cerdos




1.
Durante la mañana del jueves 21 fui a realizar algunas tareas de balización. No llegué temprano a la Cueva del Gándara y tampoco pensaba quedarme más allá del mediodía. Durante los días anteriores lleve un actividad febril para ultimar los carteles y las tarjetas indicadoras. El trabajo lo realizamos en la imprenta de Julio. La plastificación fue un remate más laborioso de lo que imaginaba. Pero finalmente el jueves estuvo todo listo para poder colocarlo.
La prisas y la cantidad de asuntos que llevaba entre manos hicieron que olvidase la maza. Eso dificultó notablemente la colocación del cartel. Además la broca de 4mm se descabezo. Por suerte esto último ocurrió en el último agujero que tuve que hacer para las varillas.
Lo primero que hice fue poner las tarjetas de señalización ZB en la primera balización. Luego caminé más allá del pasamanos y terminé el trabajo que había comenzado hace una semana, con Carlos y Alicia, en las rampas coralinas. Finalmente volví cerca de la entrada y me peleé durante una hora con el cartel hasta que conseguí dejarlo en una posición aceptable.
A las dos y pico estaba de vuelta en el coche.

2.
            El sábado por la mañana temprano me acerqué a Gibaja. Allí me encontré con seis miembros de Espeleo50 en el apartamento de Chicha: Hugo, Antonio, Miky, Chicha, Tripi y Riki. Me invitaron a un opíparo desayuno. Hablamos de viajes exóticos sin frenos ni fronteras. Mientras tanto empezaba a nevar y bajaba la temperatura. Pero a la hora de conseguir un compañero para balizar en el Gándara no hubo remedio. Cerrando filas, se declararon interesados en visitar la Red de los Parisinos de la Fresca para prepara la clásica travesía.
            A las diez y media llegué a la desviación de la Sía. La quitanieves trabajaba a destajo. Me dijeron que no aparcase allí. Decidí bajarme hasta el ensanche de la primera granja de La Gándara bajando a la izquierda. Desde allí tuve que caminar cinco minutos adicionales pero me quedé más tranquilo. En la zona de viviendas se esforzarían más por quitar la nieve para dejar acceso. Y la cosa no pintaba bien. Podía caer una nevada y dejarnos bloqueados a todos. La temperatura era de -2º.
            Tuve que abrir huella en la nieve para llegar a la entrada de la Cueva del Gándara pero no era demasiado profunda aún.  Por la boca entraba un ciclón de aire helado hacia el interior. Al mezclarse con el aire húmedo y templado, el aire frío y seco había creado una niebla de condensación y simultáneamente había secado el suelo. Esta vez traía una broca nueva y algunos objetos que la vez anterior olvidé. El viernes por la noche había estado dando una charla de Conservación y esto hacía que estuviera concentrado en la tarea de balización…

            Primero realice una balización entre el pasamanos y la laguna. Hay gours someros que merece la pena proteger. Luego fui al Fisc y remate los senderos poniendo hilos por los dos lados Además coloqué las tarjetas de aviso ZB. Con esta tarea pensaba acabar mi jornada pero cuando me acerqué al Delator comprobé que el deterioro de las coladas era brutal. Además un grupo de cerdos habían dejado los desechos de los carbureros sobre corales y gours junto a la lagunilla que se forma al fondo de las coladas. Me di cuenta hasta que punto es urgente balizar todas las zonas frágiles para que se conserven. No se si endurecer la normativa de acceso a las cavidades sería viable en la práctica debido a las dificultades que tenemos los hispanos para asumir normas. La gente va a las cuevas para expansionarse, pero creo que una mínima formación en este sentido salvaría muchas zonas y cavidades. Sea como sea es difícil de comprender por qué a diez minutos de la entrada se abandonan desechos de carburo sobre una zona de formaciones. Después de estas reflexiones decidí balizar toda la ruta entre el Fisc y el Delator. Eso me llevo como dos horas más. Pero las considero bien empleadas.
            A la vuelta me encontré con un grupo de madrileños empezando a descender el Pozo del Oso. Llevaban carbureros y me entretuve haciendo labor educativa un rato. Les mostré los materiales y las técnicas de balización y quedaron convencidos de su uso.
            No nevaba cuando salí de la cavidad. El frío no era tan intenso como en la mañana pero el coche tenía chupones de hielo en los bajos. No tarde ni un minuto en quitarme el mono y entrar en el coche. Mientras bajaba el Valle del Asón puse la calefacción a tope. Un auténtico placer. Poco después, cuando pase por Ramales, se puso a nevar de nuevo. Disfrute del paisaje mientras escuchaba Voluspa II.    

9/2/13

Magos


Fotos: Caiman
Texto: Antonio

1.
Las circunstancias aconsejaban terminar la balización de las galerías cercanas a la entrada. Eso llevaría poco tiempo. Además el sábado no podía ir temprano de espeleo. Así pues me pase el viernes por la noche por el club y tomé en préstamo el taladro Makita. Desgraciadamente sólo tenía una de las tres baterías. Pensé que para realizar agujeros de 4mm no iba a tener problema. Por la noche envié un mensaje a Alicia. Me respondió que ella y Carlos se unían a la actividad.
Nos vimos a las diez y media. Sin embargo antes de la cita tuve que pasar por la ferretería a comprar una broca de 4mm y tubo de plástico para hacer caperuzas. El tiempo no era malo del todo. A veces caían unas gotas de agua pero la altitud nos acercaba más a una fina nevada que a la llovizna. Fuimos por Alisas y no tardamos en llegar a la curva donde se toma la carretera a La Sía. Un cartel avisaba con antelación que el puerto estaba cerrado. Había varios vehículos de ganaderos ocupando la calzada, un rebaño de cabras que no acertaba a definir su destino y nieve por doquier. Solo el asfalto permanecía libre de nieve. Lo de aparcar estaba complicado. Finalmente aparcamos en el mismo cruce de La Sía. Una yegua muerta presidía el lado opuesto de la calzada. Los buitres habían avistado el cadáver pero ninguno aterrizo junto a la muerta. Quizás no se fiaban de los coches ni de las personas.
Para subir hasta la boca tuvimos que abrir huella en la nieve. De todas formas hasta la mitad del sendero habían pasado caballos y cabras dejando un cómodo rastro. La pedrera que rodea la boca de la cueva estaba tapada por la nieve, pero la boca misma estaba, por suerte, libre. Un soplo violento penetraba en la cavidad.
En menos de dos minutos llegamos a la zona que íbamos a balizar. Planeábamos proteger una zona de pequeños gours. Pero, por encima de la poca entidad de la zona a proteger, se trataba de transmitir un claro mensaje a los espeleólogos visitantes: “en la cueva debemos tener cuidado de donde pisamos, transitar por los caminos balizados donde existan y, donde no los haya, seguir la traza más marcada por los visitantes anteriores”
En menos de una hora acabamos con ésta primera zona a balizar. Para la segunda tarea nos trasladamos algo más al interior, a una zona en suave declive en que los suelos muestran corales por doquier. Aquí la traza está bastante marcada, pero se observan pisadas que se salen del sendero principal, manchando los suelos y rompiendo algunos corales. La traza principal realiza tres zigzags hasta desembocar en una zona llana. Era una balización muy simple. Sin embargo la batería del Makita se acabo en cuanto hicimos cinco taladros. Teniendo en cuenta los agujeros efectuados (en total menos de veinte), la poca profundidad de éstos -en el peor de los casos cinco centímetros- y su grosor -cuatro milímetros-, realmente su duración había sido muy escasa. Para otras ocasiones tendremos que utilizar otro taladro más fiable.
Pensando en consolarnos nos fuimos a visitar la Sala del Mago. Tres resaltes instalados con cuerda nos dieron acceso a ese sector. Apenas pisada, la sala me pareció más alta que ancha. En el extremo opuesto al punto de acceso un pozo daba acceso a galerías inferiores. Un sondeo preliminar nos dio más de treinta metros de profundidad. Descubrimos un par de spits bien colocados pero no estaba puesta la cuerda. Más al fondo de la sala una corta trepada nos llevo a una pequeña galería cuajada de gours en la que nos entretuvimos un buen rato haciendo fotos. Una penosa chimenea escalable permitiría continuar a partir de ese punto. Sin embargo habría que mojarse para acceder a su comienzo.  A ninguno le sedujo el intento.
              Fuera lloviznaba débilmente y a la vez salía el sol. A punto estaba de convertirse en fina nevada. Nos despedimos en Solares bien temprano.








3/2/13

Suelos


Texto: A. G. Corbalán
Fotos: Miguel F. Liria y A. G. Corbalán

Para poder balizar las partes remotas de una cueva hace falta paciencia. En esta ocasión íbamos a necesitar un fin de semana. Invité a varios miembros del SCC  a esta expedición, pero por motivos diversos les fue imposible unirse a nosotros. Realmente hace falta bastante experiencia y una fuerte motivación para realizar una incursión de varios días en una cavidad. Máxime si conlleva el acarrear un armario con comida y material de vivac, aparte del material específico del trabajo que se quiera realizar. Para esta ocasión consistía en abundantes estacas de tamaños variados, caperuzas, hilo, taladro y baterías. El objetivo era proteger una hermosa galería que se prolonga más de 700 metros con zonas frágiles.
Miguel y yo nos reunimos en Ramales, casi a las  ocho de la tarde del viernes. Hacia un tiempo realmente malo. Lluvia fuerte y bajando la temperatura. Cerca de las desviación a La Sía el tiempo era peor. El Renault Clío no nos permitió llevar los preparativos con facilidad. Para ser sincero aquello fue un infierno que sobrellevamos gracias a nuestra motivación y a la ilusión que nos hacía encontrarnos bajo tierra, lejos del mundo-mundo. Entre las nueve y las diez entrábamos a la Cueva del Gándara. Miguel se metió el móvil para poder tener tiempo-tiempo. A las doce estábamos en el vivac uno. Por suerte el arroyo cercano llevaba agua. Dormimos bien después de tomar sopinstant y albóndigas fósiles con salsa de cebolla divina. A las siete y media sonó el despertador. Entre unas cosas y otras eran cerca de las nueve cuando nos pusimos en marcha. 
Ya en el vivac habíamos notado las señales del tráfico de visitantes, pero en los accesos a la galería que íbamos a balizar eran más que evidentes. Nos temíamos lo peor. Evidentemente todo tiempo pasado fue mejor para las bellezas de las cavidades. Muchos sectores, que solo tenían la huella de los exploradores franceses y de los primeros visitantes españoles la vez anterior, ahora mostraban un surco de la anchura de una autopista y muchas huellas hacia ninguna parte, estropeando unos suelos de belleza descomunal. Evidentemente si hubiéramos balizado este sector hace dos años, la última vez que lo visitamos, se hubiera preservado casi intacto (en aquella época no poseíamos el material adecuado) Pero, de cualquier manera, es preferible conservar lo que se pueda a no conservar nada.



 foto: Miguel F. Liria




  foto: Miguel F. Liria

La belleza de las cavidades no solo esta en sus techos, colgando como estalactitas, banderas, cristalizaciones, helictitas…, también está en los suelos y en las paredes. Posiblemente hay más cantidad de formaciones/espeleotemas en los suelos y paredes que en los techos. Creemos que la mayoría de los espeleólogos están sensibilizados respecto a las formaciones que cuelgan o que asoman por las paredes. Pero no lo está tanto acerca de los suelos: arenas cristalinas de diferentes colores, formaciones de barro, barro o tierra fósil, barros agrietados y marcados por antiguos cursos de agua, antiestalactitas, estalagmitas de todos los colores y tamaños, setas, corales de mil variedades, pisolitas, gours… Es necesario preservar todo esto para poderlo disfrutar. Lo disfrutaremos nosotros reiteradas veces y también los que vengan cuando nosotros no estemos ya sobre esta Tierra.
Eran cerca de las dos cuando dimos por acabado el trabajo. Habíamos consumido el resto del carrete de hilo, todas las estacas que llevábamos y todas las caperuzas; y nos había faltado algo de hilo, caperuzas y unas poquitas estacas. En total debimos balizar  entre trescientos y cuatrocientos metros. Algo antes de finalizar hicimos un almuerzo en que tomamos algo caliente. Entre idas y venidas debimos recorrer cinco kilómetros. Terminado esto dejamos algunas cosas en el tajo y fuimos a visitar una zona poco conocida por nosotros.
Habíamos visitado la zona remota del sector suroeste del Gándara al menos en cuatro ocasiones que yo recuerde. En concreto, el camino hacia la galería que íbamos a conocer conlleva el paso por varias zonas laberínticas, un par de salas caóticas (en las que orientarse siempre es problemático), tránsitos por desfondes peligrosos y no equipados, algunos resaltes de cuerda y una gatera desagradable. En total pueden tardarse unas dos horas desde el vivac si se conoce la zona perfectamente. Actualmente hay alguna señalización pero siempre hay que ir con cuidado para no desorientarse.
El acceso a la galería es un resalte totalmente aéreo equipado con una vieja cuerda, aunque en buen estado. La salida es a través de un ojal. El conducto tiene abundantes resaltes, desfondes y pasos chungos sin equipar. De hecho en nuestra primera visita de tanteo, hace dos años, nos propusimos volver con algunos trozos de cuerda. Pero el hecho es que no las traíamos y que hemos vuelto a pasar a pelo
Avanzábamos a buen ritmo. Las huellas escaseaban. En algunos casos un solo explorador había pisado. Arenas cristalinas blancas sin hollar. El ritmo estaba marcado por una pendiente media ascendente de casi 20º  pero también había bajadas problemáticas. Finalmente cogimos una desviación descendente a la izquierda que en poco tiempo nos llevo a una zona con algunas excéntricas. Más allá la galería creció hasta hacerse descomunal, se ramifico en varias ocasiones y aparecieron bastantes pozos sin señales de haber sido tocados. En una encrucijada confluían cinco grandes galerías. Una de ellas nos llevo hacia el sur a una zona de enormes desfondes sin equipar. Podía pasarse con mucho riesgo. Las señales mostraban que algún explorador francés había pasado a pelo, jugándose el pellejo. Mejor volver otra vez y poner algo de seguridad. La galería del este nos llevo a coladas de leche condensada y, bajando algo más, a una galería enorme con formaciones blancas. Se acercaban las siete de la tarde, estábamos lejos y algo cansados. Era hora de volver.
La vuelta la realizamos con suavidad, pero sin apenas pausa. Nos esperaba un saco calentito. Pasadas las nueve llegábamos a nuestra casita. En total algo más de doce horas de actividad. Observamos que el arroyo había disminuido de caudal dramáticamente. Eso significaba que llovía poco o nada o que hacia tanto frío que solo había nieve. Cenamos callos,sopinstants, infusiones, pan duro… A las once nos fuimos a dormir como leños.

Me desperté sin tener ni idea de la hora, salí un minuto del saco para orinar y me volví a ensacar. Pero ya no tenía sueño. Sin embargo seguía escuchando la rítmica respiración de Miguel dormido. Me aburría en el saco. A voces le pregunté a Miguel qué hora era. Vi que encendía la luz y me respondió que eran las diez menos veinte. Llevábamos más de diez horas durmiendo… Rápidamente nos levantamos, desayunamos (salsa de callos, infusiones, sopinstant y galletas) y recogimos. Entre otras cosas metimos en la basura un montón de alimentos caducados que llevaban varios años en el vivac.
Para no sudar, a lo largo de la primera parte del camino de vuelta, fuimos en mono interior. Sólo cuando empezó la humedad, las estrecheces y las cuerdas nos pusimos el mono exterior y todo el equipo vertical. Las desagradables galerías que obligan a ir agachados nos dieron el remate final. Sin embargo íbamos bastante bien de fuerzas. Mientras saboreábamos con placer las últimas grandes galerías hicimos una hoja de ruta de las tareas a realizar. La balización de las galerías de entrada y la colocación de varios carteles se convierte en una tarea prioritaria para las próximas semanas. Sin duda el encontrarse con estos elementos justo al entrar ayudará a los espeleólogos a tomar conciencia del cuidado que debemos poner para transitar por las cavidades.
En el exterior había una fina nevada que solo se manifestaba a nuestra altitud por algunos pegotes dispersos. El sol se dejaba ver por momentos entre las nubes y claros. Cambiarse de ropa fue un agradable placer después de dos días. Como parte del disfrute decidimos bajar por el Valle del Asón en vez de hacerlo por Soba. Pudimos contemplar la Cascada, el Len de Hormigas y el Valle de Rolacías. Después de las grises lluvias el ambiente había cogido color a destajo. Y las cervezas con raciones que tomamos en Ramales fueron de esas que te saben rematadamente bien…



12/1/13

Avanzadilla


Una importante tarea queda por delante en cuanto al trabajo de campo. Pero, sin duda, el trabajo de enseñar las prácticas de protección (balizar caminos y establecer señalizaciones), y la labor de formar a los espeleólogos veteranos y principiantes en esa práctica, es la verdadera llave y la auténtica dificultad de extender esos aspectos de la Conservación de Cavidades.
Hace bien poco, a primeros de diciembre, estuvimos balizando y señalizando la Sala del Fisc en la Red del Gándara. Para comenzar el año 2013 elegimos una actividad muy significativa: balizar senderos en la zona de formaciones blancas del Delator, asimismo en la Red del Gándara. Me pase por el club e invité a todos a colaborar. Solo podía Manu. Además se vino un amigo escalador -Goyo- que, desde hace un tiempo, mostraba cierto interés en una experiencia espeleológica.
Nos fuimos en la furgoneta de Manu, principalmente por el aspecto poco acogedor que estaba mostrando el cielo hacia Soba. Cruzamos por Alisas con nubes ocultando el Porracolina pero permitiendo ver los colores centelleantes de sus laderas. No llovía de momento. Algo antes del mediodía, hora española, entrábamos a la cueva. Goyo solo había visitado una cueva en su vida: El Soplao en plan salvaje. Su experiencia era totalmente limitada ya que en El Soplao no vio gran cosa. Así pues las grandes galerías del Gándara le produjeron una fuerte impresión. Suavemente nos fuimos deslizando hacia el interior del Sistema.
Aparcamos las sacas sobre un gran bloque plano, más allá de la zona penosa del Delator, y puse el material de trabajo en orden. Durante un par de horas fui colocando las varillas de fibra con alguna ayuda inicial de Manu y Goyo. Pero para esa tarea no eran muy necesarios así que les sugerí que fueran a ver el Pozo de las Hadas. A medio trabajo liquidé la batería del Uneo y cambie a la taladradora Hilti. Cuando llevaba tres cuartas partes del posicionamiento de estacas mis compañeros volvieron. Antes de comenzar el tendido de hilos tomamos un refrigerio.
El tendido del hilo fue muy rápido. Únicamente tuve que volver a cogerle el truco a la colocación de las caperuzas. De cualquier forma es bastante más divertido que colocar las estacas. Para esta etapa de la tarea es muy conveniente tener un colaborador.
Como a las tres acabamos el curro y recogimos. Era temprano y decidimos visitar, ya de vuelta, varias galerías laterales. La primera fue la galería que acaba en El Jacuzzi. Hermosa a más no poder. Luego, en una encrucijada cercana al Fisc, tomamos una desviación hacia la Sala del Mago. Pero la progresión necesitaba aparatos para ascender una cuerda. Alternativamente podía bajarse hacia otra galería que requería la instalación de una cuerda (no in situ). Finalmente nos encaramamos por una penosa chimenea hasta una cornisa que cortocircuitaba la cuerda citada. Pero había varios pasos por una estrecha cornisa. Me parecieron demasiado expuestos para hacerlos sin una cuerda de seguridad.
Después de todo esto salimos al frío exterior en poco tiempo. A las cinco estábamos en la furgoneta. Cuando menos nos lo esperábamos aparecieron Erik y dos amigos suyos –cubanos, por supuesto- en la furgoneta de Erik. Casualmente uno de ellos conocía a Goyo. Quedamos en el bar Coventosa. Cayeron unas cervezas y una agradable charla. Goyo mostro su interés en volver a experimentar el Mundo Subterráneo. Yo traté de transmitir el espíritu de proteger y conservar las cavidades. Sin duda seguiremos balizando.
     



2/12/12

Terapia de Grupo

Texto: Antonio
Fotos: Caimán



      El 31 había asamblea del club. Tenía varios temas que me obligaban a asistir. Sin embargo llegué media hora tarde porque andaba liado la tarde del viernes. Ya estaban enzarzados. Se discutía acerca del préstamo de equipos personales. En general se hablaba en tono alto, tono que iba elevándose progresivamente. Se interrumpían unos a otros, quitándose la palabra o sencillamente escuchándose solo a sí mismo. El problema de fondo parecía ser un pique por que no se presto a los amigos de Oscar (el argentino) unos equipos personales. Siempre pasa entre los latinos –todas las nacionalidades incluídas- el creer que la norma está hecha para que los demás la cumplan y uno mismo se la salte (yo no me excluyo) Sobre todo si eres amigo del jefe. Luego había otro pique por unas cuerdas. Luego otro pique por un malentendido en la organización del orden del día. Luego otro pique por la manera de organizar y dirigir el curso. En particular por la manera de tratar a los colaboradores de los cursillos. Sin embargo a pesar de la cantidad de tensiones/piques francamente creo que el club está mejor que nunca. Hay mucha gente joven y no tan joven con la ilusión de explorar y conocer cuevas. Hay energía vital. A mi parecer el desarrollo de la asamblea fue una dinámica grupal de lo más saludable. Y en mi opinión lo mejor que podrían hacer los miembros que han abandonado recientemente el club es volver. Un club con muchos miembros activos puede ser mucho más poderoso a la hora de cambiar el panorama de la espeleología en la dirección correcta: CONSERVACIÓN con mayúsculas y gestión eficaz  (coordinación institucional) del Patrimonio Subterráneo.



Por otra parte había ido al club con la esperanza de conseguir compañeros para balizar cerca de la Sala de Fisc una zona de gours someros. Me parece un interesante experimento intentar recuperar el aspecto original de esos gours. Espejos grandes en el suelo reflejando los techos cuajados de formaciones gravitacionales. Cuando ya parecía que no había remedio se apuntaron Alicia, Carlos y Carmen. Un equipo perfecto para esta tranquila actividad. Como el tiempo se prometía muy frío y nivoso quedamos a eso de las diez y cuarto. El viernes acabamos muy tarde de discutir/hablar/dialogar/insultarnos/disculparnos/lo que sea y no preparé nada para la salida. Tomé la pequeña taladradora en préstamo. Por la mañana corte estacas de fibra de longitudes 20-33-50  en número suficiente para que no faltasen. Caps de tubo había suficientes e hilo también. Ultime los carteles, aunque el tipo de pegamento no me pareció suficientemente fiable. Por si acaso había que hacer muchos agujeros lleve mi taladradora. A la hora convenida nos montamos en la furgoneta de Ali y nos fuimos por Ramales/Soba. En el entreacto tuvimos entre las manos un libro de descenso de cañones y otro de actividades deportivas al aire libre (este último subvencionado, puede conseguirse en información turística de Ramales)
El tiempo estaba poco acogedor: mucho frío, humedad y nieve caída. Suerte que con la furgoneta el proceso de cambiarse de indumentaria es más llevadero. Sea como fuere conseguimos prepararnos, acercarnos e ir pasando las pequeñas dificultades de las galerías iniciales. El lago estaba bastante alto y por poco se me llenan las botas de agua. A pesar de la falta de experiencia en el proceso de colocación de las estacas, en este caso la dificultad fue mínima y el trabajo se hizo sin ninguna complicación. Pusimos un cartel bien visible (pero desviado de la zona lo suficiente para que no provocase impacto visual) Sería bueno que los carteles fuesen oscuros con letras claras. De esta forma casi no se notarían. Luego fui colocando las estacas con la ayuda de Alicia. Debido a la naturaleza arcillosa del terreno en pocos caso hubo que taladrar el suelo . Finalmente fuimos colocando el hilo sin mayores dificultades que ablandar un poco las caperuzas. Al otro lado del pasaje (de las dos opciones es la más usada) pusimos otro cartel. Así la gente no se despistará al llegar. Luego nos fuimos a visitar una bonita zona muy cercana.








Las galerías que se prolongan hacia el sur desde la Sala del Fisc contienen abundantes formaciones y rincones espectaculares. Carlos hizo trescientas fotos. Prácticamente visitamos todos los rincones visitables. Además la zona se notaba más templada y seca que la confluencia con Alizes. A las tres nos fuimos hacia la calle. Había mejorado el tiempo dejando una paisaje nevado a partir de la altitud en que estábamos. El blanco contrastaba con la brillantez de los verdes y de los pardos otoñales. Escogimos la opción de comer en el bar Coventosa, cosa que no hacía desde hace varios años. Comimos lo típico: cocido montañés. Con eso hubiera sido suficiente pero Carlos y Alicia tenían más apetito y pedimos un segundo plato. Acabe morado de tanta comida. Para la próxima lo tengo claro: sólo cocido…




17/11/12

PowerFit



El asunto de ir al Eurotúnel (Sistema del Lobo) no acababa de cuajar. De una forma o de otra siempre ocurría algo que lo impedía. Y este último fds no iba a ser menos. Había mucha gente en el club la noche del viernes. Alfonso ofrecía conocimientos sobre el montaje de iluminaciones leds. Pero para ir al Lobo sólo éramos dos, Manu y yo. Para no liarnos demasiado nos decantamos por hacer una visita turística a la Cueva del Narizón. A última hora se sumaron Carlos, Ali y su hija Belén. Me lo tome como una ocasión excelente para hacer fotos en La Joyería.
El anuncio de PowerFit resultaba inquietante. Primero, no estaba seguro de si era un fabrica de instrumentos para ponerse cachas o si, en sí mismo, el sitio era un local de culto al Dios Cuerpo. Mirando de otra forma me encontré con el contraste entre ambos dos. Ella, la chica, blanca, rubia y estilizada. Él, supergorila más que humano, negro, hipertrofiado hasta el paroxismo y satisfecho de su plenitud.  Le estallaban las venas. Ellos dos, cada uno a su manera, miraban hacia la ladera donde, a menos de cien metros, están las entradas al submundo: el Narizón y Torca Palomas. Mi perplejidad dio lugar a un film mental sin final aparente. Miraba el anuncio y me sumergía en el paisaje que dominaba a las dos figuras humanas. Algo así solo podía ser Singapur o Tokyo o quizás Hong Kong. Me pregunté que cojones hacía este anuncio en el Vallegón de Castro Urdiales y que cojones hacíamos allí nosotros. Era como si sus miradas nos estuvieran comunicando el camino. El camino de la sociedad posposmoderna. Y como una fina burla, tal vez ironía, a nuestros esfuerzos por acercarnos a la Naturaleza. Me sobrepuse a mis reflexiones y, pacíficamente, seguí preparándome para entrar en la cueva.



Se suponía que el sábado iba a ser algo lluvioso pero durante el viaje hacia Castro no cayo ni una gota. Y solo cayeron dos gotas cuando estábamos acabando de prepararnos frente a PowerFit. Una de las gotas le cayo a Carlos y la otra me cayo a mi en el pescuezo.  A lo largo del día debieron caer del cielo cuatro gotas más pero, como es lógico, no nos cayeron a nosotros. Sin embargo sí que nos cayeron, desde las goteras, abundantes gotas. A mi me entraron varias por el cogote. Resultaban estimulantes.
Belén es el resultado de una madre sin miedo alguno. O, cuando menos, sin ninguno de los típicos miedos que complementan a la hembra maternal española. Una niña de nueve años jumareando y pasando fraccionamientos. Incluso pasó un desviador, aunque le tuve que echar una mano. Todo un ejemplo. De vez en cuando Belén exhibía un genuino NO a medio camino entre infantil y adolescente. Alicia ejerciendo de madre -y Carlos de padre- con paciencia que bordeaba peligrosamente el enfado. Belén no quería ponerse los talabartes hasta llegar a la sima, Belén esto o Belén lo otro. Pero, en este caso, la sima estaba a dos minutos del coche así que Ali se puso enérgica y la niña se vistió de romano.





La instalación de Torca Palomas tiene chapas de inoxidable con parabolt de 10. Sin embargo en la tercera fijación hay que poner la chapa. Y el cuarto fraccionamiento es de parabolt de 8 zincado. Abajo hay una hermosa sala en penumbra. Se pueden realizar bonitas fotos. A partir de aquí solo hay un camino posible, por el río, pero éste se va enrevesandoprogresivamente. El acceso a los otros niveles es francamente lioso. Pudimos acordarnos entre Alicia y yo. Sea como sea se accede a otro nivel en el que hay una galería bastante ancha obstruida por conjuntos de formaciones. En un momento dado, después de pasar por bastantes estrecheces,  se accede a una zona de excéntricas notables. Al principio me costó convencerles de que trajeran las sacas pero después de un instante de contemplación no tuvieron ninguna duda.
El resto del tiempo se me pasó volando. Hacía lo que buenamente podía con la cámara en el trípode (La dificultad es colocar las luces de forma que realcen lo que en un fugaz instante has vislumbrado. Esa combinación de luces y sombras que hacen del paisaje subterráneo algo mágico o de otro mundo) Poso Alí, poso Carlos, poso Manu y poso Belén. Luego comimos. Y continuamos haciendo fotos. Belén me acompaño a una galería ascendente cuajada de cristales. La paciencia de algunos empezó a resquebrajarse y la mía también pero, aún así, se mantuvo en pié hasta el final. Alicia tuvo tiempo de lanzarse a explorar una continuación que la llevó a una sala con formaciones. Días más tarde he mirado la topo del Narizón. He descubierto que la zona donde Alicia empezó a hurgar es un portal. Por ahí hay más cueva que todo el resto que conocemos. Me temo que, como casi todas las cuevas de Cantabria, esta es una cueva en la que hay más de lo que indican las aparencias. Lo que pasa es que casi todos nos centramos en el recorrido de la travesía Narizón>>Torca Palomas. Y esto está ocurriendo en todas las cuevas que tienen una travesía o un recorrido estándar. La ventaja, para la posteridad, es que el deterioro de la cueva queda reducido a un camino muy concreto. 
No puedo decir que fuera cansado pero si notaba el paso de tanta estrechez y gatera. A media tarde salimos al exterior. Alicia y Carlos proyectaban ir a devorar pinchos en Sarón. Una especie de fin de semana gastronómico en que los bares de Sarón compiten por ofrecer los mejores pinchos a 1€ el pincho. Durante el viaje de vuelta a Solares nos fuimos calentando todos. Manu se marchó directamente a Sarón a comer pinchos. Yo me pasé por casa con la intención de ir un poco más tarde. Pero las circunstancias me desviaron hacia una velada más casera…




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26/10/12

Sencilla Mente



Las incursiones breves en ciertas cuevas, como la Red del Gándara, no me motivan como antes. Durante la tarde del viernes llegué a pensar que no iba de cuevas. Sin embargo el sábado por la mañana me sobrepuse a la desgana y pronto me sorprendí ilusionado como un colegial. Sencilla mente programación mental. Sencilla Mente.
            Podíamos hacer una incursión corta en la Red del Gándara. O podíamos visitar Cuevamur para dedicarnos a la fotografía. Decidimos hacer fotos. Confieso que a mí me apetecía mucho más esto último. Pero no estoy tan seguro de que a Miguel le apeteciese tanto. Sin embargo creo que al final se lo paso tan bien como yo.
Una buena foto puede suponer un reto tan grande como subir el Pozo de Cueto. Como resulta evidente se trata de algo muy  distinto a subir un pozo o a navegar por una cueva. Es algo reflexivo a tope. Así pues nos dedicamos dos o tres horas a hacer fotos en algunas salas de Cuevamur. Algunas no salieron mal. Casi siempre el resultado de una foto subterránea es una sorpresa. En las pantallas de las cámaras digitales no se puede comprobar bien la nitidez, la calidad de las zonas iluminadas y en sombras. Vamos, que hacer fotos puede llegar a ser un objetivo en sí mismo.



 Corales


 Excéntricas de calcita


Galería de los Cristales

20/10/12

Cámaras





            En los últimos cinco años me he cargado tres cámaras en las cuevas: una Minolta Submarina, una Lumix FX y una Sony WX5. Afortunadamente la Sony estaba en periodo de garantía y ésta incluía fallos en la apertura del objetivo. Pensándolo bien es una cara actividad la de la fotografía espeleológica de reportaje. Si uno asume la fórmula clásica para hacer una foto en las cuevas –cámara en un bote estanco, cambio de guantes, trípode, flashes, etc- puede conservar su cámara una cantidad de tiempo razonable. Pero en caso de llevarla en bandolera, como se lleva una cámara normal en un ambiente normal, el aparato tiene sus días contados. A lo sumo te dura un año sin dar serios problemas. Lo más jodido es, sin ninguna duda, los mecanismos de apertura y cierre del objetivo retráctil. Demasiado delicado para las brutales condiciones de una cavidad. Aunque aparentemente no se toque la suciedad directamente con los dedos, ocurre que en el ambiente hay cantidad de polvo, microgotas y suciedades de todo tipo en suspensión. Además la humedad es prácticamente del 100%. Se produce, por más que te esmeres, condensación y entrada de partículas en los mecanismos. El desastre total. Y el día menos pensado el objetivo se niega a abrirse o a cerrarse o a las dos cosas… vamos que la has cagado.
            La solución mala consiste en llevar una cámara digital compacta para deportes de aire libre (hasta ahora sus prestaciones no eran gran cosa) Y la buena una cámara compacta, pero con objetivo no retráctil. Panasonic ha lanzado un modelo de este último tipo, la Lumix GF3, pero es cara y de objetivos intercambiables. También Olympus ha lanzado un modelo para deportes de aire libre con prestaciones muy buenas. Pero, de momento, estoy probando una cámara de formato intermedio (semicompacta con prestaciones de réflex) que pienso proteger con un tubo de plástico. Se trata de la Nikon P7000. Hasta ahora -solo exteriores- la cosa ha ido muy bien. Pero meterla en una cueva este último fds ha sido harina de otro costal. He elegido una cueva bien doméstica en la que alcanzar los objetivos a fotografiar conlleva poco tiempo y poco esfuerzo. Se trata de la ya visitada varias veces por mí Cueva 415 de Matienzo. Una cueva a la que tengo en alta estima. No solo por sus hermosas excéntricas de calcita, sino también porque alberga algunos cabos sueltos que merecerían ser estudiados con meticulosa atención.




           Marta y Manu me esperaban en la estación de Solares el sábado en la mañana. El cielo amenazaba lluvias. Lo más prudente era ir en la furgoneta de Manu para evitar la lluvia si ésta hacía acto de presencia. Una hermosa yegua y su potro nos esperaban en el lugar de aparcamiento. De éste a la boca tardamos menos de diez minutos. La encontré sin problemas. Un asunto que surgió sobre la marcha: en el prado que domina la boca de la 415 se ha abierto un agujero por el que sale aire. La entrada permite el paso de un espeleólogo. Han tapado la boca con unos maderos para evitar que el ganado se despeñe.
            En el resalte de la primera sala puse una cuerda para evitar problemas. En unos pocos minutos nos colocamos en la segunda sala y de aquí no nos llevo demasiado localizar la zona de las excéntricas. Las fotos a mano alzada con la Nikon se revelaron bastante mediocres. Aumentando la sensibilidad hasta 1600 los resultados en cuanto a nitidez mejoraban algo, pero disminuía el detalle. Las fotos con trípode eran mejores pero como conserve la sensibilidad muy alta, tampoco me gustó demasiado el resultado. Sin lugar a dudas hace falta más luz o pintar las fotos con exposición prolongada.
            No estuvimos mucho tiempo en la cueva. Algo después de las tres estábamos en un bar de Solórzano tomando unas bebidas. Manu estaba invitado a una comida a la cual iba a llegar bastante tarde…