30/8/11

Neve (30/8/2011)


Así comenzó:

Un viaje varias veces pospuesto en los últimos años, otro viaje cancelado por la imposibilidad de cuadrarlo todo durante el verano del 2011; además se presentaron varios asuntos familiares que se agolpaban exigiendo solución en agosto. Mil ataduras que costaba escribir entre paréntesis contribuían a llenar aún más el saco. Y, finalmente, encajar la cuenta de gastos de las vacaciones no fue un asunto menor. Pero, a pesar  de todo ello, allí estaba, mejor dicho estábamos, contemplando como se empequeñecían a nuestras espaldas la bahía de Mindelo y los extraños picos volcánicos que la dominan por el oeste y el nordeste, a los que se encaraman una multitud de coloridas casitas, verdes, amarillas, azules, naranjas, que le dan su sabor caboverdiano característico. Simultáneamente la enigmática isla de Santo Antão, medio oculta entre nieblas y masas nubosas, se acercaba lentamente por el norte. A menudo me admiraba viendo los peces voladores emerger súbitamente del mar con un rápido aleteo que los alejaba, espantados, del rumbo del ferry.  Atrás habían quedado tres pesados vuelos y un par de noches en Mindelo.
No todo fue fácil en Santo Antão. Conseguir un coche para poder moverse libremente no era barato ni sencillo. Finalmente pudimos conseguir uno pequeño, imprescindible que fuese todo terreno, por un precio aceptable aunque, en claro contraste, el hotel de Porto Novo era relativamente económico, luminoso y limpio y en su agradable restaurante cocinaban bastante bien. Algunas veces comimos allí contemplado los lejanos conos volcánicos encuadrados entre el mar, bravo casi siempre, y las perennes nubes que me hacían soñar con valles perdidos y ocultos a las miradas del mundo.  El intenso sabor de los pequeños mangos conseguía volverme a la realidad en muchas ocasiones. En la plaza principal de la capital isleña las hermosas muchachas mulatas, café con leche, intensamente oscuras e incluso blancas, probaban a enamorar a los jóvenes, quienes mostraban sin excepción cuerpos elegantes y fibrosos.  Así, practicaban el acercamiento, el roce, las miradas, el abrazo fraternal generoso, el jugueteo con el varón… todo ello en medio del ronroneo de la dulce música caboverdiana y el rumor de las olas que rompían en la cercana playa.






Durante varios días exploramos la isla siguiendo las carreteras empedradas con oscuros adoquines de basalto, las pistas de tierra asentada, las rodadas de conducción difícil y peligrosa y, en pocas ocasiones, algunos kilómetros de carreteras recientemente asfaltadas. Así descubrimos paisajes sin parangón entre altos picos volcánicos, abruptos, cortados por barrancos profundos, a veces áridos como la Luna y otras verdes y selváticos, en ocasiones incapaces de mantener a unas famélicas cabras o fértiles hasta la exuberancia en otras. Cumbres cónicas y, la más de las veces, formando agujas, inexpugnables por todas sus caras, pintadas de marrones u oscuros rojizos y casi siempre surcadas por filones de duras andesitas o basaltos compactos. Lugares, valles, con música en sus nombres que se ha quedado haciendo ecos en mi interior, Chã de Norte, Ribeira da Cruz, Tarrafal de Monte Trigo, Coculi, Ribeira Grande, Chã de Igreja, Paúl, Chã de Morte, Ponta do Sol, Manta Velha, Ponte Sul, Lagedos, Sinagoga, Vila das Pombas, Pontinha de Janela… Un día tuvimos la suerte de conocer en Ponta do Sol a Eduardo y Lea. Los verticales acantilados se precipitaban desde más arriba de la base de las nubes hasta la inmensidad del Atlántico, y éste se extendía sin obstáculos hasta las costas de América. Los barrancos ocultaban sus secretos entre la niebla y los perros dormitaban enroscados sobre sí mismos, aburridos hasta el hartazgo sobre las aceras y los empedrados de las carreteras, hasta que un coche, o un caminante distraído, les sacaba de su ensoñación casi perpetua.




         Se apoderó de nosotros una necesidad de saborear, casi diría de rumiar con calma, nuestras últimas correrías por la isla, los paseos a pié y las rutas con nuestro pequeño 4x4. Una borrachera total de imágenes se sucedían apretadamente empujándose unas a otras mientras, tendido en la desnuda y blanca habitación de Ponta do Sol, me dejaba acunar por la fresca brisa preñada de rumores del puertecillo. La casa de Eduardo y Lea me hacía sentir confortable, casi familiar, y su espacioso apartamento azul nos permitió extender todas las cosas en un confuso orden. Durante varios días cayeron lluvias torrenciales y la lectura fue nuestra principal, y casi única, ocupación. Tenía un libro gordo -y de difícil lectura- y otro más reducido y agradable. A veces leía cualquier cosa en la oficina de Eduardo, siempre relacionada con el descenso de barrancos, el buceo o la escalada. 




Aquellos días muchos pueblos de Santo Antão perdieron sus posibilidades de comunicación rodada. Un día caminamos desde Manta Velha hasta Ponta do Sol a lo largo de la costa. El abrupto camino pasaba por varios poblados de pescadores: Cruzinha da Garça, Formiguinhas, Corvo… La pista a Cruzinha da Garça había dejado de existir y el cauce de un torrente ocupaba ahora su sitio en el fondo del barranco. Nos llevó siete horas acabar la excursión, al principio saltando el torrente infinidad de veces y luego por la inacabable sucesión de ascensos y bajadas del antiguo camino empedrado a Cruzinhas.  El cansancio, junto con el intenso sol, me dejó un poco tocado durante un tiempo. Unos días después salió el sol, entre los vapores de un calor sofocante y los cortos chaparrones que se sucedían a intervalos. Nos acercamos por el camino de Fontainhas hasta un banco de columnas basálticas con algunas vías de escalada. El tiempo transcurría sin prisas y una familia de caboverdianos se sentó a mirar. Les invité a probar; sonrieron agradecidos y rehusaron la invitación. Tampoco quisieron probar unas francesas, madre e hija, que caminaban ilusionadas hacia Fontainhas preguntándose/nos si estaba lejos, si había mucho desnivel, qué cuanto se tardaba...
Por fin, el último día que nos quedaba para estar en Santo Antão, el tiempo se presentó benéfico y claro. Los barrancos habían drenado una gran parte de las fuertes lluvias recientes. A las seis y media desayuné sin ninguna gana, apenas un té, y poco después un colectivo vino a recogernos. Pronto nos dimos cuenta de lo afortunados que habíamos estado al haber tenido la paciencia de esperar el día adecuado para descender el número uno. Porque eso es lo que le había pedido a Eduardo hace unos días: que nos guiase en el descenso del más bello cañón de la isla. Me conformaba solo con uno, pero inolvidable. Y él, lo tuvo claro desde el primer momento: el number one era el Neve (Niebla)




Ahora, por añadidura, no solo íbamos a recorrer el más hermoso barranco de Santo Antão, sino que íbamos a hacerlo el día perfecto. Su belleza ya comenzaba en los lejanos preliminares. La antigua carretera empedrada de Ribeira Grande a Porto Novo es una obra de arte incrustada en un paisaje onírico. Piedra a piedra y adoquín a adoquín, de forma manual, la calzada, los arcenes y los quitamiedos se materializaron para llegar a formar parte de la propia Naturaleza. La exuberancia tropical -mangos, papayas, plataneras, yacas, ñames y caña de azúcar- va dando paso a los frutales de climas más frescos, manzanas y membrillos, para convertirse arriba, ya por encima de los mil metros, en bosques de coníferas, chorreantes de humedad por las nieblas. A principios del siglo pasado los portugueses construyeron las primeras carreteras y senderos empedrados de la isla. Se encaraman de forma inverosímil por cordales con abismos a ambos lados, mediante tallados en la roca y zigzagueantes tramos que se acercan a la vertical.
Aunque estaba un poco nervioso comprendí que la incertidumbre de las verticales y del caudal del Neve eran hechos que también pondrían en alerta a cualquiera, incluyendo a nuestro guía, que tenía la responsabilidad de que todo fuera bien. Por eso llevábamos cinco cuerdas de entre sesenta y setenta metros. Cada uno portaba una cuerda en la saca, excepto Blaise, que llevaba dos. Aparte de eso, Eduardo llevaba un conjunto de elementos de seguridad y de medidas de contingencia que acumulaban todavía más carga en su petate.
Dejándome llevar en el ascenso a Cova Cráter y en montaña rusa hasta el Pico da Cruz disfruté del paisaje. Mientras, la clara luz de primeras horas de la mañana, conseguía que los infinitos detalles del relieve se mostrasen nítidos. Desde esta atalaya, a unos mil quinientos metros de altitud, se dominaba la mayor parte de la zona oriental de la isla. Contemplar sus verdes y exuberantes valles, los oscuros barrancos que se hundían vestidos de vegetación en las entrañas de la tierra y, sobre todo, las nieblas que salpicaban las cumbres, me devolvió parte de la calma. Media hora antes de alcanzar el cauce del Neve, pasamos por una aldea rebosante de vida. Justo en la senda de acceso a las primeras cabañas, sobre una fina arista herbosa apenas más ancha que el sendero, una burra joven y su burrito -ya casi burro- ocupaban el lugar de paso. Los cambios de tono de su pelaje, desde un blanco casi níveo, pasando por varios tonos de marrón y rubio, y llegando al gris ceniciento oscuro, me causaron asombro. Y todavía más que los animales estuvieran tan limpios.  Uno de los perros de la aldea nos saludo cantando a aullidos mientras el guía comentaba que era mejor no mirarles fijamente a los ojos. De cualquier forma son perritos bastante tranquilos y la gente los tiene como mascotas más que como pastores. Bajo la enramada de una cabaña, unas chicas jóvenes con niños nos saludaron a voces y una mujer le preguntó a Eduardo en criollo si le había traído algo. Pero la ropa que tenía reservada para estas gentes se le había olvidado en casa.  Se me quedó ronroneando en la cabeza que éste era un lugar hermoso.



El Neve trae más agua que las otras veces que lo he descendido -dijo Eduardo. Esto me produjo una incómoda inquietud. Ni por asomo me sentía seguro y no me hubiera opuesto a transformar el descenso del cañón en una simple caminata hacia el Valle de Paúl. Actualmente siento que me mueve más la belleza y la curiosidad, llámese espíritu de exploración, que las descargas de adrenalina. Aunque reconozco que a veces viene bien algún latigazo a la mente adormecida.  En Santo Antão esperar un rescate o algún tipo de ayuda exterior, estando en un cañón, es impensable.
Los resbaladizos cantos rodados, entremezclados con las plantas semiacuáticas y los helechos, comenzaron a requerir una atención continua. El primer rapel, de sesenta metros, recorría un tubo tapizado de verde de unos diez metros de diámetro.  Una vez bajada ésta vertical no habría vuelta atrás. Las fijaciones estaban machacadas a pedradas por algún niño gallito de una aldea cercana, según Eduardo para alardear ante sus amigos. El guía me había asignado la tarea de desmontar los nudos y mosquetones de reaseguro, es decir yo descendería siempre el último de los cuatro. Cuando me tocó el turno me di cuenta que tendría que colgarme de una sola fijación machacada a pedradas y con el tornillo oxidado. No quería asumir ese riesgo. Quizás si se hubiera tratado de una vertical corta no me hubiera afectado tener que colgarme de una sola de ellas, pero la vertical se veía enorme, así que añadí en la otra fijación un pequeño maillón de rosca. A pesar de que ambos pasadores actuaban con los ejes paralelos y de que había desentrelazado las cuerdas, éstas se negaron a ser recuperadas. En un primer momento pareció que las cosas se nos estaban torciendo. Después de varios intentos, en que llegamos a colgarnos tres personas de la cuerda, se impuso un momento de reflexión. Vimos que las cuerdas se apretaban en una acanaladura, arriba del todo, y al desentrelazarlas pudimos recuperarlas, aun con bastante esfuerzo.



El ambiente del cañón se iba haciendo más formidable y sombrío pero la sonrisa nos había vuelto a los labios. Las verticales de menos de veinte metros que conducían hacia los Oscuros me parecieron divertidas, casi amables. A veces había que nadar pero como el agua estaba templada resultaba agradable. La chispeante vegetación colgada, entremezclada con la poca luz que se abría paso zigzagueando desde muy arriba, producía un efecto óptico fascinante. A veces la niebla dejaba caer una fina lluvia, que no conseguíamos distinguir de los goteos y chorrillos que rezumaban las paredes por doquier. Recuerdo un par de toboganes que comencé a descender con cierta aprensión para terminar divirtiéndome como un enano y luego una sucesión de dos verticales, seguidas de sendas marmitas profundas, que encadenamos nadando y rapelando.  No había tomado nada desde el té del desayuno y me comí un bocadillo de queso de cabra local con membrillo también local. Sin embargo apenas tenía hambre. Creo que la sensación de inseguridad en el cañón me hacía preferir seguir con el estómago casi vacío. En esos momentos faltaba solo una media hora para la cascada de doscientos cincuenta metros.
Los estrechos del cañón terminaron, de la forma más abrupta que cabe imaginar, desembocando directamente sobre la gran cascada en mitad de la pared. Antes de comenzar la bajada Eduardo nos dio un repaso pormenorizado de la logística, parte fundamental de la cual consistía en usar su reloj acuático y antigolpes -que yo me puse- para dar tiempos establecidos a cada uno de los que íbamos a bajar. En la primera vertical, de más de treinta metros, te ves obligado a ir, junto con el agua, por un tubo que va disminuyendo de diámetro y aumentando de pendiente, hasta hacerse vertical a unos diez metros del comienzo. La configuración geométrica del descenso y el estruendo impide que pueda haber comunicación verbal o visual alguna. Por lo tanto el tiempo establecido para bajar, junto con la propia distensión de la cuerda, son los mejores indicadores de que las cuerdas han quedado libres. En principio el guía estimó que con diez minutos por persona sería suficiente. Como yo iba a ser el último tenía que controlar el tiempo de bajada a todos. 




Con cierta aprensión vi como desaparecía Eduardo en la suave curva hacia la derecha por la que se encarrilaban agua y cuerdas. A los seis minutos noté cómo la tensión disminuía y tiré para ver si estaban liberadas las cuerdas. Cada medio minuto lo hacía de nuevo hasta que noté que no colgaba nadie. Le tocó el turno a Blaise, que fue tragado por la cascada a gran velocidad. Unos cinco minutos después la cuerda no tenía ninguna tensión y comenzó su bajada Marisa. Pasados diez minutos la cuerda no estaba libre y mi inquietud iba en aumento. Si ocurría algo mi impotencia sería absoluta. Después de un tiempo interminable, a los trece minutos, la cuerda se liberó y comencé mi descenso bastante nervioso. Para controlar la bajada puse perpendiculares a la pared las piernas con los pies bien apoyados, permitiendo que el agua pasase libremente barriéndome hasta media pierna; a los veinte metros me salí a la izquierda para eludir el fuerte impacto directo, y unos diez metros más abajo realicé un péndulo rápido a la derecha, atravesando la caída directa del agua, para alcanzar “El Palomar”, primer relevo de cuerdas en el descenso. De contento que me puse entré a la reunión medio aullando y más aún cuando vi que desde aquí se podía contemplar a placer todo el resto de la bajada. La geometría cóncava de la pared le daba un carácter más tranquilizador, permitiendo una buena comunicación. Aunque estábamos fuera de la trayectoria de la cascada, nos caía una fina llovizna.  Intenté hacer fotos pero no era fácil y sólo conseguí resultados mediocres. Setenta metros más abajo llegue a “Vientos Húmedos”, segundo relevo, encontrando las cuerdas rojas puestas. Blaise y el guía se habían bajado hasta la última reunión y allí solo quedaba Marisa. Recuperamos las cuerdas amarillas y ella las bajó colgando de su arnés hasta “No te veo” para utilizarlas en el último rápel. Las principales dificultades habían terminado y mientras esperaba mi turno miré hacia abajo. Visibles al pie de la pared había unos niños escandalosos; con seguridad de las aldeas valle abajo, donde hay fértiles cultivos de frutales, caña de azúcar y también café. Eduardo les gritó para que se apartasen, previniendo posible caída de piedras. 




Sin las sombras del tiempo, sumergido en la frondosidad, en cada paso sintiendo el peso posarse suavemente, cuesta abajo, enroscando mis deseos entre los mangos, los frutapaos, las papayas, los cultivos de caña, como un flujo preciso y leve, como si aún no hubiésemos sido expulsados del Edén. Encontramos a los niños bañándose en una gran balsa rodeada de árboles magníficos. Por un momento tuve envidia de una infancia vivida en un lugar así, en medio de una Naturaleza lujuriosa. El valle nos condujo serpenteando hasta un puente de la carretera costera, justo a la entrada de Ribeira de Neve.
Envuelto por las luces del atardecer, ya en Mindelo varios días después, y a breves horas de tomar el vuelo de vuelta a Europa, no había salido aún de ese estado de satisfacción que me regaló la isla de Santo Antão y el descenso del Neve. Es una de esas cosas que haces en la vida quizás solo una vez, pero que recordarás siempre, hasta que te toque abandonar esta existencia y todos los recuerdos personales se fundan en el gran flujo de la Vida. 

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2/7/11

Donde? (2/7/2011)


        "Sólo quien se arriesga a ir  muy lejos puede saber
        hasta dónde se puede llegar"
                                                         T.S.Eliot
                                                            



26/6/11

Huida (26/6/2011)



No lo dude, se trataba de ir a Cueva Vallina. Por supuesto quería conseguir alcanzar al menos la consumación de uno de mis insistentes deseos espeleológicos. Pero se me estaba poniendo difícil reclutar compañeros para ciertas aventuras. El viernes por la tarde me pase por el club como último recurso para encontrar a alguien dispuesto. En contra de mis negras expectativas se apuntaron Julio, Pelos, Fran, Matías y Alicia; ésta última condicionada a poder con su cuerpo tras el desenfreno de una boda a la que iba a asistir el sábado... Preparamos un par de cuerdas, más cinco chapas con tornillo y mosquetón, y nos fuimos a casa después de jugar varias partidas al futbolín en el local del club y al pillo-pillo con la hija de Alicia.
Habíamos quedado el domingo a las nueve y media en Solares aunque, de forma confusa, me pareció que con Pelos había quedado a las nueve. El sábado hizo un calor especial. En algunos puntos de Cantabria se alcanzaron los 30º, pero aún así escalé con Pelos una vía en la cara SW de Peña Cigal (Caloca). Gracias a que me cubrí concienzudamente toda la piel como lo hacen los tuaregs no tuve una insolación. Sin embargo al día siguiente la cosa se iba a poner más seria.
Eran poco más de las nueve y media cuando vi a Matías y Fran en la estación de Solares. Al poco llegaron caminando desde alguna cafetería Pelos y Julio. Alicia se había quedado durmiendo y no hubo manera de contactar con ella... Nos repartimos entre la furgoneta de Julio y el deportivo rojo de Matías y enfilamos hacia el puerto de Alisas. El calor iba en aumento y nos faltaba espacio vital en los asientos de la furgoneta, pero el viaje se hizo corto. El último kilómetro de pista lo hicimos todos juntos en la furgoneta de Julio.
Los preparativos se empezaron a poner pesados. Pelos había tardado cinco minutos y escapo rápidamente hacia el bosque. Yo tarde un poco más y me tumbe dentro de la furgoneta para evitar el solazo. Al cabo de un tiempo interminable conseguimos ponernos en marcha. De pronto pregunte en voz alta, mientras hacía un repaso mental de lo que íbamos a necesitar, si alguien llevaba una llave para apretar los tornillos de los spits. Y vino la sorpresa: nadie había cogido una llave, ni nadie llevaba una llave. Así que no podíamos instalar, y por tanto tampoco descender, los pozos hacia Río Rioja y la incursión debía abortarse. Menos mal que solo habíamos bajado por la empinada ladera un minuto yendo hacia la boca. El termómetro de la furgoneta marcaba 38ºC . Decidimos irnos a otra cueva en una especie de huida de los infiernos. No nos cambiamos de indumentaria; tras un titubeo nos encaminamos hacia la Cueva del Torno vía Alisas-Riaño-Solórzano.
Como a las doce aparcamos junto a la cancela del prado en el que se encuentra la Cueva del Torno. La subida, unos cinco minutos, fue, como sabíamos de antemano, infernal. La hierba, bastante alta, rezumaba vaharadas de aire caldeado, formando en algunos momentos espejismos que deformaban el campo visual. A algunos estuvo a punto de darnos un mareo o un golpe de calor. Pero el momento más maravilloso del día ocurrió cuando nos pusimos delante del pequeño agujero de entrada a la cueva: el chorro de aire helado fue un bálsamo para nuestros sufrimientos infernales.  Más aun cuando entramos y pudimos sentir el frescor del mundo subterráneo...
Avanzamos sin pausa por la laberíntica red de entrada sin problemas hasta el primer estrechamiento en que hay que trepar y, entonces, me entretuve haciendo una foto mientras el personal se peleaba con el paso. Fran y Matías estaban algo sorprendidos por la duras características de la cueva y Julio mascullaba; en realidad se sentía engañado por mí. Creo que casi nadie sabe apreciar el sabor de las dificultades de una cueva que guarda sus secretos celosamente. Cuevas que se hacen las interesantes, como una chica remolona que, a veces, cuanto más esquiva se pone, más apetecible nos parece. Aunque no todos, y no siempre, lo viven de la misma forma...




La segunda estrechez en la que hay que trepar fue más dura. Fran y Matías blasfemaron y Julio me la juro. Pero Julio ya sabía a lo que venía en esta ocasión. Pelos iba silencioso. Aproveche las circunstancias para hacer otra foto.
El tránsito por el meandro desfondao cogió desprevenidos a Fran y Matías pero echándonos un poco pa’lante  salimos todos airosos. No es que los pasos fueran difíciles pero podía amilanar un poco la altura a la que evolucionábamos sobre el desfonde. En este meandro hay dos etapas claramente separadas por el acceso que, a la izquierda, conduce a la gatera  Andy’s Back. Nuestro objetivo era Torno Chamber y no estábamos por la labor de parar. Continuamos con presteza hasta el acceso al río principal de la cavidad, y allí tampoco paramos a pesar de los cantos de sirena acerca de la hora de comer.
La poca cantidad de agua que llevaba el río me animo a probar sin neopreno el paso de los últimos laminadores; habíamos metido los trajes pero si la cosa pintaba bien podíamos prescindir de ellos. Las arrastradas finales por cantos rodados me parecieron poco acuáticas y enfile con fe el último laminador: salí empapado por la parte frontal del cuerpo y totalmente seco por el resto. Pelos se mojo menos que yo, paso levitando, pero los tres compañeros restantes se mojaron bastante con el agravante de que Matías y Fran llevaban monos de tergal. Ya estábamos en Torno Chamber y nos buscamos una zona cómoda para almorzar fraternalmente.
De Torno Chamber nos fuimos por un bonito meandro hasta Rampant Rabitt y en esta gran galería torcimos a la izquierda para enlazar con The Canyon. Nuestro modesto objetivo era visitar las nuevas galerías descubiertas en el 2008/2009 por los británicos. Al final de The Canyon un caos de bloques obstruye la galería y a su derecha una salita caótica y una pequeña galería concrecionada cierra todas las posibilidades. Pero el caos de bloques posee una ruta de gateras con barro -y a veces agua- que se resuelven en amplios conductos. Normalmente Pelos posee un entusiasmo dispendioso pero a veces se fija en un objetivo único y abstracto sin ver las riquezas que caen de los cielos. Tuve que animarle duramente para que me siguiera... Mientras tanto Julio, Matías y Fran optaron por ir saliendo.
Anduvimos cómodamente un buen tramo por una sinuosa galería con direcciones dominantes W y S. En algún momento pasamos por encima de falsos suelos retumbantes. Así llegamos a una zona en la que la galería se hace muy alta, y más estrecha, recordando a ciertas galerías en la cercana Cueva Riaño. Un desfonde parecía haber sido el camino seguido por los exploradores, pero nosotros escalamos a la parte alta, y con un paso de empotramiento en una estrechez Pelos se adelanto y comprobó la existencia de una galería inexplorada con formaciones blancas y prolongación evidente. Claramente estábamos de suerte. Desde aquí nos volvimos y en pocos minutos estábamos de nuevo en Torno Chamber. Nuestra sorpresa fue mayúscula cuando vimos que todas las sacas estaban allí y que nuestros tres compañeros habían desaparecido.




Al principio creí que nos estaban gastando una broma, como en otras ocasiones había hecho yo mismo, pero al poco tiempo tuvimos que asumir que realmente no habían vuelto. Regresamos sobre nuestros pasos a Rampant Rabitt y Pelos dio grandes voces. Enseguida pudimos escucharles acercándose. Seguramente se habían despistado en una importante bifurcación próxima a The Canyon. Volvimos a Torno Chamber seguidos por los tres despistados. Pero cuando ya creíamos todo arreglado solo vimos aparecer a Matías y Fran. Julio que venía delante de ellos y detrás de nosotros había vuelto a desaparecer. Mientras Pelos quería salir huyendo hacia la salida yo vi el cielo abierto para echarme una siesta: eso si, convencí a Pelos para que se quedase esperando pacientemente. Lo hizo, pero refunfuñando. Matías se apiado de Julio y regreso a buscarle. Cuando ya llevaba un rato soñando la voz de Pelos me sobresalto. En nuestra soledad elucubrábamos con las posibilidades de pérdida y con los murmullos que creíamos escuchar en la lejanía. El tiempo transcurría.
Al cabo de un tiempo interminable aparecieron Julio y Matías. Según Julio cuando llego al fondo del meandro tomo la dirección contraria a la debida. Luego se fue a cagar. Absurdo. Pero sea como sea y gracias a Dios estaba de nuevo aquí.
No hubo ningún incidente más en el proceso de salida salvo un corto forcejeo de Matías y luego de Fran en la última estrechez que hay que trepar un poco antes de salir. Por suerte había una cuerda instalada. Un golpe de aire caliente nos recibió a todos con afabilidad.
Paramos en Solórzano para refrescarnos en la fuente de la plaza y luego a tomar cervezas en el restaurante Arredondo, restaurante que da el mejor cocido montañés de toda Cantabria. Allí estuvimos de cháchara un buen rato comiendo pipas de girasol cuyas cáscaras, según quien, escupimos al suelo o pusimos en un cenicero. Me planteé la cuestión por un momento y llegue a la conclusión de que las cáscaras de pipas es uno de los productos más naturales que podemos arrojar al suelo. Tanto o más que las cáscaras de fruta. No vi ningún problema en continuar escupiéndolas al suelo hasta que vi el paquete vaciarse por completo.




19/6/11

Memoria Selectiva (19/6/2011)







Hice un pequeño esfuerzo por encontrar compañeros para continuar uno de los grandes proyectos de reconocimiento de cuevas que nos traemos entre manos. En concreto lo que más me apetecía era la parte remota de Vallina. Pero mis maravillosos compañeros de aventuras no podían venir por distintos compromisos. Así pues, reduje las pretensiones y cambié la fecha de cueveo al domingo -el sábado era el cumpleaños de Julio- para poder hacer alguna actividad con mi amigo. Realmente hacía mucho tiempo que no hacíamos algo juntos.
Lo mejor del caso es que siempre tenemos modestas actividades pendientes, que casi nunca terminamos de hacer porque tenemos algo más importante entre manos. Una de ellas era, para mí, alcanzar la Gran Sala de la Cueva del Torno directamente por los ríos para, luego, recorrer la continuación del Gran Cañón hasta la zona limítrofe con Cueva Riaño. Otra era volver a Cueva Riaño -su  verdadero nombre es Hoyo de la Reñada- y seguir la ruta que la une con la La Hoyuca, recorriendo un montón de galerías, desconocidas para mí, reseñadas en la nueva y flamante topografía de los británicos. Esa ruta había sido visitada por mí a mediados de los 90. Desgraciadamente no pude imprimir la topo a la resolución adecuada para ver los detalles y eso me iba a pesar.
A las diez y media del soleado domingo me encontré en Solares con Julio e Inés a la que no veía desde hacía mucho tiempo. Para Inés esta actividad iba a ser la última  hasta finales de Julio, pues la semana siguiente se iba al Alentejo a unas excavaciones del Mesolítico. Pasamos a comprar pilas por Adelma y, luego, Inés condujo la furgoneta de Julio, que se había olvidado en casa el permiso de conducir.  Al poco rato nos encontrábamos en Riaño, justo al comienzo de la pista que acerca al Hoyo de la Reñada. La aproximación al agujero de entrada nos llevo un minuto.





Como es bien sabido por todo aquel que haya entrado por este acceso al Sistema de los Cuatro Valles la red de entrada de Cueva Riaño es un buen ejercicio de arrastradas y contorsiones. Pero poco a poco las dimensiones se van ampliando hasta convertirse en conductos de tránsito cómodo. A unos quince o veinte minutos de la entrada se baja un resalte de cuatro metros destrepando con presas buenas. Sin embargo en esta ocasión decidimos llevar una cuerda para evitar sorpresas. Inés y Julio usaron la cuerda como seguro para efectuar el destrepe.  Unas decenas de metros más allá el riachuelo por el que avanzamos desemboca en un arroyo cantarín, mucho más caudaloso, que discurre por una amplia galería.
Para ir hacia La Hoyuca hay que moverse aguas arriba de este arroyo sorteando grandes badinas mediante hábiles pasos. Más adelante, en esta zona, el río a veces discurre por debajo de un lecho de arenisca totalmente acribillado de grandes agujeros a través de los que puede verse al agua, un metro más abajo, saltar pequeños escalones. Es verdaderamente encantador. La galería cambia bruscamente de dirección a 90º varias veces: W-S-E-S-W-S. Desde el tramo final, que se prolonga hacia el sur, se puede acceder a un tranquilo afluente que viene del W, y también a una galería superior que discurre paralela a corta distancia. Es la que hay que seguir para enlazar de la forma más cómoda con La Hoyuca. 
Primero escogimos el afluente hacia el W. Sin embargo, a pesar de la falta de claridad, mis vagos recuerdos me decían que no había laminadores con zonas inundadas, como las que teníamos delante, antes de Second River. Así que decidí que regresáramos al inicio del afluente y que tomásemos la galería fósil paralela. Resulto ser la correcta. Recorridos sus dos tercios hicimos una parada para realizar fotos pintadas en una zona muy chula de estalagmitas y columnas. Finalmente el rectilíneo conducto nos condujo a una red de amplias galerías arenosas, semiactivas, con gran abundancia de desviaciones y que no recordaba en absoluto. Mis recuerdos divergían radicalmente de la realidad. Contenían exclusivamente el acceso a una sala con bloques a través de un destrepe por un lapiaz interior, seguido durante una corta distancia por galerías muy amplias y húmedas antes del acceso a Second River.
Antes de ponernos a buscar la conexión nos paramos a tomar un refrigerio. Cuando terminé de comer lo poco que comí me quedé sin ganas de hacer esfuerzos. De nuevo tuve claro que es preferible comer cosas muy ligeras si vas a continuar con una actividad enérgica. Miramos las galerías arenosas en varias direcciones, un riachuelo aguas arriba que se fue haciendo cada vez más incómodo y finalmente me metí por una rampa de arena hasta una trepada durilla que me recordó vagamente algo. Necesite un paso de hombros para conseguir acabarla. Más allá había un desfonde que no casaba con recuerdo alguno. Concluí que esa no podía ser la ruta que yo había utilizado quince años antes. Pero seguramente me equivocaba. Tuvo que ser ese el paso clave que Guillermo y yo localizamos la primera vez que accedimos a esta zona.
El desconcierto nos hizo dar varias paseos por algunas galerías. De vuelta hacia la salida estuvimos mirando algunas interesantes desviaciones pero ninguna de ellas nos dio una respuesta a la pregunta que me formulaba una y otra vez ¿como es posible que mis recuerdos difieran tanto de la realidad? Aproveche para conocer un poco más el río principal hacia el sur. Sin embargo para la pequeña actividad que habíamos hecho me sentía un poco bajo físicamente. Cuanto menos haces, menos quiere hacer el cuerpo. Las gateras de salida se me hicieron algo pesadas. Antes de las seis ya estábamos fuera.





          El día seguía resplandeciente y cargado de polen. Y mi pregunta seguía insistentemente frente a mi. Recuerdos selectivos. Uno recuerda solo aquello que desea recordar dejando vacíos, sin energía, el resto de los recuerdos. Finalmente uno se olvida de los recuerdos vacíos aunque sigan realmente ahí en un espacio abstracto. La Memoria es un gran misterio. Tanto como el Tiempo o la Vida. Me gusta creer que si alguien consigue dar respuesta a uno de esos tres interrogantes los otros dos se le abrirán también, como flores maduras ofreciendo su néctar, en un gran lote de comprensión!!!



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22/5/11

Cirios (22/5/2011)




En cuanto pude mirar la pequeña topo de lo que habíamos visitado con los franceses hace unos meses en la Cueva del Gándara me motive de nuevo para volver a esa remota zona. Siempre se debe hacer acopio de energía  para cualquier empresa que uno acomete y más cuando sabes que te espera un duro y enrevesado camino. Miguel y yo preparamos esta incursión con poca antelación y a él le costo soltar algunas amarras. Invite a Manu y a Sergio, y a algunos más de forma indirecta pero, qué lástima, no pudieron sumarse. Como dos es un número inadecuado para una actividad de este tipo Miguel invito a Oskar, un de sus compañeros del Burnia, que se sumo al pequeño grupo.
Era el día de las elecciones locales/autonómicas y fuimos, como buenos demócratas, a depositar nuestras papeletas en cuanto abrieron los colegios electorales. Poco después, eran algo más de las diez, nos vimos en Ramales.
En Soba el tiempo estaba neblinoso pero habíamos dejado atrás la lluvia que empapa cerca de la costa. Realmente el tiempo invitaba a estar bajo tierra. Decidimos ir con calma, pero por mucha calma que quieras llevar la ruta hacia los Cirios es dura por la cantidad de trepadas, destrepes, pasos atléticos de todo tipo, pequeños ascensos de cuerdas, arrastradas y contorsiones variadas que se suceden sin pausas. Finalmente alcanzamos el inicio de la zona objetivo en dos horas y media aproximadamente y como recompensa comimos barritas energéticas y líquidos variados.
Una gatera ridícula, insospechada y en el sitio inadecuado permitió el paso a una zona más amplia donde tomamos una galería hacia el oeste que devino en lecho de oscura arenisca. Incluso recorrida por un pequeño río. Muchas desviaciones a izquierda y derecha prometían algo y algunas sin duda tenían contenido neto, pero nosotros seguimos hacia el oeste. Por un caos de bloques poco prometedor desembocamos en una amplia sala concreccionada con estalagmitas y macarrones muy similares a las de otras escondidas salas de este sector. Disfrutamos un rato del paisaje y volvimos a emprender la búsqueda de una continuación.
Esta vez nos repartimos el trabajo ya que no estaba nada claro el tema. Al poco tiempo Oskar encontró un pasaje minúsculo por el que nos deslizamos hacia otra sala también concreccionada y pequeña. Más allá una zona de enormes bloques tuvo que ser negociada con subidas, bajadas y revueltas que, menos mal que se nos ocurrió, balizamos con hitos. Gracias al destino los bloques se acabaron y pudimos entrar a una galería llena de paz. Suelos de arena compacta y hermosas decoraciones sembradas por doquier. El premio al esfuerzo de una dura incursión en las entrañas de la tierra. Miguel hacía fotos. Avanzamos por la bonita galería hasta que se acabaron totalmente las posibilidades de avance en una zona discoidal pavimentada de frágiles cáscaras y sostenida por pequeñas columnas. Allí descansamos.
Volvimos a la sala grande y dedicamos un buen rato a realizar cuatro fotos pintadas. Sin duda fueron posibles gracias a la paciencia de mis compañeros. Además Oskar calentó una sopa con un infiernillo de parafina. Es importante tratarse bien en el duro ambiente de las grutas húmedas y frías, ocho grados, porque el cuerpo siempre responde a eso con energía renovada. Asi que practicamos una apacible sentada llena de encanto en la que nos alimentamos como no solemos hacerlo en otras incursiones.
Para volver hacia la salida escogimos otra galería que conectaba a unos doscientos metros con la que habíamos tomado para venir. Su comienzo nos resulto especialmente complicado por el paso de un laminador muy bajo. Oskar y Miguel solo consiguieron pasar cuando se quitaron todo los aparatos de progresión. Yo tengo ventajas en esos casos. De cualquier forma he de decir que la galería merecía el esfuerzo que realizamos. Había bonitas concrecciones y un hermoso suelo pulido y negro.
El resto del proceso de salida me lo tomé con confianza. Me sentía bien y conseguí reducir los efectos mentales del cansancio a mínimos manejables. De hecho me sentía casi eufórico cuando, a las nueve y media, lleguamos al coche. Lo que no había cambiado apenas era el tiempo. Seguía neblinoso. Pero a pesar de ello celebramos con cerveza las nuevas riquezas que habíamos compartido.  





8/5/11

Astradome (7/5/2011)



Esa tarde pase por la reunión de los viernes en el Polideportivo de la Universidad de Cantabria. La gente del club tenía ganas de salir el sábado y el grupo promotor de la exploraciones en Udías había proyectado ir a mirar, entre otras zonas, la del Pantano en Torca Urbió. Llamé a Sergio y le dije que iría con Miguel. Pero a última hora Sergio me llamo diciéndome que se había suspendido lo de Urbió porque éramos muchos. Como sucedáneo de la actividad prevista el grupo recogería cuerdas en la Luna Llena. A Sergio se le quitaron las ganas de hacer actividad.
A la mañana siguiente Miguel y yo decidimos visitar la entrada Giant Panda a la Hoyuca. Era un día primaveral y nublado con una temperatura deliciosa. Por las montañas del interior amenazaban chaparrones. Eché en falta a algunos compañeros del club -Julio, Alicia...- que habían mostrado interés por venir. No pudieron cambiar de planes porque el móvil de Adrián estaba apagado.
Según nos acercábamos a Riaño me fui animando. Se respiraba tranquilidad. En el camino hacia Giant Panda se había establecido un cementerio de coches totalmente camuflados entre la vegetación. Mientras paseaba la vista sobre los restos Miguel abrigo la esperanza de que hubiese un Opel por allí. Algo más tarde tuvimos que saltar varios pastores eléctricos y algunas alambradas aunque no me costo acordarme de la ubicación de la dolina repleta de jungla en que se encuentra Giant Panda.
El mismo repelús que sentí la primera vez que bajé por la entrada apuntalada volví a sentirlo la segunda vez. Me impuse hacer el destrepe inicial sin tocar ningún puntal y menos aún los palets que soportaban el talud. Además, para mayor seguridad, dejamos un intervalo de tiempo entre los dos.
Las cuerdas estaban hinchadas y creo que eran la mismas que hace dos años (exactamente entramos el 4 de abril de 2009) pero esta vez estábamos sobre aviso y pusimos el descensor en C. Aparte de la hinchazón, el aspecto de las cuerdas era bueno y no surgió ningún problema. Un pozo de veinte metros, seguido de otro de cinco, nos condujo a una base plana de cantos rodados. Mediante un paso estrecho -pero muy corto- nos introdujimos en un meandro con varios resaltes destrepables fácilmente. El meandro era, en algunos momentos, algo estrecho y tenía cambios de dirección muy bruscos. Yo recordaba en su parte final un estrechamiento que nos costó bastante pasar en el 2009. Sin embargo esta vez lo vimos mucho más claro. Unos metros más allá escuchamos el rumor de First River deslizándose en la oscuridad de Gorilla Walk.
Todo iba sobre ruedas y, casi sin pensárnoslo, decidimos prolongar la incursión para visitar el Astradome. La parte final de Gorilla Walk se nos hizo corta. Me notaba bastante fuerte, quizás debido a los efectos de la altitud prolongada durante Semana Santa. En rápida sucesión pasamos el acceso a Second River (procedente del Hoyo de la Reñada), las gateras de enlace -Cross Over- con la zona remota, el descenso a Third River, 6ª Road, la esquina donde desagua Fourth River y la pequeña galería de acceso al Astradome. Total una hora y cincuenta minutos desde la entrada.
Mientras comíamos algo la maquinaria mental comenzó a urdir planes para fotografiar la maravillosa chimenea cilíndrica que se cernía sobre nosotros. Veinte metros de diámetro y cien de altura, un tubo de órgano para frecuencias ultrabajas (¿tres ciclos por segundo?) La reverberación, formidable, nos envolvía creando una atmósfera llena de guiños mágicos. Las pequeñas linternas de novecientos lúmenes entraron en acción sumándose a los focos de los cascos e iluminando durante aperturas de treinta segundos la escena. En la imagen captada por la cámara la cascada central del Astradome se convirtió en un chorro de luz blanquecino y la pared del cilindro revelo sus lejanos detalles. Así transcurrió un tiempo maravilloso.
Durante la fase de salida fuimos casi tan rápidos como en la fase de entrada. Solo en el meandro de Giant Panda tuvimos que bajar el ritmo. Los resaltes nos costaban más al subir que al bajar. Cuando salimos el día había mejorado hasta el punto primaveral-explosivo y las nubes casi se habían diluido.
En total habíamos tardamos unas cuatro horas y cuarenta minutos en visitar, ida y vuelta, el Astradome desde Giant Panda, lo que significa que es una buena actividad para una jornada corta. Este hecho también me animó a relanzar viejos proyectos, como visitar zonas más remotas de la Hoyuca, por ejemplo Argamedon o Rocky Horror, y a realizar la travesía Giant Panda>>>>Carcavuezo.
Para celebrar nuestro buen sabor de boca y la carga mágica que traíamos del Astradome decidimos tomarnos unas cervezas frías con aceitunas en Casa Enrique de Solares. Como Dioses del Olimpo.  







9/4/11

Seducción (9/4/2011)




Después de mucho tiempo, por fin, un día de abril me dejé seducir por los amigos del SCC -Sergio, Pelos, Manu, Cura y  Alfonso- para ir a la Torca Urbió. Cuando les encontré, la mañana del sábado, tenían una resaca de considerables dimensiones. La noche de juerga total y desenfrenada había comenzado allí mismo, en el parking de Bustablado, finalizando a las siete de la mañana. Tras la batalla nocturna un ambiente cansino campeaba en el aparcamiento, donde se amontonaban tres furgonetas y tres coches repletos de desorden. Las dos chavalas que daban cobertura a esta debacle huyeron a las 11 de la mañana, media hora después de mi llegada. Cura se quedo durmiendo en su furgoneta.
Ya cerca de las doce nos dejamos caer por el vertical pozo de la torca aterrizando, unos treinta metros más abajo, sobre una montaña de basura. Gracias a las generosas descripciones que mis amigos me habían proporcionado a lo largo de meses había podido imaginar el vertedero, pero no estaba preparado psicológicamente para su verdadera magnitud. Una cuerda se hacía necesaria para descender por el talud de desechos casi vertical. Caerse suponía, como desenlace definitivo de una vida de espeleólogo, quedar ensartado en alguno de los hierros que sobresalían por todos lados. Respecto al ganado muerto debía estar bajo la primera capa formada por chatarra, electrodomésticos, coches, neumáticos y sacos blandos de contenido sospechoso. Finalmente, para desahogo de todos, la basura acabo de forma abrupta cuando tomamos una desviación a la derecha, hacia el Sector Sur, abandonando la Galería Michelín.
  Mientras que Sergio y Manu miraban algunas incógnitas pendientes Pelos, Alfonso y yo visitaríamos una zona llamada Galería de los Enanos y Sala Narco... Nuestro plan consistía en empezar a balizar los senderos para minimizar el impacto sobre el paisaje subterráneo. En realidad se trataba de un ensayo inicial. Pelos estaba de buen humor, con ganas de mostrarme las maravillas de la cueva. Enseguida sacamos el hilo y nos pusimos a colocarlo. Básicamente él fue poniendo a lo largo de la galería el hilo mientras Alfonso y yo le ayudábamos a colocarlo o a decidir donde se colocaba. (Según mi punto de vista lo mejor sería usar un hilo muy perdurable, nylon u otras fibras artificiales, de un color llamativo -naranja, rojo, azul...- pero siempre el mismo color para los senderos de una cueva determinada. Además, deberían balizarse ambos lados del sendero y no solo una guía lateral. Así a nadie le cabra la duda de donde debe pisarse. Por otra parte la altura de la barandilla debería andar entre un palmo  y dos palmos. Eso minimiza su efecto sobre el paisaje subterráneo. En las gateras o los pasos críticos no hace falta marcar el sendero. Donde hay bifurcaciones se debería abrir la correspondiente bifurcación en el sendero)
Una caminata con pequeñas dificultades -del estilo de pasos entre bloques y gateras cómodas- nos llevo a una bifurcación a la derecha que se precipitaba a un pozo. La instalación partía de un buen puente natural de roca y bajaba en rampa progresiva hasta un fraccionamiento. Sin embargo la cuerda tenía un roce severo que convendría eliminar. Mejor sería poner otra fijación, algo más alta, para aproximarse a la vertical mediante un pasamanos, y usar la fijación actual como un desviador. A mitad de pozo también había un roce que solo podría evitarse con un fraccionamiento adicional.
La galería a la que se accedimos es un estrecho meandro desfondado muy cómodo de transitar pisando en las repisas laterales. En realidad se trata de la parte baja de una galería mucho mayor. El meandro desemboca a los pocos metros en una rampa-tobogán dominada por unos bloques amenazantes. Unos metros más allá, en la Sala Narco, paramos a comer. Prácticamente me lo comí todo, aunque no tuviera mucha hambre. Posiblemente la ansiedad soterrada ye inconsciente me empujo a devorar lo que pillaba.
Más allá la galería estaba muy poco pisada. Se nos había acabado el hilo y no podíamos balizar esta zona. Los suelos eran muy delicados y había que moverse con mucha lentitud. Habíamos llegado a la Galería de los Enanos. Buscamos con cuidado las pisadas dejadas por los exploradores. A la izquierda sobre unos gours observamos un grupo de pequeñas estalagmitas que dan nombre a la galería. Ejercicios de cuidadosa deducción nos permitían encontrar la posición de la siguiente huella. Poco después de este pasaje nos topamos con el final de la galería, colmatada por desprendimientos. De aquí al exterior, continuando hacia el sur, hay muy poca distancia y pensamos que por algún sitio debía emerger  la galería antes de que los desprendimientos la colmataran. ¡¡Sería una suerte que existiese una entrada que evitase el vertedero de basura!!


 


Al volver al meandro desfondado avancé unos metros más para fotografiar un espectacular esqueleto de murciélago que descansaba en el suelo. (Se encuentra completo con una discreta lluvia de arenilla sobre algunos puntos. Y, sin duda, es el esqueleto de murciélago mejor conservado que me he encontrado en una cueva. Y es curioso que habiendo colonias tan importantes no tengamos más esqueletos de murciélagos en las cuevas. Seguramente, es una hipótesis mía,  se debe a que la mayoría muere en el exterior de las cavidades)
Me quede el último para desinstalar el pozo. Las cuerdas se iban a llevar a otras zonas. Cuando ya estaba saliendo del pozo aparecieron Sergio y Manu procedentes de sus exploraciones. Las nuevas galerías desembocaban en sitios ya explorados. Nos reunimos todos en la cabecera del pozo. A Sergio le había gustado la balización. Mientras el grupo descansaba un poco Pelos me llevo a visitar la Sala Final. Nos llevamos una cuerda de 40 metros para instalar un resalte de 5. El parabolt estaba un poco “olé olé” pero lo utilizamos solo como desviador. Un poco más allá comenzaba una estrecha zona de coladas, decoradas con corales globulosos, en la que avanzar se hacía penoso por la dificultad y por que al moverte destrozabas siempre algo. Terminamos en una capilla llena de banderas transparentes en las que se impuso una sesión fotográfica.
De vuelta ya, los cinco nos reagrupamos de otra forma. Pelos se fue con Manu a explorar algunas incógnitas que quedaban  mientras Sergio, Alfonso y yo volvimos hacia la Torca Urbió. Especialmente Sergio se quejo de tener sueño y del cansancio generado por la noche insomne. El hilo que marcaba el sendero ofreció sus primeros resultados haciendo cómodo y sin dudas su seguimiento. Algo antes de la Galería Pirelli descubrí casualmente en el suelo una aguja de yeso magnífica. Era como una espada en miniatura.
De nuevo tuvimos que enfrentarnos a la montaña de basura. El ascenso de la torca se me hizo muy duro pues el bloqueador de pecho se resbalaba cuatro veces de cada cinco. Me di cuenta que se habían desgastado demasiado los dientes y que hacía tiempo que tendría que haberlo cambiado. Además un desviador cercano a la cabecera del pozo se me puso borde.
El tiempo estaba entre claros y nubes y había refrescado bastante. Incluso amenazaba lluvia hacia el interior. Charle un rato con Sergio a ver si se animaba para el fds del 16 y como a las siete me fui a casa a preparar otras aventuras.        







         mas fotos 

24/3/11

Crisis 3/2011


Un día fui con unos amigos de Alguazas -Joaquín y Lola- a la Sima Destapada. Tenían bastante tiempo, pues el trabajo escaseaba o era esclavizante. Un ambiente mafioso campeaba por toda la  región.
La noche anterior habíamos preparado las cuerdas y el material para los pozos. Mavil nos presto algunos elementos que faltaban. Durante la subida hacia la cueva tuvimos un tiempo soleado. Antes de entrar Joaquín descubrió en la ladera grandes cantidades de cable abandonado y en buen estado.
Desgraciadamente nos faltaron unos pocos metros de cuerda para poder aterrizar con seguridad al final del segundo pozo. Dos pozos / dos cuerdas. La tercera cuerda estaba destinada al pozo de la Sala Cartagena. Antes de intentar ir por la vía alternativa hacia la Cartagena Joaquín exploro una gatera a media altura del primer pozo. No continuaba.
La vía alternativa estaba formada por una sucesión de hermosos meandros desfondados y pequeños pozos.  Gastamos todas las cuerdas que portábamos en su instalación y nos faltaron cinco metros para llegar al Callejón de las Flores.
Cuando salimos de la sima la tarde estaba neblinosa y fresca. Dos espeleólogos  salieron por la vía clásica. Uno de ellos conocía a Mavil

Poco después fuimos los tres a una cueva cercana a Fortuna. Lleve dos linternas modernas y un trípode viejo con la esperanza de sacar alguna buena foto.
 Aquella mañana soplaba un aire fresco pero la temperatura de la Almagra era cálida. Una sucesión de galerías modestas, excavadas en pudingas, y de salas medianas con tonos blancos le confería cierta belleza al recorrido. Algunas gateras laberínticas me hicieron abrigar esperanzas de zonas inexploradas.
A veces preparaba la cámara con mayor esmero aunque los resultados no parecían depender de ese factor. Me ayudaba la paciencia de mis amigos.  Una vez hice tres ensayos  pero ninguno me pareció relevante.
En una segunda fase de la visita seguimos una pequeña galería descendente. Estaba señalizada con un hilo que nos guio por una zona laberíntica. De pronto el hilo se acabó. Se nos ofrecieron tres alternativas. Una galería ascendente que moría en una pequeña sala concrecionada, una gatera descendente que rápidamente se hizo impracticable y un resalte de unos tres o cuatro metros que Joaquín descendió con facilidad. Los demás tuvimos que pensarlo dos veces.
Al poco el aire fresco nos anunció una entrada alternativa. Trepando fácilmente cinco metros  pudimos darnos cuenta que estábamos a unos cien metros de la otra entrada. Habíamos realizado la Travesía de la Almagra.














14/3/11

Conservar


Apendice B: Para entrar en Lechugilla Cave

Preámbulo
La razón que motiva el desarrollo de directices para entrar en Lechuguilla es posibilitar acceso limitado a la investigación científica, a la exploración -siempre asociada a la topografía y la descripción-, y a las incursiones relacionadas con las tareas de gestión del NPS (National Parks Service); todo ello minimizando el impacto sobre la cueva. De importancia  capital son
(1) la seguridad de todos los que visiten la cueva,
(2) minimizar los impactos sobre la cueva y
(3) realizar investigación, topografía/estudios y tareas de gestión de alta calidad.

Han habido muchos problemas con la falta de cuidado e incluso con acciones intencionadas encaminadas a producir daños en Lechuguilla Cave. Se han llevado perlas de las cavernas (pisolitas). Se ha efectuado y abandonado deposiciones humanas. Intencionadamente se han enterrado baterías en los campamentos. Se ha manchado, irreflexivamente, con residuos corrosivos coladas inmaculadas. Ciertos individuos no han cumplido la normativa sobre residuos humanos líquidos. Estos problemas, y muchos otros, han conducido a la creación de estas directrices. Los descuidos y las acciones premeditadas con impacto negativo sobre Lechuguilla Cave no serán tolerados. Los individuos o grupos que no hagan espeleología de forma segura, no minimicen los impactos ambientales sobre la cueva y no sigan las indicaciones de estas directrices no tendrán permiso para entrar en Lechuguilla Cave.

Permisos de entrada en Lechuguilla Cave
Cualquier entrada a cuevas del parque, excepto los tours públicos organizados por el Departamento de Educación e Interpretación requerirán un permiso para la cueva. Las solicitudes de los permisos pueden ser obtenidas contactando con la Oficina de Recursos Espeleológicos (CRO) del parque.
Carlsbad Caverns National Park
3225 National Parks Highway
Carlsbad, NM 88220
Directrices para entrar en cuevas o sectores de cuevas específicos pueden encontrarse en :
Appendix A - Entering Carlsbad Cavern Off-trail areas and other Park Caves
Appendix B - Entering Lechuguilla Cave
Appendix F - Recreational Permit Caving
Appendix G - Ranger-Guided Trips for the Public to Unimproved Areas
Las excepciones a cualquiera de las directrices para entrar en las cuevas del parque tendrán que ser reseñadas con antelación y reflejadas en el permiso obtenido para la cueva.

Requisitos para entrar en Lechuguilla Cave
Todo el mundo tiene que solicitar un permiso.
Todo el mundo tiene que asistir, antes de entrar en Lechuguilla, a un cursillo de orientación impartido por el Personal de la Oficina de Recursos Espeleológicos (CRO).
En ultima instancia los jefes de expedición son responsables del personal de sus expediciones.
Los jefes de expedición deben hacer todo lo posible por formar un grupo con espeleólogos que estén dispuestos a seguir las directrices establecidas. Los jefes de expedición deben seleccionar espeleólogos que estén físicamente en forma, preparados psicológicamente y que tengan las habilidades adecuadas para la espeleología.
Todo equipo humano que entre en la cueva tendrá un jefe designado. Los jefes de equipo tienen responsabilidades tremendas. Son responsables de la seguridad de su equipo y de las acciones de los miembros de su equipo. Si un miembro de un equipo esta actuando de forma insegura o no esta siendo cuidadoso, y causando daños en la cueva, es la responsabilidad del jefe corregir las acciones de esa persona. Si los problemas persisten el jefe del equipo deberá cancelar la entrada y sacar al grupo de la cueva. Un líder de equipo debe orientar las actividades del grupo teniendo en cuenta al miembro menos experimentado del grupo. Esto concierne tanto a la velocidad del grupo, como a las escaladas y pasos delicados. Un equipo deberá permanecer unido a menos que una emergencia requiera diferentes acciones.
Cada persona que entre en la cueva es responsable de sus acciones mientras permanezca en ella. Es también responsable de avisar al jefe del equipo de las acciones inseguras, innecesariamente impactantes para la cueva o en  contra de las Directrices de Entrada a Lechuguilla Cave. Es responsabilidad de cada uno asegurarse que Lechuguilla Cave se conserva tan virgen como sea posible y que cada miembro del equipo actúa de forma segura mientras permanece en la cueva.
Todo el que entre en la cueva debe ser un espeleólogo con experiencia en técnicas de cuerda simple (SRT). Las habilidades mínimas de SRT incluyen: conocimiento de los nudos básicos, ascenso y descenso de cuerdas hasta 300 pies (100 metros aprox.), cambio de ascenso a descenso, cambio de descenso a ascenso, pasaje de nudos y  fraccionamientos, todo ello portando una saca pesada. Los jefes de equipo estarán familiarizados con las técnicas de rescate básicas. En distintos sectores de la cueva se encuentran fraccionamientos, cambios de sentido en cuerdas, pasamanos y nudos.
Toda persona que entre en la cueva debería estar en forma y psicologicamente preparado para la incursión y las tareas encomendadas. No debe entrarse en la cueva si se padece insomnio o se está enfermo.
La entrada a Lechuguilla Cave está a una altura de 4640 pies (1400 metros aprox). Los espeleólogos no acostumbrados a esta altitud deberían pasar un par de días a esta altura antes de entrar en la cueva. La cueva está a 68ºF (20ºC aprox) y al 100% de humedad. El agotamiento por el calor y la deshidratación puede ser un serio problema.. Hay que beber una buena cantidad de agua incluso si no se tiene sed y comer cada pocas horas. A los que entren en la cueva por primera vez se les recomienda hablar de la vestimenta con otros que tengan experiencia.
La vestimenta, el calzado y el equipo espeleológico a usar en la cueva debe estar totalmente limpio para minimizar la introducción de material biológico extraño a este ecosistema único. La limpieza de todo el equipo tambien previene dejar señales y manchas en las superficies limpias de la cueva.
Las botas deben tener suelas que no dejen marcas. Si existe la duda, frote con las suelas sobre suelo blanco o roca caliza fuera de la cueva. Las botas que dejan marcas dejarán, sin duda, marcas en la cueva. Las botas pueden tener suelas blancas o negras pero lo que importa es que no dejen marcas.
Las mochilas de porteo no están permitidas. Se recomienda el uso de sacas de nylon o PVC diseñadas específicamente para la espeleología. Las mochilas usuales están diseñadas con sujecciones y tienen abundantes cintas y añadidos que pueden engancharse sobre las delicadas formaciones.
Es obligatoria la iluminación eléctrica. No está permitido en Lechuguilla el uso del carburo ni de cualquier iluminación con llama. Delicadas flores de yeso, sensibles al calor, depósitos de sulfuros inflamables y deyecciones de restos de carburo contribuyen a la necesidad de luces eléctricas. Las velas pueden ser usadas en las zonas de acampada siempre y cuando todos los restos se recogan y saquen de la cavidad.
Toda persona que entre en Lechuguilla debe ser consciente que la histoplasmosis esta presente en el pozo de entrada.
Todos los equipos que entren en Lechuguilla deben dejar aviso de su “tiempo límite” en la CRO. Para cualquier grupo que se retrase seis horas o más se iniciara un proceso de búsqueda. En el caso de expediciones multi-entrada los jefes de grupo deberán dar aviso de entrada y salida para cada una de las incursiones en la cueva.

Moviendose por Lechuguilla
Los equipos que entren en Lechuguilla estarán integrados por un total de tres a seis personas. Los equipos que vayan a topografiar no superararn las cuatro personas. Las excepciones a esas cantidades deberan ser aprobadas antes de entrar por Expertos en la Cavidad. Todos los movimientos por la cueva deberan ceñirse a los senderos establecidos y balizados. Todos los integrantes del grupo y todos los elementos del equipo debera permanecer dentro de los senderos balizados. No se pueden colocar sacas, trípodes o flashes fuera de los senderos. No salirse fuera de las balizaciones de color naranja a menos que se tenga un permiso del CRO. Si la balización necesita reparaciones, se debe resolver de inmediato o notificarlo a la CRO. La balización ha sido tradicionalmente la siguiente: Naranja Brillante para marcar los senderos; Blanco con rayas Rojas para avisar de zonas muy sensibles tales como, yeso, aragonito, crust, etc; y Azul para las estaciones de topografía. Cuando se baliza un sendero, usar toda la cinta necesaria y balizar ambos lados del sendero. Esto ayuda a diseñar un sendero tan estrecho como sea posible (ver el Apendice M: Conservación de las Cuevas y Actividades de Restauración) No establecer un nuevo sendero en ninguna área que ya lo tenga. Esto crearía dos zonas impactadas.
No crear nuevos senderos por conveniencia. Usar solamente los senderos existentes.
Al entrar a una zona designada para verter orina se debe calzar los cubrebotas que provee el parque para impedir la contaminación de otras zonas vírgenes.  Hay que tener cuidado de quitarse los cubrebotas antes de salir de la zona de vertido de orina. Todas las zonas de vertido tienen claramente señalizados los puntos a partir de los cuales deben utilizarse los cubrebotas.
El uso de tabaco o productos similares esta prohibido. El consumo de alcohol en la cueva no esta permitido.
Lechuguilla tiene numerosas arcillas y residuos de corrosión. La investigación indica que los residuos de corrosión están relacionados con microbios que fijan el hierro y el manganeso a partir de substrato rocoso. Restringir el impacto sobre esos importantes residuos de corrosión biológicos, limitandose a los senderos para-un-solo-pie  que atraviesan esas zonas. Tenga cuidado para evitar dejar trazas sobre estos residuos de corrosión y arcillas en toda la cueva. El uso de guantes esta recomendado; sin embargo hay numerosas zonas en la cueva señalizados con “No Usar Guantes” Los guantes se ensucian mucho, sobre todo en las áreas de residuos de corrosión. Los residuos de corrosión no deben manchar las zonas limpias o las áreas delicadas. Los guantes de cirugía sin látex pueden  utilizarse en las zonas “No Usar Guantes” para prevenir que los aceites de la piel manchen las paredes
Al cruzar coladas hay que usar escarpines u otro calzado limpio que no deje marcas. Calzar botas o caminar descalzo en estas zonas no está permitido. Antes de entrar en una zona de coladas hay que cambiarse o limpiar toda la vestimenta sucia, las sacas, los cascos y todo el equipo. Tener mucho cuidado cuando haya una transición de ropas, calzado y equipo sucio a escarpines para impedir su contaminación con suciedad. Controlar a menudo la limpieza de la suela de los escarpines y la limpieza de las pisadas. El uso de escarpines como calzado cómodo en los campamentos los hace inútiles para el uso en zonas de coladas.
Ningún material (minerales, cristalizaciones, huesos, etc) puede ser sacado de la cueva sin un permiso válido para una colección científica existente. Recoger algo supone tener un permiso para recoger válido, de la autoridad correspondiente, y el de un Experto en la Cavidad.
Los depósitos de alimentos, agua u otros artículos no están permitidos a menos que haya sido concedida una excepción por un Experto en la Cavidad.
Mientras se come (tanto moviendose por la cueva o en los campamentos) o se prepara la comida se debe tener un cuidado exquisito para evitar que se caigan migas, partículas de alimentos o polvo de hacer bebidas en la cueva. La comida debe realizarse sobre un plástico o una lona de campamento.
            Las incursiones cuyo objetivo sea hacer turismo espeleológico no están permitidas.

Residuos Humanos
Todas las deposiciones sólidas tienen que sacarse de la cueva. Las incursiones en la cueva de dos o menos días de duración implican sacar los residuos líquidos también.  Para expediciones de mayor duración se anima a todos los espeleologos a sacar también todos los residuos líquidos. Cualquier excedente de residuos líquidos puede ser vertido solamente en los lugares designados para vertidos de orina para el campamento que se utilice. Los residuos líquidos no pueden ser depositados en ningún otro lugar de la cueva. Hay que asegurarse de que se lleva suficientes contenedors para la orina.

Lugares Designados para Vertidos de Orina  Los siguientes lugares puede ser usados para incursiones de dos o más días:

SECTOR ORIENTAL
Rusticles y Grand Guadalupe Junction
SECTOR SUROESTE
Big Sky
SECTOR OCCIDENTAL
Deep Seas


Fotografía
La fotografía espeleológica es una importante herramienta que puede ser usada para documentar las riquezas de la cueva, ayudar en las investigaciones y compartir la belleza de Lechuguilla Cave.  Sin embargo se ha producido mucho impacto innecesario sobre la cueva por parte de fotografos que han valorado más la importancia de su fotografía que la conservación de la cueva.
La toma de fotografías no interferirá con los principales objetivos de las expediciones. No se realizarán visitas a zonas que no esten en el trayecto programado para la expedición sin un permiso específico del los Expertos en la Cavidad.
Cámaras, trípodes, flashes y modelos permanecerán dentro de los límites de los senderos balizados a menos que los Expertos en La Cavidad hayan autorizado otra cosa.
No se colocaran en los estanques modelos, flashes, luces ni ningún elemento del equipo fotográfico.
Se anima a todos los fotografos a enriquecer la base de datos de Lechuguilla Cave enviando copias de sus imágenes; se agradecera que incluyan la localización, la fecha, los modelos y el uso que se puede dar a la imagen.


Lagunas y Agua Potable
Está comprobado que las lagunas en Lechugilla son increiblemente ricas en vida microbiana. Esos microbios son facilmente impactados por los humanos y sus microbios. Hay que tener un cuidado extremo en Lechuguilla para reducir el impacto humano en los microbios de las lagunas.
No se realizaran vadeos, ni se nadará para alcanzar galerías o pasajes sin el consentimiento preliminar de un Experto en la Cavidad. Esto incluye la zona del Lago Castrovalva
Las lagunas tendrán que permanecer vírgenes para continuar la investigación microbiológica. Cualquier contaminación compromete los microbios no descubiertos. Se debe intentar estar tan alejado como sea posible de las lagunas para evitar cualquier contaminación fortuita.
La calidad del agua puede cambiar en los lugares de aprovisionamiento.  Se recomienda utilizar filtros o tratamiento potabilizador antes de beber el agua de la cueva.

Aprovisionamientos de Agua Designados
El agua potable debe ser recogida de las lagunas designadas utilizando los grifos o caños que hayan sido emplazados.  Bajo ninguna circunstancia nadie debería sumergir sus cantimploras, manos o cualquier otro objeto en la laguna misma. 
Hay que mantener siempre el recipiente en las zonas de llenado designadas.  Evitar derramar agua donde podría transportar contaminantes a las lagunas. No tocar el grifo ni la cañería con la botella a llenar. Las siguientes lagunas pueden ser usadas para obtener agua potable:

SECTOR ORIENTAL
GA7 pool (abrevadero)
Lost Pecos River (abrevadero)
Ghost Town (escarpines, abrevadero)
SECTOR SUDOESTE
Lake Chandalar (abrevadero)
Big Sky (caño)
Lake Marguerite (abrevadero)
Underground Atlanta (abrevadero)
Atlantis (escarpines, abrevadero)
SECTOR OESTE
Lake Louise (abrevadero)

No se podrá recoger agua de ninguna laguna que contenga helictitas subacuaticas o en  la Dilithium Crystal Pool en el sector Suroeste de la cueva. Tampoco podrá recogerse en la  Pink Dot Pool en el sector Oeste de la cueva. Por favor, toménse un par de minutos para leer y memorizar los medidores de agua en las lagunas entre la entrada  y  Boulder Falls y en otros lugares. No tocar los registros de los datos.

Fijaciones y Escaladas
A lo largo de toda la cavidad nos encontraremos pasamanos y cuerdas de seguro para ayudar en ciertas travesías.  Todo el mundo debe asegurarase a las cuerdas. Ha habido varios accidentes debidos a la negligencia en asegurarse a dichas cuerdas. Cualquier espeleologo visitante es reponsable de la inspección, cuidado y protección de todas las cuerdas y anclajes que encuentre en su incursión. El desgaste o cualquier problema debera ser puesto en conocimiento del jefe del grupo, quien deberá resolver el problema inmediatamente, si es necesario, o notificarlo a la CRO. Las cuerdas no serán reutilizadas sin el permiso  de la CRO a menos que una necesidad urgente lo haga necesario. Por notifiquesé a la CRO cualquier cambio o posible problema que se haya observado. Si es posible dejése un aviso para otros grupos explicando el cambio de las fijaciones y porqué se ha hecho necesario. Las cuerdas y cintas que se dejen instaladas permanentemente serán de color blanco. Las cuerdas y cintas de colores pueden manchar la superficies de la cueva.
 Los mosquetones de aluminio no deberan usarse nunca en instalaciones permanentes debido a la pérdida de resistencia por la corrosión. Solo podrán usarse maillons de acero inoxidable en instalaciones permanentes. Los spits y chapas que se dejen in situ tienen que ser de acero inoxidable. Los spits permanentes serán, al menos, de 3/8” de diametro y 2” de largo.
Hay numerosas escaladas en la cueva. Muchas se ha realizado y otras no. Los que deseen hacer escaladas deberán tener claro las escaladas sugeridas por el Experto en la Cavidad antes de realizar ningún intento.
Los parabolts/spits se usarán con parquedad. Lechuguilla Cave se encuentra en un entorno salvaje y no están permitidas para explorar las taladradoras a baterías.
Si es posible se retirarán los spits que no se vayan a usar despues de una primera escalada.
Todas las escaladas tienen que ser topografiadas.
Si una escalada se ha completado y no continua se dejará un aviso en la cinta balizadora avisando que la escalada se ha realizado. Las cuerdas se retirarán o no en función de la seguridad, necesidad de futura investigación/exploración y topografia, y facilidad de repetir la vía de escalada.
Si una escalada que ha sido completada da continuidad, deberá rellenarse un formulario sobre la cuerda usada detallando la longitud, la edad, el estado de conservación, añadiendo además la información sobre las fijaciones (puede verse detalladamente el cuestionario a rellenar en el Apéndice O – Procedimientos Estándar de Operación, Protocolos, y otros Documentos de Apoyo). Los cambios en las fijaciones deberán ser comunicados a la CRO.
Deberá ser aprobada la utilización de crampones u otros artefactos tecnológicos por un Experto en la Cavidad antes de intentar su uso en la cavidad.
Entre entradas consecutivas las cuerdas de exploración se dejarán en las zona de acampada a menos que otra cosa haya sido aprobada por el Experto en la Cavidad. En el pasado numerosas cuerdas fueron almacenadas por toda la cavidad sin ninguna documentación acerca de su localización y su historial.

Zonas de Protección (Resource Protection Zone)
Las áreas de investigación microbiana en proceso han sido balizadas y marcadas en toda la cueva. No pasar más alla de los límites balizados ni perturbar esas zonas.
Las siguientes zonas, debido a su naturaleza especialmente sensible o al trabajo científico en proceso están fuera de los límites de cualquier expedición en Lechuguilla Cave a menos que se tenga con antelación, un permiso de un Experto en la Cavidad.

DE LA ENTRADA A EF JUNCTION
Pool in Sugarlands – Estudios microbianos en proceso. Esta laguna está bien marcada.
SECTOR OCCIDENTAL
Pellucidar/Barsoom areas – Zona muy frágil, con helictitas subacuaticas. Cualquier escalada en la zona  de Barsoom por encima de Pellucidar dañará las helictitas.
Little Lake of the Clouds – Estudio de microbios en proceso. Lagunas.
Parte de la Blanca Navidad Room – Los límites del área están bien marcados. También, todas las lagunas de la zona deberán aislarse. No se puede tomar agua potable de ninguna de esas lagunas.
Pink Dot Pool – Laguna con riesgo biológico. No beber agua de esta laguna.
Pool Hall – Laguna con investigación microbiana.
Tree House and Neverland – Zonas de coladas vírgenes.
Hudson Bay - Lagunas.
Lake Okeechobee – Laguna virgen.
Boomtown Pool – Laguna virgen.
Red Lakes Passage – Muy frágil con pajillas de sodio inmersas hasta el nivel del lago. No debe intentarse obtener agua de esta laguna.
Chocolate Lake in the Chocolate Factory – Otra laguna con estudios microbiológicos.
Oasis Pool – Lagunas y coladas vírgenes.
Nativity Chamber and Promised Land – Lagunas, coladas y numerosos cambios de limpio a sucio en ropa, y equipo.
SECTOR SUROESTE
Darktown – Largos y frágiles pelos de yeso cuelgan en esta sala. Son difíciles de ver y fáciles de destruir.
Lake Castrovalva – Zona única y muy frágil. Nadie puede nadar en el lago o entrar en la laguna interior.
Dilithium Crystal Pool – Laguna frágil y especial con cristales de selenita creciendo bajo el agua. Es un caso muy raro.
YO Acres – Se localiza más allá del Pearlsian Gulf y contiene grandes cantidades de residuos de corrosión. Se debe tener un cuidado especial en evitar la contaminación de la zona del Pearlsian Gulf
Temple of Dagon - Localizado encima del Pearlsian Gulf y potencialmente con el peligro de desprender escombros sobre zonas de perlas.
Void Sulfur Area - Especial y muy frágil es este yacimiento geologico y microbiologico.
Sulfur Shores – Raras y frágiles láminas se encuentran en esta área.
Tower Place – Investigación microbiológica en una zona de lagunas. Zona de coladas.
Ala oeste de la Sewing Room – Agujas de yeso extermadamente frágiles.
Ultra Primo – Esta es una zona barroca y muy frágil.
Vesuvius – Es también  una zona barroca y muy frágil.
SECTOR ORIENTAL
Ghost Town - (1) El área con azufre en un pequeño pasaje al NE de la sala es frágil y científicamente importante. (2) El balcón sobre la sala es muy frágil. Se producirán daños si entra cualquiera.
Ghostbusters Hall - Contiene grandes depósitos de azufre.
H Survey - Muy delicado y muy frágil. Se producirán daños si cualquiera entra en esta zona.
Bryce Canyon - Hay acalaladuras de lapiaz frágiles y delicadas.  También hay un espectacular arbusto de aragonito, en peligro cada vez que alguien entra en esta zona.
Boundary Waters - Esta es la zona aguas arriba de la fuente potable Lost Pecos River. Tambien es una zona frágil y delicada.
Wet Dreams – La laguna requiere nadar.
Lake of the Loose Marbles – La laguna requiere un vadeo para atravesarla.
Happy Hunting Grounds - Requiere un vadeo por el agua y es frágil.
Lago de White Roses - Raras y frágiles láminas en una zona vertical de 100 pies de altura.
Burning Lakes – Un área virgen con lagunas.
Quasimoto’s Lair – Es una zona decorada muy frágil.
Stud Lake – Hay en proceso un estudio microbiano en una laguna.
Sección inferior de Grapes of Wrath Maze – Arbustos de aragonito frágiles.
Kachina Lake - Laguna.

Áreas de Atención Especial
Las siguientes zonas aunque no estan estrictamente “fuera de límites” requieren una atención especial. Si no se presta la atención debida y se producen daños inaceptables entonces pasarían a formar parte de  las Zonas de Protección.

DE LA ENTRADA A EF JUNCTION – Hay que moverse cuidadosamente! Especialmente en las zonas de  Rim City  y Windy City.
SECTOR SUROESTE - Land of the Lost, Pearlsian Gulf (se requiere vestimenta limpia  y escarpines). Pearlsian Gulf fue contaminada en el pasado por espeleólogos poco cuidadosos y posteriormente fue restaurada. Si hay más impactos el área se cerrará. Underground Atlanta.
SECTOR ORIENTAL - China Shop, Firefall Hall.

Todas las zonas de la cueva deben ser atravesadas cuidadosamente. Sin embargo deberá prestarse UNA ATENCIÓN ESPECIAL cuando nos movamos por Land of the Lost. Moverse lentamente, con gestos cuidadosos, siendo conscientes de los pelos de yeso, hilos, y barbas en la zona. También, cuando nos movamos a través de China Shop, las sacas de porteo deberán quitarse de la espalda y ser pasadas con todo cuidado entre los arbustos de aragonito.

Acampada y Descanso
Solo está permitido acampar en los sitios designados para ello. No se debe vivaquear  sin permiso de un Experto en la Cueva. Los grupos que entren en la cueva informaran a la CRO donde planean acampar. Los campamentos designados, y los máximos números de personas que pueden estar en ellos son los siguientes:

SECTOR ORIENTAL
Rusticles - 6
Grand Guadalupe Junction - 9
SECTOR SUROESTE
Big Sky - 6
SECTOR OCCIDENTAL
Deep Seas - 12

Acampar sobre una cubierta de plástico limpia. Al finalizar la acampada, plegar la cubierta para recoger cualquier partícula que quede sobre esta. No sacudir la cubierta en la cueva al final de la acampada.
Los infernillos pueden usarse exclusivamente en las zonas de acampada. Los combustibles recomendables son propano/isobutano/butano y alcohol, pero también se permite el uso de gas blanco. Los infernillos pueden usarse en otras zonas solo con el permiso de un Experto en la Cavidad.
Al comer o preparar comida se debe extremar el cuidado para evitar que caigan migas, partículas alimenticias, o polvos para hacer bebidas en la cueva. La comida deberá realizarse sobre un plástico o sobre la cubierta del campamento.
La pasta dentrífica, el jabón, y otros materiales similares no pueden ser vertidos en la cueva. Limpiarse y permitir que agua contaminada se drene en la cavidad no es aceptable. Las toallitas higienicas, que pueden sacarse de la cueva,  son la única opción para la limpieza personal.
Todos los grupos deberán dejar una nota en un sitio evidente del campamento con la siguiente información: Qué día es, quienes forman el equipo, y en que zona esperan estar.
Antes de salir inspeccionar toda la zona del campamento para retirar cualquier objeto extraño a la cueva, orgánico o inorgánico, que pudiera, accidentalmente, haberse dejado olvidado.


Exploración y Topografía
La exploración sin topografiar está estrictamente prohibida. Los que violen esta norma no podrán obtener en el futuro ningún permiso de visita para las cuevas del Parque.  Las directrices para topografiar pueden encontrarse en el apéndice E y tienen que ser seguidas en el trabajo. Sin un permiso preliminar de un Experto en la Cavidad no esta permitido cavar, arrojar arena, macear, mover o romper formaciones, rocas, arena, etc.
Los equipos de exploración podrán nombrar las nuevas áreas, pero los nombres que se consideren inadecuados, de mal gusto o nombrando personas vivas no seran aceptados. 
Al explorar se debe poner todo el esfuerzo en minimizar el impacto. Los cambios a escarpines, ropas limpias, y sacas limpias pueden ser necesarios y consumir tiempo. Explorar y topografiar la cueva cuidadosamente es más importante que explorar y topografiar rapidamente.
Al moverse por zonas inexploradas, deberan establecerse senderos que minimicen el daño a la cueva. Las personas que encabecen la exploración/topografía (cinta métrica) deberán evaluar el pasaje y escoger cuidadosamente el camino que haga el mínimo daño a la cavidad. Los senderos se balizarán de inmediato, de forma que los que vengan no tengan que decidir por donde caminar y tengan establecido el camino a seguir. En zonas extremadamente sensibles, tales como arbustos de aragonito bloqueando el camino (como en China Shop), u otras formaciones notables que dificulten la progresión, se parará y no se continuará. Se notificará a la CRO, quienes tomarán la decisión de como continuar.

Despues de salir de la cueva
Cualquier accidente de cierta importancia debe ser reportado al personal de la NPS tan pronto como sea posible. Tendrá que cumplimentarse un formulario de incidentes y otra documentación relacionada con ello; todo disponible en la CRO.
Cualquier equipo que entre a una cueva del parque deberá presentar una reseña de la expedición antes de un mes después de su salida. La reseña incluirá la fecha, los integrantes, los lugares visitados, y el trabajo realizado, incluyendo especificaciones sobre el tipo de información recopilada o las muestras recogidas. Si el objetivo era topografiar deberá entregarse la lista de estaciones (datos) que fueron establecidas. Los jefes de expedición son responsables de que toda la documentación se entrege en el plazo fijado.