21/1/17

Obstáculos

Lo segundo que pensamos fue en un traje de huertano porque lo primero, un traje simplemente, nunca había aterrizado en el armario ropero de Mavil y por su cabeza no había cruzado la idea de usar tal vestimenta. Yo mismo me vi enfrentado al hecho de que Mavil enfundado en un traje de vestir era una contradicción que chirriaba como un taller de fundición a pleno rendimiento. Pero esa segunda idea, que en honor de la verdad he de decir que fue aportada por Mavil mismo, no carecía de encanto. Aunque se por buena fuente que Mavil nunca se ha interesado por la huerta, ni por las tradiciones huertanas, ni tan siquiera por la peñas huertanas. Esas peñas en las que uno podía ponerse morado de patatas a la brasa, alioli, morcillas, longanizas, verduras, ensaladas, zarangollo y cervezas por un precio casi irrisorio (sin embargo, todo hay que decirlo, en la actualidad es muy probable que sentarse a ponerse morado en la terraza de una peña huertana tenga un coste poco irrisorio).
De cualquier forma: era una gran suerte que el hermano de Mavil poseyera un traje de huertanico. Uno de esos trajes carísimos que forman parte de la mitología murciana y al que sus afortunados poseedores cuidan como a la niña de sus ojos. Y solo para usarlo una vez a lo largo del año: el día del Bando de la Huerta. Ese día en que Murcia es recorrida por una procesión de carretas de la Peñas Huertanas repartiendo, de forma aérea y arrojadiza, berenjenas, tomates, lechugas, ristras de morcillas, longanizas, blancos y morcones como quien lanza confetis por el aire. Para terminar finalmente en una bacanal colectiva de huertanos mitológicos vestidos de blanco, con faja roja, zaragüelles y alpargatas, como una horda desenfrenada de borrachos que deja arrasada la ciudad de Murcia por completo. La limpieza de las producciones artísticas, los fluidos -y no tan fluidos- corporales y los deshechos no biológicos de los báquicos huertanos puede alargarse varios días. Pero no hubo manera. Su hermano no le prestaba el traje por nada del mundo. ¡Y mucho menos sabiendo que iba a ser introducido en una cueva!
Tuvimos que pensar en algo nuevo y diferente. Todos los amigos de Mavil sabemos que es profundamente religioso. Tal vez vestido de nazareno. O de cura. ¡Vestido de nazareno o de cura! Esa fue la idea que cuajó. Su amigo Sergio no podía prestarle una casulla de sacerdote pero si un alba de lino blanco. El alba de lino me pareció que resultaría menos interesante en un paisaje subterráneo que un traje de nazareno, rojo, azul, verde, blanco o negro, con sus vuelos, sus brillos, su capirote y el misterio que emana de esa vestimenta creada para ocultar a los penitentes. El problema es que Mavil conocía a pocos con traje de nazareno y a ninguno dispuesto a prestarlo para actividades extrañas y sospechosas. Extendí la petición de traje entre mis contactos murcianos y ¡bingo! Una mujer conocida de mi madre, que trabaja a veces para ella, no tuvo inconveniente en prestarnos el traje de nazareno de su cofradía: la del Silencio. Perfecto traje oscuro, casi negro azulado, contra un fondo claro de tonos rojizos y amarillos:  las paredes, las bóvedas y las arenas de la Sima de el Pulpo.
             Quedamos el tres de noviembre para hacer la sesión fotográfica. David (Bicho) y Marisa iban a venir para ver la cueva y ayudar un poco con las sacas. Pero ese día las circunstancias no nos sonreían. En primer lugar había olvidado un elemento importante del equipo: el control por radio de los cinco flashes principales. Eso implicaba su disparo manual, sólo dos personas para cinco flashes, y su sincronización. El segundo problema fue la falta de material, metros de cuerda y número de cuerdas, debido a que Mavil estimaba innecesario instalar el primer pozo. La tercera dificultad fue la falta de material adecuado para Marisa. En vista de todo esto estimé oportuno abortar la incursión y posponerla para Navidades.


























        El cuatro de enero volvimos a quedar Mavil y yo. Marisa nos iba a acompañar, esta vez bien equipada. Las cuerdas y los anclajes serían, Mavil lo garantizaba, más que suficientes. Y el material fotográfico fue revisado exhaustivamente, incluyendo repuestos de baterías para cada elemento del equipo. Sin embargo las circunstancias volvieron a jugar en nuestra contra una vez más. En esa ocasión fue la enfermedad transitoria de un familiar, exigiendo cuidados, lo que impidió realizar la sesión fotográfica. Pero todos estos contratiempos no hicieron más que afianzarnos en nuestra determinación de realizar la sesión. Volvimos a quedar emplazados para el mes de enero cuando la situación se despejase de nuevo.

 



Las circunstancias se aclararon definitivamente y pudimos quedar para el veintiuno de enero. Anunciaron su posible participación, como ayudantes y acompañantes, Vicente, David (Bicho) y A. Dólera. Sin embargo a la postre sólo fuimos los que éramos esenciales: yo como fotógrafo y Mavil como modelo. La dificultad consistía en que dos personas debíamos transportar tres sacas (y un par de cuerdas adicionales fuera de las sacas). Pero ese nuevo obstáculo no iba a pararnos a estas alturas.
El sábado veintiuno amaneció un día muy frío y nublado. En el aparcamiento de Los Losares preparamos en pocos minutos las cosas y aún sabiendo que el Pulpo es una cavidad templada -casi cálida- me deje un forro polar bajo el mono de tela. Queríamos irnos lo más rápido posible para evitar enfriarnos. Por el camino encontramos los vehículos y los integrantes de una partida de ocho espeleólogos, entre murcianos y alicantinos, que pensaban entrar también al Pulpo. Aceleramos nuestro ritmo para evitar interferencias. Les dijimos que nosotros equiparíamos todo. Cuando Mavil se encontraba en la tercera fijación cayó en la cuenta de que no teníamos tuercas y que iban a faltar en los parabolts restantes. Y aquí fue providencial el otro grupo. Ya habían llegado a la entrada y cuando les pedí algunas tuercas resulto que habían sido más previsores que nosotros. Me pasaron un tornillo con cabeza de argolla en el que iban roscadas entre 10 y 15 tuercas de métrica 10mm. Se las pase a Mavil que pudo seguir con la instalación sin más dificultades. Cuando llegamos a la base de los pozos el otro grupo todavía estaba a mitad del descenso. 
Había sudado de lo lindo en unas cuantas gateras para transportar las dos sacas que me tocaban. Lo primero que hice, después de dejar todo el material de verticales depositado en un rincón, fue visitar los dos posibles escenarios para las fotos: la Sala de las Maravillas y El Desierto. Llegar a la Sala de las Maravillas sólo implica recorrer algo más de 100 metros de cómodas galerías que han sido muy bien balizadas para evitar el pisoteo generalizado de los suelos arenosos. Esta versión murciana de la balización se muestra estética, robusta y duradera, aparte de bien instalada (es esperanzador encontrarse con personas que realizan su tarea bien y a conciencia; quizás deberíamos aprender de ellos en otras comarcas españolas).
Una breve inspección de la Sala de las Maravillas no me dejo ni la más mínima duda de dónde debían hacerse las fotos. Por mucha maravilla que hubiese en su nombre la Sala de las Maravillas contiene simplemente una profusión de espeleotemas gravitacionales clásicos: estalactitas, estalagmitas y columnas. Por contra El Desierto es la mayor acumulación de arenas cristalinas que yo haya visto en cueva alguna. En algunos momentos las colinas de arena podrían hacernos creer que nos encontramos ante dunas verdaderas. El paso siguiente fue la instalación estratégica de los flashes el trípode y el flash frontal para iluminar adecuadamente El Desierto. Desgraciadamente había dos problemas: primero, la imposibilidad total de pisar fuera de los senderos balizados; segundo, el grupo de ocho personas que iban a transitar por los senderos en las próximas horas.
Una vez resuelto el tema de los flashes instale la cámara en el trípode para hacer las pruebas de iluminación. Durante un minuto todo parecía ir bien. Hasta que las cosas comenzaron a torcerse. La cámara, las lentes y todos los elementos metálicos se estaban empañando a fondo. Hubiera sido previsible pero no evitable: el equipo penetró desde un ambiente seco a unos 7ºC hacia un ambiente cálido, entre 20ºC y 25ºC, y humedad más del 80%. La cosa estaba cantada. Limpiar la lente quedaba descartado por el invisible polvo en suspensión. No parecía haber solución. Pero este nuevo obstáculo no nos iba a parar ahora. La solución estaba a mi alcance. Me dedique a calentar la cámara con el calor de mis manos haciendo cuenco. Al cabo de una hora el sistema había dado sus frutos: el objetivo estaba libre de vaho y listo para trabajar.
La sesión fotográfica transcurrió placenteramente. Unas veces con capirote abierto y otras con capirote cerrado, de perfil, de frente, a 45º, plano de cerca, plano de lejos, plano medio, más o menos luz frontal… Tampoco fueron necesarias tantas tomas como en otras ocasiones. Menos de cincuenta y ya tenía suficiente material gráfico. Fuimos recogiendo todo y preparando las sacas y la logística de salida. Pero teníamos el problema de subir tres sacas y las cuerdas que se fueran desequipando. De subida eso era demasiados bultos y demasiado peso.
Fue el otro grupo el que se ofreció a ayudarnos. Era normal que lo hicieran ya que habían usado nuestras cuerdas para bajar con algunos principiantes a la sima. Pero se lo agradecimos de corazón. Sude bastante menos de lo esperado. Las últimas dos cuerdas de arriba las enlazamos y pudimos sacarlas cómodamente desde el exterior. Pasaban de las seis y empezaba a anochecer pero estábamos eufóricos. El frío no nos hacía ninguna mella. Por fin habíamos realizado la sesión después de tantos obstáculos. La vuelta hacia Molina fue mucho más relajada que la ida.
          Nuevos retos y logísticas deberán ponerse en marcha para continuar recorriendo la ruta fotográfica esbozada apenas. Y casi con seguridad deberé reinventarlo todo en cada sesión fotográfica por venir.




17/12/16

Molino



La idea inicial para el fin de semana era hacer un par de desobstrucciones pendientes, pero finalmente los compromisos de los compañeros exploradores no permitieron realizarlas. Por el contrario pude quedar para hacer fotos en la Torca de Llaneces con Nano, María, Luci, Fernando y Ainara. La pre-cita era a las once y media (¡!) en Arredondo aunque la verdadera cita era a las doce con Juan David. En el entreacto pudimos desayunar dos o tres veces según la gula de cada cual. J. David nos informó  que por su parte venían más gente, del orden de doce o más. Eso significaba que en total rondaríamos los veinte participantes. Teniendo en cuenta que ellos se pusieron a desayunar a las doce de la mañana la cosa no pintaba bien. La Torca conlleva varios pocitos cortos pero en total, por muy cortos que sean, se trataba de casi veinte personas. Y queríamos salir antes de las siete de la tarde.
           Reunidos en pequeño conciliábulo les dije que bien cerca teníamos cuevas como las de La Carrera, de la Fuente del Molino, de La Puntida e incluso del Escalón (esta no la nombré pero la tenía en mente por si acaso). Decidimos ir a la de la Fuente del Molino. Trasladamos los tres o cuatro coches a Bustablado, aparcamos junto al mesón y nos preparamos para la cueva allí mismo. Bajamos por la carretera dando un paseíllo, subimos a la boca, unos trepando y otros por la pisteja, y entramos a la cueva con mucha alegría. Atrás quedó el mundo de los ingratos humanos. Nos concedimos una pausa al margen del infierno social.


Posé la funda de la cámara en una roca y metí la cámara en su maleta. Nano llevó la maleta de la cámara y Ainara la bolsa de los trípodes-pulpo. La cueva se nos mostró coqueta, con cierto encanto, y a todos nos sedujo desde el principio. Me acordaba vagamente de ella. Pasamos junto a una zona que se hundía hacia el río y alcanzamos la divertida escalera metálica. Luego visitamos varias salas que implicaban una desviación de la ruta hacia el sifón (a la derecha y ascendiendo).  Para subir a una de ellas había que trepar. Usamos una cuerda de 20 metros que traía Fernando para asegurar un poco. Había un pequeño conjunto de formaciones, bastante atractivo, y decidimos hacer unas fotos con las tres chicas posando. Entre colocar la cámara y los flashes, hacer las pruebas y repetir la toma se nos fue una hora. De vuelta hacia la ruta principal algún@s empezaron a decir que tenían hambre. Visitamos algunos divertículos interesantes que, forzando, quizás podrían dar lugar a una continuación.
Algo más allá visitamos una sala con los suelos cuajados de gours bastante pisoteados. Por suerte la zona es semiactiva y de vez en cuando se inunda, ayudando a la conservación del paisaje. Una corta zona de laminadores y suelos bajos nos condujo a varias bifurcaciones previas a la zona del sifón. En la bajada más cómoda hacia éste había una cuerda para tender neoprenos. Nos desperdigamos un poco para conocer la sala donde está el sifón. Me fui hacia enfrente y, subiendo un fuerte pendiente, alcancé un lugar donde comenzaban una serie de tubos de presión diversificados que se prolongaron más y más. Como iba solo decidí volverme pero, desde luego, no recordaba que en ninguna visita anterior hubiera recorrido esas galerías. Las dejé, y regresé, con intención de probarlas más adelante. De vuelta observé una escena que me inspiró una foto: María con su mono blanco de pintor se asomaba al río que discurría más abajo mientras las iluminaciones rasantes llenaban de sombras y luces mágicas toda la sala.
Decidimos comer en un arenal cercano al sifón y luego hacer la foto. En esta expedición la gente no pensaba más que en comer. Mientras comíamos intenté vacilarles un poco con la idea de comer poco y de aguantar sin comer. Pero enseguida se rebelaron: la cosa era comer mucho y muchas veces… Dado que yo no llevaba nada de comer piqué un poco de todo lo que llevaban ellas y ellos.
La foto fue más fácil de lo que esperaba ya que los cinco flashes fueron portados a mano por los compañeros. Pero dado el tamaño de la sala, y lo oscuro del tono de las rocas, dominaban las sombras sobre las luces. De cualquier forma el resultado fue interesante ya que el blanco del mono de la espeleóloga contrastaba con la oscuridad del entorno.
Recogimos en muy poco tiempo y de vuelta paramos a realizar otra foto en la Sala de los Gours pisoteados. Aquí también hicimos el disparo de los flashes desde la mano (pero no manualmente). Es realmente mucho más rápido que hacerlo con trípodes pero requiere muchos pacientes colaboradores. Entre tanto pensamos que podríamos llevar adelante un proyecto de reportaje en la Rubicera-Mortero si cada uno se encargara de un flash y yo llevara la cámara en bandolera. Eso sería posible en una gran parte del recorrido. Podrían salir fotos interesantes.
Ya era de noche cuando volvimos a Bustablado. Entre cambiarnos y entrar al bar se nos hicieron las siete. Al poco fueron apareciendo el resto de los comensales. Yo tenia un hambre canina y quería sentarme a la mesa ya. Pero durante un rato tuve que conformarme con una jarra de cerveza. La espera no duro mucho y pudimos sentarnos a devorar nuestra merecida merienda-cena (¡!) en un sitio acogedor y agradable. Fuera el frío nocturno se hacía por momentos más intenso pero la comida hizo que lo viéramos todo de forma optimista. Es lo que suele ocurrir. Con el estomago lleno y varias botellas de vino todo parece que va bien… 



8/12/16

Destrogándara

Fotos: Miguel F. Liria
Textos: A. Gonzalez-Corbalán


Nos corría prisa realizar la topografía de El Pozo. Finales de año, presentación de memorias y solicitud de permisos. En realidad este año habíamos, más bien habían ya que yo fui pocas veces, trabajado demasiado para lo poco que habíamos conseguido en El Pozo. Por eso, y por que la zona es poco acogedora, mis ganas de ir a trabajar en ese inhóspito lugar eran escasas y sobrevenidas por la pura necesidad de los plazos de entrega. Pero los dados estaban echados y terminamos fijando para el jueves, día de la Inmaculada, una salida para topografiar, terminar de mirar los flecos que quedaban y retirar todo el material.
A las nueve y media me reuní con Miguel. Habíamos quedado con Jón y Mikel el Joven en el aparcamiento. Pero cuando llegamos ya se habían ido a la cueva. Miguel y yo fuimos detrás. El objetivo era topografiar mientras ellos miraban los flecos. Un plan sencillote. Si embargo las cosas se iban a retorcer de manera muy distinta a nuestras expectativas. Un olor asqueroso nos apestaría el día. Todo comenzó a unos metros de la entrada**.
El jueves por la mañana no sabíamos quien, o quienes, habían sido los autores de los destrozos vandálicos de todas las balizaciones pero el efecto mental que nos produjo fue muy fuerte. Así que todo nuestro trabajo de topografía en El Pozo estuvo teñido de un sentimiento ominoso. Ya habíamos comprendido hace muchos años, décadas, que todo descubrimiento espeleológico supone una amenaza de destrucción total para el medio subterráneo pero la cercanía física y temporal de todo ello me producía un escalofrío. Siento que soy uno de los que carga con mayor culpa al comunicar mi entusiasmo por la espeleología a otros seres humanos.
Mientras Miguel y yo íbamos topografiando desde la base del balcón de El Patio hacia la parte superior de El Pozo Mikel y Jón hurgaban por los ramales laterales y por las alturas buscando alguna posibilidad. No tardamos mucho en alcanzarles cerca del tapón final del pozo. Una vez que comprobamos que cualquier progresión supondría una desobstrucción comenzamos nuestra retirada desequipando todo lo posible. Algo teníamos que dejar para bajarnos! Luego recorrimos las rutas laterales a la chimenea ciega, la gran fisura hacia el este y la ruta enrevesada. Parte de todo esto lo hicimos con Mikel y Jón. Incluso se volvieron a mirar las prolongaciones hacia el este de la fractura que forma el pozo. Pero no hubo éxito. Finalmente Miguel y yo ascendimos hasta el final del pozo para terminar de desequiparlo mientras Jón y Mikel hacían lo mismo por la ruta enrevesada.
           Cuando nos vinimos a dar cuenta de que no teníamos el taladro, ni la cuerda de 60, estábamos arriba del todo desmontando el pasamanos de acceso a la chimenea ciega. Sin embargo Miguel lanzo el cabo de una cuerda de 52 que teníamos y Jón nos indicó desde abajo que llegaba. Montamos una cabecera muy eficaz con las dos fijaciones que estaban puestas y rapelamos sin mayor problema. Miguel, al bajar, desmonto todos los fraccionamientos que restaban. Las cuerdas se recuperaron de forma impecable. Mientras volvíamos fotografiamos la destrucción de las balizaciones para su posterior documentación. Ya en La Gándara nos tomamos unas cervezas aunque no había nada que celebrar.




**            Durante cuatro años los espeleólogos, tanto cántabros como foráneos, han respetado las numerosas balizaciones para preservar zonas frágiles en cuevas de Cantabria. Para ser exactos, el proceso de balización comenzó el 8/6/2012 en Udías pero el primer trabajo en la Cueva del Gándara fue el 2/12/2012 es decir hace más de cuatro años.  Decir que se han respetado significa lo siguiente: en zonas muy transitadas hemos tenido que reponer cada cuatro meses menos de 10 tapones de fijación y una o dos varillas rotas por un tropezón fortuito. Los que nos hemos comprometido con la balización contábamos con ese trabajo de mantenimiento desde el principio. Afortunadamente la gente suele intentar una reparación sencilla cuando ocurre algún desperfecto. Así han transcurrido cuatro años en la Red  de el Gándara sin problemas. La última verificación fue el 23/10/2016, es decir hace poco más de un mes. Sin embargo lo que parecía imposible sucedió: todas las balizaciones han sido destrozadas entre el 23/10/2016 y el 8/10/2016.
Tenemos constancia de que entre los grupos que han entrado entre esas dos fechas, el que ha producido ese brutal deterioro ha sido el Simulacro Anual de Rescate del Esocan realizado los días 11, 12 y 13/11/2016. Dejemos que ellos mismos nos cuenten sus grandes proyectos para el futuro de la espeleología en Cantabria;

“Durante estos años las exploraciones en los sistemas subterráneos de Cantabria no se han detenido, sino que al contrario continúan con fuerza. Gracias a este esfuerzo aparecen nuevas y exigentes rutas: Torca del Acebo-Rubicera y Sistema del Gándara están llamados a ser la piedra de toque en las que los deportistas se retan y se consagran.
Recientemente han sido publicados sendos trabajos descriptivos de la travesía Calígrafos-La Gándara. Esto traerá sin duda un aumento en la visita de esta dura travesía. La dureza de la misma, su longitud y poco conocimiento de la misma, tanto de los deportistas como de los grupos de socorro, de producirse un rescate, que necesariamente será duro y largo, va a crear situaciones de alarma social.
Tramo elegido:
Sistema del Gándara. Desde el Vivac de los Franceses hasta la calle. 
Propuesta general:
Un equipo sanitario ESCOAN entra el viernes por la boca de la Gándara hasta el vivac de los Franceses. Pernocta allí a modo de punto caliente del accidente y a las 8 de la mañana inicia el ejercicio.
El sábado a las 8 de la mañana se incorporan el resto de equipos sucesivamente.
Para extraer una camilla desde el vivac hasta el exterior se propone dividir la ruta de evacuación en 6/7 zonas de trabajo. Ver plano adjunto.
Duración aproximada del ejercicio. Si se considera que el tiempo de transporte de camilla es tres veces el tiempo de progresión de los deportistas, iniciando la evacuación de la camilla directamente desde el vivac de los Franceses, se estima una duración aproximada de 12 horas de movimiento de camilla. Desde las 8 de la mañana hasta las 20:00-22:00 de la noche.
Esta propuesta podrá ser variada conforme conozcamos el número total de efectivos disponible, pudiendo ampliar el recorrido dentro de la cavidad.”







Queda claro que las cosas tienen una prioridad diferente según quien las mira. La Cueva del Gándara contiene zonas muy delicadas que todos reconocemos que hay que proteger. Sin embargo la publicación de la travesía y el subsiguiente tránsito de la cavidad por deportistas, cansados y con prisas, que deben consagrarse traerá deterioro a zonas frágiles y, desgraciadamente, llevará a accidentes también. Esto último conducirá a rescates reales, a simulacros de rescate y esto, a su vez, a más deterioro de zonas frágiles.
 Este simulacro pasó justo por encima de zonas de máxima protección, como las excéntricas de la Sala Ángel, y dejo destrozadas todas las balizaciones por las que transitó. Pero esto último, a pesar del desprecio que supone por el trabajo de los demás, en el fondo carece de importancia porque esas balizaciones se pueden reponer con algo de esfuerzo y buena voluntad. Lo que jamás se reparará ni restaurará son las huellas y destrozos que dejo en el paisaje subterráneo en general, y en particular en ciertas zonas coralinas, el paso de un ejército de personas afanadas en transportar una camilla.
Ahora que sabemos quién es el responsable de todo esa destrucción y la última razón de los destrozos nos preguntamos que podríamos hacer para remediarlo. ¿Qué es lo que queremos?  ¿Explorar las cavidades, disfrutar de su belleza, preservar su riqueza científica y paisajista? ¿O más bien queremos convertirlas en una pista deportiva en que los mejores deportistas puedan retarse y consagrarse? Antes de responder esta pregunta debemos tener en cuenta que hay una diferencia entre el medio subterráneo y el exterior (montañas, barrancos, paredes, bosques…): El subterráneo no se regenera jamás. La tendencia deportiva actual de superar todos los límites en todas las actividades es algo que no desapruebo, siempre y cuando no implique la destrucción del medio subterráneo. La travesía Calígrafos-Gándara podría realizarse estableciendo una normativa adecuada. Los grupos deberían recibir instrucciones acerca de la preservación de las zonas frágiles, debería controlarse el número máximo y mínimo de personas que puede formar un grupo y el total de grupos que pueden recorrer la travesía por semana o mes. Sin esta normativa, que de hecho debería extenderse a todas las cavidades, dentro de poco el Gándara se convertirá en una pocilga como muchas otras cuevas son ya. Y en cuanto a los simulacros lo menos que deberían ser es respetuosos con las cuevas, eligiendo zonas no frágiles y respetando las balizaciones que señalan zonas frágiles.
Sabemos que en el Gándara se han roto por espeleólogos cansados y poco concentrados, hace ya varios años, varios espeleotemas absolutamente únicos que nunca volveremos a ver. Y miles y miles de ellos en muchas zonas están pendientes de que alguien pase rápido y veloz, persiguiendo realizar su reto y consagración personal, y tropiece con ellos, o simplemente los pise (porque en los suelos, aunque no lo creáis, también hay maravillas). Si no adoptamos medidas generales asistiremos impotentes a la destrucción de una cavidad tras otra por aquellos que más deberían protegerlas:

                                   LOS ESPELEÓLOGOS. 


6/12/16

Bluff


Texto: A. Gozález Corbalán
Fotos: Paco 



Habíamos organizado una visita a una cueva buena, bonita y barata para Iris. Por supuesto con su papá Eduardo. Y sobre todo pensando en hacerle a la niña una sesión fotográfica. Lo hablamos el sábado, el domingo y lo ultimamos el lunes. Así que por la noche me dediqué a poner en orden el material fotográfico y a conseguir iluminación suficiente para los tres y ropa adecuada para arrastrarse. Pero cuando llegó el momento, por la mañana del martes, resulto que Iris había cambiado de parecer. Ya no quería ir. Cosas de niñas. Por otra parte tenía los ojos algo irritados y necesitaba colirio. Vistas las circunstancias decidí marcharme sin niña, ni padre, y centrarme en algo útil: conseguir buenas localizaciones para hacer posteriores sesiones fotográficas. Por suerte un grupo formado por Paco, Fernando, Luci y María habían decidido ir a la misma cueva -y a la misma hora- que nosotros: la Verde de La Cavada.
Me encontré con ellos frente al Covirán de la Cavada poco después de las diez de la mañana. Aunque Luci vive muy cerca se retrasó un poco debido a que la impresora no le imprimía la topo. Son cosas que ocurren cuando tienes prisa. De cualquier forma, tras la usual visita al bar más cercano, nos montamos en los coches, el mío y el de Paco, y nos fuimos a buscar la cueva vía Barrio de Arriba. Y digo eso porque también se puede ir por la carreterilla que pasa junto al ayuntamiento y la iglesia. Aunque yo acordarme lo que se dice acordarme no me acordaba de una papa.
Una vez aparcados los coches junto al puentecillo sobre el Riotuerto, cercano a la surgencia, se coge la orilla izquierda y se remonta por pista-prado hasta la puerta de una finca. Tras pasar la valla se remonta el prado hasta una zona media -el bosque está invadiendo el prado- y se flanquea horizontalmente hacia la derecha hasta entrar en el bosque. Si tienes suerte encuentras la boca. Mejor que eso es subir junto a la valla, fuera de la finca, en el límite entre bosque y finca. La cueva se encuentra directamente sin problema. Además a medio camino existe otro agujero que habría que investigar.
El Estrujón estaba lleno de agua pero lo achicamos sin problemas con media botella de plástico y una esponja. Pasamos todos aunque algunos pariendo (pero pasamos). La zona de la red de entrada y de las columnitas tiene mucho encanto. La ruta ideal está  bastante transitada y se sique sin esfuerzo. En la Sala del Menú tomamos hacia el norte y fuimos a dar, a través de una sinuosa ruta entre columnas, a una zona en que no había estado en las anteriores visitas. Después de eso nos fuimos por la ruta principal hasta la Sala de las Pisolitas y el Gran Salón. Por suerte la sequía hizo que los pasos sifonantes estuvieran totalmente secos.
           Tras tomar unos cacahuetes y un trozo de chocolate, los demás se tomaron unos bocatas,  volvimos por donde habíamos venido. Cerca del final de la zona de barrotes nos despistamos medio minuto. Es lógico ya que hay varias bifurcaciones de la traza. El Estrujón fue más fácil de salida. Con mucha calma nos acercamos a La Cavada y nos tomamos unas cervezas en el bar de la esquina. Las conversaciones giraron alrededor del interesante trabajo de María. A veces un anciano le deja ver las riquezas de la vida que ha vivido…




20/11/16

Urbana


Con Alba tenía claro que había posibilidades de hacer una sesión interesante. Lo habíamos empezado a hablar hace varios meses pero la acumulación de trabajos y actividades lo fue retrasando. Así hasta que una tarde hablé con su mamá, Eva, para organizar la salida. Sin embargo ella me remitió directamente a Alba. Cuando le envié un wassap me respondió enseguida positivamente: mejor el domingo. La cueva elegida fue La Hoyuca, sector de Quadraphenia. Además su papá, Elías, vendría como ayudante. Genial.
Ya en Riaño un paisano tuvo que apartar su coche de la pista que se acerca a la Hoyuca para que pudiésemos pasar. El tiempo estaba muy agradable. Los preparativos consistieron en descartar un montón de objetos no necesarios, se notaba la preocupación y deshabituación de Elías al mundo cavernícola, y en dejarlo todo reducido a dos sacas manejables. La que llevaba la maleta de flashes la transportaba yo y la de los trajes y la maleta de la cámara la llevaba Elías. Alba fue con las manos en los bolsillos. Aunque para ser sincero esto es solo una manera de hablar ya que el mono espeleológico, rojo y nuevo, que llevaba prestado carece de bolsillos. Para mi sorpresa, y sobre todo para la de su padre, Alba se movió con más facilidad que nosotros por todas las estrecheces, gateras y demás milongas que presenta el mundo subterráneo.  A la chica solo había que darle una oportunidad de demostrar lo ágil que es.
El recorrido por la red de entrada y las grandes galerías zigzagueantes nos condujo a la entrada de Quadraphenia. Luego por enrevesadas galerías, todas similares, atravesando una sala caótica, recorriendo una galería sembrada de pozos trampa, pasando un desfondamiento por un puente de roca, llegamos a una estrecha grieta que sube a un segundo piso. Avanzando por este piso pronto alcanzamos una zona en la que las formaciones son notables. Aquí estaba nuestro marco para realizar las fotos a Alba.
Entre pitos y flautas colocar los flashes, ubicar la cámara, determinar el encuadre, extender los trastos y montar el vestuario se nos fue una hora. Elías terminó aburriéndose y desapareciendo para explorar los alrededores. Finalmente Alba se vistió de urbanita deportiva y se puso delante de la cámara. La chica posaba muy bien. Luego cambio de traje: ahora era miembro de la tribu urbana. Hicimos fotos en tono de admiración y luego en tono de provocación y luego en el tono que quiso Alba. Porque Alba es una chica que no se anda con tonterías… cuidadín con ella.
            Volvió Elïas y nos hicimos unas fotos de recuerdo los tres juntos antes de recogerlo todo. Volvimos disfrutando el paso de las estrecheces. Nos cambiamos con mucha calma y luego paramos en Hoznayo a comernos la rica tortilla que había preparado la mamá de Alba. Tortilla acompañada de cervezas en el bar-tienda. Poco después de salir de Hoznayo, domingo de sobremesa, me paró la guardia civil para soplar. A pesar del susto resulto que no llegaba ni a la cuarta parte de lo permitido. Menos mal. En breve saldremos con Alba para hacer espeleología. De tal palo tal astilla, suele decirse por ahí…


12/11/16

Gran Encuentro




Los vericuetos y rizos del destino que precedieron a este gran encuentro son dignos de un documental. Dos grupos de wassap, con más de un centenar de personas entremezcladas, más de cuatro organizadores, gestionando los difíciles permisos del Parque de los Calares del Mundo, y multitud de intereses personales se reunieron en un inmenso revoltijo cuyos vaivenes mantuvieron en vilo a todos los implicados hasta el fin de semana del 12 y 13 de noviembre. Aún me quedo corto con mi apreciación: esta historia no acaba el día 13 sino que se prolonga hasta finales de noviembre con los permisos para varias actividades de exploración y visita programadas a lo largo de dos semanas. Aunque si es cierto que la historia se acaba el día 13 en lo que a mí se refiere…
A las afueras de Riópar el Hostal Los Bronces me permitió alojarme en una cómoda y cálida habitación a un precio muy razonable. Algunos participantes habían llegado, o llegaron también, el viernes 11 pero se quedaron a dormir en furgonetas. La temperatura bajó por la noche a unos dos bajo cero. A la mañana siguiente los coches estaban cuajados de una gruesa capa de escarcha. Nos fuimos reuniendo en el bar-cafetería del hostal. Llegaron Juan Pablo, David, Mavil, Antonio Dólera, Leo, Luis, Mari Carmen, Vicente y Perico (si no se me olvida nadie). Entre desayunos, charlas y fotos el tiempo discurrió plácidamente. Hacíamos tiempo para esperar a Tocho y Esther, que venían de Hellín con dos amigos suyos, para participar en la actividad y/o de recoger setas. Pero se hacía tarde y el grueso del grupo decidió irse e iniciar la excursión a la Cueva de la Pedorrilla. Juan Pablo, David y yo esperamos a que llegaran. Nos reuniríamos todos en La Pedorrilla. Cuando llegaron Esther y Tocho nos dimos cuenta que el interés por recoger setas era incompatible con la excursión espeleológica que proyectábamos. Así pues quedamos en vernos todos al atardecer en la cafetería.
La encantadora senda de subida a La Pedorrilla atraviesa un pinar lleno de vida. Como en toda la comarca los animales pueden sorprenderte. La noche anterior, ya llegando a Riópar, me cruce con un jabalí grandón y casi atropello a un par de zorros. La fauna y la flora abundan. 
El grueso del grupo estaba parado en La Pedorrilla. La entrada de la cueva y el inicio de sus galerías, ... , me parecieron muy sugerentes. El soplo era débil, pero notable, y la morfología de las galerías claramente la de tubos activos (esporádicamente). Cuando se produce el Reventón de los Chorros también entra en actividad La Pedorrilla.
Aunque el día había comenzado frío la temperatura fue mejorando. Llegó a ser la ideal para ir de excursión. La charla se animó. Sin esfuerzo, siguiendo un hermoso itinerario con vistas al circo de Los Chorros, llegamos a la segunda cueva ... . En el entreacto algunos nos cansamos de estar ... y decidimos continuar la excursión hasta el Mirador de los Chorros. Juan Pablo, Antonio Dólera, Leo, David,  Mari Carmen y yo nos fuimos por la  senda hacia allá. El paisaje es bello a más no poder.
Al principio pensábamos bajar del Mirador por la senda de los Chorros pero Mavil nos lo desaconsejo por el walki-talki.  Decidimos volver por el camino que, atravesando Los Mojones y pasando junto a la Sima del Mirador, lleva al Collado del Arenal. Fue una magnífica elección para rematar la excursión. Allí nos encontramos con el resto de la gente. Mavil estaba eufórico: .... Además Esther y Tocho estaban contentos: habían recolectado un buen montón de setas a pesar de su escasez.
La reunión en Los Bronces se prolongo. Algunos se despidieron y otros nuevos llegaron para la actividad del domingo. David me pasó las fotos de la vía que habíamos hecho hace poco. Vicente por fin me aclaró el misterio del somier en el Solvente. Vicente y yo nos propusimos desarrollar algunos proyectos de equipación de vías y de exploración de cuevas para un futuro cercano. Algo después David, Antonio Dólera y yo nos fuimos a cenar atascaburras a Riópar. En el exterior la temperatura se desplomo como la noche anterior.
A la mañana siguiente, después de un animado desayuno, me despedí del grupo. Después de dar un paseo por la zona de Los Chorros comencé mi camino hacia Hellín, allí me esperaban Tocho y Esther para almorzar setas, y luego a Santander. Nuevos proyectos se perfilaban en el futuro…







9/11/16

Almagra


La Almagra puede dar de sí más de lo que creemos. La cueva está a entre 100 y 200 metros de distancia de la surgencia termal de Fortuna. Es una cueva hipogénica formada por corrosión bajo el agua. Si la cueva estuviese sólo caliente no sería demasiado interesante la situación, pero resulta que, además que la temperatura se acerca a 30ºC, la humedad  supera el 90%. Esto significa que existe una conexión aérea, física, con las galerías del nivel de la surgencia termal. La humedad solo puede provenir de ese nivel freático ya que el exterior es una zona sumamente seca.
              El miércoles pasado me di un paseo de dos horas por el laberinto que forman sus galerías. Sude de lo lindo. Casi no podía más. Pero siguiendo en las direcciones NE y E lo más que pude, acabé en una salita con una gatera no transitable -de momento- pero que muestra continuación ancha al otro lado. Desde luego que vale la pena el trabajo de desobstrucción ya que podría llevarnos a algún lago termal y a nuevas galerías vírgenes y llenas de cristalizaciones en las paredes. Un bonito trabajo con premio incluído.

23/10/16

Linda (La Sombra)



Linda es una perrita simpática, tranquila y de apariencia frágil. Más que otra cosa evoca ternura en quien se acerca a ella. Su dueño es un joven sumamente ocupado. Apenas tiene tiempo para poder llevar a cabo todos los asuntos, proyectos y negocios en los que anda enredado. Vistas así las cosas, fue casi una proeza por mi parte que sólo me costase un par de meses ajustar fecha para hacerle una sesión fotográfica a Linda con su dueño. En los días inminentes a la sesión hubo varios cambios de fecha debidos a los compromisos y ocupaciones de Sergio y, por fin, la sesión quedo concretada para el domingo 23  de Octubre por la mañana.
Tuve infinidad de dudas a la hora de escoger la cueva donde meter a Linda. La idea inicial era conseguir reunir las siguientes condiciones: salita coqueta (con formaciones atractivas), no muy grande, para que iluminarla fuera fácil, cercana a la entrada y sin complicaciones, para poder transportar a la perrita en una saca, y, finalmente, con un suelo limpio de barro, para que las patitas de la perra no se convirtieran en una fuente de problemas junto al traje. Decidí que fuéramos a La Hoyuca para hacer las fotos en la sala más cercana a la entrada.
En el parking de la estación de Solares casi nos cruzamos con los otros integrantes, Eugenia y Carlos, de una excursión organizada por Marisa, pero el pequeño retraso de Sergio no lo permitió. Un instante después de que aparcara su cutre, pero muy amado, coche mire a Sergio y no hizo falta que me contase nada especial: estaba un poco resacoso de la pasada noche del sábado. Sin embargo lo llevaba bien y con mucha dignidad.  Casi podríamos decir que ese estado, levemente decadente, claramente le favorecía. Quizás fuese un aire misterioso e interesante a los ojos de un espectador fugaz y anónimo, quizás la diferencia con los otros, y las otras, modelos que habían posado en anteriores sesiones. Metimos todos los trastos en mi coche y nos fuimos muy contentos, al menos yo, a Riaño. El día estaba tropicalmente genial.
Fue sorprendente que Sergio no conociese La Hoyuca, a pesar de conocer el Panda Gigante y el remoto Astradome. No sabía en qué dirección ir para llegar a la entrada desde el punto de aparcamiento, ni tampoco que estaba a poco más de un minuto. Pero todo eso era una anécdota sin la menor importancia comparado con el hecho de que íbamos a meter a Linda por la gatera de entrada a La Hoyuca.  Cruzamos el prado alegremente y justo donde empezaba la rampa terrosa hacia las estrecheces Sergio introdujo a Linda en su saca dejando fuera solo su cabecita. En el desfonde cruzamos las sacas en vilo para posarlas en el laminador. Allí Linda salió con prisas de la saca y exploro el entorno husmeando por todos lados. Unas decenas de metros más allá desembocamos en nuestro destino.
La sala estaba bastante seca aunque persistían zonas de barro, no demasiado pringoso, y goteos debajo de algunas formaciones. Esos goteos íban a ser un aliciente más en la composición de las fotos definitivas. Extendí los trastos donde me pareció más cómodo y estudié el encuadre más prometedor. Tras algunas vacilaciones fije la posición del trípode. Después de tantas sesiones tenía claro una cosa:  el modelo debe ser iluminado por cuatro flashes en X con el eje de simetría cruzando la posición de encuadre. Los demás flashes conviene que iluminen el paisaje a resaltar, no toda la escena, a contraluz. Si es necesario se pueden pintar/flashear varias tomas del paisaje para luego integrarlas con la fundamental toma del modelo en una fusión por capas. De cualquier modo fueron necesarias unas cuantas pruebas para conseguir la cantidad de luz correcta. Y también la posición de los flashes.
Hicimos una larga sesión, primero con el gran angular y luego con el 55mm. Me sorprendieron la expresividad emocional de Linda y los cambios de estado de Sergio. Unos resultados bastante sorprendentes. Hubo varios momentos de tensión; sobre todo cuando Linda, estando ya con las patitas concienzudamente limpias, se asusto y saltó de los brazos de Sergio al suelo. Nos vimos obligados a montárnoslo de nuevo para limpiarle las patas y situarnos otra vez en la posición previa.
Me ayudaron mucho las sugerencias de Sergio en cuanto a posicionamiento y encuadre. Finalmente era él el más interesado en continuar haciendo fotos y no yo, que andaba a estas alturas de la sesión un poco saturado. Cierto que los modelos tardan en asumir su difícil trabajo y cuando lo hacen es el fotógrafo el que ya anda harto de currar. Todo el mundo piensa que es muy fácil posar. Hasta que lo intenta y le piden que exprese esto o lo otro. Entonces empiezan las dificultades. De cualquier forma la sesión había llegado a su fin. Recogimos cuidadosamente y un minuto después estábamos en el laminador.
En vez de introducir nuevamente a la perra dentro de la saca Sergio la dejó ir a su aire por el laminador, la llevó en vilo al otro lado del desfonde y la poso en una repisa de la estrechez. En este último punto debió de ponerse muy nerviosa, porque cuando, finalmente, la depositó en la base de la pendiente terrosa que lleva al exterior la perra salió zumbando por una gatera que no llevaba a ningún lado. Sergio la llamo a voces desaforadas y la perra reculó y comenzó a ascender por el camino correcto. Sin embargo la perra no espero a su dueño en la salida sino que inició una huida sin freno, de la terrorífica cueva a ojos caninos, en dirección a ninguna parte. Cruzando el prado a toda pastilla enfiló hacia las últimas casas del Barrio de la Iglesia. A estas alturas Sergio había pasado del enfado a la histeria total persiguiendo a la perra, dando voces que podía oírse en el fondo de La Hoyuca y con el corazón saliéndosele por la boca. Corría cuesta arriba detrás del animalito que se aproximaba a una zona llena de perracos que podían merendársela de un bocado y de coches que podían aplastarla como un cacahuete. Además la novia de Sergio había avisado a éste de que si le ocurría algo a la perra le echaba de casa. La cosa no era una broma. En fin, por suerte el primer perro que se encontró Linda era pacífico y después de olisquear unos segundos por la zona la perrita comprendió que lo mejor era volver atrás a la seguridad de los brazos de su dueño.
Nos reencontramos en el coche y mientras Sergio se iba calmando yo deje la saca en el suelo. Para cuando quise abrir el maletero me di cuenta que las llaves no estaban en su sitio. Se me habían caído del bolsillo del mono.  Un poco aterrorizado por la situación comencé la vuelta a la cueva. Si se habían caído al atravesar el prado las posibilidades de encontrarlas eran ínfimas. También habían podido caer por el desfonde o en el laminador. Me di cuenta de lo desagradable que podría llegar a ser una situación así si te ocurre en una cueva mastadóntica y llena de dificultades. No quedaría otra que abrir a la fuerza la ventanilla y llamar a casa, si hay cobertura, para que te traigan otras llaves. Sin embargo esta vez hubo suerte: las llaves se habían caído del bolsillo al arrastrarse por el laminador. Creo recordar que hubo un momento en que saqué los guantes del bolsillo para ponérmelos y casi seguro que fue en ese instante cuando se cayeron.
Nos debatimos un buen rato entre varias posibilidades, distintos restaurantes o mi casa, pero al final disfrutamos de una excelente comida en el tranquilo y vacío restaurante de La Estación. Teníamos mucho que comentar acerca de los sucesos del día. Pasamos el resto de la tarde mirando fotos. Las ya procesadas de otras sesiones, las de los viajes del verano y las tomas que habíamos realizado en la mañana. Incluso procesamos, como ejemplo, alguna de esas tomas y las repasamos todas estableciendo su valoración, de cero a cinco estrellas, para el posterior procesado. Tanto para mí tanto como para Sergio muchos proyectos se perfilaban en el horizonte próximo aunque ninguno excesivamente nítido. El destino dictaría los caminos a seguir en el momento propicio… 



14/10/16

Pandy



Quede con Encarna el viernes a las tres en Solares. Así le daba tiempo a recoger a María. Me pregunto si podía venir Daniela con su madre Asun. De esa forma serían dos y estarían más entretenidas. No me importo. Al contrario, pensé que podrían producirse buenas imágenes al jugar entre ambas. Y también con Pandy y Foxy.
Asun se retraso un poco pero como yo no tenía prisa me importo poco. Aunque llegué a pensar que no vendría. Pasadas las tres y media nos montamos los cinco en mi coche. Atrás colocamos las sillitas infantiles para coche más simples y facilonas que he visto. Aunque, por lo que me contaron, según la ley los niños deben pesar más de 20 kilos para que puedan usarse esas sillitas facilonas. De cualquier forma el tramo de carretera era corto, cinco kilómetros, y muy tranquilo. Allí, en La Cavada cerca de la carretera a Rucandio, aparcamos en una desviación que lleva a hasta unas casas en las que comienza la pista de hierba que lleva a la cueva.
Los preparativos fueron escasos: ponerse las botas de goma. Yo lleve la saca de fotografía, Encarna una bolsa (y a Pandy de vez en cuando) y Asun otra bolsa con más ropajes. Como ya les había avisado nos encontramos con un par de tramos de barro en que tuvimos que ayudar algo a Daniela y María. Lo que no me esperaba era que el río que sale del sistema de la Cueva del Canónigo estuviese crecido. Tuvimos que cruzar en brazos a las niñas y Asun paso en zapatillas mojándose los pies. En realidad había llovido los días anteriores, pero no demasiado. Lo más extraordinario fue encontrarse con la entrada de la Cueva del Canónigo inundada por el río. La cueva actúa como trop-plein de la surgencia principal pero yo no lo sabía. El día que fui a investigarla estaba seca por completo.
Pensé que la cosa se iba a acabar allí mismo dado que las madres suelen ser extremadamente prudentes. Pero no contaba con que Encarna es más echada pa alante de lo que puede esperarse de una temerosa madre española. Se vino conmigo cueva adelante por el río hasta una zona que dejaba de ser activa. Exactamente la salita en que yo pensaba hacer las fotos. Vimos que el tramo inundado era corto, fácil y sin problemas (si se calzaba botas de goma). Dicho y hecho: volvimos a por María y Daniela que fueron transportadas a cuchos. Hubo que avisar a las nenas para que no se dieran coscorrones con el techo en algunos sitios. Más divertido que cualquier otra cosa. El resto del equipaje paso también sin problemas incluido Pandy. Y allí nos asentamos para prepara las tomas.
Al comienzo la novedad hizo que las nenas se entretuvieran, pero entre poner los flashes y hacer que todo funcionase tardé una media hora. El tiempo que necesita una niña de cuatro años, para empezar a impacientarse. La impaciencia se convirtió en quiero irme justo cuando empezaba a hacer las tomas interesantes. Pero he aquí a las madres que todo lo resuelven. Y entonces empezaron los cuentos y la sugerencias que “dile al oído tu secreto…”, “coge a Pandy en brazos…”, “poneos de espaldas una contra otra…”, … Sin las madres las fotos no hubieran sido posibles.
Hubo cambio de trajes y cambio de tercio. Los vestidos eran bonitos y encima de las niñas más todavía. Finalmente las madres estaban más entusiasmadas que yo mismo. María empezó a decir que tenía frío. Tuve que convencer a Encarna de que mejor hacíamos caso a las niñas para que les siguiera gustando entrar en cuevas y hacer cosas algo aventureras.  Así que las animé a cambiarlas e irse a la otra salida de la cueva. Esa salida da a unos prados junto a Rucandio y el paisaje que se ve desde la boca es encantador. En cuanto recogí y empaqueté el material me acerque a donde estaban. Las niñas recogían flores y hacían ramitos. Eran felices.
               La travesía entre bocas nos llevo unos diez minutos. Luego hubo que atravesar los dos ríos y los barrizales. Pero ya daba un poco igual mancharse. La tarde estaba espléndida y todos de buen humor. La actividad de la Cueva del Canónigo quedo señalada como ideal para niños. Durante la vuelta a Solares las niñas chillaban como solo las niñas pueden chillar. Pero la cosa estaba hecha.




8/10/16

Buen Camino

 Inicio del Sendero

Segunda Cabaña
Hacia las Ruinas

Senda de Cabras

Senda de Cabras


 Trochas de Cabras



          El sábado 8 de octubre me fui a San Roque para buscar un camino alternativo a la Cueva de Las Montosas y, sí, encontré un buen camino. Bueno, bonito y barato. Creo que con las fotos sobraran las explicaciones.




Plano