8/5/05

Estrellas&Ángeles (8/5/2005) Sopladoras-Agua

            Me despierto con una sensación deprimente. Hoy todos mis sueños se parecen a pesadillas. O todas las pesadillas se parecen a mis sueños. La lógica conmutativa se apodera de la mente humana. Me preparo en un momento y me apuro en llegar a Solares. Antes de ir a la estación paso por la Caja y le pido al cajero mecánico un poco de dinero. Me escupe con desgana unos euros de esos que sirven pa comprar cosas (cada vez menos cosas). Cuando me presento, a las nueve y media, en la estación ya han llegado -contradiciendo mis premoniciones- Amelia, Moisés, Eva, Susana y Noelia. Poco después llegan, también, Sergio y Chema. Moisés recibe una llamada de Julio comunicándole que viene de camino a toda velocidad. ¿Cómo es que no me habéis despertado? le pregunta. La fiesta acabo tarde y ostentó abundancia de alcohol y humo. Pero Moisés, Eva y Susana madrugaron -les motiva eso de las Sopladoras/Agua- y llegaron bien. Me tomo un café y miro el reloj. Llevamos 20 minutos de retraso. Quedamos en que Julio venga directamente al aparcamiento de la iglesia de Asón.
            Vienen conmigo Noelia y Eva, van con Moisés Amelia y Susana y en el coche de Chema va Sergio. Mientras cruzamos el puerto de Alisas Noelia muestra su negativa y desconfiada actitud hacia los humanos en general. La carretera consigue marearla lo que contribuye a potenciar su actitud. Cuando llegamos a Arredondo todo el mundo se arroja de los coches. Algunos piden en el bar bocadillos de tortilla de patatas para llevarlos a la excursión, otros charlan de forma distendida o tensa, según se vea, y Susana, de puro mareo, queda tirada en una acera como una mendiga. Poco después de todo esto conseguimos llegar a la Iglesia. Aparco a la sombra de una casona y comienzo a prepararme con lentitud. He puesto a propósito la reductora para no tener que esperar demasiado tiempo. Antes de que estemos preparados llega Julio con su descapotable Mazda y acaba de prepararse antes que el grupo general. Como se esta poniendo pesada la cosa empiezo a animar el ambiente a base de ¡ale, ale!; ¡come on, come on!; ¡venga, venga! El carburero de Noelia se niega a abrirse y cuando lo conseguimos se niega a vaciarse. Metemos una palanca para romper la costra de hidróxido cálcico y casi completamos la limpieza. Dejamos una parte por desesperación. Es muy aleccionador e ilustrativo el proceso del carburero de Noelia. Decidimos llevarnos una cuerda de 60 en vez de dos cuerdas más cortas. Lo ideal sería llevar dos de 30 para el único rappel largo del barranco Huerto del Rey.
            La subida es una subida que sube sin parar. Sólo al principio nos deslizamos, llaneando, entre prados, paisanos y cabañas. Pero en cuanto el sendero penetra en el barranco de Rolacías se empina de forma pertinaz. Hace calor. Sudamos. Resoplamos. Pero muchos no paran de hablar. Aunque se ahogan no paran. Finalmente, durante un breve lapso, callamos todos por fin y podemos caminar en silencio. En el puente del Chumino hacemos una breve parada técnica para beber agua y disfrutar de la sombra. Continuamos enseguida cruzando los prados del Chumino que, entre cabañas, nos llevan al límite de las propiedades junto al bosque de avellanos. Los aludes de nieve han arrastrado árboles y rocas que han desfigurado la tenue traza que existía en el bosque. El sendero, apenas perceptible, ha quedado borrado por completo este año en algunos tramos. Poco más arriba el camino se aclara y se encarama por una estrecha vira para precipitarse, al poco, hacia el cruce del torrente de la Cuesta del Avellano aguas abajo de la Cascada del mismo nombre. Luego asciende, entre avellanos juveniles, por la ladera derecha hasta alcanzar la cota de la Cascada y, finalmente, tuerce directo hacia la plataforma donde comienza la caída de ésta. Allí nos remojamos un poco y cinco minutos después estamos bajo la triple boca de las Sopladoras. Hemos tardado una hora y tres cuartos. No está nada mal.
            Lo primero, y mejor, que hacemos es comer. Aunque antes de comer me pongo los arreos y me encaramo a la boca central de las Sopladoras por el resalte, instalando una cuerda para evitar una caída tonta cuando suba el personal. Ya arriba, en compañía de Eva y Amelia, me instalo cómodamente y como. Lo primero es una manzana cuya monda arrojo a los comensales, que devoran con avidez abajo, con la fortuna de dar justo en el centro del casco de Moisés. Me promete no olvidarlo y vengarse en el momento que menos me lo espere. Le creo. A continuación me debato entre el descarado aprovechamiento del ofrecimiento de Eva o una comedida y educada actitud para no merendarme la mitad de su bocadillo de tortilla de patatas con cebolla que está que te cagas. Finalmente me como un puñao de garbanzos tostaos por eso de la comida sana.
            Nada más entrar la galería desemboca en una más amplia, igual que las galerías de las otras dos bocas, y ésta enseguida gira a la derecha adentrándose en la montaña. Al poco, cuando acabo de pasar un pequeño caos de bloques, el grupo se detiene. Tras un largo rato en que la mayor parte del grupo no aparece, aunque se les oye cerca, ni responde, a pesar de los gritos que les damos preguntando que pasa, por fin volvemos a verlos después de que hallan resuelto un problema con el carburero de Noelia. El pobre carburero de Noelia. A-me-li-a, A-me-li-a, A-me-li-a, A-me-li-a, No-e-li-a,  No-e-li-a, No-e-li-a, No-e-li-a, E-va-li-a, E-va-li-a, E-va-li-a, E-va-li-a, Su-sa-na-a, Su-sa-na-a, Su-sa-na-a, Su-sa-na-a: esto es un tren de estrellas cuya locomotora es el género femenino. El tren se abre paso por el túnel sin prisa pero sin pausa. En los destrepes Susana se mueve con una agilidad asombrosa a pesar de que está manca. Y Eva parece levitar. Hasta que llegamos a las marmitas y topamos con la pequeña tirolina. Los cortos resaltes resbaladizos iniciales se bajan bien y la tirolina se deja montar por todos los expedicionarios. Pero justo después de la tirolina hay una marmita que obliga a transitar en oposición a pesar de que la anchura es un poco excesiva. Los primeros transeúntes pasamos con cuidado pero Amelia y Eva -y no sé quienes más- se quedan atrancadas porque no les da la patita para llegar a una repisilla al otro lado de la marmita. Entonces Moisés sale en su ayuda y pone su propia pierna para que sirva de peldaño. Gracias al ángel  Moisés nadie cae al agua. El personal comienza a sentirse bien y a divertirse con esta travesía. La continuación es por una galería fósil que en esta ocasión presenta algunos charcos. Seguramente es por las grandes nevadas y las lluvias de este invierno pasado y parte de la primavera corriente. Al final de esta meandrosa galería, en una zona en que se va estrechando, hay que efectuar una simpática trepada. Ésta conduce a una serie de conductos agaterados y con fuerte corriente de aire que nos permiten alcanzar de nuevo el río por un resbaladizo tobogán. Me deslizo de primero por el tobogán y estoy a punto de llevarme un trompazo contra los guijarros del río. Me pongo de parapeto y freno la caída de cada expedicionario. Los hay pesados, pesadísimos y también los hay ligeros.
            El carácter de la cavidad cambia en este punto. Se convierte en un galerión, no desmesurado pero si amplio, como el túnel de una carretera o el túnel del metro de Bilbao o de Barcelona o de Madrid. Se anda cómodamente por Los Meandros y, a veces, varios caminos son posibles. Realmente estos meandros son un modelo de galería. Eses verticales y horizontales. Muchas SSSS’s. Hay un enorme bloque que ha colapsado cayendo sobre el suelo de cantos rodados en el lecho del río y creando dos pasillos a sus lados. Desembocamos en una enorme galería bautizada como Los Bulevares. Los Bulevares tienen el tamaño de la Gran Vía de Madrid en algunos sitios. Los bloques, los cantos rodados y, en general, todas las superficies están muy resbaladizas en esta zona. A veces, dentro del galerión, se forma una subgalería, como un tubo dentro de otro tubo, que permite transitar más fácilmente. A mitad de Los Bulevares el carburero insiste en darme el coñazo. En realidad desde que jubilé mi krakatoa todos los carbureros que he utilizado me producen una gran insatisfacción. Mi krakatoa era maravilloso y ninguno podrá igualarlo. Deberíamos hacer un esfuerzo y volver a fabricar carbureros de inyección directa. De cualquier forma, hacemos un alto para que todo el mundo pueda actualizar el funcionamiento de su carburero y mientras tanto construimos un hermoso hito para dejar fé. Los Bulevares dan paso a una zona más estrecha con marmitas y puentes muy entretenida y bonita. Sobre un gran puente, al que se accede por una cornisilla, nos hacemos una foto colectiva. Aguas abajo la galería se hace más modesta y su techo desciende. Hay una pequeña laguna, de paso obligado, en que el agua nos llega por el culo más o menos. La gente rebuzna un poco por la frialdad de las aguas pero enseguida nos olvidamos de esto. Aunque algunos pringaos no se olvidan tan pronto porque llevan ropa de algodón o similares. Un error en las cuevas. 
         Después de algunas curvas más, desembocamos en la enorme Sala Final. A lo lejos, vemos la luz del día iluminando la rampa de bloques que forma la entrada. Las distancias engañan y todavía necesitamos andar un ratito para llegar a la salida. Hemos tardado 4 horas en hacer, bastante tranquilos, la travesía y a las seis estamos fuera ya. Los ráppeles del barranco Huerto del Rey necesitan cordinos nuevos; Susana no puede manejarse y Moisés la va descendiendo en los tres rápeles que hacemos. Con todo esto se nos va haciendo tarde.  El paisaje es espectacular y la primavera le sienta bien. Son las nueve cuando alcanzamos los coches. En el bar Coventosa de Asón la cerveza no es la bebida de la mayoría del grupo. Algunas se toman un bombón helado mientras otros se fuman un purito. Y luego escuchamos a la Barbería del Sur y a Kiko Veneno en el coche mientras rulamos hacia Solares.

30/4/05

Surveying Swill (30/4/2005) Sima del Sapo

       Alrededor. Miro. Ramales de la Victoria. Entro. Busco en la antigua escuela. Estan P.Hierro y P.Merino. Me saludan con groserías a la usanza. Pero me siguen cayendo bien a pesar de todo. Me fumo el resto de un puro a mi salud y a la suya. Wichi también está, trabajador y ordenado. Me saluda de forma normal. Ha decorado el polvoriento local con un montón de bonitas fotos de viejos calendarios espeleológicos. También ha colocado (¿Wichi u otro?) un póster de una rubia despampanante entresacada del Playboy que traje un día -que íbamos al agujero de Garma Ciega- para consolar al personal en las profundidades. Wichi trabaja bien. Me poso en un polvoriento asiento y me dedico a provocar al personal con el puro y con comentarios acerca de su reprimido lado femenino. Se palpa el dexkonzierto general pero Wichi, el ser más evolucionado de esta Asociación Espeleológica Ramaliega, sale a dar caña de mi lado. Poco después llega Cristóbal con una camiseta que exhibe un cartel en árabe y en castellano acerca de ciertas actividades arqueológicas, sospechosas, en Málaga. Cristóbal es en sí sospechoso ¿qué hace un malagueño, que exhibe camisetas rotuladas en árabe, viviendo en un pueblo abertzale de Euskadi? Pronto se suma a los preparativos de Wichi. Mientras tanto les obsequio a todos con un requirimiento de ayuda para la próxima actividad –Travesía Toño/Cañuela– con espes recién horneados. Sin embargo todos se muestran crueles, quisquillosos y celosos de su tiempo, que no piensan dedicar a actividades de promoción, ni similares. Seguramente no es tan fiero el león como lo pintan. Al final salimos todos expelidos por la puerta y nos distribuimos en dos coches: el de Cristóbal con Wichi y el mío con P.Hierro y P.Merino. Nos acercamos a casa de Gelo con la intención de coger los aparatos de topo. Tras una espera de 20 minutos, en que practico un dialogo de monosílabos con P.Hierro, vuelve a salir P.Merino con los objetos codiciados rescatados de una viga. Cantabria profunda.
      Ya vamos algo tarde hacia el Sapo y se nota la pesadez en el ambiente. Al pasar por Astrana nos asombramos de que la casa de J.Casero no de muestras de estar habitada en un puente tan cojonudo para los madrileños como éste -del 30 de Abril al 2 de Mayo- (para los que no lo sepan aclaro que J.Casero es adicto a la zona del Mortero y Garma Ciega desde hace 30 años). En la última cuesta antes del aparcamiento el coche renquea lo que me demuestra la pesadez, sobre todo mental, de los viajeros... Al llegar al parking nos encontramos con Alfredo(BK) y un amigo que no recuerdo como se llama. Y retomamos, pesados, el camino andando cansinos hacia Entremazos. Cuando llegamos a las pendientes de verdad, bajo el Mazo Grande, P.Hierro y Cristóbal escapan del pelotón dejando al resto con la lengua fuera aunque al final el único escapado es Cristóbal. Al llegar a la entrada y echar un vistazo a mi alrededor me percato de que nadie se toma en serio lo de prepararse para entrar en el Sapo. Todos, pero sobre todo Wichi, sacan comida y se disponen a devorar sin medida. Wichi, como regla general, parece no tener límites y traga sin parar durante un tiempo incalculable. Quizás una hora. Quizás más. Aunque es posible que esté exagerando. O quizás no.
        P.Merino ha elegido la tarea de topografiar para, seguramente, no tener que aguantar todo el día a los delanteros del equipo AER. Hace una declaración de intenciones de no bajar el último pozo (70/80) acabando la tarea de topo en su cabecera y explorando unas galerías secundarias. Los exploradores de punta protestan y tratan de convencerle, aunque sin resultados, de que topografíe también el último pozo. Lo que no queda claro es quienes van a acompañar a P.Merino en la tediosa tarea de la topo. Si hay una cosa que tengo clara hoy es que voy de tranqui; así que peleo por ir con P.Merino a esa pinche tarea. Eso me permitirá conocer la Sima del Sapo mucho mejor que si voy perdiendo el culo hacia la punta de exploración detrás de Cristóbal, Wichi y P.Hierro. Finalmente el amigo Innominato de Alfredo(BK) se va con los fieras a explorar y nos quedamos P.Merino, Alfredo(BK) y yo para aguantarnos unos a otros y practicar la Santa Paciencia.
       Los exploradores desaparecen por una gatera que se hace cómoda casi de inmediato. Nosotros comenzamos a medir desde el porche. P.Merino lleva los papeles y apunta, Alfredo (BK) lleva brújula, clinómetro y sujeta la punta de la cinta y  yo, en cabeza, llevo el rollo de la cinta y voceo las distancias. Durante un rato todo se calma y nos vamos habituando a la rutina de dar las lecturas y de estar quietos la mayor parte del tiempo. Pero la calma dura poco. Las pequeñas dificultades de la sima se ponen pesadas debido al incordio de la cinta. En uno de los primeros pozos dejo la cinta colgada de un mosquetón anclado en el nudo de unión de dos cuerdas y continúo hasta el fondo con el extremo. Nos encontramos un buen número de pequeños resaltes resbaladizos que hay que destrepar (y que, más tarde, habrá que trepar). Uno de ellos conduce a una profunda badina. Me empleo a fondo para no deslizarme hacia ésta, refunfuñando por la escasez de cuerdas en estos ridículos pasos no aptos para patosos. Más adelante nos encontramos con una zona confusa, por suerte marcada con catadióptricos, que parece llevarte a otro meandro ascendente cuando la verdadera ruta se oculta tras un recodo. Todo esto desemboca, bajando un pocete, en una, también confusa, encrucijada. El descenso de este pocete, que casi se puede destrepar, necesita de ojo para no darse un coscorrón con el techo donde está la cabecera y, también para pasar un fraccionamiento en una repisa. De aquí parten tres galerías y una cuarta que continúa la sima hacia abajo. Descubrimos que cada galería tiene asociado un papelito con su descripción. La galería que P.Merino pensaba explorar lleva a “nada” según el papelito. Hay otra “nada” y una galería “estrecha y rasposa”. Decidimos seguir la topo hacia la cabecera del pozo de 80 pero, antes, nos tomamos un descanso y comemos algo.
         En esta zona de meandro sinuoso, que prolonga la sima hacia el pozo de 80, las pequeñas dificultades aumentan, obligándonos a realizar un montón de estaciones de topo cortas. Creo que andamos cerca de 100 puntos de topo. Finalmente, antes del pozo grande, nos encontramos con dos bonitos pozos. El primero esta instalado como un trampolín. Primero te tienes que deslizar por un bloque alargado y estrecho en suave pendiente, asegurado por un pasamanos, y cuando llegas al extremo, en la punta del bloque, tomas la línea vertical directa anclada al techo. Parece, más o menos, que tienes que arrojarte desde el trampolín hacia el pozo. El siguiente pozo es limpio, acampanado y aparenta ser mayor de lo que realmente es. Conduce a una sala amplia y circular en cuyo extremo se toman las cuerdas de acceso al pozo de 80. Desde hace un rato Innominato responde a todos los ruidos onomatopéyicos que produzco por cansancio y aburrimiento. En general se trata de cabras de distintas edades, borregos –cuando la desesperación crece- y grajas mezcladas con rapaces nocturnas. Es el único consuelo que me queda cuando saboreo la incomunicación con mis semejantes. Innominato está desde hace rato aquí, en la cabecera del pozo de 80.
          Cuando nos encontramos nos da noticias. Los exploradores han trabajado en tres frentes: una escalada en la base del pozo; un péndulo hacia una ventana en el pozo grande y una desobstrucción. La escalada, según entiendo, no da resultados. La ventana les conduce a un pozo de 30 seguido de un meandro y de otro pozo de 30 y los exploradores quedan parados ante una rampa que no se baja por falta de material. La desobstrucción se abandona por llevar al mismo sitio que el recién descubierto pozo.
         Nosotros hemos acabado el trabajo que teníamos previsto y la gente de punta parece que está volviendo ya. Como estoy interesado en salir pronto para portar por casa y veo que son las seis en mi moderno reloj Casio, comunico a los presentes que empiezo a remontar y despliego mi arsenal. De todas formas quien avisa no es traidor y les comunico a mis pinches acompañantes que tengo interés por salir cuanto antes. Al poco rato, de forma apagada, les oigo nombrarme y poco después dejo de oírles. Como la sima es una especie de tobogán deslizante la entrada es mucho más fácil que la salida. Me empiezo a cansar de pasos resbaladizos, de equilibrios precarios y de pasos que hay que ir trepando. Y además me parece que hay más pozos y resaltes que al entrar. Los debe haber puesto un diablo mientras estábamos abajo. Cuando llego al pozo más largo ando un poco renqueante ya, lo que unido al chicleo y a lo resbaladizo de las paredes me hace subir el pozo a paso de caracol. Me animo al conseguir acabar de remontarlo, recuperándome para los últimos pozos de ascenso. Hay uno que acaba en un estrecho meandro desfondao con un pasamanos y que se me antoja algo cabroncete. Finalmente, justo una hora y media después de comenzar, asomo la nariz a una soleada y plácida tarde. Me pongo a aullar un rato para desfogarme y ahuyentar a los lobos. Un rebaño de vacas, a más de una manada de caballos, me prestan brevemente su atención. Cuando me canso de aullar me dedico a pensar, que es algo parecido pero no igual. A las ocho y cuarto aparece Alfredo(BK) que me acompaña hasta los coches para recoger las cosas que P.Merino y  P.Hierro han dejado en mi coche. Después de todo solo se trata de dos pares de zapatillas de deporte con calcetines pestosos en su interior. Les dejo destinados a bajar empaquetados, los cuatro y equipajes, en el coche de Cristóbal y me voy tan deprisa como puedo por la pista hacia Astrana.     

24/4/05

Feelings Ten (24/4/2005)



       Pensad en la angustia, o al menos miedo, que se siente al asomarse a un abismo en que puedes caer. El miedo al vacío. Algunos operarios de los rascacielos norteamericanos fueron, y son, indios sin miedo al vacío. Durante una larga temporada, en mi lugar de trabajo, pude contemplar un póster de unos obreros sentados en una viga de acero de un rascacielos de Nueva York, en construcción, de la época en que se levanto el Empire State Building. Los obreros están almorzando tranquilos con las piernas colgando en el vacío. Observando con atención sus rostros pude comprender que no sentían miedo de estar allí. De hecho sus rostros transmitían indiferencia –quizás hacia el fotógrafo- e impasibilidad. Varios eran indios, indios de América, sí. ¿Os habéis detenido a pensar en nuestro miedo a las alturas y a los abismos? ¿Porque está ahí metido ese miedo en muchos de nosotros y no lo esta en los indios? ¿De que leche han mamado para no sentir el mismo miedo que siente la mayoría de nosotros? Si sentimos miedo es porque el vacío nos atrae o porque no nos sentimos seguros de nuestros movimientos. E inconscientemente huimos de él.
 Sin embargo me asomo a los pozos de la red del Gándara y siento familiaridad con las rocas y con el discreto vacío. Quizás siento demasiada familiaridad con las alturas. En este caso no siento nada especial.  Para que la actividad espeleológica tenga magia tienes que sentir que bordeas lo desconocido, lo que no conoces. La incógnita es la motivación del espeleólogo. Julio, Eva, Marisa, Amelia, Elena, Noelia, Manrique, Alberto y Álvaro cada uno tiene su motivación personal. Todos, salvo Álvaro, tienen poca práctica de espeleo. Algunos solo tienen la práctica del reciente cursillo que se ha celebrado en Marzo. Álvaro posee unos conocimientos técnicos avanzados. Se gana la vida en trabajos verticales y esto hace que conozca mucho mejor que un espeleólogo corriente las cuerdas, los anclajes, las formas de instalar. A cada paso nos habla largo y detallado de las instalaciones. Me encuentro a su lado cuando nos da una conferencia sobre la instalación de la cabecera del pozo de 40. Junto a mí creo que están Manrique, Eva y no sé quien más. Dice que la fijación intermedia está demasiado alta lo que haría que en una ruptura de dicha fijación el factor de caída, 1.2 aproximadamente, fuera muy alto para una estática. Hablamos del posible futuro de las cuerdas de kevlar. Comenta que su elasticidad es casi nula y que este hecho haría que en una caída o ruptura el cuerpo del espeleólogo sufriera un impacto muy elevado. Así que deberían tener algo más de elasticidad para poder ser usadas sin peligro. También hablamos de lo diferentes que tendrían que ser los aparatos de ascenso para cuerdas de 6 o menos mm de diámetro. 




Mientras tanto algunas participantes cansadas de esperar, algo más arriba del pozo de 40, deciden ir saliendo. Todo se esta prolongando demasiado por el número de participantes y, quizás también, por que Eva olvido una parte de su equipo vertical. Fue necesaria una pequeña logística para pasarle a Eva el arnés de pecho, el croll y el jumar, que son los de Manrique caballeroso, salvando los desviadores y fraccionamientos, desde la cabecera del pozo. Se hizo gracias a una cuerda auxiliar de 15 metros que permitió enviarlos a una persona subiendo el tramo final, de ésta a la repisa intermedia, de la repisa a otro espeleólogo y de éste, finalmente, hasta la base del pozo. Por otra parte Eva nos sorprendió a todos con su agilidad para trepar los tres resaltes anteriores a brazo/cuerda.
Cuando acaba de salir Julio, que es el último en subir el pozo, asciendo un poco por la galería hasta ponerme junto al inicio de la gatera de retorno y al mirar hacia la prolongación de esta galería en forma de cañón me doy cuenta de que, casi perdida en la lejanía de una zona que no hemos visitado nunca, están los reflejos de las luces de Marisa, Amelia y Elena que han confundido su camino hacia la salida. Hemos tenido todos mucha suerte de que me de cuenta de la confusión. Si no, hubiéramos echado en falta a las chicas después de mucho rato o quizás en la salida cuando ellas ya estarían sin luz y bastante perdidas.
Hace un rato, cuando ya eran las cinco de la tarde y estábamos comiendo todos algo más allá de las excéntricas, tuvimos claro que siguiendo al mismo ritmo tardaríamos dos horas en ir y volver hasta la otra cascada a lo que luego habría que sumarle al menos tres horas más para salir. Así que comenzamos a pensar en volver. Una pena pues la zona de la otra cascada es impresionante y guarda un conjunto con gours de paredes  cristalinas y blancas que deslumbran por su pura limpieza.




Realmente veníamos arrastrando un mal horario desde el principio. Por no madrugar e ir con calma la cita matinal es a las 10 en la estación de tren de Solares. La estación tiene un buen aparcamiento y es un sitio tranquilo. Pero debido, por lo que parece, a un malentendido en la cita entre Elena y Manrique cerca de Valdecilla, no completamos el grupo, formado por diez personas, hasta las 11 horas. En cierto momento intermedio entre las 10 y las 11 llamo a Manrique y le increpo por su tardanza a lo que responde defendiéndose con fuerza. Parece que el ha sido diligente pero queda un tiempo sin acción clara. Ya petaos por esta tardanza comenzamos el viaje hacia La Gándara vía Ramales/Soba. Entre unas cosas y otras los preparativos se alargan. El ambiente primaveral invita a tumbarse en el césped con una brizna de hierba entre los dientes y a soñar o, también, a dar un paseo liviano entre bosques de hayas y olor a flores. Ahora es cuando Eva echa en falta una de sus bolsas de plástico que contiene parte de su equipo vertical. Manrique encuentra soluciones de caballero y Álvaro también contribuye. Quedamos en llevar una cuerda auxiliar para pasar parte del equipo de Manrique cuando suba el pozo.



Al hacer el corto recorrido que nos lleva desde el cruce de la carretera que asciende a la Sía hasta la boca de la Red del Gándara se forman grupitos que charlan animadamente de historias variadas, la mayor parte de ellas insustanciales. La galería inmediata a la boca desobstruida por los franceses es enorme y asombra un tanto que no colapse el techo por la cercanía a la superficie. Poco después estamos en el pasamanos aéreo que bordea el pozo de descenso hacia los niveles inferiores y el río Viscoso. Algo más allá hay un charco que en todas las ocasiones anteriores en que he visitado la cueva se podía pasar sin mojar el calzado y que hoy solo pueden pasar sin problema los que llevan botas de pocero. Marisa, que lleva botas de monte, me utiliza para pasar a coscaletas y pasamos sin novedad gracias a que puedo ver con claridad las piedras del fondo. Alberto tampoco lleva botas de pocero y contrata los servicios de Manrique para pasar a cuchos pero el agua esta turbia y acaban naufragando ambos, aunque el único que se moja los pies es Manrique. Como Manrique es un caballero acepta con una sonrisa las incomodidades y las tomaduras de pelo de los demás.
Las galerías de nuestra ruta se mantienen amplias, resbaladizas y concrecionadas, incluso con gours en el suelo, hasta que la ruta parece finalizar abruptamente contra unas formaciones. Entre columnas y algo oculto esta el paso que da acceso a una galería zigzageante y larga que obliga a circular en laminador durante un tramo algo pesado. Me meto decidido hacia delante y me sigue Manrique que de vez en cuando me pide que paremos a esperar. La espalda se resiente de tanto recorrido agachado, a gatas y reptando. Sin embargo después de mover tanta musculatura, que está  usualmente quieta, el cuerpo se siente bien. Es una de las ventajas que le encuentro a esta absurda actividad de topo terrero. Una galería en montaña rusa da continuidad a los zigzags y desemboca en el inicio del desfondamiento que lleva a la Sala de la Cascada, pero antes del pozo hay que pasar una estrechez divertida que nos hace ponernos las pilas. Amelia duda ligeramente de la estrechez pero enseguida llegamos todos al pozo de 40 decididos y sin pausas. Me apuesto justo al borde para dar las instrucciones acerca de los desviadores y del fraccionamiento. Los espes están convirtiéndose en espeleólogos. Estar en el borde me produce indiferencia y calma pero me doy cuenta de que esto es así porque estoy anclado al pasamanos de acceso. ¿Qué pasaría si no hubiera cuerda a la que anclarse? ¿Sentiría el miedo al vacío? ¿Me permitiría andar apoyado de forma indolente al borde de un pozo? Es una cuestión inquietante. Opto por pasar de todo y ser superficial, olvidadizo...
Hoy la Sala de la Cascada parece estar llena de niebla pero cuando nos vamos desperdigando nos damos cuenta que no lo está tanto. Se ven las luces en la lejanía. Una empinada pendiente resbalosa, equipada con cuerdas, da acceso a una pedrera que nos lleva a unas plataformas resbaladizas. Desde aquí un estrecho sendero nos acerca a la cascada por una colada jabonosa, que tiene una cuerda, y luego bajo multitud de duchas formadas por goteos que intentamos eludir. Las excéntricas siguen en su sitio sin ningún deterioro lo que hace que me sienta mejor; estamos unos minutos ahí y luego buscamos por la galería fósil que arranca de allí mismo una zona cómoda y arenosa para comer en paz.
       Me asusta lo cerca que estamos de un accidente tonto sin darnos cuenta. Al volver a la Sala de la Cascada tras pasar las excéntricas Manrique da un salto en la zona de duchas y se encuentra de frente con una estalactita que no ha visto, chocando su casco contra ésta. Debido al fuerte impacto rebota y cae de espaldas sobre una zona mas o menos plana pero justo al borde de una vertical de tres o cuatro metros... por un momento dudo de si caerá por la vertical pero, afortunadamente, no ocurre así y podemos respirar tranquilos. Si que se resiente, del golpe, en el cuello y nota un ligero mareo al principio que se le pasa al cabo de un rato.
      Ya a las diez de la noche recalamos en el bar de La Gándara junto al súper y tomamos cervezas y colacaos acompañados de pipas y de jamón. No me siento muy satisfecho por el abultado horario pero, por otra parte, pienso que el que algo quiere algo debe pagar. Si quieres mostrar a los espes algunas cuevas interesantes habrá que tomarse con paciencia los movimientos del grupo. De todas formas esto está lleno de tías buenas lo que es una gran y agradable novedad en nuestra práctica de la espeleo. Le da un ambiente más atractivo a las actividades que cuando tenemos que soportar, solo, maleducados y rencillosos machos salidos, grupo que me incluye, a nuestro alrededor.  

         

19/3/05

A&A&A&V (19/3/2005) La Fresca & El Mostajo

 La Fresca

Durante las semanas anteriores nevó y nevó pero hace unos días salió el sol y nos entregó alguna calided. A este frío infernal le debemos una suspensión de la actividad del curso de espeleo en La Fresca. Por fin hoy, sábado 12/3/05, el cielo está abierto y vamos a La Fresca. Una actividad frenética se ha adueñado de todos los seres vivos, ansiosos por beber el sol y el calor y de, por fin, liberarse del encogimiento invernal. En la gasolinera de Solares nos entrecruzamos con espeleólogos, montañeros y gentes de pelajes extraños y lustrosos que desean subir a montañas nevadas, o persiguen esquiar de forma salvaje o, simplemente, intentan perderse entre la hojarasca ancestral.
Un demonio ha tomado posesión de mi esta mañana y ardo en la pura necesidad de actividad. Por mi boca solo brotan ironías y maldiciones y me entran ganas de estrellarme de frente a 140 por hora contra un muro de hormigón. La, frustrada, necesidad de romper alguna barrera se manifiesta en forma diabólica. Las montañas, la música y las sonrisas me hacen calmarme momentáneamente. Algunos autos, para no perderse, nos siguen y al pasar por Arredondo tenemos que volver a buscar el de Aurora. El coche de Vanesa esta parado en Arredondo pero Moisés, que va con ella, conoce la ruta.

 
La iglesia de Asón, junto al cementerio, es tomada al asalto por la tropa, que organiza una caótica escampada, profanando el lugar. Elijo la suave sombra de una casona para meter el coche de Amelia con la perra Cleo en su interior, condenada a este encierro una buena parte del día. Mientras la perra sufre su tormento, nosotros disfrutaremos la libertad del viento fresco.
El material de espeleo plantea 2345 problemas (resolubles o no). Un carburero se niega en banda a abrirse; no valen ni los golpes, ni la fuerza, ni la maña, ni tampoco el sistema del calcetín mojado patentado por Manrique. Así que es sustituido por otro. Entre unas cosas y otras se nos pasa más de una hora en prepararnos pero solo yo parezco impaciente a mis ojos. Quizás otros experimenten impaciencia también –o algo parecido- pero se lo guardan. Nos movemos hacia la cueva en grupos; en principio 4 o 5 grupos. A mi se me asigna un grupo que, junto con Moisés y Luis, esta formado por los cursillistas Vanesa, Amelia, Aurora y Alberto.


Me pregunto que hago yo de monitor de un grupo de cursillistas de espeleo. De todas formas parece un grupo divertido y vacilón. El despelote generalizado se produce, inevitablemente, a consecuencia del sofoco que sufrimos. Del puro invierno siberiano pasamos a la primavera tropical. Sudamos y sudan. Se suele decir por boca de muchos “estoy sudando como un cerdo” pero yo, que, tanto cuando era un infante como en la actualidad actual, he convivido con y observado a multitud de cerdos -reales y virtuales- nunca he podido detectar un cerdo sudoroso. Sobre este asunto se me ocurre que cuando una humana dice la antedicha frase no utiliza el genero femenino; i.e. la individua en cuestión no dice “estoy sudando como una cerda” sino que dice “estoy sudando como un cerdo”. Esta exhibición de machismo de algunas hembras de nuestra especie es hiriente para los varones y debería atajarse con medidas adecuadas. ¿No deberían utilizar, cuando sea posible, el género específico en vez del genérico “cerdo” para incluir a cerdos y cerdas? ¿Acaso las cerdas sudan como cerdos? Por otra parte debo hacer la observación de que en materia de sudores las hembras de nuestra especie sudan tanto o más que los machos.
Por fin estamos ante la boca de la cueva. Me emociono. La oscuridad y el frescor nos esperan con los brazos abiertos (....). Unos llegan por la derecha y otros por la izquierda pero todos llegan. Me entero, posteriormente, de la frustración de Manrique que, llegando de frente y tarde (con una amiga), nos ve y nos grita desde el otro lado del río Asón, pero no nos alcanza. Y entramos a la cueva; aunque esta vez no vamos en tropel como en anteriores ocasiones, sino que vamos en goteo. Los laminadores, que habían sido anunciados a los cursillistas y que algunos de ellos temían, no merecen nada más que el apelativo de divertidos. La cueva es grandona y gansa como la mayoría de las cuevas del Asón. Todo discurre sin novedad y los avisos de que vamos a pasar por una zona en la que es inevitable embarrarse no hacen mella en nadie.
Y entonces llegamos a los lodazales. Aurora y Alberto que hasta el momento se habían preservado cuidadosamente para no mojarse los pies entran a saco en el tema. Buscamos a tientas con los pies el camino menos profundo para atravesar las lagunas de barro fluido. A cada resbalón profundizamos más en el lodo. De milagro me libro de que la bota de pocero naufrague plenamente. Pero ni Aurora ni Alberto tienen tanta suerte: sus botas acaban totalmente como piscinas rebosantes de fango. A todo esto el ataque de risa está alcanzando proporciones galácticas y el maremoto del diafragma no facilita la concentración en la tarea de navegar los barros. El asunto amenaza ser mucho peor, pues tener los pies mojaos es una cosa pero caer en el fangal es el desastre total. Felizmente nadie cae entero al lodazal.
            Superado ese divertido obstáculo solo nos queda el modesto obstáculo de la Vira de la Araña para poder alcanzar nuestro objetivo didáctico: la Sala Rabelais. Como el paso de la Vira se eterniza por todos y cada uno de los aprendices de espeleólogo que sostenemos en proyecto decidimos -mejor dicho: deciden- poner en marcha una segunda opción para alcanzar la Quinta Avenida hacia la Sala Rabelais. Dicha opción es la ruta original que descendiendo, en primer término, a la galería que corta el paso en la Vira de la Araña remonta luego una serie de pesadas gateras alcanzando finalmente el Gran Atajo y el cruce con la Quinta Avenida. De una forma o de otra los espes van pasando a la otra orilla. La mayoría opta por esperar el turno para pasar la Vira. Mi contribución a la opción de las gateras es nula. Podría haber animado fácilmente a que mucha gente fuera por las gateras pero no lo hice porque me parece más seductor para un principiante la Vira de la Araña y porque yo mismo prefería ejercitar la paciencia en vez de el esfuerzo muscular.
            Al otro lado nos espera la sorpresa de la Gran Estalagmita que genera un comentario acerca de la escasez de formaciones en La Fresca y la frase “aunque esta vale por todas”. Javier, con otro pequeño grupo de cursillistas, nos sigue hacia la Rabelais pero se pierde al llegar a la zona del embudo gigante, quizás porque allí el sendero atraviesa una zona peligrosa en la que no esta claro que deba uno aventurarse y que, en opinión de algunos cursillistas, podría equiparse con una cuerda de seguro. Las cascadas están a pleno rendimiento y tenemos tanta niebla en la Gran Sala que no podemos vislumbrar sus dimensiones reales. No importa demasiado porque la imaginación funciona con destreza. En la entrada de la Gran Sala se forman amenas tertulias salpicadas de comida, bebida, chistes y comentarios que nos hacen rugir de risa pasando del verde al rojo. Los desbarres, claros o implícitos en cada palabra, burbujean como una olla de agua hirviendo amenazando con cocernos al vapor. Nos libramos de puro milagro de acabar como los langostinos.



            De vuelta a la Vira de la Araña nos aguarda la grata sorpresa de una tirolina que salva el salto entre los bordes de la galería. Al principio la miro incrédulo pero después de observar en donde están las fijaciones y de colgarme para probar su tensión concluyo para mis adentros que es fiable y que no va a haber problemas con la flecha en el punto medio. De todas formas paso por la Vira y me dedico a hacer fotos. Me llevo un susto en el Tracastín cuando Alberto resbala cerca de la grieta; pero afortunadamente no pasa nada. Vuelve a resbalar un par de veces algo más allá y obtiene hermosas culadas.
Cuando salimos de la cueva está atardeciendo y nos bajamos sin prisa, pero sin pausa, hacia Asón antes de que se haga de noche. Poco después Cleo sale de su encierro y el perro de Eric la corteja de forma muy insistente. Creo que se trata de un perro muy ligón aunque Cleo le reponde a mordiscos varias veces y por fin acaba escondiéndose en el coche de nuevo.... curioso comportamiento para una perra, aunque es normal en las humanas.


El Mostajo


Henos aquí, de nuevo, una semana después, en Solares, en un día soleado, 19/3/05, con los cursillistas desparramaos por toda la gasolinera de Solares. Alberto y Aurora han entrado a comprar comida en la tienda de la estación y se percibe su atocinamiento general, seguramente por los excesos del viernes por la noche, aunque ellos lo niegan. Pero el detalle de preguntarse mutuamente donde están sus cosas les delata a ambos. Vanesa ya se fue al Mostajo con Moisés&César que van a instalar varias líneas de descenso en la sima. Amelia aparece puntual y diligente, como buena alumna, en el punto de cita. De los breves diálogos entre espeleólogos entresaco que nadie recuerda como ir al Mostajo y que debo hacer de guía general.
La parada en el centro de Matienzo es con ese propósito pero acaba convirtiéndose en una agradable reunión en el bar tomando cafés, cervezas, zumos, pinchos de jamón y más cosas. De pronto me entra la sensación de que vamos a quedar atrapados toda la mañana del sábado en el bar y salgo precipitadamente a toda velocidad hacia la pista del Mostajo. Los demás me siguen como pueden. Donde acaba el asfalto hay una casa y aparcamos a nuestro aire todos los coches.

La mañana invita a folgar y a la charla distendida y de tan distendida que es nos distendemos nosotros mismos desparramando en la conversación pollas, culos, bragas, calzoncillos, tetas y todo lo demás que pueden imaginar sin necesidad de dar detalles. La risa llega al paroxismo, a la parálisis, al dolor de los abdominales y acaba como un volcán peleano. Todo lo dicho en esos momentos coleará a lo largo del día a base de comentarios mordaces y montaraces. Sin desperdicio.
Al cabo de un ratito estamos en la entrada de la Sima del Mostajo. César mantiene una actividad total y Moisés está entusiasmado por el equipamiento. Enseguida empezamos a bajar por las cuatro líneas que se han equipado. Cuando llego abajo, y mientras esperamos que se complete el grupo, nos damos un paseo por la zona de la izquierda según se baja la rampa de entrada. Hay coquetas formaciones. Justo frente a la rampa hay una colección de cráneos de varios animales diferentes que invitan a la tranquilidad. Los cráneos son de mucha eficacia a la hora de poner las cosas en su sitio y todos hemos visto, en películas o grabados, al filósofo o al sabio con un cráneo humano de consejero. Debemos apoyar la vuelta a esa sana costumbre. Los profesores deberían llevar su cráneo (el suyo siempre y otro de hueso) a las clases para instruir a sus alumnos. Pero, dada la dificultad de obtener un cráneo humano, en su defecto podemos utilizar cráneos de otras especies aunque, claro está, los mejores cráneos son los humanos.


Decididos nos ponemos en marcha para llegar sin aglomeraciones a la gatera clave y a lo largo del camino vamos comprobando lo bien que se lo están pasando los cursillistas con los pasajes del Mostajo. Amelia, a pesar de sus premoniciones claustrofóbicas, pasa la gatera clave en primera posición como un obús. A mi me toca ir tras Alberto. Entra muy justo donde se arrima el techo al suelo; un poco más allá donde se debe girar en ascenso a la izquierda Alberto sigue de frente por una zona que, inicialmente, parece más obvia. Por suerte le aviso de que vuelva atrás y alcanzamos sin novedad la salida de la gatera.
Son un encanto las figuritas de barro que algún manitas inglés va dejando en los puntos clave de la cueva, sitios en donde los visitantes suelen parar. Justo en donde se encuentra la ventana de acceso al pozo de 40 -que comunica con los niveles inferiores- hay un belén con estrella y todo. Aurora tropieza con el portalito y se cae la estrella. Paramos poco más allá de este punto, sacamos la comida y actualizamos los carbureros. Un numeroso grupo de cursillistas liderados por César y Moisés se nos unen. Tengo un plátano aporreado que, tras todas las vicisitudes, ha madurado y está vacilón; lo devoro sin misericordia. Aurora y Alberto sacan montones de provisiones que han comprado en la estación de servicio de Solares. Me intriga la energía devoradora de Aurora y le pregunto inocentemente acerca de su hambre y del hambre en abstracto. Pero se niega a jugar con las palabras y me sacude una respuesta heavy. Me está bien empleado por jugar con las palabras.


La sala terminal de esta galería contiene un conjunto de formaciones excepcional. Se trata de unos conos de color rojo oscuro -casi negro- en forma de estalactitas pero que están en el suelo formando unos 30º con la vertical. Dan la impresión de que se formaron verticales y que luego el suelo se inclino. Junto a estas formaciones cónicas conviven un grupo de estalagmitas romas tradicionales de color ámbar caramelo. Aun estando tan cerca, las formas, las texturas y los colores son radicalmente diferentes. Puede que sean de épocas muy distintas. Dejamos a nuestra derecha una bonita desecación poligonal pisoteada por espeleólogos españoles. Quizás me estoy pasando en la última afirmación pero cuando veo destrozos en las cuevas de Cantabria siempre pienso que son españoles los destrozadores. Al final de la sala hay un caos de bloques gigantes con barrillo por encima. Tomando el caos hacia la izquierda y por debajo de los bloque alcanzamos una cámara en que topamos con un fondo final; volviendo la mirada hacia donde hemos venido descubrimos un conjunto de excéntricas obscuras y atractivas.


A la vuelta nos encontramos a más grupos de cursillistas que forman un rosario. Algunos abandonaron el material de verticales a la entrada de la gatera clave y no han podido pasar el último pasamanos. En la gatera clave volvemos a encontrarnos con Pepe liderando a un numeroso grupo. Pepe pasa la gatera a gran velocidad. Y todos los cursillistas con gran maestría. Parecen contentos estos espes. En la gatera arenosa se oyen comentarios  asegurando que ha costado más que la clave; ahora, volviendo hacia la salida, es ascendente y eso se nota mucho en las gateras. Se nos despista Alberto durante un rato pero le silbamos su cancioncilla telefónica que es única e irrepetible. Al llegar a la rampa base del pozo nos vuelve a alcanzar. Salimos de cuatro en cuatro por las cuatro líneas equipadas. Alberto elige la que tiene la tirada de cuerda más larga y descubre lo que significa el chicleo.
Es un atardecer delicioso; una suave tarde de verano. Aurora nos dice que le ha gustado más esta cueva que La Fresca pues tiene más cosas divertidas; lo que traducido al argot significa que le va la caña. Se le puede servir una ración extra: por ejemplo la travesía Bloque-Cellagua. Incluso nos cuenta lo bien que se lo ha pasado yumareando el pozo a su aire y tranquila sin ningún molesto monitor que la supervise. El arrullo del ambiente me va dejando suave como una seda. Traspuesto. Esperamos tontamente una hora hasta que César sale desinstalado y me da un dvd que me ha traído de Madrid. Inmediatamente nos vamos al bar de Germán nos tomamos una caña con Manrique -que parece no haberle gustado la gatera clave- y despegamos hacia Solares...

20/2/05

415 (20/2/2005) Cueva 415 (Matienzo)

El domingo 20/2/2005 esta diluviando y la temperatura es, como mucho, de 5º. Tenemos un frente cabrón que descarga agua y lluvia, que posiblemente se convierta en nieve,  y que lleva varios días amenizándonos la existencia. He quedado en Solares a las nueve y media con Moisés y Luis para ir a La Codisera. La Codisera le hace ilusión a Luis. Sobre todo el oso de La Codisera. Lo que no sabe Luis es que del oso quedaba, hace más de seis años, tan solo polvo blanco y cristalino. Ahora solo quedará el recuerdo del polvo. A pesar del diluvio ninguno llama para desquedar así que a la hora acordada nos vemos en Solares. Pero Luis no ha venido. Tiene el dedo gordo, del pie derecho o del pie izquierdo, hinchado. Por lo visto el dedo gordo se le ha hinchado varias veces. Una pena. Como la Codisera es cosa para ir con Luis, repasamos algunas posibilidades de cuevas con aproximación corta: Hoyuca, Riocueva, Torcas del Picón, 415, Torcón de la Calleja Rebollo...Moisés veta, como siempre, el Torcón de la Calleja Rebollo. Parece ser que odia esta cueva. No puede ver su encanto. El encanto de una cueva comienza por su nombre y el Torcón tiene un nombre vacilón pero eso no convence a Moisés. De todas maneras al Torcón se tarda lo suficiente para acabar navegando en los calzoncillos si persiste el diluvio. Optamos por la que tiene el nombre numérico. Los paisanos tienen tantas cuevas en Matienzo que no dan abasto a poner nombres y los ingleses, muy respetuosos ellos, ponen números en vez de nombres. Ya tienen censadas, en Matienzo, unas 2200 cuevas y agujeros de momento. La elegida para hoy es la 415.
A la 415 fuí hace unos años guiado por Chuchi. Creía recordar su localización como muy fácil. De hecho lo es. Pero la memoria es selectiva y he estado en muchas cuevas después. Cuando llegamos a Matienzo no está lloviendo, aunque ya venimos medio preparados de casa con el mono interior puesto por eso del frío y de la lluvia. Salimos  del coche hacia el sur por una pista y recuerdo que se debe bajar por un prado hasta un pequeño afloramiento rocoso en cuya base está la cueva. Pero no veo claro cual es el prado. Lo recuerdo a unos minutos del coche. Entonces llegamos a una cabaña en la que hay dos paisanos y un pastor alemán que nos gruñe. Como no se pa donde tirar les pregunto si saben de una cueva en las inmediaciones que se visite a menudo y, además, les doy algunos datos entresacados de mi memoria. Entonces me agobian con una avalancha de referencias de cuevas en el entorno. Me mareo con tanta cueva. Optamos por una indicación hacia unos burros que se ven enfrente en una ladera pero no me cuadra del todo. Al cabo de un rato volvemos sobre nuestros pasos y descendemos por el prado justo bajo la cabaña hacia unos afloramientos y resaltes. Es una de las referencias del paisano. Y aquí esta la cueva. Un aguacero feroz nos da el tiempo justo para prepararnos y colarnos por el buzón que forma la entrada antes de que se abra el cielo. 

En cuanto entro voy reconociendo la cueva. Unas rampas incómodas dan camino a una sala a la que se accede por un destrepe. Atravesando la sala por una sucesión de bloques montañosos se accede a la base de una corta vertical equipada con una cuerda (la instalación es muy deficiente) que nos conduce a una serie de laminadores, gateras y pasamanos. Todo esto desemboca por un buzón inclinado en otra amplia sala. Desde aquí accedemos fácilmente a un serie de galerías y modestas salitas cuajadas de excéntricas. El conjunto total de paneles abarrotados de excéntricas es notable. Nos dedicamos con entusiasmo a visitar todo sin perdernos ni un rincón. Hay algunas excéntricas, anudadas sobre si mismas o anudadas entre sí, poco comunes entre las que conozco. Ya le gusta la cueva a Moisés aunque al principio gruñó un poco al pensar que le había engañado trayéndole a una cueva de gateras y estrecheces. Y es que Moisés siempre cree que le quiero llevar a algún sitio tipo Gaterópolis ó Vietnamita ó Chocolate Slice en el Torcón de la Calleja Rebollo. Y, aunque no sea así, siempre sospecha de mi. Y el mismo me reconoce que el rendimiento bellezas/arrastradas de esta cueva es alto.

De vuelta en la sala proseguimos por una gatera algo cutre que nos lleva, pasando por zonas de excéntricas, a una serie de rampas. Estas rampas nos conducen al nivel del techo de una Gran Sala con un caída de agua a la izquierda que atravesamos diagonalmente. Entramos en otra sala por un destrepe y luego a mano derecha en otra más grande. Al fondo de esta última sala nos movemos bajo unos bloques para acceder a la cabecera de un pequeño pozo que no bajamos. Luego, ascendiendo por una rampa embarrada y trepando entre unos bloques con habilidad, visitamos una amplia sala circular ciega. En el camino de vuelta a la Gran Sala nos desviamos a la derecha por una bella galería tipo Asón que vamos recorriendo con detalle hasta que observamos una flecha que indica una pequeña galería lateral a la izquierda. Nos dejamos todo y nos metemos hasta que una gatera en zag nos conduce a la cabecera de un pozo. Moisés espera y yo vuelvo a por la cuerda y el material incluido mi arnés. La instalación de la cabecera resulta incómoda y mientras Moisés la realiza yo tengo casi todo el cuerpo en la gatera y la cabeza sobre el pozo. Al llegar al primer fraccionamiento Moisés encuentra un parabolt que se parte al tratar de desenroscar la tuerca. Como no hay posibilidades de sustituirlo por otra cosa optamos por salir tranquilamente. Le damos al palique, hablando de la organización del cursillo y en especial de las cuevas más recomendables para iniciar a los cursillistas. Ambos coincidimos en que la Torca del Mostajo da más juego y tiene verticales más interesantes que la travesía Solviejo-Rayo de Sol. En esta última hay un pozo con una cabecera extremadamente estrecha que para alguien con experiencia puede estar bien pero para los que se enfrentan por primera vez a pozos no es divertido. Entre otras cosas no se les puede surpervisar y ayudar por falta de espacio mientras que el Mostajo permite, si hace falta, montar una cuerda paralela. Además el pozo de entrada a Solviejo no es nada elegante. Y encima hay que revisar todo de antemano para saber el estado de los anclajes.

  
          Con toda esta charla nos plantamos en la salida de la cueva con un amable aguacero esperándonos para limpiarnos todo el equipo. Al mirarnos el uno al otro, ya al lado del coche, nos damos cuenta de que la cantidad de mierda que llevamos encima es demasiada para que un simple aguacero cantábrico pueda limpiárnosla. Mientras intentamos cambiarnos el frío nos atiza con dureza así que me meto en el coche con el mono interior de espeleo. Pongo música y me relajo pensando en una bañera de agua caliente y una cena genial. Ahora es cuando empezamos a disfrutar la espeleo. Mientras tanto ya hemos agotado el tema del cursillo y ahora hablamos de las taladradoras y de lo bien que está quedando la Hilti pesando la mitad, ocupando la mitad y preparada para baterías exteriores. Seguro que le vamos a sacar un buen rendimiento y que todo el grupo se va a entusiasmar con las exploraciones de este año...¿a que sí? ¿o me equivoco quizás...? No estoy seguro.
 

5/2/05

576 (5/2/2005) Torca de Papa Noel

El sábado 5/2/2005 Moises , M.A. Manrique  y yo. Esos tres somos los que nos vimos ayer por la tarde en la reunión del club junto a otros muchos que hablaron de organización del cursillo. El cursillo motiva a la gente de este club y de otros clubs. Es un cursillo para iniciar a la práctica de la espeleo. La práctica de la espeleo no motiva tanto. Pero si la iniciación a la práctica de la espeleo para otros. La paradoja es que aquello que apenas motiva ya, a nivel personal, si llega a motivar para que otros lo conozcan y lo practiquen. Llevar a personas que no conocen una cueva que tu has visto muchas veces te permite volver a vivir a través de los ojos de los demás el asombro del descubrimiento. La pena es que no nos asombremos perpetuamente del misterio que nos rodea. En un libro, que algunos quizás conozcáis, el brujo yaqui D.Juan le dice a su aprendiz Castaneda, antropólogo cabeza cuadrada, “el mundo es un misterio” y “lo más mágico es como conseguimos verlo como algo familiar todos los días”. Lo que nos pasa en las cuevas, también nos pasa en el día a día a casi todo el mundo. Sin embargo el cursillo nos ilusiona. Nueva gente nueva vida. Pues bien, en ese ambiente me sorprende M.A. Manrique Ordax diciéndome que se viene de espeleo mañana. Manrique hace tiempo que no va de espeleo. Lo último que hizo, aún era verano, fue Valporquero-Sil de las Perlas. Pero está verdaderamente animado y quedamos el sábado con Moisés en la estación de Solares a las nueve y media. Hasta que no veo a Manrique en Solares no acabo de creer que va a venir. Otras veces le han ocurrido mil desgracias e imprevistos que le han impedido aparecer después de haber quedado. O nos ha obligado a esperarle largamente. Pero esta vez no hay duda: Manrique está aquí cinco minutos después de la hora oficial. Cojonudo.
Moisés nos ha convencido con facilidad para ir a la Torca de Papá Noel en Matienzo. Es un torca que pertenece al Sistema de la Vega Sur. Parece ser que conecta por galerías con Azpilicueta. Me hace ilusión esa torca; la zona siempre me ha atraído por lo misteriosa. Ninguno sabe donde está la torca pero tenemos la topo, las coordenadas de la entrada y una descripción traducida por Google del inglés al castellano que nos sorprende por su esperpéntica creatividad. No tiene desperdicio:
La entrada está en una depresión muy pequeña que contenga un apretón excavado debajo de las rocas que cubren la tapa de la primera echada.  El cuidado se debe tomar como la tapa del eje es flojo y se encuentra inmediatamente después de culebrear debajo de las losas de la entrada.  La echada de los 20m inicialmente más allá de dos repisas y entonces aterriza en inclinarse, piso derramado escombro que contiene varios esqueletos animales.  (hay un hilo de rosca para aparejar al lado de la entrada y de un perno enfrente de, con un segundo en el superficie inferior de la roca más grande que cubre el eje, con un perno rebelay cerca de los 6m abajo).  Está descendiendo la echada de la entrada, se considera un nivel superior obvio que puede ser alcanzado subiendo cualquier extremo de la cuesta que el eje de la entrada aterriza adentro - abajo de la cuesta el más fácil.  El The "compartimiento superior" en el pie de la echada de la entrada contiene mucha calcita sin manera evidente encendido.  En abajo el extremo de la cuesta, la segunda echada desciende abajo a través de un canal pequeño cortado en una grieta hading que sea torpe en lugares y sea difícil de aparejar limpio.  Sobre, la evidencia de una subdivisión más grande de los pasos se considera pero todavía no se ha subido en.  El cuidado se debe tomar en el extremo de la grieta después de que los cerca de 40m como el agua desaparezca abajo de una gota grande.  La manera encendido es arrastrarse alrededor a la izquierda y descender cuidadosamente una cuesta deslizadiza para parte manera encima de una rampa los 30m larga de la calcita - el cuidado debe tomarse de nuevo y abajo y se recomienda una cuerda.  En la tapa de la rampa hay una echada quebrada de el cerca de 15m que es la manera encendido a los niveles más bajos.  Una subida floja encima de la pared izquierda sobre la echada gana el compartimiento increíble los 20m ancho. (por lo visto Moisés prefiere esta traducción que el original en inglés)
Moisés tiene un GPS chachi regalo navideño de su novia. Su novia es un encanto que acepta un novio que desaparece bajo tierra a menudo. Una chica modelo como deberían ser todas. Un portento. Pero volvamos al monotema principal. Mientras yo conduzco, Moisés, ayudado por Manrique, trata de introducir las coordenadas en el aparatito: VN5089(5)9502(7) Altitude 445m. Pero el aparatito le da error como quien no sabe de que va la cosa. Y es que los inglesitos tienen que hacerlo todo todito al revés que los demás. Marcar la diferencia. Si los demás pesamos en kilos y gramos ellos lo hacen en libras y onzas; si los demás medimos en metros, kilómetros y centímetros ellos en yardas, pies y millas; si casi todo el mundo conduce por la derecha, ellos por la izquierda; y si , en general, todo el mundo utiliza las coordenadas UTM ellos proponen las VBN u otras siglas parecidas. Tras una pelea de media hora el GPS reconoce por fin la posición y hace una estimación razonable de la distancia y de la orientación. Nos ponemos muy contentos.
Llegamos a Seldesouto y nos preparamos en la congelada mañana invernal. Manrique tiene problemas con la apertura de su carburero. Ya le ha pasado unas cuantas veces. Seguramente se trata de su fosilización por falta de uso. Sin embargo nos sorprende con una técnica para abrir carbureros encastrados muy original y práctica. Se moja un calcetín y se rodea al carburero con el calcetín mojado. Se consigue con ello una adherencia mejorada que permite aprovechar mejor la fuerza del torque. Y funciona. Enseguida, con la subida, nos calentamos. Pasamos cerca de Azpilicueta y el GPS indica unos 800 metros al Este. Al cabo de un rato llegamos a un depresión en la que hay un agujero que sopla y que coincide, más o menos, con la descripción (¿?). Nos extraña no ver marcas de paso en la gatera de la entrada. Moisés entra a echar un vistazo y al poco sale diciendo que no cabe y que le parece imposible, o casi, pasar por ahí. Como el GPS puede tener error nos dedicamos a inspeccionar en un radio de 100 metros todos los agujeros posibles. Pero no encontramos nada. Desesperado decido entrar de nuevo a ver el agujero. Moisés tiene toda la razón: por allí no hay quien quepa. O bien esta no es la torca de Papá Noel o bien los ingleses tienen una lombriz amaestrada. Nos quedamos chafados pensando en qué es lo que puede andar mal. De pronto Moisés se da cuenta de que ha introducido un dígito erróneo en las coordenadas!!. Al reintroducirlo correctamente el GPS nos indica 200 metros hacia el sudoeste. Recogemos y en un momento llegamos a un pequeña depresión: allí está por fin la torca de Papá Noel.
Han puesto unas tablas para tapar el agujero y sobre estas unas piedras. En cuanto quitamos toda esta morralla aparece una vertical, mitad de tierra mitad de roca, que conduce a una estrechez bajo una losa. Allí está la primera fijación, un spit en el techo. Instalo la cabecera en dicho spit reasegurando en una oreja de roca y desciendo a una amplia repisa para enseguida caer directo hacia el pozo. Encuentro un spit y un parabolt, demasiado cerca uno del otro (5 centímetros), y me pongo a instalar. El spit no permite roscar más de la mitad pues está lleno de tierrecilla cristalizada. Miro el parabolt con esperanza. Pero enseguida me doy cuenta de que este parabolt está mal puesto y que da vueltas loco. Lo muevo fácilmente girando y afuera-adentro. Intento sacar la tuerca para meter una chapa ya que un parabolt horizontal en roca madre, aunque se mueva, es casi imposible que se salga. Pero el parabolt gira solidario con la tuerca y al cabo de un rato de intentarlo desisto. Como no estoy dispuesto a abandonar decido instalar solo en el spit fraccionando muy corto la cuerda. Así lo hago y Manrique me sigue; pero Moisés considera demasiado arriesgado colgarse de un spit medio roscado + un spit en techo + una oreja de roca quebradiza y decide no bajar. Quedamos en realizar una inspección de, más o menos, una hora ida y vuelta. Con la cuerda que sobra del primer pozo conseguimos instalar una serie de resaltes en una grieta que es la única continuación posible. Visitamos una serie de salas y de rampas además de la cabecera de otro pozo que es la continuación hacia los niveles inferiores. La torca, hasta donde la hemos visitado, es interesante pero no demasiado bella. Quizás más abajo contenga otros atractivos.
           Salimos al helado ambiente y charlamos de los caracteres de cada uno de nosotros; comparamos la diferencia de visiones: donde existe una remota posibilidad de accidente uno ve algo inaceptable mientras otro ve algo asumible.  Quizás sean solo cuestiones de 5, 7 y 6 pero determinan el color con el que vemos la realidad (por cierto ¡la realidad! ¿y eso qué es?). Bajamos al bar de Germán a tomar unas cervezas y a Manrique le gusta tanto el ambiente que decide venir al día siguiente a comer cocido. Le pregunta a Germán por los horarios y todo tipo de detalles. Mantiene una animada charla con él. Manrique se enrolla sobre el tema del cocido. No se si al final vendrá a comer cocido. Pero nosotros volvemos a Solares.      

15/1/05

Como Aviones (15/1/2005) Cueva Fresca

El sábado 15/1/2005 Moises , su hermano Luis, César y yo nos movemos desde Solares hasta Asón en el coche de César. Desde luego hay que reconocer que César tiene ganas de conducir y buena actitud ya que, cuando salgamos de La Fresca, el se va  con su nuevo carrito a Madrid para llegar la misma noche del sábado (seguramente tiene una poderosa razón que le espera en Madrid). Yo suelo bromear con César acerca de la capital preguntándole como le va en el infierno; pero hay que reconocer que su adaptación a Madrid es excelente. Posiblemente mejor que la que yo pude lograr en los 26 años que viví allí. En realidad César ya tiene cara de madrileño y razona como un madrileño; pero, ¿cómo razona un madrileño?. Bien, si lo deseais os pondré ejemplos de cómo funciona la mente de un madriles típico: cuando un madriles anda por las calles de su ciudad siempre va calculando como avanzar entre la circulación esperando lo mínimo en los semáforos; si hace falta se hecha una carrerita y hace frenar a algún coche pa no tener que esperar un par de minutos. Los movimientos en los transbordos de metro son rápidos para no perder un posible convoy y si esta llegando alguno se corre y se entra lanzado antes de que se cierren las puertas. Todo lleva un periodo mental de planeamiento. Es muy ilustrativo: si piensas que ir al cine en Madrid consiste en acercarte al cine, sacar una entrada y ver la peli estas soñando. Madrid requiere un  proceso para ver una peli y debes dedicar varias horas a ello.  A consecuencia de todo esto las personas que viven en Madrid se transforman con rapidez. César ha completado su transformación. Quizás el no lo sabe aún pero es así. Por otra parte está Moisés. Y su hermano Luis. A Luis no le gusta estudiar y ahora esta aprendiendo fontanería en Cabezón de la Sal. La fontanería está muy relacionada con la espeleología. En ambas se trata el tema de desatascar y desobstruir. Además en las cañerías se forman depósitos de cal similares a los que se forman en las cavernas. y de vez en cuando entran en carga los sifones y no dan abasto. Para cualquier espeleólogo la fontanería de su carburero es esencial y conlleva profundos estudios que no siempre acaban con éxito.
Como os estaba contando nos dejamos caer por Asón con cierto ambiente de sur y los colores nítidos. Por la Iglesia no había nadie, pero cuando estábamos acabando de prepararnos paso una pareja de excursionistas con su hijo adolescente. Hacía un año que no transitaba por el camino del valle y los tubos de PVC siguen todavía donde los dejaron. En principio los tubos estaban destinados a la captación de agua potable desde el Alto Asón pero, no sabemos si por desidia o porque no han terminado las obras aún, los tubos están allí tirados. Subimos entre bosque de carrascas hasta la doble boca de la Fresca (observo que a pesar de la experiencia los espeleólogos siguen poniéndose el mono de nylon para subir cuestas; se trata de sufrir en plan morbo). Me quedo el último y dejo que me esperen pues el cuerpo me pide hacer todo con calma. La Fresca te regala con un par de arrastradas para abrir boca pero en un momento salimos a galerías agradablemente altas y amplias. Nos maravillamos de lo hermosonas que son las galerías de la Fresca; alguien comenta –no sé si César o Moisés- que se formaron en épocas de lluvias tropicales. No sé cuando se formaron pero son magníficas. El pasamanos del Bloque 56 y del Tracastín están bien equipados. La zona fangosa está con tanto fango como siempre pero las huellas hacen que no sea tan complicado pasar los charcos más profundos. Aún recuerdo algún caso de espeleólogo que ha perdido la bota metiendo la pata en el fango. La Vira de la Araña esta muy bien equipada también, aunque las cuerdas resbalan que da gusto, y la zona del Gran Atajo nos lleva con la lengua fuera hasta el Cañón Rojo.
El tránsito por el Cañón Rojo no es precisamente sencillo y a pesar de que ya he estado cuatro veces por la zona intermedia tengo que pensar por donde hay que seguir. Al cabo de un rato llegamos al pozo que hay que instalar para cambiar de nivel en el Cañón. Rodeo un bloque con un lazo de cuerda del tamaño de un búfalo y desciendo unos diez metros en rampa y desplome hasta la cabecera, equipada con dos spits, de un pequeño pozo. La cuerda roza en una zona arcillosa y húmeda pero como las distancias son escasas el roce es despreciable. Durante el descenso de mis compañeros caen abundantes piedras que se acercan hasta donde estoy refugiado. Una piedra más atrevida me obliga a dar un salto y me pego un golpe genial en la espinilla. Veo todas las constelaciones y galaxias y llego a pensar que no voy a poder caminar. Al poco tiempo se me pasa y llegamos a un final aparente del Cañón Rojo en que techo y suelo arenoso se juntan. A mano izquierda encontramos el comienzo de una gatera que se convierte en un perfecto laminador entre grandes lajas planas que nos acaba vomitando por las fauces de un cocodrilo repleto de pequeñas estalactitas como dientes. Cargamos agua de un pequeño charco y, caminando un poco más, alcanzamos una gran sala que marca el final del Cañón.
El motor que ha movido esta incursión es la ambición, sobre todo de César y Moisés, de encontrar continuaciones donde otros (los franceses) se han estrellado reiteradamente. Digamos que nos mueve una ambición espeleológica sin medida. Hay tres asuntos pendientes, aquí, en el final del Cañón Rojo: la tolva, la desobstrucción entre boques y las galerías colgadas. Nos sentamos a comer a mano izquierda según se llega a la sala y nos damos cuenta de que hay pelos de cristal en el suelo entre las piedras. No son tan largos como los de la Rubicera pero sí muy abundantes. Solo los he visto en estas dos cuevas. Nos dedicamos a hacer un murito de cantos para indicar su presencia y protegerlos. Primero subimos a la tolva por la pedrera. El paso estrecho inicial ya ha sido ensanchado dando seguridad; da acceso a una salita dominada por una chimenea llena de bloque empotrados. Seguir por aquí es trabajo estilo titanes. Luego le lanzamos un vistazo a las galerías colgadas; hay una muy evidente y fácil de alcanzar con una sencilla escalada: es objetivo claro. Y luego esta la desobstrucción en proceso; aquí sopla un ciclón y hay algo gordo al otro lado. Merece la pena hacer el esfuerzo de intentarlo. Creo que volveremos, pero no hay que olvidar que todo esto solo puede hacerse con un amplio equipo de piraos. Donde encontrar los piraos es otro asunto diferente, ya que en nuestro club solo abunda la gente cuerda y hedonista. Pero la historia esta llena de ejemplos de piraos solitarios que han arrastrado a un gran masa humana cuerda al abismo. Quizás todavía quede alguno de esos en el SCC y consiga contagiar a los demás.
             Volvemos como aviones hacia la salida. Solo que en el pocito yo me duermo una siesta de gavilán mientras espero el grito de libre para ascender. La versión de Moisés es que dio el grito pero según los que estábamos abajo no lo dio. César quiere empezar su vuelta a Madrid a una hora razonable: la de las lechuzas. Anochece cuando llegamos a Asón. La estrellas están fuera y los búhos nos observan. Pasa un avión a diez kilómetros de altura. La mayoría de los pájaros ya duermen. El Puerto de Alisas se queda atrás y hay campos de nubes hacia la costa. En Solares el ambiente es festivo y cada mochuelo se va a su olivo.         

8/1/05

Sapos (8/1/2005) Torca de la Luna Llena

El 8/1/2005 Moises nos convence para llevarnos a la Sima de la Luna Llena. La sima esta en la zona de Udías y hay que ir por unas carreterillas desde la salida de la autovía de Cabezón de la Sal. Aparcamos en una zona húmeda y barrosa. Creo que estoy algo deprimido. Quizás la zona contribuye a ello. Eucaliptales y pistas. Me recuerda la cantidad de veces que hemos andado por la zona de Oreña a Novales prospectando nuestro querido Sistema de Oreña & Rosneras. Y creo que estoy cansado de este paisaje. Seguramente por los eucaliptales. Pero Moisés está entusiasmado con la Torca de la Luna Llena y canta todas sus virtudes. La verdad es que el camino hasta la Torca se hace sin problemas, aunque vamos algo rápidos para mi gusto, y que la boca es atractiva.
Hay una rampa inicial que se despeña en un amplio pozo. Una repisa rodea la continuación que es un pozo todavía más amplio. Aterrizamos en una zona de piedras y bloques que presenta una fisura impenetrable aspirando aire y continuamos por un hermoso pozo al que se accede por una rampa de piedras. Desde la base de este pozo entramos en un meandro que se desfonda en otro bonito pozo regado in crescendo según vamos bajando. Moisés instala el pozo y  cuando llega a una amplia repisa me dice que me reúna con el. El sigue instalando para evitar roces y agua y por fin llega hasta el fondo de lo explorado y me llama para que baje. En resumen creo recordar que hemos bajado 4  pozos (5 si se cuenta con la repisa del último) de entre 25 y 40 metros. Nos estamos mojando los dos como sapos, y más nos vamos a mojar al subir. A mi me toca desinstalar. Salimos hasta la fisura que aspira y trabajamos un rato en la desobstrucción mientras lo permiten las baterías. Finalmente desequipamos todo y salimos al fresco. La vuelta la hacemos al atardecer. Nos damos cuenta de que la continuación en la parte más profunda de la sima es muy posible con una desobstrucción no complicada y que esa continuación llevaría con seguridad a la cueva de Udías. Pero la sima está imposible en invierno; hay que esperar al tiempo seco. Volveremos.