15/9/07

Penélopes (15/9/2007) Alto del Tejuelo


Podía ir a la travesía Buena/Bortal -que estaba esperando hace tiempo-, a explorar en la CA-32 -sima guapa y prometedora-, de espeleo con una par de amigos que querían salir y, por supuesto, también podía mandar todos los planes al cuerno y quedarme en casa soñando y leyendo...
Estuve jodido parte del jueves y también el viernes. La sobreabundancia de planes me corroía las entrañas. Me vino a confirmar lo que ya sabía desde hace siempre. Elegir supone renunciar a las posibilidades no elegidas. Y entonces hay que soltar lo que no vamos a vivir. A algunas personas, si son maestros en el arte de la vida, les cuesta menos que a otras. Me parece que el camino de la libertad es más difícil de lo que pensamos. Tengo un amigo que siempre tiene tres o cuatro planes para realizar. Hace poco le recomendé que se triplicase. Pero entonces querría hacer en vez de tres o cuatro doce o dieciséis planes. Y así sucesivamente. La solución a esta horrenda cadena de planes la tienen los maestros zen desde hace mucho, pero... te estás desviando demasiado de los intereses de tus lectores. Sigo pues con la lineal crónica espeleológica.
Decidí ir a explorar en la CA-32 y quede con Manu, Pedro y Lolo  -estos dos últimos miembros del SECJA-  para el sábado.

uno
Con elegancia no disimulada me fui de mañanita con Manu para San Roque y a las nueve y media nos encontramos con los compañeros del SECJA en el bar del camping. Nos enseñaron una topografía actualizada de la CA-32 y, como siempre, muy bien realizada. La propuesta de exploración consistía en hacer dos equipos de dos personas para trabajar en dos objetivos distintos:
a)       escalar, en el nivel de las galerías fósiles, una ventana que quedaba pendiente y
b)      seguir con el meandro descendente que habíamos descubierto en la incursión del mes
de Julio. Opiné que era mejor concentrar todos los recursos humanos y técnicos (cuerdas, taladradora, mosquetones, chapas y equipos de burilar) en continuar la exploración del meandro y si éste no daba más de sí volver a por la escalada.
Durante el ascenso al valle de Bordillas sudamos el mono interior a fondo. Un rato que fuimos a campo traviesa y a toda pastilla me cagué en los muertos de todo bicho viviente. El calor reblandeció los sesos de todos los participantes e hizo que Lolo y Pedro se empeñasen en ubicar la sima antes de tiempo. Por suerte recordaba un dato clave e inapelable: el gran tronco de haya caído en un prado entre las grandes agujas de lapiaz. La imposibilidad de olvidar ese lugar mágico me permitió señalarles el ansiado agujero.
A primeros de Agosto habíamos recibido un mensaje de Juanma avisando que el pozo de entrada tenia una cuerda que se acababa antes de tocar fondo. Lolo entró el primero a completar el equipamiento -que ahora empezaba por la esquina sur para evitar el sol directo sobre la cabecera del pozo-. Como la cosa se estaba prolongando demasiado me eche una siesta en la que, por unos instantes, perdí la noción del tiempo. Una hora después todavía seguíamos tumbaos en la hierba. Lolo necesito utilizar una de las dos cuerdas largas (¿40 o 50?) que llevábamos. Finalmente dio luz verde y fuimos entrando en rápida sucesión Pedro, yo y Manu. Debido a la garrulez general generada por la espera Manu y yo nos retrasamos “un poco”. Volvimos a reagruparnos con el resto de compañeros tras el paso del Cortafríos en la cabecera del pozo grande.
Cuando me vine a dar cuenta Pedro se había enzarzado con la escalada de la ventana y Lolo estaba entusiasmado. Iban a necesitar una cuerda y la taladradora. Apenas protesté pues calculé que tardarían menos en acabar la escalada de lo que Manu y yo en clavar todos los spits del comienzo del meandro y del primer pozo. Pero me equivoqué por completo. En poco tiempo instalamos la bajada al nivel intermedio del meandro. Solo necesitamos un anclaje natural en cabecera y un spit para completar un sencillo pasamanos y, simultáneamente, equipar la bajada de un resalte de tres metros. En la cabecera del pozo un anclaje a una robusta estalagmita permitió ahorrar tiempo y material. Luego metí un primer spit, más o menos a nivel, para acercarme a una caída limpia para la cuerda. Iba a comenzar el agujero del segundo spit cuando le dije a Manu que fuera a por más cuerda (la que tenía no alcanzaba el fondo del pozo)  y a por el taladro. Acabé de colocar el spit con los brazos doloridos por la retorcida postura y me puse a esperar. Cuando llevaba un largo rato esperando empecé a inquietarme. Volví hacia donde estaban los compañeros con un humor endiablado. Me encontré a Lolo encaramado a unos diez metros de altura y con trabajo para rato. Además seguramente no pensaba bajarse hasta acabar. Me tome una barrita energética y el trozo de empanada que me había sobrado de la comida y me fui con Manu a hacer fotos en la bonita galería fósil. Hicimos unas cuantas bastantes y al volver Lolo ya estaba preparándose para bajar. El resultado de la escalada fue una corta galería que daba acceso a un par de ventanas sobre la galería principal  y poco más. Cuando miré el reloj se me quitaron las ganas de volver a bajar al meandro. Pero Pedro y Lolo estaban dispuestos a rentabilizar al máximo su incursión en la CA-32. Es comprensible sabiendo que vienen desde Madrid. 

dos
Se fueron hacia el meandro y Manu decidió seguirles pero yo preferí subirme con calma a pesar de la curiosidad que sentía por la continuación. El ascenso se me dio bien y en el pozo de salida me tomé un rato y, por encargo de Lolo, dejé el montaje de cuerdas reducido a una única cuerda de arriba a abajo. Eran las diez y pico cuando me puse placidamente a escuchar los sonidos del bosque. Durante un rato dos cárabos estuvieron rondando por los alrededores. También escuché el aleteo de murciélagos cuando pasaban rasantes y casi al alcance de la mano. A las once y media apareció Manu maldiciendo en arameo. Me dijo que iba a pensarse lo de bajar a simas jodidas. Hasta las doce y pico permanecimos a la espera, pero nos dimos cuenta de que si se habían enganchado a explorar podíamos esperar sentados o mejor tumbados. Así pues iniciamos la vuelta siguiendo siempre las mejores sendas entre el bosque, las cabañas y los prados aunque Manu desconfiaba de todas las sendas. Por el camino “descubrí” dos cuevas utilizadas por los pastores y entré en una de ellas hasta un coqueto laguito. A la una y cuarto estábamos en los coches. Esperamos tumbados en los asientos y mecidos por la música de Atmósferas en RN3 hasta más allá de las dos de la madrugada. Les dejamos una nota y nos fuimos a casa.
Reseña telefónica del día siguiente: Pedro y Lolo bajaron en el meandro el primer pozo, ya instalado, y avanzaron conservando la altura hasta una zona en que el desfonde se hacía peligroso. Instalaron un segundo pozo de altura similar al primero para alcanzar el curso activo del meandro. Siguiendo el curso del arroyuelo avanzaron “bastante”, creo que solo Pedro, por una zona estrecha y sinuosa hasta alcanzar un resalte de cuatro metros desde el que se podía ver una cómoda continuación. Pero ya no tenía material.
Pedro y Lolo salieron de la sima a las dos y media de la mañana.    

8/9/07

Triple Silencio (8 y 31/8/2007 y 8/9/2007)

Aeropuerto de Santander: nadie se dio un ostión de puto milagro. Alguien se había dedicado a comer plátanos a discreción y a dejar las cáscaras en lugares estratégicos. Como si fueran bombas de la ETA, las cáscaras de plátano en el lugar adecuado puede producir una catástrofe sin precedentes.  Conozco a un tipo que cascó por un resbalón sobre una de ellas. Su familia interpuso una demanda por homicidio. Me encantan los plátanos machacados con una galleta y un poco de zumo de limón. Mi mama me los daba para merendar (y para desayunar) muy a menudo. Y me enseñaba a no tirar las cáscaras de plátano en las calles de Madrid.
El avión llegaba a la hora prevista. Las nubes me apretaban demasiado la sandalia y tuve que despojarme de la gorra. Cuando lo sopesé, el enorme petate -sobrecogedor y bestial-, casi me aplasta pero el azafato de facturación trago de forma encantadora con Mavil y no le cobró el sobrepeso. Esos azafatos y azafatas encantadores escasean en la mayoría de líneas aéreas. En general se trata de gente que esta hasta los huevos de inflar los chalecos salvavidas para entretener a los pasajeros durante el despegue y de pasear carritos llenos de bebidas y golosinas por el estrecho pasillo del avión. Y que no se tengan que cruzar cuando empujan el carrito, lleno hasta los topes de objetos inestables, con una gorda a la que le ha dado un apretón y corre con urgencia hacia el lavabo de la parte trasera del avión. Se trata de una situación patética y muy corriente, joder.  


ocho
Mavil venía a hacer espeleo desde Murcia. Era miércoles y había que hacer honores al invitado, así que elegimos la cueva del Gándara. Ahora me vais a disculpar, pero de esa cueva siempre saco un gran revoltijo mental que a duras penas puedo sacudirme de encima. Como una borrachera cósmica. Puede que sea la puerta de entrada a un mundo cuyas constantes físicas son diferentes a las de éste. Por ejemplo: la molécula de agua -que debe gran parte de sus propiedades disolventes a su fuerte polarización- en ese otro mundo del Gándara se convierte en una molécula lineal con los centros de cargas superpuestos. Así nada puede seguir encajando en su sitio usual. Los recuerdos vienen a ráfagas como una película que hace tiempo vi -creo que se titulaba “Memento”-; no sabes si un recuerdo precede a otro o viceversa. Con las ubicaciones sucede lo mismo, lo mismo te da estar en la Sala del Ángel que en cualquier otra, colgado de una cuerda que arrastrándote por una gatera arenosa, en un reducido laminador que en un meandro desfondao. No hay manera de hilvanar un relato. Los colores cambian y las paredes se ven azules donde deberían verse amarillas y rojas donde deberían verse negras. La dulce voz de una damisela se parece a un aullido electrizante y los susurros reverberan en las gateras.
Finalmente, después de unas doce horas de tiempo estándar medido en un reloj, salimos de nuevo a este mundo de interpretaciones comunes y empezamos la marcha hacia casa. Como era demasiado tarde para esperarse a una incierta cena casera paramos en el restaurante del bar Coventosa y nos pusimos moraos.






treinta y uno
De nuevo fuimos a la Red del Gándara pero esta vez éramos tres y no dos: Miguel, Mavil y yo. Quedamos muy temprano. Optamos por otra entrada varios kilómetros al oeste de la anterior. El día era fresco y nuboso. Las nubes se pegaban a las cumbres del Valnera y el Veinte. El paisaje, impresionante, fantasmagórico y misterioso me hacia conducir con mucha cautela las revueltas del Puerto de Lunada.
El objetivo era conocer más la cavidad pero lo único que pude sacar en limpio fueron ambiguas sensaciones. Posiblemente conocimos algunos lugares nuevos pero de nada me sirve sin recuerdos mensurables. Solo puedo reportar sensaciones:
Había un lugar que producía una claustrofobia nefasta.
Hubo varios sitios en los que estuvimos a punto de perdernos.
Más tarde estuvimos en otro lugar en el que no sabíamos hacia donde ir.
Y otro en el que no había manera de descender a un río que veíamos en un nivel inferior.
Creo que también localizamos un punto característico y determinable.
Al salir, unas diez horas más tarde, había más nubes y estábamos mucho más cansados que al entrar. Hacían menos de 10ºC. No entraba en mis cálculos el mogollón mental de la Red del Gándara. Me da que podría ser de efectos retardados como el Triángulo de las Bermudas. Miguel, por precaución para arrancar, había dejado el coche mirando cuesta abajo. Incombustible e insaciable se fue a preparar más actividades deportivas al aire libre para el día siguiente. Mavil se vino a mi casa y se tiro durmiendo mas de la mitad del domingo.






ocho
Por tercera vez nos vimos en la Red del Gándara; esta vez los compañeros que se acompañaban fueron Mavil, José, Manu y yo -en total éramos cuatro como podéis observar- y la entrada utilizada fue la única cómoda que se conoce. Nuestro interés era el de siempre. Como se trata de una cueva con más de 80 kilómetros de desarrollo conocido si te esfuerzas lo suficiente siempre puedes descubrir algo nuevo. Sin embargo también sacamos la misma empanada mental que las veces anteriores. En la cueva alcanzas un estado alterado de conciencia en el que se funciona mentalmente de una forma distinta -la forma particular y peculiar de la Red del Gándara- pero al salir de la cueva se pierde ese modo de estar. Sin ese estado mental los recuerdos son inaccesibles, como los recuerdos del nacimiento: todos los tenemos y sabemos que están ahí pero, usualmente, no podemos recordarlos.
Visitamos un lugar al que bautizamos en nuestro argot privado como La Joya. Me dedique a hacer todas las fotos que me dio la gana ya que mis compañeros se dejaban engatusar con suma facilidad. Como tonto de pueblo, para cada foto tenía que pararme a pensar la manera  de utilizar a los actores y la forma de usar los flashes. A veces alguno se hartaba de tanto rollo y salía huyendo o le entraban las prisas. Pero en general se portaron como es debido.
Unas diez horas después de entrar a la cueva volvimos a salir al mundo mundial. Me sentía cansado pero, si lo pienso bien, podría haber sido bastante peor. Cada uno se fue a su casa casita.




25/8/07

Demonios (25/8/2007) Cueva Fresca

uno
como si todo fuese a contrapelo, al despertar no me sentía bien. La noche anterior esperé, en vano, la llamada de dos amigos con los que había quedado en hablar el viernes. Tuve que llamarlos yo. Recordé que esto es típico en Santander.
eso y una sensación general de pesadez en el ambiente -como si yo quisiera ir más rápido que los sucesos-  me fatigaron antes de llegar a Solares. Algo después me llamo Julio para decirme que se retrasaba. Pasadas las diez llego acompañado de Encarna. Como tenían que volver pronto y yo me quedaba con Mavil nos fuimos en dos coches. A mitad del ascenso del puerto de Alisas me entere que por allí no íbamos a poder pasar de ningún modo. Había una carrera de coches. De pasada Julio tuvo un pequeño accidente y yo estuve a punto de verme implicado en otro. Así que tuvimos que dar la vuelta por Ramales. Recogí a Mavil y a su despliegue de efectos, que había estado acampado cerca de La Gándara, y me junte con los restantes compañeros en la iglesia de Asón. A las doce pasadas pudimos emprender la marcha hacia la Fresca, y era cerca de la una cuando nos disponíamos a entrar Julio, Encarna, Mavil y yo.  Mientras se ultimaban los preparativos me relaje haciendo fotos. 
dos
hacía mucho tiempo que no entraba en la Fresca y traté de encontrar un nuevo objetivo que me ilusionase. Encontré dos: primero visitar todas las galerías secundarias y menos secundarias -desconocidas para mi por recorrer siempre la ruta hacia la Sala Rabelais como un robot-. Y, segundo, iniciar un ensayo de la nueva célula esclava para maquinas digitales. Los demonios se disiparon sin que me diera cuenta.  
                a la altura del barrizal, poco antes del Tracastín, Julio y Encarna se despidieron de nosotros y comenzaron su vuelta. Mavil continuo hurgando conmigo por todas las galerías que nos encontramos hasta que alcanzamos la Vira de la Araña. Me quede sorprendido al visitar una desviación que nos llevo hasta la Red del Caviar: grandes y hermosas galerías con algunos rincones mágicos.
un poco antes, en el comienzo de la Red del Caviar, había dejado un mazo de cuerda que llevaba para los resaltes del Cañón Rojo. Cambié la idea inicial por la de visitar otras zonas menos conocidas por mi. Después del pasamanos de la Araña practicamos con la célula esclava en la Gran Estalagmita.
tres
                al llegar a la Sala Rabelais me metí hacia la izquierda ascendiendo, por el borde superior de la sala, en busca del comienzo de la Red de los Parisinos. Luego recordé que esta justo al comienzo del Cañón Rojo en una grieta que desemboca a la derecha. Como estimulante, decidimos echar un vistazo a la Red hasta el Pozo de la Unión con el río de la Tibia y también para comprobar el estado de las señalizaciones. Por si acaso se nos ocurría hacer la travesía Tibia-Fresca. 
                nos costo encontrar el Pozo de la Unión. Cuando estábamos a menos de tres minutos nos confundimos tres veces. Sencillamente los conductos más evidentes no son el correcto. Y las señalizaciones están pensadas para alguien que viene de la Tibia y no al revés. Tomamos un tentempié justo al lado del Pozo de la Unión.
cuatro
todo fue más fácilmente a la vuelta como cuando algo se afloja. El aflojamiento nos llevo “ligeros” hasta la salida y nos permitió hacer más prácticas con la célula esclava. El atardecer estaba muy avanzado -eran las nueve- y algunas lenguas de niebla se arrastraban a mitad de altura por la ladera de Mortillano. Me deje engatusar por el paisaje.
cuando llegamos al coche se habían encendido las luces de Asón. Un niño me saludo insistentemente desde las casucas rurales. Cambiarme de indumentaria y ordenar un poco las cosas me puso tenso como casi siempre. Al final todos los sucios trastos encajaron, más o menos, en algún rincón. Saboreé la incursión del día en el momento exquisito de ponerse a rodar suavemente, sin prisa de ninguna clase. Al pasar por el bar Coventosa la ausencia de gente nos ahuyento. Acabamos en el restaurante Marcos de Bustablado. Los arrullos nocturnos y la cena: una combinación perfecta. Tuve la sensación de redondez durante veinticuatro horas...

3/8/07

Fuenfría (31/7-3/8/2007) Sistema de Mortillano

Diario de un participante raro


el martes 31
                En el 2006 no subí al campamento de espeleólogos que el AER organiza todos los años en la Fuenfría. Este año 2007 pensaba subir los primeros días de campamento pero las circunstancias me decidieron por los últimos. En realidad estuve hasta el viernes aunque el desmontaje y traslado de trastos -en un todo terreno- era la mañana del sábado. El martes, cuando llegue al aparcamiento Entremazos, pegaba el calor muy fuerte. Más de 30º; seguramente el día más caluroso del verano en esa zona. Haciendo múltiples paradas fui subiendo y ya eran más de las 8 de la tarde cuando llegue al campamento. El humo azul de la fogata se arrastraba por toda la explanada delante de la Fuenfría.
Al poco me habían enterado de las actividades principales (aparte de beber, comer y reír): los vascos del Burnía en la sima de Las Falsas Esperanzas revisando una vía tras otra;  Wichi y dos o tres colaboradores desobstruyendo una estrechez en la sima FA-32 -que aspira un fuerte chorro de aire-; y el resto prospectando por los lapiaces y bajando lo que se iba encontrando. Estaban o estuvieron Daniel y Carolina gallegos, Wichi, P. Hierro, P. Merino, Ángel del AER, Mikel, José, Richi y Javier del Burnia (Galdames) y Turri de Soria. Carolina y Daniel habían cocinado arroz con tropezones. La velada amenizada con ocurrencias, whisky, licor de café y drogas blandas se prolongo hasta no se sabe cuando, pero como yo soy un soso me acosté mucho antes en la tienda que había montado a veinte metros de la zona común.   

el miércoles 1
Hacía rato que escuchaba la cháchara de un grupo por la zona común cuando me levanté remoloneando. Dos lirones campaban a sus anchas por la cocina bajando y subiendo del haya protectora. Había uno gordo y descarado que se paseaba por todos lados. Lo agarré del lomo con buenas intenciones y me amago un mordisco. Sus dientes afilados me hicieron una raya en la uña del dedo corazón pero no sangre. Recordé que los murciélagos trasmiten la rabia aunque no se vean afectados por el virus de ésta.
Después de desayunar -y en vista de que todos los grupos de trabajo estaban completos- decidí ir con Mikel, acompañando al resto de los vascos, a recoger su equipo hasta la sima de las Falsas Esperanzas. Esa sima fue descubierta por espeleologos franceses que la exploraron inicialmente y luego reexplorada en los 80 por la SEII. En total estuvo perdida y olvidada más de 20 años.
El camino a la sima había sido balizado por Ángel con colgajos de plástico. La ruta es cómoda y no tiene nada que ver con el duro recorrido que hicimos hace dos años cuando intentamos localizar la sima un día de otoño ayudados por Félix, antiguo explorador y miembro de la SEII. Las múltiples bocas de las Falsas Esperanzas se abren en una espectacular zona de lapiaz con grandes hayas encaramadas a las agujas. Algunos pasos por cornisas de hierba son aéreos y hay que ayudarse de las raíces de las hayas para su tránsito. Justo antes de la vía principal de la sima hay una balma muy acogedora donde es posible dejar todos los petates y equipos.
Antes de que los tres espeleologos desaparecieran por la boca de las Falsas Esperanzas Mikel y yo comenzamos el camino de vuelta por el bosque de hayas. Hicimos una parada en la boca de la H-44 para confirmar el fuerte chorro de aire helado que sale expelido por su boca. Puesto que es una cueva básicamente horizontal y descendente en teoría resulta evidente que debe haber una boca más alta que esta. Algo he oído de una H-45 cercana y en la misma faja de roca que la H-44 pero creo que habría que hacer una revisión siguiendo con cuidado el flujo de viento.
De vuelta en el campamento cocinamos unas patatas con verduras. Al cabo de un rato volvieron los de la FA-32 por falta de material. Después de comer ayudamos a preparar a Wichi el material necesario para la FA-32 durante los siguientes días. Al atardecer mientras me daba un paseo me encontré a Ángel, Carolina y Daniel que subían desde Ramales. Por la mañana, yendo hacia la FA-32, este último se había herido en la rodilla al meter la pata en un agujero. Tuvieron que suturarle la herida con unos puntos. Según Dani la enfermera que le atendió estaba tan buena que mareaba. Nos contó sabrosos detalles que hicieron rugir al personal. Como al inclinarse para curarle se hacía visible el canalillo de las tetas y como su hermoso culo quedaba a la altura de los ojos.
Con Ángel volvió la organización, la toma de apuntes y la previsión. Aunque se tratara de una voz que clama en el desierto algo conseguía. Para el jueves prospección, Falsas Esperanzas y FA-32. Había refrescado y amenazaba lluvia. Me acosté temprano y me amodorré escuchando las hayas movidas por el viento y el ulular de los cárabos. A media noche llovió. 



el jueves 2
Al despertar remolonee tanto como el día anterior pero me encontraba de buen talante. Después de intentar meter baza para ir a revisar la H-44 me adherí al plan de Gelo: prospección hacia el oeste de las Falsas Esperanzas. Llevábamos una cuerda de 20, otra de 45, la taladradora, un equipo de spits, chapas y mosquetones. Dani, Mikel, Gelo llevaban los trastos y yo fui el único que metió el equipo de speleo para mirar los agujeros. Fuimos por la ruta balizada hasta unos minutos antes de llegar a la Falsas Esperanzas y allí dejamos todos los petates. El plan era caminar en paralelo buscando y marcando, reunirse luego de nuevo en los petates y finalmente ir a mirar lo que mejor cuadrase de todo lo encontrado.


Gelo iba arriba del todo, Daniel a la segunda altura, Mikel a la tercera y yo lo más abajo. El terreno era bastante empinado pero todavía era posible ir sin escalar. La sombra de las hayas dibujaba claroscuros que daban un aire misterioso a todo lo que miraba. Me acercaba a todos los rincones llamativos sobre todo si estaban entre rocas. Así encontré en poco rato la FE-16, FE-13, FE-14, FE-15 y la FE-17. Como no llevaba GPS empecé a dar voces como un loco para que alguien viniera a tomar las coordenadas. Mi excitación iba in crescendo. Mikel fue el único que me escucho y transmitió la solicitud a Daniel, el cual primero paso por las que había encontrado Mikel y luego bajo hacia las que había encontrado yo. Con la excitación por encontrar tantas en tan poco tiempo perdí la referencia de un pequeño agujero para el que, al final, reservamos las siglas FE-17. Primero marcamos con pintura amarilla la FA-13, que exhibía tres enormes bocas diferenciadas. La más grande de las tres canto unos 40 metros. Luego fuimos a una zona de hayas muertas en la que, bajo unos bloques, marcamos la 14 y, algo más allá, marcamos en una pequeña canal con un haya la 15 que canto bastantes metros. De vuelta, junto a un avellano, marcamos la 16. Mientras los demás seguían buscando un rato yo me dedique sin éxito a buscar la 17. Desesperado me reuní con mis compañeros junto a los petates.
Después de comer revise la FA-2 que quedaba allí mismito. Un chorro bestial de aire helado se difuminaba en nada a los pocos metros de entrar en la sima. Anduve buscando el origen del viento y solo constate débiles flujos diversificados entre grietas y bloques. De subida miramos una cueva, FE-¿?, en la vaguada que llevo a un meandro muy estrecho. Tenía alguna posibilidad con desobstrucciones.
Luego fuimos a la más alta de las encontradas, la FE-12, y mientras me vestía de romano Ángel y Mikel instalaron en plan chapuza (como soy peso pluma...decían) el pozo de entrada: un bonito pozo de unos 15 metros seguido de un resalte y una bifurcación hacia un pozo ascendente. Sin continuación.
En la FE-16 tuvimos que meter dos spits pues no encontramos ningún natural. Tanto trabajo para bajar algo más de cinco metros a una capillita sin posibilidades mayores. Una grieta lo conectaba a un hueco bajo unos bloques accesible por otra oquedad. Sin posibilidades.
Y finalmente el plato fuerte: la FE-13. Mikel, Dani y yo estuvimos dándole vueltas casi media hora para decidir donde poner la cabecera. Fue en un natural hermoso. No hay nada como un pozanco para ponerle al personal las pilas. Daniel poso su culo sobre el natural para darle seguridad al montaje. A los cinco metros fraccioné en un serbal y de allí fui al fondo de la sima. Había un pequeño roce pero pensé que si la cosa seguía lo instalaría después. El pozo era ancho y limpio sin ventanas. Más de 40 seguro. En su fondo una notable pila de nieve. En un lateral pude trepar a la base de otro de los pozos de entrada desde donde vi con claridad la luz que penetraba por arriba. Falta por saber si ese segundo pozo carece también de ventanas. El tercer pozo es independiente de los otros dos.
Ya en el campamento escuche el recuento de simas encontradas este año y creo que andábamos por veintipico. La velada se prolongo largamente como todas las noches anteriores. Los de la FA-32 habían desinstalado y los de las Falsas Esperanzas también salvo el pozo de 90 de entrada y una saca en el fondo de ese pozo. Como me hacía ilusión conocer algo de esa sima de la que tanto había oído hablar me ofrecí para desinstalar el pozo y sacar el petate. Esa noche dormí revuelto, quizás por el exceso de licor de café. 

   
el viernes 3
Todo iba al ralentí la mañana del viernes. Era el último día y, salvo la prospección, todos los trabajos estaban acabados. Costó Dios y ayuda organizarse para salir del campamento. Todo era confuso y lento. Varias veces tuvimos que esperar a gente que iba a recoger cosas o que había olvidado algo. Estaba claro que el campamento se estaba acabando y que el personal andaba en plan liviano. Finalmente tire para las Falsas Esperanzas directo y a toda marcha pues estaba poniéndome de los nervios. Richi y José vinieron detrás pero José tuvo que volver al campamento a no se qué.
El pozo de entrada a las Falsas Esperanzas me impresiono. Respire profundo y mantuve la alerta en todos los fraccionamientos. Según iba bajando me di cuenta de que eran tres las vías de acceso al pozo y por las tres se veía la luz del día. El aterrizaje, 90 metros más abajo, se produjo en una empinada rampa. Remonte unos metros para recoger el petate encajado en un pequeño meandro. Y me dispuse a subir. 

Al ir desinstalando comprobé que varios tornillos se movían con la mano. Por lo visto el acero inoxidable puede producir más fácilmente un aflojamiento. Al llegar a una cabecera en Y recogí toda la cuerda que colgaba en un mazo y lo deposité sobre un gran bloque para evitar enganches en otros varios bloques empotrados más abajo. Termine de sacar la cuerda desde arriba.
Al poco trasladamos todos los petates entre Richi y yo hasta una pequeña sima recién encontrada. Mientras se preparaba apareció José procedente del campamento. Y yo me encaminé hacia éste. Por el camino me encontré melancólicamente tumbado a P.Hierro. Seguí hacia el campamento que encontré desierto. Ni siquiera Argí, el perro de Wichi, estaba allí. Recogí la tienda y el arsenal y me baje con un compacto y pesado petate y otro muy ligero. No paré hasta los coches para no sufrir más al sol  ni tener que ponerme de nuevo el petate sobre los hombros. 

21/7/07

CA 32 (21/7/2007) Alto del Tejuelo


I
                Después de casi tres semanas pasadas en Murcia y Granada he vuelto al fresco norte. El Mediterráneo y La Alpujarra llenaron de azul mi alma y mis pasos se fundieron con el polvo de los campos sureños.
                El campamento del SECJA comenzó el viernes 13 de julio y se prolongo hasta el domingo 22. Me apetecía colaborar en las exploraciones y conocer más a la gente de ese grupo. Hablé con J. Manuel del SECJA para quedar el sábado 21 por la mañana en San Roque. Sus previsiones de que vinieran el fin de semana Alfredo y Josechu, que son los que más conozco del grupo, no se cumplieron. Por contra me uní al grupo formado por Pedro, Juancho y Lobato cuyo objetivo era bajar a la CA 32 para mirar las incógnitas pendientes tras la topo de hacía pocos días. La CA 32 tiene el interés de haber pinchado un conjunto de amplias galerías fósiles a un nivel de -160 que puede empezar a rellenar el vacío que se percibe entre las redes de la torca de Bernallán y el Canto Encaramao. Cuando llegué al camping, pasadas las 9 de la mañana, el campamento espeleológico se desperezaba lentamente. Mujeres, niños y niños grandes charlaban, intercambiaban información, organizaban o preparaban excursiones y actividades. De inmediato se me hizo fácil la charla con J.Manuel, Lobato -la encarnación del hombre decidido y echao pa’alante-, Juancho y Pedro. Juancho y Pedro habían descubierto las nuevas galerías de la CA 32 hacía poco. Para Juancho y Pedro se trataba de su primera exploración exitosa. Juancho lleva poco tiempo haciendo espeleo y tiene la ilusión intacta; Pedro tiene un entusiasmo total que le hace perderse en los mil detalles de una cavidad. 
                Los preparativos se prolongaron hasta las 11. Entre otras cosas tuvimos que preparar tres trozos de cuerda de un mazo nuevo de 100. Cortamos un 50, un 30 y un 20 y elegimos para llevar el 20 y el 30. Además un equipo de instalar y el taladro con una batería que se estuvo cargando con el motor del coche a través del mechero. Y comida en abundancia ya que la previsión era estar bastantes horas. Unos instantes antes de comenzar la marcha de aproximación Pedro nos invitó a una tortilla hecha por su madre. Fue un almuerzo delicioso. 

II
Valle abajo a unos dos kilómetros de San Roque hay un cómodo aparcamiento y una pista hormigonada que asciende por la ladera. Andando unos centenares de metros por esa pista se encuentra una senda a mano derecha que se introduce en el denso bosque de carrascas. La senda asciende fuerte hacia un paso en el cortado en el que se encajona. Juancho y Lobato no se ponían de acuerdo acerca del mejor sendero. Pedro fue todo el rato con el GPS en la mano marcando puntos por si acaso a la vuelta -quizás de noche y con niebla- hiciera falta utilizarlo. El camino hacia Bordillas atraviesa praderías para acabar introduciéndose en un profundo bosque de hayas bordeado de agujas de lapiaz y sembrado de cabañas escondidas. Me recordaba un sitio -que conocí hace varios años- en la senda que conduce a la cabañas de Saco. Un bosque de hadas y elfos. Un haya caída cubierta de musgo y un laberinto de callejones marcan la apoteosis de este bosque encantado.
En una hora y cuarto, o algo más, llegamos por la senda que recorre el fondo del valle de Bordillas a un prado que abandonamos en fuerte ascenso hacia la izquierda. Otros cinco minutos de senda nos condujeron a la boca de la CA 32 (y algo más abajo a la CA 33). Poco antes nos cruzamos con Miguel Ángel que buscaba un deposito de material y que había subido con un grupo -integrado por belgas y españoles- a seguir explorando otra torca. Sin embargo ellos bajaban de un collado bastante arriba donde habían subido con coches. El problema de esa ruta alternativa era que exigía combinación de coches y/o subir un buen desnivel después de salir de las simas.

III
                Mientras nos vestíamos de romanos aprovechamos para seguir charlando. El sistema de arnés de pecho que utilizan Lobato, Pedro y Juancho se parece a unos tirantes de pantalón y es sumamente cómodo aunque difícil de poner sin ayuda. Como fui el primero en estar listo y  las tiradas de cuerda no tenían pérdida comencé a bajar de inmediato. Me siguieron en orden Juancho, Pedro y Lobato. De vez en cuando tenía que reflexionar para saber si el mote era Lobato o Lobezno. De cualquier forma ambos posibilidades me gustaban. Muy a menudo me quede esperando a Juancho, con la luz apagada para ahorrar baterías, centrado en las sensaciones que surgían. 
                El primer pozo -con tres fraccionamientos- te conduce limpiamente a un fondo de piedras medianas. Inmediatamente se asciende un resalte de unos diez metros con un desviador y se alcanza una ventana que continúa en un corto pasamanos. Aparece un pozo paralelo, de unos veinte metros, que se baja sin problemas, pero antes de llegar al fondo y mediante un péndulo guiado se accede al comienzo de un meandro cuya entrada es algo estrecha. Siguiendo este entretenido meandro durante un ratito (pequeños resaltes y desfondes) llegamos a un paso sumamente angosto que los primeros exploradores no pudieron pasar. El viento era tan fuerte que lo confundieron en la lejanía con el ruido de una cascada. Una vez desobstruido -creo que por Alfredo- el paso fue bautizado como “Cortafríos”. Aún así es bastante jodido y me da la impresión de que se tendrá que trabajar más en la desobstrucción. A la gatera se entra de cabeza y te tienes que restablecer al otro lado con las manos sobre pequeñas presas para no caerte de morros un par de metros. Si seguimos el meandro algo más llegaremos a la cabecera de un gran pozo de 106 metros. Al comienzo el pozo es de anchura reducida y no se perciben sus verdaderas dimensiones. Pero después de tres o cuatro fraccionamientos se alcanza una tirada de  bastantes metros seguida de la última de más de 50. Esta última tirada es problemática ya que las paredes tienen una gruesa capa de barro tipo plastelina que hacen casi imposible colocar fraccionamientos. La cuerda roza en varios sitios haciendo profundos surcos y aunque mosquea bastante no detecté ningún deterioro en la cuerda. El chicleo en el aterrizaje es muy acusado.
                Al fondo del pozo hay varios desfondes pero la continuación es por una corta bajada seguida de una trepada que nos lleva a una salita. Desde aquí Juancho y Pedro escalaron un pequeño resalte arenoso, actualmente equipado con unos metros de cuerda, y atravesaron una estrechez de roca cortante que rasga los monos a la menor distracción. Este paso les permitió desembocar en las nuevas y amplias galerías de la CA 32. La impresión que tenía en ese momento era que estaba en una sima bastante técnica y entretenida.
   
IV
La topografía que manejábamos estaba francamente bien realizada y mostraba todas las incógnitas que se habían detectado con una descripción detallada de las mismas. Llevábamos varias copias. De entrada la idea consistía en barrer sistemáticamente todas las incógnitas salvo las escaladas que conllevasen mucho trabajo. Unos metros más allá de la estrechez se llega a un resalte equipado con cuerda. En la base de dicho resalte un pequeño desfonde conducía a la primera incógnita. Mientras Lobato y yo tomábamos algo Juancho y Pedro se pusieron a hurgar ya. Una gatera arenosa y el comienzo de un meandrillo eran uno y lo mismo. Juancho salió al cabo de unos minutos comentando lo estrecho que se ponía aquello. Pedro y yo nos metimos de nuevo para el meandrillo -que a mi me olía bien- y encontramos un bloque empotrado a partir del cual era conveniente utilizar cuerda. Aunque era estrecho se podía trabajar cómodamente. Tomamos el 30 y bajé a través de una ventana y contraventana bastante incómodas hasta un rellano. Mientras tanto Juancho se había ido con Lobato a mirar otras incógnitas.  Pedro se reunió conmigo en el rellano y fraccionamos en una gorda estalagmita. Por una estrechez de roca friable alcanzamos el riachuelo que se vislumbraba abajo. Río arriba Pedro encontró más agua y arrastradas. Eso se quedo pendiente. Río abajo pudo avanzar por el estrecho meandro hasta un desfondamiento sobre un pozo. Me pareció con más posibilidades el meandro a la altura del rellano. Por allí avancé cómodamente hasta el desfondamiento, visto por Pedro, sobre un pozo de unos 20 metros. Aunque estábamos realmente excitados por las perspectivas de continuación hacia abajo Pedro prefirió mirar de forma sistemática el resto de las incógnitas. De cualquier forma estábamos muy contentos.
Ya en la galería principal Pedro me fue mostrando lo conocido y las incógnitas hasta llegar a la sala final y a un gran pozo ascendente. Me pareció todo de una rara belleza. Destacaban un conjunto de sierras de doble filo en una zona reducida y unos pequeños lagos llenos de hermosas cristalizaciones blancas. Poco después nos reunimos con nuestros otros dos compañeros. La suerte no les había sonreído en la galería que miraron pues no pudieron pasar más allá de lo conocido. Era también la hora de reponer fuerzas.
Para continuar el trabajo decidimos realizar unas escaladas fáciles algo más allá de donde nos encontrábamos. En la primera escalada subió Lobato hasta un punto algo peligroso y allí puso un spit con el taladro. Entonces subí yo para darme el paso en libre y así alcanzar una pequeña galería ascendente. Según iba subiendo la decoración de las paredes se iba haciendo más delicada. Los últimos metros hasta una pequeña capilla me obligaron al asombro. Excéntricas de calcita de todas las formas y tamaños desde pelillos retorcidos hasta gruesas como un plátano se agolpaban en la capilla final que cerraba la galería en un amasijo fascinante. Algo más adentro encontramos otra capilla imposible de alcanzar sin desobstrucción y una gatera igualmente abarrotada de excéntricas. Nuestro asombro no tenía límites. Dejamos un cordino de acceso a esta pequeña maravilla -Sala del Maestro- para facilitar la visita. A continuación nos movimos hasta otra escalada algo más comprometida. Lobato metió de nuevo un spit -tuvimos que cantarle las cuarenta sobre seguridad- en la zona más comprometida y Pedro se curro el paso de escalada. Como la cosa se alargaba y Pedro quería que Lobato subiera a mirar una posible continuación Juancho y yo comenzamos la vuelta para evitar aglomeraciones y esperas en el pozo de 106. 

 V
La subida de la primera tirada fue lo peor. Pero luego tomé ritmo y todo fue sobre ruedas. La salida de los cuatro espeleologos fue escalonada en una hora y media más o menos. Entre las 9 y las 10 y media. Mientras esperaba me dediqué a disfrutar del atardecer en ese mágico valle, húmedo por la lluvia que acababa de caer. Escuche el canto de algún cárabo. Pedro y Lobato percibieron en el pozo de 106 el chaparrón del atardecer. Cuando ya estaba teniendo frío comenzamos a movernos. La intuición de Lobato nos permitió bajar sin pérdidas.
          A las 12 menos cuarto estábamos en el camping pidiendo que nos dieran cena. Por suerte para nosotros en ese camping están acostumbrados a las movidas de los espeleólogos y no nos pusieron ningún impedimento para darnos de cenar. A Lobato le pusieron un chuletón que no pudo acabarse. Después de cenar nos dedicamos a mirar las fotos y videos que Pedro había hecho durante la actividad. Incluso me había filmado dando explicaciones sobre lo explorado. Y a contar en tres o cuatro versiones toda la actividad.  Poco después tome la carretera hacia Liérganes. Conducir era un placer exquisito con aquella noche fresca y estrellada. A las dos de la madrugada estaba placidamente en mi casita campestre disfrutando del silencio nocturno.

16/6/07

Beginners (16/6/2007) Sopladoras


I
                Fran y Víctor son amigos de Manu. Tienen cierto interés por la espeleología. Hace unas semanas realizaron una práctica de técnicas de espeleo vertical con unos equipos prestados. Les instalamos un par de cuerdas en el primer largo de la vía Roberval a Peña Cigal. Se lo tomaron en serio y aguantaron una tarde y la mañana del día siguiente subiendo y bajando como maníacos. Víctor ya había hecho un cursillo hace un año, pero para Fran era la primera vez. Fue algo duro para él. El tiempo les sonrió y pudieron disfrutar del ambiente. La Zigal se había puesto últimamente muy inestable y cambiaba de humor varias veces al día. Era como una mujer voluble y temperamental con las hormonas a cien por la primavera. Tan pronto te caía un aguacero, con rayos incluidos, como te sonreía un sol envuelto en transparencias. De cualquier forma, y como premio a su esfuerzo, quedamos en castigarles con una movida espeleológica.



II
                El martes 12/6/2007 quede con Miguel para recorrer en piragua los acantilados de Peña Candina en busca de cavidades. Sabíamos de buena tinta que por allí anda la resurgencia del río que recorre Liendo. Nuestra idea era embarcar en la playa de San Julián para tener el viento nordeste en contra a la ida y a favor a la vuelta. Cuando llegamos a San Julián vimos que el viento había arreciado y la ola era algo grande como para encaramarse a los acantilados. De todas formas decidimos bajar la piragua hasta el agua para hacer una prueba de equipo y familiarizarnos con la tarea. Pero no pudimos hacer nada ya que la pista que descendía a la playa se ha desmoronado (absurdo diseño). Nos entretuvimos hablando de planes futuros y quedamos en salir de espeleo el sábado. Pensando en que la cueva no tuviera demasiadas acciones verticales, por si venían Fran y Víctor, y por que era lo que más nos motivaba, le propuse ir a la Red del Gándara por una de las entradas cercanas a Bustalveinte. Pero cuando hable con Manu me recordó que esa entrada era dura, sin grandes bellezas y  que corríamos el riesgo de que sus amigos aborrecieran la espeleo antes de haberla saboreado. Sopesamos ir a la clásica Toño-Cayuela pero algunas aparentes complicaciones nos decantaron finalmente por hacer la travesía Sopladoras-Agua.


III
                El mismo viernes por la noche cuando estaba ajustando la cita del sábado con Manu me llamo José para confirmarme que se sumaba a la expedición. Con él se repetían los cuatro integrantes del grupo de Hoyo Salcedillo. Por otra parte Fran llevo su autocaravana a Asón y allí durmieron él, Manu y Víctor. Los ruidos nocturnos y el rumor del río les hicieron dormir a tope.
El sábado me encontré en Solares con José, recogimos en Arredondo a Miguel y nos reunimos todos en Asón. A pesar de lo avanzado de la mañana había alguno medio dormido. Les comuniqué de forma concisa que íbamos a utilizar una ruta alternativa de acercamiento a las Cuevas Sopladoras. Ninguno conocía las aproximaciones y no hubo preferencia alguna. El tiempo no estaba excesivamente caluroso pero iba en progresión ascendente.
Como saben la mayoría de los espeleólogos de Cantabria el acercamiento a las Sopladoras, unas dos horas, comienza por el valle de Rolacías hasta el cruce con el afluente del barranco de la Sota. Desde aquí, tomando rumbo al sur, se atraviesan las cabañas del Chumino alcanzando así la Cuesta del Avellano y la cascada del mismo nombre. Desde este punto estamos a dos minutos de las Sopladoras. Sin embargo existe una aproximación mucho más interesante, aunque -hay que decirlo-  no es apta para personas con vértigo o que tengan dificultades en senderos de montaña. Justo desde Asón se avanza por la pista hasta cruzar el puente de cemento y se vuelve atrás, río abajo, por una senda poco marcada que al poco atraviesa el barranco Huerto del Rey (el que desciende desde la boca de la Cueva del Agua). La estrecha senda asciende lateralmente entre robles y se abandona enseguida para ascender entre helechos, tojos y brezos algo a la derecha de la arista que cierra por el norte el barranco Huerto del Rey. En toda esta fuerte subida la referencia es la propia arista por la que en algunas ocasiones trepamos pequeños resaltes. El paisaje se va engrandeciendo. Finalmente alcanzamos la base de la pared en la que se encuentra la Cueva del Agua. A partir de aquí bordearemos dicha pared, lo más cerca posible de su base, primero hacia el norte, luego hacia el oeste y finalmente hacia el sur (realmente estamos siguiendo en sentido inverso el estrato en el que se desarrolla la travesía). Al principio por suaves prados que se van empinando y estrechando hasta formar un haza, hacia el oeste, que discurre a gran altura y paralela al valle de Rolacías. De lejos parece que el haza es intransitable y vertiginoso pero siempre encontraremos senderillo, aunque a veces sumamente estrecho. Se llega a un punto en que un enorme bloque en equilibrio amenaza con rodar hasta las cabañas del Chumino unos trescientos o cuatrocientos metros más abajo. Este punto marca el cambio de orientación hacia el sur. Viene un tramo fácil que acaba en unas fuertes pendientes herbosas teniéndose que descender ligeramente por debajo de unas pequeñas paredes para cruzar un barranco, volviéndose a ascender con suavidad por prados y avellanales hasta la misma cascada de la Cuesta del Avellano. Total: menos de dos horas y media. 


IV
A varios de los compañeros les costo parar de hablar a la subida y ahora les estaba costando entrar en la cueva. A mi la subida me había costado llenarme de arañazos y urticarias las piernas. Con la excursión ya tenemos suficiente -dijo alguno que otro. Hubo un presión general por comer antes de meterse en el agujero. Los que vayan a las Sopladoras deben recordar que en el pequeño resalte de entrada hay que tener cuidado par no romperse la crisma. Sea como fuere al cabo de un rato todos estábamos preparados y caminando por la amplia galería de inicio. Los dos caos de bloques se pasaron sin problemas aunque cada vez hay más rastros en todas direcciones. Por suerte siempre suele estar el potente soplo para indicarte el camino correcto. Las instalaciones de los dos resaltes estaban en su sitio. Sería conveniente instalar otros dos pequeños resaltes, más por seguridad que por dificultad. Hay que tener en cuenta que esta travesía es muy transitada. Los pasamanos sobre las marmitas estaban perfectamente y en la última marmita todavía nadie ha instalado un pasamanos. Aunque la mayoría de la gente no lo encuentra difícil las personas con poca envergadura pueden tener problemas. 

De vez en cuando hacía que Manu se fijara en detalles para controlar la travesía. Unas galerías fósiles con una pequeña trepada a un nivel superior acabaron conduciéndonos de nuevo al río principal del sistema. Nos detuvimos en los Meandros. Quería probar mi nueva célula para flash esclavo apta para cámaras digitales. Conseguimos que disparase a muy corta distancia pero no funciono para las fotos con el flash alejado, como yo quería. Aunque seguramente podrá arreglarse la cosa.
La gente acabo desesperándose de tanta prueba. Pero se les olvidó enseguida con la belleza de los Meandros. La diversión principal consistía en hacer de hijos pequeños: ¿cuando llegamoos...? ¿cuándo paramoos...? estoy cansaoo...tengo hambree...tengo seeed...me ha pegaoooo.....Al cabo de un rato por los Bulevares decidí que me paraba a comer. Tenía hambre. Como nadie conocía la cueva podía comportarme como un dictador sin problema alguno. De todas formas todos se sentaron y se pusieron a comer de inmediato. Lo de comer siempre es bienvenido. 
Saliendo de los Bulevares hay una bonita zona con pequeñas marmitas que se bordean por estrechas repisas. A las pocas revueltas se llega a una zona de dimensiones más modestas en la que el río va ocupando mayor proporción de la superficie disponible hasta que obliga a meterse en el agua hasta la cintura para pasar un corto tramo. Lo había dejado caer varias veces pero no me creyeron hasta que lo vieron. Después de esto enseguida se desemboca en la enorme sala de salida. Ya se ve una luminosidad verde en la lejanía. Veo difícil pero posible hacer una foto de este magnífico paisaje subterráneo. Captar el tono de la luz tamizada por la vegetación sería la clave.
Realizamos la bajada dejando a la derecha la arista por la que subimos  y siguiendo una senda marcada, pero casi anulada por los helechos gigantes, hasta casi alcanzar el emboque de Rolacías. De aquí seguimos por unos prados hasta el Asón. El paisano que nos encontramos abajo junto al puente no había estado jamás en las Sopladoras. Le pregunte por una cueva que exhala aire helado a pocos metros de donde estábamos. Me dijo que intentaron entrar pero que poco pudieron y hace mucho.
El lo llamo el Cuvío del Raposiro...una incógnita sin despejar pero bien planteada.