20/10/12

Cámaras





            En los últimos cinco años me he cargado tres cámaras en las cuevas: una Minolta Submarina, una Lumix FX y una Sony WX5. Afortunadamente la Sony estaba en periodo de garantía y ésta incluía fallos en la apertura del objetivo. Pensándolo bien es una cara actividad la de la fotografía espeleológica de reportaje. Si uno asume la fórmula clásica para hacer una foto en las cuevas –cámara en un bote estanco, cambio de guantes, trípode, flashes, etc- puede conservar su cámara una cantidad de tiempo razonable. Pero en caso de llevarla en bandolera, como se lleva una cámara normal en un ambiente normal, el aparato tiene sus días contados. A lo sumo te dura un año sin dar serios problemas. Lo más jodido es, sin ninguna duda, los mecanismos de apertura y cierre del objetivo retráctil. Demasiado delicado para las brutales condiciones de una cavidad. Aunque aparentemente no se toque la suciedad directamente con los dedos, ocurre que en el ambiente hay cantidad de polvo, microgotas y suciedades de todo tipo en suspensión. Además la humedad es prácticamente del 100%. Se produce, por más que te esmeres, condensación y entrada de partículas en los mecanismos. El desastre total. Y el día menos pensado el objetivo se niega a abrirse o a cerrarse o a las dos cosas… vamos que la has cagado.
            La solución mala consiste en llevar una cámara digital compacta para deportes de aire libre (hasta ahora sus prestaciones no eran gran cosa) Y la buena una cámara compacta, pero con objetivo no retráctil. Panasonic ha lanzado un modelo de este último tipo, la Lumix GF3, pero es cara y de objetivos intercambiables. También Olympus ha lanzado un modelo para deportes de aire libre con prestaciones muy buenas. Pero, de momento, estoy probando una cámara de formato intermedio (semicompacta con prestaciones de réflex) que pienso proteger con un tubo de plástico. Se trata de la Nikon P7000. Hasta ahora -solo exteriores- la cosa ha ido muy bien. Pero meterla en una cueva este último fds ha sido harina de otro costal. He elegido una cueva bien doméstica en la que alcanzar los objetivos a fotografiar conlleva poco tiempo y poco esfuerzo. Se trata de la ya visitada varias veces por mí Cueva 415 de Matienzo. Una cueva a la que tengo en alta estima. No solo por sus hermosas excéntricas de calcita, sino también porque alberga algunos cabos sueltos que merecerían ser estudiados con meticulosa atención.




           Marta y Manu me esperaban en la estación de Solares el sábado en la mañana. El cielo amenazaba lluvias. Lo más prudente era ir en la furgoneta de Manu para evitar la lluvia si ésta hacía acto de presencia. Una hermosa yegua y su potro nos esperaban en el lugar de aparcamiento. De éste a la boca tardamos menos de diez minutos. La encontré sin problemas. Un asunto que surgió sobre la marcha: en el prado que domina la boca de la 415 se ha abierto un agujero por el que sale aire. La entrada permite el paso de un espeleólogo. Han tapado la boca con unos maderos para evitar que el ganado se despeñe.
            En el resalte de la primera sala puse una cuerda para evitar problemas. En unos pocos minutos nos colocamos en la segunda sala y de aquí no nos llevo demasiado localizar la zona de las excéntricas. Las fotos a mano alzada con la Nikon se revelaron bastante mediocres. Aumentando la sensibilidad hasta 1600 los resultados en cuanto a nitidez mejoraban algo, pero disminuía el detalle. Las fotos con trípode eran mejores pero como conserve la sensibilidad muy alta, tampoco me gustó demasiado el resultado. Sin lugar a dudas hace falta más luz o pintar las fotos con exposición prolongada.
            No estuvimos mucho tiempo en la cueva. Algo después de las tres estábamos en un bar de Solórzano tomando unas bebidas. Manu estaba invitado a una comida a la cual iba a llegar bastante tarde…  




14/10/12

Excavaciones



Excavaciones  (10/2012)

Tengo una duda:
            ¿nos encontramos en una zona de captación del Sistema del Lobo o del Sistema del Gándara? Definitivamente Sergio parece inclinarse por el Gándara. A mi no me inquieta demasiado si va hacia una u otra cueva. En cualquier caso se trataría de un avance importante en el conocimiento del correspondiente Sistema. Tampoco me quita el sueño que tardemos más o menos. Lo que me preocupa es que el proceso de excavación de la Bloquera sea seguro. No es que sea difícil trabajar. Los bloques se extraen con facilidad y, con una cadena humana y las herramientas adecuadas, se avanza con alegría. El problema es la inestabilidad del conjunto debido principalmente a lo “esponjoso” del puzle. El estrato se fracturó al ceder sobre una galería o pozo. Pero durante miles de años el agua ha infiltrado las grietas entre los bloques y las ha expandido al congelarse; además en los terrenos superiores se ha formado una capa de tierra vegetal que también se infiltra entre los bloques.
            La consecuencia de todo lo anterior es el hecho de que extraer un bloque implica liberar demasiado a los vecinos. Se impone una estabilización de todo el conjunto. Y esta es la verdadera dificultad de estas Obras Faraónicas, como Adrián las ha bautizado.

El 8 de octubre de 2012 Sergio dijo:
                  Os paso las cotas y distancias que hay desde la dolina que hemos estado excavando el sábado y la galería de la Cueva del Lobo que comentaba Antonio. Hay  un desnivel aproximado entre galería y dolina de 130 m. (Gráfica)

El 10 de octubre de 2012 Adrián dijo:
Sergio, esto era lo que te comentaba del Sistema que esta en Lunada, y que está cerca de donde estábamos excavando. Los circulitos (chschschs), es donde estamos excavando. Creo que sobran las palabras. (Mapa)

El 10 de octubre de 2012 Sergio dijo:
Ahí está, eso era lo que hablamos ayer, y para darle más bombo al tema mirad esto, que es la coloración que confirma la conexión hídrica entre los dos sistemas. Lo que te decía ayer,  que me ha hecho dudar es este corte geológico: (puede ser error en el dibujo) En la página 25, aparece un corte geológico en el que se aprecia el estrato de arenisca claramente (denominado 33 creo), si veis la prolongación, este muere justo en el collado, y no pasa por debajo de el como creíamos, lo que hace dudar acerca si la dolina Bloquera está por encima o por debajo de dicho estrato de arenisca. El estrato muere en una parte alta del collado. (Artículo)
Si se encuentra por debajo del estrato podría tener relación directa con el flujo de agua entre Lunada y el Gándara... como dice mi amigo Jusseppe (Pelucos), y que no le falta razón,  sobran las palabras. 
Vaya pinta que tiene todo esto...

El 10 de octubre de 2012 Sergio dijo:
Una cosa que se me olvidaba, entre la cota más baja del Sistema de Lunada (949 m), hasta la cota de la galería que más baja hacia el sur en Muguet ( 730 m), la cuenta sale unos 219 m de desnivel, y una distancia en planta de unos 2000 m.
Ahí queda eso.

A finales de Septiembre estuve en la Bloquera con Mavil trabajando un par de tardes. El 6 de Octubre se consiguió reunir una importante fuerza trabajo: Manu, Sergio, Marta, Adrián, Fran y yo mismo por un lado. Por el otro lado Miguel. Nos juntamos cerca del Puerto de Lunada. A Miguel no le veía desde antes del verano y nos resultó placentero ponernos al día. Soplaba viento fuerte. La sensación térmica era de un fresco molesto. Caminando por agradables senderos un tiempo indefinido llegamos a la Bloquera.
Estuvimos excavando, gracias al fresco, hasta el atardecer sin sudar. El trabajo fue bien y los avances resultaron alentadores. Durante todo el tiempo que estuvimos allí pensaba en la suerte de encontrarnos en un sitio tan hermoso. Al borde de un bosque de hayas y rodeado de brezos. Nada que objetar… celebramos el día tomando cervezas cerca de San Roque.



Menos de una semana después, el 12 de Octubre, se consiguió reunir otro grupo de trabajo para revisar una gatera sopladora en la Cueva del Chaparral. Trabajo pendiente desde hace 15 años; mis recuerdos me llevan a un día en que estuve con Juan Colina, César y el Cura -y otras personas que no recuerdo- trabajando allí.
En aquel entonces los métodos para romper las paredes de la gatera y permitir el paso se nos antojaron peligrosos. Existían en el mercado unos minicartuchos  de la marca Hilti de unos 2 mm de diámetro. Se colocaban al fondo de un taladro y se percutían con una barra de metal y un martillo. Por mucho cuidado que se llevara las esquirlas podían herir al operario. Hacían falta gafas, y protección total alrededor de la zona a fracturar. Nunca tuvo mucho éxito ese método de trabajo. También se utilizaban cuñas expansivas cuyos resultados eran bastante desalentadores.
Actualmente se pueden usar cementos expansivos cuya principal desventaja es que requieren diámetros de broca bastante importantes. Otra fórmula es usar mezclas productoras de humo. La reacción es similar a la de una explosión pero con un tiempo de compleción mucho mayor. La dificultad principal con ese sistema es el impecable retacado necesario para que funcione. Afortunadamente para nosotros se puede acceder a este procedimiento mediante un curso oficial. Sin embargo resultaría más efectivo el procedimiento utilizado en Francia (pequeñas cargas explosivas diseñadas específicamente para y por los espeleólogos) Su uso requiere del correspondiente curso oficial en Francia. Desafortunadamente este último método es imposible de usar en nuestro Estado debido a la exigente legislación vigente sobre uso de este tipo de substancias.
Llovía con ganas la mañana del viernes cuando nos reunimos en Mompía. Sergio, Manu, Adrián, Jara y yo nos aproximamos directamente a la finca de Oreña donde se encuentra la cueva. Una familia, creo que inglesa, ha construido una bonita casa en ese lugar. Unos minutos después aparecieron Alicia y Carlos para unirse al grupo. Venían desalentados -por la lluvia- de su proyecto de ir a un barranco.
A pesar del pequeño trayecto que hay que recorrer dentro de la cueva para llegar hasta la gatera tardamos bastante. Los antiguos spits y parabolts no estaban fiables y hubo que reinstalar dos pocetes. La zona de trabajo es cómoda. Tiene bonitas formaciones y nidos de cristales en el suelo. Se trabajo hasta las cinco de la tarde en la gatera. Mientras Carlos hacía fotos con su nueva Olympus, el trabajo en la gatera permitió crear un paso muy justo. Sin embargo yo ya estaba seguro de antemano que no había posibilidades de conseguir algo interesante. La galería llevaba un rumbo de 10º y eso conducía directamente a la ladera del Monte en menos de 50 metros.
El resultado fue nulo: nos permitió sacar la cabeza a un pequeño ensanche desde el que se oteaba una gatera de dimensiones en disminución. Para completar el trabajo Sergio escaló hasta la parte alta de la galería donde se intuía otra posibilidad de continuación. Desgraciadamente la cosa se acababa en una rampa colmatada. Para mí que no era más que la colmatación procedente del cercano exterior. El hecho de que la gatera sople obedece a que debe existir una pequeña entrada impenetrable en la ladera norte de la finca.
Después de todo esto nos consolamos con una cerveza en Novales…





Fotos
Fotos

24/9/12

Prospectores




           Hace pocos días Mavil volvió a Cantabria tras varios años de ausencia. Con su ayuda logramos pegar un buen empujón a la desobstrucción de un prometedor agujero -bauticémosle La Bloquera- cercano a La Lusa. Se trata de una dolina llena de bloques medianos que aspira aire. Por su posición podría estar vinculado bien al Sistema del Lobo, bien a la Red del Gándara. Además cercanos a éste encontramos dos agujeros que también aspiran aire en días cálidos. No tenemos ninguna duda acerca de la importancia de estos accesos, aunque no sabemos cuanto esfuerzo deberemos realizar para abrirlos.
            El sábado 22 de septiembre preparamos una incursión al Sistema del Lobo con el objetivo de verificar el soplo que procede del Eurotúnel y de intentar localizar su origen. Evidentemente se trata de un negocio  relacionado con los agujeros anteriores. Sin embargo el día estaba  tan resplandeciente –diríase invitador- que en el altiplano precedente a Torca Fría cambiamos nuestro plan espeleológico por el de felices prospectores.
            Siempre me ha fascinado la comarca del Alto Asón. No solo se trata de la belleza de sus cuevas, imposible de imaginar aunque se hayan visto fotos y fotos, sino de algo que emana de la tierra misma. Es uno de los rincones menos maltratados por la mano humana en todo el Estado. Claro que los paisanos han conservado desde hace siglos una forma de trabajar que deja grandes manchas de hayedo intactas. Este hecho unido a lo inaccesible de muchos de esos parajes nos conduce a la realidad del bosque mágico. Todos los que han tenido el privilegio de habitar durante unos días la Fuente Fría en el Macizo de Mortillano saben a lo que me refiero.
            Conozco los bosques y montañas del Asón desde finales de los 70 y aún así sigue intacta la primera sensación. Se trata de algo parecido a lo que siente un creyente cuando entra en una gran catedral o en un templo de su creencia. Es algo reverencial. No es posible compararlo con nada de calidad inferior. No es que las cuevas del Alto Asón sean magníficas y estén llenas de misterios y de incontables problemas aun por resolver. No solo es eso. Es que la tierra que las alberga me da algo que la mayoría de los lugares no me da: energía. Se trata de una diferencia esencial.
            Primero nos llamo la atención una línea de dolinas cercanas al borde este del Hondojón. Fuimos a echar un vistazo. Para ello tuvimos que bajar por una zona de brezos y tojos. En un momento dado me lleve un gran susto porque me hundí entre los arbustos. Había metido una pierna en una grieta que seguía para abajo. Por estos terrenos hay que andarse con mucho cuidado. La dolina que íbamos a ver tenía buena pinta. Pusimos un cordino alrededor de un gran bloque y lanzamos un cabo de unos quince metros. La grieta se ensancho y se aclaro. Pocos metros después de una primera plataforma ovalada se aterrizaba en un suelo empedrado. Por el extremo oeste el suelo se abría a otro pozo que sondeé en más de 40 metros. Prometedor e interesante.
            Después de comer bajo un bosque de abedules recorrimos otra serie de dolinas herbosas. La segunda que prospectamos tenía un soplo aspirado de una intensidad violenta. Luego fuimos recorriendo la serie subsiguiente de forma ordenada. La mayoría de las dolinas mostraban soplos aspirantes de mayor o menor intensidad. Calculo que recorrimos una decena. Entonces dejamos la serie de las dolinas y nos dedicamos a intentar “puentear” la red por algún agujero “fácil” algo más arriba. No lo conseguimos pero en el intento descubrimos otro agujero soplador desobstruido a medias por el SCD hace la pila de años y que debe canalizar el flujo procedente de los lapiaces superiores del Fraile.
            Sin duda una jornada fructífera. Para acabarla nos acercamos hasta el Circo final del Hondojón. Enmarcado en un bosque de hayas inigualable, está acribillado de grandes dolinas herbosas de empinadas paredes. Ninguna de ellas mostro posibilidad alguna de permitir acceso a una red subterránea. Pero ya teníamos suficiente gasolina para hacer un largo viaje. Viaje que realizaremos -a poca o mucha velocidad, eso nunca se sabe- en los próximos meses.





Bonus
            Con el ánimo encendido el domingo 23 de septiembre Mavil y yo acompañamos a un nutrido grupo de amigos en el camino del Hoyón de Saco. Por descontado nos acordamos de varios proyectos espeleológicos aparcados en batería. Uno de los más interesantes es la escalada de la galería colgada de la que proviene el agua de la cascada del Asón. No es una escalada difícil pero hay que estar muy atento para coger un periodo de sequía extrema. Otro, no menos fascinante que el anterior, es el soplo de la Cueva de Francoise. Se pierde entre bloques en una galería que no es precisamente pequeña y que lleva la dirección correcta para seguir engordando más y más.






2/9/12

Það er ómögulegt að tjá slíka fegurð


Það er ómögulegt  tjá slíka fegurð...(1) 

            Tres días después de llegar a Reykjavík comprendí mi primer cartel en islandés: “opyð alle daga” (2) Fué una alegría infantil pero ¡que le vamos a hacer! El día que llegue al aeropuerto de Keflavik, mientras miraba a mi alrededor, me parecia una lengua imposible del todo. Sin embargo había conseguido una migaja. En vez de desanimarme me entró una salvaje euforia.
Sabía de antemano que la naturaleza islandesa era apabullante. Pero lo que no me esperaba era que su cultura y su historia me enganchasen hasta el punto en que lo empezaron a hacer. Al principio sólo fue una confusa sensación imposible de explicar. Ahora me parece evidente la razón de que así fuese. Sencillamente: admiración por un pueblo que, a pesar de las durísimas condiciones ambientales y de todas las adversidades con que les ha agasajado su salvaje tierra, han sabido mantenerse en su sitio hasta que el destino les ha sonreído.  Por mi parte siempre había rodeado de un aura “romántica” a los vikingos basada en mi creencia de que, en gran medida, eran exploradores empujados por ese afán de descubrir lo que hay más allá. Nada más lejos de la realidad...

Islandia permaneció deshabitada mucho más tiempo que la mayoría de zonas habitables del planeta. No fue hasta la Época de los Vikingos –cuyo inicio se fecha aproximadamente sobre el 800 DC- que los escandinavos comenzaron a construir navíos capaces de llevarles por el Atlántico Norte con una razonable garantía de sobrevivir al viaje.  El primer historiador islandés, Ari Þorgilsson el Sabio, dice en Íslendingabok (3), escrito 200 años después del asentamiento, que la isla fue colonizada en un periodo de seis décadas, más o menos, desde el 870 al 930 DC. Este intervalo es conocido en Islandia como la Época del Asentamiento […] Bastante tiempo antes, una isla llamada Thule, donde el Sol llega a brillar toda la noche durante el verano, era conocida en los tratados de geografía europeos; algunos de esos relatos arrojan datos consistentes con Islandia. Fuentes medievales islandesas también relatan que había monjes irlandeses viviendo en Islandia cuando arribaron los vikingos a sus costas […]  Conforme al relato de Ari y al Landnámabók (4), el primer colono escandinavo en Islandia fue Ingólfur Arnarsson, que se asentó en Reykjavík (5), lugar donde la actual capital crecería muchos siglos después.  La esposa de Ingólfur se llamaba Hallveig, y algunos islandeses pueden seguir su traza genealógica desde esa primera pareja de colonos  […]  El Landnámabók menciona más de 400 colonos, y los lugares en que se asentaron a lo largo de Islandia. La mayoría eran escandinavos procedentes de las costas de Noruega, pero también hubo un puñado importante que vino de las colonias vikingas en las Islas Británicas … Los colonos vikingos vinieron acompañados de esclavos y esposas de origen celta […]  En la Época del Asentamiento Harald Fairhair estaba unificando Noruega en un solo reino, y conforme al Landnámabók  muchos de los colonos fueron jefes o principales que huyeron de las condiciones impuestas por el rey. Sin embargo las costumbres funerarias de los colonos y otros restos de la Época del Asentamiento indican que la mayoría de los colonos eran granjeros ordinarios, que con toda probabilidad dejaron Noruega en busca de tierras cultivables.
Gunnar Karlsson,
Brief History of Iceland





           En el oeste SnæfellsnesOlafsvíkRauðfeldargjá..., en el norte AsbyrgiMývatnKrafla, en el sur VestmannaeyjarHeklaSkaftafell... No más que unas pinceladas en la inmensidad de Islandia. Y por encima del viaje físico la certeza de que estas tierras nos removieron interiormente como nunca lo habían hecho otras... con el peligro que supone enamorarse de ellas…   


Un cúmulo de sentimientos contradictorios pugnan en la mente de cualquier islandés cuando se enfrenta a la Naturaleza de su país: veneración, miedo, devoción, impotencia, orgullo… Todos esos sentimientos saltan a primer plano cuando los islandeses discuten como debería ser tratada su tierra. ¿Qué se supone que debemos hacer con toda esta agua? ¿Y con las montañas, el viento, los desiertos…? ¿O quizás no deberíamos hacer sencillamente nada?
Islandia es uno de los últimos países europeos en donde, a pesar de la modernización, la naturaleza campa independiente, en otras palabras, donde la naturaleza parece tener una voluntad al margen del hombre, voluntad que los islandeses no han logrado subyugar después intentarlo durante siglos. La historia de Islandia hasta el siglo XX es la de una sucesión de derrotas en la batalla contra los elementos naturales; de volcanes destruyendo granjas y tierras de cultivo, matando al ganado y empujando a la gente hasta el borde de la inanición. No fue hasta la llegada de la tecnología del siglo XX  -calefacción mediante energía geotérmica, hormigón, casas con aislamiento térmico, barcos de pesca modernos, vehículos 4x4, que Islandia se convirtió en un sitio apto para vivir, despertando tras siglos de letargo. Se liberó tal energía dinámica y tal “joie de vivre” que la población islandesa se convirtió en una de las más ricas del mundo. Eran como alguien que siempre ha tenido frío y cuando, finalmente, consigue estar caliente, no puede controlar su alegría [...]
¿Hay un espíritu en la montaña? Los paganos(6) así lo creían en el pasado, y los cristianos también hasta el día de hoy. Aquellos que se despiertan todos los días al lado de una montaña llevan dentro de ellos, para siempre, esa montaña -la montaña hace su hogar en el interior. Y los pensamientos de las personas bajo la montaña gradualmente toman la forma de la montaña. La montaña se convierte en una parte fundamental de sus vidas, y sus pensamientos poco a poco se convierten en el espíritu de la montaña. Pero ¿pueden las piedras hablar?  ¿Habita un alma en cada flor? ¿Existe un espíritu en la montaña? Por supuesto que sí. Y es un espíritu caprichoso que despierta sentimientos contradictorios entre los habitantes de esa tierra, dejándolos a veces temerosos, a veces llenos de veneración, de devoción, de impotencia, de orgullo...
Guðmundur Andri Thorsson,
Lost in Iceland


(1)    Es imposible expresar tanta belleza…
(2)    Abierto todos los días
(3)    Libro de los Islandeses
(4)    Libro de los Asentamientos
(5)    Bahía Humeante
(6)    Islandia fue cristianizada alrededor del año 1000 DC






8/6/12

Balización



Llevábamos  varios meses persiguiendo el método y los materiales para balizar zonas frágiles y delicadas en una cavidad. Y, por fin, el sábado nueve de Junio, íbamos a poder ensayarlo en una zona concreccionada del Sistema de Udías. El viernes nos vimos en la reunión del club y quedamos para vernos en Mompía a las diez.
Formábamos un grupo de cinco espeleólogos: Sergio, Adrián, Fran, Alfonso y yo. A Fran le tuve que prestar un equipo vertical y el casco se lo prestó Sergio, pero al final no pudo entrar. Mis viejos arneses no podían ajustarse a las medidas de Fran, uno por tener las cintas recortadas y el otro porque las hebillas estaban tan trabadas que apenas pudimos moverlas. Así que se formaron dos equipos de dos personas: Sergio y yo a balizar; Adrián y Alfonso a topografiar. Los de la topografía tuvieron que hacer un arreglillo con cinta aislante porque al cambiar las pilas se perdió una pieza del Disto en el prado que no se pudo recuperar. Fran nos acompaño hasta que encontramos cuerdas y luego se fue a la playa de Cóbreces.
Pasos de lo más variado y algunos pozos pequeños nos llevaron hasta un sector con salas. Cómo amenidades se nos ofrecieron zonas caóticas de bloques resbaladizos, trepadas expuestas, resbalosas travesías -con batacazo de premio- y algunas gateras. En general la tónica de ese sector del Sistema de Udías es “resbalarse”.  Sería bueno añadir algún pedacito de cuerda más y sustituir alguno que tiene más de cuarenta años.










Después de una hora y media alcanzamos la zona objetivo del balizamiento. En primer lugar debo decir que los materiales de balizamiento que porteaba apenas ocupaban sitio, ni pesaban. Un km de hilo Sufix/sup, cien varillas cilíndricas de 20 cm., sesenta varillas de 33 cm. y cinco varillas de 50 cm. en fibra de vidrio de 4 mm de diámetro (se habían cortado fácilmente con una rotaflex) Unas 160 fijaciones para sujetar el hilo a la punta de la varilla formadas por trozos de 2,5 cm de largo de tubo de plástico transparente con diámetro interior 4 mm (coincidente con el diámetro de las varillas) y diámetro exterior 6 mm. Adicionalmente Sergio porteaba un Makita, una batería de repuesto y una broca de 4mm.
Antes de comenzar el trabajo efectivo hicimos un reconocimiento general de la zona para ver que tipo de varillas iban a usarse en función de la dureza del terreno. Nos dimos cuenta que cuantos menos cambios de dirección tenga un sendero más fácil es balizarlo. Sin embargo, minimizar el impacto en una zona es prioritario ante cualquier otra cuestión que pueda plantearse. El procedimiento es el siguiente:

a)     Como tarea preliminar inspeccionar cuidadosamente la zona a balizar para elegir el camino. Esto se hace durante la exploración. Una vez pisada una zona no se debe modificar el recorrido.
b)     Primero clavamos las varillas, comenzando por el punto más lejano a balizar, a ambos lados de lo que va a ser el sendero: para terrenos arenosos y/o suaves varillas de 50 cm, para tierra o costra sobre terreno esponjoso varillas de 33 cm y para roca o cristalizaciones varillas de 20 cm. Hay que tener cuidado para que la anchura del sendero sea uniforme.
c)     En terrenos duros es necesario hacer un pequeño taladro para insertar la varilla. A veces es necesario colocar las varillas muy cerca unas de otras para seguir las curvas del sendero.
d)    Una vez colocadas la totalidad de las varillas que van a delimitar el sendero se coloca un lateral del hilo, comenzando por el extremo más cercano de la zona a balizar, y se vuelve colocándolo por el otro lateral.
e)     Mientras el primero va desenrollando hilo de la bobina el segundo va tensándolo sobre las varillas y colocando las fijaciones de plástico.







El tiempo se nos pasó volando. Ya estábamos acabando el primer tramo a balizar cuando llegaron Adrián y Alfonso. Unos minutos después nos pusimos a comer en una zona de bajo impacto. Nos sentíamos muy satisfechos de la tarea realizada por varios motivos. Primeramente, aunque balizar lleva tiempo es una tarea creativa. Físicamente es muy poco exigente y te permite contemplar los detalles de la cavidad mucho más a fondo. En segundo lugar la estética del resultado nos pareció buena. De lejos solo se ven sobresalir ligeramente del suelo las finas varillas. Se podrían confundir con macarrones caídos desde el techo. El espeleólogo que recorre el sendero puede observar el hilo y su sombra hasta unos dos o tres metros por delante; suficiente para seguir la senda sin problemas. En definitiva: el impacto visual es bajísimo. De hecho sería imposible identificar el hilo en una foto si no se ilumina de forma adecuada. Por otra parte la cantidad de materiales extraños a la cavidad utilizados para balizar es muy pequeña.
Mientras Adrián y Alfonso volvían a la topografía Sergio y yo continuamos balizando un segundo tramo. Esta balización nos costo más trabajo que la primera debido a que el techo, con formaciones, bajaba hasta obligarte a ir a gatas. Se trataba de un suelo tan irregular que nuestras rodillas sufrieron hasta hacernos chillar. Como contrapartida la zona que pudimos visitar era muy interesante.







     En cuanto acabamos el trabajo comenzamos la vuelta sin demora. Con placer le echamos un último vistazo a la tarea. Adrián nos había dejado una nota diciendo que ellos ya salían. En conjunto el sube y baja por los bloques, las trepadas y destrepes se me hicieron pesadines a la vuelta. A las ocho y veinte estábamos saliendo del Sistema de Udías. Se notaba que había llovido. Nuestros compañeros llevaban más de una hora esperándonos en los coches. Mientras -con mucha parsimonia- nos cambiábamos pasaron dos chicas adolescentes provocándonos. Primero carretera abajo y luego carretera arriba ¿Quieres ver la ovejita del culo? ¿cuántos años tienes? Fran nos contaba que ya estaban calentitas cuando paso por el pueblo hacía un rato. ¿Os imaginaís lo que pueden llegar a ser trescientas adolescentes juntas un día de primavera hacinadas en un centro escolar? Creo que no.     




Nota: Creemos que el balizar senderos en zonas frágiles o sensibles permitirá delimitar claramente la zona de impacto y conservar el resto totalmente virgen utilizando un mínimo de esfuerzo y un presupuesto muy bajo. Algo que nos agradecerán todos los espeleólogos del futuro.  Como ejemplo de costes: 35€/200mts de varilla de fibra de vidrio; 16€/1000mts de hilo  SUFIX Sup/24kg/0.6mm;  0.8€/4mts de tubo de plástico 6-4 mm.




2/6/12

Juanín



A la Torca de Juanín es muy posible que nunca hubiera llegado a ir. Gracias a mis amigos de Espeleo50, y especialmente al que se le ocurrió la original idea, he podido visitar esta bonita sima. Supongo que la fama le viene principalmente por su Sala Azul. Aunque no pongo mucho empeño en enterarme de estas cosas creo que un paisano llamado Juanín mato a un vecino y arrojo su cadáver a la torca. Curiosamente fue Juanín, y no su víctima, el que se hizo famoso. Y de ahí le viene el nombre a la cavidad. Con Juanín había que tener cuidadín.
Me reuní con Miguel en Mompía tras una confusa tarde de viernes. Confusa por muchas razones, pero la principal era el cómo nos íbamos a organizar. Podíamos ir en dos coches o en uno. La cuestión era que, aparte de visitar la Torca de Juanín, pensaba quedarme a escalar por la zona el domingo. Miguel se unió a este plan pero teníamos que coordinarnos con más personas. Al final decidimos usar la menor cantidad de combustible posible yendo los dos en mi coche. Al anochecer pasábamos por Panes. Acabamos el viaje con las instrucciones telefónicas de Hugo.
La casa rural que habían alquilado para el fin de semana estaba en un agradable rincón, a pocos metros de la carretera que sube a Llonín desde el Río Cares. Allí ya estaban esperándonos Zaca, Hugo, Antonio y Tripi. Zaca me había traído las esperadas varillas de fibra de vidrio para balizar. Mientras cenábamos comentamos las posibilidades de llegar a la Sala Azul. Es muy famosa entre otras cosas por la cantidad de espeleólogos que han bajado la sima sin encontrarla. Sin embargo Hugo, Zaca y Antonio mostraron una fe sin fisuras en conseguirlo. Un rato después, mientras el personal jugaba al mus, me rendí al sueño.
La subida hasta Oceño está jalonada con hermosos paisajes. La carreterilla consiste en una serie de revueltas con fuerte pendiente. Se pasa junto a varias paredes, excelentes para equipar vías de escalada. Una vez en Oceño hay que tomar una pista asfaltada atravesando el pueblecito. Un poco más arriba la pista pasa por una antigua ermita con puerta para enanitos. Esta rodeada de hermosos árboles entre los que destaca un tejo de  gran porte. Dos o tres kilómetros más arriba la pendiente se suaviza y la pista, que llanea entre cabañas, deja de estar asfaltada. Sólo nos queda una última subida entre prados hasta que llegamos junto al borde de una depresión poco profunda a la izquierda. Desde aquí un sendero conduce en un minuto hasta la Torca de Juanín.
El tiempo, muy nuboso, nos respeto durante los parsimoniosos preparativos. Llevábamos dos cuerdas de cien metros y algunos trozos más. Hugo iba a instalar la sima comenzando con una de las cuerdas de cien. Le seguía Zaca que portaba la otra cuerda de cien. Luego iban Antonio,Tripi, y Miguel. El último iba a ser yo. Tras un pequeño pozo de diez metros, aterricé en una jungla de helechos, lianas y hiedras trepadoras formando el marco de un rico ecosistema. Allí nos juntamos todos salvo Hugo y Zaca que andaban por las profundidades.
Como la cosa de instalar iba para largo me dediqué a hacer fotos y a hurgar un poco por todos lados. A tres metros, camuflada sobre unas piedras, descubrí una rana enorme de color marrón. Enseguida se convirtió en la estrella de nuestras fotos. Al otro lado, la plataforma se hundía hacia una pequeña galería remontante. De pronto, sobre unas coladas, me llamó la atención un montón de hierba seca. Al acercarme me encontré con un nido bien construido y en su  interior, esperando a ser incubados, cuatro huevos jaspeados. Elevando la mirada hacia la bóveda de la pequeña sala pude descubrir al propietario: una grajilla de pico amarillo. La torca se había  convertido en un auténtico zoo en que el aburrimiento era imposible.




Estábamos empezando a preguntarnos si habría algún problema en la punta de instalación cuando, por fin, oímos la voz de Zaca dando el libre para bajar. No me defraudo el paisaje de los pozos. Cada vez mayores y con más formaciones. Después de unas cuantas tiradas nos posamos en una gran plataforma que daba a dos posibles vías de continuación. Los directores de la expedición habían elegido bajar por un pozo grande en vez de una vía paralela con pozos más cortos y cómodos (Vía de las Señoritas) Allí tuvimos otra parada técnica hasta que estuvo instalada la continuación.
El pozo que bajamos a continuación era grande, más de sesenta metros. Sólo tenía un fraccionamiento a su mitad. Aéreo y limpio a más no poder. Desde luego fue un placer bajarlo pero pensé que para subirlo iba a sudar la gota. Otra serie de pozos -pequeños y cargados de formaciones- nos depositó en la base de la sima. El único que visito la Sala de la Inundación (sentido contrario a la ruta hacia la Sala Azul) fue Miguel. Encontramos cuerdas fijas por unas rampas de colada muy resbaladiza que marcaban la continuación. A partir de ahí la galería se amplio y tuvimos que recorrer un largo tramo horizontal, solo interrumpido por un resalte de sube y baja y por un pozo de unos quince metros al que se accedía por una incómoda cabecera. Abajo había una sala. Habíamos pensado comer antes de seguir hacia la Sala Azul. Pero cuando bajé allí no quedaba ni el apuntador, solo los trastos que la famosa gatera aconsejaba evitar. Me abalancé para alcanzar a los compañeros, pero llegué a un punto en que se estrechaba el paso demasiado. Sin embargo seguía oyéndoles claramente más allá de la estrechez. Tras unos gritos y algunos juramentos localicé el paso correcto un poco antes, por el riachuelo que se metía entre guijarros.
Avance rápido y me encontré con Tripi atorado en un paso entre columnillas. Tripi se desanimo y reculo. Yo les grite enfadado (… …) a los de delante. Para mí que tenían que habernos animado en vez de desaparecer... Me metí por la gatera sin mucha convicción. Tenía que conseguir pasar. Llevaba una saca conteniendo la cámara y un trípode. Esto me dificultaba más el avance. A pesar de su aspecto de ratonera imposible, fui avanzando sin grandes dificultades. Los pasos eran holgados para mí. Sólo uno, que está casi al principio, requiere colocarse con un brazo por delante para poder pasar. Al final hay que ascender un poco para entrar en la Sala Azul. Curiosamente hay varios puntos en que se nota un soplo importante.
La Sala Azul no es más que un ensanche del meandro por el que circula el riachuelo de la sima. Esta repleta de formaciones gravitacionales -coladas, estalactitas, estalagmitas, banderas- y también hay corales y helictitas. La mayor parte de las formaciones tienen colores clásicos -desde el blanco al marrón oscuro- pero una pequeña parte –digamos el 10%- tiene tonos azules o verdes. Sin embargo esa pequeña cantidad de azul le da un fuerte carácter a la sala. Dedicamos una horita a mirar y a fotografiar. A mitad de proceso Zaca y Antonio se marcharon para animar a Tripi a pasar la gatera, pero no tuvieron éxito.



De vuelta de la gatera comimos un poco y empezamos la retirada. El primero Tripi, seguido por Antonio y por mí. Detrás venían Miguel, Zaca y Hugo. Las primeras cuerdas que se retiraron las subió Antonio. La cuerda de cien más profunda la porto Zaca. Finalmente la primera cuerda de cien se saco tirando desde arriba por etapas.  En el entreacto sude la gota, como estaba previsto, en el pozo largo. Cerca de la salida Tripi y yo escuchamos un fuerte vibración de tono grave. Por un instante nos quedamos desconcertados hasta que caímos en que era un trueno tremendo. Empezamos a preocuparnos pues una tormenta en un sitio tan abierto como las Brañas de Trespandiú es muy peligrosa.
En el exterior llovía débilmente y había niebla. La tormenta se había aplacado. Tripi y yo nos cambiamos de indumentaria en cinco minutos. Mientras la lluvia arreciaba me instalé en el coche escuchando buena música. Un poco después nos acercamos a la sima y apareció Miguel seguido de Antonio y Zaca. No teníamos suficiente pan para la cena + desayuno del día siguiente. Eso nos llevo a Miguel y a mi a la búsqueda de pan. En un principio el plan era ir a Arenas, pero nos dijeron que en el cruce de Llonín vendían pan. El resultado fue que no encontramos pan en ningún lado.
Como los chaparrones seguían nos fuimos a la casa. No teníamos la llave, pero encontré una ventana abierta en el primer piso y me cole por ella escalando fácilmente. Nos dedicamos a preparar algunas cositas para comer. Parecía que iban a ser solo los aperitivos pero cuando llegaron los demás el hambre hizo que se convirtieran en la cena. Mientras la velada se prolongaba con las partidas de mus yo me deje caer rendido por el sueño. Mañana iba a ser otro día.  


Nota: La Torca de Juanín se encuentra en las Brañas de Trespandiú en las inmediaciones del pueblo de Oceño, perteneciente al concello de Peñamellera Alta, en Picos de Europa.



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