21/7/07

CA 32 (21/7/2007) Alto del Tejuelo


I
                Después de casi tres semanas pasadas en Murcia y Granada he vuelto al fresco norte. El Mediterráneo y La Alpujarra llenaron de azul mi alma y mis pasos se fundieron con el polvo de los campos sureños.
                El campamento del SECJA comenzó el viernes 13 de julio y se prolongo hasta el domingo 22. Me apetecía colaborar en las exploraciones y conocer más a la gente de ese grupo. Hablé con J. Manuel del SECJA para quedar el sábado 21 por la mañana en San Roque. Sus previsiones de que vinieran el fin de semana Alfredo y Josechu, que son los que más conozco del grupo, no se cumplieron. Por contra me uní al grupo formado por Pedro, Juancho y Lobato cuyo objetivo era bajar a la CA 32 para mirar las incógnitas pendientes tras la topo de hacía pocos días. La CA 32 tiene el interés de haber pinchado un conjunto de amplias galerías fósiles a un nivel de -160 que puede empezar a rellenar el vacío que se percibe entre las redes de la torca de Bernallán y el Canto Encaramao. Cuando llegué al camping, pasadas las 9 de la mañana, el campamento espeleológico se desperezaba lentamente. Mujeres, niños y niños grandes charlaban, intercambiaban información, organizaban o preparaban excursiones y actividades. De inmediato se me hizo fácil la charla con J.Manuel, Lobato -la encarnación del hombre decidido y echao pa’alante-, Juancho y Pedro. Juancho y Pedro habían descubierto las nuevas galerías de la CA 32 hacía poco. Para Juancho y Pedro se trataba de su primera exploración exitosa. Juancho lleva poco tiempo haciendo espeleo y tiene la ilusión intacta; Pedro tiene un entusiasmo total que le hace perderse en los mil detalles de una cavidad. 
                Los preparativos se prolongaron hasta las 11. Entre otras cosas tuvimos que preparar tres trozos de cuerda de un mazo nuevo de 100. Cortamos un 50, un 30 y un 20 y elegimos para llevar el 20 y el 30. Además un equipo de instalar y el taladro con una batería que se estuvo cargando con el motor del coche a través del mechero. Y comida en abundancia ya que la previsión era estar bastantes horas. Unos instantes antes de comenzar la marcha de aproximación Pedro nos invitó a una tortilla hecha por su madre. Fue un almuerzo delicioso. 

II
Valle abajo a unos dos kilómetros de San Roque hay un cómodo aparcamiento y una pista hormigonada que asciende por la ladera. Andando unos centenares de metros por esa pista se encuentra una senda a mano derecha que se introduce en el denso bosque de carrascas. La senda asciende fuerte hacia un paso en el cortado en el que se encajona. Juancho y Lobato no se ponían de acuerdo acerca del mejor sendero. Pedro fue todo el rato con el GPS en la mano marcando puntos por si acaso a la vuelta -quizás de noche y con niebla- hiciera falta utilizarlo. El camino hacia Bordillas atraviesa praderías para acabar introduciéndose en un profundo bosque de hayas bordeado de agujas de lapiaz y sembrado de cabañas escondidas. Me recordaba un sitio -que conocí hace varios años- en la senda que conduce a la cabañas de Saco. Un bosque de hadas y elfos. Un haya caída cubierta de musgo y un laberinto de callejones marcan la apoteosis de este bosque encantado.
En una hora y cuarto, o algo más, llegamos por la senda que recorre el fondo del valle de Bordillas a un prado que abandonamos en fuerte ascenso hacia la izquierda. Otros cinco minutos de senda nos condujeron a la boca de la CA 32 (y algo más abajo a la CA 33). Poco antes nos cruzamos con Miguel Ángel que buscaba un deposito de material y que había subido con un grupo -integrado por belgas y españoles- a seguir explorando otra torca. Sin embargo ellos bajaban de un collado bastante arriba donde habían subido con coches. El problema de esa ruta alternativa era que exigía combinación de coches y/o subir un buen desnivel después de salir de las simas.

III
                Mientras nos vestíamos de romanos aprovechamos para seguir charlando. El sistema de arnés de pecho que utilizan Lobato, Pedro y Juancho se parece a unos tirantes de pantalón y es sumamente cómodo aunque difícil de poner sin ayuda. Como fui el primero en estar listo y  las tiradas de cuerda no tenían pérdida comencé a bajar de inmediato. Me siguieron en orden Juancho, Pedro y Lobato. De vez en cuando tenía que reflexionar para saber si el mote era Lobato o Lobezno. De cualquier forma ambos posibilidades me gustaban. Muy a menudo me quede esperando a Juancho, con la luz apagada para ahorrar baterías, centrado en las sensaciones que surgían. 
                El primer pozo -con tres fraccionamientos- te conduce limpiamente a un fondo de piedras medianas. Inmediatamente se asciende un resalte de unos diez metros con un desviador y se alcanza una ventana que continúa en un corto pasamanos. Aparece un pozo paralelo, de unos veinte metros, que se baja sin problemas, pero antes de llegar al fondo y mediante un péndulo guiado se accede al comienzo de un meandro cuya entrada es algo estrecha. Siguiendo este entretenido meandro durante un ratito (pequeños resaltes y desfondes) llegamos a un paso sumamente angosto que los primeros exploradores no pudieron pasar. El viento era tan fuerte que lo confundieron en la lejanía con el ruido de una cascada. Una vez desobstruido -creo que por Alfredo- el paso fue bautizado como “Cortafríos”. Aún así es bastante jodido y me da la impresión de que se tendrá que trabajar más en la desobstrucción. A la gatera se entra de cabeza y te tienes que restablecer al otro lado con las manos sobre pequeñas presas para no caerte de morros un par de metros. Si seguimos el meandro algo más llegaremos a la cabecera de un gran pozo de 106 metros. Al comienzo el pozo es de anchura reducida y no se perciben sus verdaderas dimensiones. Pero después de tres o cuatro fraccionamientos se alcanza una tirada de  bastantes metros seguida de la última de más de 50. Esta última tirada es problemática ya que las paredes tienen una gruesa capa de barro tipo plastelina que hacen casi imposible colocar fraccionamientos. La cuerda roza en varios sitios haciendo profundos surcos y aunque mosquea bastante no detecté ningún deterioro en la cuerda. El chicleo en el aterrizaje es muy acusado.
                Al fondo del pozo hay varios desfondes pero la continuación es por una corta bajada seguida de una trepada que nos lleva a una salita. Desde aquí Juancho y Pedro escalaron un pequeño resalte arenoso, actualmente equipado con unos metros de cuerda, y atravesaron una estrechez de roca cortante que rasga los monos a la menor distracción. Este paso les permitió desembocar en las nuevas y amplias galerías de la CA 32. La impresión que tenía en ese momento era que estaba en una sima bastante técnica y entretenida.
   
IV
La topografía que manejábamos estaba francamente bien realizada y mostraba todas las incógnitas que se habían detectado con una descripción detallada de las mismas. Llevábamos varias copias. De entrada la idea consistía en barrer sistemáticamente todas las incógnitas salvo las escaladas que conllevasen mucho trabajo. Unos metros más allá de la estrechez se llega a un resalte equipado con cuerda. En la base de dicho resalte un pequeño desfonde conducía a la primera incógnita. Mientras Lobato y yo tomábamos algo Juancho y Pedro se pusieron a hurgar ya. Una gatera arenosa y el comienzo de un meandrillo eran uno y lo mismo. Juancho salió al cabo de unos minutos comentando lo estrecho que se ponía aquello. Pedro y yo nos metimos de nuevo para el meandrillo -que a mi me olía bien- y encontramos un bloque empotrado a partir del cual era conveniente utilizar cuerda. Aunque era estrecho se podía trabajar cómodamente. Tomamos el 30 y bajé a través de una ventana y contraventana bastante incómodas hasta un rellano. Mientras tanto Juancho se había ido con Lobato a mirar otras incógnitas.  Pedro se reunió conmigo en el rellano y fraccionamos en una gorda estalagmita. Por una estrechez de roca friable alcanzamos el riachuelo que se vislumbraba abajo. Río arriba Pedro encontró más agua y arrastradas. Eso se quedo pendiente. Río abajo pudo avanzar por el estrecho meandro hasta un desfondamiento sobre un pozo. Me pareció con más posibilidades el meandro a la altura del rellano. Por allí avancé cómodamente hasta el desfondamiento, visto por Pedro, sobre un pozo de unos 20 metros. Aunque estábamos realmente excitados por las perspectivas de continuación hacia abajo Pedro prefirió mirar de forma sistemática el resto de las incógnitas. De cualquier forma estábamos muy contentos.
Ya en la galería principal Pedro me fue mostrando lo conocido y las incógnitas hasta llegar a la sala final y a un gran pozo ascendente. Me pareció todo de una rara belleza. Destacaban un conjunto de sierras de doble filo en una zona reducida y unos pequeños lagos llenos de hermosas cristalizaciones blancas. Poco después nos reunimos con nuestros otros dos compañeros. La suerte no les había sonreído en la galería que miraron pues no pudieron pasar más allá de lo conocido. Era también la hora de reponer fuerzas.
Para continuar el trabajo decidimos realizar unas escaladas fáciles algo más allá de donde nos encontrábamos. En la primera escalada subió Lobato hasta un punto algo peligroso y allí puso un spit con el taladro. Entonces subí yo para darme el paso en libre y así alcanzar una pequeña galería ascendente. Según iba subiendo la decoración de las paredes se iba haciendo más delicada. Los últimos metros hasta una pequeña capilla me obligaron al asombro. Excéntricas de calcita de todas las formas y tamaños desde pelillos retorcidos hasta gruesas como un plátano se agolpaban en la capilla final que cerraba la galería en un amasijo fascinante. Algo más adentro encontramos otra capilla imposible de alcanzar sin desobstrucción y una gatera igualmente abarrotada de excéntricas. Nuestro asombro no tenía límites. Dejamos un cordino de acceso a esta pequeña maravilla -Sala del Maestro- para facilitar la visita. A continuación nos movimos hasta otra escalada algo más comprometida. Lobato metió de nuevo un spit -tuvimos que cantarle las cuarenta sobre seguridad- en la zona más comprometida y Pedro se curro el paso de escalada. Como la cosa se alargaba y Pedro quería que Lobato subiera a mirar una posible continuación Juancho y yo comenzamos la vuelta para evitar aglomeraciones y esperas en el pozo de 106. 

 V
La subida de la primera tirada fue lo peor. Pero luego tomé ritmo y todo fue sobre ruedas. La salida de los cuatro espeleologos fue escalonada en una hora y media más o menos. Entre las 9 y las 10 y media. Mientras esperaba me dediqué a disfrutar del atardecer en ese mágico valle, húmedo por la lluvia que acababa de caer. Escuche el canto de algún cárabo. Pedro y Lobato percibieron en el pozo de 106 el chaparrón del atardecer. Cuando ya estaba teniendo frío comenzamos a movernos. La intuición de Lobato nos permitió bajar sin pérdidas.
          A las 12 menos cuarto estábamos en el camping pidiendo que nos dieran cena. Por suerte para nosotros en ese camping están acostumbrados a las movidas de los espeleólogos y no nos pusieron ningún impedimento para darnos de cenar. A Lobato le pusieron un chuletón que no pudo acabarse. Después de cenar nos dedicamos a mirar las fotos y videos que Pedro había hecho durante la actividad. Incluso me había filmado dando explicaciones sobre lo explorado. Y a contar en tres o cuatro versiones toda la actividad.  Poco después tome la carretera hacia Liérganes. Conducir era un placer exquisito con aquella noche fresca y estrellada. A las dos de la madrugada estaba placidamente en mi casita campestre disfrutando del silencio nocturno.

16/6/07

Beginners (16/6/2007) Sopladoras


I
                Fran y Víctor son amigos de Manu. Tienen cierto interés por la espeleología. Hace unas semanas realizaron una práctica de técnicas de espeleo vertical con unos equipos prestados. Les instalamos un par de cuerdas en el primer largo de la vía Roberval a Peña Cigal. Se lo tomaron en serio y aguantaron una tarde y la mañana del día siguiente subiendo y bajando como maníacos. Víctor ya había hecho un cursillo hace un año, pero para Fran era la primera vez. Fue algo duro para él. El tiempo les sonrió y pudieron disfrutar del ambiente. La Zigal se había puesto últimamente muy inestable y cambiaba de humor varias veces al día. Era como una mujer voluble y temperamental con las hormonas a cien por la primavera. Tan pronto te caía un aguacero, con rayos incluidos, como te sonreía un sol envuelto en transparencias. De cualquier forma, y como premio a su esfuerzo, quedamos en castigarles con una movida espeleológica.



II
                El martes 12/6/2007 quede con Miguel para recorrer en piragua los acantilados de Peña Candina en busca de cavidades. Sabíamos de buena tinta que por allí anda la resurgencia del río que recorre Liendo. Nuestra idea era embarcar en la playa de San Julián para tener el viento nordeste en contra a la ida y a favor a la vuelta. Cuando llegamos a San Julián vimos que el viento había arreciado y la ola era algo grande como para encaramarse a los acantilados. De todas formas decidimos bajar la piragua hasta el agua para hacer una prueba de equipo y familiarizarnos con la tarea. Pero no pudimos hacer nada ya que la pista que descendía a la playa se ha desmoronado (absurdo diseño). Nos entretuvimos hablando de planes futuros y quedamos en salir de espeleo el sábado. Pensando en que la cueva no tuviera demasiadas acciones verticales, por si venían Fran y Víctor, y por que era lo que más nos motivaba, le propuse ir a la Red del Gándara por una de las entradas cercanas a Bustalveinte. Pero cuando hable con Manu me recordó que esa entrada era dura, sin grandes bellezas y  que corríamos el riesgo de que sus amigos aborrecieran la espeleo antes de haberla saboreado. Sopesamos ir a la clásica Toño-Cayuela pero algunas aparentes complicaciones nos decantaron finalmente por hacer la travesía Sopladoras-Agua.


III
                El mismo viernes por la noche cuando estaba ajustando la cita del sábado con Manu me llamo José para confirmarme que se sumaba a la expedición. Con él se repetían los cuatro integrantes del grupo de Hoyo Salcedillo. Por otra parte Fran llevo su autocaravana a Asón y allí durmieron él, Manu y Víctor. Los ruidos nocturnos y el rumor del río les hicieron dormir a tope.
El sábado me encontré en Solares con José, recogimos en Arredondo a Miguel y nos reunimos todos en Asón. A pesar de lo avanzado de la mañana había alguno medio dormido. Les comuniqué de forma concisa que íbamos a utilizar una ruta alternativa de acercamiento a las Cuevas Sopladoras. Ninguno conocía las aproximaciones y no hubo preferencia alguna. El tiempo no estaba excesivamente caluroso pero iba en progresión ascendente.
Como saben la mayoría de los espeleólogos de Cantabria el acercamiento a las Sopladoras, unas dos horas, comienza por el valle de Rolacías hasta el cruce con el afluente del barranco de la Sota. Desde aquí, tomando rumbo al sur, se atraviesan las cabañas del Chumino alcanzando así la Cuesta del Avellano y la cascada del mismo nombre. Desde este punto estamos a dos minutos de las Sopladoras. Sin embargo existe una aproximación mucho más interesante, aunque -hay que decirlo-  no es apta para personas con vértigo o que tengan dificultades en senderos de montaña. Justo desde Asón se avanza por la pista hasta cruzar el puente de cemento y se vuelve atrás, río abajo, por una senda poco marcada que al poco atraviesa el barranco Huerto del Rey (el que desciende desde la boca de la Cueva del Agua). La estrecha senda asciende lateralmente entre robles y se abandona enseguida para ascender entre helechos, tojos y brezos algo a la derecha de la arista que cierra por el norte el barranco Huerto del Rey. En toda esta fuerte subida la referencia es la propia arista por la que en algunas ocasiones trepamos pequeños resaltes. El paisaje se va engrandeciendo. Finalmente alcanzamos la base de la pared en la que se encuentra la Cueva del Agua. A partir de aquí bordearemos dicha pared, lo más cerca posible de su base, primero hacia el norte, luego hacia el oeste y finalmente hacia el sur (realmente estamos siguiendo en sentido inverso el estrato en el que se desarrolla la travesía). Al principio por suaves prados que se van empinando y estrechando hasta formar un haza, hacia el oeste, que discurre a gran altura y paralela al valle de Rolacías. De lejos parece que el haza es intransitable y vertiginoso pero siempre encontraremos senderillo, aunque a veces sumamente estrecho. Se llega a un punto en que un enorme bloque en equilibrio amenaza con rodar hasta las cabañas del Chumino unos trescientos o cuatrocientos metros más abajo. Este punto marca el cambio de orientación hacia el sur. Viene un tramo fácil que acaba en unas fuertes pendientes herbosas teniéndose que descender ligeramente por debajo de unas pequeñas paredes para cruzar un barranco, volviéndose a ascender con suavidad por prados y avellanales hasta la misma cascada de la Cuesta del Avellano. Total: menos de dos horas y media. 


IV
A varios de los compañeros les costo parar de hablar a la subida y ahora les estaba costando entrar en la cueva. A mi la subida me había costado llenarme de arañazos y urticarias las piernas. Con la excursión ya tenemos suficiente -dijo alguno que otro. Hubo un presión general por comer antes de meterse en el agujero. Los que vayan a las Sopladoras deben recordar que en el pequeño resalte de entrada hay que tener cuidado par no romperse la crisma. Sea como fuere al cabo de un rato todos estábamos preparados y caminando por la amplia galería de inicio. Los dos caos de bloques se pasaron sin problemas aunque cada vez hay más rastros en todas direcciones. Por suerte siempre suele estar el potente soplo para indicarte el camino correcto. Las instalaciones de los dos resaltes estaban en su sitio. Sería conveniente instalar otros dos pequeños resaltes, más por seguridad que por dificultad. Hay que tener en cuenta que esta travesía es muy transitada. Los pasamanos sobre las marmitas estaban perfectamente y en la última marmita todavía nadie ha instalado un pasamanos. Aunque la mayoría de la gente no lo encuentra difícil las personas con poca envergadura pueden tener problemas. 

De vez en cuando hacía que Manu se fijara en detalles para controlar la travesía. Unas galerías fósiles con una pequeña trepada a un nivel superior acabaron conduciéndonos de nuevo al río principal del sistema. Nos detuvimos en los Meandros. Quería probar mi nueva célula para flash esclavo apta para cámaras digitales. Conseguimos que disparase a muy corta distancia pero no funciono para las fotos con el flash alejado, como yo quería. Aunque seguramente podrá arreglarse la cosa.
La gente acabo desesperándose de tanta prueba. Pero se les olvidó enseguida con la belleza de los Meandros. La diversión principal consistía en hacer de hijos pequeños: ¿cuando llegamoos...? ¿cuándo paramoos...? estoy cansaoo...tengo hambree...tengo seeed...me ha pegaoooo.....Al cabo de un rato por los Bulevares decidí que me paraba a comer. Tenía hambre. Como nadie conocía la cueva podía comportarme como un dictador sin problema alguno. De todas formas todos se sentaron y se pusieron a comer de inmediato. Lo de comer siempre es bienvenido. 
Saliendo de los Bulevares hay una bonita zona con pequeñas marmitas que se bordean por estrechas repisas. A las pocas revueltas se llega a una zona de dimensiones más modestas en la que el río va ocupando mayor proporción de la superficie disponible hasta que obliga a meterse en el agua hasta la cintura para pasar un corto tramo. Lo había dejado caer varias veces pero no me creyeron hasta que lo vieron. Después de esto enseguida se desemboca en la enorme sala de salida. Ya se ve una luminosidad verde en la lejanía. Veo difícil pero posible hacer una foto de este magnífico paisaje subterráneo. Captar el tono de la luz tamizada por la vegetación sería la clave.
Realizamos la bajada dejando a la derecha la arista por la que subimos  y siguiendo una senda marcada, pero casi anulada por los helechos gigantes, hasta casi alcanzar el emboque de Rolacías. De aquí seguimos por unos prados hasta el Asón. El paisano que nos encontramos abajo junto al puente no había estado jamás en las Sopladoras. Le pregunte por una cueva que exhala aire helado a pocos metros de donde estábamos. Me dijo que intentaron entrar pero que poco pudieron y hace mucho.
El lo llamo el Cuvío del Raposiro...una incógnita sin despejar pero bien planteada.

9/6/07

Linto (9/6/2007) Alto del Tejuelo



Con la tormenta vinieron granizos del tamaño de avellanas gordas con cáscara.  De forma elipsoidal, ligeramente achatada y una asimetría en la textura superficial de los dos hemisferios, eran granizos remarcables. Uno de los hemisferios más vítreo y transparente y el otro tendiendo a blanquecino y níveo. Pero por la mañana se mantuvo el ambiente tropical, húmedo y caliente, de los últimos días tormentosos. Sin embargo los madrileños no abandonaron sus hermosos paraguas en ningún momento.

Vimos casas muy arregladas y otras actividades inmobiliarias. Unos belgas se habían edificado una casona de nueva factura sobre un prado. Una pista y luego una senda desenrollándose entre cabañas, entre praos, y luego a través del bosque de hayas un sendero. Hayas de tronco limpio, recto y erguido más de 20 metros.  Sendero entre helechos. Un rato de camino por trochas apenas marcadas. La C225, la C221 y otras torcas sin marcar. Una de ellas mostraba una gran sala a 20 metros de la superficie Otra tenía un serbal de los cazadores en su boca. El pozo de entrada de una tercera tenía al menos 40 metros. Esta última estaba sin marcar. Todo nos parecía interesante. Estábamos en Linto, ladera oriental del valle del río Miera.

Alfredo, Josechu y Menchu del SECJA andaban metidos en un proyecto muy atractivo. Las galerías horizontales de la torca de Canto Encaramao, cuyas proporciones son descomunales, se aproximan mucho a la cueva de la Puntida en cuyas cercanías, por otra parte, se han detectado algunos agujeros que soplan aire helado. Su idea era, y es, realizar una prospección exhaustiva y detallada de la zona para encontrar la mejor manera de penetrar en el Sistema del Alto del Tejuelo. Estas cosas nunca son fáciles. Pero poco a poco se puede avanzar. Me pareció una tarea que merecía y merece la pena.

El encanto de esta gente de Madrid era la enorme estima que mostraban por algo que en Cantabria consideramos corriente. Y la facilidad con que comparten algo valioso con otros. Quizás esta última característica se deba a la volatilidad de los planes y proyectos en Madrid. Es difícil para los madrileños creer que algo se mantendrá indefinidamente. Cada día es un nuevo caos.

Más tarde el río Miera bajaba en turbia crecida tras las tronadas de agua y granizo. Prospeccionamos desde el viejo puente de la Cárcava, aguas arriba del río, durante un rato. Solo Josechu y Alfredo tuvieron moral para continuar a través de la jungla que alimenta el río a sus orillas. Mientras tanto Menchu y yo descubrimos por el otro margen un sendero que, pasando por el viejo Molino, nos permitió avanzar mucho más deprisa. Pero para mi se hacía tarde y mis compañeros andaban perdidos en la selva del Miera. Así pues me despedí de todos a través de Menchu.

           Estaba claro que de existir una resurgencia se necesitaba más esfuerzo para encontrarla. Quizás el próximo día la suerte nos sonreirá.

12/5/07

Nómadas (12/5/2007) Gándara


I

Manu afirmaba que antes del “gusano” debíamos pasar por una estrecha fractura descendente.  Le dije que me preocupaba su afirmación. Después de estar tres veces en la Red del Gándara él no controlaba la ruta principal y si a mi me pasaba algo ¿como iba a salir él solo? Me dedique a  pintar de intrascendente todo lo que decíamos. Entrando en el “gusano” aún tardo en reconocer la secuencia de lugares correcta. Más allá de la Sala del Ángel me dijo que no había problema si tenía que salir. De cualquier forma la huella formaba un sendero evidente. Invente un estribillo, basado en los hechos, llamado ¡que golpe! y no paramos hasta llegar a donde deseábamos.
Las galerías que encontramos hacia el oeste se mostraron enormes. De hecho formaban dos galerías paralelas en vez de una. Las recorrimos con mucha atención. La primera, muy caótica, nos llevo a un desfondamiento del que no pudimos encontrar las fijaciones de descenso. La huella por esta galería era escasa. Con seguridad podíamos afirmar que menos de cuatro exploradores habían pasado por allí. Desde el comienzo del desfonde eran accesibles varias pequeñas galerías poco holladas también. Sin embargo no había corriente de aire, ni débil, en esas galerías. La otra, paralela, de comienzo también caótico, se notaba más transitada. Se transformaba al cabo de un corto recorrido en un perfecto cañón de altas paredes. Éste finalizaba abruptamente en un tremendo desfonde del que surgía el rumor de un torrente Destrepé hasta un rellano y sondee con piedras al menos 30 metros. No encontré por ningún lado spits o huellas en anclajes naturales. El cañón me traía una fuerte corriente de viento.  El problema no era ya que no estuvieran las cuerdas sino, más bien, que no hubiera fijaciones. Esta zona la habían explorado, pero ¿cómo bajaron por aquí? Desconcertados volvimos atrás.
Caminamos en todas direcciones como nómadas sedientos mirando los rincones con la esperanza de encontrar la llave que nos permitiese bajar el desfonde o continuar por otro lugar. Al cabo de un rato abandonamos esta zona

II
Una visita a la segunda cascada nos permitió encontrar en su base varias galerías que no continuaban y otra que no seguí por si acaso no podía volver a subir un resalte resbaladizo. De cualquier forma esa galería no me pareció demasiado prometedora. En esta zona crecía en abundancia moonmilch formándose amontonamientos de esta especie de algodón mineral deshilachado en paredes y suelo. Manu visito mientras tanto unos hermosos gours blancos. Más tarde localizamos, un poco por suerte rocambolesca, una galería hacia el oeste en la que recorrí  centenares de metros en pocos minutos. Se trataba de una hermosa y cómoda galería bastante prometedora. Deje su continuación para otro día. Se nos estaba haciendo un poco tarde y estábamos lejos de la entrada. En total hicimos un trabajo de nueve horas apenas interrumpidas por un corto descanso de quince minutos para comer algo. Habíamos entrado a las 10 de la mañana y salimos a las 7 de la tarde. El día estaba tan primaveral que mareaba. Demasiada primavera puede ser peligrosa.

III

No permitáis que se os seque el espíritu. Bebed más agua. Pero buscad agua pura. El agua de los grifos, saneada, sin gérmenes, tampoco da vitalidad. Buscad vuestra fuente. Siempre existe una cerca de donde habitáis. Para el espíritu no hay distancia.

22/4/07

Mutación (22/4/2007) Hoyo Salcedillo

 

I

El agua, al principio, consistió en una botella de aquarius de limón. Nos la acabamos entre los cuatro antes de entrar a Hoyo Salcedillo. Sudamos mucho a la subida. Era la tarde del viernes y estaba nublado. Más tarde bebimos poco y simplemente agua. Poco antes de llegar a la sala del Ibis Rojo rellenamos todas las botellas en el río Javanaise. Nos duro para cocinar, beber por la noche y desayunar. Y durante el resto del sábado solo bebimos agua del río Javanaise. Con isostar y sin isostar. Aunque a veces dudábamos de su calidad. En una ocasión vimos espumarajos en el río. A la vuelta apenas bebimos agua y antes del último resalte de subida en vez de beber agua me comí una manzana grande, de color rojo oscuro, que tenía reservada y que compartí con Miguel.  Por suerte los otros compañeros ya habían ascendido y no vieron la hermosa manzana. Seguramente se habrían abalanzado sobre ésta. Era realmente apetitosa. No permitáis que se os seque el espíritu. Bebed más agua.

II

El combustible principal de las montañas y de las cuevas es la fe. El precio de referencia del barril de fe es indeterminado. El abandono de los lastres para flotar con libertad puede ser parte del precio. Una montaña puede moverse a otra posición cualquiera con una fe refinada. La cueva de Hoyo Salcedillo fue explorada del 88 al 94 por franceses del SCD dotados de una sobredosis de fe; luego la fe puede hacer maravillas. El Hoyo Salcedillo es una cueva que no regala ni un centímetro. Los franceses tuvieron mucha suerte de ir encontrando los pasos clave para poder continuar adelante. Lo que más ilusión les hacía era conseguir  dar con una conexión a Cueva Fresca, pero se quedaron muy lejos. Dos kilómetros en línea recta a la zona del Cañón Rojo de la Fresca. Sin embargo sus últimos descubrimientos, como la Red de las Nieves Eternas, fueron fascinantes.  Según sus crónicas visitaron una sala de la que literalmente tuvieron que salirse corriendo por que la nevada de copos de un mineral esponjoso, desprendido del techo al entrar ellos, les impedían operar. 

III

            José estaba muy serio cuando llego al Ibis Rojo. Habíamos hecho trizas todos los horarios. De tres horas aproximadas que tarde la última vez pasamos a cinco horas y cuarto en esta ocasión. Las causas: el peso de las sacas (comida, infiernillos, saco de plumas, carburo, alguna cuerda y ropa), las esperas en las cuerdas y el cansancio acumulado durante la semana. Además los carbureros se portaron fatal y hubo que parar muchas veces a actualizarlos. En definitiva, eran las dos de la mañana del sábado cuando nos instalamos en el vivac. Y las tres cuando nos ensacamos. Habíamos comido y bebido caliente en abundancia. Utilizamos tres colchonetas que ya estaban allí, abandonadas por los franceses pero en buen estado, y otra que llevo José y que al tener un pinchazo le estuvo martirizando toda la noche. Miguel había traído otra colchoneta más corta pero José –curtido en batallas montañeras- no se animó a salir del saco para cogerla. Ni Miguel ni Manu durmieron a pierna suelta, dieron muchas vueltas, y yo aunque no di vueltas solo dormí cinco horas que fueron poco después de la paliza del día anterior. A las ocho y pico ya estaba despierto. Todo seguía igual. El sonido del río Javanaise, amortiguado por la profundidad, no había variado. Nos costo salir de los cálidos sacos. Sin embargo pensaba que iba a hacer más frío del que realmente hacía. Manu se enzarzo en la limpieza de su carburero mientras tanto desayunábamos los demás. Se le oía maldecir continuamente. Preparé unos tallarines liofilizados que me costo trabajo acabar. Las dos raciones que contenía el sobre casi me revientan. Había café y leche condensada a discreción.

IV
            Las instalaciones de los franceses en Hoyo Salcedillo dejan mucho que desear. Las cuerdas suelen ser cortas, y en algunos sitios en que convendrían ni siquiera están colocadas.  Particularmente llamativas son las instalaciones del Pozo Muralla en el que hay que escalar tres metros en oposición para alcanzar la cuerda y salir de un fraccionamiento también escalando. A la bajada tuvimos algún problemilla –batacazo- con el final de cuerda en este pozo. Nos encontramos también dos resaltes, aguas abajo del río Javanaise, uno de los cuales no tenía cuerda siendo obligado destreparlo o equiparlo por cuenta propia, y otro en el que había una cuerda que colgaba cinco metros por encima del aterrizaje. Además encontramos dos pasamanos y uno de ellos requería una escalada para alcanzar el comienzo.  En general nos dimos cuenta de que los franceses o bien estaban muy escasos de material o bien eran muy gallos; o ambas cosas a la vez. En algunos resaltes, a lo largo del río Queue de Cheval,  tampoco encontramos las instalaciones adecuadas, aunque solo se hubieran necesitado menos de 20 metros de cuerdas para equiparlos todos. Y, por otra parte, los anclajes, que en su mayoría llevan en posición más de 13 años, presentan un aspecto totalmente sospechoso y cutre. En concreto los de bajada del Ibis Rojo al río Javanaise  estaban en un estado patético. Me sentí muy inquieto al colgarme de ellos. 

V
            La mayor parte del río Javanaise es un cañón amplio; sin embargo la naturaleza friable de la arenisca en que está reexcavado genera grandes acumulaciones de bloques que hacen dificultosa la marcha. Muy a menudo hay que buscar la ruta entre éstos, subiendo y bajando desde el cauce de un río que se presenta medio obstruido. Hay una sala muy amplia en la que fue particularmente complicado decidir por donde continuar. Cuando se alcanza la confluencia con el afluente Kazed las dimensiones del cañón aumentan y el tránsito es mucho más cómodo. Sin embargo durante todo el tiempo tuvimos que tener mucho cuidado con la resbaladiza arenisca ennegrecida y pulida. A causa de esto, de la poco confortable noche y del impresionante ambiente de Hoyo Salcedillo el avance fue lento e inseguro. La cueva no regalaba nada. A finales de la mañana estábamos enzarzados en dos resaltes que tuvimos que medio instalar. Pero algo más allá llegamos a una zona estrecha e inundada para la que no estábamos preparados ni material ni psicológicamente. Miguel trato de forzar los pasos, pero se cayo al agua y tuvo un remojón hasta la cintura. Sin embargo investigando más a fondo encontramos un paso superior fósil, reseñado por los exploradores, que implicaba dos pasamanos y un pozo. Esta zona presentó un buen repertorio de formaciones algunas de ellas notables. Como ejemplo basta hablar de una gran estalagmita cónica, blanca, de unos seis metros de altura y dos de base. Sin embargo este sector, de tránsito muy agradecido, desemboco rápidamente en una galería pequeña llena de las habituales dificultades de la cueva: bloques, subidas y bajadas. En este momento valoramos entre los cuatro la posibilidad de empezar la vuelta. Había algunos que preferían salir el mismo sábado por la noche. Y yo no estaba en esos momentos dispuesto a animar a nadie. Necesitaba que alguien me animase a mí. Así que comenzamos la vuelta hacia el Ibis Rojo que completamos en menos tiempo que la ida debido al conocimiento de los pasos y a las señalizaciones que habíamos dejado. Se nos fue un buen rato recogiendo en el vivac pero las sacas -a la vuelta- pesaban menos. Pudimos ir ligeramente más deprisa que el día anterior. Algo angustiosa resulto la expectativa del laminador entre la Queue de Cheval y la Dispendieuse sobre todo por las gordas sacas.
            Mis sondeos acerca de sí mis compañeros volverían a Hoyo Salcedillo en este plan recibieron respuestas ambiguas e incluso yo mismo me replanteé la logística de esta cueva. Sin embargo la obsesión por llegar a la punta de exploración y a la Red de las Nieves Eternas sigue ejerciendo una fascinación total sobre mi. Creo que volveré... pero tendré que realizar algún cambio.. alguna mutación...

1/4/07

Morning Glory Seeds (1/4/2007)


I
En la oscuridad busque la luz interna. No solía ser difícil encontrarla. Pero a veces se me aparecía una oscuridad absoluta en la que ni las ráfagas interiores de imágenes, ni los caleidoscopios, se atrevían a entrar. Recordé que la vida es solo un juego de imágenes caleidoscópicas que te seducen. Me asusté. Llegue a ver cosas. Había apagado la luz para economizar mientras esperaba al pie del pozo. Miguel estaba bajándolo. Me moví con mucha cautela hacia una zona que las piedras en caída libre no pudiesen alcanzar. Todas las instalaciones estaban duplicadas. Las cuerdas y fijaciones más recientes estaban impecables y cómodas. Cómodas significa que los nudos, los anclajes y las combas quedaban a placer. En el exterior un día resplandeciente iluminaba toda la nieve. Había capa continua a partir de unos 1000 metros. Quizás menos. Los caballos estaban contentos. No deseaban otra cosa que pastar hierba fresca en primavera. Una primavera húmeda. Los techos de la cueva rezumaban goteos y dejaban caer grandes chorros de agua, abundantes por las lluvias de los días anteriores y por la fusión de la nieve. A las doce y cuarto nos acercábamos a la zona del vivac de los espeleólogos del SCD. Miramos en una galería lateral y anduvimos por varios meandros que se ramificaban en todas direcciones. Todo lo que fuera hacia el oeste nos interesaba. Había pequeñas acumulaciones de cristales en las paredes. También costras de descalcificaciones. Creo que al mediodía se cerro el tiempo y las cumbres se cubrieron de densas nubes. Unos pastores trataron de obligar a sus yeguas a bajar hacia las cabañas del Carrascal. Seguramente lo consiguieron. En el vivac, la galería principal volvía de forma manifiesta hacia el este. Eso no era nada interesante. Pero si llamativo. Uno de los meandros agaterados que visitamos nos llevo hasta un punto que debía escalarse. Antes estuvimos un rato descansando de las dos horas y media que tardamos hasta allí. Comimos comida en abundancia y sobró suficiente para dos meriendas. Nunca me había fijado antes en los cráteres que siembran esa galería. Son la clave de toda esta historia. Es una historia escrita con el lenguaje de los cráteres. Todos deberíais conocer ese lenguaje. Los cráteres de la red del Gándara. En uno de ellos deposite excrementos que, antes, había fabricado cuidadosamente a partir de alimentos selectos. Cerca de ser actual el agua no lo era en ese sitio tan seco. En el lago pase justo al límite de la caña de mis botas. Pero eso ya quedaba muy lejos. Las de Miguel eran más altas. Las botas. En el vivac no quedaba nada salvo dos botellas de agua que tampoco estaban allí. Por mi mente paso rápido un conejo en dirección equivocada. Pero me di cuenta y no lo seguí. Los leds estuvieron portándose bien. Los carbureros no. Y tampoco daban tanta luz como debían dar. El pulsador no funciono. Pero eso fue a la vuelta. Ya habíamos encontrado un punto en que la cueva proseguía hacía el oeste. No fue nada fácil de encontrar. La galería fósil que parte de la gran sala estaba perfectamente transitable y las huellas ayudaban a elegir el camino entre los bloques. Eso la hacía menos cansada. Me fijé en una estalagmita trífida que me hizo cambiar de estado mental. Pasé de un delta a un alfa. Las estalagmitas trífidas no son abundantes. Más bien son raras. A esa hora el tiempo en el exterior sin ser malo era muy amenazador. Era evidente. Entonces celebramos la diana en el centro con fotos en la trífida. La trífida no dijo nada. Luego, recuerdo ahora, encontré otra trífida lejos de allí. Más diana. Estaba en una rama lateral de una galería más cercana a la salida de la cueva. A la entrada del mundo-cielo. Saqué mis baterías de repuesto para el flash de Miguel. Un flash grande y articulado como una grúa portuaria sobre raíles de acero. Hicimos varias fotos con un trípode. La corriente de aire molestaba. Guardábamos las cáscaras de plátano y de naranja. Miguel fue escrupuloso en ese tema. A veces me pasé distorsionando la realidad de mis sentimientos. Riéndome de mi mismo para no matar a nadie. Encontré una columna rota por el paso de expeleox torpes. Lejos de allí. También eche en falta la excéntrica zigzageante. Pensé en una trampa mortal para expeleox de ese tipo. Una gran columna reconstruida en equilibrio para que al tocarla se viniera encima como una montaña de bloques y aplastase, o dejase malherido, al expeleox. Un aprendizaje a sangre. Me di cuenta de que mi mente estaba dominada en ese momento por un hijo puta que no se frenaría ante nada. El hombre enemigo del hombre. La gran corriente de viento se intensificaba procedente de una grieta por la que cae la Torca de la Sima. Era muy difícil de encontrar. Casi imposible. Dimos en el clavo rojo. El flash se sincronizaba a ojo con el disparador. Todo artesanal. En un rincón lleno de corales y cristalitos sumidos en charquitos nos detuvimos a sentir las ondas a. Un comino es pequeño pero aromático. A veces se dice que algo te importa un comino. ¿quien de vosotros ha visto un comino en su vida? Y si lo ha visto ¿quien le han hincado el diente hasta cascarlo y sentir su sabor? Ayer soñé que recorría una gran cueva. Pero ya la había recorrido. Mañana soñare con algo que realizare. Pero aun no conozco mi sueño. El conejo volvió a aparecer por detrás pero no le hice ningún caso. A esas alturas no había conejo ni burro que pudiera con nosotros. La galería era una gran avenida que nos llevaba hacia el oeste. Una sala circular nos dio juego para una hora. Las galerías que emanaban eran como una playa un día soleado en bajamar con el mar tranquilo y el cielo muy azul y las gaviotas gritando. Perfectas. Pero las cartas estaban vistas. Necesitábamos un cordino para bajar un resalte. Despedimos al viento. El viento viene, te besa y se va. Pero siempre es otro viento el viento. El hijo de Miguel navega en Optimist. Máximo recomendable 47 kilos. Pero ya los supera y deberá cambiar a otra clase de mayor porte. La espeleo es la navegación de la tierra. Hay vientos que te llevan cada vez más lejos. Pero las ceñidas son fundamentales. Como una buena taza de algo caliente. Como un buen caballo gris que esta esperando nueve horas en la salida hacia el mundo-cielo para saludarte. Un verdadero caballo amigo. Las nubes perezosas y la nieve perfectamente pintada a trazos componían el cuadro del caballo amigo. El caballo había pagado con ser caballo para disfrutar de su cuadro mundo-cielo de caballo. Pero esto sucedió mucho después de que a Miguel se le reventase su pequeña mochila llena a tope colmado. Y tuviésemos que pasar todo a la saca amarilla de speleo. ¿Por qué son amarillas las sacas de speleo? El trípode era un detalle fundamental que ahora se agazapaba en el interior de la saca amarilla ensuciada por el barro marrón rojizo procedente de muchos lugares de la cueva en los que se había depositado hace miles de años. Una base de estabilidad. Luego bebimos agua en abundancia. Solo un poco de agua en todo el día no era razonable.






II
No dejad que se os seque el espíritu. Bebed más agua. Como el caballo amigo del mundo-cielo que bebe en abundancia. Pero no confundiros. Las semillas son solo un símbolo de la mañana que resplandece. Y la gloria emana del espíritu.

24/3/07

New Age (24/3/2007) Hoyuca


1.
El viernes por la noche no lo teníamos nada claro, pero la opción más obvia era ir a la cueva de La Hoyuca. La gran nevada de los días anteriores hacía que algunos abrigaran esperanzas de hermosas caminatas con raquetas o con esquíes. El mal tiempo desanimaba a muchos y otros permanecían tercamente ocultos e impermeables a cualquier intento de comunicación con ellos. Me marché al cine con Marisa y, para mi suerte, entramos a ver una de las mejores películas de los últimos meses: La vida de los otros. Eran casi las diez de la mañana del sábado cuando volví a contactar con Manu. Quedamos en Solares para ir, como era previsible, a la cueva de La Hoyuca con tres o cuatro amigos suyos. Finalmente aparecieron Chusa y Víctor en un Ford Fiesta negro; los demás se habían desinflado. El Ford vino detrás de la furgoneta Expres de Manu, verde manzana por fuera y roja por dentro, rodando bajo la lluvia los diez kilómetros que nos separaban del barrio de La Iglesia de Riaño. De vez en cuando el entusiasmo de conducir un bólido invadía a Manu. 

2.
Preste cascos con instalación de leds a Chusa y Víctor. Dan menos problemas que un carburero en el poco familiar ambiente cavernario. Los preparativos, cortos y desagradables por la lluvia y el barro, se acabaron de forma abrupta cuando comenzamos a caminar rápido bajo los paraguas.  Bajo éstos, y en menos de dos minutos, pudimos alcanzar la boca de La Hoyuca atravesando un prado rezumante en el que las botas emitían ruidos chistosos. Había abundancia de goteras y de escorrentías en las gateras de entrada y esto nos obligo a hacer movimientos más complicados de lo usual tratando  de evitar el agua.  Hacía dos años que Víctor había hecho un cursillo de espeleo pero Chusa nunca había entrado en una cueva. Se movió como una anguila en las primeras dificultades como si andar por estrecheces fuera algo corriente para ella. Al principio no le preste mucha atención al detalle pero según iban pasando el tiempo me iba haciendo consciente de la agilidad de la chica.
Los nuevos andaban sorprendidos y no economizaron a la hora de expresar su entusiasmo. La red de entrada, básicamente fósil, tenia arroyuelos y algunos chorros procedentes del techo fáciles de evitar. Alcanzamos una amplia galería con suelo arenoso por una estrecha fisura que desemboca en una ventana. Los zigzags de esta galería sorprenden por la pauta que repiten ZZZZ. Siempre 45º aproximadamente. Cada tramo recto es algo más largo que el anterior y más amplio. La galería se convierte en un túnel de unos cuatro metros de anchura por siete de altura con una sección de pera muy marcada. Las galerías laterales desembocan casi siempre con una pendiente arenosa. En los primeros cruces del río me sorprendió no encontrar crecida alguna. Muy al contrario, el arroyo estaba seco en algunos puntos. El comienzo del Primer Río estaba parecido a un día corriente de primavera. Para lo que había caído y estaba lloviendo no era nada. Sin embargo Víctor tuvo que pasar a cuchos a Chusa, quien no llevaba botas de goma, en varias zonas inundadas. De esta forma llegamos hasta las gateras que dan acceso al Sendero de los Gorilas. Aquí había que meterse de lleno en el agua y decidimos volver.

3.
Hasta la playa arenosa del Primer Río, donde se inicia Quadrophenia, tardamos apenas cinco minutos. De las cuatro galerías que arrancan de este punto ensayé todas hasta que recordé que a Quadrophenia se iba por la primera empezando por la derecha (la segunda lleva a un hermoso gour en el que estaba desaguando una abundante cascada). Por ésa arenosa galería llegamos a una amplia sala regada con chorros desde el techo. Saliendo hacia la derecha continúa una galería, creo que la única que sale de la sala, que bordea dos desfondamientos y alcanza un tercero, con río abajo. Éste se pasa por un puente terroso. Así se llega a otra sala, también con chorros de agua. De ésta sala puede tomarse una grieta escalable hasta una galería con abundantes formaciones. Hay ramificaciones abundantes y no resulta claro cual es la más importante. Visitamos lo más obvio. Había banderas, estalactitas, estalagmitas y coladas, algunas de un rojo sangre intenso, y coincidimos en que éste es un sitio magnífico para visitas tranquilas de espeleo. Nos entretuvimos bastante rato con las fotos. También mire una pequeña galería que no había sido explorada antes. A pesar de que Quadrophenia esta relativamente cerca de la entrada los exploradores ingleses del MUSS han descubierto en estos últimos años varias prolongaciones. Y esta zona puede dar sorpresas en cualquier momento.  La pequeña galería me condujo a través de varios grupos de formaciones a un pocete sobre un curso de agua que pude escuchar pero no ver. Estuve tirando piedras un rato para interrogar al pozo. De vuelta me encontré al resto del grupo devorando las provisiones. Me tomé medio sándwich y unas galletas. En la sala tomamos la galería desfondada que sale del puente terroso hasta que llegamos a un salto en que se pierde el río al fondo. La cueva continúa por una amplia galería fósil que al cabo de un rato conduce a una encrucijada. Estuvimos mirando uno de los ramales hasta una chimenea ascendente que podría ser escalada con facilidad. Se vislumbraba una galería colgada. A partir de aquí decidimos volver.
Para la salida escogimos otra conexión de la galería arenosa con la red de entrada. Es sumamente divertida. Hay que bordear un pequeño embalsamiento de agua y seguir por una galería que se convierte en meandro ascendente y luego en gatera. A la salida de la gatera volvimos a tomar un estrecho meandro desfondado que destrepamos sin dificultades hasta una galería de techo bajo. Por toda esta zona sopla una fuerte corriente de aire. Chusa y Víctor estaban pasándoselo bien con la variedad de los pasos. Por fin, mediante una pequeña ventana, alcanzamos la salita que hay junto a la entrada de la cueva. Fuera no llovía pero hacía más frío que en la cueva. Al cabo de un rato estábamos en el Molino de Oscar tomando cervezas. Y preparando actividades para la primavera. Las zonas más remotas de La Hoyuca están por visitar. Armagedon...

3/3/07

Bosquejo (3/3/2007) Atxuriaga


 
Hoy lo comprendí.
No importa lo lejos que te sientas, se trata de un espejismo.
No tenemos nada que buscar que no tengamos ya en las manos.

 1.
                Divisé a Manu en Solares después de comprar en la librería la revista NG junto a la estación de FEVE. Al caminar ojeé de pasada el artículo sobre elefantes. No me llamo la atención. Eran poco más de las nueve de un día delicioso. Temperatura perfectamente primaveral y ligera capa de nubes protectora. Cuando nos vinimos a dar cuenta el indicador del depósito llevaba 40 kilómetros encendido. Me metí en una salida cercana a Castro y gire hacia Islares. Había carteles llamativos y gente preparada para repartir publicidad: el biodiésel a mitad de precio de 10 a 13 horas en todas las gasolineras de Cantabria. Puse veinte euros. En Muskiz tuvimos que dar algunas vueltas para localizar la carretera hacía Galdames. Los carteles indicadores no lo incluían pero un amable peatón nos indico el cruce. Los edificios del pueblo mostraban sus rótulos pero no pudimos descifrarlos para averiguar la función del edificio correspondiente. Con alguna experiencia anterior era posible deducirlo en algunos casos. Nos lo tomamos como una serie de acertijos que los vascos proponían a sus visitantes para que disfrutaran.


                En la primera aldea que encontramos tras la desviación hacia Galdames una buena señora nos indico que continuásemos un par de kilómetros más hasta San Pedro de Galdames. En la plaza del pueblo, junto al ayuntamiento, y como parte de la iglesia, encontramos el mejor muro de cantos que haya visto nunca para entrenar escalada. El bar Azcona estaba cerrado aún. En su puerta un individuo joven con pinta de estar esperando algo me indujo a entablar conversación. Urtzi también había quedado con Alfonso para entrar en las cuevas. Su principal interés era localizar murciélagos de una variedad escasa en esta región. Alfonso llamo para comunicar un retraso. Mientras llegaba dio tiempo a que apareciera otro individuo, más joven aún, con una saca amarilla de espeleo. Se bajó de un coche y se puso a esperar. Fuimos a presentarnos. Aitor era del mismo pueblo y, de momento, gasto pocas palabras. Cuando llego Alfonso nos metimos al bar a tomar unos cafés (el local del club de espeleología Burnia esta justo detrás del bar en una edificación dudosa que pertenece a éste.)  Fuimos a coger algunas cuerdas y un taladro. Y en menos de un rato largo nos fuimos en tres coches hacia la cueva.


2.
Un kilómetro valle abajo nos metimos hacia unas viejas instalaciones mineras con una buena explanada de guijillo. Desde aquí subimos por el bosque de encinas hasta el comienzo de una rampa minera que nos llevo hasta una plataforma con la Mina Impensada a su derecha. El plan era visitar primero la cueva de P. Gómez, interesante para Urtzi por haberse detectado algunos murciélagos, y luego entrar por la Mina Impensada hacia el Complejo Atxuriaga, la cueva con mayor desarrollo conocido en Vizcaya.
Para llegar a la cueva de P. Gómez tuvimos que abrirnos paso por una zona de vegetación cerrada y subir un pequeño escarpe. Era muy amplia. Una galería cómoda daba acceso a una gran sala con una larga pedrera que conducía a la parte alta. Unos cuantos apéndices y chimeneas ascendentes remataban la zona. Al bajar encontramos un murciélago durmiendo a medio metro del suelo. Algo más abajo apareció un pequeño montón de guano, seguramente caído de la bóveda.
Para entrar por la Mina Impensada nos colocamos los aperos de espeleo vertical. La galería de entrada recuerda la mina de Udías o El Soplao pero en este caso el suelo esta alisado y las traviesas apoyadas cuidadosamente en la pared. Tras unos centenares de metros llegamos a un pasamanos y unas cuerdas que facilitaban la bajada de un par de rampas. La galería minera pinchaba, a partir de aquí, un “soplao”, es decir una cueva natural  interceptada por la mina. De vez en cuando se veían formaciones y coladas. Alfonso observaba con detalle todo para detectar los desprendimientos que está provocando la explotación de la vecina cantera. Todas las previsiones indican que acabarán con gran parte de la cueva.
Primero nos metimos por unas galerías medianas a la izquierda. Visitamos varias salas, y en una de ellas nos sentamos a comer. La mayoría tomo barritas energéticas como menú pero yo llevaba un sabroso bocadillo. Volvimos a la ruta principal de laboreo y tras un pequeño avance llegamos a un ensanche. Desde ese punto tomamos a la izquierda un meandro descendente. Mis expectativas empezaron a calentarse. Aumentando progresivamente de tamaño, el meandro desemboco en una sala de 40 metros de anchura y 100 de altura? (Sala del Bortal). Al fondo una pared por la que el río Bortal salta en cascada más de 50 metros (creo que el pozo tiene sobre  la Sala del Bortal unos 90 metros... el descenso debe ser delicado).
Más tarde volvimos de nuevo a la ruta principal de laboreo y tomamos una escalera que nos bajo a otra galería de mina. Esta se bifurco en varias. Primero seguimos por la derecha hasta un puente minero que saltaba sobre un desfondamiento natural. Continuamos un centenar de metros hasta un desprendimiento de barro que permitía pasar. Había un barrizal de superficie plana, brillante y grisácea. Si la pisabas el barro pegajoso y recalcitrante se adhería a las botas haciéndolas pesar varios kilos. Alfonso echo un vistazo y todos volvimos hasta el puente sacudiendo enérgicamente las botas para librarnos del barro. Descendiendo bajo el puente una enorme rampa de piedras, alcanzamos un río que corría entre cantos medianos y pequeños. Por un lateral pude destrepar. Las dimensiones de la galería eran colosales en algunos momentos. El agua se perdía (aguas arriba) entre guijarros. Avanzamos algo más allá de unas divertidas trepadas hasta una zona en que la galería se cerraba.


               La vuelta hacia la superficie se nos hizo mucho más corta a pesar de que había que subir dos rampas por cuerdas. Encontramos un murciélago dormido al que Urtzi extendió las alas para que pudiéramos verlo y fotografiarlo. La tarde estaba tan deliciosa como la mañana. Estuvimos tomando cervezas en el bar Azcona. La música era buena, boleros de calidad. La chica que servía en la barra era muy ordenada. Me lance rápido pero ella lo fue más. En un despiste me quito el vaso de cerveza que tenía a medias. Pero salí ganando porque me puso otra cerveza completa. Mientras tanto Aitor ya les estaba enseñando a algunos del pueblo las fotos que había hecho en el Soplao del Bortal.
Aitor me comento una interesante escuela de escalada, llamada La Escarpada, con unas 40 vías equipadas y a escasos minutos del coche. Un atractivo añadido a esta zona tan cercana a Cantabria y tan poco conocida por nosotros. Alfonso quedo en avisarnos cuando hagan la travesía de La Buena a El Bortal. Y yo cuando hagamos alguna actividad interesante.