2/3/08

Glorias (1/3/2008) Rubicera >>>>>>>>>>>> Mortero de Astrana


Este finde he quedao en el albergue de La Gándara con mis amigos del antiguo SEII que ahora han fundado un grupo fascinante llamado 50 Team. En 50 Team todos tienen más de 50 años -o casi los tienen-. Que un grupo así, con más de 12 miembros, se plantee objetivos espeleológicos no triviales es un avance notable. Y refuta las creencias populares acerca de lo que se puede y no se puede hacer a esas edades. En esta ocasión nuestro objetivo, del que soy promotor, consiste en realizar la clásica travesía Rubicera-Mortero de Astrana. Como una avanzadilla Zaca, Pepe, Hugo, Antonio J. y Miky entran el viernes por la tarde en el Mortero para comprobar el nivel del río y colocar un bote inflable al otro lado del lago. Cuando llego a La Gándara me encuentro paseando por el pueblo a Mariano, Paulino y  Juan. Poco después llegan Félix, Ángel y Chicha procedentes de La Sía. Nos vamos a cenar al restaurante de abajo con ánimo de acumular alimento, como los camellos, para la jornada de mañana. Ya en el albergue me encuentro con Zaca, tuerto del golpe que le ha dado un cabo de cuerda en el ojo derecho, y sus compañeros de vuelta de la inspección del Mortero. Por lo demás no han tenido problemas salvo algún patinazo en el jabonoso suelo. 
Me emociono con los regalos del grupo que me da Zaca. Aunque yo le exigí que me trajese una morena, una rubia y una pelirroja él me trae una chupa de color rojo con el distintivo TEAM y una llave articulada y con carraca de un acero noble. Me quedo fascinado con la llave. Zaca me pide que diga unas palabras pero yo salgo huyendo. Un concierto de ronquidos asesinos hace que coja el portante y me vaya a dormir con el coche bajo los robles de La Gándara. Allí solo escucho cárabos y lechuzas. Al oír los primeros grajos me voy p’al albergue. A las ocho de la mañana todos estamos en pie. Miguel llega desde Balmaseda un poco después. Trae un paquete de croissant rellenos de chocolate. A las nueve y veinte me pongo hecho un energúmeno para poner en movimiento al personal. Es solo una representación teatrera pero hace efecto.
Bajamos hasta la primera curva del puerto en tres coches. Dos se llevaran hasta la salida del Mortero. Vamos a ser 10 espeleólogos: Félix, Pepe, Antonio J., Miky, Chicha, Miguel, Hugo, Paulino, Ángel y yo. Zaca, Juan y Mariano serán conductores. Sopla un aire frío del norte que anima a abrigarse. Pero con la caminata toda la ropa va saliendo de la escena. En las canales bajamos a pelo gracias a la irresponsabilidad generalizada y compartida que nos hace olvidar la cuerda de 30 en el coche. El destrepe es fácil y nadie tiene problemas. Algo antes de las 11 estamos entrando por la boca sur de la Rubicera.
Por si alguien quiere volver a hacer la travesía voy comentando algunos detalles que jalonan el recorrido. En general nadie me presta atención pero de vez en cuando alguien pregunta que cuanto falta para el río o para el pozo o para cualquier otra cosa. Me desespera la misma pregunta cinco o seis veces. Cada poco paramos para hacer recuento y esperar a reagruparse. Sin dificultades pasamos la estrechez entre bloques y avanzamos hasta la Sala de la Teta. Le echamos un vistazo a los pelos de cristal. A esas alturas todos estamos entusiasmados por la travesía. Algunos incluso están muy entusiasmados. Un poco antes de llegar al pozo de 30 nos colocamos los arreos. En el pozo tardamos más de lo previsto por el indecente estado de la cuerda. Se ha deslizado la camisa sobre el alma acumulándose hacia abajo de forma que, por el grosor creciente, la cuerda corre peor según bajas. Calculo que es la cuerda original que pusimos antes del 2000... A un metro del suelo no hay fuerza que te haga bajar. Para liberar la camisa le pegamos un corte a la cuerda a ras del suelo.  Mientras tanto tomamos algo. 
Ya cerca del río cogemos una galería rectilínea que parece trazada con tuneladoras. La bajada al río de la Rubicera inicia una etapa divertida y bonita. Hacemos fotos y frecuentes paradas para recuentos. En la Vía Real vamos un poco más lentos por los resaltes con cuerda que se nos amontonan. Unos minutos después alcanzamos el balcón sobre el pozo de 90 donde se pierde el río de la Rubicera en las profundidades del sistema. Inicio el rosario del pasamanos y me siguen Ángel, Félix, Paulino... Todo va bien hasta que le llega el turno en la comba a Félix. Después de un rato de forcejeo intentando subir a brazo se queda sin fuerzas por no bloquear el croll. Voy a echarle un cabo de cuerda para tirar y ayudarle. Durante este rato se me dispara el coco pensando en un posible rescate si a alguno le da la pájara o en que los parabolts que nos mantienen revienten la roca arenisca de baja calidad en que están puestos. Por fin Félix sale del atolladero pero como efecto colateral varios de los que faltan por pasar se contagian de estrés y andan también con reparos en la comba.  Para adelantar un poco según van llegando continúan hacia el primer pocito de ascenso por una pequeña galería. Cuando llego a la sala del pocito ha subido uno. Para agilizar iremos encadenando todas las subidas y bajadas hasta el Mortero. Me adelanto para indicar un paso clave, el único que tiene pérdida hasta el lago. Mientras tanto instalo una cuerda en un ascenso algo incómodo justo antes de los pozos de descenso. Llego al lago junto con Paulino y Ángel. Poco después aparecen Hugo, Félix y Pepe. Nos ponemos a inflar el complicado bote. La parte de la bañera está pinchada. Para inflarlo se debe pasar por un cursillo especial. Por suerte el afortunado propietario -Hugo- está presente y nos da la primera lección. Las travesías son inauguradas por Félix. Para recuperar el bote le atamos el cabo de un carrete de cordino en la popa. Paulino, Ángel y yo nos vamos por los nuevos pasamanos instalados sobre el lago para evitar medios de transporte acuáticos. 
                Cuando alcanzamos la otra orilla nos encontramos enseguida a Félix luchando con los clásicos pasamanos del Mortero. Mientras son pasapiés de verdad Félix va avanzando despacio pero cuando llega a los que son tirolinas me dice que le fallan las fuerzas. Para ayudarle le hago una pequeña demostración de cómo pasar relajadamente una tirolina. Esto le anima y mal que bien va pasando -a veces con algún tirón de ayuda-  el resto de los pasamanos. Cerca del Cuivo nos encontramos una nube de humo con Hugo sentado placidamente en su interior. Los tres avanzamos juntos hasta la Sala del Caos. Ya se oyen las voces de Paulino, Ángel y Pepe.
                El pozo de salida lo hacemos por las dos vías (rampa y desplome). De los diez que somos hemos salido seis. Nos quedamos esperando dentro del recinto del Mortero. Las cabras y ovejas que están en su interior andan muy inquietas con nosotros. El cielo está cuajado de estrellas y rezuma un frío helador del que nos protegen las paredes del recinto. Ángel no aguanta más frío y decide bajarse a La Gándara a pié. Las llaves del coche clave las lleva Pepe. Los cinco restantes llegamos a los coches –a 6ºC- y nos cambiamos. Para mi asombro Pepe y Félix se beben una cerveza helada. Tras una larga espera Félix se baja en uno de los coches para tener cobertura. Con él bajamos Paulino y yo. Después de comer algo en el albergue, charlando con el resto de compañeros, me subo con Juan en mi coche a recoger los trastos e irme a dormir a mi casa. 
                De subida hacia Astrana me encuentro bajando al coche de Pepe en el que van Chicha, Hugo y Miky. Me cuentan parte de la batalla pero los detalles me los cuenta Miguel a la mañana siguiente. Tras el paso del lago tuvieron un problema con el bote: eran incapaces de desinflarlo. No me enteré del todo como consiguieron al final jibarizarlo si a navajazos o con maña. Más tarde Chicha se quedo bloqueado por una mala posición de los mosquetones en una de las tirolinas. Después de varios intentos frustrados de desbloqueo, incluido el que un sufrido espeleologo empujase desde abajo del lago para liberar de peso,  una cuerda pasada por un mosquetón consigue izar un poco a Chicha y así desbloquear todo el tinglado. Miguel me comenta algunos problemas más que surgieron en el paso de las marmitas; pero  finalmente consiguieron resolverlos todos y colocarse en el pozo de salida. Sin embargo la cuerda había desaparecido. En realidad no, solo estaba subido el cabo final hasta una repisa a unos cinco metros de altura. Después de pensarlo Miguel se dio en solo integral los resbaladizos pasos hasta el cabo de la cuerda consiguiendo así liberarse y liberar a los otros tres Miky, Antonio J. y Chicha  de la trampa del Mortero.
Son cerca de las 3 de la mañana del domingo cuando aterrizo en mi casa contento de que todos hayamos salido con bien de la aventura. Duermo como una piedra.  
     

24/2/08

Mitos (23/2/2008) Mortero de Astrana (Gran Pozo)

Por fin se presenta una oportunidad de acompañar a algunos amigos del AER en una exploración al Mortero de Astrana. Hace tiempo que no hago actividades exigentes y a última hora me replanteo varias veces el asistir. No me veo con suficiente ánimo para seguir su ritmo durante una larga jornada. Al final decido ir pensando en que casi todo es cuestión de “coco”.
El objetivo de las exploraciones es el fondo del Gran Pozo. Hace años los espeleologos franceses del SCD encontraron en lo más profundo de la Sima del Mazo Chico galerías fósiles que se aproximaban a unos 200 metros de las galerías bajo el Gran Pozo del Mortero de Astrana y, más o menos, a su mismo nivel. La Sima del Mazo Chico forma parte del sistema de Garma Ciega. Con las últimas expansiones este sistema supera los 50 kilómetros. Por otra parte el sistema de Rubicera-Mortero ronda también los 50 kilómetros. Si ambos sistemas formasen una unidad probablemente pasaría a ser el mayor sistema conocido en España. Además se multiplicarían las posibilidades de exploración en esa zona profunda ya que el acceso por el Mortero de Astrana sería mucho más fácil que por el Mazo Chico. Como efecto colateral surgirían varias travesías de recorrido singular. De cualquier forma que se mire es un pastel apetecible para un espeleologo.
Sin embargo la exploración sistemática del fondo del Gran Pozo del Mortero con 180 metros de vertical absoluta (realmente desplomada) y sin fraccionamientos frenaría bastante los trabajos. Subir una tirada de 180 metros cuando vienes de una jornada de exploración no es un plato apetecible para nadie. Recordemos que a un 2% de elasticidad con peso de 80 kilos podemos estar hablando de cuatro metros de chicleo de cuerda. Con las oscilaciones el chicleo se convierte en algo muy desagradable. La comunicación directa en el Gran Pozo es imposible por el ruido de la cascada que se sume en él (se trata de una cascada en caída libre de eso: 180 metros). Además hay que tener en cuenta que en crecida la instalación clásica se ve afectada por el agua de la cascada. Algo tremendamente peligroso dadas las dimensiones de la caída. Así pues la primera tarea que se impusieron los exploradores del AER fue buscar una instalación alternativa a la clásica del Gran Pozo.
La solución actual recorre unas cornisas alejándonos del punto de llegada del río. La distancia puede superar los 30 metros. Esto garantiza no entrar en contacto con la caída del agua pero no impide ir rodeado por la neblina y el barrillo húmedo por todas partes de la pared. No resulta un sitio acogedor. Sin embargo la mayor parte de los fraccionamientos son cómodos y las tiradas cortas evitan el chicleo. Además, casi siempre tocas pared con los pies.
Algo antes de alcanzar el Gran Pozo pudimos evitar el lago embalsado por unos pasamanos -a unos siete metros de altura-  recientemente instalados. Al borde del Gran Pozo  Wichi me dio las últimas recomendaciones: utilizar un pedal en la fijación de los fraccionamientos ya que la pared es lisa y resbalosa y la comba algo escasa en algunos fraccionamientos. Me puso en guardia que me diese recomendaciones. Esto no es usual, en general todo es fácil y sin problemas para Wichi y Cristóbal. Primero bajó Cristóbal luego Wichi, después yo y de último P. Merino. Pedro prefiere ir el último para que nadie le vaya pisando los talones dándole prisas. No me sentí cómodo al principio del descenso -algo colgado- pero luego me acostumbre al patio. Me sentí mejor al divisar el fondo. Las rocas del fondo del pozo -algunas enormes- están pulidas. Cristóbal y Wichi me hicieron señales desde el otro lado del pozo -un teatro de sombras lleno de niebla. Un espacio descomunal en que la falta de luz impide tener referencias claras.
 Una vez al otro lado del pozo remontamos una tirada de 20 metros para acceder por una ventana a la red de galerías que íbamos a mirar. Comenzamos a topografiar justo desde ahí. Wichi clinómetro y brújula, Pedro apuntes, yo puntero láser y Cristóbal avanzadilla de exploración. Al principio todo eran laminadores con barro sedimentado. Eso sí, anchos. Luego de varias vueltas accedimos a una cómoda galería elíptica que al avanzar se nos desfondo. Tomando otro ramal con viento y hacia el norte la progresión volvió a ser algo más incómoda hasta un punto en que una sala colapsada de bloques inestables nos corto el paso. Debajo de los bloques se intuía un hueco y Wichi, pese a los agoreros augurios del resto, se aplico a quitar enormes losas para acceder al hueco. Al cabo de un rato tuvimos un boquete por el que cabía un ser humano con el juicio poco firme. A pesar de no ser el promotor de la locura fue Cristóbal el primero que se descolgó a base de soltarle cuerda. A los veinte metros alcanzó un cómodo meandro de suelo llano. A la vista del éxito metimos dos spits y bajamos todos los demás con débiles protestas por parte de los más cobardes o juiciosos según se interprete. En el meandro -de buenas dimensiones- soplaba un viento notable. Enseguida llegamos a un balcón sobre otro meandro fósil de dimensiones mucho mayores y apuntando claramente al norte. Un indicio inmejorable. La instalación del pozo, algo accidentada, llevo un buen rato que aproveche para hacer una foto, comerme una barrita y pasar frío. Cuando aterrizamos Cristóbal ya había explorado en plan kamikaze el meandro aguas abajo llegando de forma enrevesada a la base del gran pozo. Optamos por hacer un péndulo para acceder a la continuación aguas arriba. Mientras Cristóbal realizaba ese divertido trabajo Wichi, Pedro y yo topografiamos e instalamos el meandro aguas abajo. Curiosamente encontramos un viejo spit en una de las galerías que miramos. Está claro que a los exploradores se les había pasado algo gordo. Wichi afirmo que había mucho mito en eso de que los franceses eran sistemáticos en sus trabajos espeleológicos. Como quiera que fuese había una lógica aplastante en la estructura de lo que estábamos encontrando. Cuando volvimos Wichi ayudo a Cristóbal a salir de una pillada y todos pudimos remontar aguas arriba el meandro durante un tramo que presento algunos pequeños obstáculos. Lo dejamos en un resalte que requería una escalada. Total unos quinientos metros de topo.
      A la vuelta había que mojarse un poco, justo antes de alcanzar la base del Gran Pozo. El orden de subida fue: Cristóbal, Wichi, Pedro y yo. Me quede algo atrás y me canse bastante, pero salí. El resto del camino lo hice más despacio que mis tres compañeros. Ya era bien tarde cuando acabamos de cambiarnos. Ningún restaurante de La Gándara estaba abierto y nos bajamos a Ramales a comernos unos bocadillos cojonudos en el único(¿?) bar abierto de todo el pueblo. Le agradecí a la mujer del bar que nos alimentase a esa hora. Dormí como un plomo esa noche y al día siguiente me tiré una siesta de varias horas. Tuve la sensación de flotar durante cuatro días. 

3/2/08

Galena & Excéntricas (2/2/2008) Minas de Colon



      Poco después de una excursión de escalada, en el otoño pasado, con Mavil a la Peñas Blancas de Cartagena -justo a la base de la vía Tiempos Modernos- comencé a barruntar la idea de visitar las abundantes bocas de mina que hay en la zona. Se trata de un macizo calcáreo con algunas pequeñas cavidades conocidas pero que, en potencia, puede albergar un cavernamiento abundante. La probabilidad de que tal cavernamiento sea interceptado por una galería minera es relativamente alta.



     A primeros de Enero una primera visita con Joaquín a las bocaminas más altas nos proporciono un primer soplao en una de las galerías que visitamos. El cavernamiento era pequeño pero bien decorado. Una galería descendente con alguna posibilidad de continuación estaba colmatada de escombros mineros. En esa misma bocamina dejamos sin bajar un gran pozo de ascensor abandonado.
     Durante el carnaval pasado conseguí que me acompañasen en una pequeña expedición Joaquín, Mavil, Miguel Ángel, Dani y Onofre. El objetivo era la zona principal de las minas de Colon sita al lado de los edificios administrativos.
     El día se mostraba sonriente y, a pesar de estar a primeros de febrero, podía transitarse en manga corta. Para acercarnos a las minas aparcamos los coches frente a la desviación hacia Campillo de Adentro. Durante los preparativos se acerco un guardia rural que nos proporciono información adicional. Los mineros contaban de una cueva que interceptaron -bastante grande- y que llamaban del “Caballo”. Tanto el guardia como los espeleólogos de Cartagena la buscaron infructuosamente. Por otra parte el guardia si que encontró en sus incursiones algunas pequeñas fisuras que se prolongaban en otro sector de las minas.
     Tardamos una media hora en llegar a las minas. Una línea de teleférico sin los cables nos acompaño paralela a la pista de acceso. De pasada echamos un vistazo al antiguo depósito de explosivos y a un aljibe todavía repleto de agua. Elegimos la bocamina más cercana para comenzar. Una ancha pista horizontal nos acerco en dos minutos hasta la entrada.
     En realidad había dos bocas juntas. La de la izquierda, ancha y cómoda, llevaba a un pozo de ascensor perfectamente construido que sondeamos en unos 50 metros. Luego la galería se acababa bruscamente después de un recorrido total de unos 100 metros. La otra era el acceso a un largo pasillo descendente que, dejando a la derecha un pozo minero de unos 20 metros, se prolongaba luego unos 200 metros por una galería de laboreo. Decidimos bajar el pozo de 20 por la fuerte corriente que se percibía sumiéndose en él.
     Metimos un spit de cabecera y anclamos en dos estacas de acero clavadas en el suelo. Para evitar el roce con el borde del pozo colocamos una saca. Luego con un solo fraccionamiento completamos la bajada. El pozo se abría a una galería que por la izquierda llevaba a una ventana a mitad del otro pozo. Por la derecha dejamos primero un pasillo descendente a la izquierda y luego desembocamos en una gran sala de laboreo con otro pozo en su fondo. Instalamos un pasamanos quitamiedos y echamos un vistazo exhaustivo. La única continuación era bajar el pozo.
     Tras una reflexión detenida instalamos un spit de cabecera que repartía el esfuerzo con un puente de roca. Una rampa en curva necesito un desviador. Finalmente un salto de unos 15 metros se resolvió con un spit. La cuerda nos depositó en una enorme sala de laboreo con decenas de galerías irradiando desde allí. Primero visitamos una que aspiraba viento. Un recorrido de 100 metros nos puso en la base del pozo de 50. Arriba se veía la luz del día. En la base del pozo encontramos abundantes bichos despeñados y una serpiente, quizás una víbora, con poca energía. Otra serpiente, más grande, se había alejado bastante de la base del pozo pero tenía menos energía que la primera. Ambas tenían toda la pinta de estar muriéndose de hambre pero, por lo que pudiera pasar, no nos acercamos mucho.
     Continuamos la exploración detenida de todos las galerías. Resultaba un poco laberíntico pero con algo de cuidado se podían seguir rutas sistemáticas. Llegamos a una zona de abundantes cantos que al desescamarse en un finísimo polvo plateado llenaba todo el aire. Lo respirábamos sin darnos cuenta. Creo que ese polvo era de galena, sulfuro de plomo, no muy recomendable para la salud. Observamos un nivel inferior a unos 10 metros por debajo, pero no encontrábamos un lugar por donde descender sin cuerdas (habíamos acabado consumiéndolas todas). Finalmente siguiendo unos hitos, puestos a propósito por algún visitante anterior, pudimos bajar a ese nivel y reconocerlo. Llegamos a varios pozos ascendentes y a diversas ramificaciones que fuimos mirando. La vuelta a la gran sala la hicimos por varios sitios a la vez.
     Desde el extremo opuesto de la gran sala Mavil nos grito. Había encontrado una cueva. Nos emociono el éxito. La cueva era pequeña. Consistía en tres salitas interconectadas por gateras. Sin embargo la decoración era grandiosa. Excéntricas de varios tipos, incluyendo agujas de aragonito, estalagmitas, estalactitas, banderas y columnas blancas. Y recubriéndolo todo de forma parcial un finísimo polvo gris plateado, producto de las explosiones en galena. Nos dimos cuenta de que aparte de los mineros posiblemente éramos los únicos que habíamos visitado este lugar. Desde luego los espeleologos de la zona no sabían, o no habían dicho, nada de la existencia de esta pequeña cavidad.
     Realmente estábamos muy contentos del hallazgo. Si en la primera bocamina habíamos encontrado esto seguramente debe haber mucho más. Durante la salida descubrimos un pasillo escalonado que permitía bajar del segundo al tercer nivel sin necesidad de utilizar el pozo ramposo. Atardecía sin prisa y volvimos a los coches caminando con placer. Para celebrar nuestra suerte fuimos a un bar de pescadores en Isla Plana y nos bebimos unas cervezas con mejillones. Mavil se quedo con Dani a vivaquear en la cercana Cueva del Agua para entrar al día siguiente en la Sima Destapada. Los demás volvimos a casa.





19/1/08

Narizones (19/1/2008) Narizón >>>>> Torca Palomas

A veces ciertas palabras suenan mal y bien a la vez. Narizón es un insulto menor con poco impacto pero no tiene precio como indicador. Suena rotunda e inolvidable: narizón. Durante el rato que pasamos en la cafetería Adelma de Hoznayo, antes de continuar hacia Castro, pensé en las narices de cada uno de nosotros. Hacía el  frío y el sol de un anticiclón invernal. La nariz más voluminosa me pareció que podía ser la de Julio. O quizás la mía o la de Juan. Pero seguro que no era la de Pepe o la de Manu. Las narices de éstos últimos son afiladas y algo más elegantes que las primeras. No llegué a ninguna conclusión en relación con el problema de las narices pero mientras tanto Manu y Julio se despacharon unos bocadillos y unos cafés (o fueron cervezas?) con una pinta extraordinaria. Por desgracia Pepe y yo habíamos desayunado con tanto entusiasmo que no venía al caso repetir otra vez. Juan se corto también.
Polígono industrial al lado de la Peña Santullan. Hacía siete años que no hacía la travesía Narizón-Torca Palomas. Aparcamos en una zona en que la gran nariz se posiciona de frente al observador. Lo primero que hice al salir del Octavia de Pepe fue irme a buscar el perfil del Narizón. Me lo encontré al elevar la mirada hacia el norte después de recorrer unos cien metros por la pista que entra decidida en el Vallegón. Con este primer punto confirmado Juan y yo nos acercamos, vestidos de espeleólogos, a instalar la Torca Palomas. Apenas nos costo encontrarla. De las tres bocas que constituyen su entrada elegimos la central por el cómodo tronco de árbol que sirve de anclaje natural. Sin embargo la boca derecha presenta una rampa más corta y con menos roces, aunque exige instalar en una gruesa roca. 
Tardamos unos diez minutos en ascender hasta la cueva del Narizón. La entrada esta casi al nivel de la roca del Narizón y a menos de 30 metros al norte de éste. La pequeña boca, desobstruida y en forma de gatera circular, no tiene ninguna dificultad. Se entra de pie y, sentándose en el borde, se alcanza con los pies el suelo. Enseguida se nos vino a la mente el adjetivo adecuado. Aquello era coqueto. Salitas muy bien decoradas por concreciones clásicas; cómodas gateras para pasar de unas a otras; cortas rampas poco inclinadas con la instalación in situ... Comenzamos a hacer fotos a menos de cinco minutos de la entrada y ya no dejamos el tema hasta el final. Gracias a nuestros narizones olfateábamos los encuadres, la puesta en escena y sobre todo la iluminación adecuada. La instantánea, la exposición o el macro. 
SCC: somos como canicones. A Juan se le olvido la topografía en el coche. Esto, sin ser dramático, no fue muy afortunado que digamos. En esta cueva hay zonas laberínticas y pasos clave obligados que conviene ubicar como jalones en el camino. Avanzamos por la galería  pasando por la Sala de los Arañazos hasta una zona de desfondes en que las posibilidades de continuación se multiplicaron conduciéndonos, una tras otra, a ratoneras o estrecheces intransitadas. Llevábamos más de media hora dando vueltas. Comprobamos dos veces cada posible camino incluida la Galería de los Ojos Verdes. Julio y Manu comenzaron a hablar de aperitivos, cervezas, blancos y esas cosas. Me tomé el encontrar la continuación como un desafío lógico. Al cabo de cinco minutos la habíamos encontrado. La confirmación consistió en una corriente de aire apreciable y un pequeño catadióptrico. Una larga arrastrada enclaustrada entre las pequeñas columnas que abarrotan la Galería de la Esperanza nos condujo hasta el Pozo de la Esperanza (parece que los exploradores estaban llenos de esa virtud). La primera instalación consistía en un cordino alrededor de una robusta y baja columna. Añadimos un cordino al ya colocado para darle mayor seguridad al anclaje. Bajando unos diez metros accedimos a un nivel intermedio con otra instalación similar a la anterior. 
Algunas galerías meandrosas irradiando desde el punto en el que estábamos nos llevaron a una zona de decoración poco corriente donde nos pusimos a hacer fotos como locos. El entusiasmo fue creciendo hasta convertirse en una peligrosa euforia. La euforia se nos chafó cuando en un movimiento imprevisto rompimos unas bonitas concrecciones (dejo en el anonimato a los irresponsables directos). Ahora debo deciros una cosa: los espeleologos somos unos seres estresados, como casi todo el mundo, que no se dan cuenta de lo valioso que es cada mm2 de cualquier cavidad. En las arenas secas de cualquier galería perdida en una cueva anónima que no hemos encontrado todavía pueden estar ocultas las claves científicas del futuro de la Humanidad. Las cuevas nos ayudaron a aguantar las glaciaciones y posiblemente también nos sirvan para aguantar otras cosas peores. Los barros secos pueden contener en sus estratos el polen de la vegetación de hace 100000 años. ¿Quien sabe la maravillosa información que nos podrían proporcionar? Quizás podamos recuperar plantas extinguidas o determinar los ciclos del clima o encontrar el camino hacia el Nirvana. Para ejemplos de cómo se deben tratar las cuevas tenemos que mirar a los australianos y norteamericanos. También los franceses son bastante cuidadosos. De cualquier forma solo fue un trozo chiquitito el que rompimos y nos dolió mucho. Así que no nos echéis los perros.
Para continuar reforzamos el segundo anclaje con otro cordino. Luego nos metimos en una zona de instalación confusa. El montaje es totalmente mejorable, de tal forma que sería suficiente llevar una cuerda de 20 m. para bajadas en doble de, como mucho, diez metros. De hecho el tercer “tramo” es destrepable sin ninguna dificultad salvo el resalte de tres metros que desemboca directamente en medio de la Galería del Cementerio Macarrónico. En este tranquilo y acogedor lugar nos comimos todas las empanadillas, los frutos secos y el resto de las provisiones. A renglón seguido tuvimos una larga sesión fotográfica salpicada de movidas variadas. Uno de mis flashes dejo de funcionar (ya estoy acostumbrado). Luego nos fuimos hacia la izquierda, sin pensarlo, en la dirección que nos pareció la continuación de la travesía.
Después de pasar unas penosas gateras y de llegar a una zona de concreciones espectaculares repletas de excéntricas, se me ocurrió mirar la brújula. Aún a pesar de que no llevábamos la topo si teníamos claro que debíamos andar hacia el norte ya que el Pozo de la Esperanza quedaba en planta junto a la entrada del Narizón. Para mi sorpresa íbamos enfilados hacia el sur. No nos inquieto en forma alguna ya que la zona merecía una visita. De hecho seguimos avanzando hasta llegar a un ancho laminador muy bajo. Confirmado que no era por allí mis compañeros se pararon en tumulto pero una pequeña intuición me ayudo a adelantarme hasta una estrechez. Para mi sorpresa desemboque en La Joyería. El espectáculo era enloquecedor. Al principio mis compañeros no me creyeron pensando que era un vacile, pero finalmente vinieron casi todos. Algunas excéntricas de transparentes que eran parecían de hielo y no de roca. Para visitar La Joyería completa tuvimos que escalar un corto resalte. En el último tramo encontramos varios arbustos de excéntricas naciendo del puro suelo. El destrepe fue menos complicado de lo que esperábamos y no tuvimos que utilizar la cuerda. 
Durante la vuelta hasta la base del Pozo de la Esperanza se nos hizo pesado el paso de tanta gatera pero, además, el camino hacia la derecha tampoco fue de rosas. Tuvimos que pasar varias zonas penosas. Además íbamos muy atentos pues sin la topo se nos podía pasar la continuación hacia Torca Palomas. Al poco llegamos a una sala ciega en que la única continuación lógica consistía en unas estrechas gateras (paso del Macho Cabrío) que hicieron recular a Juan pensando que no formaban parte del camino correcto. Sin embargo el viento nos indicó que el camino debía ser por ahí. En cuanto pasamos la estrechez la galería se resolvió en un pozo que luego Juan recordó como el Pozo de la Unión con Torca Palomas. Se trata de un pozo de menos de diez metros, cómodo y bien instalado, con un desviador en la cabecera y que te lleva a una amplia galería. Sin embargo esta galería se acaba en ambas direcciones a los pocos metros. La continuación hay que buscarla abajo del Pozo de la Unión por una gatera en ángulos que desemboca en una galería reducida. En un tramo muy corto este pasaje nos condujo a la Galería del Oso Sudoroso.
Estábamos en la zona de la cavidad que se considera perteneciente a Torca Palomas. El Oso Sudoroso nos hizo sudar. Pero no nos importaba lo más mínimo que ese Oso nos hiciese sudar pues no faltaba demasiado para la salida. La cueva iba cogiendo dimensiones mayores según avanzábamos. Al cabo de cierto tramo llegamos a la Sala de la Encrucijada. Nos encontramos con el río de la torca. No había mucho caudal y las aguas discurrían transparentes sobre el lecho de guijarros pulidos. El suave rumor en el silencio de la cavidad estaba allí. Y entonces nos paramos para una sesión de fotos  que incluyesen el arroyo. Después reanudamos la marcha. 
A partir de aquí la galería principal se va entrelazando con la del río y también se deja entrever un nivel superior comunicado por pequeños resaltes. Poco antes de llegar a la base de Torca Palomas encontramos varios restos de desgraciados mamíferos caídos al fondo. Generalmente no sientes nada si el bicho es un reptil y poco si es un batracio, pero si se trata de un mamífero todos le compadecemos. Natural y espontáneamente. Similar a lo que nos ocurre cuando nos tropezamos con un cachorro de cualquier especie mamífera. Se nos enternece el corazón. Bueno no a todos pero si a muchos. Sobre todo si son gatitos.
             Ya era noche cerrada cuando nos volvimos a reunir junto a la boca de entrada de la torca. Había refrescado bastante. Oscilamos entre la idea de irnos a cenar o solo tomar unas raciones. La telefonía móvil comenzó a recaudar beneficios. Al cabo de un rato estábamos en Hoznayo tomando unas cervezas con una tabla de quesos. Sobre las brasas del asador grandes trozos de vacuno humeaban de forma invitadora. Creo que la mayoría optó por quedarse a cenar allí...pero yo no lo sé. Creedme. 

16/12/07

Canicones (15/12/2007) Torca de Llaneces

 
Aparcamos frente a una cabaña en una zona algo más llana (¿sería Llaneces?) donde comenzamos los preparativos que luego continuaron en la entrada de la cueva y en el inicio del primer pozo. Varios compañeros luchaban con los tochos de carburo en un vano intento de romperlos en pedazos suficientemente pequeños para que cupiesen en los depósitos de los carbureros. Algún trozo salio volando despedido por el impacto de un pedrusco. En otro frente de batalla bregaban con el ajuste de los arneses para adaptarlos al tamaño deseado (culo pera, culo manzana o culo escurrío). El frío mordía en las desnudas carnes expuestas brevemente. Algunos perros vociferaban desde una granja de vacuno cercana. Había otros perros que hablaban menos en un chalet cercano. Ninguno de nosotros ladraba en voz alta ni tampoco aullaba.

Además de Julio, Encarna, Miguel, Antonio, Manu y Juan viene Noelia   (Ya tengo convencido pa Llanezas al padre rumboso q me lleva a Solares y al ex estable que acudirá a la cueva facilita, así que cuando sepáis la hora a la q tengo q estar en la gasolinera? la estación? me cuentas. Viva viva! Gracias.)        con Pablo. Hace un frío del demonio que ha dejado escarchada -como nevada- Cantabria. La subida al puerto de Alisas me hace arrepentirme de llevar el coche por un forzado y sorpresivo paisaje revestido de patinaje sobre hielo. Más tarde, en la plaza de Arredondo, hay que organizar la movida. Subiremos en dos coches los ocho hasta Llaneces. Uno será el mío y otro el de Juan. De camino aparecen la cabaña que recientemente han comprado los espeleólogos franceses, varios chales nuevos y la estación de telefonía celular de Airtel.
Pudimos andar por la pradera con calma, pero no lo hicimos con ese raro estado de ánimo sino con prisa. No supe encontrar la razón principal pero sí otras. La primera valla tenía un cierre de quita y pon, pero la segunda estaba hecha a propósito para el aprendizaje de la maledicencia. En un metro de altura tres líneas de alambre espinoso bien tensadas entre estacas cercanas. Se me cruzo la idea de partir las líneas de alambre. Más no lo hice porque no tenía la herramienta adecuada a mano. Luego llegamos a la dolina de la cueva. Muchos robles la rodeaban y la rellenaban con sus hojas, caídas a finales del extraño otoño.
Nos paramos y continuamos. Así varias veces hasta que paramos más tiempo en los aledaños del primer pozo. No tiene ninguna fijación. Hay que instalar en anclajes naturales. Manu se afana, creo que asumiendo la responsabilidad de la instalación, colocando con perfección una cinta ancha de color negro mate alrededor de un gran bloque plano de falso techo caído sobre una zona de roca más sólida, rejunteada con barrillo pringoso. La cuerda sale a 45º y apoya sobre el barroso borde del pozo. Imposible colocar un desviador en la roca  pudinga de cantos y barro seco. Mejor una saca para evitar el roce y luego un fraccionamiento a pocos metros. Añado un reaseguro a otro natural con unos cordinos que he traído. El pozo tiene menos de veinte. Una lluvia de gotas gordas riega su base pero escapamos fácilmente por una especie de portal hacia un balcón sobre una galería muy amplia. Las formaciones comienzan aquí. Mientras sigue el goteo de compañeros bajándose desde el balcón algunos comienzan a hacer fotos mientras otros instalan la pringosa rampa que sigue. Manu duda ligeramente pero no hay ninguna otra continuación que le suene. Es por ahí. 
La rampa de barro nos exigió colocar la cuerda en una estalagmita. Aparentemente hubiéramos podido destrepar sin cuerda la rampa pero, de hecho, era una trampa imposible de remontar como se demostró luego al subir. Una gatera embarrada pringo todo lo que habíamos mantenido limpio hasta el momento. Incluidas las gafas.  Desde la amplia plataforma a la que accedimos teníamos que bajar hasta una galería gorda –nivel de fondo de la cueva-. La instalación dejaba mucho que desear. Menos de 10 metros de vertical pero apoyando en el cortante borde de la plataforma (hueca por debajo) y con una cabecera formada por dos spits en el techo. La roña de las roscas no permitió meter a fondo los tornillos. Chapas que quedan locas en su emplazamiento... un poco demencial todo. Se nos ocurrieron dos posibilidades netamente mejores para instalar este pequeño pozo; una de ellas limpiamente por la IZQUIERDA  y otra por un pasamanos a la DERECHA.
Abajo nos ponemos a hacer fotos. Hay tres fotógrafos y sin embargo -o quizás por ello- no damos abasto. Excéntricas de aragonito, de calcita, cristales recubriendo las paredes, banderas, formaciones clásicas, estalagmitas de aragonito, y las formas de la galería. Pequeñas agujas de yeso se encuentran dispersas por el suelo. Poniendo la cámara sobre un trípode en el modo “fuegos artificiales” se dispone de 3 o 4 segundos para disparar todos los flashes de los que se disponga. Algunas fotos salen bien, otras mal y la mayoría regular. Al final de la galería nos paramos a comer. Encarna nos alimenta con los filetes de una novilla de su propio ganado. Y seguimos con las fotos. La desesperación lleva a Noelia, Pablo y Encarna a remontar el primer pozo y apostarse en la plataforma. Se justifican con la milonga de que ellos van más despacio que los demás en los ascensos. De cualquier forma ahora nos lanzamos hacia otro sector de la galería sin cristalizaciones llamativas pero con formas seductoras. Un fino suelo de barro seco absolutamente plano pavimenta una zona de bóvedas ondulantes. Continuamos haciendo fotos. Agarro una depresión por mi pequeño flash Metz que ha dejado de funcionar. 
Varados en Arredondo y tomando cervezas la conversación que mantengo con Encarna se centra en comparar el grosor de sus huesos con los míos. También en fiestas que se avecinan. Más tarde Noelia nos cuenta de su maravilloso benefactor que cataliza energías para que ella aguante en la biblioteca de Torrelavega estudiando las tres asignaturas que le quedan para acabar. Mientras conduzco cuenta una historieta sobre seres queridos, de una amiga o prima, empotrados contra un camión en un aparatoso accidente. Y cuando agota ésa comienza otra historia alucinante sobre cómo engaño a su madre para que no se diera cuenta de que se había merendado un paquete entero de sobaos gigantes El Macho (son enormes y con mucha mantequilla... lo paso fatal atiborrada de sobaos). Luego compró otro paquete y lo inicio para que todo pareciese normal. Por último, pero no menos interesante que lo anterior, Noelia se enzarza con Encarna en una discusión sibilina sobre la universalidad de la manipulación y la maldad. Maldad genérica. Los demás viajeros estamos estupefactos. Me acuerdo de los nueve gatitos que tiene la madre de Encarna ¿existirá una maldad gatuna universal? ¿serán los gatitos jóvenes manipuladores de tipo genérico? Los interesados en la respuesta pueden consultar enviándome un mail.

2/12/07

Quimera (1/12/2007) El Coverón

 
   Las nueve y media pasadas cuando llego a Solares. Juan me presenta a Jorge. Al principio me cuesta acordarme de su nombre. Jorge nos lleva en su espaciosa furgoneta Ford adecuada para cambiarse en días lluviosos como el de hoy, que se presenta muy similar al anterior fin de semana. Nos vamos al Coverón sin dudarlo (lo de Llanezas tiene fama de cascadas que te duchan y gateras embarradas). Al aparcar el coche en una curva entre Riba y el puerto de la Cruz de Uznayo tuvimos cuidado de que las ruedas no se metieran en el barrizal del comienzo de la pista. Una auténtica trampa de coches. 

    Embutidos en el mono, o en un impermeable, y protegidos por el paraguas nos acercamos a la cueva cruzando el bosque. La bienvenida estuvo basada en duchas y chaparrones de las ramas bajas de los árboles y en barrizales resbalosos. Un bosquecillo de robles tapizado de hojas amarillas y  una canal con helechos son la antesala del Coverón. Bajo las amplias balmas pudimos terminar de prepararnos y de paso hacer algunas fotos de la zona de entrada. 

   Nos impresionó, como la vez anterior, la rampa de entrada por las dimensiones que enseguida alcanza la bóveda sobre ésta. Decidimos ir hacia la derecha para alcanzar el resalte equipado con escala, que la vez anterior no subimos. De paso hicimos algunas fotos. El equipo fotográfico no era el adecuado pues sólo contábamos con mi cámara y la linterna Barbolight de Juan. Se trata de la linterna más potente que yo haya visto. De cualquier forma le poníamos mucho empeño a la tarea de hacer las fotos.

   Resulto que el resalte era más complicado de lo que nos esperábamos. Por eso está equipado con cuerda y escala. Hay que salir del resalte por una gatera deslizante que da, de inmediato, a una estrecha plataforma a orillas de un lago que ocupa parte de una amplia sala lobulada. Si sales con mucho ímpetu te vas al lago. Realmente es una curiosa estructura. Me recuerda esas piscinas elevadas modernas en las que el agua esta rasante sobre la orilla y se domina un amplio paisaje. Por una de las estrechas plataformas que rodeaban al lago repté con cuidado para alcanzar un lóbulo de la sala con formaciones. Desde este punto nos montamos varias fotos.

   La continuación resulto muy evidente hasta una zona en que un aparente desfonde nos cortó el paso. Bajando una rampa hasta su base una pequeña gatera pedregosa y sopladora nos indicó la continuación principal, explorada hace poco por el grupo Lobetum (a la continuación explorada hace más  años por el MUSS no le prestamos casi atención). Nos costo decidir entrar en “el Estrujón”  nombre usado por los espeleólogos del Lobetum para designar a la gatera. Como no las tenia todas conmigo me deslicé por la gatera con los pies por delante. Enseguida llegue a una pequeña salita en la que se podía dar la vuelta y hasta ponerse en cuclillas. Unos tres metros más de gatera arrastrada me llevaron a una amplia sala, comienzo de la “Extensión” la nueva zona explorada por los del Lobetum. Les di ánimos a mis compañeros y enseguida vinieron Manu y Jorge. Juan se negó a pasar.

   Durante un rato deambulamos por el laberinto de la Extensión mirando rincones. Alcanzamos un lago -y unas galerías a su derecha- de estructura sorprendente. Una quimera continua de sorpresas y de ambientes radicalmente diferentes. En vista de lo bonito del lugar volvimos hacia “el Estrujón” para convencer a Juan de que pasase. Para que resultara convincente que la gatera carecía de dificultades Jorge y yo volvimos a pasarla en sentido inverso. Juan no estaba al otro lado pero apareció enseguida, procedente de la zona clásica, en la que había recorrido un laminador ascendente sin mayor interés. Finalmente, después de contarle durante unos instantes las excelencias de lo que habíamos visto, Juan se animó a pasar la gatera. Tuvo que reconocer que carecía de dificultades.
   Primero fuimos hacia el lago por una galería con abundantes formaciones y pequeñas desviaciones laberínticas abarrotadas. Encontramos un murciélago que nos hizo dudar. Imposible que llegase por la gatera así que debe haber otra entrada -estrecha o ancha-. El lago estaba construido sobre una zona de falsos suelos que conducían a otros charcos o gours  debajo del lago¿?. Luego, por la orilla derecha del lago, accedimos a unas galerías en las que desembocaba una chimenea alta. Además un gran gour al mismo nivel que el lago -y con comunicación subacuatica con éste- hacia aún más extraño -si cabe- el paisaje de este lugar. Por unas estrechas gateras se accedía a un conjunto de salas abovedadas que acababan terminándose en ratoneras imposibles. Por otra zona la Extensión consistía en unas largas galerías paralelas, con desfondes y pozos cilíndricos que bajaban a otro nivel. Una ventana daba acceso a una sala repleta de formaciones y a una galería en forma de diaclasa que me llevo hasta un laminador arenoso. Continué hasta que llegué a una zona en que desaparecían las trazas de exploradores y se hacía necesario cavar para seguir. Pero sin duda se podía seguir. De vuelta nos volvimos a reunir todos de nuevo cerca del lago. Esta Extensión nos pareció un magnífico lugar para recorrer con calma. De vuelta a la salida fuimos a visitar brevemente la parte izquierda del Coverón. Por el resalte equipado con cuerda me acerqué hasta el pozo de 20 que descubrí perfectamente instalado.
    Seguía el tiempo gris y lluvioso. Tras una corta duda -era bastante tarde- decidimos presentarnos en Ogarrio para intentar comer. Nos metimos en el primer restaurante que encontramos, anunciado como “El Mirador”, pensando que sería el único. A parte de un precio inmejorable la comida resulto deliciosa. Al salir descubrimos que el restaurante tan famoso de Ogarrio no era éste, sino el Tomás en la plaza del pueblo. De cualquier forma como tenemos que volver al Coverón probaremos todos los restaurantes de Ogarrio.