18/5/08

Wolfi (17/5/2008) Torca Fría >>>>>>>> Cueva del Lobo


Ellos no sabían lo que eran y ellos no sabían que lo eran, pero poseían un daimonion animal. Todos tenían aspecto de humanos y la mayor parte del tiempo actuaban como tales. Pero una animalesca subida de tono, siseante andaba encerrada bajo siete llaves en su interior. Solo su mirada les delataba débilmente en contadas ocasiones. Todo lo que hacía falta para que se manifestase estaba en el ambiente. Todos los requisitos se podían dar por casualidad sin problema. Los humanos podían dejar paso a la fuerza animal que albergaban. Iban a ser anulados temporalmente.
Manu, yo y Julio habíamos estado tonteando con la posibilidad de hacer la travesía Torca Fría- Lobo sin una determinación clara. El viernes por la tarde me vi con Manu en tristes circunstancias. Por otra parte parecía que se perfilaba la posibilidad de ir a la travesía. Estuvimos a punto de cruzarnos con César que había venido ex profeso desde Madrid esa tarde y se volvía a ir.  Me hubiera gustado verle.
El sábado me levante extrañado de lo pronto que me había despertado. La noche anterior había intentado convencer a Julio de quedar a las ocho, al final ni uno ni otro: quedamos a las ocho y media, pero a última hora me llamo para decirme que había dificultades con los que venían de Solares y que mejor a las nueve. Le volví a convencer de que a las ocho y media mejor pero como me conocía la puntualidad de Julio al final me lo tome con laxitud y llegué a las nueve menos cuarto. Casualmente llegué tarde, pero me escude en otras citas con Julio. Por fin íbamos a ser nada más que cuatro y no seis como pensábamos al principio (Miguel y Eva se rajaron a última hora) No las tenía todas conmigo por el tiempo y también por cómo íbamos a encontrar el estado de los  equipamientos en la travesía. Hacía cuatro años por lo menos que no la realizaba y las cuerdas y fijaciones podían estar bastante mal. Además no estaba seguro de si iba a estar puesto el largo pasamanos de salida hacia la Sala de la Cabra.
El tiempo parecía que nos iba a respetar. Sol al principio de la subida para luego ir adensándose progresivamente las oscuras nubes. Julio, Manu, Inés y yo pasando por las cabañas del Carrascal y siguiendo hacia el W a lo largo del bosque hasta un suave collado en que se empieza a divisar el Hondojón y el Picón del Fraile. Inés, joven prehistoriadora, rápida al principio para cansarse al final de la subida por el encantado bosque de grandes hayas frondosas y sombrías. El Pasillín de las Escalerucas nos planta en la amplía meseta, poblada de caballos, al norte de la Lusa y diez minutos más llaneando hacia el E nos colocan en la entrada de la Torca Fría.
La Torca Fría es un elemento disuasor de la travesía. Tétrica y helada, con neveros en la base de sus pozos, nos invita a irnos a pasar la mañana del sábado tomando cervezas con rabas en Laredo. Pero las cuerdas están puestas y en buen estado. Mi grado de inseguridad disminuye pero todavía no estoy animado en modo alguno. La chica es una principiante con tres cuevas horizontales en su historial y en el primer fraccionamiento se hace un pequeño lío. Además la comba de llegada a la base del primer pozo enlaza con la cabecera del segundo con un nudo dejando un margen sumamente escaso para poder liberar el dressler. Bueno, renqueando y poco a poco conseguimos salir por la ventana del segundo pozo hacia la estrechez vertical. Cuando llego al meandro de la Carpeta Verde el frío y la corriente hacen mella en mí y luego en Manu, que me sigue. Por fin conseguimos comenzar a andar por el dichoso meandro. El frío comienza a remitir y el desánimo a evaporarse. Me doy cuenta enseguida que la balización de los pasos ha mejorado sustancialmente; mejor dicho ha pasado de ser casi nula a ser a prueba de idiotas. Apenas tienes que pensártelo un segundo y ya tienes otra indicación delante de las narices. Además hay cuerdas en donde no recordaba que las hubiera, asegurando desfondamientos que antes se pasaban a las bravas. Nos paramos muy a menudo a hacer fotos pero con el flash de la cámara o con exposición a pulso los resultados son mediocres. 
                Al final del meandro de la Carpeta Verde torcemos a la izquierda y con júbilo descubro que han puesto un largo pasamanos para acceder a la importante galería colgada que continua la travesía. Esto evita un expuesto flanqueo o tener que bajar al fondo del meandro para luego escalarlo de nuevo unos cuarenta metros más allá. Mi confianza en que todo este correctamente equipado y sobre todo que lo este el meandro de salida hacia la Sala de la Cabra ha crecido y empiezo a ver la travesía con ojos optimistas. Con los ánimos subidos continuamos sin dificultades hasta el pequeño pozo de unos diez metros en que comprobamos el mal estado de las fijaciones y la cuerda. Decidimos dejar un cuerda mejor y retirar la vieja. Dejando a mano izquierda el acceso hacia el meandro Maxim’s nos introducimos en una larga galería con amplios zigzags en donde disfrutamos de la arena blanca que tapiza el suelo. Mis compañeros Julio y Manu se están poniendo pesaditos con el hambre desde hace un buen rato. Paramos en el cruce con la galería de los Torreros y el final del meandro Maxim’s. Allí devoramos en silencio las provisiones.
                Los animales se habían despertado y no había manera de acallarlos. Algunos depredadores merodeaban, acercándose demasiado para nuestro gusto. Si uno no se andaba con cuidado podía acabar en la panza de un cocodrilo o un leopardo. Las sombras se resolvieron con cuidado y no acabo todo ahí pero tampoco siguió en el primer plano de nuestra mente.
                Al cabo de un trecho acogedor y decorado con cristales blancos y más arena blanca en el suelo llegamos a un pasamanos corto pero muy aéreo seguido de un zona estrecha que desciende  a base de pequeños resaltes. Así, sin pensarlo ni buscarlo, nos vamos encontrando en plena Galería de los Minusválidos. Esta galería se va haciendo más amplia de forma progresiva hasta desembocar en la Sala del Carbón, muy negra, y el meandro Negro, más negro aún. Los compañeros llevan tonteando con el ¿cuánto falta? o el ¿falta mucho? desde hace largo rato. Demasiado. Pero no doy esperanza. Siempre queda una fracción importante del total. Finalmente a la llegada de la Sala del Balcón les anuncio que andamos cerca de la salida. Inés descansa a menudo. La balización aumenta de nivel. Sobre todo al acercarnos al paso clave cerca de la gatera. Por un instante me despisto a pesar de la balización pero alcanzamos sin novedad el buzón que da acceso al largo pasamanos.
                Como ya esperaba esta perfectamente equipado. Poco a poco lo vamos atravesando mientras consigo hacer tres o cuatro fotos poco claras. Me ha quedado la impresión de que Wolf se ha transformado en Wolfi. Pero hemos quedado contentos, satisfechos, encantados. Inés lanza una saca al salir de la última gatera y sale despedida cayendo por un pequeño pocete. En su cansancio nos dice que la dejemos allí y que nos compra otra. Julio baja a por la saquita y en menos de un minuto la saca ha sido rescatada.
                Las instalaciones y  pasamanos siguen más allá de la Sala de la Cabra facilitando el tránsito hacia la Galería del Flysch y la Galería de los Osos. La salida esta a la vista pero no se ve la luz. Pero sí cuando nos metemos en la galería Ojo de Cerradura que nos despide de la Cueva del Lobo. Tapizada de hojas de haya que continúan en las pendientes del exterior invita a revolcarse y tumbarse disfrutando del mágico bosque.
                El tiempo nos volvía a respetar pues aunque había estado lloviendo pudimos bajar y cambiarnos sin más que alguna gotita despistada. Sin embargo no más comenzar a circular empezó a caer de nuevo la dulce lluvia primaveral. Paramos en Arredondo a tomar una ronda de vinos y echamos una bonoloto. Inés nos invito por su cumpleaños. Luego paramos en Solares a echar otra ronda de vinos esta vez con patatitas bravas. Teníamos un hambre letal. De nuevo rondaban los animales.    

20/4/08

Torito Tarero (12 y 19/4/2008)


12/4
La red del Gándara de nuevo llamándonos con voz meliflua, insistente y seductora. ¿Acaso estamos dispuestos a cruzar el límite, la barrera, la frontera con tal de seguir los dictados de esa voz que clama ser conocida?  ¿Olvidamos tal vez como los instantes caen en un abismo oscuro, proyectivo y frío y como el tiempo pasa semejando un río sediento de otras aguas diferentes a si mismas? ¿No nos  conducen  esos hechos a juntarnos en grupos y a seguir la dictadura de búsquedas inagotables en los más remotos y pequeños rincones de la cueva más grande que hemos conocido en esta tierra del norte? ¿No son acaso la concatenación de una infinidad de factores entrecruzados como una telaraña infinita lo que nos hace estar hoy, aquí en Laredo, mirando las montañas a lo lejos, charlando de historias pasadas, despidiéndonos de Maite -la mujer de Miguel- por unas horas mientras Hugo -el joven amigo de Pepe- nos agradece con unos regalos cuidados y escogidos las invitaciones a participar en esas búsquedas subterráneas?
El coche de Pepe se esta deslizando con suavidad, y a veces no tan suave, hacia Ramales de la Victoria. De pronto recuerdo que la cafetería junto a la parada de taxis ofrece un chocolate delicioso que es posible acompañar de una largas corbatas mucho mejores que las de Unquera. Sé que hace mucho tiempo que no entro a la cafetería pero eso no me hace olvidar. ¿Por qué hemos tenido que parar a la altura de Rasines para poner aceite al motor? ¿No es una paradoja que en un trayecto de menos de 10 kilómetros el motor solicite aceite de esa manera tan acuciante, y más cuando ayer el coche vino sin ningún problema desde Madrid? Me intriga que un coche aparentemente impecable tenga este pequeño handicap tan escandaloso.





Al llegar al cruce que remite hacia Arredondo Pepe gira a la derecha y no a la izquierda como le había recomendado. Nos paramos a hablar unos instantes, pero la inmensa mayoría prefiere ir por el valle del Asón y ver la cascada. La fuerza de muchos años subiendo a lo largo del Asón se impone a la novedad de subir por Soba. ¿De quien aprendí lo ventajoso de subir por Soba hasta La Gándara? Pues de los espeleologos ramaliegos. Pero pensándolo un poco prefiero dejarme llevar.
El tiempo esta muy bueno. ¿No es cierto que Miguel y Pepe se irían a bajar un río en piragua si les dejásemos el más mínimo resquicio? Pero no tienen el equipo. Además ¿serán capaces de olvidarse de Hugo que ha venido con toda su ilusión para hacer espeleología en Cantabria? ¿serán capaces de olvidarse de mí, que no tengo predilección por los ríos? A pesar de todas esas incertidumbres que suelen amenazar la consecución de cualquier plan al poco rato estamos entrando en la cueva. ¿Por qué será que hoy me cuesta tanto meterme el arnés? Pepe dice que estoy engordando pero yo no lo admito porque sé que no es verdad. Simplemente el arnés tiene las cintas de las perneras mal puestas.
Desde la entrada hacemos sin pausa el camino hacia la Sala del Ángel. Las galerías que los franceses llaman El Delator se me hacen pesaditas, tengo calor y la postura me cansa. ¿Qué es lo que hace que la Sala del Ángel este siempre llena de neblina? Seguramente es la cascada pero es cierto que a veces la Sala esta diáfana y la cascada siempre está allí. Le hacemos un esforzado repaso a la Sala con visibilidad escasa. Hugo se la juega en una zona de pendientes patinosas. De nuevo conseguimos cero patatero en el juego de encontrar las continuaciones desde esta Sala. Si miráis el esquema que los espeleologos del SCD han publicado en la BCE 16 se intuye un galerión hacia el este, más ¿dónde se pilla esa galería?
Algo frustrados continuamos por la Galería de Cruzille hasta una zona en que unos balcones arenosos se asoman a un pozo. Bien abajo, se oye discurrir un río. Después de comer instalamos el pozo y nos movemos hacia el oeste por él. Curiosamente la dirección del agua no corresponde a lo que uno podría esperar. Va hacia el oeste, es decir hacia el interior de la red. Miguel intenta avanzar al nivel del río pero fracasa. Más arriba nos movemos por una zona de bloques embarrados algo penosa y nos preguntamos si aquello tiene algún futuro. A mi no me lo parece pero algo más allá se adelanta Pepe por una suave pendiente sembrada de bloques recubiertos de barro resbaladizo y ¡bingo! desembocamos en una sala de altura indefinida, casi 20 metros de ancha y grandes playas arenosa inclinadas. A partir de aquí el camino es franco y, después de un recorrido accidentado, accedemos a una gran galería con un río mucho mayor. Aguas abajo se hace necesario neopreno o bote. Aguas arriba avanzamos por playas y ancha galería hasta que un zona profunda y de longitud indefinida nos corta el paso en dirección suroeste. De nuevo solo es posible seguir con bote o neopreno.





A la vuelta decidimos quitar las viejas cuerdas del pozo de 30 puestas desde las primeras exploraciones. En una cabecera ha partido un seno sobre el maillón y los otros no tienen buen aspecto. Además la camisa se ha hinchado y bajar es un suplicio. La próxima vez que vengamos pondremos un conjunto de cuerdas nuevas. A las diez y media estamos en los coches creando riqueza para la operadoras de móvil y poco después pidiendo cena en el bar Coventosa. No salimos de éste hasta pasada la una y llego a casa las dos y media. 

19/4
Una semana después convenzo a Manu y José para ir de nuevo a la red del Gándara. En realidad pensaba ir la pared de Zigal este fin de semana pero las predicciones dan lluvias con una probabilidad 100% en toda Cantabria. A pesar de esos oráculos el viernes no tiene aspecto de que vaya a llover mucho y las dudas persisten. Julio y Encarni hablan de un vivac en la Red del Gándara pero no hay coyuntura para realizarlo. Miguel al final no puede venir.
El sábado por la mañana el tiempo está de sur. Me corroe la duda de si hubiera sido factible ir a Liébana. Sin embargo en el cruce de La Sía sopla un viento fuerte y frío del sudoeste que no invita a nada. Un grupo de Madrid está preparándose para entrar. Son bastantes y, por las conversaciones que escucho, debe haber algunos principiantes. Amablemente nos invitan a ir delante pero les explicamos que nosotros no vamos a ir hacia dentro. Torito Tarero es una creación absoluta de Manu. No esta mediatizada por nada salvo por su manera de cantar. Decido que no hay nada mejor para definir la ruta que seguiremos hoy.

Nos moveremos hasta el pasamanos de la Galería de las Alizes para bajar el pozo que sale de ahí y visitar las galerías inferiores. Así que compartimos el camino con el grupo de Madrid unos 200 metros.  Instalo directamente a las fijaciones del pasamanos un ocho doble y enseguida fracciono en la primera chapa. Esta colocada in situ. Y todas las demás también. En una ancha repisa intermedia a unos -25 paramos los tres para  ver unos huesos de oso. Es difícil de entender que el oso llegase ahí. La cuerda de 53 que Manu ha sacado del club es insuficiente por poco y en el último fraccionamiento pongo una de 20 adicional.



Ya abajo nos engulle el ahínco y nos dedicamos a visitar todas las galeriones, galeriucas y gateras que encontramos. Al poco pasamos por detrás de una cascada que cae de una galería colgada. Más allá vuelvo a ver una bonita zona de excéntricas que había olvidado desde la primera vez que estuve aquí. Rebuscando por los bordes de las anchas galerías descubrimos una gatera muy trillada y que sopla. Nos metemos por ella y cuando llevamos un buen trecho de arrastradas y estrecheces nos damos cuenta que estamos en una ratonera, con viento pero sin paso. Algo frustrados y estresados volvemos a la gran galería de la que hemos partido. De nuevo probamos suerte con otra gatera también trillada y con soplo. ¡Y esta vez hay suerte! De pronto desembocamos en una amplia galería con señales de tener actividad acuática ocasional. Siguiéndola aguas abajo llegamos a un colapso de bloques que tras unas cuantas vueltas se resuelve por una galería superior. Esta desemboca al cabo de poco trecho en una sala enorme con inmensos bloques.



Siguiendo las zonas de huellas más marcadas vamos bajando por la sala hasta que comenzamos a escuchar un río bastante grande. Lleva un buen caudal y en sus orillas se alternan las playas y los bloques. Aguas abajo llegamos a un recodo con una zona de playas grande y muy llana. Por la derecha se le une otro río formando un cabo de arena. Aguas abajo el caudal es muy grande y la dirección –este muy marcado- indica que ese puede ser el colector principal del Gándara. Para seguir se necesitaría un bote o neopreno. Después de comer visitamos todavía una zona en la que se vislumbran algunas galerías altas con acceso complicado por los bloques. Después de echar un vistazo sin éxito volvemos hacia la gran sala por una pequeña galería paralela. Por un momento sufrimos un despiste para encontrar el camino.
            Ya fuera vemos que ha caído un buen aguacero. Pensamos que después de todo no ha estado tan mal el ir de cuevas este fin de semana. Y nos sentimos con regalo nuevo. En los coches -a las seis y media-  ya hay dos miembros del grupo de Madrid. A uno de ellos se le caído la suela de la bota cuando ya estaba bastante adentro. El otro, que es muy joven, resulta ser de la misma parte de Madrid que yo. Los dos somos vallecanos y mi antigua casa está muy cerca de la suya. Casualidades que la vida nos arroja sin mirar demasiado. 


6/4/08

Queper (del 8/12/2007 al 5/4/2008) Cueva de Sobrelinde


Queper o no queper, esta es la cuestión. Marrulleramente, arteramente y maquiavélicamente hoy 5 de abril por fin hemos conseguido reventar la gatera que se nos estaba subiendo a la chepa. Han sido necesarios cinco asaltos para acabar esta guerra.
La primera vez (8/12/2007) que Julio, Manu y yo llegamos a Sobrelinde fue gracias a un pastor de la zona que ya había hablado una vez, anteriormente, con Julio. El pastor nos contó que en días fríos la sima arrojaba un penacho de  vapor  condensado muy llamativo. Y también la típica historia de un perro que se cayó y que, maltrecho, salió varios días después por otro agujero del valle. Además hace tiempo en una ocasión -contó- bajaron con una cuerda a un muchacho para ayudar a sacar a una res pero tuvieron que sacar al muchacho aterrorizado por que la sima “se lo aspiraba”. La cosa nos pareció prometedora aunque el día estuviese gris y deprimente.
La segunda vez Julio y Manu bajaron el pozo de entrada, 15 metros, accediendo a una amplia sala e hicieron un reconocimiento en el que descubrieron una estrecha gatera sopladora. Además constataron que la sima era un mortero cuyo contenido consistía en multitud de sacos de huesos de reses  y algún que otro perro. La nota vital la daba una colonia de murciélago en un rincón elevado.
La tercera vez (9/2/2008) nos acercamos los tres con material de desobstrucción. Después de realizar con gran esfuerzo cuatro agujeros de 40 cms. de profundidad por 0.8 cm. de diámetro para cuatro disparos de microcargas, y de quitar los escombros que resultaron como efecto, conseguimos ampliar el hueco y avanzar. Pero la gatera continuaba y las baterías se habían acabado.
La cuarta vez (16/2/2008) a los tres sufridores habituales se unió Juan Colina. Uno de los spits de la cabecera de sima saltó (reventó la roca) y tuvimos que reasegurar en una raíz, añadiendo después otro spit. Con nuestras locas charlas Julio y Manu habían empezado a hacerse grandes ilusiones sobre la sima. Juan estaba lleno de curiosidad. Para mí la gatera constituía un trabajo de desobstrucción con un perfil diferente al habitual debido a la naturaleza de la roca: colada con un alto porcentaje de cárcavas. Esta cualidad esponjosa hacía que la fuerza expansiva se perdiese en las oquedades. Debido a esto en esta ocasión solo una de las microcargas fue efectiva. Esto hizo que pensáramos en cambiar de estrategia. Decidimos volver con un generador eléctrico y un martillo demoledor de dimensiones modestas. Sin embargo esto llevaba una logística pesada que era necesario preparar.
Al principio tanteamos la posibilidad de alquilar todo lo necesario durante un fin de semana. Pero los generadores de los alquileres de máquinas eran excesivamente pesados. Manu tenía un generador pequeño y ligero de potencia insuficiente para un martillo demoledor. Por suerte en la reunión del viernes  4 de Abril Fernando nos ofreció un pequeño generador -unos 20 kilos- de suficiente potencia, más o menos 1200 vatios. Por otra parte Eric nos presto el más ligero de los martillos demoledores de su empresa. Juan se ofreció a subirlo todo en su todo terreno por la pista del eucaliptal y como último y magnífico fichaje se vino Miguel -de Balmaseda-. Así pues el sábado 5 de abril nos encontramos todos en la estación de FEVE del Astillero, lugar habitual para ir hacia la zona de Puente Viesgo.
Una vez depositado todo el material en el prado al final de la pista Juan se quedo abajo -estaba lesionado en una pierna- y los demás hicimos dos viajes hasta la sima. Uno con sacas y objetos diversos y el otro con el generador, haciendo para éste viaje dos equipos que se fueron relevando: Manu y Julio—Antonio y Miguel. Aunque el tiempo estaba excelente y hacía calor no tuvimos gran problema en subir el trasto.
                Enseguida instalamos la sima y desplegamos la alargadera de 50 metros de cable. Miguel bajó a echar un vistazo a la estrechez. No quepíamos los dos en el punto de trabajo. Un rato después comencé a trabajar. El generador estaba funcionando en el exterior al cuidado de Manu. Termine un agujero sobre un bloque empotrado para reducirlo a trozos más pequeños con una microcarga pero como había traspasado algunas cárcavas comencé otro agujero nuevo. Cuando llevaba 10 cms. del nuevo agujero la herramienta soltó unos cuantos chispazos, un tufillo a quemado y dejo de ir a las revoluciones requeridas. De golpe nuestras expectativas estaban amenazadas de frustración total y debíamos replantear la batalla. Tuvimos una reunión fuera de la sima. La decisión fue que, mientras yo me quedaba abajo intentando sacar provecho de los agujeros que ya estaban hechos, Manu y Julio intentarían alquilar otro martillo y Miguel subiría las baterías para seguir trabajando como las veces anteriores –con el Hilti de baterías-.
                Tuve suerte y el bloque fue reducido a pequeños trozos manejables. Miguel me ayudo a extraerlos de la gatera. Al poco volvieron Manu y Julio pues ya era demasiado tarde -en sábado- para que los alquileres estuviesen abiertos. Los siguientes disparos -en contra de lo esperado- tuvieron éxito y dieron lugar a un largo trabajo de desgajar y arrojar por el hueco. Después de una penúltima microcarga sobre una verruga de roca que fracasó en su cometido, la última si lo tuvo y nada más verlo me pareció que ya se podía pasar. Incluso llegue a recoger todo el despliegue.
                Sin embargo después de hacer una primera instalación para descender el pozo -al que daba acceso la gatera- cuando ya estaba metido dentro me di cuenta que la verruga de roca que sobresalía no permitía el paso de ninguna manera. Quizás hubiera sido posible pasar hacia abajo forzando pero a la vuelta estaríamos con los pies en el vacío –para ser exactos en el pedal- y tratando de salir hacia arriba. No me pareció razonable intentarlo en esas condiciones.
                Comenzamos un batalla contra la verruga a la desesperada. Sucesiones de pequeños taladros en el pedúnculo seguidas de sesiones de mazazos desaforados y motorizados por la obsesión de queper por el agujero. En el asalto que le correspondió a Miguel la verruga cedió y fue reducida a escombros. Por fin pudimos instalar el pocete. Un natural, un puente, un parabolt en la roca mediocre y un desviador. Baje el primero, honor que nos disputamos todos menos Miguel. Eran más de las 7 de la tarde. Mientras bajaban todos los compañeros eché un vistazo y vi que seguía otro pozo mayor –de unos 15 metros- Lo instalamos a una gruesa estalagmita con columna añadida. A los pocos metros metimos un desviador.
          El fondo del pozo, tapizado de rocas pequeñas y medianas no mostraba continuación. Por los laterales una galería estrecha se iba cerrando totalmente y algo más arriba también se cerraba otro pasaje. En todo lo que miramos no vimos continuación evidente ni soplo de viento –presente, sin embargo, en todo momento en la gatera- así que comenzamos el ascenso. Decidimos dejar todo instalado par echar otro vistazo más detenido y recogimos todo el despliegue. A las 10 y media estábamos por los coches tranquilizando -los que la tuvieran- a la esposa o novia según quién. Y al filo de las 11 y media, ya en Astillero, nos pareció demasiado tarde para pedir cena en un restaurante. Cada cual cogió el rumbo de su casita... 

21/3/08

Seven (21/3/2008) Minas de Colon


El viernes Santo quede con Joaquín en Alguazas para ir de visita a las Minas de Colon. Nadie más quiso -o pudo- acompañarnos. En concreto Mavil se había ido a una de sus exploraciones solitarias en el Sistema de Los Chorros de Río Mundo. Nuestra intención era visitar a fondo la bocamina que parte de la plataforma principal, unos 20 metros por encima de lo que estuvimos mirando la última vez. En esa bocamina entro Onofre en solitario mientras todos los demás nos tirábamos por el pozo de otra bocamina. Onofre entró poco -hasta el primer pozo minero creo-. Nuestro objetivo era el mismo que en las ocasiones anteriores: descubrir cavidades naturales y llegar al nivel freático. Nos llevo bien poco, por la nueva autovía, llegar a Mazarrón y volver hacia el este hasta La Azohía.
Como esperábamos tener que bajar pozos mineros porteamos varias cuerdas estáticas -algunas de 50 metros- y material de instalación; sin ir como mulas pero si bastante cargados. No dimos vueltas y fuimos al grano. En unos minutos nos preparamos y lo que decidimos no llevar lo dejamos en la galería de entrada metido en una saca. Todo lo demás fue para dentro; cada uno una saca con comida, agua y el material repartido. 
Al poco de iniciarse la galería nos encontramos con otra que se le unió por la derecha (más tarde constatamos que se trataba de una galería procedente de una entrada muy cercana)  A unos 300 metros de la entrada a la izquierda nos encontramos un pozo minero que sondeamos en 20 metros. Tras un buen trecho, en que encontramos varias construcciones bien conservadas, llegamos a un ensanche con un gran pozo minero que sondeamos en unos 50 metros. Antes de empezar con la instalación del pozo grande decidimos dar un buen repaso a ese nivel (lo llamare nivel 0 en adelante y numeraré hacia abajo los demás niveles) a ver que encontrábamos. Algo me hacía sospechar que las escaleras corrientes debían ser el medio usual de cambiar de nivel para los mineros. Después de dar un montón de vueltas y de mirar varias galerías volvimos a la zona del pozo grande y continuamos la galería principal. Durante todo este tiempo comprobamos que había corrientes de aire muy fuertes en muchos puntos. Al avanzar un poco más nos llevamos la agradable sorpresa de descubrir a mano derecha el comienzo de unas escaleras perfectamente construidas que comenzaban en el nivel 0. Sin pensarlo ni un segundo decidimos bajar por ahí.

Tras un buen montón de escalones y revueltas accedimos al nivel 1. Justo al comienzo encontramos en un rincón una colonia de murciélagos gris clarito. Estaban apiñados y su sueño no era profundo. Algunos empezaron a revolotear. Habría como mínimo 20. Por el nivel 1 avanzamos un buen trecho encontrándonos una cinta magnética de un videocasete como hilo para no perderse. Nos vino bien pues todo era muy similar y empezaban a abundar las ramificaciones iguales a sí mismas. En este nivel 1 estuvimos mucho rato andando por todos lados pero no llegamos a verlo todo. Finalmente encontramos otras escaleras descendentes.
Así llegamos al nivel 2, de forma cómoda, en el que nada más entrar vimos un misterioso conejito muerto, no hace mucho, en mitad de la galería. Yendo hacia el oeste por la galería del conejito muerto nos asomamos a una ventana de un enorme pozo minero (sospechamos que era el de 50). Luego dimos montones de vueltas por este nivel 2 en el que no nos perdimos gracias a los hitos, a la cinta magnética y a estar atentos. Finalmente encontramos otras escaleras que descendían cómodamente hacia las profundidades.

De esa forma alcanzamos un nivel 3 con una galería especialmente bien trazada que conducía directamente a la base del pozo minero de 50. De esa galería partían -siempre a la misma mano- muchas galerías cortas hacia ventanas sobre una inmensa sala o zona de laboreo (por lo menos 100x50). Los restos de raíles y vagonetas eran evidentes en el suelo. En este punto nos paramos a comer. Por los nichos de la galería había clavos, candiles y en algunos puntos encontramos otros objetos antiguos. Por uno de las galerías laterales conseguimos alcanzar una explanada y unas escaleras hacia un nivel Inferior.
Creo recordar que el nivel 4 era muy grande. Había cinta magnética para no perderse y deambulamos por muchas galerías. En una de ellas encontramos sobre suelo el micelio de un hongo cubriendo una superficie de 5x2 metros. Parecía la red de capilares de un animal. Seguramente a estas alturas llevábamos andados unos 5 kilómetros por lo menos. Puede que lo haya magnificado por lo extraño del sitio. Nos llamó la atención una enorme rampa minera en el que debió estar montado un funicular. Con cuidado comenzamos el descenso de la rampa. No sé que desnivel bajaríamos pero probablemente sobrepasó los 50 metros. En la bajada dejamos a mano izquierda el acceso a dos niveles diferentes -5 y 6- y finalmente llegamos a un fondo sin salida: el nivel 7. Volvimos sobre nuestros pasos, ascendiendo, para visitar los niveles 5 y 6.
En el nivel 6 comenzaba una larguísima galería muy bien trazada con algunas ramificaciones menos importantes. El calor y la humedad fue aumentando al avanzar hacia el oeste hasta un punto en que se llego a percibir neblina. Ya llegando al final de esta galería nos encontramos varias montañas de 1,5 a 2 metros de altura, perfectamente acampanadas y formadas por las deposiciones de colonias de murciélagos en el transcurso de muchos años. Realmente notable la forma de campana. La perfección en una montaña de guano.

El nivel 5 tenía una estructura similar al del 6 y al cabo de un rato de andar por él accedimos a una galería en que la huella de los mineros prácticamente se había borrado en el suelo. En su lugar,  y durante 5 metros como mínimo, aparecían montones de flores de yeso -no muy grandes pero sí notables- y también pelos de yeso. Me pareció impresionante. Nos dimos cuenta de que esas cristalizaciones se habían formado en unos 50 años. Esto lo supimos por algunas inscripciones de los mineros  con su nombre y 1948 (o 58, no consigo recordar) escrito al lado. En este nivel 5 también aumentaban el calor y la humedad –progresivamente- hacia el oeste  
El ascenso fue cansado y la cinta magnética nos vino bien en varios momentos. Ya en el nivel 0 avanzamos un poco más hasta una enorme zona de laboreo en forma de gran sala. Arriba, en el techo de un lateral y lejana percibimos la luz del día. En varios puntos de la sala los filones de galena resultaban espectaculares. 
Esta vez las Minas de Colon nos habían dado gratas sorpresas aunque no nos dieron ningún nuevo enlace a cavidades naturales. Atardecía y, ya bajando, descubrimos una prometedora bocamina hacia el oeste. Será nuestro próximo objetivo.

2/3/08

Glorias (1/3/2008) Rubicera >>>>>>>>>>>> Mortero de Astrana


Este finde he quedao en el albergue de La Gándara con mis amigos del antiguo SEII que ahora han fundado un grupo fascinante llamado 50 Team. En 50 Team todos tienen más de 50 años -o casi los tienen-. Que un grupo así, con más de 12 miembros, se plantee objetivos espeleológicos no triviales es un avance notable. Y refuta las creencias populares acerca de lo que se puede y no se puede hacer a esas edades. En esta ocasión nuestro objetivo, del que soy promotor, consiste en realizar la clásica travesía Rubicera-Mortero de Astrana. Como una avanzadilla Zaca, Pepe, Hugo, Antonio J. y Miky entran el viernes por la tarde en el Mortero para comprobar el nivel del río y colocar un bote inflable al otro lado del lago. Cuando llego a La Gándara me encuentro paseando por el pueblo a Mariano, Paulino y  Juan. Poco después llegan Félix, Ángel y Chicha procedentes de La Sía. Nos vamos a cenar al restaurante de abajo con ánimo de acumular alimento, como los camellos, para la jornada de mañana. Ya en el albergue me encuentro con Zaca, tuerto del golpe que le ha dado un cabo de cuerda en el ojo derecho, y sus compañeros de vuelta de la inspección del Mortero. Por lo demás no han tenido problemas salvo algún patinazo en el jabonoso suelo. 
Me emociono con los regalos del grupo que me da Zaca. Aunque yo le exigí que me trajese una morena, una rubia y una pelirroja él me trae una chupa de color rojo con el distintivo TEAM y una llave articulada y con carraca de un acero noble. Me quedo fascinado con la llave. Zaca me pide que diga unas palabras pero yo salgo huyendo. Un concierto de ronquidos asesinos hace que coja el portante y me vaya a dormir con el coche bajo los robles de La Gándara. Allí solo escucho cárabos y lechuzas. Al oír los primeros grajos me voy p’al albergue. A las ocho de la mañana todos estamos en pie. Miguel llega desde Balmaseda un poco después. Trae un paquete de croissant rellenos de chocolate. A las nueve y veinte me pongo hecho un energúmeno para poner en movimiento al personal. Es solo una representación teatrera pero hace efecto.
Bajamos hasta la primera curva del puerto en tres coches. Dos se llevaran hasta la salida del Mortero. Vamos a ser 10 espeleólogos: Félix, Pepe, Antonio J., Miky, Chicha, Miguel, Hugo, Paulino, Ángel y yo. Zaca, Juan y Mariano serán conductores. Sopla un aire frío del norte que anima a abrigarse. Pero con la caminata toda la ropa va saliendo de la escena. En las canales bajamos a pelo gracias a la irresponsabilidad generalizada y compartida que nos hace olvidar la cuerda de 30 en el coche. El destrepe es fácil y nadie tiene problemas. Algo antes de las 11 estamos entrando por la boca sur de la Rubicera.
Por si alguien quiere volver a hacer la travesía voy comentando algunos detalles que jalonan el recorrido. En general nadie me presta atención pero de vez en cuando alguien pregunta que cuanto falta para el río o para el pozo o para cualquier otra cosa. Me desespera la misma pregunta cinco o seis veces. Cada poco paramos para hacer recuento y esperar a reagruparse. Sin dificultades pasamos la estrechez entre bloques y avanzamos hasta la Sala de la Teta. Le echamos un vistazo a los pelos de cristal. A esas alturas todos estamos entusiasmados por la travesía. Algunos incluso están muy entusiasmados. Un poco antes de llegar al pozo de 30 nos colocamos los arreos. En el pozo tardamos más de lo previsto por el indecente estado de la cuerda. Se ha deslizado la camisa sobre el alma acumulándose hacia abajo de forma que, por el grosor creciente, la cuerda corre peor según bajas. Calculo que es la cuerda original que pusimos antes del 2000... A un metro del suelo no hay fuerza que te haga bajar. Para liberar la camisa le pegamos un corte a la cuerda a ras del suelo.  Mientras tanto tomamos algo. 
Ya cerca del río cogemos una galería rectilínea que parece trazada con tuneladoras. La bajada al río de la Rubicera inicia una etapa divertida y bonita. Hacemos fotos y frecuentes paradas para recuentos. En la Vía Real vamos un poco más lentos por los resaltes con cuerda que se nos amontonan. Unos minutos después alcanzamos el balcón sobre el pozo de 90 donde se pierde el río de la Rubicera en las profundidades del sistema. Inicio el rosario del pasamanos y me siguen Ángel, Félix, Paulino... Todo va bien hasta que le llega el turno en la comba a Félix. Después de un rato de forcejeo intentando subir a brazo se queda sin fuerzas por no bloquear el croll. Voy a echarle un cabo de cuerda para tirar y ayudarle. Durante este rato se me dispara el coco pensando en un posible rescate si a alguno le da la pájara o en que los parabolts que nos mantienen revienten la roca arenisca de baja calidad en que están puestos. Por fin Félix sale del atolladero pero como efecto colateral varios de los que faltan por pasar se contagian de estrés y andan también con reparos en la comba.  Para adelantar un poco según van llegando continúan hacia el primer pocito de ascenso por una pequeña galería. Cuando llego a la sala del pocito ha subido uno. Para agilizar iremos encadenando todas las subidas y bajadas hasta el Mortero. Me adelanto para indicar un paso clave, el único que tiene pérdida hasta el lago. Mientras tanto instalo una cuerda en un ascenso algo incómodo justo antes de los pozos de descenso. Llego al lago junto con Paulino y Ángel. Poco después aparecen Hugo, Félix y Pepe. Nos ponemos a inflar el complicado bote. La parte de la bañera está pinchada. Para inflarlo se debe pasar por un cursillo especial. Por suerte el afortunado propietario -Hugo- está presente y nos da la primera lección. Las travesías son inauguradas por Félix. Para recuperar el bote le atamos el cabo de un carrete de cordino en la popa. Paulino, Ángel y yo nos vamos por los nuevos pasamanos instalados sobre el lago para evitar medios de transporte acuáticos. 
                Cuando alcanzamos la otra orilla nos encontramos enseguida a Félix luchando con los clásicos pasamanos del Mortero. Mientras son pasapiés de verdad Félix va avanzando despacio pero cuando llega a los que son tirolinas me dice que le fallan las fuerzas. Para ayudarle le hago una pequeña demostración de cómo pasar relajadamente una tirolina. Esto le anima y mal que bien va pasando -a veces con algún tirón de ayuda-  el resto de los pasamanos. Cerca del Cuivo nos encontramos una nube de humo con Hugo sentado placidamente en su interior. Los tres avanzamos juntos hasta la Sala del Caos. Ya se oyen las voces de Paulino, Ángel y Pepe.
                El pozo de salida lo hacemos por las dos vías (rampa y desplome). De los diez que somos hemos salido seis. Nos quedamos esperando dentro del recinto del Mortero. Las cabras y ovejas que están en su interior andan muy inquietas con nosotros. El cielo está cuajado de estrellas y rezuma un frío helador del que nos protegen las paredes del recinto. Ángel no aguanta más frío y decide bajarse a La Gándara a pié. Las llaves del coche clave las lleva Pepe. Los cinco restantes llegamos a los coches –a 6ºC- y nos cambiamos. Para mi asombro Pepe y Félix se beben una cerveza helada. Tras una larga espera Félix se baja en uno de los coches para tener cobertura. Con él bajamos Paulino y yo. Después de comer algo en el albergue, charlando con el resto de compañeros, me subo con Juan en mi coche a recoger los trastos e irme a dormir a mi casa. 
                De subida hacia Astrana me encuentro bajando al coche de Pepe en el que van Chicha, Hugo y Miky. Me cuentan parte de la batalla pero los detalles me los cuenta Miguel a la mañana siguiente. Tras el paso del lago tuvieron un problema con el bote: eran incapaces de desinflarlo. No me enteré del todo como consiguieron al final jibarizarlo si a navajazos o con maña. Más tarde Chicha se quedo bloqueado por una mala posición de los mosquetones en una de las tirolinas. Después de varios intentos frustrados de desbloqueo, incluido el que un sufrido espeleologo empujase desde abajo del lago para liberar de peso,  una cuerda pasada por un mosquetón consigue izar un poco a Chicha y así desbloquear todo el tinglado. Miguel me comenta algunos problemas más que surgieron en el paso de las marmitas; pero  finalmente consiguieron resolverlos todos y colocarse en el pozo de salida. Sin embargo la cuerda había desaparecido. En realidad no, solo estaba subido el cabo final hasta una repisa a unos cinco metros de altura. Después de pensarlo Miguel se dio en solo integral los resbaladizos pasos hasta el cabo de la cuerda consiguiendo así liberarse y liberar a los otros tres Miky, Antonio J. y Chicha  de la trampa del Mortero.
Son cerca de las 3 de la mañana del domingo cuando aterrizo en mi casa contento de que todos hayamos salido con bien de la aventura. Duermo como una piedra.  
     

24/2/08

Mitos (23/2/2008) Mortero de Astrana (Gran Pozo)

Por fin se presenta una oportunidad de acompañar a algunos amigos del AER en una exploración al Mortero de Astrana. Hace tiempo que no hago actividades exigentes y a última hora me replanteo varias veces el asistir. No me veo con suficiente ánimo para seguir su ritmo durante una larga jornada. Al final decido ir pensando en que casi todo es cuestión de “coco”.
El objetivo de las exploraciones es el fondo del Gran Pozo. Hace años los espeleologos franceses del SCD encontraron en lo más profundo de la Sima del Mazo Chico galerías fósiles que se aproximaban a unos 200 metros de las galerías bajo el Gran Pozo del Mortero de Astrana y, más o menos, a su mismo nivel. La Sima del Mazo Chico forma parte del sistema de Garma Ciega. Con las últimas expansiones este sistema supera los 50 kilómetros. Por otra parte el sistema de Rubicera-Mortero ronda también los 50 kilómetros. Si ambos sistemas formasen una unidad probablemente pasaría a ser el mayor sistema conocido en España. Además se multiplicarían las posibilidades de exploración en esa zona profunda ya que el acceso por el Mortero de Astrana sería mucho más fácil que por el Mazo Chico. Como efecto colateral surgirían varias travesías de recorrido singular. De cualquier forma que se mire es un pastel apetecible para un espeleologo.
Sin embargo la exploración sistemática del fondo del Gran Pozo del Mortero con 180 metros de vertical absoluta (realmente desplomada) y sin fraccionamientos frenaría bastante los trabajos. Subir una tirada de 180 metros cuando vienes de una jornada de exploración no es un plato apetecible para nadie. Recordemos que a un 2% de elasticidad con peso de 80 kilos podemos estar hablando de cuatro metros de chicleo de cuerda. Con las oscilaciones el chicleo se convierte en algo muy desagradable. La comunicación directa en el Gran Pozo es imposible por el ruido de la cascada que se sume en él (se trata de una cascada en caída libre de eso: 180 metros). Además hay que tener en cuenta que en crecida la instalación clásica se ve afectada por el agua de la cascada. Algo tremendamente peligroso dadas las dimensiones de la caída. Así pues la primera tarea que se impusieron los exploradores del AER fue buscar una instalación alternativa a la clásica del Gran Pozo.
La solución actual recorre unas cornisas alejándonos del punto de llegada del río. La distancia puede superar los 30 metros. Esto garantiza no entrar en contacto con la caída del agua pero no impide ir rodeado por la neblina y el barrillo húmedo por todas partes de la pared. No resulta un sitio acogedor. Sin embargo la mayor parte de los fraccionamientos son cómodos y las tiradas cortas evitan el chicleo. Además, casi siempre tocas pared con los pies.
Algo antes de alcanzar el Gran Pozo pudimos evitar el lago embalsado por unos pasamanos -a unos siete metros de altura-  recientemente instalados. Al borde del Gran Pozo  Wichi me dio las últimas recomendaciones: utilizar un pedal en la fijación de los fraccionamientos ya que la pared es lisa y resbalosa y la comba algo escasa en algunos fraccionamientos. Me puso en guardia que me diese recomendaciones. Esto no es usual, en general todo es fácil y sin problemas para Wichi y Cristóbal. Primero bajó Cristóbal luego Wichi, después yo y de último P. Merino. Pedro prefiere ir el último para que nadie le vaya pisando los talones dándole prisas. No me sentí cómodo al principio del descenso -algo colgado- pero luego me acostumbre al patio. Me sentí mejor al divisar el fondo. Las rocas del fondo del pozo -algunas enormes- están pulidas. Cristóbal y Wichi me hicieron señales desde el otro lado del pozo -un teatro de sombras lleno de niebla. Un espacio descomunal en que la falta de luz impide tener referencias claras.
 Una vez al otro lado del pozo remontamos una tirada de 20 metros para acceder por una ventana a la red de galerías que íbamos a mirar. Comenzamos a topografiar justo desde ahí. Wichi clinómetro y brújula, Pedro apuntes, yo puntero láser y Cristóbal avanzadilla de exploración. Al principio todo eran laminadores con barro sedimentado. Eso sí, anchos. Luego de varias vueltas accedimos a una cómoda galería elíptica que al avanzar se nos desfondo. Tomando otro ramal con viento y hacia el norte la progresión volvió a ser algo más incómoda hasta un punto en que una sala colapsada de bloques inestables nos corto el paso. Debajo de los bloques se intuía un hueco y Wichi, pese a los agoreros augurios del resto, se aplico a quitar enormes losas para acceder al hueco. Al cabo de un rato tuvimos un boquete por el que cabía un ser humano con el juicio poco firme. A pesar de no ser el promotor de la locura fue Cristóbal el primero que se descolgó a base de soltarle cuerda. A los veinte metros alcanzó un cómodo meandro de suelo llano. A la vista del éxito metimos dos spits y bajamos todos los demás con débiles protestas por parte de los más cobardes o juiciosos según se interprete. En el meandro -de buenas dimensiones- soplaba un viento notable. Enseguida llegamos a un balcón sobre otro meandro fósil de dimensiones mucho mayores y apuntando claramente al norte. Un indicio inmejorable. La instalación del pozo, algo accidentada, llevo un buen rato que aproveche para hacer una foto, comerme una barrita y pasar frío. Cuando aterrizamos Cristóbal ya había explorado en plan kamikaze el meandro aguas abajo llegando de forma enrevesada a la base del gran pozo. Optamos por hacer un péndulo para acceder a la continuación aguas arriba. Mientras Cristóbal realizaba ese divertido trabajo Wichi, Pedro y yo topografiamos e instalamos el meandro aguas abajo. Curiosamente encontramos un viejo spit en una de las galerías que miramos. Está claro que a los exploradores se les había pasado algo gordo. Wichi afirmo que había mucho mito en eso de que los franceses eran sistemáticos en sus trabajos espeleológicos. Como quiera que fuese había una lógica aplastante en la estructura de lo que estábamos encontrando. Cuando volvimos Wichi ayudo a Cristóbal a salir de una pillada y todos pudimos remontar aguas arriba el meandro durante un tramo que presento algunos pequeños obstáculos. Lo dejamos en un resalte que requería una escalada. Total unos quinientos metros de topo.
      A la vuelta había que mojarse un poco, justo antes de alcanzar la base del Gran Pozo. El orden de subida fue: Cristóbal, Wichi, Pedro y yo. Me quede algo atrás y me canse bastante, pero salí. El resto del camino lo hice más despacio que mis tres compañeros. Ya era bien tarde cuando acabamos de cambiarnos. Ningún restaurante de La Gándara estaba abierto y nos bajamos a Ramales a comernos unos bocadillos cojonudos en el único(¿?) bar abierto de todo el pueblo. Le agradecí a la mujer del bar que nos alimentase a esa hora. Dormí como un plomo esa noche y al día siguiente me tiré una siesta de varias horas. Tuve la sensación de flotar durante cuatro días. 

3/2/08

Galena & Excéntricas (2/2/2008) Minas de Colon



      Poco después de una excursión de escalada, en el otoño pasado, con Mavil a la Peñas Blancas de Cartagena -justo a la base de la vía Tiempos Modernos- comencé a barruntar la idea de visitar las abundantes bocas de mina que hay en la zona. Se trata de un macizo calcáreo con algunas pequeñas cavidades conocidas pero que, en potencia, puede albergar un cavernamiento abundante. La probabilidad de que tal cavernamiento sea interceptado por una galería minera es relativamente alta.



     A primeros de Enero una primera visita con Joaquín a las bocaminas más altas nos proporciono un primer soplao en una de las galerías que visitamos. El cavernamiento era pequeño pero bien decorado. Una galería descendente con alguna posibilidad de continuación estaba colmatada de escombros mineros. En esa misma bocamina dejamos sin bajar un gran pozo de ascensor abandonado.
     Durante el carnaval pasado conseguí que me acompañasen en una pequeña expedición Joaquín, Mavil, Miguel Ángel, Dani y Onofre. El objetivo era la zona principal de las minas de Colon sita al lado de los edificios administrativos.
     El día se mostraba sonriente y, a pesar de estar a primeros de febrero, podía transitarse en manga corta. Para acercarnos a las minas aparcamos los coches frente a la desviación hacia Campillo de Adentro. Durante los preparativos se acerco un guardia rural que nos proporciono información adicional. Los mineros contaban de una cueva que interceptaron -bastante grande- y que llamaban del “Caballo”. Tanto el guardia como los espeleólogos de Cartagena la buscaron infructuosamente. Por otra parte el guardia si que encontró en sus incursiones algunas pequeñas fisuras que se prolongaban en otro sector de las minas.
     Tardamos una media hora en llegar a las minas. Una línea de teleférico sin los cables nos acompaño paralela a la pista de acceso. De pasada echamos un vistazo al antiguo depósito de explosivos y a un aljibe todavía repleto de agua. Elegimos la bocamina más cercana para comenzar. Una ancha pista horizontal nos acerco en dos minutos hasta la entrada.
     En realidad había dos bocas juntas. La de la izquierda, ancha y cómoda, llevaba a un pozo de ascensor perfectamente construido que sondeamos en unos 50 metros. Luego la galería se acababa bruscamente después de un recorrido total de unos 100 metros. La otra era el acceso a un largo pasillo descendente que, dejando a la derecha un pozo minero de unos 20 metros, se prolongaba luego unos 200 metros por una galería de laboreo. Decidimos bajar el pozo de 20 por la fuerte corriente que se percibía sumiéndose en él.
     Metimos un spit de cabecera y anclamos en dos estacas de acero clavadas en el suelo. Para evitar el roce con el borde del pozo colocamos una saca. Luego con un solo fraccionamiento completamos la bajada. El pozo se abría a una galería que por la izquierda llevaba a una ventana a mitad del otro pozo. Por la derecha dejamos primero un pasillo descendente a la izquierda y luego desembocamos en una gran sala de laboreo con otro pozo en su fondo. Instalamos un pasamanos quitamiedos y echamos un vistazo exhaustivo. La única continuación era bajar el pozo.
     Tras una reflexión detenida instalamos un spit de cabecera que repartía el esfuerzo con un puente de roca. Una rampa en curva necesito un desviador. Finalmente un salto de unos 15 metros se resolvió con un spit. La cuerda nos depositó en una enorme sala de laboreo con decenas de galerías irradiando desde allí. Primero visitamos una que aspiraba viento. Un recorrido de 100 metros nos puso en la base del pozo de 50. Arriba se veía la luz del día. En la base del pozo encontramos abundantes bichos despeñados y una serpiente, quizás una víbora, con poca energía. Otra serpiente, más grande, se había alejado bastante de la base del pozo pero tenía menos energía que la primera. Ambas tenían toda la pinta de estar muriéndose de hambre pero, por lo que pudiera pasar, no nos acercamos mucho.
     Continuamos la exploración detenida de todos las galerías. Resultaba un poco laberíntico pero con algo de cuidado se podían seguir rutas sistemáticas. Llegamos a una zona de abundantes cantos que al desescamarse en un finísimo polvo plateado llenaba todo el aire. Lo respirábamos sin darnos cuenta. Creo que ese polvo era de galena, sulfuro de plomo, no muy recomendable para la salud. Observamos un nivel inferior a unos 10 metros por debajo, pero no encontrábamos un lugar por donde descender sin cuerdas (habíamos acabado consumiéndolas todas). Finalmente siguiendo unos hitos, puestos a propósito por algún visitante anterior, pudimos bajar a ese nivel y reconocerlo. Llegamos a varios pozos ascendentes y a diversas ramificaciones que fuimos mirando. La vuelta a la gran sala la hicimos por varios sitios a la vez.
     Desde el extremo opuesto de la gran sala Mavil nos grito. Había encontrado una cueva. Nos emociono el éxito. La cueva era pequeña. Consistía en tres salitas interconectadas por gateras. Sin embargo la decoración era grandiosa. Excéntricas de varios tipos, incluyendo agujas de aragonito, estalagmitas, estalactitas, banderas y columnas blancas. Y recubriéndolo todo de forma parcial un finísimo polvo gris plateado, producto de las explosiones en galena. Nos dimos cuenta de que aparte de los mineros posiblemente éramos los únicos que habíamos visitado este lugar. Desde luego los espeleologos de la zona no sabían, o no habían dicho, nada de la existencia de esta pequeña cavidad.
     Realmente estábamos muy contentos del hallazgo. Si en la primera bocamina habíamos encontrado esto seguramente debe haber mucho más. Durante la salida descubrimos un pasillo escalonado que permitía bajar del segundo al tercer nivel sin necesidad de utilizar el pozo ramposo. Atardecía sin prisa y volvimos a los coches caminando con placer. Para celebrar nuestra suerte fuimos a un bar de pescadores en Isla Plana y nos bebimos unas cervezas con mejillones. Mavil se quedo con Dani a vivaquear en la cercana Cueva del Agua para entrar al día siguiente en la Sima Destapada. Los demás volvimos a casa.