6/10/15

Planeta Subterráneo



Durante un siglo hemos disfrutado despreocupadamente de las maravillas del mundo subterráneo. Un planeta diferente en nuestro propio planeta. Un planeta para explorar y descubrir; para el disfrute de aquellos a los que nos gusta enfrentarnos a lo desconocido. El deterioro de ese mundo ha sido evidente a lo largo de décadas, como cualquier espeleólogo veterano puede atestiguar. Desgraciadamente la verdad puede llegar a ser insoportable: los espeleólogos (hablando en general, no particularizando) somos responsables, directamente o indirectamente, de la destrucción (parcial) del terreno que nos nutre de ilusión. Directamente cuando por dejadez, falta de atención o negligencia destruimos parte del patrimonio subterráneo. Indirectamente cuando los exploradores, aún cuidadosos en sus comportamientos, abrimos a todos el conocimiento de las maravillas subterráneas haciendo posible la visita de otros que no serán tan cuidadosos en los suyos.  
La importancia que el Planeta Subterráneo tiene para la Humanidad no deriva únicamente de su enorme belleza geológica. Tampoco de que cada cavidad sea un ecosistema único y singular.  Es su importancia científica la que se está poniendo cada día más de relieve: la del Patrimonio Cultural (pinturas y restos) para la comprensión del psiquismo humano, la importancia de los fósiles humanos para el conocimiento de nuestro pasado como especie, de los restos no humanos para la Paleontología, la importancia de los registros geológicos en forma de cristalizaciones, de sedimentos o de formaciones rocosas para el conocimiento del pasado (clima, especies arbóreas, procesos geológicos, …) Esto nos obliga a reconocer que en cualquier cavidad los elementos que conforman sedimentos, suelos, formaciones -en realidad toda la cavidad en sí misma- son objeto de Conservación. Entiendo por Conservación el conjunto de acciones y protocolos que intentan minimizar el impacto de los humanos sobre la cavidad: paisaje y ecosistema. Claramente la mejor Conservación sería no visitar nunca las cavidades. Pero al fin y al cabo somos humanos que humanizamos todo. No podemos negarnos, ni negar a los demás, el entrar en las cavidades. Pero tenemos que hacerlo con un cierto protocolo, de una manera autocontrolada (en el mejor de los casos) o controlada objetivamente (en el peor de los casos) Estos son los temas que deberemos desarrollar en los próximos años. Tenemos que dejar un legado, una herencia, que permita avanzar en la conservación y no en la destrucción.
El martes, temprano pues quería volver pronto, me fui revisar la balización de Cuevamur. No me acompañaba nadie. Esto podría ser considerado por muchos espeleólogos como un inconveniente, pero el trabajo que debía realizar era muy sencillo -más tranquilo y reflexivo que activo y trabajoso- y, en realidad,  no necesitaba a nadie que me ayudase. En primer lugar había que volver a poner taponcillos en aquellas varillas de las que faltasen, fijando el hilo de nuevo (el método de fijación deberá mejorarse pues el actual somete al cierre a una tensión que hace saltar espontáneamente en muchas ocasiones dicho cierre) Por otra parte unas pocas varillas habían saltado por la tensión del hilo y un porcentaje bajísimo se habían roto por algún tropezón. Era necesario reponerlas. Hablando en general, la reposición y mantenimiento de las balizaciones es un trabajo muy sencillo que tendrá que realizarse de forma periódica. El periodo se debería determinar específicamente en cada zona en función del tráfico de personas en dicha zona cómo factor principal determinante. El deterioro, y por tanto la necesidad de mantenimiento, no puede ser la misma en una zona remota del Gándara que en Cuevamur.
El trabajo avanzó, sin prisas pero sin pausa, por las galerías de acceso a la Sala de los Cristales. Ya en la Sala hubo que añadir algunas varillas en ciertas zonas, fijar las que habían saltado y colocar nuevos taponcillos en su caso. Había observado una zona en que el deterioro era especialmente abundante. La razón era lo poco natural del trazado del sendero, junto con lo poco apropiado de la textura del suelo para fijar varillas. Decidí cambiar el trazado. Esto mejoró el paisaje por el que discurre el recorrido y subsidiariamente, al ser arcillosa la textura del suelo, hizo óptima la fijación de las varillas.
Aunque podía haber seguido trabajando varias horas más hasta acabar la revisión por completo tenía que salir pronto por compromisos personales. A las dos estaba de nuevo en el aparcamiento de las Covalanas junto a mi coche. Cuando entre en la cueva hacía un día de viento sur, de colores nítidos y preciosos, pero ahora llovía copiosamente. En cinco minutos me cambié y me puse al volante. A las tres estaba en mi casa.

     
No me dejo afectar por el desánimo. La situación política y las marejadas en el mundo de la espeleología pasarán, pero lo que no pasará es la necesidad de conservar las cavidades que se van descubriendo y explorando. A veces me pregunto por qué tengo la manía de sentirme satisfecho cuando la gente no opina como yo. Me ocurre algo raro: cuando las cosas se ponen en contra mía me siento más alimentado. Saco más energía de la oposición que del apoyo. Reconozco que la oposición hace brillar con más intensidad la fuerza interior que nos habita. Sobre todo cuando tu corazón siente que estas haciendo lo correcto.

8/8/15

Yndislegur

Texto: A. Gonzalez-Corbalán
Fotos: M. F. Liria



          Yndislegur significa maravilloso en islandés. En contra de lo que pueda parecer es uno de los idiomas más dulces que he escuchado. Una lengua para la poesía. Es por eso que de vez en cuando me gusta escribir alguna de sus palabras. Es como un dulce entre tanta amargura.
Hacía menos de una semana todavía estaba en Islandia. Había vuelto de esas tierras de hielo y fuego con un sabor de boca agridulce. Los últimos acontecimientos en Santander -de los cuales me había ido enterando por los emails-, la proliferación del turismo masivo everywhere, las noticias nacionales e internacionales y la falta de silencio verdadero en mi entorno inmediato habían conseguido  impregnarme de un tono gruñón, nihilista y misántropo. El resultado estaba siendo una intolerancia, casi diría alergia,  a la especie Homo Sapiens. Un profundo aburrimiento por los afanes, deseos y aspiraciones de todo el género humano. Pero ¿y qué me queda entonces? ¿Acaso no soy uno más de ese humano género? Podría aferrarme a la monotonía tranquilizadora de la cotidianeidad. O suicidarme. Lo primero conmigo no funciona. Lo segundo es sólo acelerar lo inevitable y recortar una película que puede dar muchas sorpresas divertidas todavía. ¿Qué más podría darme motivos para existir? Me queda la búsqueda de la verdadera naturaleza. Me queda la gracia divina allí donde sopla. Me queda la belleza.
         El sábado me encontré con Nacho a las nueve y media de la mañana en Solares y media hora después con Miguel en Ramales. Una hora después entrábamos en una Cueva. Nuestra intención era explorar, balizar y topografiar una Zona. El equipo de topografía se había quedado en casa, olvidado en un estante. Así que íbamos a dedicarnos a balizar, siempre debe ser lo prioritario, y luego a explorar. De camino instalaríamos algunos elementos de seguridad en el avance. Esa es la segunda tarea en orden de prioridad: la primera es preservar la cueva lo más parecida posible a como fue descubierta; la segunda es mantener con vida a los exploradores y visitantes. Sólo la tercera es, en sí, la tarea de explorar. Una tarea, por lo demás, totalmente vana como el resto de los quehaceres humanos. Vana no significa que no sea divertida. Como echar un buen polvo.



 Una subzona, explorada por Nacho y dos amigas hacía tres días, fue balizada a conciencia. De camino hacia otra subzona, la más caliente, colocamos una cuerdecita para asegurar el descenso de un resalte y otra cuerda en un pasamanos quitamiedos. Finalmente exploramos un pozo de cuarenta (que conectó con una zona ya conocida), una galería con gours y coladas cristalinas, y un laminador con una chimenea ascendente obstruída por piedras inestables. Como tarea para el futuro inmediato: varias cosas necesitarán balizarse, algunas otras mirarse más a fondo y toda la totalidad topografiarse ha de.
De camino a casa paramos en Ramales. Nunca me había sentido tan ajeno al ambiente de ese pueblo. Para mí que sólo el diez por ciento de la gente que habitaba sus calles ese día eran autóctonos. Los otros eran extranjeros de Bilbao. Eso no fue ningún obstáculo para tomar unas cervezas frías en vaso grande de sidra. Y tampoco para charlar amigablemente con los amigos amigables.



20/6/15

Las Maravillas del Patio


(28/5/2015)

Desgraciadamente ni Miguel, ni Nacho podían venir. Pero había que hacer algunos ajustes en la zona de exploración. Así que el jueves 28 de mayo por la mañana me acerqué, yo sólo, hasta el valle de Soba y dediqué unas horas a topografiar, desde una referencia adecuada, la chimenea del Patio incluídas sus galerías superiores, galerías que difícilmente volveremos a visitar.
Por el camino me pare a reponer algunas caperuzas de las balizaciones instaladas, pero esto me demoro apenas unos minutos. Pero enseguida estaba con la tarea específica de ese día, topografiar. En realidad fue un poco lioso tomar los datos en la chimenea sin ningún ayudante. Sin embargo me encontraba tranquilo y relajado. El silencio y la ausencia de seres humanos  -durante periodos de tiempo razonables- reporta inmensos beneficios para la salud mental. Aquellos pasos agaterados con posiciones difíciles y casi inverosímiles me estimularon, aun más si cabe, la calma. En definitiva: pude acabar la topo sin mayores problemas que los derivados de la incomodidad de escribir colgado de una cuerda.
Más difícil fue la retirada de material de instalación para dejar sólo lo esencial. Sobre todo tuve que andarme con mucho ojo en algún destrepe por la chimenea. Esto lo hice para evitar dejar abandonadas algunas chapas y algunos mosquetones. Los rápeles en doble cuerda que me vi obligado a realizar tampoco se comportaron dócilmente en las recuperaciones de cuerda. Al utilizar cordinos el rozamiento hizo inevitable una recogida dificultosa. Pero al final todo quedo colocado como debía estar. Un desviador evito grandes roces y la parte más resbaladiza de la chimenea. El último resalte quedo desinstalado para evitar un acceso fácil a una zona frágil y sin balizar. Las próximas veces que se vaya será necesario montar el pasamanos de acceso. Pero esto es un coste pequeño si lo comparamos con el beneficio de preservar el paisaje subterráneo tal y como lo encontramos por primera vez los exploradores.
La salida y la vuelta en coche se produjeron sin contratiempos. Algo después del mediodía ya  estaba en mi casa.




 (14/6/2015)

En esta ocasión era domingo y fui con Nacho. Nos acercamos por Soba. No habíamos quedado temprano. Los objetivos eran modestos y la zona de trabajo no lejos de la superficie. La primera dificultad fue montar el dichoso pasamanos de acceso. Pero no quedaba otro remedio para alcanzar la zona de exploración. Tuve la sensación de jugar a la ruleta rusa al colgarme de la primera fijación, solo una, y hacer tracción de ella para alcanzar el segundo parabolt. En las siguientes fijaciones deje material recuperable. A partir de cierto punto estimé conveniente dejarlo todo en fijo con chapa bicromatada y maillot de acero.
Según iba subiendo me percaté de la incomodidad del ascenso y, sobre todo, de la del desviador. El paso de la ventana es más ancho después del trabajito que se hizo pero no se merece el adjetivo de cómodo. Más bien todo lo contrario: seguía -y seguirá- siendo un paso estrecho y desagradable. Pese a todo lo dicho, es justo confesar que si se consigue pasar al otro lado de la ventana uno se siente como Alicia al otro lado del espejo.
Nuestro primer trabajo consistió en balizar la galería hasta la zona de los caracoles en fase de fosilización. A renglón seguido nos encaminamos a la Galería del Patio y según íbamos avanzando balizábamos el delicado terreno. Finalmente se nos acabaron las varillas de fibra, tanto las de 33 como las de 20. Avanzamos un poco más tanteando el terreno y con mucho reparo de no equivocarnos en la elección del camino. Y llegamos a un resalte ascendente. Allí dejamos el avance de exploración. Seríamos consecuentes: explorar balizando.
De vuelta a la confluencia equipamos un pasamanos quitamiedos en una resbaladiza colada que da acceso a la Fractura. Nos proponíamos explorar esa galería. Con todo el cuidado que pudimos extraer de nosotros mismos atravesamos varias zonas delicadas y nos encaramamos al ramal derecho de la Fractura. Metí dos parabolts en el comienzo de la rampa resbalosa que desembocaba en una vasta sala con reverberación. Al caer verticalmente la rampa se me impuso el colocar un fraccionamiento en el lateral derecho y un poco más abajo tuve que colocar otro. Desde este último fraccionamiento sondeé el pozo con la cuerda que me quedaba temeroso de que no llegase al suelo. Pero enseguida pude ver la cuerda posada abajo en un lecho de bloques planos. Bajé despreocupadamente a pesar de un último roce.
Poco después se reunía conmigo Nacho. Treinta metros más hacia el oeste encontramos la confirmación de nuestra primera intuición. La sala era conocida por nosotros aunque, lógicamente, siempre habíamos accedido por otra ruta. Decidimos volver hacia la salida por la ruta tradicional de esta sala. Las instalaciones seguían en su sitio, pero más oxidadas. Las sospechosas habían aumentado su holgura. No hay necesidad de decir que en un futuro cercano esas instalaciones acabarán siendo sustituidas por otras que se colocaran sobre roca de mejor calidad aunque, globalmente hablando, necesitemos más metros de cuerda y mayor número de fijaciones.
Nuestra salida de la cueva se produjo relativamente pronto. De un tirón nos pusimos en Solares cruzando por el Puerto de Alisas. Mientras viajábamos tuvimos la suerte de escuchar la relajante música de Hanoi Masters. Y otra mucho más inquietante: el último CD de Björk. Nacho y yo acabamos metiéndonos en un bar de Solares, cerca del ferial de Orejo, delante de unas buenas cervezas. En cuanto salí del bar el ambiente, demasiado cálido y soleado para mi gusto por lo umbrío, me obligo a refugiarme rápidamente en mi casa-casa en donde encontré el frescor necesario. 




(20/6/2015)

Una semana después Nacho y yo, esta vez era sábado, decidimos volver a la exploración del Patio. Nos acordábamos del último fallo: no llevar suficientes varillas. Pero en esta ocasión me había ocupado de pasar por Maliaño, para hacer acopio de ese producto imprescindible en caso de que el deseo del espeleólogo sea balizar. Esta vez no íbamos a pararnos por esa razón.
Las últimas visitas a La Gándara habían arrojado una diferencia de tiempos relativamente pequeña, pero significativa, entre ir por Ramales o ir por Alisas. Así que, a pesar de la mayor abundancia de curvas, optamos  por Alisas. Durante todo el viaje de ida, y también el de vuelta, nos acompaño la música de Saint Germain. Como decía Nacho,  música para intimar en un pub.
Después de los últimos trabajos el acercamiento a la zona de exploración fue sobre ruedas. Tenía algunas dudas acerca de cómo enfocar el día. Me preocupaba rematar la instalación en la Fractura para recoger el preciado material de exploración -mosquetones, chapas de aluminio- limitando su gasto a lo estrictamente necesario. Con esta idea en mente nos decantamos por ir a la Fractura en primer lugar. Allí nos dedicamos con ahínco a  balizar una zona de tránsito obligado con el suelo muy frágil. Entre otras cosas abundan los esqueletos de pequeños mamíferos, algunos de ellos muy bien conservados. Me costo bastante decidir por donde debíamos pisar, pues todo el suelo está barnizado de una pátina de colada que lo hace muy especial. Lo bueno sería desarrollar un sistema en el que pudiéramos pasar sin pisar los suelos. Sin duda el futuro nos dará muchas sorpresas. ¿Quién iba a pensar hace diez años que casi todos los espeleólogos usaríamos luces eléctricas de leds como las que tenemos hoy en día? Bueno a decir verdad creo que yo si lo pensé cuando descubrí en internet en maravilloso frontal de Stenlight.
Cuando terminamos de balizar ese tramo ocurrió que las ganas de reestructurar la instalación de la Fractura habían sido sustituidas por el ansia de seguir explorando en la Galería del Patio. Así lo hicimos inmediatamente, nos trasladamos a ese sector y continuamos colocando varillas según íbamos avanzando por la galería. Pronto alcanzamos un resalte, que ya habíamos avistado en la visita anterior, colonizado uniformemente por corales.  A pesar de ser algo incómodo en su comienzo el resalte no presenta ninguna dificultad, salvo la de tener mucho cuidado para pisar en los mejores sitios y, sobre todo, pisar donde pisa, y pisará, todo el mundo. Mundo que, de momento, solo consiste en Nacho y yo. Justo arriba seguían los delicados suelos, cargados de gours someros con cristalitos, con bellos surcos de circulación y, también, la profusión de corales por las paredes.
Una curiosa estructura local, un arco sobre un gour, daba acceso a un recodo. Decidí salirme del cauce mediante una trepada mínima e instalar el camino por la izquierda. Tras ese paso nuestras dudas y decisiones se acabaron abruptamente. La galería se desfondaba por todas partes convirtiendo su tránsito en imposible sin el uso de cuerdas. Tanto si deseábamos bajar los desfondes, que parecían converger en un nivel inferior, como si optábamos por continuar  al nivel que nos encontrábamos necesitábamos bastante cuerda. Después de elucubrar un tiempo limitado sobre las posibilidades de continuación, y de mirar el paisaje con el haz de luz de más alcance, dimos por concluido el trabajo en ese sector, al menos en esa jornada. No teníamos cuerdas para seguir ahí.
De vuelta en la fractura no nos entretuvimos con ninguna distracción añadida: fuimos directos a la sala, comimos allí y de subida dejamos la instalación apropiada para hacer un pequeña travesía. Así pues, se quedo una cuerda en la rampa, como acceso a la cabecera de un rappel para doble cuerda. La salida la realizamos por la chimenea del Patio sin mayores contratiempos. El calor y la radiación eran especialmente duros esa tarde. De vuelta, por el Valle del Asón, nos paramos en el Bar Coventosa. La familia que lo regenta disfrutaba de su propia mesa, eran más de la cinco, pero nos sirvieron amablemente unas bebidas frescas en la barra. Los líquidos nos ayudaron a aclararnos un poco. Nuestros pensamientos y reflexiones giraban alrededor de la exploración, ¿cómo iba a ser de otra manera? De nuevo alboreaba en nuestras cabecitas la sensación de que se abrían interesantes perspectivas en el Patio…




21/5/15

kar​ brayoutth​ knea​ nih tolakar II



yeung min ach rng cha ban tiet laey . yeung ttuol tean chng doeng chng kheunh daembi doeng tha anak del trauv ban now leu phnek mkheang tiet nei phe t thi au bangauoch :
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dauch del khnhom ban daer kat roungophnom khnhom ach pinity meul kar chng nei kamnat muoy chamnuon . khnhom ttuol yk vea ban yeang snga m sngat . khnhom trauv kar daembi aoy mean arommo mean pheap sngab sngat now pel del aokasa nei sechakdeipit mokadl . te , khnhom mean kar chue tha bat touk pht am ng kraneat nung mean ny tha kar karpar krobkrean brachheang nung komrong thm . dauchneh kar daer nih trauv ban chuoy khnhom aoy phtao t leu khluon eng ning daembi sveng rk tolyphap robsa khnhom . khnhom mean bamnng daembi thveu kar saeub angket arommo ning kar phy khlach now knong sramol nei pheap min brakd bracha robsa khnhom . now knong vithi muoy del khnhom ban ponyear pel knong sakammopheap robsa khnhom samreab vea .




ilauv nih khnhom ban rk kheunh khluon eng now khang moukh nei bangauoch . kar kaen laeng nei kar ban la ban dauchneh akrak ning patinosa chea rieng rhaut . chab phtae m kar ngear daembi pongrik dinghy nih yeang laitalaon . khnhom ban nea yk parabolts 6mm knong kar chamnay thamopl tech . ning kar thveu ronth chbasa . bantich mtong del karngear nih trauv ban bampenh aoy khnhom . now knong pel muoy del khnhom ban banhchob . mean bramuoy fixation mean . touk nih trauv ban pongrik yeang penhlenh krob d nt b phlauv tow kan titeang robsa yeung now khang moukh ning khang leu bantich . khnhom ban chatcheng banh chea leuk dambaung , te romsev haey khnhom ban lomieng tow rk kar chrokkaon khsaekab now pikraoy thng del te phnek khleah krob d nt b khnhom . tae anak ban saoutrea touk pht am ng kraneat ? saum pyeayeam daembi banhchhob koumnit ryy brasaer cheang nih nung kamtech haey keab yk keh nih .
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ngeak mk vinh choh khsae chea muoy nung kar the tea . vea mean chhaoeng mnoussa chea chraen ppe chiem ryy brahel chea chongokraoy nih pit chea mean . vea mean vichetrasaeal nei kar keng pheak khangkaet muoy chab phtae m . now pel del yeung ban kaen laeng muoy ry metr khnhom mean saamleng kar choun damnoeng teang asa . nih trauv te trauv balizarlo khn pel towmoukh !! lok Miguel ban banhchouhbanhchoul lombak . yeung ban chak chenh pi ronth muoy now khang chhveng daembi sveng rk ning tralb tow bangauoch del kampoung tht yk roubpheap noh te . kar phlasa btau r kar thleakchoh yeang khlang tech tuoch dauch chea vichetrasaeal ning sam vithi smo kr smanh desfonda tamrouv aoy mean kar kar brae brasa del pungophaek khlang nei mintean mean chbab brachheang .



ilauv nih yeung ngeak tow rk rothayont . daoy vithi del khnhom chea phnek muoy nei kar brakuot muoy del chenh pi knong touk noh . khnhom ban phlasa btau r dauch chea khnhom ach thveu ban chea muoy nung kreab t . now pel del yeung ban chak chenh pi vea staer te penh muoy yb . khnhom mean kar at khlean khlang , bonte khnhom nung rngcha rhaut dl puok ke ttuol ban phteah . Miguel ban branhab br nhea l tow haey banteab mk keat ban chab phtae m thveu damnaer now thngai saek ryy muoy savtar ning trauv te thveu . yeung ban yk kar samngeat da srasa saat knong khluon yeung del yeung mean daembi chek romlek pel del avei krob yeang trauv ban signposted ning daembi nea anak dtei . chok veasanea thveu aoy yeung nhnhum .


14/5/15

kar​ brayoutth​ knea​ nih tolakar I

banteab​ pi​ kar​ veay​ dam​ chea​ chraen​ now​ choumvinh​ prei​ ttuol​ yk​ kar​ samrech​ chett​ tow​ cheamuoy​ mitt​ phokte​ robsa​ khnhom​ khnhom​ ban​ now​ thngai​ prohasbat ti 21 nih​ daembi​ thveukear​ baek​ bangauoch​ del​ phe​ t​ thi​ au​ . vea​ mean​ theato​ teang​ asa : petllos chraen​ kraileng​ ban​ ksang​ laeng​ ban​ yeang​ la , detion samonhnh​ bonte​ mean​ brasetthi​ pheap​ khlang​ nasa​ ning​ pheak​ chraen​ bamphot​ del​ saamkhan , kar​ hvoek​ hat​ breng​ sang​ chea​ rieng rhaut Mavil ban​ phdal​ aoy​ khnhom​ samreab​ kolbamnng​ teangnih​ . samyoutth​ nih​ ban​ trauvkar​ chea​ chabach​ chuosachoul​ tauch​ muoy​ del​ mitt​ phokte​ mneak​ ban​ phdal​ aoy​ khnhom​ . hang​ teang​ asa​ nih​ ning​ avei​ krob​ yeang​ del​ anak​ trauv​ chea​ mitt​ phokte​ robsa​ khnhom​ ning​ khnhom​ ban​ ttuol​ knea now midmorning knong​ ponlu​ preah​ atity​ .
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chea​ dambaung​ nih​ ku​ daembi​ thveu​ aoy​ ronth​ . chea​ muoy​ nung​ kar​ thveu​ samyoutth​ nih​ ban​ thveu​ aoy​ mean​ sechakdei​ amnr​ da​ aschary​ cheachraen​ . toh​ bei​ chea​ kar​ roksaa​ kar​ hvoek​ hat​ nih​ now​ knong​ moukh​ tamneng​ sesa​ ning​ youthkea​ muoy​ pyuor​ now​ leu​ la , sa​ nm​ t​ tha​ kechch​ khetkham​ broengobreng​ da​ aschary​ .
khnhom​ ban​ brab​ mitt​ phokte​ robsa​ khnhom​ tha​ yeung​ nung​ yk​ banhhea​ nih​ daoy​ sngabsngat​ . banteab​ pi​ kar​ rieb​ cham​ chea​ your​ mk​ haey​ ban​ tht​ pir​ dng​ . kar​ pyeakr​ nei​ dom​ thm​ nih​ ban​ veay​ mitt​ phokte​ robsa​ khnhom​ now​ leu​ tralb​ mk​ vinh​ knong​ chamnuon​ pir​ kanleng​ . vea​ ban​ phdal​ aoy​ chea​ tauch​ muoy​ chamnuon​ dauch​ chea​ bae​ sen​ chea​ keat​ trauv​ ban​ ke​ banh​ saam​ leab​ . del​ ban​ phdal​ aoy​ sthanphap​ nih​ min​ ach​ bant​ phtal​ kar​ banhbrahear​ daoy​ kmean​ khe​ l​ . bonte​ khnhom​ ban​ buon​ ryy​ bra​ chraen​ cheang​ ronth​ samreab​ leuk​ kraoy​ . ning​ cheamuoy​ nih​ yeung​ ban​ tow​ phteah​ robsa​ yeung​ . tukakhmoum​ now​ leu​ bbaurmat​ .

9/5/15

Armamento Pesado



8/5/2015

              Había recibido una convocatoria para ir de visita al infierno. Lo sabía de antemano. Esas cosas se saben aunque nadie hable de ellas. Para ser fiel a la verdad si que se hablaba y mucho. Cada cual dentro de su círculo de confianza, o un poco más allá si me apuras, comentaba la misma cantinela. En Internet ya era un clamor hace días. Hable varias veces con unos y con otros. Aquello no tenía muy buena pinta. Unas ganas ínfimas, alimentadas de una pretendida responsabilidad, de un sentimiento del deber, me llevaron hasta allí. No me sentía, ni me siento, identificado con ninguna posición. Soy -he sido siempre- un francotirador pacífico y solitario. No he estado ni jamás estaré, por más que algunos me interpreten cantos de sirena, en ninguna trinchera de infantería.
Antes ya, y durante varios meses, pude constatar la falta de habilidades diplomáticas de unos y de otros. Aparte de eso solo había un hecho certificado por mi propia observación. Un único, claro, incontrovertible y solitario hecho:
antes de la cristalización del espeleosocorro, pocos meses hace de ello, había nubecillas en el cielo. Que no era un cielo claro del todo saltaba a la vista de cualquiera, pero al menos sólo eran nubecillas. Después de recibir la subvención de 14.000 € se espesaron las nubes rápidamente. Ahora teníamos encima nuestro una tormenta tropical. Y el viernes ocho de mayo se anunciaba un violento tornado.
 Todo lo que pudieran contarme, aparte de lo dicho, estaba, y está a día de hoy, de más. ¿Por qué habría yo de luchar en esta guerra? Unos y otros afirman cosas de las que no tengo, de momento, pruebas documentales. Y aunque en un futuro puedan presentarse dichas pruebas lo correcto sería llegar, mediante el dialogo, a acuerdos. Acuerdos que beneficiarían a todos.
La Asamblea de la FCE fue un batalla a muerte desde su comienzo, ocho de la tarde del viernes 8 de Mayo del 2015, hasta su finalización, las cero horas y treinta minutos, del día siguiente, por lo menos. Digo por lo menos ya que, agotado psíquicamente, me marche a las doce y cuarto cuando se discutía el último punto y faltaban aún los ruegos y preguntas. El estilo de la batalla fue el tiro al blanco en barraca de feria. Desde varias posiciones se tiro libremente a la diana, a los monigotes y a los premios. Algunos asamblearios mostraban una sonrisa magnífica. Quizás el placer de hacer sufrir al enemigo, tal vez de destruirle, actuaba especialmente sobre ellos. Desde la barraca se desviaban las balas con gran habilidad. Alguna bala, incluso, llego a darse la vuelta camino de los asamblearios.  La barraca lucho básicamente a la defensiva pero con  gran contundencia todo el tiempo. Evidentemente esto, como todo proceso incendiario, inicio focos nuevos que a su vez iniciaron otros y así sucesivamente de forma que el resultado, a la larga, es del todo imprevisible. Siembra vientos y recogerás tempestades. Siembra tornados y recogerás tifones, terremotos y volcanes. La guerra no se ha acabado.
La gota que colmó el vaso de mi paciencia fue el constatar que a la mayoría de los que forman el colectivo les importa un carajo que se haga algo positivo en el otro bando. La emergencia en Perú hacía muy comprensibles, fácilmente perdonables, algunos errores de uno de los lados. Por el otro, todo el trabajo de conservación de cavidades, y el esfuerzo de lanzarlo, era también ignorado: muchos clubs ni siquiera habían pasado a recoger los calendarios (de conservación) patrocinados en esta ocasión por la FCE. Una vez que el otro es declarado enemigo toda iniciativa suya, y cualquier virtud que posea, es interpretado como algo negativo. Pero ¿acaso no es así como funciona el sistema político? ¿Por qué el resto de la sociedad iba a funcionar de otra manera? ¿Por ventura no somos los mismos latinos, patriarcales, mafiosos y vengativos? Unos con más poder y otros con menos, o con ninguno en absoluto.
Una amargura especial me invadió. Era la constatación de que el colectivo que disfruta del Patrimonio Natural Subterráneo somos un grupo de gente muy vulgar, digamos que algo raros por su afición a estar bajo tierra, pero claramente con pocas luces y muchas sombras, valga la analogía. Un hecho que he estado negándome a asumir durante décadas, pero que ahora me pesa como una losa de plomo. Nuestra vulgaridad nos convierte en un enorme peligro para el Patrimonio. Por otra parte, es triste reconocerlo, ni siquiera hemos podido ponernos de acuerdo para organizar un sistema de rescate por si a alguno de nosotros, Dios no lo quiera, le pasa algo dentro de una cavidad. Somos un auténtico fracaso. Que nadie se consuele pensando lo más simple: es el otro el que tiene la culpa. Falso. Tenemos lo que hemos construido. Nos encontramos con nosotros mismos reflejados en un espejo. ¿Acaso a estas alturas alguien piensa que si se hubieran intercambiado los papeles de los protagonistas no hubiéramos tenido problemas similares para gestionar los 14.000€ de marras? ¿Por qué no observáis los procesos que se han producido en los últimos veinte años en vuestros propios clubes para aclarar este punto? La sucesión de fisiones, rupturas y transferencias por rencillas diversas forman una serie sin fin.
Dicho todo esto aún me quedan fuerzas para pensar en positivo. Algo aprenderemos de esta guerra. Supongo que terminarán aclarándose las cosas que están poco claras. Porque más turbias que están ya no pueden estarlo. En cualquier caso las cuevas siguen ahí, los espeleólogos también seguimos, unos más y otros menos, y, de alguna manera que no imagino ahora, las cosas cambiaran. Que sean diferentes nos ayudará a verlo todo de otra manera. Además, y no está de más decirlo, después de las guerras suele venir un periodo de paz. Sólo por pura hartazón y cansancio. Y no por que los homo sapiens vayamos a cambiar en el fondo.


9/5/2015

Otra guerra diferente:


 UNO


                                                                                                               DOS


                                                    TRES                                                                    CUATRO

2/5/15

Brocas (Visita al Volcán)





Las cosas iban a ir mejor esta vez. Lo sabía de antemano. Con más parsimonia que usualmente, a las once más o menos, penetrábamos en una cueva que ya habíamos visitado varias veces en los últimos meses. El tiempo atmosférico estaba siendo una sabia mezcla cuyo sabor aromatizaba con suavidad todo el territorio. Primaveral y tropical al 50%.
Nacho y yo emprendimos la marcha un minuto después de parar el coche. Hacía calor. De todas formas la saca pesaba más. O menos. A lo lejos vimos perros con su dueño. Yo no quise hacer mención de nada especial.
Solo un poco de tiempo nos separaba del Mulhacen. Los ciclistas se acercaban demasiado al centro de la carretera. El tema especial del periódico era el mundo musulmán y el estado islámico. Hay que comprender que están frustrados. Pero también hay mucha otra gente frustrada en el mundo. En realidad todos estamos frustrados. ¿y que?
Todo seguía igual a sí mismo. Nada había cambiado aparentemente. El aire soplaba con fuerza en la estrechez. Me inclinaba a ser práctico. Primero iríamos a la zona que habíamos dejado medio balizada la última vez. Coladas de un blanco cremoso con micro gours rellenos de frágiles cristales. En un santiamén estaríamos allí.
Poco después de comenzar la cosa estaba encarrilada. Y poco después del poco después la cosa estaba complicada. ¡Con lo contentos que íbamos! El taladro recién arreglado funcionaba de pegada. Aquellos problemas desesperantes se habían resuelto. Un contacto suelto provocaba interrupciones  aleatorias en duración y posición. No había ningún factor claro. Un contacto falseando en el interior de la máquina. Maquina barata pero con pocas garantías. Pero estaba resuelto por unos módicos 15 € en Óxido 21.  ¡Y ahora la habíamos cagado otra vez!
La primera fue la china de 3,45 € comprada en Merlin Leroy. Sólo se me ocurre meter la otra, “la mejor broca”, en el mismo agujero. Cascó en dos segundos. Aparentemente se había acabado el trabajo por hoy. Pero no íbamos a dejarlo sin luchar. En primer lugar la broca hacía agujero pero muy lento. En segundo lugar había terrenos de arena o barro compactado. Y había coladas costrosas.
Pudimos acabar el trabajo en el extremo izquierdo de la galería grande. La colada final está impoluta. Es una zona interesante, al estilo de lo que nos tiene acostumbrados la cueva. Recogimos rápido y nos fuimos a otra zona de acceso un tanto enrevesado. Por el camino tuvimos que hacer algún malabarismo para no rompernos la crisma.
Las galerías que fuimos recorriendo eran grandes. Había formaciones abundantes y dos zonas de grandes coladas de un blanco cremoso pastelero con zonas de blanco intenso. Avanzamos bastante hasta un punto adecuado para una comida-merienda. Tenía un bocadillo de rollitos de cangrejo mezclado con salmón ahumado y un poco de mostaza. Me lo había preparado yo mismo por la mañana. Estaba para merendárselo. Además teníamos una manzana y algo de chocolate.
El trabajo en la primera colada (zona del Volcán), la grande, fue sobre ruedas. Mejor imposible. Quedo una señalización bien discreta pero muy eficaz. Apenas se nota. El trabajo en la segunda colada también fue bien pero lo dejamos porque la roca madre no era taladrable con la broca descabezada. No importa. Volveremos a terminar el trabajo tranquilamente. Mente.



26/4/15

Espejismos

Texto: A. Gonzalez
Fotos: Miguel F. Liria & A. Gonzalez



 
 


 







        Ambos dos, Miguel y yo, estuvimos seguros de que esa ventana en la chimenea que estábamos explorando nos daría acceso fácilmente al otro lado. Quizás nos encontraríamos con otra chimenea. O quizás un nuevo sistema de galerías. En la época en que descubrimos la ventana había llovido, y llovía, insistentemente. Al otro lado de la ventana se oía (y se vislumbraba) una cascada. Por donde habíamos escalado también caía demasiada agua. Lo pospusimos para tiempos más secos.
Por fin el último domingo de abril íbamos a poder echar un vistazo. Sólo era necesario montar un pequeño pasamanos hasta la ventana, atravesarla y montar el descenso al otro lado. Nos hacia ilusión, a él creo que un poco más que a mí. Yo tenía la sensación de que una chimenea alta nos obligaría a currar de lo lindo. Sin embargo las cosas no se iban a desarrollar como esperábamos. El mundo es sorprendente, a veces feliz, a veces triste y sobre todo fascinante.
Las obras del kiosko-pérgola en la plaza de Ramales estaban valladas por planchas de hierro macizas, de una pieza, altas como de dos metros y medio, anchas como de un metro y pico. Fue una asociación instantánea. Si una de ellas se desplomaba el que estuviera en su trayectoria no tendría ninguna posibilidad. Acababa de ocurrir el terremoto de Nepal intensidad 7,8. Una bestialidad. Pasé bajo la valla vigilando con el rabillo del ojo las planchas. Me reuní con Miguel a las nueve y, con nubes pero sin lluvia, subimos valle de Soba arriba. En menos de media hora estábamos al abrigo del mundo subterráneo. Mientras realizábamos la aproximación a nuestro agujero preferido vimos la conveniencia de modificar algunas balizaciones. Y también la posibilidad de fijar las caperuzas, en ciertas zonas, con un pegamento rápido y simple. Todo se andará mientras andemos.
Aunque no caía agua en chorro, el ascenso del Patio era pringoso y húmedo. Curiosamente una de las paredes es seca, maciza y de roca rasposa; la pared de enfrente esta llena de barrillo esponjoso más deslizante que el jabón. Subimos con dos sacas cuyo contenido pretendía cubrir todas las necesidades de la operación. No tarde poco en prepararme pero era preferible hacerlo de forma concienzuda. Me desplacé por la cuerda descendente, un poco por encima de su trayectoria natural, y alcancé una posición desde la que puse un parabolt. Desde éste instalamos un pasamanos hasta donde descansaba Miguel.  Pero usar ese parabolt para meterse por la ventana era inadecuado porque quedaba por debajo de la propia ventana. Coloque justo encima de la ventana otro parabolt y desde ahí  lancé la cuerda al lado desconocido. La altura era escasa. Con ayuda del anclaje, y usando el descensor como seguro, me dispuse a cruzar la ventana. De cabeza vi que no iba bien la cosa. Además me pareció muy estrecho… Entonces lo intenté con los pies por delante y boca abajo. Me empotré a la altura del culo. Y mi culo no es muy grande que digamos. Después de tres intentos y de picar un poco las rugosidades de la roca lo intenté de nuevo con los pies por delante y boca arriba. De nuevo fue el culo el que se empotró. El espejismo se confirmaba. A ambos nos había parecido un agujero por el que se iba a caber fácilmente. Pero no era así ni de cerca.
La continuación de esta historia es la siguiente:  durante dos horas, más o menos, Miguel lucho como un titán rebajando a mazazos milímetros de las paredes de la ventana. Como Thor con su martillo, parecía habitado por una furia y una energía sin límites que necesitaba canalizar de alguna forma: quizás rompiendo rocas. Aunque estaba a tres metros por encima y a cinco horizontalmente en una ocasión me golpearon las esquirlas de sus martillazos en la nariz. Además hizo agujeros con el taladro para facilitar la rotura de la roca. Intentó pasar decenas de veces y me indujo a intentarlo alguna más. Ninguno de los dos alcanzó el éxito. En el entreacto visité la parte alta del Patio y mire las chimeneas. Todas parecían, a primera vista, estrecharse demasiado. Lo que también detectamos, al mirar el polvo de los mazazos, fue un débil soplo que penetraba por la ventana. Esto último resultaba alentador. Para finalizar, alrededor de la zona del Patio, estudiamos algunas posibilidades de continuación interesantes que se nos habían escapado en ocasiones anteriores. Todas requerían escaladas o instalaciones liosas. Y ese día ya no estábamos para más historias de ese tipo. Así que nos fuimos yendo suavemente hacia el exterior.
Era de día y no llovía, pero me dio la impresión de que había llovido bastante. Mientras nos instalábamos cómodamente en el coche nuestra charla giro hacia la escalada y las actividades deportivas de todo tipo. Algo más tarde, y ya delante de unas cervezas, elucubramos también acerca de nuestro futuro como especie en éste planeta. Pasábamos desde un punto de vista puramente militante y activo -digamos que político y tratando de cambiar las cosas- a un punto de vista relativista total que contempla el drama de la humanidad como una película más en una sesión continua e infinita. Pero esto es ya otro tema diferente. Se trata de un tipo de espejismos de gran tamaño. Y éste no es el lugar adecuado para ellos.


                                 




23/4/15

Salomon 46+2/3




        Tomé la decisión con falta de entusiasmo. Hice los preparativos en el último momento. Engancharme otra vez a balizar y trabajar bajo tierra no me acababa de seducir. Ir a hacer fotos me atraía mucho más. Pero reducir al idiota que vive con cada uno de nosotros forma parte de la existencia. Es parte de su encanto. El idiota y el genio conviven a la greña.
Nacho llego con un poco de retraso por los embotellamientos de la Marga a primeras horas de la mañana. En España pocos dirían que las nueve es hora punta. Al menos en la mayoría de las ciudades. Pero, que nadie se ofenda,  Santander se pone en marcha a ritmo de pensionistas. Pase los bultos al portaequipajes y me monte en su coche. Dimos un par de vueltas por Solares para ir a la gasolinera y al Lupa. A pesar de que hacía buen día, estaba nublado. Mejor eso que el sol directo. Durante la subida a Alisas me relaje lo suficiente como para vacilarle a Nacho con su viaje relámpago a Granada. Subir la Norte del Mulhacén. Había tres factores que iban a impedir su ascensión: las ampollas en el pié, el cansancio acumulado por el viaje (hora prevista de salida: el sábado a las 4 de la mañana) Y la aleatoriedad del tiempo. Un solo día para poder subir: el domingo. Y la vuelta el lunes.
Justo cuando aparcábamos se me hizo la luz; ¡me cago en… que mierda de jodida suerte! La cosa no tenía remedio ya. Había olvidado las botas de espeleo. Nacho tenía sus botas y unas zapatillas de montaña. Las botas eran un 47 y las zapatillas un 46 2/3. Imposible usarlas. Me agarré a la posibilidad de cambiar de planes. Pero eso significaba un montón de coche por segunda vez. O volver a por mis botas. Más coche todavía. Desanimado me probé las botas. La sensación que me produjeron fue horrible. Con desesperación avanzada, casi angustia, probé las zapatillas Salomon con tres calcetines y apretando los cordones a tope. Bueno! Podía caminar, no estaba tan mal. Era como usar unos zapatos de payaso. Pero funcionaba.
A la subida se me hicieron evidentes la humedad y el calor. El imperio de una explosiva y tropical primavera. Sudé un poco. Pero tardamos menos que otras veces: entre media y tres cuartos de hora. A nuestros pies iba quedando el valle. Contemple el paisaje con placer. A vista de pájaro podíamos estudiar a los habitantes. Controlar sus idas y venidas. Humanos y bestias. En donde entraban, cuánto tiempo se quedaban, a quien miraban ellos mismos… un entretenimiento de dioses del Olimpo. Luego entramos en la oscura cueva.    
            La idea era localizar algunas zonas interesantes, mirar más detenidamente algunas desviaciones y balizar lo que fuera necesario. En quince minutos estábamos en los pozos de bajada al nivel inferior. Mientras mirábamos algunos bonitos flecos me iban cuadrando mejor todos los detalles de las visitas anteriores. Entre otros un decorado meandro ascendente. Finalmente llegamos a donde terminamos la última vez. Fue fácil bajar a donde me había parecido imposible aquel día. Unas bonitas coladas decoraban la zona con precisión. Tampoco nos resulto difícil escalar un resalte. Conducía a un cul du sac. La continuación resulto evidente también. Se necesitaban varias chapas con tornillo y una cuerda. Como no los teníamos allí decidimos irnos a la zona opuesta de la galería “ancha” con el objetivo de balizar algunos detalles. En una hora habíamos acabado el trabajo en el tramo principal. Comprobé con creciente rabia que el taladro me estaba dando el coñazo. Al apretar el gatillo se ponía en marcha de forma aleatoria según le daba…
Cuando terminamos de comer pasamos a recorrer con un poco más de detalle la zona terminal de la galería “ancha”. Era digna de protegerse. Apenas unas ligeras pisadas estropeaban el hermoso panorama. Me puse a ello y Nacho a seguir poniendo hilo.  Poco más pudimos hacer.  El caprichoso taladro se negó a ayudarnos. Estaba furioso con el cacharro. Faltaron pues varios trabajos por terminar. Recogimos todo y en menos de media hora estábamos fuera.
La bajada se me hizo más pesada que la subida por el bochorno que se adueñaba de la tarde. Quitarse la ropa de espeleo fue un gran descanso. Como era temprano paramos en Casa Enrique a tomar unas hermosas cervezas. Bueno hermosas aquí, pero para la República Checa serían unas ridículas cervezas. Incluso la que yo me bebí en vaso de sidra sería considerada por un checo como una broma. Sea como fuere el tema de charla fue la filosofía de las desobstrucciones. Nacho es mucho más purista que yo en ese sentido. Ni siquiera admite una rotura de formaciones. Para mí la desobstrucción esta justificada si existe una conexión física entre dos zonas, sea aérea o acuática, que no permite el paso de un humano. No está justificado unir dos zonas mediante un túnel artificial. En esto último Nacho y yo coincidíamos plenamente. Un rato después, cuando la charla decaía, cada uno se fue a su casa para seguir disfrutando del atardecer.