8/9/16

Speleo Photo Meeting (Covanegra)




Roberto me había invitado al encuentro de fotógrafos de cuevas que iba a tener lugar en Soncillo entre el 4 y el 11 de septiembre. Le dije que iría a echar una mano los días 8, 9 y 10.  En realidad sólo el 8 y el 9 había tarea pues el sábado 10 estaba organizada una visita a Ojo Guareña. El miércoles 7 de septiembre al atardecer subí desde la costa cantábrica a Soncillo por el Puerto del Escudo. Llegue cuando estaban ya casi a punto de cenar. Roberto estaba en la oficina junto con Lorenzo y Sergio. Les salude y me hicieron un resumen de lo que se estaba haciendo y, sobre todo, de lo que íbamos a hacer al día siguiente. Mi habitación, compartida con los eslovenos del grupo de Simon Primozic, era la 11. Pague el alojamiento y luego me di una vuelta con juna cerveza en la mano hablando con los conocidos que recordaba y también con los que me recordaban aunque yo no recordase. Una nueva prueba de mi débil memoria para los nombre y las circunstancias.
 La actividad era frenética por doquier y todas las zonas sociales del albergue estaban inundadas de fotógrafos y de fotos. En muchas mesas se disponía de ordenadores portátiles para procesar fotos y había corros en donde se comentaban todo tipo de cosas. Un ambiente excelente como caldo de cultivo para la inspiración o, sencillamente, para aumentar las ganas de hacer fotos. Según el programa de trabajo establecido estaba yo en el listado de “guías” de la Covanegra para ayudar a Katsuji Yoshida o a Cristian Tzecu o al grupo de Jean F. Fabriol/Rémi Flament/Michel Bouthors. Como mis recuerdos de la Covanegra no daban para ser “guía” de nadie me agencie una topografía que añadida a lo que recordaba de la cueva me permitiera actuar como “guía”. En realidad yo había visitado la Covanegra al menos dos veces en mi vida, pero la última ya era un borrón en la memoria.
Las sucesivas alarmas del reloj de uno de los eslovenos seguidas de su vuelta a la cama sin más me exasperaron (can you stop that sound…!!?) Con un poco de caos post-desayuno pude hacer mi saca, recoger el picnic y colocarme en la zona de encuentro para Covanegra. Me transportaron en uno de los coches de la organización, creo que el de Sergio, hasta las inmediaciones de Covanegra. Una vez en el aparcamiento se les dijo a todos que pusieran sus sacas en el coche de la organización y que subieran andando la pista hasta la boca. Esa pista no es apta para turismos normales, sólo para los robustos, o los vehículo todo terreno. Salvo el conductor del coche robusto todos fuimos dando un paseo de quince minutos hasta la boca de la sima.  Así conocí a Iulian Neagu del grupo rumano quien me conto que era arquitecto de software. Me pareció un hombre encantador con una gran sensibilidad.  En la conversación se introdujo Jean F. Fabriol al escuharnos hablar de matemáticas y de Madrid. Un hombre singular y un pozo de experiencias vitales.
La instalación de las dos líneas de bajada de la sima corrió a cargo de Marcos. Una línea tenía todos los fraccionamientos sencillos de pasar y la otra tenía uno en volado. Como era previsible que hubiera gente de todos los niveles se intento que la instalación fuera lo más cómoda posible. Ya abajo me aposente y me dispuse a hacer alguna foto con la Nikon compacta y un flash mientras los japoneses trabajaban. Al cabo de un tiempo largo pero no infinito los otros organizadores que andaban por allí, sobre todo Sergio, comenzaron a inquietarse por el retraso del grupo japonés de Katsuji. Yo le comuniqué a través de la ayudante Yuriko la necesidad de moverse si querían hacer fotos en otros puntos de la cavidad. Pero Katsuji y su equipo tenían el espíritu de una pirámide de bloques pétreos que cuando se asentaba echa raíces… Mientras tanto yo seguía haciendo fotos sencillitas. Finalmente, pero con cierto retraso, se pusieron en movimiento.
La primera parada fue en el punto en que se ve la zona de entrada enmarcada en la gran galería rectangular que se adentra. En este caso no tardaron mucho en realizar unas cuantas tomas. Cotinuamos por la sucesión de verticales y pasamanos instalada por Marcos. Finalmente aterrizamos en una zona en que la belleza de la cueva es uniforme. El caso exigía tomar una decisión acerca de donde tomar fotos. Yuriko me pregunto y yo le dije que a partir de aquí hasta el final todo era “bonito” (from here to the end the cave is beatiful, you can take photos where you want...) Pararon junto a un panel abarrotado de corales y se concentraron como japoneses. Katsuji daba órdenes en vos queda y los tres ayudantes respondían con diligencia. Podían permanecer en la misma posición media hora sin pestañear repitiendo o depurando una toma.  Mientras yo me admiraba.
Había habilitado el reloj que me regalaron en el homenaje por la jubilación, con su pila nueva y su bolsa, como reloj de “cuevas” para las estancias de varias jornadas o las necesidades de las incursiones de un día. Cuando marcaba las tres menos cuarto, y tocaba ir recogiendo, llego el grupo francés guiado por Marcos… eran las cinco. El reloj era un patata y se había retrasado más de una hora a pesar de que lo puse en hora por la mañana. Para posteriores necesidades tomé la decisión de comprarme un reloj automático de calidad. De momento tomamos la decisión de intercambiarnos: Marcos se quedó con los japoneses mientras recogían y yo me marche con los franceses. Marcos había realizado la instalación y sabía lo que había que recoger.
La marcha con Jean Françoise, Rémi y Michel fue rápida hasta las cuerdas. Allí descubrí que Jean Françoise solo podía llevar un peso escaso y que tenía problemas de fuerza y precisión en sus movimientos. Mientras Michel se quedaba ayudando un poco a Jean Françoise yo me adelante con Rémi y una de sus sacas para ir adelantando. Les esperamos en un punto en que había posibilidad de dudar y luego continuamos. Enseguida llegamos a las cuerdas finales y la galería rectangular. Yo me aposente de nuevo en la base de la sima a esperar los eventos. El grupo de los tres fotógrafos franceses se dedicó a fotografiar la entrada y los japoneses llegaron pero se demoraron con nuevas tomas. De los rumanos no sabía nada aunque andaban por allí también.
Cuando todos los japoneses, y alguno de los franceses, salieron subí yo dejando la saca colgada de la cuerda para que deslizase bien el croll. Arriba estaba Marcos bebiéndose una botella de vino. Tras preguntar a Yuriko me fui con ellos en su coche al albergue. Ana (del Trasmiera) me dejo una toalla ya que el albergue no las proporciona. Despues de las cervezas y la cena Michel Bouthors me enseño alguno de los trabajos de su grupo y me conto de alguno de sus viajes. Magníficas fotos. Me fui a la cama temprano porque en el meeting se madrugaba bastante.   



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13/8/16

Interior y Tímida (Jugando al Escondite)


A mediados de agosto estaba de vuelta en Santander trás un viaje por el norte de Europa. Nuestra estancia en Estocolmo y, después, en Finlandia había sido como un soplo de aire fresco, literalmente hablando también, en la viciada atmósfera hispánica. Las sesiones fotográficas del mes de julio habían quedado atrás y una energía renovada me empujaba a realizar nuevas sesiones. Algo antes de iniciar el viaje había hablado con Jara de este proyecto, quien se mostro entusiasmada de participar. Así que aprovechando que había una concentración/convocatoria de espeleólogos el sábado 13 de agosto en Bustablado hablé con ella y no sólo le pareció bien, sino que consiguió implicar a dos amigos, Ruben y Logan, como ayudantes. Además se curro el conseguir dos o tres trajes y zapatos para la sesión.
La cueva escogida era fácil, corta y bonita: La Buenita. A pesar de que yo había entrado en La Buenita hace muchos años no recordaba donde están las excéntricas. Sin embargo Marta se ofreció a guiarnos hasta la zona y, de paso, a realizar una revisión de los bichos caídos en las trampas. Marta está realizando un proyecto de investigación sobre artrópodos cavernícolas. Quedamos todos a las 10 en el Bar La Gándara. La que primero llego fue Marta que me acribillo a preguntas sobre fotografía. Yo estaba algo parco de palabras pero alguna pregunta contesté. Al cabo de un rato llegaron Jara y sus amigos.
Nos preparamos en pocos minutos, ya que había poco que preparar, y Logan, que iba en manga corta y pantalón corto, cogió una saca para ayudarme. Marta nos guió a través de la galería de mina de entrada y luego por la escalerilla y las grandes galerías. Le costo un poco encontrar la zona de las excéntricas pero al final lo consiguió. Por el camino nos enseño una zona de formaciones clásicas -muy atractiva- y varias trampas de bichos. Estaba empezando a tener prisa por llegar porque sabía que nos esperaban largas tandas de fotos y la mañana se estaba evaporando. Pero por fin llegamos.
Lo primero fue ubicar un lugar para extender las cosas y que Jara pudiese cambiarse de ropa. No fue difícil ya que la sala es amplia. Demasiado amplia para iluminarla toda. Primero hice pruebas de enfoque e iluminación con Marta. Mientras tanto ella seguía haciéndome preguntas. Estaba claro que deseaba participar activamente en el trabajo. Cuando vio que la cosa se ponía muy pesada opto por ir a realizar la recogida de trampas.
La primera tanda fue con el traje negro bajo las excéntricas blancas. Después de un buen montón de fotos cambiamos al traje de flores y más centrada en la zona de excéntricas.  De vez en cuando se organizaba un guirigai porque todos trataban de dar instrucciones a Jara. Pero la instrucción principal era la siguiente: no se trata de conseguir poses sexys que provoquen a los tíos sino de expresar la paz o el placer interiores que provoca la belleza del mundo subterráneo. Sin duda infinitamente más difícil que provocar a los tíos (para lo cual no hay que hacer practicamente nada).
La siguiente tanda fue con el traje azul al borde del (un) abismo. En esa tanda nos entusiasmamos mucho, pero también empezamos a hartarnos de la zona. Así que recogimos todo y nos fuimos a la zona de formaciones clásicas. Los ayudantes desaparecieron aburridos de tanta foto y tanta pose y nos quedamos Jara y yo solos. Posiblemente fue el mejor momento para que ella expresara su creatividad. Sobre todo jugando al escondite con los fantasmas. El mundo subterráneo como terreno de juego de nuestras fantasías surrealistas.
Después de recoger todo tardamos menos de diez minutos en salir. Mientras acababan de cambiarse me acerqué al bar La Gándara y pedí una pinta de cerveza para matar el rato. Una hora más tarde me di cuenta de que no iban a venir nuunca porque se habían ido a Bustablado. Conduje hasta allá en un estado de felicidad notable y allí me los encontré en uno de los dos bares. Cayeron un par de cervezas más. Vimos las fotos en la pantallita de la cámara. 
Era temprano y, previsiblemente, la barbacoa no iba a empezar antes del atardecer. Así que me despedí de todos ellos (de los que estaban y de los que no estaban)  y me fui a Setien en donde me esperaba una gran reunión familiar.  Había sido una sesión memorable.



10/7/16

Colonial y Proletario


Unas cuantas llamadas telefónicas permitieron ajustar la visita a la Sima de la Higuera para el domingo 10 de julio. David podía, su trabajo es muy intenso durante el verano, y J.Carlos de nuevo se ofreció como ayudante después de la sesión del jueves. Además hubo que gestionar mediante emails el permiso para la Sima de la Higuera. Se trata de una de las cavidades más valiosas del territorio español. Finalmente, gracias a Andrés Ros, no hubo ningún problema en la obtención de los permisos. Además, gracias a la generosidad de Mavil, pudimos conseguir todo el material necesario para la sima: unos 100 metros de cuerda (80+20), más de 20 mosquetones y chapas. Por suerte las chapas no fueron necesarias ya que la instalación de acero inoxidable esta puesta en fijo (parabolts y chapas).
Actualmente el mejor acceso a la sima discurre por un corto sendero que crestea el monte, al sur de Pliego, en donde se encuentra la boca. Casi al final la senda baja unas decenas de metros hasta alcanzar la verja de entrada. El paisaje hacia el norte, atormentado por los vientos que vienen del Sahara cargados de polvo amarillo, me inquietaba. La higuera seguía allí, dándonos su maravillosa sombra, a pesar de la intensa sequía. Y sus raíces viajando hasta el fondo de la sima. Abrimos la verja con la llave que nos habían proporcionado en el bar de Pliego.
En pocos minutos pude instalar los pozos ya que todo está puesto en el lugar obvio y adecuado y no hay duda en cuanto a su seguridad. Detrás de mi bajo J. Carlos y cerrando el trío venía David. Los días anteriores había dudado de la conveniencia de ir con J.Carlos a la sima debido a su falta de experiencia en verticales reales (es decir que no sean zonas de prácticas en el exterior; la opción que estuvimos barajando fue la Cueva del Farallon/Bosque de las Espadas). Sin embargo todo se desarrolló sin contratiempos: J.Carlos está deseoso de aprender.
Cuando llegué abajo me despoje del equipo vertical y espere en completa oscuridad. Es gratificante poder encontrar un lugar fresco, sombrío y silencioso hoy en día. Mis compañeros llegaron en breves minutos y también se despojaron de los cacharros. Siguiendo la magnífica y robusta balización que han realizado los murcianos llegamos en pocos minutos al lago y a la Sala del Paraíso. Como siempre, y a pesar de las numerosas ocasiones en las que he estado, la Sala del Paraíso me produce una sentimiento de auténtica maravilla. Es algo reverencial y religioso. No cabe duda de que estamos ante uno de los paisajes subterráneos más singulares que alberga el planeta Tierra.
Mientras David y J.Carlos asentaban todo en un punto adecuado para cambiarse de ropa y extender las cosas yo dispuse los flashes para una primera tanda. Después de unas cuantas pruebas tuve que cambiar baterías a dos flashes y cambiar de posición a uno. Comenzamos la primera tanda de fotos con el traje claro y el sombrero, un aire colonial, entre el bosque de aliens. Una vez hechas suficientes fotos con ese traje pasamos a realizar una segunda tanda en la misma zona pero con el traje oscuro y la gorra. La gorra le daba a David un toque proletario. En un momento dado decidimos prescindir de la chaqueta y usar solo chaleco. Más proletario aún. David podía mantener una expresión determinada durante largo tiempo. Pero me decía que echaba en falta algo de orujo o ginebra para coger el punto...  Finalmente nos trasladamos a la zona de las nubes para una última sesión con el traje oscuro solo con chaleco.
La salida fue en el mismo orden. J.Carlos ascendió sin problemas. David se encargo de desinstalar. Fuera nos esperaba un horno seco. Entre las cuatro y las  cinco aterrizamos en la Plaza de Pliego. El bar donde íbamos a devolver las llaves estaba todavía cerrado así que nos fuimos a beber algo fresco en otro sitio (había que programar los recorridos por las calles para eludir el sol). Poco después nos despedíamos. Cada uno hacia su casa con el aire acondicionado a tope. 




7/7/16

Devota y Mariposa


Mientras en el norte de España las exploraciones  subterráneas continuaban impulsadas por el buen tiempo, las vacaciones y los campamentos de verano, aquí en el sur el sol hacia estragos en el ánimo de todos. Mavil acababa de ser hospitalizado para una intervención en una vértebra que le pinzaba el nervio ciático. Su amarga estancia en el Hospital de Molina se desarrollaba a primeros de julio. Juan Pablo Solvez le acompañaba en el trance ayudándole en todo lo que podía. Me fui a verles, previamente había hablado con ellos, una tarde en que las calles de Alguazas eran un horno. La ventaja de ir a verles a esa hora era que el Hospital disponía de un maravillosos aire acondicionado. Por supuesto era muy importante dejar el coche a la sombra sopena de encontrárselo inhabitable a la vuelta.
Habían bajado al quirófano a Mavil. Mientras tanto le plantee a Juan Pablo la posibilidad de hacer una sesión fotográfica con alguna, o algún, modelo en los próximos días. Enseguida pensamos en Esther, de Hellín, y en David, el Bicho para los amigos. Tras un unos cuantos wassaps y algunas llamadas quedamos emplazados con Esther de modelo y J.Carlos de ayudante para la tarde del jueves 7 en Fortuna. El objetivo era la Sala de las Excéntricas del Solins. Mientras tanto subieron a Mavil a la habitación. Se encontraba bastante bien. El medico dijo que la operación había salido perfectamente.
La tarde del jueves pasé por casa de Mavil, recogí a Juan Pablo y nos reunimos en el centro de Fortuna con Esther y J.Carlos que habían llegado desde Hellín. Eran las seis de la tarde y el calor todavía apretaba. Después de tomar unas coca-colas para espabilarnos condujimos con calma hasta Las Casicas. La pista del Solins permite aparcar muy cerca de la entrada de la cueva. Sin embargo tardamos algo más de lo usual debido a que Esther tenía puesto un tornillo en el pie, producto de un accidente, y estaba convaleciente de otra operación más reciente. Fue muy valiente por su parte ir a meterse en una cueva para actuar como modelo. De cualquier forma fuimos subiendo por la ladera de pinos siguiendo la senda lo mejor que pudimos hasta la boca de entrada. Hacía más fresco dentro que fuera lo cual fue de agradecer.
A unos 30 metros de la entrada encontramos la mayor colonia de opiliones que haya visto jamás en ninguna cavidad. Formaban una masa compacta en un rincón de la galería. Pero no teníamos ni tiempo ni ánimos para comenzar a fotografiarlos. Debido al número de años que habían pasado desde la última vez que estuve en el Solins me despiste un poco y tuve mis dudas. Pero fue menos de un minuto el tiempo que perdimos en esas dudas. Pasamos todas las galerías y estrecheces sin pausa. El paso más estrecho estaba claramente “ensanchado”. Ya no es una estrechez, simplemente es una zona un poco más estrecha. La gatera de barro si me pareció tan pesada como siempre. Pero era lo último que había que luchar y desembocamos, sin más contratiempos, en la Sala de las Excéntricas.
Lo primero que hicimos fue asentarnos en un lateral. Luego dispuse los flashes. Prácticamente no los toqué en el resto del tiempo. La primera tanda de fotos fue bajo el conjunto de excéntricas con el traje de colores claros. La segunda tanda fue en el mismo lugar pero con el traje negro. La tercera y última tanda fue entre las estalagmitas con el traje negro y actitudes devotas o religiosas. En general todo fue muy bien. Lo más difícil fue que la modelo encontrase su propia expresividad.
Nuestro recorrido de salida fue más rápido que el de entrada. En total fueron unas seis horas de coche a coche. Eran más de la una de la madrugada. A pesar de las ganas de tomar algo y charlar todos teníamos que hacer cosas al dái siguiente. Esther y J.Carlos tomaron rumbo a Hellín y yo lleve a Juan Pablo a casa de Mavil. La noche estaba preciosa y me sentía satisfecho con la sesión realizada.


25/6/16

Crear una Entrada

Afternoon Stroll

Hacía meses que estábamos intentando quedar de nuevo para hacer alguna actividad espeleológica. Finalmente coincidió que el 25 de junio él podía y yo estaba en Cantabria. La pregunta que nos planteamos de inmediato César y yo fue ¿a donde vamos a ir? ¿a continuar con las pequeñas exploraciones del Gándara? ¿a acompañar a otros grupos en sus exploraciones? ¿a hacer turismo espeleológico? ¿a hacer fotos? Enseguida caí en la cuenta que esas opciones no eran muy atractivas. O no tenían gancho para alguien que sale poco, mejor dicho poquísimo, o, por otra parte, no iban a tener continuidad. Nuestras salidas son demasiado esporádicas e impredecibles como para enmarcarlas en proyectos que se están desarrollando de forma continuada y progresiva. Sería poco satisfactorio plantear nuestras escasas salidas así. Se me ocurrió la idea de retomar alguno de los viejos proyectos aparcados y planteárselo a César. La idea era que lo tomáramos como un proyecto en común a desarrollar en nuestras salidas. Eso le daría un gancho especial a esas salidas y además formarían un continuo a desarrollar entre los dos. Incluso quizás más gente podría unirse.
A lo largo de los 90, cuando mi compañero habitual era Guillermo, hubo una época en que le puse mucho empeño al Sistema de los Cuatro Valles. El conocimiento del Sistema de los Cuatro Valles era un bonito proyecto. Entré numerosas veces a la Hoyuca, al Hoyo de la Reñada (Cueva Riaño), a Cueva Llueva y al Carcavuezo. A éste último entramos el 8 de septiembre del 98 y después de dar muchos tumbos, sin topografía y por pura intuición, alcanzamos algunas grandes galerías de Llueva. Supimos que eso era así porque encontramos el Rinoceronte de Llueva de forma casual. Anteriormente habíamos entrado el 23 de noviembre del 97 pero en esa ocasión el nivel del agua en la zona activa nos disuadió rápidamente de seguir en la cavidad. No debe olvidarse que el Carcavuezo es el sumidero activo de las aguas de Matienzo. Cuando entra en carga las aguas inundan muchas galerías por completo en varios niveles.
Esta vez confiaba en acordarme de la entrada, no nos resulto nada evidente en aquella época, y en avanzar fácilmente gracias a la excelente topo publicada en la web de Matienzo Caves. Sin embargo cuando mire las fotos en dicha página me di cuenta que la boca se obstruye casi todos los años por troncos, madera y basura. Los ingleses se lo tienen que currar muy a menudo para poder entrar de nuevo. Por otra parte no reconocí en las fotos el lugar por el que Guillermo y yo entramos. De todas formas confiaba en encontrarlo sobre el terreno. Pero cuando llegamos al lugar no me acordaba de donde estaba la entrada que usamos Guillermo y yo. Miramos lo que me pareció más familiar pero no encontramos paso aunque se movía aire. Pensando que la entrada estaría obstruida por ramas y troncos iniciamos en tres sitios diferentes penosas desobstrucciones de materia vegetal, piedras y basura. Aunque en dos de los tres casos soplaba aire no obtuvimos éxito en ninguno. Había algo que no cuadraba. De pronto, como en otras ocasiones me ha pasado, abandone las ideas preestablecidas y deje de trabajar. Me fije en una grieta que había mirado César al principio sin ver nada especial. Al asomarme percibí mucho aire y las paredes muy sobadas por el paso de espeleólogos. Bajando la grieta se abría un ensanche y en dirección este dos galerías. Solo había que mover un tronco. Hecho esto no tuvimos ningún problema en acceder a una galería en forma de ojiva que nos llevo a un resalte de tres metros. Para bajarlo fijamos una cuerda en un anclaje natural. Nos extraño mucho que no hubiera ningún anclaje puesto por los espeleólogos ingleses. Sin embargo lo que más nos extrañó fue que en la estupenda topografía que llevábamos no cuadraba en ningún lugar la entrada que estábamos usando. Parecía como si hubiéramos creado una entrada.
Avanzamos por una galería más o menos cómoda buscando el acceso al río. Me acordaba vagamente de ese acceso. El hecho de no saber donde estábamos en la topo le restaba mucho valor. Después de dar unas vueltas conseguimos encontrar las grietas de acceso al río. Una cuerda quitamiedos nos confirmo que íbamos por el buen camino. Como no me parecía muy claro el laberinto de recovecos entre grandes bloques empezamos a poner catadióptricos para no perdernos a la vuelta. En un mal momento se me cayo la topo al río. Pensé que el río la arrastraría o que, en el mejor de los casos, se empaparía pero no fue así. Para recuperarla tuve que destrepar deprisa unos metros entre bloques. Con gran alivio la recupere y pude tenerla en mis manos de nuevo. Tuve la misma sensación que un naufrago agarrándose al salvavidas. Sin embargo en este suceso hubo algo positivo: al bajar al río me pareció más o menos reconocible en la topo el punto en el que me encontraba. Una esquina en que el río, avanzando por zonas de aguas profundas, se separa de una galería con caos de bloques. Me lo callé para no crear demasiadas expectativas de éxito.
Avanzamos por una zona superior y encontramos otra cuerda para bajar un resalte, lo que pareció confirmar el camino correcto. Más allá nos entro hambre y paramos a tomar algo. De nuevo nos pareció que sabíamos donde estábamos. Algo más allá nuestra confusión aumento. En la dirección en la que íbamos la galería se obstruía. Volviendo atrás una grieta casi vertical, y con muy mala pinta, se veía sobada y canalizaba un poco de aire. César subió un poco pero se atasco con un bloque sospechoso. Me dejo intentarlo y pasando el bloque vi que había un hilo guía más arriba. Siguiendo el hilo por la grieta y delizandome por un caos de bloques desemboqué en una galería cómoda. Estaba en Afternoon Stroll.
          Por fin estábamos en el buen camino. Para celebrarlo hicimos una foto con doble flash. Como había llevado la cámara antigua las cosas no funcionaron como debían, aunque al final a trancas y barrancas hicimos la foto. A partir de este punto todo fue un camino de rosas con alguna que otra espina.  Red Column Chamber, Chasing the Dragon, Keep right for smack y El Rinoceronte. Un poco más allá de Andy Quin’s Foot nos paramos a descansar. César quería volver ya, pero a mi me quemaba ver la conexión hacia Rocky Horror y me sentía con fuerzas para seguir. Me adelante hasta Big Balls Corner y la estrecha galería de conexión hacia la zona de Rocky. Satisfecho con las comprobaciones volvía a donde me esperaba César. Por lo menos había tardado media hora. Ahora yo también tenía la sensación de estar cansado.


El Rinoceronte

La vuelta nos costo mucho. La torpeza debida al cansancio nos dificulto los pasos y nos ralentizó bastante. Los catadióptricos se mostraron llenos de utilidad pues a la mínima dificultad nos surgían dudas. La puntilla final fueron las estrecheces -que ahora debíamos subir- y las grietas de salida del río.
Atardecía. Nos quitamos toda la ropa húmeda y los calcetines mojados (por algunos pasos profundos en el río que me llenaron las botas de agua) y nos pusimos ropa seca. Y luego nos fuimos a cenar tranquilamente en mi casa. En global había sido una buena salida a pesar de, o quizás gracias a, todas las dificultades que habíamos tenido que salvar. César había sospechado desde el principio que le iba a llevar a un arrastradero y creo que ahora en retrospectiva se debatía entre valorarlo como un arrastradero o el fascinante laberinto de los Cuatro Valles. Quizás sea las dos cosas a la vez. 
 



Creando una entrada

16/6/16

Ráðgata


 Myndir verða að vera leyndarmál þar til á næsta ári.








9/6/16

El Pozo


Texto: A. González-Corbalán
Fotos: Miguel F. Liria


Después de varios meses sin explorar en nuestra cueva predilecta hemos vuelto a la carga justo donde lo dejamos la última vez. Miguel está a punto de irse de vacaciones y si no vamos este jueves por la tarde solo Dios sabe cuando volveremos a poder ir juntos. El verano es un anticipo del caos. Todas las rutinas y los planes deben posponerse en aras de aprovechar las vacaciones para hacer todo eso que no podemos hacer en otras épocas del año. Además Miguel el Joven está disponible tras sus exámenes en la Universidad.
Nos reunimos cerca de La Gándara pasadas las cuatro y media de la tarde. Las cosa es que hace mucho calor y apetece muy poco ponerse el equipo de espeleo y subir una cuesta. Medio en serio, medio en broma les propongo a los dos Migueles irnos a tomar cervezas en un sitio fresco y sombreado. Pero no parece que tenga éxito. No cabe duda de que nuestra vena disciplinada -la necesidad de sentirnos activos- es más fuerte que nuestro espíritu lúdico. O que nos gusta jugar con cosas que duelen, como a los masoquistas. De cualquier forma arrastramos nuestros cuerpos y nuestros bultos ladera arriba. Poco antes de llegar a la boca el ambiente se refresca con una potente corriente de aire helado que desciende monte abajo. Justo en ese momento Miguel recuerda que se ha olvidado el casco en los coches. Mientras vuelve a por su casco Miguel el Joven y yo entramos.
La cueva, como era de esperar, está cargada de neblina y las rocas totalmente húmedas y resbalosas. Una caminata a ritmo muy suave, para dar tiempo a que Miguel nos alcance, nos coloca bajo el primer resalte de El Pozo. Lo escalo, pongo una chapa y me arrastro como puedo hasta ponerme en la base del amplio pozo. Voy a instalar una cabecera pero he olvidado las baterías abajo. Creo que tengo la cabeza un poco hueca y no estoy concentrado para llevar todos los cacharros que hay que llevar y con el orden que hay que guardar. En poco tiempo estamos los tres in situ. Miro para arriba con evidente desánimo. Después de marearme un rato pensando decido seguir las ideas de Miguel. Creo que lo tiene muy claro y que lo ha pensado bien. Subiré por la parte rugosa de la chimenea y luego montaremos un pasamanos a mitad de altura por donde parece haber más cornisas. De esa forma evitaremos la placa lisa y resbalosa y podremos acceder a una zona que puede tener continuación. Mientras tanto Miguel montará un acceso cómodo y seguro a la base del pozo evitando la arrastrada. Miguel el Joven me asegurará con el dressler.
Decidir donde ponerme los trastos es una tarea que debería estar automatizada pero no lo está: taladro, baterías, maza, mosquetones, parabolts, llaves. Parte del éxito o fracaso reposa en una buena gestión de los cacharros. Es una tarea pendiente.  La escalada comienza con pasos fáciles en chimenea. Todo va muy bien hasta el tercer seguro. Aquí comienzan a escasear las presas donde agarrarse o posar el pie y, aun peor, la chimenea se estrecha. Coloco otro seguro bastante cerca para apoyarme en él y me peleo durante un buen rato hasta que consigo ir subiendo de forma penosa por la estrecha chimenea. Por suerte esto se acaba pronto y salgo, por debajo de un bloque empotrado, a una zona de repisillas por las que me elevo de nuevo sin dificultad. Después de colocar otro seguro, finalmente, alcanzo la altura en la debe comenzar el pasamanos. Allí decido montar una cabecera, instalar la cuerda fija y bajarme. Por el camino desinstalo todos los seguros de escalada salvo uno que servirá de fraccionamiento. Cuando llego a la base son más de las ocho. Mientras vamos recogiendo Miguel sube a revisar la instalación y echar un vistazo al paisaje de las posibles continuaciones. En pocos minutos estamos los tres bajo el resalte de El Pozo.
El ambiente tropical me empaña las gafas al salir (es una ventaja… así no veo la mierda del gallinero español) La idea de las cervezas sigue vigente. Comunicamos nuestra salida a la gente que nos espera y nos bajamos a un bar en La Gándara. Hablamos de política ya que es inevitable hacerlo. Mi pesimismo respecto a este país ha crecido. Me sale la mala hostia que me envenena por dentro. Quizás es que no consigo identificarme ya con esta manera de hacer las cosas tan nuestra. Aunque no puedo dejar de tener las raíces donde las tengo y de haberme criado donde lo he hecho. En nuestro gallinero español. 




4/6/16

Hellirmynda

 Pequeño Patio

Obsérvese la nula degradación de los suelos fuera de los senderos balizados

Me planteo fotografiar El Patio. Hay algunas dificultades: la belleza está balizada y el material fotográfico necesita una amplia superficie para poder ser desperdigado y usado con comodidad. Los estrechos senderos balizados son garantía de que los suelos se preservarán pero restringen tanto la posición de la  cámara en su trípode, como la de los flashes y modelos.
Tras superar algunas pequeñas incomodidades para alcanzar El Patio por fin llegamos, Marisa y yo, al objetivo de las primeras tomas. Se trata de la Galería del Pequeño Patio en las cercanías del acceso original por la Chimenea. Preparo tomas en dos puntos diferentes y voy cambiando la intensidad y posición de los flashes en busca de la iluminación soñada. Varío la intensidad y posición de los flashes, incluyo -o no- a la modelo en distintas posiciones y posturas. Cuando me harto de hacer tomas lo recogemos todo.
Al cabo de pocos minutos nos instalamos en la galería del Gran Patio zona donde abundan los gours. Elijo tres puntos para realizar las series de fotos y en cada uno de ellos la dificultad principal estriba en moverse con cuidado y en desperdigar el material sin salirse de los caminos balizados. Una de los problemas es que los flashes se duermen muy a menudo o, lo que es aun peor, se apagan. Me va quedando claro que el trabajo con flashes a control remoto, con estas condiciones de humedad y temperatura, hace que las baterías se gasten rápido. Lo mejor es traer los flashes con baterías recién puestas.
Tras las largas sesiones de fotos nos acercamos al Pozo Costroso para conocer un poco más la belleza acumulada en esta zona. Comemos un poco allí, es uno de los pocos sitios de El Patio que permiten sentarse cómodamente sin destrozar algo. Inmediatamente comenzamos la vuelta.
             Me doy cuenta de que al publicar estas fotos estoy contribuyendo a un posible efecto llamada. Pero, por otra parte, también pueden servir para demostrar con una imagen lo que deseamos que sea una práctica habitual entre los exploradores: balizar senderos para poder transmitir a las generaciones venideras una cueva tal y como la conocieron sus descubridores. Los estrechos senderos solo destruyen una superficie relativamente pequeña de la cavidad.

 Gran Patio


26/3/16

Cueva do Carvão (Carbón)



Hay más cavidades volcánicas en las Islas Açores que las que podría imaginarse uno en un principio. Actualmente se conocen alrededor de 270 de las cuales 129 se encuentran en Pico, 69 en Terceira y 28 en São Miguel. El resto se reparte por las seis islas restantes.
São Miguel es la isla principal, y la más grande, del archipiélago de las Açores. De las cavidades conocidas en São Miguel la más interesante es la Cueva del Carvão. Se trata de un tubo de lava que actualmente tiene una longitud de 1800 metros repartidos en tres tramos. Pero fuentes antiguas permiten dar como muy probable la cifra de unos 5 kilómetros. Los hundimientos, los depósitos y la actividad humana se habrían encargado de impedir el acceso a buena parte de la cavidad. El tubo se extiende en forma casi rectilínea siguiendo, más o menos, un rumbo nornoroeste. Posee varias entradas o jameos, como se suelen llamar en Canarias a los hundimientos que permiten el acceso al tubo volcánico. Dos de las entradas son naturales y una tercera se ha formado excavando sobre la unión artificial, y subterránea, de dos tramos y sus respectivas entradas; formándose así un solo tramo que se ha habilitado parcialmente para el turismo. Esta entrada artificial esta en la zona noroeste de Ponta Delgada, la capital de la isla. Gran parte de la cavidad se desarrolla por debajo de la ciudad llegando a zonas como el Fuerte o las inmediaciones del Puerto. En la entrada habilitada para el turismo hay un centro de interpretación con una pequeña tienda en la que puede encontrarse abundante información en forma de libros y mapas. Uno de ellos reúne sistemáticamente, y de forma sucinta, la lista de las cuevas y sus localizaciones aproximadas sobre el terreno.
Cada grupo que entra en la Cueva do Carvão disfruta de un video explicativo que dura unos quince minutos. Y luego de una visita bastante corta, en total no llegarán a recorrerse 200 metros, aunque si se pagan 15 € se puede disfrutar de una visita espeleológica de casi un kilómetro. De cualquier forma nosotros hemos visto bastantes tubos de lava y tomamos la decisión de conformarnos con una visita turística. En la que nos integramos el ritmo fue especialmente lento, el guía nos habló en portugués, hubo pocas personas y pudimos hacer todas las fotos que quisimos. Aprovechando la buena iluminación de la cueva y con el trípode en ristre las cosas fueron más fáciles que con los flashes en una cueva salvaje.
En definitiva si alguien quiere disfrutar de una temporada espeleológica en tubos de lava, y cavidades volcánicas, situadas en un sitio tranquilo y apacible las Islas Açores son un destino apropiado. Si la combinación de vuelos es adecuada el viaje solo supone unas tres horas desde Madrid y el precio en temporada baja es muy asequible. Además las islas tiene bastantes más atractivos que las cuevas y eso junto a un clima atlántico suave, casi semitropical, las hacen adecuadas para los que buscan un turismo tranquilo sin excesivas aglomeraciones ni complicaciones. Además la gente es amable, sonriente y habla suavemente sin elevar la voz.  
  








19/3/16

Contraluz




12/3/16

Una hora



El sábado pasado tenía en mente ir a una cueva durante media jornada y hacer unas fotos. Envié un whatsapp al chat del club a ver si se pasaba alguien por el local. Contacté con un amigo del grupo CCES para ver que hacían. Proyectaban una larga jornada de exploración en Udías. No era algo a lo que pudiera agregarme en esa fecha en particular (aparte de mi falta de motivación por Udías). De todas formas Marisa pensaba venirse a hacer espeleo siempre y cuando estuviésemos en casa para la hora de la comida (hora de la comida española: alrededor de las dos y media). Así que a las nueve preparé las maletas de los flashes y de la cámara, cogí los trípodes y lo repartí entre dos sacas. Poco después partíamos hacia La Hoyuca.
Se notaban ciertos avances en las obras de la carretera Hoznayo-Riaño. Los cráteres que la poblaban los meses anteriores habían sido igualados y el firme se encontraba, allanado y apisonado, a punto para asfaltar. De hecho había varios tramos recién asfaltados. No me cupo la menor duda de que los paisanos estarían muy agradecidos por la finalización de ese purgatorio. Poco después aparcábamos en la curvita al final del pequeño polje de La Hoyuca.
La red de entrada se reduce a tres dificultades: la entrada en sí, algo incómoda por los goteos y el barrillo, el pasaje bajo que acompaña un arroyuelo y la fisura que desemboca en las cómodas galerías zigzagueantes. Marisa estrenaba mono, en realidad era el que ella me había regalado, y botas, unas Aigle de caña alta. El trayecto hasta las galerías zigzagueantes fue entretenido. Según Marisa ella sería incapaz de orientarse para salir de allí…
La primera foto iba a ser en la confluencia de la ruta normal con la ruta del meandrito. Un conjunto de grandes galerías se reúnen en ese punto formando un paisaje subterráneo interesante. Dispuse el trípode, la cámara el disparador, fuimos ubicando los flashes, y realizamos varias pruebas. Hubo que reajustar algunos flashes, verificar el estado de las pilas en otros y reubicar uno de ellos. Entre que se hizo todo esto y se recogió el total desparrame de cacharritos transcurrió una hora. Unos doscientos metros más allá se llega a la encrucijada entre la ruta normal y la ruta de la iglesia. Nos entretuvimos unos minutos echando un vistazo a ésta última hasta el punto en donde dan comienzo los arrastraderos.


De vuelta a las galerías zigzagueantes dispuse tomar una foto que recogiese las dimensiones y geometría de la amplia galería. Como antes coloqué el trípode, la cámara, los cacharritos y los flashes. De nuevo tuve que ubicar los flashes, esta vez distribuidos en línea a distancias iguales a lo largo de la galería. Un problema fue que, a la vez, estuvieran ocultos e iluminaran uniformemente el contorno. De cualquier forma hice bastantes pruebas de las cuales esperaba sacar alguna resultado decente. Reubique uno de los flashes y cambié las pilas a otro. Desde que nos paramos a hacer la foto hasta que de nuevo estuvo todo listo para moverse transcurrió una hora por lo menos.
La caminata de salida no nos llevo nada de tiempo y se agradeció el  suave ejercicio hasta la salida. El prado seguía igual de encharcado que unas horas antes. Considero un placer ir en el coche escuchando música de Pedro Guerra y contemplar el verde paisaje de Cantabria, pero el mayor placer fue ver en la pantalla los resultados de la jornada de trabajo y empezar su revelado con Camara Row…