25/6/16

Crear una Entrada

Afternoon Stroll

Hacía meses que estábamos intentando quedar de nuevo para hacer alguna actividad espeleológica. Finalmente coincidió que el 25 de junio él podía y yo estaba en Cantabria. La pregunta que nos planteamos de inmediato César y yo fue ¿a donde vamos a ir? ¿a continuar con las pequeñas exploraciones del Gándara? ¿a acompañar a otros grupos en sus exploraciones? ¿a hacer turismo espeleológico? ¿a hacer fotos? Enseguida caí en la cuenta que esas opciones no eran muy atractivas. O no tenían gancho para alguien que sale poco, mejor dicho poquísimo, o, por otra parte, no iban a tener continuidad. Nuestras salidas son demasiado esporádicas e impredecibles como para enmarcarlas en proyectos que se están desarrollando de forma continuada y progresiva. Sería poco satisfactorio plantear nuestras escasas salidas así. Se me ocurrió la idea de retomar alguno de los viejos proyectos aparcados y planteárselo a César. La idea era que lo tomáramos como un proyecto en común a desarrollar en nuestras salidas. Eso le daría un gancho especial a esas salidas y además formarían un continuo a desarrollar entre los dos. Incluso quizás más gente podría unirse.
A lo largo de los 90, cuando mi compañero habitual era Guillermo, hubo una época en que le puse mucho empeño al Sistema de los Cuatro Valles. El conocimiento del Sistema de los Cuatro Valles era un bonito proyecto. Entré numerosas veces a la Hoyuca, al Hoyo de la Reñada (Cueva Riaño), a Cueva Llueva y al Carcavuezo. A éste último entramos el 8 de septiembre del 98 y después de dar muchos tumbos, sin topografía y por pura intuición, alcanzamos algunas grandes galerías de Llueva. Supimos que eso era así porque encontramos el Rinoceronte de Llueva de forma casual. Anteriormente habíamos entrado el 23 de noviembre del 97 pero en esa ocasión el nivel del agua en la zona activa nos disuadió rápidamente de seguir en la cavidad. No debe olvidarse que el Carcavuezo es el sumidero activo de las aguas de Matienzo. Cuando entra en carga las aguas inundan muchas galerías por completo en varios niveles.
Esta vez confiaba en acordarme de la entrada, no nos resulto nada evidente en aquella época, y en avanzar fácilmente gracias a la excelente topo publicada en la web de Matienzo Caves. Sin embargo cuando mire las fotos en dicha página me di cuenta que la boca se obstruye casi todos los años por troncos, madera y basura. Los ingleses se lo tienen que currar muy a menudo para poder entrar de nuevo. Por otra parte no reconocí en las fotos el lugar por el que Guillermo y yo entramos. De todas formas confiaba en encontrarlo sobre el terreno. Pero cuando llegamos al lugar no me acordaba de donde estaba la entrada que usamos Guillermo y yo. Miramos lo que me pareció más familiar pero no encontramos paso aunque se movía aire. Pensando que la entrada estaría obstruida por ramas y troncos iniciamos en tres sitios diferentes penosas desobstrucciones de materia vegetal, piedras y basura. Aunque en dos de los tres casos soplaba aire no obtuvimos éxito en ninguno. Había algo que no cuadraba. De pronto, como en otras ocasiones me ha pasado, abandone las ideas preestablecidas y deje de trabajar. Me fije en una grieta que había mirado César al principio sin ver nada especial. Al asomarme percibí mucho aire y las paredes muy sobadas por el paso de espeleólogos. Bajando la grieta se abría un ensanche y en dirección este dos galerías. Solo había que mover un tronco. Hecho esto no tuvimos ningún problema en acceder a una galería en forma de ojiva que nos llevo a un resalte de tres metros. Para bajarlo fijamos una cuerda en un anclaje natural. Nos extraño mucho que no hubiera ningún anclaje puesto por los espeleólogos ingleses. Sin embargo lo que más nos extrañó fue que en la estupenda topografía que llevábamos no cuadraba en ningún lugar la entrada que estábamos usando. Parecía como si hubiéramos creado una entrada.
Avanzamos por una galería más o menos cómoda buscando el acceso al río. Me acordaba vagamente de ese acceso. El hecho de no saber donde estábamos en la topo le restaba mucho valor. Después de dar unas vueltas conseguimos encontrar las grietas de acceso al río. Una cuerda quitamiedos nos confirmo que íbamos por el buen camino. Como no me parecía muy claro el laberinto de recovecos entre grandes bloques empezamos a poner catadióptricos para no perdernos a la vuelta. En un mal momento se me cayo la topo al río. Pensé que el río la arrastraría o que, en el mejor de los casos, se empaparía pero no fue así. Para recuperarla tuve que destrepar deprisa unos metros entre bloques. Con gran alivio la recupere y pude tenerla en mis manos de nuevo. Tuve la misma sensación que un naufrago agarrándose al salvavidas. Sin embargo en este suceso hubo algo positivo: al bajar al río me pareció más o menos reconocible en la topo el punto en el que me encontraba. Una esquina en que el río, avanzando por zonas de aguas profundas, se separa de una galería con caos de bloques. Me lo callé para no crear demasiadas expectativas de éxito.
Avanzamos por una zona superior y encontramos otra cuerda para bajar un resalte, lo que pareció confirmar el camino correcto. Más allá nos entro hambre y paramos a tomar algo. De nuevo nos pareció que sabíamos donde estábamos. Algo más allá nuestra confusión aumento. En la dirección en la que íbamos la galería se obstruía. Volviendo atrás una grieta casi vertical, y con muy mala pinta, se veía sobada y canalizaba un poco de aire. César subió un poco pero se atasco con un bloque sospechoso. Me dejo intentarlo y pasando el bloque vi que había un hilo guía más arriba. Siguiendo el hilo por la grieta y delizandome por un caos de bloques desemboqué en una galería cómoda. Estaba en Afternoon Stroll.
          Por fin estábamos en el buen camino. Para celebrarlo hicimos una foto con doble flash. Como había llevado la cámara antigua las cosas no funcionaron como debían, aunque al final a trancas y barrancas hicimos la foto. A partir de este punto todo fue un camino de rosas con alguna que otra espina.  Red Column Chamber, Chasing the Dragon, Keep right for smack y El Rinoceronte. Un poco más allá de Andy Quin’s Foot nos paramos a descansar. César quería volver ya, pero a mi me quemaba ver la conexión hacia Rocky Horror y me sentía con fuerzas para seguir. Me adelante hasta Big Balls Corner y la estrecha galería de conexión hacia la zona de Rocky. Satisfecho con las comprobaciones volvía a donde me esperaba César. Por lo menos había tardado media hora. Ahora yo también tenía la sensación de estar cansado.


El Rinoceronte

La vuelta nos costo mucho. La torpeza debida al cansancio nos dificulto los pasos y nos ralentizó bastante. Los catadióptricos se mostraron llenos de utilidad pues a la mínima dificultad nos surgían dudas. La puntilla final fueron las estrecheces -que ahora debíamos subir- y las grietas de salida del río.
Atardecía. Nos quitamos toda la ropa húmeda y los calcetines mojados (por algunos pasos profundos en el río que me llenaron las botas de agua) y nos pusimos ropa seca. Y luego nos fuimos a cenar tranquilamente en mi casa. En global había sido una buena salida a pesar de, o quizás gracias a, todas las dificultades que habíamos tenido que salvar. César había sospechado desde el principio que le iba a llevar a un arrastradero y creo que ahora en retrospectiva se debatía entre valorarlo como un arrastradero o el fascinante laberinto de los Cuatro Valles. Quizás sea las dos cosas a la vez. 
 



Creando una entrada

16/6/16

Ráðgata


 Myndir verða að vera leyndarmál þar til á næsta ári.








9/6/16

El Pozo


Texto: A. González-Corbalán
Fotos: Miguel F. Liria


Después de varios meses sin explorar en nuestra cueva predilecta hemos vuelto a la carga justo donde lo dejamos la última vez. Miguel está a punto de irse de vacaciones y si no vamos este jueves por la tarde solo Dios sabe cuando volveremos a poder ir juntos. El verano es un anticipo del caos. Todas las rutinas y los planes deben posponerse en aras de aprovechar las vacaciones para hacer todo eso que no podemos hacer en otras épocas del año. Además Miguel el Joven está disponible tras sus exámenes en la Universidad.
Nos reunimos cerca de La Gándara pasadas las cuatro y media de la tarde. Las cosa es que hace mucho calor y apetece muy poco ponerse el equipo de espeleo y subir una cuesta. Medio en serio, medio en broma les propongo a los dos Migueles irnos a tomar cervezas en un sitio fresco y sombreado. Pero no parece que tenga éxito. No cabe duda de que nuestra vena disciplinada -la necesidad de sentirnos activos- es más fuerte que nuestro espíritu lúdico. O que nos gusta jugar con cosas que duelen, como a los masoquistas. De cualquier forma arrastramos nuestros cuerpos y nuestros bultos ladera arriba. Poco antes de llegar a la boca el ambiente se refresca con una potente corriente de aire helado que desciende monte abajo. Justo en ese momento Miguel recuerda que se ha olvidado el casco en los coches. Mientras vuelve a por su casco Miguel el Joven y yo entramos.
La cueva, como era de esperar, está cargada de neblina y las rocas totalmente húmedas y resbalosas. Una caminata a ritmo muy suave, para dar tiempo a que Miguel nos alcance, nos coloca bajo el primer resalte de El Pozo. Lo escalo, pongo una chapa y me arrastro como puedo hasta ponerme en la base del amplio pozo. Voy a instalar una cabecera pero he olvidado las baterías abajo. Creo que tengo la cabeza un poco hueca y no estoy concentrado para llevar todos los cacharros que hay que llevar y con el orden que hay que guardar. En poco tiempo estamos los tres in situ. Miro para arriba con evidente desánimo. Después de marearme un rato pensando decido seguir las ideas de Miguel. Creo que lo tiene muy claro y que lo ha pensado bien. Subiré por la parte rugosa de la chimenea y luego montaremos un pasamanos a mitad de altura por donde parece haber más cornisas. De esa forma evitaremos la placa lisa y resbalosa y podremos acceder a una zona que puede tener continuación. Mientras tanto Miguel montará un acceso cómodo y seguro a la base del pozo evitando la arrastrada. Miguel el Joven me asegurará con el dressler.
Decidir donde ponerme los trastos es una tarea que debería estar automatizada pero no lo está: taladro, baterías, maza, mosquetones, parabolts, llaves. Parte del éxito o fracaso reposa en una buena gestión de los cacharros. Es una tarea pendiente.  La escalada comienza con pasos fáciles en chimenea. Todo va muy bien hasta el tercer seguro. Aquí comienzan a escasear las presas donde agarrarse o posar el pie y, aun peor, la chimenea se estrecha. Coloco otro seguro bastante cerca para apoyarme en él y me peleo durante un buen rato hasta que consigo ir subiendo de forma penosa por la estrecha chimenea. Por suerte esto se acaba pronto y salgo, por debajo de un bloque empotrado, a una zona de repisillas por las que me elevo de nuevo sin dificultad. Después de colocar otro seguro, finalmente, alcanzo la altura en la debe comenzar el pasamanos. Allí decido montar una cabecera, instalar la cuerda fija y bajarme. Por el camino desinstalo todos los seguros de escalada salvo uno que servirá de fraccionamiento. Cuando llego a la base son más de las ocho. Mientras vamos recogiendo Miguel sube a revisar la instalación y echar un vistazo al paisaje de las posibles continuaciones. En pocos minutos estamos los tres bajo el resalte de El Pozo.
El ambiente tropical me empaña las gafas al salir (es una ventaja… así no veo la mierda del gallinero español) La idea de las cervezas sigue vigente. Comunicamos nuestra salida a la gente que nos espera y nos bajamos a un bar en La Gándara. Hablamos de política ya que es inevitable hacerlo. Mi pesimismo respecto a este país ha crecido. Me sale la mala hostia que me envenena por dentro. Quizás es que no consigo identificarme ya con esta manera de hacer las cosas tan nuestra. Aunque no puedo dejar de tener las raíces donde las tengo y de haberme criado donde lo he hecho. En nuestro gallinero español. 




4/6/16

Hellirmynda

 Pequeño Patio

Obsérvese la nula degradación de los suelos fuera de los senderos balizados

Me planteo fotografiar El Patio. Hay algunas dificultades: la belleza está balizada y el material fotográfico necesita una amplia superficie para poder ser desperdigado y usado con comodidad. Los estrechos senderos balizados son garantía de que los suelos se preservarán pero restringen tanto la posición de la  cámara en su trípode, como la de los flashes y modelos.
Tras superar algunas pequeñas incomodidades para alcanzar El Patio por fin llegamos, Marisa y yo, al objetivo de las primeras tomas. Se trata de la Galería del Pequeño Patio en las cercanías del acceso original por la Chimenea. Preparo tomas en dos puntos diferentes y voy cambiando la intensidad y posición de los flashes en busca de la iluminación soñada. Varío la intensidad y posición de los flashes, incluyo -o no- a la modelo en distintas posiciones y posturas. Cuando me harto de hacer tomas lo recogemos todo.
Al cabo de pocos minutos nos instalamos en la galería del Gran Patio zona donde abundan los gours. Elijo tres puntos para realizar las series de fotos y en cada uno de ellos la dificultad principal estriba en moverse con cuidado y en desperdigar el material sin salirse de los caminos balizados. Una de los problemas es que los flashes se duermen muy a menudo o, lo que es aun peor, se apagan. Me va quedando claro que el trabajo con flashes a control remoto, con estas condiciones de humedad y temperatura, hace que las baterías se gasten rápido. Lo mejor es traer los flashes con baterías recién puestas.
Tras las largas sesiones de fotos nos acercamos al Pozo Costroso para conocer un poco más la belleza acumulada en esta zona. Comemos un poco allí, es uno de los pocos sitios de El Patio que permiten sentarse cómodamente sin destrozar algo. Inmediatamente comenzamos la vuelta.
             Me doy cuenta de que al publicar estas fotos estoy contribuyendo a un posible efecto llamada. Pero, por otra parte, también pueden servir para demostrar con una imagen lo que deseamos que sea una práctica habitual entre los exploradores: balizar senderos para poder transmitir a las generaciones venideras una cueva tal y como la conocieron sus descubridores. Los estrechos senderos solo destruyen una superficie relativamente pequeña de la cavidad.

 Gran Patio


26/3/16

Cueva do Carvão (Carbón)



Hay más cavidades volcánicas en las Islas Açores que las que podría imaginarse uno en un principio. Actualmente se conocen alrededor de 270 de las cuales 129 se encuentran en Pico, 69 en Terceira y 28 en São Miguel. El resto se reparte por las seis islas restantes.
São Miguel es la isla principal, y la más grande, del archipiélago de las Açores. De las cavidades conocidas en São Miguel la más interesante es la Cueva del Carvão. Se trata de un tubo de lava que actualmente tiene una longitud de 1800 metros repartidos en tres tramos. Pero fuentes antiguas permiten dar como muy probable la cifra de unos 5 kilómetros. Los hundimientos, los depósitos y la actividad humana se habrían encargado de impedir el acceso a buena parte de la cavidad. El tubo se extiende en forma casi rectilínea siguiendo, más o menos, un rumbo nornoroeste. Posee varias entradas o jameos, como se suelen llamar en Canarias a los hundimientos que permiten el acceso al tubo volcánico. Dos de las entradas son naturales y una tercera se ha formado excavando sobre la unión artificial, y subterránea, de dos tramos y sus respectivas entradas; formándose así un solo tramo que se ha habilitado parcialmente para el turismo. Esta entrada artificial esta en la zona noroeste de Ponta Delgada, la capital de la isla. Gran parte de la cavidad se desarrolla por debajo de la ciudad llegando a zonas como el Fuerte o las inmediaciones del Puerto. En la entrada habilitada para el turismo hay un centro de interpretación con una pequeña tienda en la que puede encontrarse abundante información en forma de libros y mapas. Uno de ellos reúne sistemáticamente, y de forma sucinta, la lista de las cuevas y sus localizaciones aproximadas sobre el terreno.
Cada grupo que entra en la Cueva do Carvão disfruta de un video explicativo que dura unos quince minutos. Y luego de una visita bastante corta, en total no llegarán a recorrerse 200 metros, aunque si se pagan 15 € se puede disfrutar de una visita espeleológica de casi un kilómetro. De cualquier forma nosotros hemos visto bastantes tubos de lava y tomamos la decisión de conformarnos con una visita turística. En la que nos integramos el ritmo fue especialmente lento, el guía nos habló en portugués, hubo pocas personas y pudimos hacer todas las fotos que quisimos. Aprovechando la buena iluminación de la cueva y con el trípode en ristre las cosas fueron más fáciles que con los flashes en una cueva salvaje.
En definitiva si alguien quiere disfrutar de una temporada espeleológica en tubos de lava, y cavidades volcánicas, situadas en un sitio tranquilo y apacible las Islas Açores son un destino apropiado. Si la combinación de vuelos es adecuada el viaje solo supone unas tres horas desde Madrid y el precio en temporada baja es muy asequible. Además las islas tiene bastantes más atractivos que las cuevas y eso junto a un clima atlántico suave, casi semitropical, las hacen adecuadas para los que buscan un turismo tranquilo sin excesivas aglomeraciones ni complicaciones. Además la gente es amable, sonriente y habla suavemente sin elevar la voz.  
  








19/3/16

Contraluz




12/3/16

Una hora



El sábado pasado tenía en mente ir a una cueva durante media jornada y hacer unas fotos. Envié un whatsapp al chat del club a ver si se pasaba alguien por el local. Contacté con un amigo del grupo CCES para ver que hacían. Proyectaban una larga jornada de exploración en Udías. No era algo a lo que pudiera agregarme en esa fecha en particular (aparte de mi falta de motivación por Udías). De todas formas Marisa pensaba venirse a hacer espeleo siempre y cuando estuviésemos en casa para la hora de la comida (hora de la comida española: alrededor de las dos y media). Así que a las nueve preparé las maletas de los flashes y de la cámara, cogí los trípodes y lo repartí entre dos sacas. Poco después partíamos hacia La Hoyuca.
Se notaban ciertos avances en las obras de la carretera Hoznayo-Riaño. Los cráteres que la poblaban los meses anteriores habían sido igualados y el firme se encontraba, allanado y apisonado, a punto para asfaltar. De hecho había varios tramos recién asfaltados. No me cupo la menor duda de que los paisanos estarían muy agradecidos por la finalización de ese purgatorio. Poco después aparcábamos en la curvita al final del pequeño polje de La Hoyuca.
La red de entrada se reduce a tres dificultades: la entrada en sí, algo incómoda por los goteos y el barrillo, el pasaje bajo que acompaña un arroyuelo y la fisura que desemboca en las cómodas galerías zigzagueantes. Marisa estrenaba mono, en realidad era el que ella me había regalado, y botas, unas Aigle de caña alta. El trayecto hasta las galerías zigzagueantes fue entretenido. Según Marisa ella sería incapaz de orientarse para salir de allí…
La primera foto iba a ser en la confluencia de la ruta normal con la ruta del meandrito. Un conjunto de grandes galerías se reúnen en ese punto formando un paisaje subterráneo interesante. Dispuse el trípode, la cámara el disparador, fuimos ubicando los flashes, y realizamos varias pruebas. Hubo que reajustar algunos flashes, verificar el estado de las pilas en otros y reubicar uno de ellos. Entre que se hizo todo esto y se recogió el total desparrame de cacharritos transcurrió una hora. Unos doscientos metros más allá se llega a la encrucijada entre la ruta normal y la ruta de la iglesia. Nos entretuvimos unos minutos echando un vistazo a ésta última hasta el punto en donde dan comienzo los arrastraderos.


De vuelta a las galerías zigzagueantes dispuse tomar una foto que recogiese las dimensiones y geometría de la amplia galería. Como antes coloqué el trípode, la cámara, los cacharritos y los flashes. De nuevo tuve que ubicar los flashes, esta vez distribuidos en línea a distancias iguales a lo largo de la galería. Un problema fue que, a la vez, estuvieran ocultos e iluminaran uniformemente el contorno. De cualquier forma hice bastantes pruebas de las cuales esperaba sacar alguna resultado decente. Reubique uno de los flashes y cambié las pilas a otro. Desde que nos paramos a hacer la foto hasta que de nuevo estuvo todo listo para moverse transcurrió una hora por lo menos.
La caminata de salida no nos llevo nada de tiempo y se agradeció el  suave ejercicio hasta la salida. El prado seguía igual de encharcado que unas horas antes. Considero un placer ir en el coche escuchando música de Pedro Guerra y contemplar el verde paisaje de Cantabria, pero el mayor placer fue ver en la pantalla los resultados de la jornada de trabajo y empezar su revelado con Camara Row…
 

29/2/16

Frozen







20/2/16

Revisiones


Hace poco tiempo unos amigos, del grupo CCES, me invitaron a participar en las exploraciones de su nueva zona: Valdició. Sabían, pues yo mismo lo he manifiesto de vez en cuando, que las cuevas de esa zona me atraen. Tanto o más que las del Asón. Aunque reconozco la belleza de las cuevas de los valles costeros, siempre he sentido, es algo subjetivo, que a esas cavidades les falta un puntito de duende. Creo, me imagino, que esto es debido a la intensa actividad humana que las rodea. En algunos casos esa actividad humana, en forma de minería, invade la cavidad lo que es el caso de la Cueva del Soplao o de la Cueva de Udías.
Durante años estuve obsesionado con dos cavidades de la zona de Valdició: la Sima del Carrio y la Cueva de Hoyo Salcedillo. En la Sima del Carrio obtuvimos algunos interesantes resultados pero finalmente la exploración quedo inacabada en gran medida. Ahora se presentaba una nueva oportunidad de explorar en Valdició. Así que acepté acompañarles con un grado de entusiasmo contenido. Contenido porque conozco las dificultades que nos plantearon esas cavidades. En el caso de Hoyo Salcedillo estaríamos hablando de una de las más duras puntas de exploración que cabe plantearse en las cuevas del Asón-Miera. Por otra parte la sima del Carrio conlleva una dura aproximación seguida por una cavidad heladora con importantes dificultades hasta la punta de exploración.  
El sábado, día veinte, se trataba de revisar una cavidad explorada hace muchos años. El caso es que Adrián y Sergio ya habían visitado la parte “conocida” de esa cueva. Y digo conocida porque ellos sospechan que eso es sólo la punta de un iceberg inmenso. En su visita constataron que el potente soplo de aire que recorre la galería principal se pierde al llegar a una gran sala terminal. Al entrar en la sala, en el techo, se abre una grieta por la que pensaron que se perdía la corriente de aire. El objetivo principal de la visita/revisión era escalar hasta la grieta y comprobar si tenía continuación. Las elucubraciones de Sergio, bastante bien fundamentadas y alimentadas por las informaciones del blog Cuevas del Alto Asón, sugieren que esa cueva podría estar conectada con alguno de los grandes sistemas. Así que ese chorro de aire es el indicador que debe seguirse si se desea ir más allá de la punta del iceberg.  
Durante la semana anterior al veinte de febrero había nevado varias veces y el frío había sido intenso en toda Cantabria. Las zonas montañosas se habían llevado la ración más grande. Para mí no estaba claro que pudiésemos acceder a la cavidad. Pero finalmente el sábado estaban limpias de nieve las cornisas -a esa altitud- y aunque el frío era intenso la temperatura superaba los 0ºC. En Solares no podía decirse que hiciese mucho frío pero eran necesarios gorro y anorak. Me encontré con Sergio, Fonso y Manu en un bar cercano a la gasolinera. La camarera estuvo muy simpática con nosotros. Me invito a que fuese a desayunar allí todos los días (según ella hace unos desayunos portentosos) Para mis compañeros era un sitio bien conocido por sus bocadillos y pinchos de tortilla.




A lo largo del Valle del Miera las surgencias y torrenteras andaban muy crecidas. El cambio de ambiente entre lo costero y lo montañés se produce rápidamente al acercarse al pueblo de Mirones. El valle se estrecha y se hace agreste. Un poco más arriba, en Ajanedo, nos reunimos con Adrián, Marta y Josean. Mientras preparaban un sinfín de trastos contemplé el paisaje. Pero por poco tiempo pues no tardamos en movernos unos kilómetros más allá, hasta un punto cercano a San Roque, donde aparcamos los coches y preparamos las sacas. Allí también mire el paisaje pero sin demasiadas contemplaciones. Hacía frío y todo el mundo se forro de ropa.
Mis temores acerca de la aproximación se confirmaron en pocos minutos. La senda pasó de ser cómoda a ser incómoda; luego a ser una traza de diez centímetros de anchura (ideal para resbalar sobre el barrillo y precipitarse pendiente abajo); y por fin pasó a ser nada de nada. El tramo final lo hicimos trepando sobre la hierba buscando las zonas de menor inclinación. A pesar del frío sudamos de lo lindo.
La cueva fue una comodidad inmediata, un relax tras el esfuerzo de la subida. Galería ancha, suelo limpio sin complicaciones y techos bien altos. Un paseo en comparación con el acceso. Se hicieron dos grupos: Adrian, Sergio y yo a escalar. El resto a topografiar desde la entrada, revisar desviaciones de la galería principal, observar la fauna de la cavidad y tomar fotografías. Nos volveríamos a ver en la sala terminal junto al punto de escalada.
El trío escalador se puso bajo el problema en poco tiempo. En realidad el problema era escaso pues la roca era buena y enseguida se llegaba a una chimenea que facilitaba la escalada. Estuvimos mareando la perdiz unos minutos hasta que quedo claro quien iba a escalar, quien iba a asegurar y quien iba a hacer el vago: Sergio escalar, Antonio asegurar, Adrián hacer el vago.
La escalada se desarrollo sin contratiempos y Sergio alcanzo una galería desfondada sobre la sala que necesitaba un pasamanos. Enseguida que hubo sitio para dos subí con material de apoyo. Recogí de paso el material usado en la escalada, salvo los parabolts que se dejaron in situ. El pasamanos llevo bastante tiempo. Una de las razones fue que se acabaron los parabolts y hubo que empezar a meter roscapiedras. La colocación de estos requiere mucho más tiempo y destreza que la de los parabolts (apreciaciones de Sergio). De cualquier forma Sergio, seguido de cerca por mi, pudo acabar los pasamanos y entrar en una galería estrecha que se diversificó en varias ventanas: todas daban, con grandes saltos, directamente a la sala. Por ahí el viento no se iba ni se venía. La hipótesis de que la grieta era la continuación se derrumbaba. Todavía quedaba mirar la grieta en dirección contraria, pero la fe se había evaporado. Bajé rápidamente a la base mientras Sergio terminaba de desmontar los pasamanos. A pesar de todo Sergio dejo la cuerda de acceso y Adrián subió a echar un vistazo. Debió ver alguna posibilidad de continuación porque finalmente la cuerda de acceso se dejo puesta. Al cabo de un rato llegaron Fonso, Josean, Manu y Marta a la base de la escalada. Marta había encontrado, cerca de la entrada, unos ejemplares de los caracoles que buscaba y quería fotografiarlos con macro. Comimos, con hambre acumulada, allí mismo.





La cuestión era ¿qué pasaba con la corriente de aire? Si la corriente llegaba hasta donde estábamos (ese día era muy floja debido a que las temperaturas exterior e interior eran similares) y no se iba por la grieta entonces debía irse por la sala. Sala muy grande, llena de grandes caos de bloques, y de recovecos, por todos lados. Situación similar a la de la Rubicera. Encontrar el lugar por donde seguía el viento no iba a ser una cosa facilona. Nos distribuimos por la sala, sin organización, un poco al azar. Yo me encaminé hacia donde cae la cascada. Mi idea era seguir el agua: por donde se vaya el agua se va al sistema principal. Puede que sea muy estrecho, pero el agua tiene que pasar por algún lado. Con ciertas dificultades llegué a la base de la cascada. El agua se metía entre grandes bloques que podían descenderse pero había demasiada lluvia de cascada para intentarlo en ese momento. De pasada observe un grupo de formaciones curvadas en dirección al interior de la cavidad. Eso indicaba un flujo de viento mantenido en el tiempo. Cuando volví a la base de la escalada Adrián estaba con Fonso enzarzado en un pozo cercano que al final no dio resultados. Sergio, con el resto, estaba mirando unas gateras que le llevaron a unas pequeñas galerías sin pisar, pero sin corriente de aire aparentemente. No se podía concluir nada. Se hacía necesario volver un día en que el gradiente de temperatura entre cavidad y exterior fuera grande. En un día así la búsqueda de un paso soplador será más fácil.
El tiempo había pasado. Con suerte saldríamos al anochecer, pero bajar las pendientes de hierba de noche no era muy atractivo. La galería principal es ascendente, con una fuerte pendiente, así que nos calentamos bastante volviendo a la entrada de la cueva. Cuando salimos el sol se había puesto pero había suficiente luz como para moverse bien. Opté por bajar a rastraculo (culitren) las primeras pendientes de hierba y la mayoría me imitó. Llegamos al coche ya de noche pero sin problemas. Al final bajar había sido bastante más fácil que subir.
Adrián se vino conmigo en el coche. Mientras bajábamos se nos ocurrió parar a tomar unas cervezas en el bar del camping de San Roque. Soñaba con una cerveza McDougall leyenda. En el bar nos encontramos con otro grupo de espeleos, entre ellos Lorenzo de EspeleoFoto. En el entreacto se nos unió Jara. Cayeron varias cervezas y calimochos que dieron alas a nuestra imaginación. Un momento de genialidades alcohólicas. Poco después conducía suavemente hacia los valles costeros…



4/2/16

A refreshing new world

Fotos: Miguel F. Liria
Texto: A. González-Corbalán




                 Las ganas de explorar se despiertan de nuevo en los exploradores cuando el viento de la inspiración desea soplar vientos favorables. Hacía poco tiempo que Miguel había estado reconociendo, con el joven Mikel, unas viejas conocidas, más poco transitadas, galerías que él suele llamar “de las Zetas”. Y de nuevo se puso, no lejos del balcón que cae de El Patio, muy cerca de unas grietas que se abren en el techo de una gran galería. El deseo de explorarlas creció y se fortaleció. Y el tiempo de reunirnos para ir a hacerlo se hizo huidizo, escaso, parco, o quizás simplemente esquivo. Así pues en vista de la situación que se nos estaba planteando tomamos la decisión de expandir el tiempo. Si el tiempo se hacía escaso nosotros lo íbamos a “expandir”. El método que seguimos fue simplemente añadir un día laboral entresemana a nuestros quehaceres espeleológicos. Eso sí  por la tarde, para evitar el incumplimiento de las tareas y compromisos establecidos contractualmente para con la sociedad.
El jueves por la tarde, a las cuatro y pico, me reuní con Miguel y Mikel el Joven en Ramales de la Victoria. Siempre me he preguntado a que victoria se refiere el nombre de ese simpático y acogedor pueblo. Y hace bien poco me ocupe de enterarme. Previa operación de buceo en internet averigüé, seguramente lo supe cuando estudiaba historia en el bachillerato y más tarde lo olvidé, que dicho nombre se debe a la que se considera batalla decisiva de las Guerras Carlistas, entre liberales y carlistas, sucedida en 1839 en Ramales y en la que vencieron los liberales. El general Esparteros sobre el general Rafael Maroto. Es decir las fuerzas progresistas sobre las fuerzas que defendían los viejos derechos, fueros y prerrogativas.
A pesar de ese loable resultado constato que no se hicieron las suficientes reformas en España después de la victoria liberal. No se barrieron, de una vez por todas, las diferencias, los fueros y los nacionalismos. O dicho de otra forma: esas guerras no consiguieron liberarnos (bien entendido, en el sentido de no dependencia y no en el de borrar nuestras raíces) de nuestro  pasado medieval. Quizás ahora, con este revoltijo político que estamos viviendo, estemos de nuevo a las puertas de una nueva posibilidad  de conseguirlo. Los nacionalismos, que campan por todo el territorio español sin que nadie les pare los pies, llevan con astucia durante las últimas décadas una labor de intoxicación para imponernos un feudalismo estilo XXI. Sería paradójico, y sobre todo trágico, para esas retrógradas facciones que todo su pugna acabase con el resultado contrario al que ansían, es decir con su desaparición absoluta y definitiva por hartazgo generalizado de los españoles. Aquí es necesario decir claramente, nadie debe pensar lo contrario, que sería mucho mejor para todos los españoles que no hiciese falta más guerras para acabar lo que empezaron nuestros tatarabuelos hace tantos años a costa de sus vidas mismas. Mejor que sea el bien de todos, guiado por la razón, quien dicte la trayectoria.


De cualquier forma Mikel, Miguel y yo volvimos a la cueva a mirar la grieta en el techo de la gran galería escalándola con diligencia y empeño. En poco tiempo pasamos del coche  a la boca, y en algo más de tiempo de la boca a nuestra zona de exploración, y en bastante más tiempo de la base de la grieta a su término practicable por humanos. La tarea de escalar dicha grieta fue asumida por Antonio. Se trataba de una escalada bastante sencilla con abundancia de presas grandes y rugosas, casi pinchosas: “Pude poner cuatro seguros sin ninguna dificultad gracias a la ligera taladradora. Por el camino eche un vistazo a un laminador que subía en diagonal. No había nada. Luego seguí escalando en chimenea hasta un pequeño resalte que escalé en placa. Arriba monté una reunión y enseguida subió Miguel. Mientras Miguel aseguraba a Mikel yo me despoje de todos los elementos de equipo, salvo el mono rojo lleno de remiendos, e intente avanzar por la estrecha galería. Pero solo conseguí ir cinco metros más allá de la reunión. Sin desobstrucción no era posible seguir. No soplaba nada de aire. Y tampoco parecía ensancharse”.
Mikel fue recogiendo todos los seguros al subir. Y Miguel monto un tinglado muy económico para rapelar desde nuestro balcón encaramado. Un parabolt con chapa y maillón y otro parabolt con un cordino unido al primero. Funcionó perfecto. Una vez aterrizados volvimos a la carga. Miguel era de la opinión, en contra de la mía, de que el otro ramal de la grieta, en dirección opuesta al que habíamos escalado, tenía muchas más posibilidades de dar continuación. Y tenía toda la razón. Usando el primer parabolt de la escalada anterior Miguel escaló unos metros y flanqueo hacia la izquierda. Se encontró con la base de un pozo reverberante de dimensiones notables, unos 30-40 metros según sus estimaciones. Y lo mejor de todo: con galerías colgadas que se asomaban al pozo a través de ventanas. Nuevos lugares que explorar, nuevos mundos por descubrir.
Fuera de la caverna la temperatura se había despeñado a unos meros 4ºC sobre el punto de congelación del agua. Hacía frío, pero en el coche pudimos calentarnos en breves instantes. A lo largo de la serpenteante bajada nos apeteció dedicarnos a charlar. Le lancé a Miguel, otra vez más, insistentemente, la idea de esquiar en el paraíso de los esquiadores: el norte de Noruega. Pero la charla escoró rápidamente hacia una singladura a las Islas Cabo Verde en un barquito de seis metros. Y hacia la agotadora y estresante atención que deben desplegar los tripulantes de los trimaranes de diseño avanzado. Esos que baten todos los records de velocidad en navegación a vela.
                  Cuando llegamos a Ramales de la Victoria el pueblo estaba iluminado y feliz. Poco después nos despidió a los tres con una breve y enigmática sonrisa casi imperceptible. Tal vez fuera una mera proyección de que dicho signo se había producido en nosotros mismos, tal vez un pálido reflejo de su fugaz paso por nuestros rostros o quizás un espejismo de nuestras mentes. Nunca lo sabremos con certeza.


30/1/16

Espejismo

Texto: Steingrimur Thorsteinsson




Tíbrá
Steingrimur Thorsteinsson  (1831/1913)

Sjái' eg stjarnanna sæg glita bláhimins geim,
yfir grænskóg í náttdaggar þey,
ó, hve langar mig þá upp í alsælu heim
á hins eilífa kærleikans ey.

Því við sólnanna dans, uppi' í himninum hátt,
giftir hana mér eilífðin löng,
sem hér niðri við jörð eg hef aldregi átt
nema í elskunnar draumum og söng.

 Espejismo
por Steingrimur Thorsteinsson

Veo miriadas de estrellas brillando en el azul espacio,
sobre el verde bosque, en el callado rocío nocturno
¡ah!, cómo desearía que trajeran la felicidad al mundo
desde su eterna isla de beatitud.

Así pues bailemos al sol, allá arriba en lo alto del cielo,
que me dio la larga eternidad,
ya que aquí abajo, en la tierra, nunca encontraré el camino
salvo soñando en el amor y cantando.