20/9/16

Sistemáticos2































 




Fotos: Miguel F. Liria
Texto: Antonio G. Corbalan
En definitiva: no podíamos aguantarnos las ganas de saber que había al final de la chimenea que habíamos casi escalado hasta arriba el sábado pasado.  Por eso quedamos el martes por la tarde, para entrar de nuevo a la zona del Patio. A pesar de que habíamos quedado a y media  ambos llegamos a Ramales antes de las cuatro y cuarto. Se notaba el interés que teníamos los dos por ver la continuación, casi la dábamos por  segura aunque…

El laguito estaba casi seco y los goteos del sábado se habían aplacado. Las legumbres que estaba digiriendo  no me ayudaban a subir cuestas ni, mucho menos, a subir jumareando cuerdas. Pero no tardamos más que el día anterior. Esta vez ambos estábamos muy dispuestos a escalar tanto Miguel como yo, pero a Miguel se le notaban unas ganas intensas. Así que fue el que escaló. Yo me dispuse a pasar frío mientras tanto. Sin embargo el hecho de tener que ayudarle, colgándome de la cuerda y saltando, para que pudiese subir el desplome hizo que no pasase el frío que esperaba. En el camino de subida retiro todas las fijaciones salvo las tres últimas
No tardo mucho Miguel en alcanzar el nicho que yo vislumbraba el sábado pasado.  Y en darme la mala noticia de que no había galería. Había que subir un poco más. Y subió galería no había tampoco pero si una grieta ortogonal a la fractura E-W que permitía el paso sin cacharros. Lo dejo para que yo lo intentase la siguiente vez. En el camino de bajada lo retiro todo. Solo se quedo arriba la cuerda anclada a un natural y una chapa y un fraccionamiento. De bajada retiró todas las fijaciones restantes.
En previsión de salir a una hora razonable recogimos e iniciamos la bajada. Por el camino visitamos las prolongaciones de la fractura E-W. De la observación de dichas fracturas saqué una conclusión: de haber alguna continuación o prolongación esta tendrá que estar arriba del pozo. Solo nos queda, por tanto escalar y escalar el pozo central.
Nos paseamos hasta la salida y luego hasta el coche y luego hasta Ramales (no era tarde pero había que trabajar al día siguiente) y luego hasta casa. La desilusión era grande pero no enorme. Quizás habrá que mirar por otros lados. 


 

17/9/16

Sistemáticos

Fotos: Miguel F. Liria
Texto: A. Gonzalez-Corbalán


Contacté con Miguel el mismo viernes, víspera de la salida. Los días anteriores le había mandado unos wassaps pero no habían sido contestados. Luego supe que su teléfono móvil estaba en reparación. Después de algunas consultas quedamos para seguir explorando en El Pozo. Debido a que tenía la cabeza llena proyectos fotográficos no era un plan muy atractivo para mi. Siempre cuesta retomar las cosas difíciles o trabajosas. Pero además es que escalar El Pozo es una de esas cosas que, lo que se dice costar, va a costar mucho, aunque lo de dar algún fruto no tenemos ni idea si lo dará.
A las nueve y media me alcanzó Miguel en una cafetería de Ramales. Al otro lado de la barra estaba la misma joven, guapa y simpática, que otras veces. Creo que esa es una de las buenas razones para que el bar esté lleno de hombres, viejos y jóvenes, tomándose el desayuno. Otra razón es que los pinchos que hay sobre la barra pintan muy bien. Miguel se tomo una cerveza con un pincho y yo un café descafeinado. Tenía unas intensas ganas de defecar (pensé que era debido a las ciruelas julias que había cenado la noche anterior). Aunque también pudo ser el efecto psicológico de tener que seguir escalando El Pozo.
Estaba muy gris el cielo sobre Ramales pero no llovía. Mientras subíamos en el coche de Miguel, Valle de Soba arriba, tampoco llovía. Se puso a llover intensamente en cuanto llegamos al aparcamiento. Me costo mucho esfuerzo mental, aunque poco tiempo, salir del vehículo. Creo que a Miguel también le costó bastante. Previsoramente yo llevaba puesta la ropa de cueva salvo el mono, el arnés y las botas. Y esos atuendos me los puse de tal forma que gaste poco tiempo y poca energía en ello. Y, por consiguiente, me moje poco. Me gusto especialmente la manera en que me puse el mono: con los zapatos puestos. Luego me cambié a una bota y luego a la otra. Pude cubrir con el mono las botas Aigle de caña alta por primera vez y quede muy contento del efecto estético (era la primera vez que lo conseguía). Miguel tenía dos paraguas que usamos para mojarnos menos subiendo a la boca de la Cueva del Gándara. 
El laguito estaba lleno pero no lo suficiente para que naufragasen las botas. Y en la zona de exploración los goteos eran intensos y molestos. Sobre todo cuando una gota te caía en el pescuezo. En un momento nos pusimos el resto del equipo vertical. Miguel comenzó a subir y yo fui detrás de él: pequeña vertical de 5 metros/ base de El Pozo/ tirada de unos 20 metros/ pasamanos hacia el este/ gatera ascendente/ pequeño resalte (por grieta) de unos 3 metros/ tirada de unos 12 metros/ punta de escalada.
La exploración a partir de la punta fue sistemática (primero lo más fácil y luego lo difícil). Lo más fácil y evidente era volver por el espacio que dejaban los bloques hacia el oeste, en dirección a El Pozo. El paso era cómodo y se accedía a un balcón desde el cuál podían plantearse tanto continuar la escalada de El Pozo -por su parte más abierta- como montar una instalación de acceso mucho más cómoda que la actual. Además encontramos un sitio casi plano para las sacas y para nosotros, a resguardo de las verticales, en donde era posible extender el contenido de las sacas. El segundo movimiento fue explorar la zona izquierda de la fisura en dirección oeste -solo requería asegurar un poco con cuerda pero no instalar anclajes-. La fisura se cegaba con bloques pequeños compactados tanto hacia arriba como hacia delante. Y hacia abajo carecía de interés ir. El tercer movimiento requirió prepararse para instalar un pasamanos: taladro, broca, chapas, parabolts, mosquetones, maza, llave, etc. Instalé la cabecera en un gran puente natural. Luego pasé por encima del desfonde y coloqué un anclaje; me descolgué hacia la derecha un poco y coloqué otro anclaje justo antes del estrechamiento de la fisura. Pasar me costo dos intentos y quitarme algún trasto de encima. Más allá se ensancho. Hacia abajo se podía ir cómodamente. Hacia delante nada. Hacia arriba se podía seguir por dos chimeneas estrechas y muy penosas, posiblemente intransitables. Llamé a Miguel para que confirmara mi evaluación. Coincidió conmigo en que no merecía la pena, de momento, intentar las penosas chimeneas. Conseguimos pasar de vuelta la estrechez con dificultades.
Finalmente miramos la escalada directa. Miguel no lo veía nada claro, parecía que la chimenea se cegaba unos quince metros más arriba. Pero a mí me pareció que podía haber algo. Además teníamos que ser sistemáticos. Miguel comenzó a escalar algo a la izquierda de la zona que me parecía más sencilla. Pero era él el que escalaba. Después de una sucesión de esforzados pasos en desplome y de colocar cinco o seis parabolts se quedó sin batería a medias de taladrar un agujero. Descendió y le relevé en la tarea. Cambié su taladro por el mío, tuneado con una buena batería, y cogí todo el material restante. Ascendí de la manera más económica que pude y continué taladrando en el punto que lo había dejado Miguel. Un poco más arriba pude poner un cordino en unos salientes, lo que me permitió subir un poco más hasta poner el siguiente parabolt. Empecé a ver que el final de la chimenea podía ser el acceso a una galería colgada. Posible pero no seguro. Pude poner dos parabolts más, los que me quedaban en la bolsa, hasta que tuvimos que plantearnos que íbamos a hacer. Después de una breve debate sobre el caso concluimos dejar todo tal y como estaba y volver en breve (al subir se podría recoger la mayor parte del material y terminar la escalada sin problemas).
La recogida fue muy rápida y el descenso de El Pozo sin contratiempos. Los chorreos habían aumentado. Ambos pensamos que estaría lloviendo aún más que cuando entramos. Pero no era así. No llovía nada, aunque seguramente lo habría hecho a lo largo del día. En la boca de la cueva nos encontramos a un grupo de espeleólogos, formado por dos hombres y una mujer, que venían del primer vivac. Habían estado localizando el quinto vivac, cercano al Gran Pozo. Mientras Miguel conducía hacia Ramales recibió una llamada telefónica. Había una obra de teatro cerca de su pueblo y si se daba algo de prisa podía llegar para ir a verla. Nos separamos en Ramales y quedamos para volver a terminar la escalada un día de la próxima semana (si las cosas cuadraban). De camino a casa admire el bello atardecer -casi otoñal-. 



10/9/16

Speleo Photo Meeting (Ojo Guareña)


Los horarios se relajaron un tanto en la mañana del sábado. Íbamos a hacer, sin plan de hacer fotos, el recorrido largo de aventura de Ojo Guareña que dura entre tres y cuatro horas. La entrada y salida al complejo es por la Cueva Palomera. La organización de la visita era así:
primera tanda: todos los alojados en las habitaciones de la 1 a la 13; salida en autobús a las nueve y vuelta en autobús como a las dos de la tarde.
segunda tanda: todos los alojados en las habitaciones de la 13 a la última; salida en autobús a las dos y vuelta en autobús como a las siete de la tarde.
A mi me tocó en la primera tanda. Muy conveniente para mis obligaciones, pues debía estar en Santander cuanto antes por la tarde-noche. Me hacía muchísima ilusión conocer, aunque fuera un poquito nada más, el Complejo subterráneo de Ojo Guareña.
El día se presentaba feliz y primaveral. El autobús llego en hora, más de 70 plazas, y la gente se fue colocando donde más le apetecía. Yo en la zona delantera y sin compañero para poder ensoñar conmigo mismo. Pero al cabo de unos minutos se me unió Lorenzo para charlar un poco. Él actuaba como organizador responsable. En una media hora estábamos en la carreterilla de subida al aparcamiento superior que pasa junto a la ermita de San Bernabé. Lorenzo dijo que íbamos a intentar subir con el autobús al aparcamiento de arriba, el conductor paro para preguntarle a un lugareño que tal estaba la subida. Cruzamos el puente estrecho, principal dificultad según el lugareño, y comenzamos las revueltas. La primera, giro a la derecha, se paso sin ningún contratiempo. En la segunda, giro a la izquierda, el conductor se cerró bastante en previsión de no rozar las ramas de una encina. Sin embargo fue un error  importante. De pronto el autobús se quedo atrancado y sin tracción. El conductor bajo, miro y se echó las manos a la cabeza. Luego bajamos dos o tres más. La parte trasera había rozado, de hecho estaba contra el asfalto, y la rueda  delantera derecha estaba en el aire.
Después del desconcierto inicial se desalojó todo el autobús y se subió a unos cuantos individuos pesados en la parte delantera. A continuación el conductor dejo que el autobús fuera marcha atrás hasta liberar bien la parte trasera. Finalmente tomo la curva con un radio mucho mayor abriéndose claramente. Y el autobús paso sin problemas. Aunque algunos optaron por montarse la mayoría, para no tentar a la suerte, decidimos terminar el corto tramo que nos quedaba hasta el aparcamiento dando un paseo. La mañana animaba a hacerlo.
Mientras nos preparábamos se formaron dos grupos que debían estar equilibrados, uno con el guía, en realidad la guía, en inglés y otro en castellano. Me apunte al de inglés porque el ruido humano siempre es más reducido en grupos de no hispanos y también por practicar la audición en inglés. De cualquier forma en ese grupo estaban los franceses y los rumanos con los que me apetecía hablar un poco. Además conocí a Raquel, una medio catalana medio andaluza, geóloga y la mar de interesante que actuaba como ayudante de la guía con el inglés. Ahora no tenía trabajo. Le hablé de los trabajos antropológicos en Sudáfrica para los que habían requerido espeleólogos formados en excavaciones.
Durante el paseo entre encinas hasta la Cueva Palomera tuve ocasión de hablar con Iulian, el rumano. Le hice partícipe de mi opinión sobre las fotos de su equipo: me gustaban mucho porque no solo colocaban al humano como una medida del paisaje subterráneo. Muy al contrario, en sus fotos se trataba de ver la reacciones y emociones del humano en el medio subterráneo. Coincidió plenamente conmigo. 




Llegamos a la verja que protege la boca en un paraje maravilloso. Mientras la guía comenzaba a explicarnos cosas variadas y a hacernos las advertencias oficiales me alejé un poco e hice algunas fotos. Enseguida comenzamos el descenso por un sendero cementado y embaldosado. Después de una zona de escalones desembocamos, previo paso de otra puerta bien cerrada, en una hermosa galería.  Nuestro recorrido, de unos dos kilómetros y medio, discurría primero por la Galería Principal pasando por la Sala Edelweiss. Las lucecitas de todos los visitantes formaban una bonita fila en la oscuridad de la amplia galería. La gente, yo mismo, iba haciendo todas las fotos que podía, siempre a mano alzada.
A la altura de una confluencia de dos galerías grandes tomamos el comienzo del circuito cerrado a mano derecha (la ruta está balizada con catadióptricos para que en una emergencia, si al guía le ocurre algo, los visitantes puedan salir solos).  A menos de 200 metros la luz cenital de la Sima Dolencias empezó a iluminar la galería con una riqueza de formas muy atractiva. Los fotógrafos se entusiasmaron sacando fotos en ese lugar. Aún con la escasez de medios se hicieron muchas tomas.
Luego continuamos por la Galería del Teléfono, en la que hay abundancia de bichos, hasta desembocar en una amplia sala llamada Sala del Cacique. Cuando la guía observaba un bichito colocaba un triangulito blanco en el suelo para avisar. El último en pasar recogía el triangulito. En general la conservación de la cueva es muy buena. Incluso impecable. No hay vandalismo de formaciones, ni grafitis en las paredes, ni basura en el suelo. Los senderos están bastante marcados y fuera de ellos no se nota demasiado la huella. La impresión que me iba dejando la visita era muy buena.
De vuelta de la Sala del Cacique al circuito principal comprobamos que el horario era bueno y que podíamos completar la visita yendo al Museo de Cera. Como su nombre indica hay gran profusión de formaciones clásicas siendo el sitio de mayor abundancia en todo el recorrido. Sobre todo de estalagmitas. Después de hacer algunas fotos en este último lugar volvimos al circuito principal por una galería en que la roca presentaba unas inclusiones clásticas oscuras y muy peculiares. Después de escuchar varias opiniones la guía se quedo un rato con Raquel observando y hablando. Mientras tanto la mitad del grupo se adelanto y se perdió en la oscuridad camino de la salida. Yo me junte con Jean Françoise y fuimos caminando un buen rato solos. Ni los ansiosos, que iban delante, ni los que se habían quedado hablando de los clastos. Fue un momento mágico. La cueva en silencio para nosotros dos. Poco después nos alcanzaron la guía y Raquel con el resto del grupo. Raquel me dijo que eran las conchas de moluscos fósiles que vivían en la arena o el limo y que había quedado atrapados.
El sol estaba demasiado radiante en el exterior y tuvimos que refugiarnos a la sombra de una encina y una furgoneta para cambiarnos y esperar al autobús. Mientras tanto algunos, Rémi y Michel entre otros, fuimos a hacer algunas fotos desde un mirador cercano. El conductor eligió otra ruta más adecuada para un aun autobús tan largo. Durante la vuelta me entro un soñera especial y fui dando cabezazos.  
Cuando llegamos al albergue casi todos teníamos hambre acumulada. Cogí el picnic que tenía guardado en la habitación 11 y me fui a comer a la mesa donde estaban Sergio y Roberto. Comimos muy tranquilos bajo las benéficas sombras de los árboles. Después charlé un buen rato con Roberto acerca de las dificultades y de los eventos de estos días. Se le notaba bastante cansado. A él, a Sergio, que andaba editando un video a contrareloj, y a Lorenzo también. Me despedí de ellos con algún medio proyecto en ciernes para octubre y me embarque en el coche con música y aire acondicionado. Disfruté mucho de la conducción al bajar desde el Puerto del Escudo a la costa. Salirse de las carreteras buenas y de las autovías para disfrutar del paisaje se ha convertido en un raro lujo porque siempre vamos sin tiempo a todas partes…           



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9/9/16

Speleo Photo Meeting (El Soplao)




La mañana se planteaba igual que la anterior, más o menos, pero cuando me reuní después del desayuno con los guías de la Cueva del Paño, a la cual estaba asignado, me di cuenta de que había overbooking de guías y de que no eran necesarios mis servicios en esa cueva. Cueva que, por otra parte, había visitado no hace mucho aunque no recordaba con suficiente detalle para asesorar dónde se ubicaban los mejores puntos para tomar fotos. Así que me acerqué a Roberto y le dije si podía ir a El Soplao con ellos. Era mi oportunidad de ver de nuevo algunos lugares que no esperaba visitar nunca más. Roberto me gestiono una plaza en la furgoneta de una pareja alemana, Helmut Pöltzsch y Michele Carmen, que iban como fotógrafos.
El viaje aunque algo largo en kilómetros se hizo corto gracias a que la mayor parte se desarrolló por autovías: Soncillo-Pantano del Ebro-Reinosa-Torrelavega-Roiz-La Florida-El Soplao. Michele Carmen, realmente francesa y con un buen castellano, me puso al día de la situación social y laboral en Alemania. No es oro todo lo que reluce allí. Hay problemas económicos y el nivel de vida es claramente inferior al de hace unos años.
En el aparcamiento de El Soplao se hizo la distribución de guías y se insistió en el planning de zonas-horarios de los fotógrafos: David Bunnel, Michael Schopper, Helmut Pöltzsch, Katsuji Yoshida y Simon Primozic. Se me asigno al fotógrafo alemán Michael Schopper.  Pero también venían otros dos guías.  La situación fue algo confusa en algunos momentos debido a que las áreas de foto se subdividían a su vez en subzonas. Y, claro, había que mover a los fotógrafos para que conocieran todos los puntos y fotografiasen lo que estimaran oportuno. Todo con tiempos acotados.  Ciertamente el planteamiento de los tiempos chocaba un poco con lo que entendemos por creatividad. Pero afortunadamente hubo tiempo para todo. De vez en cuando nos cruzábamos con un grupo turistas en la visita de aventura de El Soplao. En esos casos debíamos apartarnos y dejar la prioridad a dichas visitas. De esta forma fuimos visitando El Campamento, El Bosque, El Órgano y La Coliflor. En este último lugar me entretuve sacando algunas fotos macro con iluminación sencilla.
Más tarde, guiados por Miguel, hicimos un movimiento largo hasta la Galería de la Sirena, sitio que yo había visitado en muy raras ocasiones. El camino discurría por un entramado de cueva y mina con lugares muy notables. Cuando llegamos los japoneses habían acabado y estaban recogiendo. La estancia en este lugar me permitió comer, dar un paseo por los alrededores y dormir la siesta. Finalmente volvimos sobre nuestros pasos. Volvimos todos menos Miguel, quien se quedo allí esperando al último grupo. Aunque yo no tenía muy claro que se quedase él allí tan solo.
Durante la vuelta actué como guía de hecho y, sobrepasando El Campamento, llegamos hasta la frontera de la zona turística iluminada en donde se encuentra el Falso Techo. El lugar más emblemático de El Soplao. Mientras Michael tomaba fotos y más fotos a Tanja en el paisaje subterráneo yo hice también algunas fotos de recuerdo y me dediqué a la contemplación. Una hora y media debimos estar allí. Finalmente salimos de los primeros. En la Galería Gorda estaban muy avanzados los preparativos para el concierto que se iba a celebrar a las ocho. En la galería de acceso a la cueva nos encontramos a varios músicos. Uno de ellos me dijo que el concierto era de Bertín Osborne.
Fuera el tiempo estaba espléndido y primaveral. La tarde avanzaba. Los alemanes desaparecieron en el bar para tomar café y hacer compras, tiempo que aproveche para disfrutar del ambiente y hacer una llamada. La vuelta, sin contratiempos, fue feliz y rápida aunque en algunos momentos me pareció que Helmut corría más de la cuenta. Cene con hambre de verdad, más copiosamente de lo que suelo hacerlo. Después de una breve sesión de visionado de fotos y de enterarme cómo se organizaba, el sábado, la visita a Ojo Guareña me acosté rapidamente para dormir todo lo que diera tiempo. También los eslovenos estaban acostándose y, Simon y yo, coincidimos en que dormir es muy importante (the most important job is to sleep…).       

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8/9/16

Speleo Photo Meeting (Covanegra)




Roberto me había invitado al encuentro de fotógrafos de cuevas que iba a tener lugar en Soncillo entre el 4 y el 11 de septiembre. Le dije que iría a echar una mano los días 8, 9 y 10.  En realidad sólo el 8 y el 9 había tarea pues el sábado 10 estaba organizada una visita a Ojo Guareña. El miércoles 7 de septiembre al atardecer subí desde la costa cantábrica a Soncillo por el Puerto del Escudo. Llegue cuando estaban ya casi a punto de cenar. Roberto estaba en la oficina junto con Lorenzo y Sergio. Les salude y me hicieron un resumen de lo que se estaba haciendo y, sobre todo, de lo que íbamos a hacer al día siguiente. Mi habitación, compartida con los eslovenos del grupo de Simon Primozic, era la 11. Pague el alojamiento y luego me di una vuelta con juna cerveza en la mano hablando con los conocidos que recordaba y también con los que me recordaban aunque yo no recordase. Una nueva prueba de mi débil memoria para los nombre y las circunstancias.
 La actividad era frenética por doquier y todas las zonas sociales del albergue estaban inundadas de fotógrafos y de fotos. En muchas mesas se disponía de ordenadores portátiles para procesar fotos y había corros en donde se comentaban todo tipo de cosas. Un ambiente excelente como caldo de cultivo para la inspiración o, sencillamente, para aumentar las ganas de hacer fotos. Según el programa de trabajo establecido estaba yo en el listado de “guías” de la Covanegra para ayudar a Katsuji Yoshida o a Cristian Tzecu o al grupo de Jean F. Fabriol/Rémi Flament/Michel Bouthors. Como mis recuerdos de la Covanegra no daban para ser “guía” de nadie me agencie una topografía que añadida a lo que recordaba de la cueva me permitiera actuar como “guía”. En realidad yo había visitado la Covanegra al menos dos veces en mi vida, pero la última ya era un borrón en la memoria.
Las sucesivas alarmas del reloj de uno de los eslovenos seguidas de su vuelta a la cama sin más me exasperaron (can you stop that sound…!!?) Con un poco de caos post-desayuno pude hacer mi saca, recoger el picnic y colocarme en la zona de encuentro para Covanegra. Me transportaron en uno de los coches de la organización, creo que el de Sergio, hasta las inmediaciones de Covanegra. Una vez en el aparcamiento se les dijo a todos que pusieran sus sacas en el coche de la organización y que subieran andando la pista hasta la boca. Esa pista no es apta para turismos normales, sólo para los robustos, o los vehículo todo terreno. Salvo el conductor del coche robusto todos fuimos dando un paseo de quince minutos hasta la boca de la sima.  Así conocí a Iulian Neagu del grupo rumano quien me conto que era arquitecto de software. Me pareció un hombre encantador con una gran sensibilidad.  En la conversación se introdujo Jean F. Fabriol al escuharnos hablar de matemáticas y de Madrid. Un hombre singular y un pozo de experiencias vitales.
La instalación de las dos líneas de bajada de la sima corrió a cargo de Marcos. Una línea tenía todos los fraccionamientos sencillos de pasar y la otra tenía uno en volado. Como era previsible que hubiera gente de todos los niveles se intento que la instalación fuera lo más cómoda posible. Ya abajo me aposente y me dispuse a hacer alguna foto con la Nikon compacta y un flash mientras los japoneses trabajaban. Al cabo de un tiempo largo pero no infinito los otros organizadores que andaban por allí, sobre todo Sergio, comenzaron a inquietarse por el retraso del grupo japonés de Katsuji. Yo le comuniqué a través de la ayudante Yuriko la necesidad de moverse si querían hacer fotos en otros puntos de la cavidad. Pero Katsuji y su equipo tenían el espíritu de una pirámide de bloques pétreos que cuando se asentaba echa raíces… Mientras tanto yo seguía haciendo fotos sencillitas. Finalmente, pero con cierto retraso, se pusieron en movimiento.
La primera parada fue en el punto en que se ve la zona de entrada enmarcada en la gran galería rectangular que se adentra. En este caso no tardaron mucho en realizar unas cuantas tomas. Cotinuamos por la sucesión de verticales y pasamanos instalada por Marcos. Finalmente aterrizamos en una zona en que la belleza de la cueva es uniforme. El caso exigía tomar una decisión acerca de donde tomar fotos. Yuriko me pregunto y yo le dije que a partir de aquí hasta el final todo era “bonito” (from here to the end the cave is beatiful, you can take photos where you want...) Pararon junto a un panel abarrotado de corales y se concentraron como japoneses. Katsuji daba órdenes en vos queda y los tres ayudantes respondían con diligencia. Podían permanecer en la misma posición media hora sin pestañear repitiendo o depurando una toma.  Mientras yo me admiraba.
Había habilitado el reloj que me regalaron en el homenaje por la jubilación, con su pila nueva y su bolsa, como reloj de “cuevas” para las estancias de varias jornadas o las necesidades de las incursiones de un día. Cuando marcaba las tres menos cuarto, y tocaba ir recogiendo, llego el grupo francés guiado por Marcos… eran las cinco. El reloj era un patata y se había retrasado más de una hora a pesar de que lo puse en hora por la mañana. Para posteriores necesidades tomé la decisión de comprarme un reloj automático de calidad. De momento tomamos la decisión de intercambiarnos: Marcos se quedó con los japoneses mientras recogían y yo me marche con los franceses. Marcos había realizado la instalación y sabía lo que había que recoger.
La marcha con Jean Françoise, Rémi y Michel fue rápida hasta las cuerdas. Allí descubrí que Jean Françoise solo podía llevar un peso escaso y que tenía problemas de fuerza y precisión en sus movimientos. Mientras Michel se quedaba ayudando un poco a Jean Françoise yo me adelante con Rémi y una de sus sacas para ir adelantando. Les esperamos en un punto en que había posibilidad de dudar y luego continuamos. Enseguida llegamos a las cuerdas finales y la galería rectangular. Yo me aposente de nuevo en la base de la sima a esperar los eventos. El grupo de los tres fotógrafos franceses se dedicó a fotografiar la entrada y los japoneses llegaron pero se demoraron con nuevas tomas. De los rumanos no sabía nada aunque andaban por allí también.
Cuando todos los japoneses, y alguno de los franceses, salieron subí yo dejando la saca colgada de la cuerda para que deslizase bien el croll. Arriba estaba Marcos bebiéndose una botella de vino. Tras preguntar a Yuriko me fui con ellos en su coche al albergue. Ana (del Trasmiera) me dejo una toalla ya que el albergue no las proporciona. Despues de las cervezas y la cena Michel Bouthors me enseño alguno de los trabajos de su grupo y me conto de alguno de sus viajes. Magníficas fotos. Me fui a la cama temprano porque en el meeting se madrugaba bastante.   



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13/8/16

Interior y Tímida (Jugando al Escondite)


A mediados de agosto estaba de vuelta en Santander trás un viaje por el norte de Europa. Nuestra estancia en Estocolmo y, después, en Finlandia había sido como un soplo de aire fresco, literalmente hablando también, en la viciada atmósfera hispánica. Las sesiones fotográficas del mes de julio habían quedado atrás y una energía renovada me empujaba a realizar nuevas sesiones. Algo antes de iniciar el viaje había hablado con Jara de este proyecto, quien se mostro entusiasmada de participar. Así que aprovechando que había una concentración/convocatoria de espeleólogos el sábado 13 de agosto en Bustablado hablé con ella y no sólo le pareció bien, sino que consiguió implicar a dos amigos, Ruben y Logan, como ayudantes. Además se curro el conseguir dos o tres trajes y zapatos para la sesión.
La cueva escogida era fácil, corta y bonita: La Buenita. A pesar de que yo había entrado en La Buenita hace muchos años no recordaba donde están las excéntricas. Sin embargo Marta se ofreció a guiarnos hasta la zona y, de paso, a realizar una revisión de los bichos caídos en las trampas. Marta está realizando un proyecto de investigación sobre artrópodos cavernícolas. Quedamos todos a las 10 en el Bar La Gándara. La que primero llego fue Marta que me acribillo a preguntas sobre fotografía. Yo estaba algo parco de palabras pero alguna pregunta contesté. Al cabo de un rato llegaron Jara y sus amigos.
Nos preparamos en pocos minutos, ya que había poco que preparar, y Logan, que iba en manga corta y pantalón corto, cogió una saca para ayudarme. Marta nos guió a través de la galería de mina de entrada y luego por la escalerilla y las grandes galerías. Le costo un poco encontrar la zona de las excéntricas pero al final lo consiguió. Por el camino nos enseño una zona de formaciones clásicas -muy atractiva- y varias trampas de bichos. Estaba empezando a tener prisa por llegar porque sabía que nos esperaban largas tandas de fotos y la mañana se estaba evaporando. Pero por fin llegamos.
Lo primero fue ubicar un lugar para extender las cosas y que Jara pudiese cambiarse de ropa. No fue difícil ya que la sala es amplia. Demasiado amplia para iluminarla toda. Primero hice pruebas de enfoque e iluminación con Marta. Mientras tanto ella seguía haciéndome preguntas. Estaba claro que deseaba participar activamente en el trabajo. Cuando vio que la cosa se ponía muy pesada opto por ir a realizar la recogida de trampas.
La primera tanda fue con el traje negro bajo las excéntricas blancas. Después de un buen montón de fotos cambiamos al traje de flores y más centrada en la zona de excéntricas.  De vez en cuando se organizaba un guirigai porque todos trataban de dar instrucciones a Jara. Pero la instrucción principal era la siguiente: no se trata de conseguir poses sexys que provoquen a los tíos sino de expresar la paz o el placer interiores que provoca la belleza del mundo subterráneo. Sin duda infinitamente más difícil que provocar a los tíos (para lo cual no hay que hacer practicamente nada).
La siguiente tanda fue con el traje azul al borde del (un) abismo. En esa tanda nos entusiasmamos mucho, pero también empezamos a hartarnos de la zona. Así que recogimos todo y nos fuimos a la zona de formaciones clásicas. Los ayudantes desaparecieron aburridos de tanta foto y tanta pose y nos quedamos Jara y yo solos. Posiblemente fue el mejor momento para que ella expresara su creatividad. Sobre todo jugando al escondite con los fantasmas. El mundo subterráneo como terreno de juego de nuestras fantasías surrealistas.
Después de recoger todo tardamos menos de diez minutos en salir. Mientras acababan de cambiarse me acerqué al bar La Gándara y pedí una pinta de cerveza para matar el rato. Una hora más tarde me di cuenta de que no iban a venir nuunca porque se habían ido a Bustablado. Conduje hasta allá en un estado de felicidad notable y allí me los encontré en uno de los dos bares. Cayeron un par de cervezas más. Vimos las fotos en la pantallita de la cámara. 
Era temprano y, previsiblemente, la barbacoa no iba a empezar antes del atardecer. Así que me despedí de todos ellos (de los que estaban y de los que no estaban)  y me fui a Setien en donde me esperaba una gran reunión familiar.  Había sido una sesión memorable.



10/7/16

Colonial y Proletario


Unas cuantas llamadas telefónicas permitieron ajustar la visita a la Sima de la Higuera para el domingo 10 de julio. David podía, su trabajo es muy intenso durante el verano, y J.Carlos de nuevo se ofreció como ayudante después de la sesión del jueves. Además hubo que gestionar mediante emails el permiso para la Sima de la Higuera. Se trata de una de las cavidades más valiosas del territorio español. Finalmente, gracias a Andrés Ros, no hubo ningún problema en la obtención de los permisos. Además, gracias a la generosidad de Mavil, pudimos conseguir todo el material necesario para la sima: unos 100 metros de cuerda (80+20), más de 20 mosquetones y chapas. Por suerte las chapas no fueron necesarias ya que la instalación de acero inoxidable esta puesta en fijo (parabolts y chapas).
Actualmente el mejor acceso a la sima discurre por un corto sendero que crestea el monte, al sur de Pliego, en donde se encuentra la boca. Casi al final la senda baja unas decenas de metros hasta alcanzar la verja de entrada. El paisaje hacia el norte, atormentado por los vientos que vienen del Sahara cargados de polvo amarillo, me inquietaba. La higuera seguía allí, dándonos su maravillosa sombra, a pesar de la intensa sequía. Y sus raíces viajando hasta el fondo de la sima. Abrimos la verja con la llave que nos habían proporcionado en el bar de Pliego.
En pocos minutos pude instalar los pozos ya que todo está puesto en el lugar obvio y adecuado y no hay duda en cuanto a su seguridad. Detrás de mi bajo J. Carlos y cerrando el trío venía David. Los días anteriores había dudado de la conveniencia de ir con J.Carlos a la sima debido a su falta de experiencia en verticales reales (es decir que no sean zonas de prácticas en el exterior; la opción que estuvimos barajando fue la Cueva del Farallon/Bosque de las Espadas). Sin embargo todo se desarrolló sin contratiempos: J.Carlos está deseoso de aprender.
Cuando llegué abajo me despoje del equipo vertical y espere en completa oscuridad. Es gratificante poder encontrar un lugar fresco, sombrío y silencioso hoy en día. Mis compañeros llegaron en breves minutos y también se despojaron de los cacharros. Siguiendo la magnífica y robusta balización que han realizado los murcianos llegamos en pocos minutos al lago y a la Sala del Paraíso. Como siempre, y a pesar de las numerosas ocasiones en las que he estado, la Sala del Paraíso me produce una sentimiento de auténtica maravilla. Es algo reverencial y religioso. No cabe duda de que estamos ante uno de los paisajes subterráneos más singulares que alberga el planeta Tierra.
Mientras David y J.Carlos asentaban todo en un punto adecuado para cambiarse de ropa y extender las cosas yo dispuse los flashes para una primera tanda. Después de unas cuantas pruebas tuve que cambiar baterías a dos flashes y cambiar de posición a uno. Comenzamos la primera tanda de fotos con el traje claro y el sombrero, un aire colonial, entre el bosque de aliens. Una vez hechas suficientes fotos con ese traje pasamos a realizar una segunda tanda en la misma zona pero con el traje oscuro y la gorra. La gorra le daba a David un toque proletario. En un momento dado decidimos prescindir de la chaqueta y usar solo chaleco. Más proletario aún. David podía mantener una expresión determinada durante largo tiempo. Pero me decía que echaba en falta algo de orujo o ginebra para coger el punto...  Finalmente nos trasladamos a la zona de las nubes para una última sesión con el traje oscuro solo con chaleco.
La salida fue en el mismo orden. J.Carlos ascendió sin problemas. David se encargo de desinstalar. Fuera nos esperaba un horno seco. Entre las cuatro y las  cinco aterrizamos en la Plaza de Pliego. El bar donde íbamos a devolver las llaves estaba todavía cerrado así que nos fuimos a beber algo fresco en otro sitio (había que programar los recorridos por las calles para eludir el sol). Poco después nos despedíamos. Cada uno hacia su casa con el aire acondicionado a tope. 




7/7/16

Devota y Mariposa


Mientras en el norte de España las exploraciones  subterráneas continuaban impulsadas por el buen tiempo, las vacaciones y los campamentos de verano, aquí en el sur el sol hacia estragos en el ánimo de todos. Mavil acababa de ser hospitalizado para una intervención en una vértebra que le pinzaba el nervio ciático. Su amarga estancia en el Hospital de Molina se desarrollaba a primeros de julio. Juan Pablo Solvez le acompañaba en el trance ayudándole en todo lo que podía. Me fui a verles, previamente había hablado con ellos, una tarde en que las calles de Alguazas eran un horno. La ventaja de ir a verles a esa hora era que el Hospital disponía de un maravillosos aire acondicionado. Por supuesto era muy importante dejar el coche a la sombra sopena de encontrárselo inhabitable a la vuelta.
Habían bajado al quirófano a Mavil. Mientras tanto le plantee a Juan Pablo la posibilidad de hacer una sesión fotográfica con alguna, o algún, modelo en los próximos días. Enseguida pensamos en Esther, de Hellín, y en David, el Bicho para los amigos. Tras un unos cuantos wassaps y algunas llamadas quedamos emplazados con Esther de modelo y J.Carlos de ayudante para la tarde del jueves 7 en Fortuna. El objetivo era la Sala de las Excéntricas del Solins. Mientras tanto subieron a Mavil a la habitación. Se encontraba bastante bien. El medico dijo que la operación había salido perfectamente.
La tarde del jueves pasé por casa de Mavil, recogí a Juan Pablo y nos reunimos en el centro de Fortuna con Esther y J.Carlos que habían llegado desde Hellín. Eran las seis de la tarde y el calor todavía apretaba. Después de tomar unas coca-colas para espabilarnos condujimos con calma hasta Las Casicas. La pista del Solins permite aparcar muy cerca de la entrada de la cueva. Sin embargo tardamos algo más de lo usual debido a que Esther tenía puesto un tornillo en el pie, producto de un accidente, y estaba convaleciente de otra operación más reciente. Fue muy valiente por su parte ir a meterse en una cueva para actuar como modelo. De cualquier forma fuimos subiendo por la ladera de pinos siguiendo la senda lo mejor que pudimos hasta la boca de entrada. Hacía más fresco dentro que fuera lo cual fue de agradecer.
A unos 30 metros de la entrada encontramos la mayor colonia de opiliones que haya visto jamás en ninguna cavidad. Formaban una masa compacta en un rincón de la galería. Pero no teníamos ni tiempo ni ánimos para comenzar a fotografiarlos. Debido al número de años que habían pasado desde la última vez que estuve en el Solins me despiste un poco y tuve mis dudas. Pero fue menos de un minuto el tiempo que perdimos en esas dudas. Pasamos todas las galerías y estrecheces sin pausa. El paso más estrecho estaba claramente “ensanchado”. Ya no es una estrechez, simplemente es una zona un poco más estrecha. La gatera de barro si me pareció tan pesada como siempre. Pero era lo último que había que luchar y desembocamos, sin más contratiempos, en la Sala de las Excéntricas.
Lo primero que hicimos fue asentarnos en un lateral. Luego dispuse los flashes. Prácticamente no los toqué en el resto del tiempo. La primera tanda de fotos fue bajo el conjunto de excéntricas con el traje de colores claros. La segunda tanda fue en el mismo lugar pero con el traje negro. La tercera y última tanda fue entre las estalagmitas con el traje negro y actitudes devotas o religiosas. En general todo fue muy bien. Lo más difícil fue que la modelo encontrase su propia expresividad.
Nuestro recorrido de salida fue más rápido que el de entrada. En total fueron unas seis horas de coche a coche. Eran más de la una de la madrugada. A pesar de las ganas de tomar algo y charlar todos teníamos que hacer cosas al dái siguiente. Esther y J.Carlos tomaron rumbo a Hellín y yo lleve a Juan Pablo a casa de Mavil. La noche estaba preciosa y me sentía satisfecho con la sesión realizada.


25/6/16

Crear una Entrada

Afternoon Stroll

Hacía meses que estábamos intentando quedar de nuevo para hacer alguna actividad espeleológica. Finalmente coincidió que el 25 de junio él podía y yo estaba en Cantabria. La pregunta que nos planteamos de inmediato César y yo fue ¿a donde vamos a ir? ¿a continuar con las pequeñas exploraciones del Gándara? ¿a acompañar a otros grupos en sus exploraciones? ¿a hacer turismo espeleológico? ¿a hacer fotos? Enseguida caí en la cuenta que esas opciones no eran muy atractivas. O no tenían gancho para alguien que sale poco, mejor dicho poquísimo, o, por otra parte, no iban a tener continuidad. Nuestras salidas son demasiado esporádicas e impredecibles como para enmarcarlas en proyectos que se están desarrollando de forma continuada y progresiva. Sería poco satisfactorio plantear nuestras escasas salidas así. Se me ocurrió la idea de retomar alguno de los viejos proyectos aparcados y planteárselo a César. La idea era que lo tomáramos como un proyecto en común a desarrollar en nuestras salidas. Eso le daría un gancho especial a esas salidas y además formarían un continuo a desarrollar entre los dos. Incluso quizás más gente podría unirse.
A lo largo de los 90, cuando mi compañero habitual era Guillermo, hubo una época en que le puse mucho empeño al Sistema de los Cuatro Valles. El conocimiento del Sistema de los Cuatro Valles era un bonito proyecto. Entré numerosas veces a la Hoyuca, al Hoyo de la Reñada (Cueva Riaño), a Cueva Llueva y al Carcavuezo. A éste último entramos el 8 de septiembre del 98 y después de dar muchos tumbos, sin topografía y por pura intuición, alcanzamos algunas grandes galerías de Llueva. Supimos que eso era así porque encontramos el Rinoceronte de Llueva de forma casual. Anteriormente habíamos entrado el 23 de noviembre del 97 pero en esa ocasión el nivel del agua en la zona activa nos disuadió rápidamente de seguir en la cavidad. No debe olvidarse que el Carcavuezo es el sumidero activo de las aguas de Matienzo. Cuando entra en carga las aguas inundan muchas galerías por completo en varios niveles.
Esta vez confiaba en acordarme de la entrada, no nos resulto nada evidente en aquella época, y en avanzar fácilmente gracias a la excelente topo publicada en la web de Matienzo Caves. Sin embargo cuando mire las fotos en dicha página me di cuenta que la boca se obstruye casi todos los años por troncos, madera y basura. Los ingleses se lo tienen que currar muy a menudo para poder entrar de nuevo. Por otra parte no reconocí en las fotos el lugar por el que Guillermo y yo entramos. De todas formas confiaba en encontrarlo sobre el terreno. Pero cuando llegamos al lugar no me acordaba de donde estaba la entrada que usamos Guillermo y yo. Miramos lo que me pareció más familiar pero no encontramos paso aunque se movía aire. Pensando que la entrada estaría obstruida por ramas y troncos iniciamos en tres sitios diferentes penosas desobstrucciones de materia vegetal, piedras y basura. Aunque en dos de los tres casos soplaba aire no obtuvimos éxito en ninguno. Había algo que no cuadraba. De pronto, como en otras ocasiones me ha pasado, abandone las ideas preestablecidas y deje de trabajar. Me fije en una grieta que había mirado César al principio sin ver nada especial. Al asomarme percibí mucho aire y las paredes muy sobadas por el paso de espeleólogos. Bajando la grieta se abría un ensanche y en dirección este dos galerías. Solo había que mover un tronco. Hecho esto no tuvimos ningún problema en acceder a una galería en forma de ojiva que nos llevo a un resalte de tres metros. Para bajarlo fijamos una cuerda en un anclaje natural. Nos extraño mucho que no hubiera ningún anclaje puesto por los espeleólogos ingleses. Sin embargo lo que más nos extrañó fue que en la estupenda topografía que llevábamos no cuadraba en ningún lugar la entrada que estábamos usando. Parecía como si hubiéramos creado una entrada.
Avanzamos por una galería más o menos cómoda buscando el acceso al río. Me acordaba vagamente de ese acceso. El hecho de no saber donde estábamos en la topo le restaba mucho valor. Después de dar unas vueltas conseguimos encontrar las grietas de acceso al río. Una cuerda quitamiedos nos confirmo que íbamos por el buen camino. Como no me parecía muy claro el laberinto de recovecos entre grandes bloques empezamos a poner catadióptricos para no perdernos a la vuelta. En un mal momento se me cayo la topo al río. Pensé que el río la arrastraría o que, en el mejor de los casos, se empaparía pero no fue así. Para recuperarla tuve que destrepar deprisa unos metros entre bloques. Con gran alivio la recupere y pude tenerla en mis manos de nuevo. Tuve la misma sensación que un naufrago agarrándose al salvavidas. Sin embargo en este suceso hubo algo positivo: al bajar al río me pareció más o menos reconocible en la topo el punto en el que me encontraba. Una esquina en que el río, avanzando por zonas de aguas profundas, se separa de una galería con caos de bloques. Me lo callé para no crear demasiadas expectativas de éxito.
Avanzamos por una zona superior y encontramos otra cuerda para bajar un resalte, lo que pareció confirmar el camino correcto. Más allá nos entro hambre y paramos a tomar algo. De nuevo nos pareció que sabíamos donde estábamos. Algo más allá nuestra confusión aumento. En la dirección en la que íbamos la galería se obstruía. Volviendo atrás una grieta casi vertical, y con muy mala pinta, se veía sobada y canalizaba un poco de aire. César subió un poco pero se atasco con un bloque sospechoso. Me dejo intentarlo y pasando el bloque vi que había un hilo guía más arriba. Siguiendo el hilo por la grieta y delizandome por un caos de bloques desemboqué en una galería cómoda. Estaba en Afternoon Stroll.
          Por fin estábamos en el buen camino. Para celebrarlo hicimos una foto con doble flash. Como había llevado la cámara antigua las cosas no funcionaron como debían, aunque al final a trancas y barrancas hicimos la foto. A partir de este punto todo fue un camino de rosas con alguna que otra espina.  Red Column Chamber, Chasing the Dragon, Keep right for smack y El Rinoceronte. Un poco más allá de Andy Quin’s Foot nos paramos a descansar. César quería volver ya, pero a mi me quemaba ver la conexión hacia Rocky Horror y me sentía con fuerzas para seguir. Me adelante hasta Big Balls Corner y la estrecha galería de conexión hacia la zona de Rocky. Satisfecho con las comprobaciones volvía a donde me esperaba César. Por lo menos había tardado media hora. Ahora yo también tenía la sensación de estar cansado.


El Rinoceronte

La vuelta nos costo mucho. La torpeza debida al cansancio nos dificulto los pasos y nos ralentizó bastante. Los catadióptricos se mostraron llenos de utilidad pues a la mínima dificultad nos surgían dudas. La puntilla final fueron las estrecheces -que ahora debíamos subir- y las grietas de salida del río.
Atardecía. Nos quitamos toda la ropa húmeda y los calcetines mojados (por algunos pasos profundos en el río que me llenaron las botas de agua) y nos pusimos ropa seca. Y luego nos fuimos a cenar tranquilamente en mi casa. En global había sido una buena salida a pesar de, o quizás gracias a, todas las dificultades que habíamos tenido que salvar. César había sospechado desde el principio que le iba a llevar a un arrastradero y creo que ahora en retrospectiva se debatía entre valorarlo como un arrastradero o el fascinante laberinto de los Cuatro Valles. Quizás sea las dos cosas a la vez. 
 



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