27/1/18

Mal momento




Volver al Gándara era la idea. Volver a hacer con Miguel un poco de espeleo. Volver a zonas poco conocidas. Decidimos visitar de nuevo un agujerillo cercano a la entrada en el que habíamos estado hace más de cinco años.
Al principio íbamos a ir sólo Miguel y yo pero se nos sumaron dos amigos suyos: Jón, bombero de profesión, y Arkaitz, de profesión maestro. Quedamos en Ramales bastante tarde. Aunque el tiempo era muy amenazador y frío nos respeto durante los preparativos. Lo que no nos respetó en forma alguna fue el prado estercolado en el que se encuentra la entrada de la sima, el barro acumulado en las rampas de entrada, la corriente heladora procedente del exterior y las pequeñas duchas y esconrrentías que dominaban el panorama. Por lo demás el itinerario era evidente.
            Más tarde nos encontramos una zona estrecha, bastante larga, que parecía difícil de pasar. Me preocupaban las tres sacas con cuerdas, material fotográfico y material para balizar. Esto último por si veíamos alguna zona frágil en que fuese conveniente delimitar un sendero. Hay que recordar que en los suelos de las cavernas hay mucha información científica (polen fósil, restos óseos, formaciones arcillosas, restos arqueológicos…) que puede ser esencial para la investigación. De cualquier forma la poca experiencia de los amigos de Miguel unido las dificultades de la zona y a la pesadez de las sacas no me daban muy buena onda.
          Sea como fuere conseguimos pasar las estrecheces, Miguel nos animaba bastante, y accedimos a una zona de galerías medianas. Aunque estábamos bastante mojados en esa zona no se percibía ya ninguna corriente de aire. Avanzando hacia el oeste, más o menos, pronto alcanzamos una zona estrecha llena de barro y agua que dadas las circunstancias decidimos dejar para otra ocasión. En dirección opuesta encontramos algunas interesantes galerías. Desgraciadamente para seguir había que pasar por debajo de una ducha helada. Miguel proponía continuar y yo salir tranquilamente. Una alternativa era que Jón y yo saliésemos mientras Miguel y Arkaitz echaban un vistazo. Sin embargo prevaleció salir cuanto antes.
            Por desgracia las estrecheces, que al entrar pillaban de bajada, al salir pillaban de subida.  Esto nos entretuvo varias horas ya que las sacas se convirtieron en un problema añadido nada despreciable. Además la mojadura y el frío fue aumentando de tono por las esperas y el contacto con las paredes. En definitiva algo bastante desagradable.
            A las seis, más o menos, estábamos de nuevo cambiándonos en el coche y a las siete nos precipitamos sobre los radiadores del bar Coventosa, ansiosos por recuperar algo del calor corporal que habíamos perdido a lo largo de la jornada. Comimos una comilona. En particular mi merienda-cena consistió en cocido montañes, chuletas de cordero y martinis. Me quedé con hambre. Luego volvimos, ya más calientes, a meternos al coche. En cuanto a la charla que mantuvimos solo decir que la cuestión principal consistía en averiguar si Jón y Arkaitz volverían a hacer espeleo (con o sin nosotros). Según Jón él va a volver a ese agujerillo. Según Arkaitz él prefiere hacer espeleo más divertida. Según Miguel y yo creo que volveremos a ese agujero cuando el tiempo acompañe…     
  


20/1/18

Cueva Equis


Ese día estuve indeciso y remolón al despertar. A mi parecer habían quedado muy temprano para la actividad prevista. Una cueva de unas dos o tres horas y a quince minutos andando desde el coche. Para luego, a las tres de la tarde, ir a comer en un restaurante situado justo al lado del aparcamiento. Y yo me preguntaba que para qué era necesario quedar a las ocho y media. Sumando tres horas de cueva y una hora de preparativos y caminatas daban cuatro horas. Con tal de estar a las diez en la Molinuca nos iba a dar tiempo de sobra. Así que me lo tomé con mucha calma. Llegamos tarde a la primera cita, ocho y media, y a la segunda también, nueve en la Casa Azul. Y llegamos tarde a los preparativos. Menos mal que Paco se apiadó de nosotros y nos esperó con un grupito del SCC, Julio, Lucy, Nano, … para indicarnos por dónde se iba a la cueva.
El día estaba primaveral en las cercanías de Panes, Valle del Cares. Pero todavía hacía un poco de fresco que invitaba a caminar. Con la presión de que todos nos tuvieran que esperar, ser los últimos, en menos de cinco minutos Marisa y yo estábamos ya en marcha. Una cómoda pista hormigonada nos condujo directamente hacia la Sierra de Cuera. La pendiente era fuerte pero pocos minutos después nos encontrábamos en la boca de la cueva. Aproveché la ocasión para disparar varias fotos a traición en el tumulto que se había formado en la boca.
El tránsito dentro de la cueva era cómodo con pequeñas dificultades puntuales. Las salas, medianas más bien, se sucedían unas a otras. María no recordaba bien la ruta principal de visita. La desorganización y la dispersión fueron creciendo hasta ser la tónica dominante. Pero eso tenía muchas ventajas, entre otras la de poder sentarte relajadamente a mirar. Mientras la mayoría rebuscaba o visitaba algo interesante me dediqué a hacer fotos, más bien retratos espeleológicos.
           En un momento dado me entro la vagancia. Me quedé solo, en la inopia, escuchando a todo el grupo en la lejanía. Cuando ya apenas les escuchaba me entro el temor de perderles y de perderme. Me puse en modo rápido y les di alcance en una amplia sala. Se disponían a almorzar. Un buen tiempo para sacar la cámara y dispararles a traición. Casi siempre es a traición cuando salen las mejores fotos-retrato.


En otro tumulto que se formo en la parte alta de la sala se desprendió un bloque que rozo a Julio. Le dolía la pierna. Además Juan, el nuevo, tenía un problema en el pie debido a una rotura de la que estaba en recuperación. Con Lucy, Fernando y su compañera decidimos salir mientras el resto del grupo visitaba otra sala. Durante el trayecto de vuelta estaba bastante despistado. Me entretuve haciendo chistes sobre la pérdida en el laberinto subterráneo. Pero no paso más de media hora y estábamos fuera. Nada mas llegar al aparcamiento llego el grupo que se había quedado.
La comida no estaba preparada y aprovechamos para comenzar a beber cerveza. A las tres seguíamos esperando y a las tres y media también. Se ve que el restaurante solo nos tenía a nosotros por comensales. Cerca de las cuatro menos cuarto nuestra hambre había crecido peligrosamente. Nos metimos en tumulto al comedor y la mayoría comenzó a comer trozos de pan y s beber vino. Por suerte llegaron los primeros: risoto o fabes. Luego llegaron los segundos: filetón o revuelto. Luego llegaron los terceros:  picón con membrillo u otras cosas menos notables. Y luego café  con memeces para podernos levantar.
Jimmy nos quería llevar a una mina a unos tres kms. desde allí. Nos dijo que tenía formaciones notables. Fuimos en los coches hasta un aparcamiento cercano. Yo no tenía intenciones de entrar pero Lucy me ofreció botas y frontal, y fui a ver que había. No me arrepentí. Un conjunto de notables formaciones verde-azuladas en ambiente minero.
Cuando salimos se produjo la dispersión. Unos volvieron a sus casas y otros se fueron a Liébana. Una interesante salida y una excelente comida a un precio inmejorable: 12€.  


2/1/18

Crónica del Tesoro


Un día cualquiera de las Navidades me di cuenta. ¡Hacía tanto tiempo que no iba de visita a una cueva sin intenciones de trabajar haciendo fotos! Estaba olvidando lo que significa estar con los amigos disfrutando -sin pretensiones- de la belleza y metiéndome por todos los recovecos a ver que es lo que encuentro. El día dos de enero tenía la posibilidad de unirme a otro evento navideño. Ir todos, hijos, nietas, a Alicante y comer con unos familiares a los que vemos poco. También tenía la posibilidad de unirme a Mavil en Sorbas y practicar espeleología lúdica e idílica. Me debatí débilmente entre ambos planes. Me sentía culpable por no ir a comer en familia pero, por otra parte, veía más saludable irme a una cueva y arrastrarme plácidamente como un animal.
El martes dos, algo ventoso, frío y claro, salí de Alguazas como a las ocho y media de la mañana tome la A-7 en dirección a Almería y me dispuse a viajar tranquilamente hasta Sorbas. Introduje un disco de Brian Eno en el CD. Además, con ánimo de depurar comilonas, decidí desayunar poco y basar en algunas frutas la comida mañanera. Por el camino tuvimos una corta retención por un accidente. Pero por lo demás todo me sonreía. Bastante antes de la hora prevista ya estaba cerca del punto de reunión. Me paré un par de veces y disfrute de la claridad del día.
Mavil ya estaba en el aparcamiento de la Cuevas de Sorbas cuando llegué a las diez y media. El momento se presentaba feliz. Debido a la carga de vitualla y trastos la furgoneta de Mavil solo admitía al conductor como pasajero. La aproximación a la Cueva del Tesoro comenzaba en un lugar cercano. Esos factores nos indujeron a ir en los dos coches.
Después de un buen trozo de carretera nos metimos a la derecha por una pista. Al principio la pista era estrecha y aceptable, pero luego se ponía peor. Al final la cosa no estaba tan cerca como pintaba al principio. Lo que si estaba cerca era la Cueva del Tesoro andando desde los coches. Un llanura de suelos cuajados de pequeños cristales de yeso, salpicada de vegetación desértica, daba acceso a una ligera depresión en la que se observaban varias simitas, dolinas y bocas. La más cómoda de todas ellas era la Cueva del Tesoro.
           Inmediatamente a la boca comenzamos a recorrer en suave descenso un estrecho y sinuoso meandro que permitía circular de perfil. Las paredes del meandro estaban formadas por cristalotes de yeso, pulidos por el paso del agua. Una belleza exótica. Pasamos varios desfondes equipados con cuerdecitas quitamiedos y finalmente el meandro acabó en un pequeño resalte. Una cuerda con nudos ayudaba a descender sin complicaciones menos de cinco metros.


               Foto: Felix Martínez


Desembocamos en una zona de anchas galerías en la que la continuación del meandro se tallaba sobre una amplia plataforma. Siguiendo la topo con cuidado visitamos un triángulo de galerías con formaciones hermosas y localizamos la que nos iba a permitir continuar hacia la Surgencia. En ese punto dejamos  las sacas y volvimos sobre nuestros pasos para visitar la zona más bonita de la cavidad: la galería de los Cristales y la de los Espejos.
Los cristales de la Galería de los Cristales son grandotes. Están parcialmente erosionados por el agua así que se forma un conjunto de superficies planas y alabeadas con un atractivo aspecto. Unos cuantos instrumentos científicos salpican la zona. En dirección contraria, sur, fuimos a dar a otra zona de cristales espectaculares, los Espejos, que poco después terminaba en un sifón. A veces el sifón permite el paso y cortocircuita el recorrido que se hace por las galerías superiores. Pero sinceramente creo que merece la pena visitarlo todo. Tanto si el sifón permite el paso como si no lo hace.
De vuelta en las zona superior continuamos por una cómoda galería. En un lateral visualizamos la Sima Principal. Las paredes tienen tantos cristales de yeso que sería posible subir escalando sin grandes complicaciones. Algo más allá la Galería del Cántaro nos condujo a dos pozos cortos que necesitaron el uso de arnés y descensor. Y aterrizamos en la Sala de los Bloques. Al mirar la topo parece obvio que se debe seguir hacia el sur para llegar a la Surgencia. Pero no es así. Se debe ir hacia el norte y descender al fondo de la sala por donde discurre el cauce seco del riachuelo. Siguiendo ese cauce, y moviéndose entre grandes bloques, se vislumbra la luz del exterior y se alcanza la salida sin más problemas.
Para la vuelta debe seguirse una senda hacia el oeste hasta que ésta asciende por una zona débil de la muralla que nos domina por el norte. Se llega así de nuevo a la meseta superior. Tomando la dirección noreste enseguida se otean los coches. Una travesía verdaderamente lúdica.
           Eran las dos teníamos hambre y el tiempo invitaba. Nos fuimos a Sorbas y en un agradable restaurante comimos verduras y carne a la plancha. Una delicia. Y además cerveza.





2/12/17

Perdidos en el bosque



Buscábamos un lugar bello. Un lugar que se llama Bosque de Cristal seguramente debe ser bello. El nombre evoca quizás un lugar poblado por formas cristalinas, transparentes y, quizás, arborescentes… Un bosque cuyo crecimiento es tan lento que en una vida humana no podríamos apreciar ningún cambio a simple vista. Y sin embargo crece. Quizás en veinte años puedan agregarse, a los cristales ya existentes, unas cuantas capas de átomos formando moléculas. Quizás podríamos apreciarlo con un microscopio electrónico.



22/10/17

Videomensaje


La idea de realizar un vídeo con las fotos surgió de Hilario. A mi no se me hubiera ocurrido porque amo demasiado la letra escrita. Pero cuando me lo dijo, durante la fiesta de aniversario del SCC de finales de agosto, me resultó de lo más obvio. Un soporte de comunicación que puede ser muy contundente si se sabe usar. Para transmitir ideas nuevas es superior al formato escrito en el sentido de que permite llegar a muchas más personas. Ver un vídeo de tres minutos cuesta mucho menos que leer un texto que pretenda transmitir lo mismo. Menos tiempo y menos esfuerzo. En ese vídeo se trataría de enviar un mensaje proteccionista con el apoyo de las fotos.  
Para realizar el vídeo pensé de inmediato en A. Dólera. Es espeleólogo, es un profesional consolidado de la imagen y es un gran amigo. Además el mismo A. Dólera me había sugerido, hace ya tiempo, la idea de hacer un vídeo para apoyar el mensaje de las fotografías. El único problema era que la agenda de A. Dólera es compacta e impredecible. Pero a finales de septiembre llegamos un acuerdo sobre las fechas. Haríamos una sesión en la última quincena de octubre. Quedaba por resolver con quién haríamos la sesión y en qué cueva.
La primera propuesta fue hacerlo en las cuevas de Sant Josep de Castellón con una amiga de A. Dólera  llamada Esther y que es música. Pero Esther tenía una agenda que nos hubiera llevado a editar el vídeo a mediados de noviembre. Teniendo en cuenta mis propias necesidades pensé hacer una sesión en Cantabria con Irene, una amiga violinista.
A A. Dólera la idea de pasar un par de días en el norte visitando alguna cueva le gusto. Y a Irene la idea de posar le encantó. Fijamos una sesión para el 22 de octubre. Un conocido me proporcionó el contacto de un músico flautista, Juan Saiz, que tocaba y grababa en cuevas. Pensé que podía ser interesante juntar a ambos músicos en la misma sesión. Violín y flauta. No obstante cuadrar en esa fecha a todos me pareció un suceso poco probable.
          Mientras tanto fui una tarde a la Cueva del Narizón para revisar sus escenarios. Aunque la cueva tiene varias salas medianas bien decoradas me pareció un poco complicada para Irene. Pero lo peor eran los alrededores para las tomas con el dron: un polígono industrial.  Llegó la respuesta positiva de Juan –y la de Irene-, llegó la idea de realizar el video en el marco incomparable de La Puntida y llegó A. Dólera procedente del sur. 



El domingo 22 por la mañana unas nubes oscuras amenazaban con descargar lluvia. Pero en Ajanedo el tiempo se mantuvo estable. Solo cayeron unas pocas gotas. Esto nos permitió realizar un vuelo del dron del que obtuvimos unas hermosas visiones del valle del Miera. Además realizamos tomas de video subiendo por el bosque, en la boca de La Puntida y cuando se estaba preparando la sesión.
La idea era realizar una sesión fotográfica en las salas más decoradas de La Puntida. Sin embargo hubo que cambiar de planes. A Irene el ambiente subterráneo -y el tránsito por zonas de bloques con pequeñas trepadas y destrepes- le afecto sobremanera. Cuando comprobé que la localización proyectada no era alcanzable hice un intento de sustituirla por las pequeñas galerías de la derecha en donde hay también buenas localizaciones. Pero el paso entre grandes bloques o el deslizarse entre dos bloques no era posible tampoco para Irene. Finalmente nos conformamos con la zona plana final a la derecha de la sala de entrada.
En sí la sesión fue sencilla y rápida. Disposición de flashes en X + flashes de paisaje en dos posiciones.  Usé el 55mm para todos los disparos. Finalmente fui tomando las tomas de paisaje. A la salida A. Dólera hizo una entrevista a Juan para incluirla en el vídeo.
            El tiempo había mejorado cuando salimos de la cueva. Invitaba a quedarse por allí el resto de la tarde. Nos fuimos a tomar algo y a comentar las vicisitudes al mesón de San Roque.  Las croquetas que preparan son excelentes. Y en general todo lo que cocinan está superior.
          A finales de la tarde A. Dólera y yo tuvimos tiempo todavía de hacerle una entrevista a Ramón Bohigas. Y al dia siguiente, lunes, los entrevistados fuimos Adrián y yo mismo. Con todo ese material había de sobra para sacar adelante un vídeo de tres o cuatro minutos y otro con entrevistas de más largo. Quizás hasta veinte minutos. Suficiente para enmarcar y lanzar el mensaje proteccionista y de conservación del Patrimonio Subterráneo…

21/10/17

Breve



Contacté con Miguel el jueves 19. Me dijo que iba a Udías con Nacho y Manu. Tenían intención de explorar unas nuevas galerías en una zona no demasiado remota. Yo tenía que estar pronto en casa para recibir a un amigo que venía del Sur. Y ellos no tenían prisa. Era un poco difícil compaginar ambas cosas. Quede con ellos para acompañarles en el trayecto facilón. Y luego me saldría haciendo fotos. O lo que se me ocurriese en el momento.
Antes de ir Bustablado desayunamos en un bar de carretera llamado Los Abetos. Aunque aparentaba ser un bar corriente los pinchos que ofrecían sobre el mostrador se revelaron como pequeñas joyas culinarias. Pedí uno que presentaba una combinación de salsa, calamar y vegetales de ensueño… allí no parecía haber prisa por nada. Mientras disfrutaban de un desayuno imperial saqué la cámara y me puse a retratarlos. Al cabo de un rato interminable de charlas variopintas nos marchamos por la puerta en dirección a Bustablado.
De un  zulo cavernario, al que llaman almacén de material, Manu sacó un montón de trastos destinados a seguir con las exploraciones espeleológicas en Udías. Los metió en su furgoneta, se montaron él y Nacho en ella y yo les seguí en mi coche acompañado por Miguel. No tardamos casi nada en llegar a Sel del Haya.
Los preparativos con calma suelen dar muy buenos resultados. El día se presentaba inmejorable para disfrutar al aire libre. No había ninguna premura por entrar en el oscuro agujero minero. Al menos por mi parte. Reconozco que le tengo cierta inquina a la Cueva-Mina de Udías. He de admitir que posee rincones de una singularidad y belleza excepcionales, pero la necesidad de recorrer largos tramos de mina, zonas de barro pegajoso y sectores de río contaminado me predisponen negativamente. No es una cueva que me resulte energéticamente rentable. Al menos a mí.
Sólo tuvimos que caminar cincuenta metros desde la entrada. Cuatro seres blancos, aliens en un mundo de sombras, nos esperaban en el camino. Pasamos a su lado con un cuidado exquisito. Fotografiarlos con calma suponía un tiempo. Mejor hacerlo al salir: pues ahora no quería interferir en el ritmo de los exploradores.
Las galerías seguían iguales que en mi recuerdo. Nada parecía haber cambiado sustancialmente. ¿O tal vez eran mis recuerdos los que se adaptaban a lo que veía? Por que ¿dónde moran nuestros recuerdos cuando no son recordados? ¿Acaso en un conjunto de neuronas? ¿O quizás en una configuración de actividad neuronal? De cualquiera de las maneras en que ese enigma se intente responder la respuesta nos conduce a nuevas y más difíciles preguntas. Después de eso llegamos al lugar donde los caminos cómodos se acababan para Miguel, Nacho y Manu. Iban a explorar. Les hice un par de fotos y me despedí de ellos.
Volvía solo hacia la luz. Nunca he sentido temor en las cuevas. Me producen un sentimiento de ser acogido y protegido. Es algo casi onírico. Por eso practico -a veces- la espeleología sin compañeros humanos. Me acompañan los otros compañeros que pueblan la mente en número ilimitado.
Llegue a mi cita con los aliens. Allí estaban sin más. No necesitaban la luz. Coloqué la cámara sobre la saca y, para iluminarlos lateralmente, pose un flash a cinco metros. Luego mire. En la lejanía estaba la puerta. La luz del día, filtrada por la vegetación, era verde. Los barrotes dibujaban sobre esa luz una señal. Enfoque la cámara de nuevo e hice una foto.
          El día estaba radiante. Mientras me alejaba me detuve mentalmente. Aquello era aún más claro. No encontré ningún obstáculo nuevo después de eso…




14/10/17

Lláneces




El viernes trece de octubre me pase por el local del club para ver si hacíamos espeleo. Estaba flirteando con la opción de ir a la travesía Rubicera-Mortero. Pero yo sabía que para realizar esa actividad se necesita gente bastante motivada. En mi humilde opinión no es una actividad espeleológica dura pero puede resultar muy cansada si se tiene poca técnica o una forma física escasa. En realidad una de las veces que realicé la travesía iba con gente de escasa experiencia y no muy hábil. En total 10 personas. Tardamos 11 horas. No estuvo nada mal.
La opción a la que todos se apuntaban sin dudar era la del Hoyo de Lláneces. El fin de semana anterior lo habíamos sustituido por La Puntida  y había algún descontento que quería desquitarse. A mi también me apetecía Lláneces. Quedamos en La Cavada el sábado a las nueve.
Casualmente, mientras andaba por la Cavada, me cruce con Jaime&María. Iban a escalar al Mazuco. Últimamente siempre voy a contrapelo de los amigos con los que escalo e incluso de los amigos con los que hago espeleología de forma esporádica. Pero siempre, de una manera o de otra, volvemos a coincidir para compartir algo juntos. 
Poco después los seis que íbamos a Lláneces ocupamos por completo la furgoneta de Julio: Nano, Ana, Luci, María, Julio y yo. En Arredondo paramos a desayunar en un bar. Esto parece ser una constante en las actividades del SCC. Parar a desayunar pero también a conseguir el almuerzo que va a tomarse en la cueva. Sin duda es una fase preliminar esencial. No creo que nadie en el club se plantee ir a una cueva sin parar a desayunar. El desayuno es la comida más importante del día. Al menos eso dicen.
La búsqueda de Lláneces fue laboriosa. Primero nos confundimos de carretera. En vez de coger la que sube desde detrás de la iglesia tomamos la que va a lo largo del Asón río abajo. Después no identificábamos el punto de parking que otras veces habíamos usado. Yo recordaba un transformador, pero en realidad era una cabaña. Finalmente gracias GoogleMaps, y a un paseo que me di a lo largo de la carretera, pudimos dar con el sendero. En menos de diez minutos llegábamos desde el parking a la boca de la cueva salvando dos vallas de alambre.
Encontramos unas instalaciones para los pozos de calidad inmejorable: Argollas de acero inoxidable sobre anclajes químicos. Todo cómodo y simple. Primer pozo con una cuerda de 20. Segundo pozo bastaría una de 15. Tercer pozo-rampa con una de 30 y último salto con una de 20. En realidad el pozo-rampa se puede destrepar en parte, sin mucho riesgo, y así sólo se necesitaría una cuerda de menos de 15 en la zona de abajo. Durante la bajada de los pozos realizamos dos fotos con flashes.



Ya abajo hicimos una foto en el salto final y luego otra en el paisaje de formaciones. El almuerzo sucedió sin que yo me enterase demasiado. Después  avanzamos por el ramal oeste. No encontré la zona que recordaba haber visitado con Miguel pero me sorprendió una desobstrucción en marcha al fondo de la galería. Despojados de todos los trastos pasamos Ana, Nano y yo una gatera sopladora encontrando nuevas galerías al otro lado. Avanzamos bastante, hasta otra desobstrucción en marcha por la que se escapaba la corriente de aire.
A la vuelta fuimos revisando los bordes de la galería para intentar encontrar, sin éxito, lo que mis recuerdos me dictaban. Al poco Luci y Ana empezaron a hablar de salir ya porque ellas “iban a ir despacio”. Pero yo quería visitar el ramal este y hacer una foto. Mientras ellas comenzaban su ascenso, Julio, Nano, María y yo nos dimos una vuelta hacia el este y preparamos una foto bajo los hermosos pendants de esas galerías. A la vuelta, mientras algunos iban subiendo, hicimos otra foto, idea de Nano, en la que el protagonismo lo llevaba la sombra de un ser humano sobre una pared cargada de excéntricas.
Nano fue desinstalando y recogiendo cuerdas que fueron pasando a los que iban delante. En muy poco tiempo estábamos todos bajo el tremendo solazo, cambiándonos a ropa limpia, junto a los coches. Y unos minutos después aterrizábamos en Arredondo. Al bajarme del coche un perro grandón y negro me gruñó. Luego resulto ser el perro maleducado del bar al que entramos. La elección del bar fue debida al buen corazón de Julio: los otros bares están llenos de clientes y ese tenía muy pocos, ¡hay que darles de comer a todos! Una verdad que, en el fondo, nos benefició. Era un sitio tranquilo junto al río con muchos árboles. Allí, aparte de comer y de beber, volví a la carga con las expectativas de actividad en las próximas semanas. Quizás Wonderland, quizás El Patio, quizás La Rubicera, quizás, quizás…


8/10/17

Un poquito de espeleo



El viernes seis de octubre me pase por el local del club para confirmar el préstamo de los cascos con iluminación led. Los necesitaba para la foto del sábado. Y de paso quedamos para visitar el Hoyo de Lláneces el domingo. En total íbamos a ser cinco: Nano, Lucy, Julio, Juan(el joven) y yo. Quedamos a las diez de la mañana en La Cavada.
Por la noche, ya con la almohada, pensé que era un poco tarde, las diez, para ir a Lláneces, una sima, ya que yo debía estar a media tarde en casa y las cosas nunca van como esperas en espeleología. Al despertar se me ocurrió proponerles ir a La Puntida. Era una cueva de la que ya  habíamos estado hablando, estaba en la lista de cuevas a visitar y desde luego era muy interesante. Bonitos formaciones en mucho sitios, grandes salas y mucho donde hurgar. No me olvidaba de que en anteriores visitas percibí en varios sitios corriente de aire.
No me costó demasiado convencerles de la propuesta aunque Lici protesto un poco ya que ella tenía ilusión por Lláneces. En Liérganes paramos a desayunar. Se trataba del segundo desayuno de Nano pero del primero de Julio. Luego paramos a comprar pan y almendrados. Cuando llegamos a Ajanedo eran las doce casi. Entre los preparativos y las movidas del reparto de flashes para las fotos se nos hicieron las tantas. Pero finalmente subimos la cuesta entre hayas y alcanzamos la enorme boca.
Primero fuimos a visitar las salas finales todo al fondo. Hermosos sitios. Hicimos dos fotos. En una los protagonistas eran Luci y Juan y en la otra Nano y Julio. La técnica fue cámara a mano alzada y y flashes en la mano de los espeleos. En menos de diez minutos se resuelve una foto. Después fuimos a ver un pasaje entre bloques y una continuación que me había llamado la atención en una ocasión anterior. Lo que encontramos fue un sendero trillado, con hitos, que, aparentemente, volvía hacia la sala de entrada.
Regresando hacia la salida nos desviamos a la izquierda a una zona de galerías concrecionadas. Un pocete de cinco metros por el corría una fuerte corriente me llamo la atención como en veces anteriores. Montamos el pocete con dos cordinos anclados a puentes de roca naturales y descendimos Nano y yo. Parece que los demás no se animaron. Recorrimos muchos metros de galerías, con y sin corriente, durante unos tres cuartos de hora y volvimos hacia la salida sólo por no preocupar a los compañeros. Realmente nos quedo muchísismo por mirar.
En la cabecera del pocete un leyenda en el barro ponía FUERA. Enseguida estuvimos con ellos. Y enseguida estuvimos comiendo en un banco de Ajanedo las cositas que habíamos llevado. El tiempo estaba maravilloso, la compañía era agradable y teníamos tiempo para disfrutar. Aunque me supo un poco a escaso el tiempo que anduvimos cueveando…






7/10/17

El Equipo (de Rugby)


Primera parte (primeros del 2017)

Un día, hace meses ya, fui a visitar a mis antiguos compañeros de trabajo. Les enseñé algunas de las fotos que estaba haciendo en cuevas. Creo que fue a Otilia, o tal vez fuese a mí, a quien se le ocurrió la idea de hacer una foto en una cueva del equipo, infantil o junior, del Racing. Esto era posible dado que Otilia mantiene una vinculación importante con dicho equipo. Ella es, además, profesora de Educación Física y por lo tanto sintoniza con facilidad con los chicos del equipo y con los entrenadores. Me gusto la idea. Consideré que difundir una foto como esa era una manera muy eficaz de llevar a los jóvenes el mensaje de que el Patrimonio Natural Subterráneo merece algún interés. O al menos de que aquí, en Cantabria, hay muchas cuevas y muy bonitas. Sin embargo era una idea difícil de realizar. Además de la aprobación de los padres (y de los chicos) era necesario el visto bueno del Jefe de Prensa y de la Dirección del Racing. Debido a la cantidad de compromisos y condicionantes de un club como el Racing los permisos para ir a hacer la foto no iban a ser pan comido.    
           Algo después, en primavera, volví a hablar con Otilia. Ella había hecho gestiones sobre el tema pero las cosas se retrasaban y no había respuesta concreta. Quizás en mayo/junio se podría. Si embargo los días pasaban y no había movimientos. Le sugerí ir a hablar yo mismo con el Jefe de Prensa y explicarle el proyecto. Pero eran fechas  complicadas para conseguir una entrevista. Así pues las cosas, y en parte por mis propios compromisos, las circunstancias aconsejaron posponer el tema a septiembre. De todas maneras intente dos gestiones para conseguir un equipo. Una fue el femenino de balonmano de Castro y otro el de remo de Maliaño. Las cosas no funcionaron.



 Segunda parte (septiembre y octubre del 2017)

            A finales de agosto reanudé mis contactos con Otilia. Me dijo que los permisos estaban conseguidos salvo el visto bueno de la Dirección. Durante la segunda quincena de septiembre permanecí a la espera y mientras tanto realicé dos salidas a la Cueva del Escalón para preparar la sesión. En una primera salida con Marisa localicé tres buenas zonas para la foto e hice varias tomas de prueba. En una segunda salida, yendo yo solo, tomé varias fotos de la zona de entrada para componerlas en un collage. Esto proporcionaría el paisaje de fondo de la foto con el equipo.
            La falta de respuesta por parte del Racing me empujo a buscar otros equipos. Fue a través de mi amigo Chus como conseguí contactar con un entrenador –Pedro- y con el director –Miguel- del Club de Fútbol Los Ríos. Sin embargo conociendo ya las dificultades que conlleva mover a un equipo de chicos junior no abandoné las búsqueda de otros posibles equipos.
Una noche que andaba por la Plaza Porticada visitando los stands de la Noche de la Investigación Científica me encontré con dos compañeras de espeleología, arqueólogas en activo, que andaban en el stand de esa disciplina. Les enseñé algunas fotos y Ana, una de ellas, me recordó que pertenecía al equipo femenino de rugby de la Universidad de Cantabria. Bingo!! ella quería ayudarme a hacer la foto y vendría con todas las compañeras que pudiesen. Hay que tener en cuenta que un equipo de rugby pone en el campo de juego a catorce jugadoras. Después de varios días, tras hablar con sus compañeras, consiguió que cuajase una cita para la foto con seis o siete jugadoras. El sábado ocho de octubre iríamos por la tarde a hacer la foto.
A las cuatro y media del sábado me reuní en Solares con Ana y María, arqueólogas ambas, Mary, profesora de francés, Lara, Valva, enfermera, y Egatia. Nos arreglamos en dos coches, el mío y el Prius de Lara. Cuando llegamos a Val de Asón la sombra de las montañas caía sobre la ladera Oriental de Peña Lavalle. Mejor que mejor para caminar. Las chicas del rugby tenían un espíritu positivo y colaborador y en poco tiempo todos estuvimos listos. Cuando les dije que al entrar en la cueva había algo de barro se rieron de mí. En el rugby se revuelcan en el barro.
Mientras colocaba los flashes en posición Ana fue a dar una vuelta por la cueva con las chicas. Para las tomas use un 55mm que, aunque no daba un campo suficiente para el paisaje, proporcionaba una nitidez perfecta. El paisaje ya estaba conseguido anteriormente. En media hora hicimos veinte fotos en todas las poses posibles. Incluidos varios lanzamientos del balón apepinado. Les propuse hacer varias tomas en otra localización más al interior. Una salita con el techo cuajado de formaciones y como telón de fondo la oscuridad de la lejanía. En cinco minutos estábamos en posición. Se trataba de un sitio más fácil que el anterior. Hicimos otras veinte tomas, recogimos todos los trastos y fuimos saliendo.
         Anochecía cuando llegamos al exterior. A Egatia, que cojeaba un poquito, hubo que ayudarla varias veces. Por el camino de vuelta paramos a visitar Coventosa. Siempre motiva llevar a gente no iniciada en la espeleo a una boca como la de Coventosa. Es un sitio perfecto para contar historias y batallas de espeleología. Siempre conviene echar el anzuelo a ver si a alguien le atrae el mundo subterráneo. En Arredondo, ante unas cervezas les continué contando bellas historias de espeleología. Aparentemente ninguna de ellas, salvo Ana, decidió ir más allá en estas cosas. Pero nunca se sabe…                                                              


13/9/17

Ancianos (El Río de la Vida)




El resultado de una prueba

Primera parte (de Marzo a Agosto del 2017)

En marzo hablé con la madre de Mavil y luego con Juan Parra. Quería que posase, si no la una sería el otro, en una mecedora ante el laguito de la Cueva de Isla Plana en el cual nadaría un, o una,  joven. El día 13 de junio, pensando que la foto era inminente, me fui a hacer unas pruebas. Había unos buzos y aproveche para intentar hacer una foto en que todo quedase bien. Pero eso era muy complicado: luz del día entrando, agua del lago, persona dentro del agua y persona fuera del agua. El problema de que no estuviesen movidos los modelos y que la luces fueran coherentes en la escena me pareció dificultoso. Cuando miré las pruebas entendí que no era posible -sin un trabajo de fusión de varias tomas- conseguir lo que deseaba.
Al día siguiente de haber quedado con Juan Parra éste me dijo por teléfono que no podía ir a hacerse la foto. Le iban a operar de cataratas en pocos días. Hasta que no le operasen no se movía. Cuando fui a hablar con la madre de Mavil me quedé de piedra. Se negó porque, al no gustarle cuevas, ni montañas, ni sitios salvajes –salvo el mar-, ella sólo podría transmitir una impresión falsa en la foto. Falsa admiración o falsa sorpresa o falso lo que fuese. Y eso no tenía sentido para ella, me dijo. Entonces pensé en mi tío Pepe. Me pareció que tenía buena pinta y que se movía con suficiente agilidad para bajar las escaleras de la cueva. Le llamé por teléfono. Estaba en ese momento en su casa de la playa pero me dijo que la semana entrante iba conmigo a hacerse la foto.
El día 16 de junio volví a hacer más pruebas y conseguir la luz ideal para modelo y paisaje. La técnica de fusión iba bien pero me di cuenta de un defecto: hay que tener mucho cuidado con los elementos que varían en las dos o tres tomas. Modelo y silla forman una unidad. Paisaje circundante otra. Además conviene que la profundidad de campo varíe muy poco.
El día 18 de junio Pepe me llamó desinflado. No podía ir porque él no estaba para esas cosas. No me dio explicaciones. Quizás fuera que había leído acerca de los buzos ahogados en la exploración de esa cueva o quizás su mujer, mi tía Mari, no se sintiese cómoda con la idea de que su Pepe se metiese en un agujero. Empecé a preocuparme seriamente. ¿Acaso no iba a encontrar ningún persona mayor, o anciano, para hacer una sencilla fotografía sentado en una mecedora? Decidí hablar con Paquita, una maravillosa persona, prima de mi madre.  
El día 19 de junio me acerque a ver a Paquita. Antes de pedirle que se hiciese la foto le enseñe un montón de fotos ya realizadas. Al principio albergaba muchas esperanzas con ella. Pero he aquí lo que me dijo: ella no se veía en eso, que estaba mal para ir tan lejos. Intenté convencerla unos minutos pero fue del todo inútil. Con este último caso, y si incluía el caso de Marujín para una foto similar en Cantabria, ya eran multitud los ancianos que se habían negado a posar dando unas razones u otras. La desesperación era una opción planeando sobre el paisaje anímico...
En dos lugares habitados por ancianos lancé una oferta de 50€ por posar en la foto: el Hogar de la Tercera Edad de Alguazas y el bar de Isla Plana donde se reúnen a jugar al dominó. El Hogar es un desierto en esa época del año, pleno verano, y no había nadie que sirviese. Sin embargo en Isla Plana un hombre mayor se interesó del todo. Pero cuando supo que había que bajar al laguito de la cueva, unas escaleras cómodas a plena luz del día, se negó. Allí se habían ahogado varios buzos y los fantasmas de esas personas iban a intentar dañar a cualquiera que baje allí. De nada sirvió explicarle que en todos lados ha muerto gente, incluidas las playas de Isla Plana, y que por esa regla de tres no deberíamos ir tampoco a esos sitios…
             Poco después se me ocurrió una brillante opción que me pareció sencilla y clara. Mi amiga Lola, profesora en el IES de Archena, y ya jubilada de su actividad profesional, posee una hermosa figura a pesar de haber superado hace tiempo los 70. Desde mi punto de vista era una opción ideal. Me costó varios días conseguir hablar con ella y tuvimos una larga charla. Después de explicarle mi proyecto ella me desgrano su situación personal. Me vino a decir que tenía tantos asuntos por gestionar, casi todos debidos a enfermedades de familiares, que no tenía tiempo ni de responder los whatsApps, ni de hablar por teléfono, ni de nada. Me dio ligeras esperanzas y me dijo que de poder solo lo sabría sobre la marcha. A lo largo del verano mantuve una chateo continuo con ella. Sólo respondió con un mensaje a los centenares que yo envié. Estaba dispuesto a enfrentar cualquier dificultad para realizar un buen trabajo. A finales de agosto Lola me hizo una llamada que se perdió. En breve le devolví la llamada pero ya no respondió . En días posteriores intenté, sin éxito, que me cogiese el teléfono más de veinte veces. Estaba claro que la cosa no iba bien. Pensé entonces en alguien que, por su cercanía a mí, había descartado hasta ahora. 



La madre de Mavil

 
Juan Parra y un amigo



Paquita

Segunda parte (Septiembre del 2017)

            Mi padre tiene 92 años, casi 93 ya, pero se mueve perfectamente. Camina kilómetros sin dificultades; baja y sube escaleras sin mayores problemas. La única dificultad es que se le olvida en unas horas la mayoría de lo que sucede a su alrededor. Sin embargo recuerda detalles ínfimos de su pasado: desde su infancia hasta la sesentena o más. En consecuencia si le explicaba que iba a posar en una foto podía parecerle bien pero pasadas unas horas, mientras íbamos en el coche, se le habría olvidado y de nuevo tendría que explicárselo. Decidí arriesgarme. En realidad no tenía nada que perder. Fijé la fecha de la foto: el miércoles 13 de septiembre.
            La noche anterior le expliqué a mi padre lo que íbamos a hacer por la mañana en Isla Plana: una foto con él sentado en un sillón. Como persona joven posaría en bañador Loli, una de las cuidadoras de mis padres, joven de unos 20 años guapa y encantadora. Por la mañana seleccionamos la ropa de mi padre e incluimos una chaqueta clásica. Como a las diez y media estábamos los tres en el coche saliendo de Alguazas hacia Mazarrón/Isla Plana. El calor iba notándose.  Eran ya las once pasadas cuando fuimos bajando todos los trastos por las escaleras de la cueva. Mi padre necesitó un poco de ayuda pero para la edad que tiene puede considerarse fantástica su forma física. Por suerte no había nadie ni buceando ni bañándose que interfiriese con nuestro despliegue. En verano es muy raro poder estar allí en soledad.
            Mi gran sorpresa fue la hermosa iluminación que producían los rayos solares en el agua del lago. Era debido a que su orientación e inclinación tenían los valores críticos para que incidiesen en pleno lago. En ese sentido la foto no iba a ser la misma que imaginé cuando, hace meses, hice las pruebas. Al principio eso me desconcertó un poco pero supe reaccionar adecuadamente y, con flexibilidad, aprovechar el nuevo encuadre que se me ofrecía. Hice las fotos de paisaje general y luego dispuse tres flashes, no eran necesarios más, y bajé la velocidad a 1/50 sg para congelar a los modelos en su posición. No necesité demasiadas tomas. Posaban bien. Finalmente, considerando la posibilidad de un collage que mostrase la mayor parte del lago, hice tres tomas de paisaje rotando la cámara, para cada toma, unos 45º grados más hacia la derecha. Antes de la una habíamos acabado y nos apresuramos a recoger. Había que volver rápido para hacer la comida y sobre todo para que mi anciana madre no se inquietase por nosotros.
            Ya de vuelta mi padre estaba feliz de haber vivido esa pequeña aventura. Nos quería invitar a tomar cervezas y tapas en Mazarrón. Pero otras obligaciones y deberes nos esperaban en Alguazas. Aunque bien habría estado disfrutar de esos felices momentos sin ningún recorte… y telefonear a mi madre para que siguiese tranquila.

 Mi padre

 Loli

10/9/17

Actores (Ejecutivos sin Tiempo)



José Almansa, Rocío y David Dadis

Primera parte (Málaga)

Durante la última quincena de agosto pasé con mi familia unos días en Málaga. Teníamos una hermosa casa en la costa, a las fueras, a unos cinco kilómetros del centro. Aparte de ir a la playa todos los días, fuimos varias veces al centro de Málaga y realizamos algunas excursiones por los pueblos cercanos. Un día, estábamos paseando por el centro, me sorprendió la actuación, performance o estatua, que representaban dos chicos jóvenes. Se trataba de dos ejecutivos a pleno rendimiento, ambos con sus trajes y zapatos de marca, sus móviles en la oreja, su maletín de ordenador el uno y su maleta Pepe Jeans el otro; en fin una puesta en escena magistral. Pero lo mejor era la fuerte crítica social que transmitían con su actuación. Algo que irritaba a más de uno, al sentirse tocado por esa imagen, pero que fascinaba a la inmensa mayoría.
Esos actores se me habían colado en la retina. Unas horas después seguía pensando en ellos. Y al día siguiente también. Llegué a la conclusión de que eran perfectos para una sesión de fotos en una cueva. No había sabido verlo en el primer momento. Como opción inicial se me ocurrió hacerles la foto en la Cueva de Nerja. Antes de ir a buscarles llamé a información y me dijeron que mandase un email al encargado de Conservación de la Fundación Cueva de Nerja para solicitar un permiso. Di por hecho que no me iban a poner problemas para hacer las fotos.
Dos días después me acerqué, era por la mañana, al centro de Málaga para hablar con ellos y proponerles una sesión. A pesar de dar mil vueltas por la hermosa zona monumental de Málaga -y de preguntar a otros actores callejeros acerca de ellos- no di con los actores por ningún lado. Me sentí desanimado ya que nos quedaban sólo dos días de estancia en Málaga. Además era finales de agosto y, según mi punto de vista, resultaba muy probable que hubiesen cambiado de aires. Navegando por la red Marisa dio con ellos: DadisyAlmansa se llamaban a sí mismos. Aparte de ser de Almería solo pude localizar sus páginas en Twitter y Facebook. Pero allí no había ningún número de móvil, ni tampoco email. Dado que mi hijo posee cuentas en las redes sociales le pedí que entrase en contacto con ellos para pedirles su número telefónico.
 Con el conservador de la Fundación Cueva de Nerja tuve un intercambio de emails ejemplar en cuanto a comportamiento clientelista en esta España de taifas/autonomías/ayuntamientos/fundaciones/otros. Sin embargo una breve investigación me mostró varias alternativas interesantes muy cercanas a Málaga. Entre otras la Cueva del Tesoro en el Rincón de la Victoria, importante población a unos diez kilómetros al este de Málaga. El lunes veintiocho de agosto por la tarde nos acercamos a ver la Cueva del Tesoro. Se trata de una cueva hipogénica formada por las aguas marinas y emergida posteriormente al bajar el nivel del mar. Las formas redondeadas y llenas de recovecos, típicas de las cuevas hipogénicas, producían una impresión de misterio difícil de igualar en otros tipos de cavidad. Lo que añadido a su amplitud, la buena urbanización del los caminos interiores y la suave iluminación la hacía perfecta para la foto. Pero no había conseguido contactar con David Dadis, ni tampoco con José Almansa. Yo les hacía en Almería.   

Segunda parte (Sorbas)

            En el entreacto había trasladado mi persona y enseres a Murcia. Parte del tiempo con la familia y parte en la costa. Las gestiones de mi hijo a través de Twitter habían seguido su curso. Finalmente tuve el teléfono de David Dadis. Le mandé un whatsApp y poco después hablé con él. Seguían en Málaga pero estaba en el aire que viniesen a Almería para realizar alguna actuación el fin de semana del nueve/diez de septiembre. Quedamos en confirmarlo sobre el día cinco. Por otra parte contacté con la oficina de información de la Cueva de Sorbas y pude hablar con el responsable de visitas. Aunque, usualmente, no dejen hacer fotos cuando le expliqué nuestro proyecto y sus objetivos no tuvo ningún inconveniente en apoyarnos. Además de dejarnos hacer las fotos nos pondrían un guía para acompañarnos a los puntos de realización de las tomas. Quedamos en confirmar fecha y hora cuando supiera la agenda de DadisyAlmansa. Y, por fin, tuve la satisfacción de confirmar una cita para hacer la foto con ellos el domingo diez de septiembre a las cinco en la Cueva de Sorbas.
Desde la zona de Murcia en la que habitaba hasta Sorbas el navegador daba una hora y media más o menos. Teniendo en cuenta que, antes de realizar la foto, me interesaba ver las localizaciones y de que deseaba hablar antes con la gente que lleva las visitas decidí irme pronto. El domingo a media mañana, utilizando la E15 hasta Vera y luego la A7, me acerqué a las Cuevas de Sorbas. En realidad en el karst de yesos de Sorbas hay muchas cuevas. La que convenía usar para realizar la foto, considerando la cantidad de trastos que teníamos que llevar, era la que llaman Cueva del Yeso (o del Barranco del Infierno) y en ésta la ruta básica. No me hizo falta visitar personalmente las localizaciones. Había varias topografías excelentes y libros de fotos donde se podía evaluar el interés de cada localización. Después de mirar con cuidado todos esos detalles comí en la terraza del restaurante que hay allí mismo. Y luego hice algo de tiempo leyendo.
A las cinco estaban en Sorbas DadisyAlmansa. Se habían pasado un kilómetro de la desviación a la entrada de las cuevas pero enseguida dieron con ello. Nuestra guía, de nombre Rocío, era una chica encantadora que nos facilitó gorros y cascos con iluminación de leds a los tres. Metimos los trajes en una funda de plástico y repartimos bultos. La maleta Pepe Jeans la llevaría David, los trajes José, la saca de flashes y trípodes Rocío y yo la mochila de cámaras. Aunque le ofrecí a Rocío llevar la saca pesada ella me dijo que estaba acostumbrada a llevar sacas en cañones y cuevas. Además era escaladora. En fin, una chica a la que le gustan los deportes de aventura y enfrentarse a las dificultades.
Un breve paseo nos llevó a la entrada de la Cueva del Yeso. Hasta la boca se recorre un curso de agua estacional embarrancado; es decir la boca es una surgencia. La ruta básica consiste en un recorrido a lo largo del curso de agua subterráneo que en época estival esta seco por completo. Llaman la atención los enormes cristales de yeso que brillan por doquier en las paredes. Caminando erguidos, salvo un breve tramo en que se gatea, en unos quince minutos accedimos a una interesante sala, creo que la llaman la Sala del Estrato, que me pareció adecuada. Aunque también me habían gustado las galerías de tránsito y una sala un poco antes. La dificultad en esta sala era encontrar un sitio plano con suficiente amplitud para la puesta en escena. Y también eliminar, de la imagen final, las ramas empotradas por el río en algunas zonas laterales.
Encontré una posición para las tomas retirándome un poco hacia el fondo. Podía controlar la posición de los actores, en el tercio izquierdo o en el tercio derecho del encuadre, según me interesase. Se veían bien el techo plano y la paredes cuajadas de gordos cristales de yeso. Hice unas pruebas de iluminación con Rocío y enseguida empecé la sesión en sí. En una hora había tomado suficientes fotos como para tener material de sobra. Recoger nos costo muy poco tiempo.
La charla entre Rocío, David y José fue un gran ejemplo de lo que viven los jóvenes españoles para salir adelante. Me parece bastante heroico el enfoque vital que sobrellevan. Hemos desembocado en un mundo de inseguridades vitales pero hay algunos que agarran el toro por los cuernos. En realidad siempre ha sido un poco así. David Dadis me contó que, aunque ha estado en muchas capitales europeas -incluidas Londres, Berlín, Madrid y Barcelona-, en donde mejor les han tratado autoridades y público es en Málaga. También que ha ido puliendo su personaje, el ejecutivo, teniendo que recortar algunos elementos excesivamente provocativos. Más tarde añadió a José Almansa lo que le dio una fuerza mayor a la puesta en escena. José Almansa me contó que, aunque tiene ancestros en Sorbas, nunca había oído hablar ni había visto la cueva. Cosas del destino.
Durante la vuelta a Murcia asistí a un hermoso atardecer. Las cosas habían salido extraordinariamente bien después de todo el lío. Y había tenido la suerte de conocer a unas personas maravillosas. ¿Qué más le podía pedir al día?  


En la Sala del Estrato